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Cambio Climático
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Convención
sobre Cambio Climático:
América del SurEl impulso a las plantaciones como sumideros de carbono en Suramérica En las últimas décadas, varios países sudamericanos han sido el escenario de la expansión de los monocultivos forestales --básicamente de eucalipto y pino-- destinados a la producción de celulosa. El recientemente creado mercado del carbono puede significar un renovado impulso a una ulterior expansión de esta actividad, esta vez con un nuevo y adicional propósito. En efecto, las empresas forestales y algunos gobiernos se muestran muy entusiastas con la idea de utilizar parte de las plantaciones forestales ya existentes e instalar otras como sumideros de carbono. Acuciados por sus respectivas deudas externas, los gobiernos de la región consideran a toda inversión extranjera como una fuente potencial de dineros frescos y hacen oídos sordos a las crecientes críticas al modelo forestal. Varios de ellos, tanto en la región tropical como templada del continente --como Argentina, Chile, Uruguay, Colombia, Ecuador y Bolivia-- están jugando un doble papel. Por un lado, ofrecen su apoyo a empresas privadas para la implementación de proyectos de sumideros de carbono mediante plantaciones y, paralelamente, tratan de promover la inclusión de las plantaciones en el MDL en el proceso de la Convención sobre Cambio Climático. En ARGENTINA desde 1998 las autoridades han estado favoreciendo las inversiones en proyectos de plantaciones. Durante la Conferencia de las Partes de la Convención (COP IV) celebrada en Buenos Aires, la entonces Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales María Julia Alsogaray expresó muy claramente que su país estaba a favor de que los países del no-Anexo I asumieran compromisos voluntarios para contrarrestar el calentamiento global. Desde entonces el gobierno ha venido favoreciendo las plantaciones forestales. Empresas petroleras y forestales se han sumado rápidamente a la iniciativa, que les ha de permitir no sólo ganar dinero, sino aparecer como preocupadas por el calentamiento global --que ellas mismas tanto han contribuido a provocar-- frente a la opinión pública. La empresa petrolera ex-estatal YPF --hoy en día privatizada y asociada con Repsol de España-- está plantando árboles en el sur del país, al tiempo que Shell ya es dueña de 32.000 hectáreas de plantaciones en las provincias de Buenos Aires y Corrientes. Las empresas forestales se muestran también activas en este sentido: Pecom Forestal posee plantaciones de pino en varias provincias de Argentina, que serán "reconvertidas" a sumideros de carbono, y está negociando permisos de emisiones de carbono con empresas alemanas que, a su vez, están implicadas en el polémico acuerdo Chubut-Prima Klima para el secuestro de carbono en la provincia de Chubut. Recientemente, la coalición local de ONGs Foro del Buen Ayre, que desempeñó un papel muy activo durante la COP IV, ha criticado con severidad la posición del gobierno argentino en relación con el cambio climático y su apoyo a los sumideros, debido a los impactos sociales y ambientales negativos que genera este tipo de forestación. El vecino URUGUAY también está viendo con buenos ojos la opción de las plantaciones forestales como sumideros de carbono. Funcionarios y empresarios forestales --que en realidad son una y la misma cosa-- están tratando de convencer a la opinión pública de que las emisiones de metano del ganado son muy altas y que el país podría "compensarlas" mediante el establecimiento de plantaciones como sumideros. Asimismo, consideran que con la actual superficie plantada de 500.000 hectáreas de eucalipto y pino, el Uruguay podría recibir alrededor de U$S 40 millones si entra en el mercado del carbono. Es interesante subrayar que desde 1989 el estado uruguayo está gastando anualmente la suma de U$S 20 millones en materia de subsidios a las empresas forestales. ONGs sociales y ambientales de ese país mantienen una postura muy crítica respecto de la posición oficial sobre el tema. Por sorprendente que parezca, las autoridades argentinas y uruguayas parecen haber olvidado que los suelos de pradera son ricos en