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Cambio Climático

 

Convención sobre Cambio Climático:
Algo huele mal en los sumideros

Selección de  artículos -organizados cronológicamente bajo distintos subtítulos- sobre el tema cambio climático, publicados en el Boletín del WRM, octubre 2000.

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Asia                             

Plantaciones para capturar carbono pueden resultar problemáticas en Asia

Asia ha sido la región más afectada por la sustitución de bosques por monocultivos forestales, lo que ha determinado consecuencias negativas tanto a nivel local como global. Los pueblos indígenas y las comunidades locales tienen una larga historia de resistencia a este tipo de desarrollo forestal. A pesar de ello, la forestación para la captura de carbono parece estar en aumento en este continente.

En la INDIA, funcionarios gubernamentales han afirmado que más de 60 millones de hectáreas de "tierras yermas y tierras forestales de tipo arbustivo" pueden ser consideradas disponibles para la instalación de plantaciones. Si bien los promotores de las plantaciones en la India consideran que las mismas son "beneficiosas y amistosas para los aldeanos y pueblos tribales", la realidad en cambio muestra que los monocultivos --basados principalmente en eucaliptos-- han provocado graves impactos desde el punto de vista social y ambiental, generando así movimientos de oposición de parte de las comunidades locales afectadas. De hecho la India fue uno de los primeros países donde se dieron luchas de carácter radical contra los monocultivos forestales.

No obstante, el Banco Asiático de Desarrollo considera que en ese país existe un potencial de más de 24 millones de hectáreas disponibles para ser convertidas en plantaciones como sumideros de carbono. Según el Banco, ello permitiría capturar 83 toneladas de carbono por hectárea al cabo de un lapso de 40 años. Y aparentemente eso es todo lo que le importa. El Banco no parece estar preocupado por el hecho de que un nuevo impulso en la expansión de los monocultivos de eucalipto en la India significaría la repetición de una conocida historia de impactos y de las consiguientes luchas a nivel local.

También CHINA está en la mira de las plantaciones para sumideros de carbono, siendo responsable de ello la industria japonesa, país éste que es uno de los principales responsables del calentamiento global dado el volumen de sus emisiones de gases de efecto invernadero. Con el fin de eludir la responsabilidad de disminuir las emisiones domésticas, el poderoso lobby industrial del Japón está tratando de encontrar vías de escape mediante la instalación de plantaciones en China.

En 1998 la Federación de Organizaciones Económicas del Japón (Keidanren) propuso el proyecto al Presidente chino Jiang Zemin cuando éste visitara Japón. Con la excusa de restaurar el recurso forestal destruido por una vasta inundación, y contando para ello con el apoyo financiero de JICA, corporaciones de la magnitud de Oji Paper, Sumitomo Forestry, Nippon Steel, Tokyo Electric Power y Mitsubishi se proponen ocupar 100.000 hectáreas del territorio chino con monocultivos de árboles. Según sus promotores, el proyecto "absorbería" entre 500.000 y 600.000 toneladas de dióxido de carbono al año, que es el equivalente al 6-7% de las emisiones totales de la industria papelera japonesa en 1997. Estas empresas esperan que dicho proyecto compense parte de la reducción del 6% en sus emisiones (a niveles de 1990) que Japón se comprometió a alcanzar para el año 2010. Al mismo tiempo, las compañías implicadas esperan pintar de "verde" su alicaída imagen en materia ambiental.

Funcionarios gubernamentales de MALASIA han expresado recientemente que las plantaciones de palma aceitera pueden considerarse mejores en "absorber" carbono que otras especies de rápido crecimiento. Este país es el principal productor de aceite de palma del mundo y sus plantaciones han provocado impactos a gran escala. Como consecuencia, este cultivo ha generado resistencia de parte de las comunidades indígenas, cuyas tierras han sido invadidas por el monocultivo. Lo que los funcionarios oficiales no mencionan es que para hacer lugar para las plantaciones ya se han devastado enormes áreas de bosques, generando un balance de carbono negativo: el volumen de carbono liberado por la deforestación es mayor que el secuestrado por las plantaciones de palma. Por otra parte, las selvas que se destruyeron no eran sólo reservorios de carbono, sino especialmente el hogar y la fuente de medios de vida para mucha gente, mucha de la cual posiblemente se vio forzada a encontrar nuevos medios de subsistencia abriendo nuevas áreas de bosques, resultando así en la liberación de aún más carbono al aire.

