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CERTIFICACION
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FSC:
Certificación Información por país Aotearoa/Nueva Zelandia: una certificación discutible En octubre de 2000, todas las plantaciones en Nueva Zelandia de Fletcher Challenge Forests recibieron la certificación del Consejo de Manejo Forestal (FSC), luego de una evaluación llevada a cabo por parte de la empresa Scientific Certification Systems (SCS). La mayor plantación continua de pino radiata del mundo está incluida en la certificación. Ian Boyd, el entonces principal ejecutivo de Fletcher Challenge Forests dijo que "la certificación del FSC brindará a Fletcher Challenge Forests una importante oportunidad de ventas en aquellos mercados que exigen responsabilidad ambiental". Sin embargo la certificación de las operaciones de Fletcher Challenge Forests plantea serias interrogantes sobre el proceso de evaluación de SCS, así como sobre el propio manejo de sus plantaciones por parte de Fletcher Challenge Forests. De acuerdo con el Principio 6 del FSC, "se prohibirán" todos los pesticidas clasificados como tipo 1A y 1B por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Fletcher Challenge Forests utiliza fluoracetato de sodio, comúnmente conocido como 1080, que es un veneno usado para matar animales silvestres tales como la zarigüeya, que pueden dañar las plantaciones de árboles. En el resumen público de evaluación de las operaciones de Fletcher Challenge Forests realizado por SCS, los evaluadores admiten que 1080 es un "compuesto que aparece en la tabla 1 del OMS" Sin embargo, en vez de rechazar el otorgamiento del certificado, SCS incluyó una condición tan vaga que resulta casi sin sentido: "dentro de 12 meses de recibir la certificación, Fletcher Challenge Forests deberá demostrar que está activamente buscando alternativas a 1080, por ejemplo, apoyando la investigación en materia de alternativas". En otras palabras, Fletcher Challenge Forests podrá continuar utilizando 1080 sin arriesgar su certificado FSC, en tanto apoye la investigación sobre alternativas. SCS no menciona como se debería manifestar dicho apoyo, o incluso si importa en algo que de la investigación surja algún resultado o no. El principio 2 del FSC establece que las disputas sobre los derechos de tierras "de magnitudes sustanciales ...., normalmente descalificarán la certificación de una operación". Para los Maori, la tierra es sagrada y ellos tienen varias demandas pendientes bajo el tratado de Waitangi de 1840 sobre la tierra plantada por Fletcher Challenge Forests. En su evaluación, el personal de SCS describe "la incertidumbre sobre la propiedad de una parte significativa de las tierras forestales de Fletcher Challenge Forests" como un tema "significativo". Sin embargo, una vez más, esto no impide que SCS otorgue el certificado. De acuerdo al Principio 6 del FSC, "se prohibirá el uso de los organismos genéticamente modificados. ". Desde 1995, Fletcher Challenge Forests ha trabajado con Genesis Research and Development Corporation, la mayor empresa neozelandesa de biotecnología, en el desarrollo de árboles genéticamente modificados. Los evaluadores de SCS reconocen que Fletcher Challenge Forests está involucrada en la investigación de tejidos de plantas genéticamente modificadas. Aunque Fletcher Challenge Forests actualmente no utiliza árboles genéticamente modificados en sus plantaciones, en vez de discutir si las investigaciones de Fletcher Challenge Forests están en contradicción con el espíritu de los principios del FSC, el resumen público de la evaluación simplemente dice: "todos los materiales son clasificados como de bajo riesgo y el laboratorio cumple totalmente con los requerimientos regulatorios". En 1999, Fletcher Challenge Forests, Genesis, Monsanto, International Paper y Westvaco anunciaron una joint venture de US$60 millones. La empresa del joint venture, llamada ArborGen, producirá y comercializará semillas genéticamente modificadas, centrándose en el pino radiata y eucalipto en Nueva Zelanda. Monsanto dejó más