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Cambio Climático

 

Convención sobre Cambio Climático:
Algo huele mal en los sumideros

Selección de  artículos -organizados cronológicamente bajo distintos subtítulos- sobre el tema cambio climático, publicados en el Boletín del WRM, octubre 2000.

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Analíticos Generales                             

Mensaje desde Bratislava a Kioto sobre plantaciones forestales

La cuarta reunión de la Conferencia de las Partes de la Convención sobre la Diversidad Biológica tuvo lugar en Bratislava, entre el 4 y el 15 de mayo ppdo. Entre las diversas decisiones tomadas, quisiéramos destacar una relacionada con la diversidad biológica forestal. Ella expresa: "Toma nota de los posibles efectos de la forestación, reforestación, degradación forestal y deforestación sobre la diversidad biológica forestal y sobre otros ecosistemas y, en consecuencia pide al Comité Ejecutivo que establezca contactos y coopere con la Secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático ... para alcanzar los objetivos de la Convención sobre la Diversidad Biológica".

¿Cuál es el mensaje codificado que está atrás de esta forma de expresarse de difícil comprensión? El proceso de la Convención sobre Cambio Climático está promoviendo activamente las plantaciones forestales como uno de los mecanismos más importantes para contrarrestar las emisiones de combustibles fósiles mediante el establecimiento de sumideros de carbono. El Artículo 2 del protocolo de Kioto establece:

"1. Con el fin de promover el desarrollo sostenible, cada una de las Partes incluidas en el Anexo I, al cumplir los compromisos cuantificados de limitación y reducción de las emisiones contraídos en virtud del Articulo 3:

(a) Aplicar y/o seguir elaborando políticas y medidas de conformidad con sus circunstancias nacionales, por ejemplo las siguientes:

(ii) protección y mejora de los sumideros y depósitos de los gases de efecto invernadero no controlados por el Protocolo de Montreal, teniendo en cuenta sus compromisos en virtud de los acuerdos internacionales pertinentes sobre el medio ambiente; promoción de prácticas sostenibles de gestión forestal, la forestación y la reforestación;"

Los términos "forestación" y "reforestación" significan de hecho millones de hectáreas de monocultivos forestales de especies de rápido crecimiento, especialmente eucaliptos. En relación con esto, el mensaje de la reunión de Bratislava resulta claro: en caso de que este tipo de planes sean ejecutados, por cierto se verá afectada la biodiversidad de los bosques y de otros ecosistemas. Los bosques serán sustituídos por eficientes "sumideros de carbono" compuestos por unas pocas especies de rápido crecimiento. Existe por lo tanto una contradicción entre los fines de la Convención de Diversidad Biológica y el mecanismo propuesto por la Convención sobre Cambio Climático. El WRM comparte y apoya esta preocupación. (Boletín de mayo, 1998)

¿Los monocultivos forestales son una solución para el calentamiento global?

El Protocolo de Kioto, acordado en diciembre de 1997, ha sido criticado por su enfoque orientado hacia el mercado, dado que tiende a establecer un sistema de comercialización para la compra y venta de emisiones de carbono. Las plantaciones forestales han pasado a ocupar un lugar importante en relación con el tema, debido a su supuesta condición de sumideros de carbono. El Protocolo establece que la forestación es una de las actividades que los países del Anexo I pueden emprender para alcanzar sus "compromisos cuantificados de limitación y reducción de las emisiones" para gases de efecto invernadero (Art. 2). En dicho documento también se expresa que los países del Anexo I habrán de considerar, para alcanzar tales objetivos, "(Las) variaciones netas de las emisiones por las fuentes y la absorción por los sumideros de gases de efecto invernadero que se deban a la actividad humana directamente relacionada con el cambio del uso de la tierra y la silvicultura, limitada a la forestación, reforestación y deforestación desde 1990, calculadas como variaciones verificables del carbono almacenado (Art 3.3.). De acuerdo con lo establecido por la Convención Marco sobre Cambio Climático de Naciones Unidas (UNFCCC), este grupo incluye a los países industrializados y a los de países que tenían economía planificada, ahora en transición hacia economía de mercado.

Los denominados Mecanismos de Desarrollo Limpio (CDM), definidos por el Protocolo de Kioto en su Artículo 12 como una forma de cooperación entre ambos grupos de países, ofrecen una posiblidad para que los países del Norte puedan cumplir con sus compromisos simplemente mediante la implantación de extensos monocultivos forestales en el Sur. Cuando una entidad pública o privada de un país del Anexo I invierte en un proyecto de plantación forestal en el Sur, quien recibe el certificado de reducción de emisiones por dicho proyecto es el país inversor. En realidad, esta disposición, que va de la mano del enfoque "neto", significa lisa y llanamente que los países industrilizados se ven liberados de su responsabilidad de limitar sus emisiones de carbono de manera significativa, en tanto el Sur ha de ofrecer su territorio para proyectos tendientes a la captura de ese gas. Proyectos éstos que, como sucede con los monocultivos forestales, traen consigo efectos ambientales negativos. Por otra parte, no es justo que aquellos países históricamente responsables del calentamiento global reciban ahora ayuda por parte de los países pobres. Esto es "ayuda externa" pero al revés, ¿verdad?

Tomemos el caso del proyecto de plantación forestal promovido por la fundación holandesa FACE (Forest Absorbing Carbon Dioxide Emissions, que significa bosques que absorben emisiones de dióxido de carbono). Dicha organización se propone plantar 150.000 hectáreas de árboles para aborber un volumen de CO2 equivalente al emitido por una moderna planta generadora de 600 MW a base de carbón. La mitad de esa área ha sido establecida en los Andes ecuatorianos. Lejos de promover la utilización de especies nativas, el proyecto se basa en el uso de eucaliptos y pinos. Si bien estas especies crecen despacio en dicho ambiente, FACE justifica su utilización, sosteniendo que la mayoría de las especies nativas del Ecuador han desaparecido debido a la deforestación y que el conocimiento local acerca de las mismas ha desaparecido con los propios bosques. Esto sin embargo no se ajusta a la verdad y el único argumento razonable para justificar el uso de especies exóticas es que su implantación resulta más fácil y barata.

Es sabido que las plantaciones en gran escala y en régimen de monocultivo tienen efectos negativos para el ambiente, tanto en ecosistemas de bosques naturales como de pradera: disminución del rendimiento hídrico a nivel de cuencas, acidificación y pérdida de permeabilidad de los suelos, agotamiento de los nutrientes, alteración en la abundancia y riqueza de flora y fuana. No obstante, hay otro aspecto relacionado con las plantaciones que tal vez no es tan conocido: sus efectos a nivel social y cultural. Los pueblos indígenas y las comunidades locales que habitan los bosques sufren la invasión de sus tierras por parte de compañías plantadoras y se ven forzados a abandonarlas, perdiendo con aquéllas también sus medios de vida. Ello significa minar las bases materiales y espituales de sus respectivas culturas. En muchos casos las plantaciones requieren de la previa destrucción de los bosques naturales, para ocupar ese espacio. El caso de los indígenas Tupinikim y Guaraníes en Espirito Santo, Brasil, es paradigmático. Tras una larga y desigual lucha para recuperar sus tierras ancestrales, usurpadas por Aracruz Celulose para instalar plantaciones de eucalipto con destino a pulpa, recientemente fueron forzados a suscribir un acuerdo por el que se reduce significativamente la superficie de sus tierras, en beneficio de la compañía. En el estado venezolano de Portuguesa, Smurfitt Cartons está quitándoles las tierras a los campesinos locales y destruyendo los bosques ribereños, reemplazándolos con monocultivos de eucalipto, pino y gmelina. Compañías plantadoras de palma aceitera en Sumatra, Indonesia, están expropiando tierras de las comunidades locales, lo que ha generado disturbios, puesto que éstas quieren defender sus tierras y recursos vitales. Situaciones similares en relación con plantaciones de eucalipto y/o palma aceitera son también frecuentes en Sarawak, Malasia, donde las poblaciones indígenas, que vienen siendo usurpadas de sus territorios tradicionales para abrir paso a las plantaciones, están luchando para defender los bosques. En Chile, plantaciones de pino en gran escala han desplazado a los campesinos de sus tierras y sustituido a los bosques, que suministraban múltiples recursos a la población local. La lista de comunidades locales afectadas por las plantaciones forestales es, en realidad, muy larga y los casos mencionados son sólo unos pocos ejemplos que muestran los efectos destructivos para el ambiente y la sociedad que esta "solución" traería consigo de ser implementada a una escala todavía mayor.