materia orgánica, lo que significa que constituyen enormes reservorios de carbono. El efecto de las plantaciones sobre dichos suelos es incierto y probablemente negativo. En lugar de soñar con peligrosos megaproyectos forestales, una verdadera contribución de los países de la región templada a la mitigación del calentamiento global podría ser la conservación de sus suelos y pasturas, lo que además tendría efectos adicionales positivos sobre la conservación de la biodiversidad y el agua. El entusiasmo mostrado por los funcionarios CHILENOS en relación con los sumideros de carbono es realmente preocupante. No sólo porque dicho país ha suministrado el modelo en que otros estados sudamericanos se han basado para promover el sector forestal, sino también porque poderosas empresas chilenas están penetrando en otros países del Cono Sur. El denominado modelo chileno ha demostrado ser completamente insustentable, sea desde el punto de vista ecológico (provocó la destrucción de vastas superficies de bosques en el Sur) como social (las plantaciones han invadido territorios tradicionales mapuche). La idea de las plantaciones como sumideros de carbono ha tenido hasta ahora una fría acogida en BRASIL. Sin embargo, el proyecto forestal para "secuestro de carbono" promovido por Peugeot puede constituir un buen ejemplo de lo que habrá de suceder en el futuro si prevalece la actual tendencia. Repentinamente preocupada por el calentamiento global, Peugeot lanzó un proyecto para convertir 12.000 hectáreas de tierras "degradadas" en plantaciones en el estado de Mato Grosso. El mismo capturaría 180.000 toneladas de carbono al año a un costo tan bajo como U$S 12 millones. Fueron las poblaciones locales y el ambiente quienes tuvieron que pagar por los verdaderos altos costos del proyecto, dado que durante la preparación del sitio para la forestación se utilizaron 5.000 litros de glifosato, que llegó a los cursos de agua vecinos, provocando un desastre ecológico. En la actualidad el caso que demuestra más claramente la peligrosidad de los proyectos de sumideros de carbono en el sector forestal es el del proyecto FACE en ECUADOR. En una tesis de la Universidad Autónoma de Barcelona se analizaron los impactos sociales y ambientales de las plantaciones de pino realizadas por el consorcio holandés de empresas de electricidad nucleado en FACE sobre el Páramo Andino. Es ésta una región de pastos de altura situada en los Andes ecuatorianos, que resulta fundamental para el mantenimiento del ciclo hidrológico y la conservación de la diversidad biológica. La misma es habitada por comunidades indígenas, que viven de la agricultura y la cría de ganado. El Proyecto FACE se propuso establecer 75.000 hectáreas de monocultivos de pino y eucalipto para "compensar" las emisiones de dióxido de carbono que el consorcio realiza en Holanda. Dicho estudio demuestra que el carbono efectivamente capturado por las plantaciones de pino de FACE está muy por debajo de los volúmenes esperados. Lo que es más, las plantaciones pueden provocar el efecto de promover la oxidación de la materia orgánica del suelo, generando entonces emisiones de carbono a la atmósfera y un balance negativo de carbono. A nivel local, la investigación muestra los impactos negativos de las plantaciones sobre la economía de las comunidades indígenas de la zona, las cuales antes de la implementación del proyecto podían vivir gracias a un sabio manejo de ese frágil ecosistema. En este caso, las plantaciones no sólo son una solución falsa al calentamiento global --ya que de hecho generan un balance negativo de carbono-- sino que también distorsionan sistemas económicos y culturales sustentables. En suma, resulta claro que en relación con los pueblos y el ambiente de Sudamérica, la promoción de las plantaciones como sumideros de carbono servirá tan sólo para exacerbar los problemas a nivel local. No obstante, los gobiernos están siendo empujados a aceptar este modelo por una serie de partes interesadas --a nivel nacional e internacional, público y privado-- que tienen mucho para ganar en el juego del mercado del carbono . . . pero para quienes el verdadero tema en discusión --o sea el cambio climático global-- parece ser más bien una excusa para ganar dinero que un problema que debe ser seriamente abordado. (Boletín de agosto, 2000)