Por su parte INDONESIA está llevando adelante un proyecto para identificar alternativas tecnológicas utilizando sumideros en el sector forestal. Dicho proyecto es apoyado por el Country Studies Program de los EE.UU., que "suministra asistencia financiera y técnica a los países en desarrollo y en transición, para estudios sobre el cambio climático". Dada la historia pasada de Indonesia, este elegante lenguaje puede llegar a significar la promoción de más plantaciones forestales como sumideros de carbono, similares a las que ya han provocado deforestación y usurpación de las tierras de los pueblos indígenas.

Asia constituye el ejemplo perfecto de una región donde las plantaciones como sumideros de carbono no tienen el más mínimo sentido . . . excepto para los países del Norte que quieren instalarlos para no tener que reducir sus propias emisiones. Sólo los tecnócratas de mente estrecha, son capaces de no ver que las plantaciones como sumideros se dan de bruces con otros asuntos mucho más importantes, tales como la producción alimentaria, la conservación de cuencas y de la biodiversidad --por mencionar tan sólo tres-- que deberían constituir el núcleo de toda decisión que afecte el uso de los recursos naturales. Lo único que interesa a los tecnócratas del carbono es la contabilización de las toneladas de carbono capturado, más allá de los costos humanos y ambientales de ese ejercicio. En Asia, tal tarea puede resultarles bastante más difícil de lo que se imaginan. (Boletín de agosto, 2000)

Forestadores japoneses invaden China

En tiempos del Imperio, Japón invadió China para expandir su poder en el Lejano Oriente. Hoy en día, cuando los tiempos de guerra en esa región ya han pasado, un nuevo tipo de invasión amenaza al territorio chino: el de las plantaciones forestales asociadas a los Mecanismos de Desarrollo Limpio (CDM, por su sigla en inglés) bajo el Protocolo de Kioto.

En un intento de asegurarse mayores cuotas para la emisión de dióxido de carbono, veinticinco compañías japonensas quieren iniciar un gran programa de forestación en China. La industria japonesa es uno de los más importantes agentes del calentamiento global a través de la emisión de gases de efecto invernadero -principalmente anhídrido carbónico- a la atmósfera. En lugar de buscar desarrollar tecnologías ambientalmente sustentables y de colaborar en frenar el consumismo que caracteriza a la moderna sociedad japonesa, el poderoso lobby de la industria parece haber encontrado un atajo: la plantación de extensos monocultivos forestales en el extranjero.

Takashi Imai, presidente de la Federación Japonesa de Organizaciones Económicas (Keidanren), presentó el proyecto al Presidente de China Jiang Zemin durante su reciente visita a Japón. El proyecto es presentado bajo el disfraz de la restauración de los recursos forestales destruídos por una gran inundación. Las compañías proponentes ya han establecido un grupo de tareas encargado de determinar las localizaciones, la escala y un cronograma, y pedirán al gobierno japonés que el proyecto reciba apoyo oficial como proyecto "ambiental". A través de su agencia de "cooperación" internacional -JICA- el Japón ha venido promoviendo el modelo de grandes plantaciones de especies de rápido crecimiento en régimen de monocultivo en varios países del Sur.

Oji Paper Co. y Sumitomo Forestry Co. suministrarán la tecnología. Ebara Corp., Nippon Steel Corp., Tokyo Electric Power Co., Obayashi Corp., Komatsu Ltd. y Mitsubishi Corp. son las principales firmas que están llevando adelante el proyecto.

La planeada forestación de 100.000 hectáreas absorbería un volumen estimado de 500.000 a 600.000 toneladas de dióxido de carbono por año, que equivale al 6-7% de la liberación total de este gas por parte de la industria papelera en Japón en el año fiscal 1997. Las compañías esperan que el proyecto colabore a la reducción del 6% en sus emisiones (a partir de los niveles de 1990) que Japón debe alcanzar para el año 2010. Según las mencionadas firmas, sería muy difícil llegar a una reducción de ese nivel únicamente a través de acciones a nivel nacional.

