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Cambio Climático
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Convención
sobre Cambio Climático:
DeclaracionesMovimiento Mundial por los Bosques: Declaración de Mount Tamalpais Nosotras, las organizaciones no gubernamentales abajo firmantes, deseamos expresar nuestra preocupación acerca del papel que se planea asignar a las plantaciones forestales para ayudar a los países industrializados a cumplir con los compromisos que asumieron en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero bajo el Protocolo de Kioto del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. La Sexta Conferencia de las Partes, a realizarse en noviembre de 2000 en La Haya, probablemente determinará el contenido de los así llamados Mecanismos de Desarrollo Limpio, lo que habría de permitir a los países del Norte alcanzar las metas de reducción de emisiones mediante la implementación de proyectos en el Sur. La implementación de mecanismos comerciales para intercambiar el carbono retenido en las plantaciones forestales por el carbono resultante de la quema de combustibles fósiles no puede justificar la postergación de drásticas reducciones en las emisiones de CO2 por parte de los países industrializados. Primero, porque ese comercio habría de perpetuar y exacerbar las actuales inequidades existentes entre naciones ricas y pobres y entre los ricos y los pobres al interior de cada país. Segundo, porque ese comercio habría de incrementar el área ocupada por las plantaciones forestales industriales, las que ya están provocando graves problemas sociales y ecológicos a nivel mundial. Tercero, porque la aducida "neutralidad climática" cuantificable sobre la que reposa este comercio tiene una base científica muy cuestionable y decreta la interferencia externa en el establecimiento de políticas en los países del Sur. Durante siglo y medio, las sociedades industriales han estado trasladando carbono desde las reservas subterráneas de carbón y petróleo al aire. Hoy en día circulan en la atmósfera alrededor de 175.000 millones de toneladas de carbono -bajo forma de CO2- más que antes de la Revolución Industrial y en su gran mayoría estas emisiones fueron generadas en el Norte. Por lo menos 6.000 millones de toneladas se agregan año a año. Tan sólo unas 122 empresas transnacionales son responsables del 80% del total de las emisiones de dióxido de carbono. La transferencia de carbono por quema de combustibles fósiles a la atmósfera no puede seguir en forma indefinida. Unos cuatro billones de toneladas de carbono contenido en combustibles fósiles yacen todavía bajo la corteza terrestre, lo que representa más de diez veces la cantidad de carbono almacenado en los bosques. Hay consenso a nivel científico de que la adición de apenas unos miles de millones de toneladas de este carbono al aire provocaría un cambio en el clima sin precedentes en la historia de la humanidad, trayendo consigo tormentas extremas, sequías e inundaciones, alteraciones en la agricultura, incremento de la incidencia de plagas, desaparición de islas y líneas de costa y generación de miles de "refugiados climáticos". El cambio climático afectará de manera más grave a los pobres. Cuando el Huracán Mitch arrasó América Central generó cientos de miles de refugiados ambientales. Muchos pequeños estados isleños pueden eventualmente desaparecer bajo el mar. En los EE.UU. los pobres son los más afectados por la contaminación provocada por las empresas petroleras, las compañías de generación de electricidad y los automóviles. El cambio climático afectará también severamente los bosques y la agricultura, que constituyen los únicos medios de vida para millones de personas en el mundo. El Protocolo de Kioto del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, bajo el cual en 1997 los países industrializados se comprometieron a reducir sus emisiones en el orden del 5,2% promedio por debajo de los niveles de 1990 para el año 2010, no llega ni remotamente a conjurar este tipo de peligros. Aunque el Protocolo fuera ratificado y plenamente implementado, se estima que no sería capaz de mitigar el calentamiento esperado de 1,4º C para el año 2050 en más de aproximadamente 0,05º C. Sin embargo, en lugar de fortalecer el Protocolo de manera que se reduzca la utilización de combustibles