Las dos caras de la política forestal brasileña En la COP4 de la Convención de Cambio Climático celebrada en Buenos Aires, Brasil, junto con China e India, lideró la posición de los países llamados en vías de desarrollo, reclamando el reconocimiento de las responsabilidades históricas por parte de los diferentes países en relación con el cambio climático. La delegación brasileña también subrayó la necesidad de proteger la selva amazónica. Sin embargo su política forestal a la interna no parece ir en dicha dirección. Durante un taller realizado recientemente sobre el impacto ambiental de los proyectos de gran escala en las regiones de la Amazonia y Mato Grosso, organizado por CIMI (Conselho Indigenista Misionario), se difundió la noticia de que el Ministerio de Minería y Energía se propone construir 400 nuevas represas hidroeléctricas para el año 2015. Muchas de ellas habrán de inundar extensas áreas de tierras ocupadas por bosques, pertenecientes a comunidades indígenas. Por otra parte, la degradación y destrucción de vastas áreas de la selva amazónica a consecuencia de incendios, ha continuado a lo largo de 1998. Tanto la degradación como la eliminación del bosque tropical contribuirán a acelerar el calentamiento global. Una investigación realizada por el Instituto de Pesquisa Ambiental da Amazonia -una ONG radicada en Belem, al norte de Brasil- y el Woods Hole Research Center, con sede in Massachusetts, había previsto que aproximadamente 400.000 kilómetros cuadrados de la Amazonia brasilera se volverían vulnerables a incendios durante la estación seca de 1998. Las inusitadas bajas precipitaciones acaecidas en 1998 han hecho aumentar el área de bosques vulnerables al fuego a más de un millón de kilómetros cuadrados, lo que representa un tercio de la Amazonia. No obstante, la degradación de la selva quemada y que permanece en pie no está incluída en los programas de monitoreo que realiza el gobierno, en el que sólo se considera como deforestación la quema total y la talarrasa. De manera que las cifras oficiales ocultan cantidades significativas de carbono liberadas a la atmósfera a través de la quema parcial de la selva. Vinculado al cambio climático, los resultados mencionados resultan importantes para la estimación de las emisiones de carbono desde la Amazonia, asociada a las prácticas de uso del suelo: la quema parcial de un bosque que permanece en pie puede liberar entre un 10% y un 80% de la biomasa forestal a la atmósfera como dióxido de carbono. Estos grandes volúmenes del gas no están incluídos en las actuales estimaciones de emisiones de carbono desde la Amazonia. Por otra parte, de acuerdo con un modelo computarizado generado por el Centre Hadley for Climate Change, y presentado en la COP4, si la destrucción de la Amazonia continúa al ritmo actual, extensas superficies de bosques tropicales estarán amenazadas de convertirse en desiertos para el año 2050. Ello significaría -entre muchas otras cosas- la pérdida del mayor reservorio de carbono del mundo. Los incendios forestales se
ven estimulados por la remoción selectiva de árboles,
lo que permite que los rayos solares alcancen el suelo del bosque,
creando así condiciones de sequedad que hacen al ambiente propicio
a prenderse fuego. El Instituto Brasileño para el Medio Ambiente
(IBAMA) ha revelado recientemente que las compañías
madereras han extraído ilegalmente caoba valorada en U$S 70
millones de dólares, de territorios indígenas Kaiapó,
al sur del estado de Pará. Asimismo la institución acusó
a 16 aserraderos de la zona de robo y falsificación de documentación.
El IBAMA ha venido llevando adelante acciones para poner coto al madereo
ilegal en la Amazonia. Sin embargo, estas acciones probablemente se
verán disminuídas como consecuencia del recorte del
47,4% en su presupuesto, que acaba de sufrir el Ministerio de Medio
Ambiente. El Grupo de Trabalho Amazonico, compuesto por 355 ONGs brasileñas
ha denunciado recientemente la reducción en un 90% de los recursos
dedicados a proyectos a ser implementados en las regiones de la Amazonia
y la Mata Atlantica y envió mensajes al Parlamento procurando
detener estas reducciones propuestas por el Gobierno Federal.