Otros procesos a nivel global -como la Convención de Diversidad Biológica y el Foro Intergubernamental sobre Bosques (IFF)- están ahora advirtiendo sobre los potenciales impactos de las plantaciones forestales sobre la biodiversidad forestal y otros atributos de los ecosistemas naturales. El propio Protocolo de Kioto menciona que "cada parte incluída en el Anexo I se empeñará en cumplir (sus) compromisos . . . de manera que se reduzcan al mínimo las repercusiones sociales, ambientales y económicas adversas para las Partes que son países en desarrollo" (Art 3.14). Sin embargo, las acciones se están dirigiendo en dirección opuesta a los dichos. Los inventarios nacionales sobre gases de efecto invernadero que cada estado debe preparar para monitorear la situación nacional respecto de los compromisos para la UNFCCC, consideran que el incremento de las áreas de plantaciones forestales -llamadas "bosques plantados"- es positivo para el ambiente global e incluyen la captura de carbono por las plantaciones en sus respectivos cálculos. La metodología que se adoptó no considera los efectos negativos que hemos mencionado, así como tampoco los factores a nivel regional o local que pueden incidir en el cálculo. En realidad el efecto neto de una plantación sobre la captura de carbono -una vez que se tienen en cuanta todas las variables- está todavía en una fase de hipótesis.

En resumen, la promoción de monocultivos forestales bajo los CDM que se viene dando en el actual proceso global sobre cambio climático se asienta en una base científica débil. Por otra parte, desde el punto de vista político, social y ambiental, lejos de constituir una solución al problema, contribuye a consolidar un esquema que, en distintas partes del mundo, amenaza la vida de la gente y del ambiente. Resulta urgente cambiar el enfoque. El Artículo 9 del propio Protocolo de Kioto considera la posibilidad de implementar este cambio "a la luz de las informaciones y estudios científicos más exactos de que se disponga sobre el cambio climático y sus repercusiones y de la información técnica, social y económica pertinente". Pero, por supuesto, no es asunto de palabras sino de voluntad política. ¿La COP4 de Buenos Aires será otra oportunidad perdida? (Boletín de octubre, 1998)

Contribución al debate sobre sumideros de carbono

Un punto que no está siendo suficientemente considerado en el debate de las plantaciones como sumideros de carbono es el del final de la cadena productiva de la que forman parte. Vale decir, la mayoría de estos monocultivos forestales con exóticas son instalados para la obtención de dos productos: papel o tableros de fibra. En ambos casos, los árboles terminarán convertidos en pequeñas astillas (chips) y luego transformados en otro producto.

¿Cuánto de la fibra de madera presente en las plantaciones es realmente secuestrado? Muy poco, en especial en el caso del papel.

Veamos: los árboles crecen, absorben una cierta cantidad de carbono como fibra de madera. La mayor parte del suelo alrededor de los árboles resulta compactado durante las operaciones de madereo. Ello provoca dos consecuencias: la extracción de gran parte del carbono presente en el horizonte orgánico y el aumento de la susceptibilidad del suelo a la erosión, lo que determinará la liberación posterior del carbono en él retenido.

La mayor parte del carbono, obviamente, está presente en las hojas, que caen al suelo a medida que el árbol crece. Estas hojas se incorporan paulatinamente al suelo, formando parte del horizonte orgánico mencionado. Los árboles son cortados y chipeados y eventualmente transformados en pulpa y luego en papel o cartón. Estos productos son generalmente utilizados y luego desechados. En el caso del cartón corrugado, son muy pocos los países en los que se ha alcanzado un porcentaje de reciclado del 50%. A nivel mundial, la mayor parte del cartón corrugado es utilizado una vez y es luego descartado, terminando como relleno sanitario.

Aún en los EE.UU., un país con una tasa de reciclado relativamente alta (comparada con el resto del mundo, no así con otros países industrializados) sólo alrededor de un 14% del papel blanco de oficina es reciclado. La mayor parte de la producción de las plantaciones forestales de Brasil e Indonesia, dos de los mayores productores mundiales de pulpa y papel, se convierte en papel de oficina.

De manera que este papel -que puede decirse contiene la mayor parte del carbono secuestrado por las plantaciones- termina siendo enterrado como relleno sanitario. En estas condiciones, el grueso del mismo con el tiempo habrá de descomponerse en un medio anaeróbico -vale decir, en ausencia de oxígeno- liberando metano a la atmósfera. El metano es 25 veces más efectivo que el carbono como gas de efecto invernadero.

De manera que la mayor porción del carbono secuestrado terminará al final siendo emitido a la atmósfera como metano o sencillamente liberado nuevamente como carbono durante el proceso de cosecha, chipeado, fabricación de pulpa, generación de residuos, producción de papel y, por último, descomposición.

Una porción pequeña -aquella contenida en los tableros de fibra- será convertida en materiales madereros no durables, que pronto habrán de ser enterrados en rellenos sanitarios. O sea, que también los tableros de fibra son desechables tras un lapso relativamente breve (por lo menos en los EE.UU., donde este tipo de muebles dura sólo unos pocos años). Y cuando, al final de su corta vida, un tablero es enterrado, acabará generando metano.

Una ínfima fracción de la fibra producida por las plantaciones permanecerá secuestrada a largo plazo como productos madereros durables, pero esa cifra es superada largamente por el metano generado cuando la economía mundial cada vez más consumista desecha el papel y los tableros de fibra.

La ciencia del secuestro del carbono en las plantaciones no es tal. Son sólo espejitos de colores usados para promover más y más plantaciones, que beneficiarán a las grandes compañías productoras de pulpa, papel y productos de madera, a expensas de las poblaciones locales y del planeta en su conjunto.

Quienes promueven las plantaciones como sumideros de carbono parecen haber olvidado que, para actuar como depósitos de carbono, los árboles deben:

- seguir creciendo, o
- ser transformados en productos durables, capaces de retener el carbono durante cientos de años, además de
- nunca permitirse la descomposición de la madera en ambientes anaeróbicos.

Nada de esto es lo que está sucediendo de modo significativo en lo que se refiere a las plantaciones con exóticas de rápido crecimiento. (Boletín de noviembre, 1998)

Convención Marco sobre Cambio Climático: mucho ruido y pocas nueces

Nada demasiado importante parece haber sucedido durante la IV Conferencia de los Partes (COP4) de Buenos Aires, celebrada entre el 2 y el 13 de noviembre. Desde una perspectiva general, ello podría ser considerado como una muy mala noticia, dado que el cambio climático es una realidad y habrá de afectar las vidas de millones de personas. Sin embargo, desde una perspectiva más concreta, la misma noticia puede ser tomada como positiva, puesto que la mayoría de los gobiernos no parecen estar dispuestos a tomar las difíciles decisiones que deberían tomarse, tales la sustitución de combustibles fósiles por fuentes de energía renovable, limpia y de bajo impacto ambiental, junto a la conservación de los bosques en todo el mundo. En tanto toda la discusión sobre cómo abordar el cambio climático esté centrada en procurar evitar realizar cortes significativos en el uso de combustibles fósiles, así como en no tomar medidas reales para detener la deforestación, las noticias aparentemente malas que nos llegan de Buenos Aires pueden ser tomadas -en dicho contexto- como positivas.

En lo que respecta a las plantaciones forestales como depósitos y sumideros de carbono, las decisiones sobre las definiciones de los términos deforestación, reforestación y forestación -mencionados en el Artículo 3,3 del Protocolo de Kioto- serán adoptadas recién durante la primera COP a realizarse luego de que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) dé a conocer su Informe Especial sobre Cambios en el Uso de la Tierra y Silvicultura, lo que será para la COP6.

Asimismo, se acordó que las decisiones acerca de la inclusión de cualquier otra actividad humana adicional sobre uso de la tierra y silvicultura elegible para su consideración por las Partes bajo el Protocolo de Kioto (Artículo 3,4) habrán de ser tomadas en dicha COP (por actividades adicionales se entienden la silvicultura, la conservación de los bosques, la conservación del suelo, otras actividades agrícolas, etc.).