fósiles, algunos gobiernos están abogando por la creación de sumideros y depósitos de carbono en base a plantaciones, para así poder justificar menores reducciones en el uso de combustibles fósiles. Bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio, estos proyectos podrían ser implementados en el Sur, como forma de "compensar" las emisiones industriales desde el Norte. No tenemos dudas acerca del papel de la conservación de los bosques en el mantenimiento de un clima vivible. Estamos completamente a favor de la mantención y restauración de ecosistemas forestales diversos bajo control local. También apoyamos la equitativa distribución de la riqueza y de los bienes de propiedad colectiva tanto en el Norte como el Sur. Pero las medidas para el mantenimiento de reservorios de carbono, tanto bajo como sobre la superficie del suelo, deben ser claramente diferenciadas de los esquemas de comercialización de carbono basados en plantaciones que actualmente se plantean bajo el Protocolo de Kioto. Estos últimos se basan en premisas falsas y es probable que incluso resulten contraproducentes. Nos oponemos a la inclusión de las plantaciones como "sumideros" en el Mecanismo de Desarrollo Limpio por cuatro razones principales: - Usar los "sumideros" para ayudar a los países del Norte a que cumplan con las metas de reducción de emisiones acordadas en el Protocolo de Kioto no sirve para promover un clima vivible, dado que incluso esas propias metas resultan insuficientes para lograrlo. - La comercialización de emisiones a cambio de carbono almacenado en los árboles intensificaría la redistribución regresiva de los recursos mundiales. Permitir que se siga con la quema de combustibles fósiles a través del mecanismos de financiar plantaciones forestales para "absorber" carbono habrá de ampliar la huella ecológica y social de los ricos, haciendo que las actuales injusticias sociales se agraven aún más. Los ciudadanos de países del Norte, quienes utilizan -digamos- 20 veces más espacio de la atmósfera per capita para emitir CO2 que los ciudadanos de los países del Sur, tendrán el derecho -de acuerdo con la racionalidad que subyace al comercio del carbono- a utilizar 20 veces más tierra para plantaciones forestales, de manera de compensar dichas emisiones. Esta tierra sería desproporcionadamente tomada de la gente más pobre del Sur, donde el precio de la tierra por hectárea es más barato y donde los árboles crecen más rápido. Además, un sistema de comercialización del carbono pondría a los países del Sur en una situación desventajosa cuando éstos comiencen a reducir sus propias emisiones, puesto que las formas más fáciles de bajarlas ya habrán sido adquiridas y las reducciones acreditadas a los países del Norte. Con frecuencia se ha señalado que el Norte tiene con el Sur una enorme "deuda de carbono" debido al histórico uso abusivo que aquél ha hecho de los mecanismos globales de reciclaje del carbono. Lejos de atenerse al principio de que "el contaminador paga", la idea de usar los árboles para "compensar" las emisiones tan solo serviría para aumentar dicha deuda. Por otra parte, estos esquemas también consagrarían y profundizarían las inequidades existentes al interior de los países, tanto del Norte como del Sur. Por ejemplo, empresas que compren derechos de emisión de dióxido de carbono en el Norte por promover plantaciones de "compensación" en el Sur, podrán seguir emitiendo, junto al CO2, muchos otros contaminantes que ponen en riesgo la salud de las comunidades locales. En los Estados Unidos, por ejemplo, las grandes corporaciones localizan un número desproporcionado de tales plantas en áreas habitadas por comunidades negras pobres. - Las plantaciones industriales en gran escala constituyen una amenaza para las comunidades y los ecosistemas en todo el mundo Se necesitaría ocupar millones de hectáreas de tierras a ser plantadas para intentar contrarrestar siquiera una pequeña fracción de las emisiones industriales totales. La experiencia existente respecto de estas plantaciones indica que tales proyectos de "compensación" habrán de usurpar tierras agrícolas, reemplazar valiosos ecosistemas nativos, aumentar la inequidad en la tenencia de la tierra, incrementar la pobreza, llevar a la expulsión de poblaciones locales enteras, y minar las prácticas de manejo a nivel local