El Banco Mundial promueve expansión de monocultivos forestales en Argentina El gobierno argentino se ha propuesto transformar al país en un paraíso para los inversores en proyectos forestales, adoptando el mismo esquema que se viene aplicando en el Cono Sur de América del Sur -Chile, Uruguay y Paraguay- basado en monocultivos forestales en gran escala. Tal posición resultó clara durante la COP IV sobre Cambio Climático celebrada en noviembre de 1998 en Buenos Aires. Las plantaciones como sumideros de carbono comprendidas en los Mecanismos de Desarrollo Limpio del Protocolo de Kioto son vistas como una excelente oportunidad para el desarrollo de este modelo. Se deja de lado el impacto ambiental que éstas producen sobre la pradera, si bien el mismo ya ha sido comprobado en otras regiones donde la pradera es el principal ecosistema. La nueva Ley Forestal ha hecho que aumente el interés de los inversores extranjeros en emprender proyectos forestales en Argentina, en especial teniendo en cuenta las exenciones impositivas ofrecidas y consiguientemente las altas tasas de rentabilidad esperadas. Las plantaciones se están extendiendo especialmente en las Provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos, ubicadas al este del país. Se están además plantado superficies considerables al sur de la Provincia de Buenos Aires, así como en Córdoba, Cuyo, el Chaco y la Patagonia. Compañías estadounidenses, neozelandesas, alemanas y chilenas están invirtiendo en este sector. Se espera que la actual tasa de inversiones en el sector -que alcanza los U$S 1.600 millones- aumente como consecuencia del nuevo marco legal. Manuel Climent, Presidente de la Asociación Forestal Argentina (AFOA) ha señalado recientemente cuáles son las ventajas que su país ofrece para el desarrollo del sector: gran cantidad de áreas disponibles, adecuadas condiciones de clima y suelo, y cortos períodos de rotación. Indicó asimismo que las condiciones internacionales son favorables, puesto que se espera que hacia el año 2010 habrá un déficit de 900 millones de metros cúbicos de madera rolliza a nivel global. Según Daniel Maradei -Director Ejecutivo del Comité Asesor para el Plan de Desarrollo Forestal- todavía están pendientes algunos asuntos, entre ellos la adaptación de los marcos legales provinciales a la ley nacional. De acuerdo con sus promotores, las plantaciones no sólo generan riqueza, sino que también son buenas para el ambiente. Es por ello que algunos empresarios se han subido al carro del cambio climático. Por ejemplo Gustavo Kuzak, representante de Forestal Andina S.A., considera que las plantaciones son un instrumento adecuado para combatir el efecto invernadero. El Banco Mundial ha sido aquí -como en otros países- un agente de primer orden en el incentivo a las plantaciones. El costo total del proyecto de desarrollo forestal ha sido estimado en unos U$S 26,2 millones, de los cuales U$S 10,6 serán financiados con un préstamo del Banco. De acuerdo con el texto del documento "Argentina - Proyecto de Desarrollo Forestal" (ARPA6040), proyecto que se inició en 1994, "las plantaciones forestales en la Argentina tienen claras ventajas naturales comparadas con las de muchos países . . . (a) las rápidas tasas de crecimiento de los árboles en Argentina debido a los suelos relativamente ricos y a las favorables condiciones de temperatura y lluvias y (b) abundancia de tierra con pocos usos alternativos". Sin embargo, según el punto de vista del Banco, "las plantaciones forestales en décadas pasadas no se desarrollaron de acuerdo con esta potencialidad, principalmente debido a desfavorables políticas macroeconómicas, de comercialización, etc.". Pero hoy en día "estas políticas se han ajustado adecuadamente y el mejor ambiente que reina en la economía y la política favorece las inversiones". El documento del Banco Mundial hace referencia al caso chileno como ejemplo a ser seguido: "En 1989 el sector forestal en Argentina contribuyó tan sólo con menos del 2% al PNB y presenta un balance comercial positivo de U$S 132,1 millones. Este balance comercial positivo, que se mantiene actualmente, fue alcanzado recién en 1989. El contraste entre las performances