Hubo países -entre los cuales Australia y algunos de la Unión Europea- que presionaron para apurar la toma de decisiones acerca de las definiciones bajo el referido Artículo 3,3, de modo que se llegara a un acuerdo antes del Informe Especial del IPCC. Pero finalmente las mismas no prosperaron, lo que puede ser considerado buena cosa, dadas las importantes consecuencias que dichas definiciones pueden traer consigo. Canadá, por ejemplo, sostiene la posición de que la talarrasa de bosques, incluídos los bosques primarios, no debe ser contabilizada como "débito" de carbono , puesto que no considera tal operación como "deforestación". Pero a la vez afirma que la reforestación de esos espacios debería ser registrada como "crédito" de carbono, bajo forma de reforestación. Por absurdo que pueda parecer -sería como si uno fuera dueño de una cuenta bancaria a la que no se debitan ninguno de los cheques que emite, pero se le acreditan todos los depósitos- la posición sostenida por Canadá es un ejemplo de la gran variedad de problemas que podrían generarse si las definiciones de deforestación, reforestación y forestación no son adoptadas luego de un cuidadoso análisis de las consecuencias que pueden implicar.

El encuentro de Buenos Aires reveló asimismo marcadas diferencias en la posición de las ONGs en lo relativo a los sumideros. Algunas ONGs con sede en los EE.UU. (particularmente Environmental Defense Fund, The Nature Conservancy y el World Resources Institute) promovieron un uso muy extendido de los sumideros. El World Rainforest Movement, Amigos de la Tierra, JATAN, WWF, Greenpeace y muchas otras ONGs adoptaron, en cambio, una posición contraria. La posición de estas últimas fue que no sólo el uso extendido de los sumideros habría de minar el logro de los objetivos de la convención -vale decir la estabilización de las emisiones de gases de efecto invernadero a niveles inferiores a los que producirían un efecto irreversible sobre los ecosistemas, incluyendo los forestales- sino que además las actividades promovidas en relación con los sumideros tendrían impactos ambientales negativos en general sobre la biodiversidad forestal y las comunidades locales. Entre los motivos de preocupación se incluyen los incentivos perversos que promuevan las actividades de madereo y aclareo de bosques primarios, la expansión acelerada de monocultivos forestales de rápido crecimiento y los impactos que estos procesos traerían aparejados para las comunidades locales y los pueblos indígenas.

En suma, ni los gobiernos ni las ONGs se muestran particularmente unidos a nivel de la Convención de Cambio Climático, de manera que son muchos los temas que todavía quedan abiertos para la discusión. Esta situación de relativo estancamiento abre un espacio para quienes están preocupados por la gente y el ambiente, que puede ser aprovechado para incrementar la conciencia de la opinión pública acerca del papel que sus respectivos gobiernos están jugando en estas negociaciones, para así poder influenciarlos en procura de que tomen un camino más positivo que el que han recorrido hasta ahora. (Boletín de noviembre, 1998)

El Foro Global de Biodiversidad manifiesta dudas sobre medidas para mitigar el Cambio Climático

Las conclusiones del XI Foro Global de Biodiversidad, realizado en noviembre pasado en Buenos Aires -al que concurrió Alvaro González, del Secretariado Internacional del WRM- revelan significativas coincidencias con algunos de los puntos de vista de nuestro Movimiento. Un punto en común es aquél en que se sostiene que si bien el creciente número de acuerdos multilaterales sobre el ambiente puede significar que existe mayor preocupación sobre el tema, es posible también que ello lleve a tener una aproximación fragmentada e inefectiva a la realidad. En cambio, es necesario adoptar una visión holística, que tenga en cuenta factores naturales, sociales, económicos y culturales en interacción mutua. Otro importante punto de coincidencia es el que expresa que "si se hacen de modo incorrecto, las medidas relacionadas con los bosques, diseñadas para mitigar el cambio del clima . . . pueden provocar impactos negativos en los bosques y otros ecosistemas naturales, en las comunidades locales y en el propio sistema climático". Este es justamente el caso de las plantaciones de árboles como sumideros de carbono. En tanto su eficacia en este sentido resulta dudosa, su negativo impacto ambiental y social ha sido ampliamente demostrado en diferentes partes del mundo. Los participantes en el Foro destacaron que "la protección de la integridad ecológica y la sostenibilidad de las sociedades basadas en ella, son vitales para enfrentar el problema del cambio climático". (Boletín de diciembre, 1998)

¿La expansión de las plantaciones pueden ser una solución para el Calentamiento Global?

Los proyectos de plantaciones en gran escala a ser implementados en el extranjero por la industria papelera japonesa no pueden ser aceptados bajo la Implementación Conjunta o los Mecanismos de Desarrollo Limpio (CDM, por su sigla en inglés) previstos en el Protocolo de Kioto para combatir el calentamiento global.

Lo que las plantaciones forestales están en verdad provocando es la degradación de los bosques, con las consecuentes emisiones de carbono. Asimismo, en el caso de las plantaciones para pulpa, el carbono contenido en la madera extraída de las mismas es casi inmediatamente liberado a la atmósfera, dado que la madera se transforma en papel, la mayor parte del cual es de corta vida. Antes de realizar la evaluación de todo proyecto en el marco de los CDM, se hace necesario entonces cubrir una serie de lagunas que presenta la contabilidad de los flujos de carbono en el área forestal:

1. La expansión de las plantaciones fue, en la década de 1980, un componente de la "degradación de los bosques", ya que provocó la pérdida de bosques cerrados y la liberación de carbono.

Con el fin de obtener estimaciones de alta precisión de la deforestación y la degradación de los bosques en los países en vías de desarrollo, la FAO realizó una investigación basada en imágenes satelitales ("Forest Resource Assessment 1990", FAO 1995). Esta medida de cambios en el uso de la tierra puede ser utilizada en el contexto del calentamiento global. Las estimaciones se basan en el método de contabilización de cambios en las existencias de carbono, propuesto como una de las alternativas por parte de la UNFCCC y el Protocolo de Kioto.

De acuerdo con dicho análisis de imágenes satelitales, correspondiente a los años 1980, el 75% de las nuevas plantaciones forestales en países en vías de desarrollo en los trópicos fueron instaladas mediante el reemplazo de bosques naturales cerrados, existentes en el lugar diez años antes. Las plantaciones son, por lo tanto, agentes destructores de los bosques autóctonos. La mayor parte de estas nuevas plantaciones tendrían como destino la producción de palma aceitera y de pulpa.

Los bosques tropicales almacenan en promedio unas 220 toneladas de biomasa por hectárea. Una plantación típica almacena biomasa a una tasa de 120 toneladas por hectárea. Este descenso de 100 toneladas equivale aproximadamente a 50 toneladas de carbono o 183 toneladas de emisión de CO2. Por lo tanto, los 3,95 millones de hectáreas de selva convertidos en plantaciones durante los '80 significaron 725 millones de toneladas de emisiones de CO2.

El resultado de la corta del bosque nativo, seguida de la instalación de una plantación, es por lo tanto un aumento en las emisiones netas de carbono, lo cual contribuye al calentamiento global, además de figurar como una "degradación de los bosques". Si bien las plantaciones remanentes pueden secuestrar dióxido de carbono, parte de ese carbono es extraído como madera u otros productos, en tanto que las existencias de carbono neto permanecen constantes en dichas plantaciones.

Se espera que en el futuro se dará una rápida expansión de las plantaciones, tal como sucedió en la década pasada, durante la cual el área de las mismas aumentó en un 25%. De modo que la contabilidad de flujos del carbono en relación con las plantaciones resultará en "emisiones" de dióxido de carbono.

2. Los patrones de consumos son esenciales para las estimaciones de las existencias de carbono

La mayor parte de los proyectos de forestación, tales como los emprendidos por las compañías papeleras del Japón, son de gran escala e implican la utilización de especies introducidas. La extensión en el extranjero de tal paradigma de "forestación expandida" está provocando problemas de carácter social, ambiental y vinculados a los derechos humanos en muchas de las áreas donde se ha implementado.