imprescindibles para la conservación de los bosques. En Chile, Indonesia, los países nórdicos y muchos otros lugares las plantaciones han destruido los bosques, mientras que en Sudáfrica, Argentina y Uruguay han reemplazado otros valiosos ecosistemas, como las praderas. En países como Brasil, Tailandia y Chile, las plantaciones forestales están en la raíz de serios conflictos por la tenencia de la tierra surgidos entre comunidades locales, terratenientes, grandes empresas y el estado. En casi todos lados han llevado a la pérdida de recursos hídricos y de biodiversidad. Siendo inherentes a este modelo de plantaciones y exhaustivamente documentados por el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM), los efectos perjudiciales del mismo sólo habrán de acentuarse si se llegasen a utilizar árboles genéticamente modificados. - La utilización de proyectos de plantaciones para "compensar" los efectos climáticos de las emisiones de dióxido de carbono es incoherente desde el punto de vista científico y consagra la interferencia política externa en las políticas sociales de los países huéspedes. Un mercado de emisiones de carbono presupone la noción de "neutralidad climática" o "equivalencia climática". Para que un proyecto de "compensación" pudiera ser transable por un determinado volumen de emisiones industriales habría que hacer cálculos para obtener una cifra que representara la cantidad de carbono secuestrado o almacenado como consecuencia del proyecto, que debería ser superior a la que habría sido secuestrada o almacenada en ausencia de dicho proyecto. La obtención de dicha cifra implica cuantificar dos tipos de efectos del proyecto. Ambos habrán de incidir en la cantidad neta de carbono secuestrado o almacenado. Uno de los efectos es de carácter físico. A diferencia del que se encuentra en el petróleo o en el carbón almacenados bajo tierra, el carbono almacenado en los árboles vivos y muertos puede reingresar rápidamente a la atmósfera en cualquier momento. Los incendios -de origen antropogénico o no- son eventos inevitables tanto en los bosques como en las plantaciones y las tasas de descomposición son difíciles de predecir. Lo que es más, a medida que la concentración de CO2 en la atmósfera va aumentando, las tasas de respiración incrementadas podrían hacer que tanto los bosques como las plantaciones se convirtieran en fuentes netas de emisiones de CO2, al tiempo que la mortandad de árboles y la ocurrencia de incendios debidos a cambios climáticos a escala local también se incrementarían. Por otra parte, es sabido que las plantaciones disminuyen la capacidad del suelo de almacenar carbono, tanto dentro como fuera (a través de un aumento en la erosión) del área del proyecto. Por su carácter de vulnerables, cambiantes e impredecibles, las plantaciones -a diferencia de las reservas subterráneas de petróleo y carbón- constituyen lugares inseguros de almacenamiento de carbono. Por si solas, estas consideraciones demuestran que no puede establecerse una equivalencia entre emisiones industriales y árboles del tipo que sería necesario para establecer un mercado de "compensación del carbono" mediante plantaciones. El otro tipo de efecto es de carácter social y puede ejercer una influencia igualmente importante sobre la cantidad de carbono secuestrado o almacenado. Entre otras cosas, los proyectos de "compensación" de carbono podrían: * Desplazar a comunidades
que vivan próximas a donde el proyecto se instale, lo que podría
llevar a la destrucción o cancelación del proyecto,
o a la tala de bosques, o bien a la liberación de CO2 en algún
otro lugar. Tales efectos sociales son imposibles de cuantificar. De hecho, ni siquiera es posible determinar una consecuencia única desde el punto de vista social para un proyecto dado, lo que debería ser un prerequisito tanto para la cuantificación, como para la creación de un "mercado del carbono". En primer término, predecir la extensión de los efectos sociales de un proyecto de plantaciones sería imposible. Lo que es más, tales efectos no son una cuestión de predicción, sino de toma democrática de decisiones. A partir de un mismo proyecto es posible obtener muchos "resultados atmosféricos", dependiendo de cuáles sean las políticas que se adopten. Por ejemplo, la gente que ha sido desplazada de su territorio a causa de un