del sector forestal en Argentina y en Chile no podría ser más evidente . . . Comparando Argentina con Chile en particular, resulta claro que en el primero hay una brecha sustancial entre los niveles real y potencial de producción de las plantaciones forestales. . . Lo que es más, la mayor parte del pasado crecimiento de las plantaciones forestales en Argentina no ha sido eficiente". Por extraño que parezca, la expansión del sector forestal parece estar relacionada con el tamaño del país: "Mientras que la superficie de Argentina es alrededor de 3,7 veces más grande que la de Chile y su PNB es unas 3 veces superior, las exportaciones de productos forestales de Chile, que alcanzan unos U$S 1.000 millones anuales, representan un valor 4 veces superior a las de Argentina". El Banco considera que "el proyecto propuesto no tendrá un impacto ambiental adverso". Por el contrario, "el componente destinado a los pequeños productores está diseñado especialmente para tener un impacto positivo sobre el ambiente". Estas conclusiones, además de infundadas, son también falsas. El plan forestal no está destinado a los pequeños productores, sino a las grandes compañías transnacionales y nacionales, siguiendo el modelo chileno que el Banco parece tener en tan alta consideración. Ni hablemos de la India, Tailandia, Indonesia, Sudáfrica, Brasil y tantos otros países donde las comunidades locales están defendiendo sus derechos frente al avance de las plantaciones en gran escala. Las razones que tiene el Banco para apoyar el desarrollo de las plantaciones en Argentina no son de carácter social ni ambiental, sino estrictamente macroeconómicas. Parecería ser que el Banco necesita ser recordado de que su mandato es aliviar la pobreza y que el modelo chileno ha demostrado que aumenta la riqueza de los ricos e incrementa la pobreza de los pobres, a la par que tiene fuertes impactos negativos sobre el ambiente. (Boletín de mayo, 1999)
Crimen ambiental vinculado a Peugeot en Brazil La empresa francesa de automóviles Peugeot "preocupada por el ambiente" decidió hacer algo en relación con el efecto sobre el calentamiento global que tienen los millones de autos que ella produce. Por supuesto que nada radical, como por ejemplo, cambiar hacia nuevos tipos de combustible. En cambio, la empresa decidió tomar por el atajo y plantar árboles para "secuestrar carbono" en el estado de Mato Grosso en Brasil. El proyecto comenzó a ser implementado el año pasado, con la finalidad de convertir 12.000 hectáreas de pasturas "degradadas" en plantaciones. Según Peugeot, el área plantada será capaz de extraer 183.000 toneladas de dióxido de carbono por año de la atmósfera. Y además muy barato: por sólo 12 millones de dólares. Sin embargo, las consecuencias han sido muy caras para el ambiente y la población local. Cuando una subsidiaria de la ONG francesa "Office Nations des Forets" comenzó las actividades de plantación, provocó lo que puede ser catalogado como el mayor delito ambiental cometido en el estado. Cientos de animales -algunos de ellos pertenecientes a especies en peligro de extinción- fueron encontrados muertos en una de las zonas de plantación. La razón: el uso de 5.000 litros del "inocuo" herbicida glifosato (Round Up) en una superficie de 1.500 hectáreas como preparación previa a la plantación. El desastre alcanzó incluso a dos ríos (el Juruema y el Teles Pires) provocando una masiva mortandad de peces. Lo peor es que no se trató de un simple accidente. Por el contrario, la moderna tecnología de las plantaciones recomienda el uso de herbicidas para eliminar la competencia de la vegetación, lo que de hecho elimina la mayor parte de la biodiversidad botánica previamente existente. El herbicida que se está usando en todo el mundo con este propósito, sobre cuyos efectos la compañía que lo produce (Monsanto) ha mentido sistemáticamente durante años al señalar que es más inocuo que la sal de mesa, es precisamente el mismo que causó este desastre. Esta situación es el resultado de un engañoso ambientalismo, vale decir, la implementación de una actividad supuestamente "beneficiosa para el ambiente" -plantar árboles- publicitada como adecuada para secuestrar dióxido de carbono y, por lo tanto, para mitigar el efecto invernadero. Para evitar la difícil decisión de abandonar una economía dependiente del petróleo, parte de la comunidad académica ha inventado esta supuesta solución y la ha dotado de un barniz "científico". Afortunadamente, otra parte de la comunidad académica parece estar honestamente tratando de determinar si las plantaciones son o no son capaces de actuar como sumideros de carbono. Su respuesta ha sido que no. (Boletín de noviembre, 1999)