Durante el proceso de fabricación de pulpa y papel, más de la mitad del carbono almacenado en la madera es consumido como recurso energético y emitido al aire como CO2. Posteriormente, los diferentes tipos de papel producido tienen una utilidad promedio de solamente un año. La mitad de dichos productos son reciclados, pero la otra mitad son quemados como desechos, generando nuevas emisiones de CO2.

La madera utilizada para la producción de pulpa y papel es por lo tanto diferente en lo fundamental de aquella usada para fabricar productos durables durante un plazo mayor, tal como sostiene la industria maderera. Aquella debería más bien ser considerada como de uso similar al de la leña.

3. Las directrices del IPCC para los inventarios de los sumideros de carbono son contradictorias y contienen lagunas.

Las actividades de corta son contabilizadas para los países en cuyo territorio el proyecto se lleva a cabo, en tanto una parte del crédito por las plantaciones va al país que ejecuta el proyecto. Este constituye un problema de "escape" de carbono, por el cual los países desarrollados pueden abandonar su meta de reducción de las emisiones. Para llenar esta laguna debería adoptarse un esquema de comercialización basado en la internalización de los costos, como por ejemplo madera comercializada vs. Unidad de Asignación Anual o bien un sencillo esquema de trueque. (Boletín de diciembre, 1998)

¿Sumideros de carbono o la Convención sobre Cambio Climático al sumidero?

Los países del Norte, quienes son responsables de la mayor parte de las emisiones provocadas por el uso de combustibles fósiles a nivel global y relacionadas con sus patrones insustentables de producción y consumo, están procurando encontrar una manera de zafar de su responsabilidad por el calentamiento global, promoviendo el uso de la actividad fotosintética de las hojas de los árboles para tomar dióxido de carbono de la atmósfera. Se ha otorgado a la plantación de especies de rápido crecimiento un papel preponderante en relación con este tema, dada su supuesta condición de sumideros de carbono. Bajo los denominados Mecanismos de Desarrollo Limpio, el Protocolo de Kioto promueve dichas plantaciones. El resultado será que el Norte seguirá emitiendo CO2 a la atmósfera, en tanto vastas áreas del Sur serán usadas como depósitos de su basura de carbono. Estimaciones de la superficie de plantaciones de especies de rápido crecimiento requerida para absorber las emisiones globales de CO2 oscilan entre 150 y 300 millones de hectáreas. Los impactos ambientales y sociales negativos de esta invasión pueden llegar a ser enormes.

Las plantaciones no constituyen una solución para el calentamiento global sino un problema adicional. En realidad, las plantaciones forestales son una de las principales causas de la destrucción de la selva tropical, eliminado de ese modo los enormes reservorios de carbono constituidos por dichos bosques maduros. Durante la década de 1980 el 75% de las nuevas plantaciones forestales en la zona tropical fue realizado reemplazando bosques cerrados que existían en esa zona diez años antes. En la región templada, las plantaciones habrán de sustituir a las praderas, que también actúan como reservorios de carbono. Lo que es más, la idea en su conjunto se asienta en una base científica sumamente débil. La eficiencia de las plantaciones como sumideros de carbono es cuestionable porque depende mucho de la(s) especie(s) utilizada(s) y de las condiciones climáticas a escala local; porque no resulta claro por cuánto tiempo se supone que permanecerán como sumideros de carbono; y porque la cuestión depende de qué sucede con las emisiones de carbono cuando las plantaciones son cortadas y la madera obtenida es convertida en diferentes tipos de productos perecederos en lapsos relativamente cortos (en especial en el caso del papel).

Una real solución al calentamiento global implicaría -entre otras medidas- que los países industrializados efectivamente disminuyan sus emisiones y que, al mismo tiempo, los bosques primarios así como los ecosistemas herbáceos sean mantenidos como reservorios naturales de carbono. A la vez, que se promueva el crecimiento de los bosques secundarios como auténticos sumideros de carbono. Ese debería ser el papel a ser cumplido por la Convención de Cambio Climático. Si, por el contrario, continúa centrando su atención en los sumideros en lugar de hacerlo sobre las fuentes, entonces la propia Convención podría terminar sus días en el sumidero. (Boletín de julio, 1999)

Poner la Deuda del Carbono en la mesa de negociaciones

La deuda externa constituye una pesada carga para los países del Sur, especialmente para los más pobres y para los sectores más pobres en cada uno de ellos. Los gobiernos implementan programas de ajuste estructural en sus economías, promovidos por el FMI y el Banco Mundial, a efectos de asegurar el puntual pago del servicio de la deuda, lo cual desvía fondos que podrían haberse destinado a satisfacer las necesidades básicas de su población, tales como alimentación, educación, vivienda y salud.

Sin embargo actualmente son muchos que se preguntan: ¿quién le debe a quién? Los países del Norte han basado históricamente su prosperidad en la explotación de los territorios, los recursos y la población del Sur, y en la invasión y ocupación de los territorios indígenas en todo el mundo. Un grupo de geógrafos alemanes ha acertadamente denominado esto como "la economía del robo". La apropiación de la atmósfera por parte de los países del Norte para utilizarla como basurero de dióxido de carbono no es sino un capítulo más de esta larga historia de injusticias. Si bien la atmósfera es un bien común de la humanidad y cada ser humano sobre la Tierra tiene el mismo derecho a utilizarla, las diferencias son hoy en día enormes. En base a una distribución per capita, los EE.UU. actualmente utilizan 20 veces más de los que les correspondería y el Reino Unido seis veces. Pero al mismo tiempo Bangladesh --uno de los países más vulnerables al incremento del nivel del mar y otras alteraciones del clima-- está diez veces por debajo de su cuota parte, Sudán 15 veces, Tanzania 22 veces y así sucesivamente.

Según la organización Christian Aid, "la economía humana está emitiendo aproximadamente 7.000 millones de toneladas métricas de carbono al año (1996) y se requieren reducciones del orden de al menos un 60% para lograr un equilibrio en el volumen de carbono atmosférico, que estaría en unos 2.800 millones. Si pensamos que en los países desarrollados (OCDE) vive alrededor del 20% de la población mundial, su cuota parte sustentable debería ser del orden de 560 millones de toneladas. Sin embargo, éstos son hoy en día responsables de alrededor del 50% de las emisiones de carbono, vale decir 3.500 millones de toneladas métricas, de manera que su déficit es de aproximadamente 2.940 millones de toneladas" ('Who owes who? Climate change, debt, equity and survival', 1999).

Resulta claro que los países industrializados han abusado grandemente de su cuota parte de emisiones de carbono, generando una Deuda del Carbono, que es mucho mayor que la deuda convencional de los países pobres altamente endeudados.

Si los gobiernos del Sur estuvieran realmente interesados --como deberían-- en defender los intereses de sus pueblos, deberían cambiar la actual discusión orientada al mercado prevaleciente en las negociaciones del proceso de Cambio Climático. La prioridad debería estar en los temas de la justicia y los derechos ecológicos a nivel global. Tan sólo después podría apelarse a instrumentos económicos para negociar en términos concretos. En lugar de subirse alegremente al carro de ganar algún dinero a partir de falsas "soluciones" --tales como las plantaciones forestales como sumideros de carbono-- los gobiernos de los países del Sur deberían exigir colectivamente el pago de la Deuda del Carbono generada por el Norte. La justicia debería ser el punto de partida de la negociación. (Boletín de agosto, 2000)

Plantaciones como sumideros: sus verdaderos beneficiarios

Los esquemas de MDL basados en los sumideros de carbono en el sector forestal, anunciados con bombos y platillos como la panacea para la mitigación del cambio climático, son en cambio peligrosos desde el punto de vista social y ambiental. A pesar de ello, las discusiones que se vienen dando a nivel oficial ignoran estos puntos fundamentales. Indudablemente algunos tienen mucho para ganar de este mercadeo de la naturaleza. ¿Quiénes son los influyentes actores detrás del escenario en el mercado del carbono? He aquí una descripción de algunos de los más relevantes.

- La industria

Las grandes corporaciones están tanto influyendo a los tomadores de decisiones como emprendiendo acciones directas en el recientemente creado mercado del carbono. Repentinamente la industria ha descubierto lo rentables que pueden ser los árboles, y los proyectos de plantaciones para sumideros están creciendo como hongos en el Sur. Por ejemplo, en enero de 1999 la Federación Japonesa de Organizaciones Económicas propuso al Presidente de China Jiang Zemin que un grupo de compañías japonesas lleven adelante un programa de plantaciones en ese país para asegurarse mayores cuotas de emisión de dióxido de carbono bajo el MDL. También el año pasado la Confederación de la Industria Británica trató de lanzar un sistema de mercadeo del carbono a efectos de frenar o reducir un impuesto sobre la energía planteado por el gobierno de ese país.