Aún dejando de lado los efectos ambientales y sociales negativos de las plantaciones forestales en gran escala a nivel local y regional, su utilidad para disminuir el tenor de dióxido de carbono en la atmósfera se sustenta sobre bases científicas débiles. Desde el punto de vista político y social, la solución al problema del calentamiento global no puede ser dejada en manos de los mismos agentes que han contribuido históricamente a generar el problema. En lugar de afrontar la cuestión con un enfoque realista -que llevaría al incremento del manejo forestal sustentable, la promoción del crecimiento de los bosques secundarios y el respeto a las comunidades y los pueblos indígenas que viven en y de los bosques- los gobiernos del Norte y las transnacionales ahora están tratando solamente de "pintar de verde" su imagen, pero su accionar se basa en el principio: yo emito, tú absorbes. Entretanto el calentamiento global sigue incrementándose. (Boletín de febrero, 1999)

Oceanía                             

Una cuestión de sobrevivencia para Oceanía

El gigante AUSTRALIA es un actor fundamental en la geopolítica de Oceanía. Dada su particular situación en el hemisferio sur geográfico, siendo un país del Norte y perteneciente al Anexo I, Australia es el único país que cuenta con la posibilidad de aumentar sus emisiones de gases de efecto invernadero un 8% respecto de los niveles de 1990 para las metas establecidas para el período 2008 a 2012. Sin embargo, Australia se ha sumado con entusiasmo a la idea de ofrecer su territorio a proyectos de sumideros de carbono.

En noviembre de 1999 Nueva Gales del Sur (NGS) --uno de los estados australianos-- estableció derechos legales para el carbono secuestrado por las plantaciones y firmó un acuerdo con la empresa japonesa Tokyo Electric Power Co. (Tepco) --parte del imperio corporativo Mitsubishi-- a este respecto. Los japonenes planean dar inicio al proyecto con la plantación de 1.000 hectáreas en el 2000, y extender la superficie a 40.000 hectáreas en los próximos diez años. Es de destacar que Tepco ha sido la primera empresa japonesa en firmar un memorándum de acuerdo con el Banco Mundial para participar del Fondo Prototipo de Carbono, sistema creado para la comercialización de proyectos en el mercado del carbono.

La iniciativa mencionada no es la única en la movida de las autoridades de NGS para ingresar a este mercado. Sydney Futures Exchange --también en asociación con State Forests de NGS-- está interesada en generar un mercado de intercambio de créditos de carbono, como parte de un plan para convertirse en un centro de comercialización de emisiones de carbono a nivel global.

Asimismo, extensas áreas de la sureña isla de Tasmania en Australia vienen siendo plantadas con monocultivos forestales para sumideros de carbono. El programa "Plantation 2000 Vision" del gobierno federal se propone el establecimiento de 650.000 hectáreas de plantaciones forestales en Tasmania durante los próximos 20 años. La Política Forestal Nacional está incluso promoviendo la deforestación, ignorando los múltiples servicios ambientales que proveen los bosques primarios, entre los cuales el de constituir un enorme reservorio de carbono. Grupos ambientalistas australianos están trabajando junto a representantes de comunidades rurales y autoridades locales para cuestionar y oponerse a esta visión orientada al mercado, que está generando trastornos a nivel social y destrucción del medio ambiente.

Mientras algunos en Australia están mirando la posibilidad de hacer negocio con el cambio climático en el recientemente creado mercado del carbono, otros estados de la región se ven enfrentados a una dramática situación y a las perspectivas del calentamiento global sobre sus territorios. Los PEQUEÑOS ESTADOS ISLEÑOS de Oceanía corren el riesgo de desaparecer si el nivel del mar sigue aumentando como consecuencia del cambio climático. Las Islas Marshall, por ejemplo, están en peligro de perder el 80% de la ciudad de Majuro --su capital-- bajo este escenario, en tanto islas de mayor superficie se verían también gravemente afectadas debido a la concentración de su población e infraestructura sobre la línea de costa.

Estos pequeños estados isleños han manifestado su preocupación por el hecho de que el impulso que se está dando a los proyectos de sumideros de carbono no habrá de servir más que para permitir a los países industrializados seguir adelante con sus negocios, mientras que sus propios países se hunden lentamente en el océano. Tal como lo señaló enfáticamente el delegado de Tuvalu, hablando a nombre de AOSIS (coalición de pequeños estados isleños) respecto de los proyectos de sumideros de carbono: "Esto muestra señales muy claras acerca de como será el posible flujo de fondos para el Mecanismo de Desarrollo Limpio en caso de que se incluyan las actividades relacionadas con los sumideros. Es más que probable que habremos de presenciar un diluvio de fondos destinados a actividades de sumideros y apenas un goteo de fondos dirigidos a tecnologías asociadas a la energía renovable y la eficiencia energética".