tarde de ser socio activo de la empresa. Tanto si Fletcher Challenge Forests emplea semillas genéticamente modificadas en sus propias plantaciones como si, siendo parte del joint venture ArborGen, las vende a otras empresas forestales, Fletcher Challenge Forests está efectivamente utilizando organismos genéticamente modificados y promoviendo su uso en operaciones forestales. El determinar si Fletcher Challenge Forests está por ende en incumplimiento de los principios del FSC seguramente debería ser un tema que los evaluadores tendrían que analizar en el resumen público de la evaluación. Sin embargo, al describir las actividades de desarrollo e investigación de Fletcher Challenge, los asesores concluyen que "la compañía tiene un claro compromiso con los principios del FSC". Tres de los cuatro evaluadores contratados por SCS para
llevar a cabo la evaluación de las operaciones de Fletcher Challenge
Forests trabajan para la compañía neozelandesa Forest Research. En 1982,
Forest Research auspició una reunión sobre investigación genética con
pino radiata. En setiembre de 1995, los invernáculos del instituto en
Rotorua estaban repletos de pino radiata genéticamente modificado. Forest
Research también lleva a cabo proyectos financiados por Fletcher Challenge
Forests. ¿Podrá esto tal vez explicar la aceptación sin preguntas de los
evaluadores de las investigaciones de Fletcher Challenge Forests en árboles
genéticamente modificados? (Boletín especial, Febrero 2001) Aracruz: el traje del emperador Luego de la movida de Aracruz para solicitar la certificación del FSC para sus plantaciones de eucalipto en el estado de Bahía -evitando al mismo tiempo la polémica cuestión del despojo de las tierras de los Tupiniquim y Guaraní como consecuencia de las plantaciones de la compañía en el estado de Espírito Santo- gran número de organizaciones y personas preocupados por el tema realizaron un seminario el pasado mes de octubre en Vitoria, Espírito Santo, a efectos de analizar este amenazante escenario. Dado que la firma certificadora SCS no había cumplido con una serie de requisitos establecidos por el FSC en cuanto a participación y consulta, el 22 de octubre los asistentes al seminario les dirigieron una nota cuestionando el proceso de certificación parcial y solicitándoles la postergación de los encuentros de consulta (ver Boletín 28 del WRM). La postergación de la auditoría de campo que SCS tenía prevista para las primeras semanas de noviembre demuestra que, una vez más, se ha demorado la certificación, lo que parece ser un signo de que la presión ejercida por la sociedad ha sido exitosa, por lo menos hasta ahora. Sin embargo, el hecho de que la firma no haya respondido a la carta que le fue dirigida está generando preocupación. No resulta claro quién decidió demorar el proceso, cuál es la opinión de FSC-Brasil acerca de esta situación, ni qué puede esperarse para el futuro próximo. Entretanto continúa la resistencia a las actividades de Aracruz. En Bahía, donde la compañía quiere obtener la certificación del FSC, varias organizaciones ya han registrado en fotos, videos y entrevistas una serie de impactos de la actividad de Aracruz. Asimismo, varios de los impactos de sus plantaciones en Espírito Santo ya han sido documentados y se sigue trabajando en este sentido. También se está redactando el texto de una nueva carta a ser enviada a SCS y a FSC-Brasil. En este marco, Aracruz sigue empeñada en intentar convencer a la opinión pública y a las autoridades de que sus actividades de plantación no provocan en absoluto un impacto ambiental negativo. A fines de noviembre la firma recibió la vista del agrónomo Almir Bressan, del Ministerio de Medio Ambiente, y del biólogo Pedro Burnier, del Ministerio de Agricultura, a su "microcuenca" experimental de 286 hectáreas de superficie en Espírito Santo. En ese estado, Aracruz está planeando duplicar su actual área plantada de 175.000 hectáreas en un período de 10 años. La compañía dice haber realizado evaluaciones de impacto ambiental de los monocultivos de eucalipto sobre el ciclo hidrológico y