Desde el inicio mismo del proceso de la Convención sobre Cambio Climático, el poderoso lobby de la industria petrolera que opera al nivel del Senado de los EE.UU. indujo a los delegados de ese país en las negociaciones sobre el clima a abstenerse de todo compromiso, incluso para una mínima reducción en las emisiones de CO2. Luego del Protocolo de Kioto, esas empresas instruyeron a los delegados de los EE.UU. y de otros países industriales para que apoyaran la comercialización de "compensaciones" de carbono, incluyendo créditos de carbono provenientes de plantaciones forestales. En países situados en diferentes regiones del mundo, tales como Costa Rica, Uganda y Australia, las compañías que explotan petróleo, carbón y gas natural han firmado acuerdos para instalar proyectos de secuestro de carbono a través de plantaciones --las mismas compañías cuyas actividades provocan severos impactos ambientales y sociales en detrimento de las comunidades locales.

Siendo el transporte basado en combustibles fósiles una de las principales causas del calentamiento global, también las empresas automovilísticas están tratando de cambiar su imagen. Mazda ha anunciado que plantará cinco árboles por cada unidad del nuevo modelo Demio que se venda en Inglaterra, a fin de "compensar" de ese modo las emisiones producidas por el auto en su primer año de utilización. Avis Europa planea plantar un árbol por cada auto de su flota, en tanto la Federation Internationale de l'Automobile tiene un proyecto para la plantación de 30.000 árboles en Chiapas, México, sobre tierras habitadas por comunidades mayas, para "compensar" por el carbono emitido anualmente en las carreras de Fórmula Uno.

- Las agencias multilaterales

Desde 1997 el Banco Mundial se ha estado ocupando del tema cambio climático. El Banco está usando fondos de empresas públicas y de gobiernos del Norte para desarrollar el denominado Fondo Prototipo de Carbono (PCF, por su sigla en inglés), cuyo propósito es facilitar "las inversiones en mercados globales de gases de efecto invernadero" y que tiene una cartera de proyectos en el Sur. Durante un encuentro de los Cuerpos Subsidiarios de la Convención sobre Cambio Climático realizado en Bonn en junio pasado, un delegado del Banco Mundial, dirigiéndose a una audiencia formada básicamente por gente de negocios, dejó claro que el PCF fue diseñado para que la reducción de emisiones le resultara más barata al Norte, y la mayor parte de su presentación estuvo centrada en qué poco las corporaciones del Norte tendrían que pagar por evitar tener que reducir la contaminación en la fuente en caso de que se adhieran al PCF. Una importante tarea del PCF es generar confianza entre compradores y vendedores de los denominados "productos" del clima. Empresas como British Petroleum y Mitsubishi, así como varias firmas nórdicas, han expresado su interés en esta iniciativa. El PCF fue creado pensando exclusivamente en proyectos del sector energético, aunque luego se dio un viraje y ahora se dice que el 10% de estos fondos será destinado a proyectos de sumideros de carbono mediante forestación. A pesar de los impactos sociales y ambientales negativos de los monocultivos forestales, el Banco insiste en promoverlos, ahora bajo el disfraz de sumideros. El Banco también está implicado en el diseño de un MDL para subsidiar el comercio de los "créditos de carbono" resultantes, ofreciendo para ello un banco o una bolsa de valores de carbono.

Las Naciones Unidas también están involucradas en el nuevo mercado del carbono. El Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF) --cuyas agencias implementadoras son el PNUMA, el PNUD y el Banco Mundial-- está promoviendo el PCF a través de la creación de sumideros de bajo costo. Resulta difícil de entender de qué manera los monocultivos forestales como sumideros de carbono, habrán de contribuir a la conservación de la biodiversidad, que es una de las áreas de acción prioritarias del GEF. A su vez la UNCTAD (Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) está destinando dinero de los contribuyentes al establecimiento de una Asociación Internacional para el Comercio de Emisiones, formada por alrededor de 60 empresas transnacionales y organizaciones ambientalistas, que procuran dinamizar el mercado del carbono.

- Los gobiernos

A nivel político la acción de algunos gobiernos del Norte --en connivencia con intereses empresariales que buscan eludir su responsabilidad en la generación del calentamiento global-- constituye la columna vertebral de todo este proceso.

Debido a sus elevadas emisiones per cápita en materia de dióxido de carbono, a su renuencia a aceptar las restringidas limitaciones establecidas por la Convención Marco sobre Cambio Climático en Kioto, y a la influencia directa e indirecta que ejerce sobre otros gobiernos, los EE.UU. son uno de los principales actores en este proceso. En julio pasado, el Senado de ese país aprobó la Ley para el Incentivo del Secuestro Internacional de Carbono", de acuerdo con la cual "las empresas estadounidenses que resulten elegibles podrán optar por recibir un crédito de inversión o acceder a préstamos a un interés bajo, así como opciones de seguro sobre inversiones para secuestro de carbono en otros países". El accionar del gobierno de los EE.UU. parece estar en contra de la visión de la opinión pública en su propio país. Según una encuesta realizada recientemente, la mayoría de los ciudadanos estadounidenses están a favor de la reducción de gases de efecto invernadero por las fuentes industriales a nivel doméstico, en lugar de medidas adicionales como la de los sumideros de carbono.

Otro entusiasta promotor de los sumideros de carbono en el sector forestal es Canadá. La Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional (CIDA) ha acordado perdonar una pequeña fracción de la deuda que Honduras mantiene con dicho país, a cambio de que el país centroamericano instale una oficina en la órbita del Protocolo de Kioto a efectos de promover las plantaciones forestales y monitorear la conservación de los bosques. Ello permitiría a Canadá recibir créditos de carbono sin necesidad de recurrir a reducciones a nivel doméstico.

La posición de Australia es digna de mención. Formando parte del grupo de países del Anexo I del Protocolo de Kioto y ejerciendo una gran influencia a nivel de la región de Oceanía, Australia espera que su participación en el mercado del carbono habrá de promover su crecimiento económico. Un ministro de agricultura de Nueva Gales del Sur ha mencionado recientemente los beneficios de una "nueva y dinámica industria", capaz de generar nuevos puestos de trabajo al instalar un millón de hectáreas de nuevas plantaciones, algunas de las cuales serán financiadas con dinero de empresas japonesas del sector de la energía.

Pese a que los gobiernos europeos han adoptado una posición más cauta en el tema, algunos de ellos están impulsando proyectos forestales bajo el MDL. Las plantaciones holandesas en los Andes ecuatorianos y las noruegas en Uganda muestran que incluso países que en el escenario político mundial tratan de aparecer como amistosos en relación con el ambiente, han aprovechado la oportunidad para hacer buenos negocios en el mercado del carbono.
Para compensar sus emisiones Japón está planeando recurrir a proyectos de forestación en otros países, como ser en la vecina China. El gobierno japonés está procurando aumentar la cantidad de carbono absorbido acreditada a su país en el rubro "actividades inducidas por el hombre", incluyendo el carbono absorbido por las nuevas plantaciones. Tal posición no resulta sorprendente: la agencia de cooperación japonesa JICA ha sido uno de los principales promotores del modelo basado en monocultivos forestales, a la vez que el crecimiento económico de este país se ha basado en la enorme huella ecológica provocada por la explotación de los recursos de otros países y el depósito de sus residuos industriales en el extranjero.

Los sumideros mediante plantaciones también están siendo promovidos por algunos gobiernos del Sur, quienes los ven como una oportunidad inmediata de obtener dinero proveniente de inversores extranjeros. Argentina, Colombia, Bolivia, Uruguay, Costa Rica, México, Chile, Guatemala y otros países están procurando que las plantaciones como sumideros de carbono sean incluidas en el MDL. Ello significa que estos gobiernos aceptan alegremente la función de basureros de carbono para sus territorios y se niegan a ver los impactos negativos desde el punto de vista social y ambiental provocados por las plantaciones forestales.