proyecto forestal para secuestro de carbono puede comportarse de distinta forma en relación con los bosques de la región donde habita, dependiendo de cuáles sean sus derechos a la tierra, lo que a su vez depende de la política que se aplique a nivel nacional. Asignar un simple número a ese comportamiento significaría prejuzgar qué tipo de política se está aplicando. Podría incluso significar un apoyo implícito a esa política. Segundo, el monitoreo continuo del alcance de todos los efectos sociales de un proyecto de plantación resultaría impracticable y muy antieconómico (dado que implicaría, entre otras cosas, seguir de cerca las acciones de miles de pobladores rurales en las zonas próximas al proyecto, así como de la psicología de inversores en energías renovables en ciudades lejanas). En tercer lugar, controlar el comportamiento de todos los afectados por un proyecto de "compensación", de manera tal que pudiera calcularse exactamente el efecto de sus acciones sobre el volumen de carbono atmosférico durante las muchas décadas durante las que el proyecto debería secuestrar ese carbono sería también una tarea imposible. Incluso la intención de pretender hacerlo resultaría políticamente inaceptable. Del mismo modo, resulta imposible comparar cuantitativamente los efectos de una plantación sobre la atmósfera con "lo que hubiera sucedido en ausencia de ella", dado que lo que hubiera sucedido en ausencia de cualquier tipo de proyecto depende de una gran cantidad de variables, algunas de las cuales influenciadas por opciones y acciones de carácter político, que los economistas, los biólogos, los forestales o los científicos dedicados al estudio del clima no están en condiciones de prejuzgar. Y sin poder comparar ambas situaciones, el carbono como "mercancía" es algo imposible. En suma, los efectos sobre el clima de un proyecto de plantaciones de "compensación" no pueden ser calculados sencillamente comparando la cantidad de carbono almacenado por la vegetación y los suelos del lugar antes y después del proyecto y monitorear los cambios en la cobertura vegetal fuera del sitio del proyecto. En realidad están implicadas cuestiones mucho más de fondo, que no pueden conocerse por el simple método de "aprender a medida que se actúa". Nosotras, las ONGs abajo firmantes, apoyamos enérgicamente los esfuerzos a nivel nacional e internacional para abordar el cambio climático, en especial a través de la conservación de la energía, la reducción del consumo, el uso más equitativo de los recursos, el desarrollo equitativo y compartido de fuentes renovables de energía. Sostenemos que la expansión del mercado de "compensaciones" a través de plantaciones forestales, propiciado por el Mecanismo de Desarrollo Limpio y otras vías, habrá de bloquear o debilitar estas necesarias y urgentes medidas, las cuales constituyen una oportunidad casi única para abandonar los patrones de desarrollo dominantes, que han demostrado su fracaso. Instamos a los gobiernos a no incluir las plantaciones como sumideros de carbono en el Mecanismo de Desarrollo Limpio y a abordar el tema de las emisiones industriales separadamente del de las plantaciones forestales. Sólo puede asegurarse un clima vivible mediante un compromiso para atacar de raíz las causas del calentamiento global. (San Francisco, Mayo del 2000)
Declaración del Primer Foro Internacional de Pueblos Indígenas sobre Cambio Climático. Lyon, Francia, Setiembre 4-6 2000. Nuestra intrínseca relación con la Madre Tierra nos obliga a oponernos a la inclusión de los sumideros en el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), ya que reduce nuestra tierra sagrada y nuestros territorios al mero secuestro de carbono, lo que es contrario a nuestra cosmovisión y filosofía de vida. Los sumideros en el MDL constituyen una estrategia mundial para la expropiación de nuestras tierras y territorios y la violación de nuestros derechos fundamentales, que culminará en una nueva forma de colonialismo. Los sumideros en el MDL no ayudarán a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que constituyen un ardid para que los países desarrollados no tengan que reducir las emisiones en la fuente. El Mecanismo de Desarrollo Limpio establecido por el Protocolo de Kioto ofrece posibilidades tanto negativas como positivas. El MDL no constituirá una solución para el