Al tiempo que los mercaderes del carbono en Australia procuran obtener beneficios económicos del desastre que implica el cambio climático, los estados de las pequeñas islas de Oceanía están luchando por sobrevivir. ¿Los gobiernos del mundo dejarán que desaparezcan? (Boletín de agosto, 2000)

Basureros de carbono japoneses en Australia

La empresa japonesa Tokyo Electric Power Co. (Tepco) ha firmado recientemente una carta de intención para participar en un proyecto de plantaciones forestales promovido por la agencia estatal State Forests de Nueva Gales del Sur (NGS), Australia, según se dijo, como parte de sus esfuerzos para enfrentar el problema del calentamiento global. Desde noviembre pasado, NGS cuenta con una legislación que ampara las plantaciones como reservorios de carbono. Las oficinas forestales de Australia han venido tratando de promocionar sus proyectos de sumideros en el recientemente creado "mercado de emisiones de carbono" a partir del Protocolo de Kioto. No es ésta la única medida adoptada por este país con la finalidad de ingresar en dicho mercado. Sydney Future Exchange -también en asociación con State Forests de NGS está interesada en crear un mercado de cambio y comercialización de créditos de carbono, como parte de un plan para convertirse en un centro de comercialización de emisiones a nivel mundial. La compañía habrá de buscar inversores en la propia Australia y también en Nueva Zelanda y los EE.UU.

Tepco y State Forests de NGS están a punto de concluir un acuerdo formal una vez que se establezcan específicamente las condiciones del mismo. Los japoneses están planeando empezar con el proyecto mediante la plantación de 1.000 hectáreas el año próximo y de extenderla a 40.000 hectáreas en los próximos 10 años.

En junio del año pasado, Tepco firmó un memorándum de acuerdo con el Banco Mundial, como primera entidad japonesa participante del "Fondo Prototipo de Carbono", un sistema de compra y venta de proyectos de emisiones de carbono.

Esta nueva movida de los japoneses en el tema cambio climático debe ser observada en un contexto más amplio. En efecto, la agencia japonesa de cooperación internacional (JICA) ha estado -y sigue estando- muy vinculada a la promoción de proyectos de gran escala para la instalación de monocultivos de especies forestales de rápido crecimiento con el fin de producir fibra barata en varios países del Sur (ver Boletines nros. 9 y 25 del WRM). Simultáneamente, la industria japonesa emite grandes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera, al tiempo que la economía japonesa consume grandes volúmenes de madera y de productos madereros, lo que resulta en la destrucción de los bosques del mundo. Ambas actividades significan un aumento del volumen de gases de efecto invernadero en el aire. Y ahora Tepco -que seguramente habrá de ser seguida por otras empresas- está creando basureros de carbono mediante plantaciones forestales . . . no en su propio país, por supuesto. (Boletín de octubre, 1999)

Australia: plantaciones como "sumideros de carbono" invaden Tasmania

La expansión de monocultivos forestales en Tasmania -que es paradójicamente el centro de origen del Eucalyptus globulus, una de las especies más usadas en los monocultivos forestales en todo el mundo- bajo los Mecanismos de Desarrollo Limpio del Protocolo de Kioto está provocando gran preocupación en Australia.

El programa del gobierno federal "Plantation 2020 Vision" se propone establecer 650.000 hectáreas de plantaciones durante los próximos veinte años en Tasmania. Los gobiernos federal y estatales en Australia han adoptado una visión de mercado, según la cual el carbono puede ser secuestrado en plantaciones forestales, que luego habrán de ser cortadas en beneficio de las empresas. La Política Forestal Nacional no sólo promueve la instalación de vastos monocultivos, sino que también incentiva la deforestación para dar lugar a las plantaciones, con todos los impactos negativos que ello implica, tanto a nivel local como global. El potencial de los bosques primarios como reservorios de grandes cantidades de carbono es completamente ignorado. En cambio se ha intensificado su corta en varias zonas de la sureña isla de Tasmania, donde los bosques nativos de eucalipto están siendo destruidos. Al mismo tiempo la oposición a las plantaciones va en aumento, incluso bajo la forma de acciones radicales, como la quema y la extracción de árboles de las plantaciones. La oposición a estos monocultivos ha trascendido el sector de los ambientalistas y ahora incluye a una parte significativa de la sociedad a nivel rural, en especial los productores lecheros y los consejos locales. Por ejemplo, el grupo "Communities over Plantations", creado recientemente en el norte del estado, es un grupo de presión compuesto básicamente por miembros de la sociedad rural tradicional. Los productores lecheros se oponen a las plantaciones por la baja del valor de las propiedades próximas a las plantaciones y el aislamiento social causado por la muralla formada por las plantaciones ubicadas en el medio de lo que antes eran prósperas comunidades rurales. Por otro lado, las administraciones de los condados tienen que vérselas con un descenso en sus ingresos por concepto de impuestos debido a la sustitución de actividades agrícolas por las plantaciones.