- Las empresas consultoras

El mercado del carbono ha creado oportunidades para la generación de instituciones, puestos pagos y prestigio para un creciente número de profesionales deseosos de trabajar haciendo investigación, certificación y administración en proyectos de plantaciones para "compensación" de carbono, quienes a su vez juegan un papel preponderante al "creer" en su eficiencia. Consultoras tales como SGS Forestry, Margules Poyry y Econergy International Corporation pueden obtener lucrativos contratos para monitorear y justificar proyectos de forestación para carbono. En la Cámara de Comercio de Chicago ya se están ofreciendo créditos de carbono certificados por SGS. Algunos consultores incluso se mueven en un circuito que pasa por prestar servicios en oficinas de las Naciones Unidas, hacer lobby en la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención sobre Cambio Climático y atender sus propios negocios en proyectos de "deducción" de carbono. Mark Trexler, por ejemplo --cuya firma Trexler & Associates está lista para amasar fortunas con la promoción del comercio de carbono-- estuvo en la COP IV de Buenos Aires y, a la vez, es editor de la revisión de uno de los capítulos del Informe Especial del Panel Intergubernamental de Cambio Climático sobre Uso del Suelo, Cambios en el Uso del Suelo y Forestación. En dicho informe participaron también personas que trabajan para otras consultoras, tales como Winrock International, Ecosecurities Ltd, SGS Forestry y Edinburgh Centre for Carbon Management. No puede sorprender, entonces, que el informe haya puesto el sello de aprobación "científica" a la idea de que es posible realizar una contabilidad del carbono que implique a las plantaciones forestales y las emisiones industriales.

- Empresas, profesionales e investigadores en el área forestal

El mercado del carbono constituye una excelente oportunidad para que las empresas forestales no sólo incrementen sus negocios, sino también para que traten de adquirir una imagen "verde". Se teme que, en caso de incluirse los monocultivos forestales en el MDL, aumente la sustitución de áreas de bosques por plantaciones en los países tropicales, a la vez que su expansión destruya los ecosistemas de pradera de las regiones templadas, cuyos suelos constituyen efectivos reservorios de carbono.

Muchos profesionales forestales ven el auge de las plantaciones para sumideros de carbono como una forma de aumentar la importancia de su profesión ante los ojos de la opinión pública en relación con la mitigación del cambio climático. Por otra parte --aún más importantemente-- un aumento de las áreas plantadas puede significarles mejores oportunidades de empleos bien pagos para el establecimiento y manejo de éstas, así como en el campo de la investigación, tanto en forestación como en biotecnología a fin de producir árboles que crezcan más rápido y capturen más carbono.

- Otros

Hay muchos otros actores que juegan algún papel en la promoción directa o indirecta del mercado del carbono en este nuevo escenario y que se benefician de ello. Firmas comerciales, agentes promotores, bancos, académicos, burócratas y consultores profesionales se cuentan entre los potenciales o reales beneficiarios de este enfoque orientado al mercado. (Boletín de agosto, 2000)

¿Es aceptable recibir dinero del MDL para la conservación de bosques?

La deforestación contribuye al cambio climático a través de la liberación de carbono de la biomasa forestal. Por lo tanto, debe promoverse la conservación así como las actividades de rehabilitación de los bosques a efectos de promover tanto la conservación del carbono --en el caso de bosques primarios-- como su absorción --en el caso de los bosques secundarios a los que se permite volver a desarrollarse.

Pero, ¿debería o no incluirse a los bosques en el Mecanismo de Desarrollo Limpio? Esta es una pregunta difícil para las ONGs, las OPIs y las comunidades de los bosques, pero que deberá ser respondida en las próximas negociaciones de la Conferencia de las Partes de la Convención sobre Cambio Climático. No es nuestro propósito aquí dar una respuesta tajante por la afirmativa o por la negativa a esa pregunta, sino el de compartir nuestros puntos de vista al respecto.

Para una comunidad que vive en el bosque o para una organización ambientalista que trabaja para proteger un bosque determinado, la inclusión de los bosques en el MDL podría significar recibir fondos muy necesarios para asegurar su conservación, así como apoyo político y legal del gobierno local o nacional. El bosque sería conservado y la calidad de vida de la comunidad local podría verse mejorada. Por lo tanto ésta podría ser catalogada como una situación en la que todos ganan ("win-win").

Existen no obstante algunos problemas que derivan del carácter global del comercio del carbono. Quien desee pagar por un servicio de "absorción de carbono por un bosque" seguirá emitiendo dióxido de carbono en algún otro lugar del mundo. Asimismo estará apoyando la extracción de combustibles fósiles en algún otro lugar. En ambos casos habrá comunidades afectadas. Podría ser, por ejemplo, una comunidad en otro país, que habite cerca de una planta industrial contaminante perteneciente a una firma que compra créditos de carbono a la comunidad habitante del bosque. Podría haber por otro lado una comunidad indígena --en un tercer país-- afectada por la extracción de petróleo en su propio territorio. Para estas dos comunidades afectadas "a distancia" por el mismo proyecto de carbono, éste sería un escenario en que ambas pierden ("lose-lose").

Si se acepta que todo negocio que vincula a bosques con créditos de carbono sólo puede ser aprobado con el consentimiento de todas las comunidades locales afectadas, el ejemplo anterior sugiere que, antes de tomar cualquier decisión, la comunidad local implicada en el proyecto de carbono debería identificar y consultar a todas las otras comunidades afectadas. Según cuál fuera su respuesta, ésta podría aceptar o rechazar el trato.

En consecuencia, la conservación de bosques a través del MDL constituiría una operación extremadamente complicada, dado que habría muy pocas situaciones tan "simples" como la descrita en el ejemplo anterior. Incontables comunidades deberían ser identificadas y consultadas en la mayoría de los proyectos potenciales. Además: ¿Qué sucedería si una comunidad afectada se opusiera al proyecto en tanto que las restantes lo aprobaran? ¿No generaría esto problemas y divisiones entre la gente afectada?

Al mismo tiempo, debe destacarse que si bien el "dinero del carbono" puede ser percibido como una posible solución para conservar algunos bosques concretos, claramente no constituye la solución para la cuestión mucho más amplia de la deforestación y la degradación de los bosques que se está dando a través de todo el Sur. Estos problemas no pueden verse solamente como un tema relacionado al "clima", dado que también comprende los suelos, el agua, la flora, la fauna y los medios de vida de las comunidades locales. Debe recordarse a los negociadores en la Convención sobre Cambio Climático los compromisos que sus gobiernos ya han asumido, particularmente en el marco de la Convención sobre Diversidad Biológica y en las Propuestas de Acción del Panel Intergubernamental sobre Bosques. Si fueran implementados, estos compromisos asegurarían no sólo la transferencia de fondos desde el Norte, sino también, y lo que es más importante, el establecimiento de marcos adecuados --tanto a nivel nacional como internacional-- para abordar las causas directas e indirectas de la deforestación.

Las ONGs y OPIs que participarán de la próxima Conferencia de las Partes se enfrentan a la tarea de asegurar que el Mecanismo de Desarrollo Limpio sirva para promover un desarrollo socialmente equitativo y ambientalmente sustentable y que el debate en torno al clima se vincule con el resto de los compromisos en el área social y ambiental que los gobiernos ya han asumido. (Boletín de agosto, 2000)

Las plantaciones como sumidero ... ¡al sumidero!

Uno de los principales objetivos de los negociadores de algunos países industrializados en la Convención sobre Cambio Climático es que las plantaciones sean aceptadas como sumideros de carbono en el denominado Mecanismo de Desarrollo Limpio. El razonamiento que utilizan parece ser muy claro: durante su crecimiento los árboles toman dióxido de carbono de la atmósfera y fijan carbono en la madera. De manera que actúan como "sumideros de carbono" y así ayudar a contrarrestar el cambio climático mediante la remoción de dióxido de carbono de la atmósfera. Entonces, ¿cuál es el problema? La respuesta es: muchos.

El primer problema es que las plantaciones forestales no tienen como finalidad complementar medidas adoptadas para reducir el uso de combustibles fósiles. Por el contrario, su propósito es permitir a los países industrializados que cumplan sus compromisos de reducción de emisiones sin realmente reducirlas en la medida acordada. Si, por ejemplo, un país ha asumido un compromiso para reducir sus emisiones de combustibles fósiles de 100 a 90 unidades, entonces en lugar de reducir 10 disminuiría en solamente 5 y plantaría árboles para absorber los 5 restantes.