Plantaciones holandesas como sumideros en Ecuador: un nuevo problema En un trabajo de tesis para el Doctorado en Ciencias Ambientales de la Universitat Autónoma de Barcelona se analizan los impactos sociales y ambientales de los monocultivos forestales en el caso del proyecto que lleva adelante el consorcio holandés FACE en los Páramos Andinos del Ecuador. Su autora -Verónica Vidal- trabajó durante varios meses en esa región de pasturas del Ecuador, habitada por campesinos indígenas, que es fundamental para el mantenimiento del ciclo hidrológico y además alberga altos niveles de biodiversidad. Las conclusiones de la investigación indican que hay una falta de evidencias científicas en torno al supuesto de que el aumento en el volumen de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera -el más importante gas de efecto invernadero- puede ser compensado por la creación de las denominadas "plantaciones como sumideros de carbono". En el caso de los Páramos del Ecuador la cantidad de carbono retenida por las plantaciones de pino de FACE ha resultado ser mucho menor a la esperada. Lo que es más, las plantaciones pueden producir el efecto de promover la oxidación de la materia orgánica del suelo, lo que significa una liberación adicional de dióxido de carbono a la atmósfera. De acuerdo con las estimaciones, la liberación de carbono al aire puede ser aun mayor que su retención por los árboles, de manera que las plantaciones estarían colaborando a aumentar el volumen de CO2 atmosférico en lugar de disminuirlo. Este desequilibrio, sumado a los efectos negativos de las plantaciones en la economía de las comunidades indígenas que habitan el Páramo, demuestra en forma concluyente que las plantaciones no constituyen una solución para el calentamiento global, sino una parte del problema. (Boletín de enero, 2000)
Argentina: ¿guardando carbono de Alemania en los bosques? El tema de los servicios ambientales que los países del Sur pueden proveer a los países del Norte para mitigar los efectos del cambio climático es objeto de polémica. En primer lugar se plantea una cuestión de justicia ambiental a nivel global, ya que los países mayormente responsables de la peligrosa alteración que está teniendo el clima en la Tierra, en lugar de atacar las causas que lo provocan -por ejemplo el uso insustentable de la energía y las gigantescas emisiones de CO2 por parte de la industria- están buscando soluciones dudosas y parciales, compradas en forma barata en el Sur. Por otra parte cabe preguntarse quiénes tienen el derecho de participar de una negociación de este tipo, así como quiénes se benefician -y eventualmente quiénes se perjudican- con ella. La función de los bosques como sumideros y reservorios de carbono es hoy en día centro de interés en las negociaciones que se vienen realizando en el marco de los CDM del Protocolo de Kioto. Recientemente se dio a conocer un acuerdo celebrado entre el gobierno de la Provincia de Chubut, en el sur de Argentina, y la fundación alemana Prima Klima en noviembre de 1999. El objetivo del mismo es compartir el manejo de un área natural y obtener fondos mediante la certificación de la fijación de carbono durante 50 años. El área del proyecto comprende las cuencas de los lagos La Plata y Fontana en la zona de Precordillera Andino-Patagónica. En un comunicado emitido el día 6 de enero ppdo. Greenpeace Argentina -integrante del Foro del Buen Ayre, una red de ONGs e instituciones, que participó activamente de la COP4 de la Convención de Cambio Climático realizada en Buenos Aires en noviembre de 1998- cuestiona la validez del acuerdo, tanto del punto de vista técnico como legal. Juan Carlos Villalonga, Coordinador de