Ni siquiera son empresas australianas los principales actores en este proceso de los sumideros de carbono. Por ejemplo Tokyo Electric Power Coroporation (TEPCO) -parte del imperio corporativo Mitsubishi- estableció una joint venture con North Ltd. para establecer más de 23.000 hectáreas sobre tierras agrícolas. En la misma situación está Victoria, donde una compañía de seguros estadounidense -John Hancock- es dueña de 150.000 hectáreas de plantaciones.

La ONG australiana Native Forest Network está abogando por la adopción de prácticas más efectivas, realistas y no destructivas para enfrentar el aumento de la concentración del carbono atmosférico. Una de ellas consiste en frenar la práctica destructiva de cortar y quemar bosques para obtener productos de escaso valor como son las astillas. Además de las enormes cantidades de carbón liberadas mediante la corta inicial de los bosques y de la subsiguiente quema autodenominada de regeneración, las propias astillas son convertidas en bienes desechables -como papel- que son rápidamente destruídos, colaborando así al aumento de las emisiones en un plazo muy corto. En esa línea, el Partido Verde Australiano ha denunciado que todo esto es una maniobra del gobierno para evitar abordar el candente tema de la necesaria reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, al tiempo que Greenpeace Australia considera que el gobierno federal debería centrar su atención en las energías renovables y emprender acciones para cortar las emisiones, en lugar de tratar de reducir sus efectos. (Boletín de junio, 2000)

Aotearoa / Nueva Zelandia: oposición a los árboles genéticamente manipulados

Al tiempo que la ingeniería genética aplicada a la producción de alimentos está provocando preocupación entre los consumidores y los ciudadanos, y muchos científicos expresan sus dudas y críticas en relación con la misma, transnacionales de la alimentación, la forestación y la energía se han reunido para desarrollar árboles genéticamente modificados, que se espera puedan crecer más rápido o contener componentes deseados por la industria.

En agosto pasado la Oficina de Manejo de Riesgos Ambientales (Environmental Risk Management Authority - ERMA) de Nueva Zelandia recibió --a través de una página web especialmente abierta con ese propósito (www.context.co.nz)-- 700 mensajes sobre pinos genéticamente manipulados. Esa iniciativa de democracia participativa, aplicada a una importante cuestión ambiental, es parte del proceso de evaluación de la solicitud realizada por el Instituto de Investigaciones Forestales (Forest Research Institute - FRI) al ERMA para realizar un ensayo de campo con pinos alterados genéticamente. Es importante subrayar que hasta ahora este nuevo sistema nunca había recibido más de 50 opiniones respecto de un tema, lo que revela claramente la preocupación del público en relación con éste.

La enorme mayoría de los 700 mensajes fue crítica respecto del experimento propuesto para ser realizado a nivel de ensayo de campo. Mario Rautner, activista de Greenpeace en el área de biotecnología forestal, expresó que los resultados muestran claramente que la gente no está de acuerdo con la liberación de árboles genéticamente modificados al ambiente. "Estamos convocando al FRI para que acepte que existe oposición a nivel de la opinión pública a este experimento. Nos gustaría que ahora el FRI declarara una moratoria voluntaria y se abstuviera voluntariamente de realizar el ensayo. Los árboles genéticamente modificados constituyen un serio riesgo para el ambiente y nos oponemos a experimentos de consecuencias impredecibles para la naturaleza" agregó. La cuestión es saber si las autoridades actuarán respetando la voluntad del público y renunciarán definitivamente al ensayo o si responderán a los intereses de la industria.

Debe destacarse que la inclusión de las plantaciones forestales como supuestos sumideros de carbono bajo el MDL del Protocolo de Kioto significaría un estímulo para el desarrollo de la biotecnología en el sector forestal, con el argumento de que los árboles genéticamente modificados serían capaces de crecer más rápido y absorber más CO2 en menos tiempo. Un riesgo adicional a tener en cuenta por los negociadores sobre el clima para el próximo encuentro de La Haya. (Boletín de octubre, 2000)

 

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