calentamiento global si diluye o esconde la responsabilidad de los países industrializados en reducir sus propias emisiones. Los sumideros en el MDL significan la amenaza de invasión y pérdida de nuestras tierras y territorios, al establecer nuevos regímenes de áreas protegidas y de privatización. Nos oponemos enfáticamente a la inclusión de sumideros, plantaciones, energía nuclear, megaproyectos hidroeléctricos y carbón. Además nos oponemos al desarrollo de un mercado del carbono, el que ampliaría el alcance de la globalización. En cambio, apoyamos la Lista Positiva que incluye el desarrollo de energías alternativas que promueven el desarrollo sustentable. Los Pueblos Indígenas reclamamos que se garanticen los principios de transparencia, consulta y consentimiento previo e informado, verificación y monitoreo independiente por terceros, reducción del riesgo, mecanismo de apelación y compensación. Asimismo enfatizamos la necesidad de que estos principios se apliquen de manera adecuada desde el punto de vista cultural y lingüístico. El texto completo en inglés de la Declaración puede consultarse en la sección clima de nuestra página web en : http://www.wrm.org.uy (Boletín de setiembre, 2000)
¿Quién gana y quién pierde con los sumideros? Los miembros de la Coalición Global por los Bosques y otras ONGs y Organizaciones de Pueblos Indígenas, que se reunieron en Lyon en setiembre de este año, prepararon una declaración explicando las razones para oponerse a la inclusión de los sumideros de carbono en el Mecanismo de Desarrollo Limpio. He aquí algunas de esas razones: Los sumideros no ofrecen soluciones para la mitigación del cambio climático ni a largo ni a corto plazo. La incapacidad de estimar de forma verificable la capacidad de los bosques y otros ecosistemas de "compensar" las emisiones industriales de gases de efecto invernadero (GEI), haría que la inclusión de sumideros en el MDL lleve al fracaso al Protocolo de Kioto. La inclusión de sumideros en el MDL otorgará créditos a los países del Anexo 1 por la conservación, restauración y rehabilitación de bosques, y por el establecimiento de plantaciones de árboles, mientras los derechos de comunidades indígenas y otras comunidades locales, por siglos habitantes y protectoras de los bosques, son ignorados. La inclusión de sumideros en el MDL como forma de cumplimiento de los compromisos asumidos por los gobiernos, solo reforzará las desigualdades internacionales existentes. La crisis climática que vive el Planeta es consecuencia del uso excesivo, por parte de las sociedades industriales, de la capacidad de los ciclos naturales del carbono, para apropiarse de más de lo que justamente les corresponde de los recursos del mundo. Este problema no se resolverá otorgándole a esas sociedades el derecho a acaparar las tierras y mares de otros pueblos para transformarlos en sumideros y depósitos de carbono. La inclusión de sumideros en el MDL constituiría una estrategia para la expropiación globalizada de tierras, mares y territorios pertenecientes a comunidades indígenas y locales, violando sus derechos fundamentales. La inclusión de sumideros en el MDL proveerá enormes incentivos, adicionales a los subsidios ya existentes, para el establecimiento de plantaciones monoespecíficas a gran escala, de gran impacto ambiental y social negativo, y que responden exclusivamente a los intereses de los países del Anexo 1. Estas plantaciones actualmente ya constituyen verdaderas catástrofes para las comunidades y su medio ambiente en todo el mundo. Además, las "plantaciones de carbono" no redituarán ganancias considerables para los países donde se implementen, proveerán obstáculos para sus planes futuros de desarrollo sustentable y, al mismo tiempo, premiarán a los países del Anexo 1 con ingentes recursos en forma de créditos de emisión de carbono. La inclusión de sumideros en el MDL no abordará las causas subyacentes de la deforestación, ni creará las condiciones macroeconómicas que permitan la conservación y la restauración de los bosques. Estas condiciones incluyen la reducción de la deuda externa, la adopción de patrones de consumo y producción sustentables, la revisión de los Programas de Ajuste Estructural, la regulación estricta de flujos de capital privado y el aseguramiento de la equidad en las relaciones entre los países del Norte y del Sur. El texto completo está disponible en la sección clima de nuestra página web: http://www.wrm.org.uy (Boletín de octubre, 2000)