la Campaña de Energía de GP-Argentina señaló: "Este tipo de actividades son las de más bajo nivel de confiabilidad y ofrecen una muy baja contribución a la resolución del problema del cambio climático". Asimismo la organización Greenpeace advierte acerca de la falta de criterios establecidos para desarrollar este tipo de proyectos de generación de bonos de carbono, en particular, en los casos en que se pretende utilizar la capacidad de absorción y fijación de carbono por parte de los bosques. Desde el punto de vista formal Greenpeace considera que este acuerdo debió haber sido evaluado por la Oficina Argentina de Implementación Conjunta (OAIC), como forma de dar participación a la sociedad civil. (Boletín de enero, 2000)
Argentina: las petroleras se visten de "verde" Siguiendo una tendencia a nivel mundial, las empresas petroleras en Argentina se han sumado con entusiasmo a la idea de entrar en el mercado de los permisos de carbono como una forma efectiva de aumentar su ingresos y de cambiar radicalmente su imagen frente a la opinión pública: ¡de los chicos malos responsables del calentamiento global a campeones de la conservación de los bosques! A partir de 1998 el gobierno les ha venido facilitando las cosas favoreciendo inversiones en proyectos forestales, sin atender sus efectos sobre los valiosos ecosistemas de pradera, que han constituido la base natural y física de la economía del país. Según Patricio Montecino, gerente general de Pecom Forestal (una subsidiaria de la compañía petrolera Pérez Companc) "hoy en día es difícil concebir una empresa petrolera sin un componente forestal adicional", tanto porque, según su visión, la forestación es un buen negocio, como porque dichas empresas hoy en día son conscientes de la necesidad de trabajar en soluciones basadas en el secuestro del carbono. Pecom se encuentra negociando permisos de emisión de carbono con empresas alemanas que participan del polémico acuerdo Chubit-Prima Klima para secuestrar carbono en la sureña Provincia de Chubut. Para Pérez Companc los sumideros de carbono son hoy en día un negocio central. La compañía comenzó su actividad en el sector forestal en la década de 1950 y actualmente es dueña de 163.000 hectáreas de tierras en las Provincias de Misiones y Corrientes, y en la región del Delta del Paraná, en su mayoría plantadas con árboles. Otras 15.000 hectáreas de plantaciones de pinos serán instaladas en los próximos quince años en Misiones. En los predios de Corrientes se viene plantando Pinus taeda y Pinus elliotti a un ritmo de 6.000 hectáreas anuales, con el propósito de obtener materia prima para una industria a ser instalada próximamente en la zona. El gigante petrolero YPF (antes propiedad del estado y hoy en día privatizado y asociado con Repsol, de España) está supervisando la plantación de 2.000 hectáreas de Pinus ponderosa en la sureña Provincia de Neuquén a cargo de la Corporación Forestal Neuquina (CORFONE) y planea llegar a las 5.000 hectáreas dentro de dos años. Por supuesto que Shell no podía faltar en este tipo de iniciativas. Esta multinacional es dueña de 200.000 hectáreas en varios países del mundo (Congo, Nueva Zelandia, Chile, Uruguay, Argentina, Paraguay), 120.000 de las cuales están ocupadas con plantaciones de especies forestales de rápido crecimiento. Shell empezó a operar en Argentina en 1998 y sus plantaciones están en la Provincia de Buenos Aires -donde posee 24.200 hectáreas- y en la de Corrientes, donde es dueña de 8.000 hectáreas de eucaliptos y pinos, cuya superficie aumentará a 18.000 hectáreas. Generar una "imagen verde" para si mismas es una meta muy importante en la política de estas empresas. Repsol-YPF subraya que su proyecto se está llevando adelante en áreas afectadas por erosión provocada por el sobrepastoreo y donde no existe monte nativo, pretendiendo de ese modo mostrar preocupación por la protección ambiental en general y por la restauración de los suelos degradados en particular. Shell enfatiza que 2.000 hectáreas de bosque ubicadas en su zona de plantaciones habrán de permanecer intactas, y que la empresa aspira a obtener la certificación de acuerdo con la norma ISO 14001, de manera que el producto