Un segundo problema sería que si se generalizara un comercio de "compensación de emisiones" basado en plantaciones forestales, ello bloquearía la adopción de otras medidas necesarias y urgentes, tales como la conservación de la energía, la reducción del consumo, un uso más equitativo de los recursos y un desarrollo equitativo basado en fuentes de energía limpias, renovables y de bajo impacto ambiental.

Lo anterior muestra claramente que las plantaciones como "sumideros de carbono" no constituyen una solución al verdadero problema de la actual crisis climática, cuya causa esencial radica en la extracción y uso continuo de los principales reservorios de carbono: carbón, petróleo y gas natural. Al mismo tiempo, las plantaciones constituyen un problema en si mismas por diferentes razones:

- En el mundo entero, las plantaciones forestales a gran escala ya constituyen una amenaza para las comunidades y para los ecosistemas. Si la Conferencia de las Partes aceptara las plantaciones como sumideros de carbono como parte del Mecanismo de Desarrollo Limpio, ello significaría la instalación de millones de hectáreas de nuevas plantaciones como forma de contrarrestar incluso una pequeña parte de las emisiones industriales. La experiencia con este tipo de plantaciones indica que estos procesos de "compensación" usurparían tierras necesarias para la agricultura, reemplazarían valiosos ecosistemas nativos, agotarían los recursos hídricos, aumentarían la inequidad en la tenencia de la tierra, incrementarían la pobreza, llevarían a la expulsión de los pobladores locales, y socavarían las prácticas locales de manejo necesarias para la conservación de los bosques.

- Las plantaciones forestales a gran escala son generalmente una causa directa de deforestación. Ello significa que antes de que se conviertan en "sumideros de carbono" en realidad provocarán "fugas de carbono" (para usar el oscuro lenguaje de los negociadores sobre el clima). Es decir, que el carbono que se encontraba seguramente almacenado en los bosques será liberado a la atmósfera a consecuencia de la deforestación. De modo que el balance de carbono resultaría negativo, ya que la mayor parte de los bosques almacenan por hectárea mucho más carbono que cualquier tipo de plantación.

- Asimismo, las plantaciones a gran escala son generalmente una causa indirecta de deforestación. La gente desplazada por las plantaciones se ve frecuentemente forzada a ingresar en otras zonas boscosas y a abrirlas para satisfacer sus necesidades básicas. Estas constituyen ulteriores "fugas de carbono".

- Las plantaciones a gran escala destruyen la diversidad animal y vegetal y por lo tanto no deberían ser promovidas por los gobiernos que han suscrito la Convención sobre Diversidad Biológica, que son, en su mayoría, los mismos países signatarios de la Convención sobre Cambio Climático.

Sumado a lo anterior, hay incertidumbre desde el punto de vista científico, tanto respecto de la capacidad de las plantaciones para actuar como sumideros de carbono, como de la capacidad de los tecnócratas para medir en forma adecuada el carbono secuestrado por una plantación. Para que un proyecto de plantación "compensatoria" pueda ser negociable por una determinada cantidad de emisiones industriales, debería llegarse a una cifra exacta que represente la cantidad de carbono secuestrado o almacenado como consecuencia de un proyecto y que dicha cifra fuera superior a lo que se hubiera secuestrado o almacenado en ausencia de tal proyecto. De hecho un cálculo de este tipo es imposible, por más detalles al respecto ver la declaración de Mount Tamalpais.

En definitiva, las plantaciones forestales como "sumideros de carbono" no pueden ser realísticamente consideradas como una solución a nada, sino más bien un problema adicional. Deben realizarse todos los esfuerzos posibles para evitar que las mismas sean aceptadas en la próxima Conferencia de las Partes. Las plantaciones como sumidero deben ser enviadas a donde corresponde: al sumidero. (Boletín de agosto, 2000)

Un verdadero Mecanismo de Desarrollo Limpio

En tanto los expertos del cambio climático están tratando de encontrar salidas "económicamente viables" (léase: baratas) al problema del clima generado por el estilo de desarrollo económico Occidental, los pueblos indígenas y las comunidades locales de muchos países están implementando un verdadero Mecanismo de Desarrollo Limpio: impedir la explotación de petróleo y gas en sus respectivos territorios.

Es indiscutible el importante papel que juegan los combustibles fósiles en relación con el cambio climático. De ello resulta la necesidad de que la humanidad cambie el sistema energético prevaleciente --altamente dependiente de combustibles fósiles-- por otro, basado en fuentes de energía limpias, renovables y de bajo impacto. Las comunidades locales que impiden la extracción de petróleo no sólo están allanando el camino hacia esa transición, sino que también están manteniendo en depósitos seguros bajo la corteza terrestre el carbono contenido en dichos combustibles. No están inventando maneras de resolver los efectos del consumo de combustibles fósiles; están directamente atacando el problema de fondo: la extracción de petróleo y gas.

Estos pueblos están beneficiando a la humanidad, pero en lugar de recibir dinero por el servicio que están brindando, lo que generalmente reciben es represión. Son catalogados como enemigos de la patria, subversivos o simplemente terroristas. Muchos de ellos han sido asesinados, apresados, torturados. Ellos no son aceptables dentro de la élite del "mercado del carbono", a pesar de ser quienes realmente actúan para evitar el cambio climático. Cada barril de petróleo no extraído constituye una positiva contribución a la estabilidad climática y millones de barriles están todavía bajo tierra como consecuencia de sus luchas. He aquí unos pocos ejemplos de lo que algunos de estos pueblos han logrado hasta ahora.

En Colombia, los indígenas U'wa han impedido hasta el momento la extracción de petróleo de su territorio por parte de Occidental Petroleum. Actualmente están impidiendo la explotación del Bloque Samoré, con una capacidad estimada en 1.500 millones de barriles.

En Ecuador el pueblo Cofán cerró el pozo de Dureno en la Amazonía, el que contiene alrededor de 1.265.370 barriles.

En Venezuela los Warao lograron expulsar a British Petroleum de su territorio, que guarda unos 820 millones de barriles de petróleo.

También en Ecuador, el pueblo Huaorani consiguió frenar durante varios años la implementación del proyecto ITTI (Ishpingo, Tambacocha, Tiputini, Imuya), que se proponía la explotación de 265 millones de barriles de petróleo dentro del Parque Nacional Yasuní y parte de su territorio ha sido declarado intangible, vale decir, cerrado a las actividades de explotación petrolera.

En Nigeria el pueblo Ijaw clausuró los pozos petroleros existentes en su zona, a través de una operación llevada a cabo por la juventud Ijaw en enero de 1999, denominada "Cambio Climático". Es difícil realizar un cálculo tentativo de la cantidad de petróleo y gas que se evitó explotar con dicha operación, pero la misma puede ser estimada en unos 6.000 millones de barriles.

Hay muchos más ejemplos de luchas, algunas de las cuales al menos han servido para demorar la explotación de petróleo y gas --tales como las relacionadas con el oleoducto Chad-Camerún, el gasoducto de Yadana, el proyecto de explotación de gas Camisea en Perú. Entretanto, otros están luchando contra las fuerzas combinadas de los gobiernos y las transnacionales petroleras para defender sus territorios contra la explotación de petróleo.

¿No son acaso todas estas luchas un ejemplo de verdadero Mecanismo de Desarrollo Limpio? ¿No debería haber un mecanismo para compensar a los países por la no extracción de petróleo y gas? ¿No debería compensarse a las comunidades por mantener los combustibles fósiles almacenados a perpetuidad en un lugar seguro? ¿No debería la Convención sobre Cambio Climático apoyar una moratoria a nuevas prospecciones y explotación de petróleo y gas? Estas son cuestiones que muchos negociadores sobre el clima tratarán de evitar, precisamente porque las mismas apuntan al tema principal: la extracción de combustibles fósiles. Muchos buscarán concentrarse en cómo mitigar los efectos, pero no querrán abordar la verdadera causa del cambio climático. No debemos dejar que se salgan con la suya. (Boletín de agosto, 2000)

MDL: ¿Mecanismo de Desarrollo Limpio o Mecanismo de Dudosa Limpieza?