La palabra de los pueblos indígenas en Lyon Las siguientes son expresiones de representantes de los pueblos indígenas en Lyon, quienes --en marcado contraste con los delegados gubernamentales-- abordan las verdaderas cuestiones en juego, en el marco de un proceso de negociaciones sobre cambio climático que hasta ahora ha ignorado a los pueblos indígenas (El Foro de Pueblos Indígenas y comunidades locales sobre el Cambio Climático también emitió una declaración en Lyon, cuyo texto está disponible en: http://www.wrm.org.uy/castellano/IPlyon.htm ): "Las propuestas de los países desarrollados para seguir contaminando la atmósfera mediante la plantación de más árboles hace de las negociaciones sobre el cambio climático una farsa" dijo Héctor Huertas, líder indígena de Panamá. Clark Peteru, de Samoa, advirtió que: "No sólo los pueblos indígenas de los pequeños estados isleños están en peligro de perder sus tierras si aumenta el nivel del mar, sino que todos los pueblos indígenas del mundo --en especial los que habitan los bosques-- corren el riesgo de perder sus tierras y medios de vida frente a las propuestas de plantar miles de hectáreas de árboles para que actúen como gigantescas esponjas de carbono. Los bosques primarios serán talados para liberar espacio para plantaciones de especies de más rápido crecimiento, y las tierras agrícolas serán convertidas en plantaciones forestales". "La propuesta huele muy mal. Da la impresión de que se está haciendo algo, cuando en realidad el saldo neto es que se están empeorando los problemas. Permite que los países industrializados sigan contaminando la atmósfera y el costo social lo pagan las poblaciones marginalizadas" explicó Raymond de Chávez, de Filipinas. "Además, se establece un mercado de emisiones de carbono que tan sólo beneficiará a los países desarrollados. Estos obtendrán ganancias, incluso mientras algunos países desaparecen bajo las aguas o poblaciones enteras pierden sus tierras. ¡Es algo obsceno!" concluyó Chávez. "Lo que se necesita es un cambio fundamental en la filosofía de nuestra relación con la tierra. Sólo entonces los países desarrollados se tomarán las cosas en serio y cumplirán sus compromisos --ya de por si demasiado limitados-- de reducción de emisiones, en lugar de tocar el violín mientras que la Tierra arde", manifestó Antonio Jacanamijoy de Colombia. (Boletín de octubre, 2000)
Amigos de la Tierra: "El no actuar implica serios peligros para el clima mundial" A fin de evitar emprender acciones reales a nivel de sus propias economías generadoras de CO2, los países industrializados han salido con otras ideas para reducir el nivel global de CO2, por ejemplo reduciendo las emisiones en terceros países o declarando los bosques como "sumideros de carbono" para reducir la concentración de CO2 en la atmósfera. Los "sumideros de carbono" no reducen el nivel de CO2 por la corta de las emisiones sino mediante su absorción: hagamos crecer un gran bosque y liberémonos de toneladas de carbono que queda fijado en los árboles. Pero este CO2 puede ser liberado en cualquier momento si los árboles se incendian o son cortados. Lo que es peor, los bosques naturales, ricos en biodiversidad, pueden ser sustituidos por plantaciones en régimen de monocultivo, que parecen ser más eficientes en la captura de CO2. No obstante, plantar árboles en lugar de reducir las emisiones provenientes de la quema de combustibles fósiles no habrá de salvar el clima mundial. Por un lado, está comprobado científicamente que la biósfera no puede almacenar todo el carbono que podríamos liberar, el cual está actualmente enterrado bajo forma de petróleo, gas y carbón, debido al fenómeno conocido como saturación. Además, existen enormes incertidumbres y problemas de contabilización en relación con el uso de sumideros para alcanzar las metas establecidas. Y si, como la ciencia lo indica, los bosques a nivel global se convertirán en fuentes de gases de efecto invernadero más que en sumideros, ¿cómo podemos estar seguros de que un proyecto de este tipo realmente reducirá la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera en el largo plazo? Plantar árboles no es tampoco algo necesariamente beneficioso para el ambiente. Un monocultivo forestal puede capturar mucho más carbono que un bosque añejo, pero también destruir la biodiversidad. En el largo plazo no podemos confiar en los árboles y el suelo para el almacenamiento de carbono, sino que debemos detener la quema de combustibles fósiles. El texto completo en inglés