estudiado su relación con ecosistemas vecinos, como la mata atlántica, que se encuentra en vías de desaparición. Según Aracruz, los resultados del balance hidrológico efectuado demuestran que el déficit de agua provocado por las plantaciones de eucalipto es semejante al registrado en el bosque de la mata atlántica. Sin embargo, lo que Aracruz no dice es que dicha "microcuenca" experimental fue establecida recién en 1994 -cuando ya se había realizado una masiva plantación de eucalitos en la región -con lo cual se está ignorando que los impactos sobre los recursos hídricos locales ya habían empezado a ocurrir antes de que empezara el experimento. A su vez, si bien la empresa dice que los resultados arrojaron tan sólo una pequeña diferencia entre los balances hidrológicos bajo plantación y bosque nativo, no suministra la información y solamente da algunas cifras correspondientes al período octubre 1995 -octubre 1996. Cuando se les solicita concretamente la información -como hiciéramos nosotros en 1997- la respuesta es que la misma está disponible en el IBAMA .... ¡en Brasilia! Los aspectos vinculados con la escala del proyecto no son tenidos en cuenta, dado que lo que se supone ha sido probado para una pequeña área puede resultar completamente inaplicable para 350.000 hectáreas, que es la superficie que la compañía está planeando ocupar con monocultivos de eucalipto en los próximos diez años. Por último, pero no por ello menos importante, es importante recordar que las evaluaciones de impacto ambiental nunca son neutrales. Como muestra de lo anterior, es interesante subrayar que el referido Sr. Burnier -que será una de la personas encargadas de conceder o denegar el permiso para la extensión de las plantaciones de Aracruz en Espírito Santo- fue hasta hace algún tiempo uno de los directores de la empresa. Más allá de sus estudios de "microcuenca" y de sus
académicos rentados, el hecho es que las realidades de
"macrocuenca" muestran un panorama completamente diferente.
Quienquiera que visite la región acompañado por gente del lugar podrá ver
que numerosos cursos de agua -donde solían bañarse y pescar- se han
secado, podrán ver también que los pozos se han vaciado y que incluso las
aguas de un río -el San Domingos- han dejado de fluir. Y todo ello sucedió
después que Aracruz comenzó a plantar eucalipto. Es obvio que Aracruz
está intentando ocultar la realidad bajo un disfraz
"científico". Pero a pesar de todos sus esfuerzos, el emperador
sigue estando -como en el cuento- completamente desnudo. (Boletín
29, diciembre 1999) ¿El FSC certificará las plantaciones de Aracruz Celulose? La credibilidad a futuro del Consejo de Manejo Forestal (FSC) se encuentra en una encrucijada. Aracruz Celulose, una de las mayores compañías plantadoras del globo y el mayor productor mundial de pulpa blanqueada de eucalipto, ha solicitado la certificación del FSC para una porción de sus tierras (95.500 hectáreas, de las cuales 56.500 plantadas con eucaliptos) localizada en el estado de Bahia, Brasil. Para quienes han estado siguiendo y apoyando la lucha de los pueblos indígenas Tupinikim y Guaraní contra dicha compañía, esto puede constituir una sorpresa mayúscula. Tras años de lucha la empresa -con la colaboración de las fuerzas de seguridad del estado brasileño- impuso el año pasado una "solución" a los indígenas (ver detalles en el Boletín 11 del WRM). No obstante queda claro que Aracruz usurpó vastas áreas de su territorio y que el futuro de este acuerdo impuesto es incierto. Esto es lo que muy claramente han expresado recientemente los Tupinikim y Guaraní en su "carta abierta a la población" fechada el 3 de setiembre de 1999. Esta es posiblemente la razón por la cual la compañía todavía no ha solicitado la certificación de sus plantaciones en el estado de Espirito Santo -hogar de dichos pueblos indígenas- y en cambio ha iniciado el proceso en el vecino estado de Bahia. Si la empresa logra obtener la certificación del FSC allí, entonces posiblemente haga una solicitud para sus demás plantaciones. Sin embargo, los impactos sociales y ambientales