pueda alcanzar los mercados del Norte. Sin embargo, esos argumentos resultan débiles en relación con una verdadera política conservacionista dado que, por un lado, la efectividad para la conservar la biodiversidad de pequeños parches de monte nativo en medio de vastos cultivos forestales es sumamente dudosa. Ni que hablar de la pobre actuación de estas empresas en lo que respecta a la protección del ambiente. Ni tampoco de que su verdadero negocio -la extracción de petróleo- está devastando el ambiente, tanto a nivel local como global. Ni, finalmente, de que en el proceso de teñir de "verde" su imagen se están apropiando de más y más tierras en todo el mundo. (Boletín de junio, 2000)
Brasil: ¡Por favor, tiren aquí su basura de carbono! La Conferencia de las Partes del Convenio Marco sobre Cambio Climático aún no dio su aprobación a las plantaciones y los bosques como "sumideros" de carbono. Sin embargo, el mercado del carbono ya está en marcha. A continuación transcribimos un mensaje electrónico (traducido del inglés por el WRM), en el que se propagandea a Brasil como un país con tierra y mano de obra baratas disponibles para que las empresas productoras de energía viertan sus emisiones de carbono: "De: OMNITRADE aaa@yawl.com.br Desde 1978 nuestra compañía tiene sede en Brasilia, capital de la República de Brasil. Trabajamos en el área inmobiliaria, actuando como intermediarios en transacciones de propiedades rurales y en el área urbana. A partir del 'Protocolo de Kioto', firmado por muchos países desarrollados, hay acuerdo de que en el futuro próximo se dará una reducción de contaminantes a efectos de minimizar el 'efecto invernadero'. Una de las opciones que viene siendo considerada es la comercialización de créditos de emisiones con otras naciones. Esto puede incluir la reforestación de extensas áreas o acuerdos que incluyan a los actuales bosques, como por ejemplo la negociación que tuvo lugar entre algunas industrias de generación de energía y el Gobierno de Costa Rica. Nosotros pensamos que si los países desarrollados continúan con las negociaciones en la COP - 6 en La Haya en noviembre próximo y aprueban el conjunto de estándares internacionales necesarios sobre la resolución de los temas del cumplimiento de los compromisos y el rol de las actividades de secuestro de carbono (uso del suelo, cambio en el uso del suelo y forestación) en el Protocolo, se generará una importante demanda de créditos. Estamos en condiciones de presentar ofertas competitivas dirigidas a empresas generadoras de energía para la realización de proyectos de reforestación (tierra a bajo costo, mano de obra barata y razonable precio de los fertilizantes) Nos damos cuenta de que la primera opción para el sector energético será invertir en su propio país o en países vecinos, pero la alternativa de hacerlo en Brasil debería ser tenida en cuenta, dado que podría significarles un gran ahorro comparado con inversiones similares en otros lugares. Junto a la venta de tierra y bosques podemos ofrecerles opciones para arrendar o actuar como intermediarios en joint-ventures para la reforestación. El arriendo presenta la ventaja adicional de ser una excelente opción para el flujo de dinero al contado para la compañía, en tanto la reforestación sirve para generarle ahora los créditos necesarios y más tarde el beneficio de la cosecha de la madera. Nuestra página web está en construcción (http://www.ecobiz.com.br). No obstante, hemos confeccionado una lista de propiedades de interés así como incluido alguna información sobre temas ambientales. Le resultará conveniente visitarla, dado que allí podrá encontrar interesantes oportunidades. Por más información, o recomendaciones y sugerencias que desee realizarnos, por favor escríbanos a la dirección: contactus@ecobiz.com.br con copia a: omnitrade@hotmail.com Desde ya muchas gracias por su amable atención. Esperando hacer negocios en el futuro próximo para nuestro mutuo beneficio, saludamos a Ud. atte. Demetre Calimeris |
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
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11200 Montevideo - Uruguay
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