está disponible en: www.foeeurope.org/dike/avoid.htm La siguiente declaración, suscrita por un grupo internacional de ciudadanos del Sur y del Norte para la COP6, hace hincapié en la necesidad de un acuerdo efectivo y justo para proteger el clima del planeta y entre otras cosas expresa que: - los países industrializados pueden y deben reducir sus emisiones según lo acordado en Rio en 1992; - la reducción de emisiones habrá de dar lugar a las innovaciones necesarias para lograr el desarrollo sustentable tanto en el Norte como en el Sur; - ningún ciudadano tiene más derecho a contaminar que otro; - las emisiones pasadas, actuales y futuras de los países industrializados han excedido, exceden y seguirán excediendo en mucho su cuota parte durante un período de tiempo indeterminado, lo cual resulta injusto. Por lo tanto reclamamos a los Gobiernos del mundo corregir esta inequidad implementando el Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kioto de manera que: - se desarrollen mecanismos de modo que quienes emitan por encima de su cuota parte suministren recursos adecuados a los países en desarrollo vulnerables a los impactos del cambio climático, tanto para la prevención como para el alivio de desastres y la rehabilitación; - la gran mayoría de las reducciones de emisiones se hagan en los países con altos índices de contaminación per capita (priorizar la acción a nivel del propio país); - se prevengan otros problemas sociales y ambientales a través de una clara focalización de los mecanismos de flexibilización del Protocolo en proyectos de energía renovable y eficiencia energética. El texto completo se encuentra disponible en la sección clima de nuestra pagina web: http://www.wrm.org.uy . (Boletín de octubre, 2000)
FERN: ¡Basta de negociar los bosques por su contenido de carbono! A tan sólo cinco semanas de que los negociadores sobre el clima se reúnan en La Haya para emprender dificultosas negociaciones con el fin de implementar las reglas establecidas por el Protocolo de Kioto, los bosques corren cada vez un riesgo mayor de convertirse en una simple "mercancía" --el carbono-- a ser comercializada bajo lo que el protocolo denomina "Mecanismos Flexibles". Es más que probable que los resultantes "bosques de Kioto" sean plantaciones forestales --supuestamente un sustituto para la reducción de las emisiones de carbono-- cuyas implicaciones para los bosques, los pueblos que en ellos habitan, la biodiversidad y el desarrollo sustentable podrían ser graves. Ganar créditos gracias a la capacidad natural de los bosques y los suelos de almacenar temporalmente carbono, en lugar de abordar el problema de las emisiones de gases de efecto invernadero en sus respectivos países, significará que el Norte podrá seguir con la suya de utilizar más recursos naturales que los que le corresponden según una distribución equitativa, ocupando tierras supuestamente degradadas en el Sur para compensar su exorbitante uso de recursos. De modo que el Norte sigue contaminando y el Sur paga. Con frecuencia estos países se ven golpeados por severos eventos climáticos (recordemos el Huracán Mitch y las recientes inundaciones en Vietnam). Lo que es más, tierras que ya están bajo fuertes presiones debido a conflictos de uso serán destinadas a empresas productoras de energía del Norte, que están buscando tierra barata para sus proyectos de "compensación de carbono". Los sumideros de carbono llevarían entonces a una nueva forma de colonialismo, que transfiere al Sur durante las próximas décadas la responsabilidad del inequitativo uso de los recursos realizado por el Norte. Ganar créditos por la fijación de carbono en lugar de solucionar el tema de las emisiones de gases de efecto invernadero también habrá de demorar el inevitable cambio hacia la adopción de fuentes de energía renovables. El texto completo en inglés
puede ser consultado en la sección clima en nuestra página
web: http://www.wrm.org.uy (Boletín de octubre, 2000) |
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