de sus plantaciones en gran escala están también documentados y la oposición local es tan fuerte en Bahia como en Espirito Santo. De manera que no le resultará fácil a Aracruz obtener lo que quiere: la certificación otorgada por una institución prestigiosa como el FSC. Mucho dependerá de si la empresa certificadora, con sede en los EE.UU. (Scientific Certification Systems -SCS) lleva o no adelante una evaluación realmente independiente y participativa. Si opta por hacer lo primero, estamos seguros de que las plantaciones de Aracruz no serán certificadas. Desgraciadamente, los primeros pasos que ha dado han sido -por decir lo menos- preocupantes. Más de 50 organizaciones regionales y locales, así como personas individuales, ya han hecho llegar su queja a SCS mediante una carta firmada el 1ro. de setiembre de este año por el no cumplimiento de los lineamientos del FSC respecto de la participación de los interesados. Creemos que los miembros del FSC deben monitorear este
proceso muy de cerca, ya que está en juego la futura credibilidad de la
certificación en general y del FSC en particular. Aracruz -al igual que el
eucalipto- simboliza un tipo de forestación que genera negativos impactos
sociales y ambientales en gran escala. Lo mismo puede decirse de la mayoría
-si no de todas- las compañías plantadoras y de otras especies forestales
utilizadas para la instalación de monocultivos en gran escala. Sin embargo
Aracruz, que tiene una historia cargada de ocupación de tierras indígenas
y de otras poblaciones locales, de deforestación, de destrucción de los
recursos naturales, de desaparición de plantas y animales nativos, se
presenta a sí misma como ambiental y socialmente responsable. La obtención
de la certificación del FSC significaría su victoria final y dejaría la
puerta abierta para la certificación de plantaciones de gran escala en todo
el mundo. ¿Los delegados de ONGs miembros del FSC habrán de permitirlo?
(Boletín 26, agosto 1999) Brasil: certificación del FSC para Aracruz suspendida La noticia de que el gigante de la pulpa blanqueada de eucalipto Aracruz Celulose había solicitado la certificación del FSC provocó una conmoción en los dos estados brasileños -Bahía y Espírito Santo- donde opera. Como consecuencia, un gran número de organizaciones e individuos preocupados por la expansión de los monocultivos forestales en la región -comprendidos los de Aracruz, los de Bahía Sul y los de Veracel- se unieron para evitar que esa compañía recibiera la aprobación del FSC. Las actividades conjuntas y coordinadas de las organizaciones involucradas culminaron en un seminario que tuvo lugar en Vitoria, Espírito Santo, los días 15 y 16 de octubre ppdos. Entre los participantes se contaban representantes de organizaciones de pueblos indígenas, ONGs, sindicatos, pescadores, académicos, comunidades afrobrasileñas, periodistas, parlamentarios, etc. En el seminario se analizaron los impactos de las actividades de Aracruz en el marco de los principios y criterios del FSC y se acordó participar activamente del proceso de consulta que se estaba implementando por parte de la firma certificadora SCS. Dado que SCS no ha cumplido con una serie de requerimientos establecidos por el FSC respecto de la participación y la consulta, los participantes del encuentro decidieron enviar una carta pidiendo la postergación de los encuentros de consulta. Dicha carta (disponible en idioma inglés en: http://www.wrm.org.uy/english/plantations/material/Aracruz/report1.htm ), fue enviada el 22 de octubre y hasta el día de hoy (16 de noviembre) no se había recibido ninguna respuesta. Ahora FSC-Brasil informa que el proceso de certificación ha sido por el momento suspendido debido a deficiencias en el proceso denunciadas por organizaciones de la sociedad civil. Al mismo tiempo el "acuerdo" impuesto por Aracruz a los Tupinikim y Guaraní en Espírito Santo ha empezado a ser cuestionado. El 11 de noviembre ppdo. se realizó una manifestación indígena frente a la fábrica para expresar su disconformidad. Alrededor de 500 indígenas, entre los cuales mujeres, hombres y niños provenientes de los poblados de Caieiras Velhas, Pau Brasil, Irajá, Boa Esperança y Três Palmeiras participaron de la manifestación. La misma contó con el apoyo de representantes de la CUT (Central Unica de Trabajadores), el MST (Movimento dos Sem-Terra) y del PT (Partido de los Trabajadores). Los indígenas rechazaron la acusación de la empresa de que ellos estaban cambiando tierras por dinero y repudiaron la actitud arrogante de la misma, que se negó a recibirlos. A pesar del enorme poder que ostenta, Aracruz se