En 1997 a los negociadores del Protocolo de Kioto se les ocurrió un proyecto denominado ingeniosamente: "Mecanismo de Desarrollo Limpio". Para el común de la gente, el mensaje implícito es que finalmente los gobiernos del mundo habrían acordado crear un mecanismo que permitiría lograr el desarrollo sin contaminar la atmósfera. Sin embargo lo que estas palabras esconden es algo para nada limpio.

En efecto, este mecanismo no es más que un permiso para contaminar. En Kioto los países industrializados se comprometieron a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, pero simultáneamente inventaron una forma de escapar de dichos compromisos. El mecanismo es sencillo: en lugar de cortar las emisiones en la fuente, ellos podrán "compensar" dichas emisiones implementando proyectos en otros países. Estos proyectos se relacionan con bosques, plantaciones forestales y suelos, los cuales --se afirma-- actuarían como "sumideros de carbono". Un alto funcionario estadounidense afirmó cándidamente a Reuters: "Sacar una tonelada de carbono de la atmósfera mediante los sumideros es lo mismo que evitar la emisión de una tonelada de carbono por la utilización de combustibles fósiles" y agregó que "si se contabiliza la cantidad de carbono absorbido por los bosques y las tierras agrícolas, la presión sobre las empresas estadounidenses para que reduzcan esas emisiones y las de otros gases disminuiría enormemente". Y ese es justamente el objetivo del MDL: reducir las presiones para frenar las emisiones, especialmente en el Norte.

Sin embargo lo que el mundo necesita es exactamente lo contrario. La transferencia a la atmósfera de carbono proveniente de los combustibles fósiles no puede continuar indefinidamente. Alrededor de 4 billones de toneladas de carbono contenido en los combustibles fósiles yacen todavía bajo la superficie de la Tierra, lo que equivale a diez veces la cantidad de carbono almacenada en los bosques. El agregado de apenas algunos miles de millones de toneladas de carbono al aire podría determinar un desastre en el clima global. De modo que lo que se necesita --primero y ante todo-- es prevenir la extracción y el uso de combustibles fósiles, sustituyéndolos por fuentes de energía limpias, renovables y de bajo impacto, y ello acompañado con la adopción de medidas en pro de una mayor eficiencia energética. Ese sería el significado --al menos desde el punto de vista climático-- de un Mecanismo de Desarrollo Limpio.

Los negociadores han pervertido el significado de estas palabras al crear un MDL que no es sino un Mercado de Dudosa Limpieza , mediante el cual algunos recibirán beneficios económicos a expensas del clima mundial. Aún así algunos delegados gubernamentales --en especial de los países más susceptibles a ser afectados por el cambio climático-- están procurando aportar alguna racionalidad al debate. El Sr. Espen Ronneberg, de la República de las Islas Marshalll, presentó el 27 de julio de 1998 un documento donde se expresa la posición de la Alianza de Estados de Pequeñas Islas (AOSIS, por su sigla en inglés) acerca del Mecanismo de Desarrollo Limpio. Durante su alocusión manifestó: "No es de nuestro interés crear nuevas triquiñuelas para que algunos países industrializados trasladen al exterior su obligación de reducir la emisión de gases de efecto invernadero . . . A aquellos inescrupulosos países industrializados que están procurando promover tales proyectos, debe recordárseles sus obligaciones ante la propia Convención así como bajo el Protocolo de Kioto, de reducir sus propias emisiones de gases de efecto invernadero, lo que debería significar dar prioridad a la adopción de medidas en sus propios territorios".

Es importante destacar que el Mecanismo de Desarrollo Limpio todavía no ha sido aprobado y que quedan dos batallas por dar para evitar la inclusión de los sumideros en ellos: la reunión de setiembre de los Cuerpos Subsidiarios de la Convención y la Conferencia de las Partes a celebrarse en noviembre. No podemos dejar que los "inescrupulosos países industrializados" negocien sobre la atmósfera de la Tierra con igualmente inescrupulosos gobiernos del Sur, deseosos de venderla por un puñado de dólares. (Boletín de agosto, 2000)

Compensando emisiones con sumideros de carbono: una receta para el fraude

En el Boletín de junio del WRM expusimos el conflicto de intereses existente a nivel de algunos de los expertos que en junio ppdo. produjeron el informe especial del IPCC sobre uso del suelo, cambio en el uso del suelo y forestación ("Algo huele mal en los sumideros"), a raíz de su directa vinculación con empresas que habrán de beneficiarse con la inclusión de los sumideros en el Protocolo de Kioto. Uno de los expertos mencionados --Richard Tipper-- responde en el último número de la revista Multinational Monitor que "uno podría decir que todos los científicos tienen intereses creados cuando participan en un panel de este tipo, ya que están interesados en su ascenso profesional o en obtener dinero para investigación". Y agrega: "Si no se está de acuerdo con alguien, entonces se debería ser capaz de presentar un argumento coherente y no hablar pestes de la gente".

Creeemos que la mayoría de los científicos no estaría de acuerdo con el punto de vista del Sr. Tipper acerca de la participación en el panel de expertos. Pensamos también que quienes tienen intereses creados no deberían aceptar formar parte de ese tipo de paneles, cuyas conclusiones pueden beneficiarles económicamente. Tampoco deberían ser invitados a participar en los mismos.

En relación con la referencia que hace el Sr. Tipper sobre "hablar pestes de la gente", es importante recordar que durante más de un año el Movimiento Mundial por los Bosques ha estado divulgando no uno sino una serie de "argumentos coherentes" contra las plantaciones como sumideros de carbono, lo que el Sr. Tipper parece desconocer (ver todo el material relevante publicado por el WRM en nuestro sitio web: http://www.wrm.org.uy/castellano/clima.htm ). Tal vez él piense que nuestros argumentos no son lo suficientemente "científicos" como para ser tomados en cuenta. Sin embargo, le resultará difícil decir lo mismo acerca de los científicos del International Institute for Applied Systems Analysis (IIASA), con sede en Laxenburg, Austria.

El IIASA realizó un detallado estudio de la biósfera en Rusia, donde se encuentra alrededor de la quinta parte de los bosques del mundo. El informe completo, anunciado el 25 de agosto ppdo. con el sugestivo título de "¿Es practicable el Protocolo de Kioto?" cuestiona la idea de utilizar sumideros de carbono como forma de "compensar" las emisiones de CO2. Anatoly Shvidenko, uno de los científicos participantes en el estudio, señaló que según lo establecido en el Protocolo de Kioto, Rusia podría solicitar créditos por mejorar la capacidad de su biósfera de absorber carbono, pero que las incertidumbres en los cálculos de esos créditos son enormes y "exceden grandemente los probables cambios a nivel de las emisiones industriales". En lenguaje corriente, esto significa que la inclusión de los árboles en el Protocolo de Kioto es una receta para la confusión y el fraude.

Sten Nilsson, también investigador del IIASA, concluyó que "las incertidumbres científicas de medir los movimientos del carbono hacia y desde los ecosistemas son sencillamente demasiado grandes" y que "al abrir la totalidad de la biósfera a acciones amparadas por el Protocolo de Kioto, los gobiernos han hecho que esas estimaciones sean inverificables". Michel Obersteiner del IIASA resumió la cuestión diciendo que el Protocolo es "realmente una receta para el fraude".

Consultado acerca del informe del IIASA, un analista estadounidense del Protocolo de Kioto, David Victor, quien trabaja en el Consejo sobre Relaciones Exteriores (Council on Foreign Relations), con sede en New York, coincidió con sus conclusiones. "Su análisis es básicamente correcto. Es en esencia imposible verificar el cumplimiento de los compromisos si entre las metas se incluye a los bosques", afirmó Victor.

Tras analizar el informe del IIASA y otra información y puntos de vista relevantes, el periodista Fred Pearce de "New Scientist" llega a la conclusión de que "el mensaje del IIASA parece claro. La ciencia no está todavía en condiciones de supervisar un sistema de metas referidas a los gases de efecto invernadero incluyendo la biósfera. Hasta que ello sea posible, la única viabilidad del Protocolo de Kioto está en reducir drásticamente el consumo mundial de combustibles fósiles". Con lo que concordamos totalmente. (Boletín de setiembre, 2000)

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