encuentra en una posición débil. Conociendo su trayectoria en lo que
respecta a los pueblos indígenas, la empresa está tratando de conseguir la
certificación del FSC sólo para sus plantaciones en Bahía, evitando de
esta manera el espinoso tema del despojo de tierras a los pueblos indígenas
en el estado vecino de Espírito Santo. Pero aún en Bahía se ha demostrado
que los impactos de las plantaciones son tan grandes que es muy improbable
que consiga la certificación. La credibilidad del propio FSC está en juego
en este proceso de certificación. En caso de que eventualmente Aracruz
fuera certificada, la mayoría de las ONGs que participan del FSC
seguramente se retirarían, de modo que la organización perdería el apoyo
que necesita para seguir teniendo credibilidad. (Boletín 28, noviembre
1999) Costa Rica: el bluff del "oro verde" Las críticas que se formulan a las plantaciones forestales se dirigen generalmente a los monocultivos de eucaliptos y de pinos y a sus efectos negativos desde el punto de vista social y ambiental. Aquí les presentamos un caso diferente, basado en interesantes comentarios -cuyos fragmentos más relevantes transcribimos- que hemos recibido en relación con un libro recientemente publicado sobre un proyecto de plantación de teca en Costa Rica, cuya autor es el Dr. P. Romeijn: "Ha salido un libro interesante: 'Oro Verde - Sobre variaciones acerca de la verdad en la silvicultura de plantaciones' (título original: 'GREEN GOLD - On Variations of Truth in Plantation Forestry'). El mismo da cuenta en forma metódica de los aspectos técnicos, legales, políticos y éticos ligados a una plantación de teca establecida en Costa Rica por la compañía holandesa "Flor y Fauna", y de la sorprendente secuela de acontecimientos a que dio lugar. El mayor grupo ambientalista del mundo, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF - World Wide Fund for Nature) junto a una de las principales compañías de seguro y bancarias de Holanda, OHRA, rápidamente se asociaron en este negocio. Este raro trío promovió la inversión en dicho proyecto, presentándolo como 'verde' y ético, realizando al mismo tiempo un paralelo con inversiones en 'oro verde', dada su sorprendentemente alta tasa de ganancia esperada. Las tasas de retorno ofrecidas a los inversores se basaban en estimaciones de producción 'científicamente correctas' y 'conservadoras' de 1.000 metros cúbicos de madera de valor comercial por hectárea a la edad de 20 años. Estos guarismos, se aseguraba, se basaban en 'experiencias locales'. Miles de ciudadanos, desconocedores de la situación real, fueron convencidos por una campaña publicitaria sin precedentes dirigida a promover inversiones y por la credibilidad derivada de la suscripción al proyecto por parte de la WWF, la participación de la compañía de seguros OHRA, y el consiguiente apoyo por parte de Rainforest Alliance y el Forest Stewardship Council (FSC). 'La WWF ha afirmado que, desde el punto de vista ecológico y financiero, las plantaciones de Flor y Fauna constituyen un ejemplo a nivel mundial' decía una de las propagandas de Flor y Fauna. Rápidamente millones de dólares afluyeron al proyecto. El caso fue presentado al Parlamento holandés mediante documentos de apoyo al mismo por parte del Ministerio de Agricultura y del Ministerio de Cooperación Internacional. OHRA consideró al proyecto como un ejemplo de 'moderna ayuda al desarrollo' y un medio de promover la conservación de los bosques en Costa Rica. El proyecto recibió la certificación de Rainforest Alliance como 'bien manejado', de acuerdo con los principios de manejo forestal suscritos por el Forest Stewardship Council. El mismo resultó ser tan atractivo que el propio FSC suscribió públicamente el certificado expedido por Rainforest Alliance, si bien en ese entonces esta organización aún no había sido acreditada como certificador oficial del FSC en lo que respecta a plantaciones. Seguidamente fue lanzada una campaña publicitaria de gran magnitud con el fin de informar -incorrectamente- a la gente de que el proyecto había sido 'certificado por el FSC', organización ésta apoyada por una amplia gama de grupos ambientalistas, y más conocida que Rainforest Alliance a nivel de la opinión pública holandesa. Las inversiones en el proyecto siguieron aumentando. Sin embargo tiempo después el Comité Holandés de Padrones para la Publicidad (Dutch Advertising Standards Committee) manifestó que dicha propaganda era 'engañosa'. Decenas de iniciativas para establecer plantaciones forestales similares a la referida por parte de holandeses -la mayoría de las cuales en Costa Rica- siguieron el ejemplo de la primera en un intento por convertir en dinero la impresionante receptividad del público a un tipo de inversión considerado como visionario, ejemplar, verde y rentable. Era un sueño hecho realidad. Pero los sueños rápidamente se desvanecieron. A fines de 1995 una pareja de periodistas investigadores del más reconocido programa de comentarios y noticias en la TV holandesa -NOVA- desenterró un informe confidencial del proyecto, realizado dos años antes por encargo de la oficina principal de WWF-Internacional a efectos de clarificar los acuerdos comerciales realizados entre WWF-Holanda, OHRA y Flor y Fauna. Entre las sorprendentes conclusiones del informe mencionemos las siguientes: - WWF se encontraría participando de operaciones comerciales con cuestionables implicancias desde el punto de vista técnico, financiero y ético. - Sería conveniente aclarar si la realización de publicidad exagerada, como a la que se hace referencia en el informe, constituye una violación a la legislación en la materia vigente en Holanda. - Los rendimientos esperados a que se alude '. . . exceden en 4 veces los valores considerados como de alto rendimiento para teca en buenos suelos, lo que puede ser considerado un fraude'. Una embarazosa situación adicional se generó cuando se hizo público que WWF sería 'compensada' con el pago de U$S 86 millones por haber suscrito el proyecto. Ello, de acuerdo con WWF-Holanda, constituye 'el 5% de lo facturado por la sección Teca VI de la plantación'. Teca VI comprende solamente a una parte de la plantación realizada en 1993 y equivale a una superficie de 750 hectáreas. Tiempo después WWF también suscribió las secciones Teca VII y VIII, que comprenden un área adicional de 820 hectáreas, sujetas a 'compensaciones' proporcionales. La superficie total implantada por Flor y Fauna en Costa Rica excede las 3.000 hectáreas. En sucesivos intentos por justificar lo injustificable, Flor y Fauna, OHRA, la WWF y Rainforest Alliance fueron acomodando sus argumentos y posiciones, cayendo en contradicciones cada vez más flagrantes, con lo cual su imagen y credibilidad se deterioraron. Esta intención de ir haciendo variar 'la verdad' según conviniera dio lugar al subtítulo del libro: 'Sobre variaciones acerca de la verdad en la silvicultura de plantaciones' Frente a tal situación, las inversiones en el proyecto rápidamente se frenaron, en tanto el mismo pasó a la órbita de la investigación judicial. Entre los que resultaron más seriamente perjudicados luego de que se conocieran aspectos internos del proyecto vinculados con la especulación y el fraude, se destacan el WWF, inversores individuales, la credibilidad del FSC y de Rainforest Alliance, la reputación de la profesión forestal en Holanda y la confiabilidad de las inversiones forestales en los trópicos." Este caso nos muestra otro aspecto del modelo basado en
plantaciones: prácticas comerciales reñidas con patrones éticos, que
buscan atraer a inversores desprevenidos, a quienes se les intenta mostrar
que las plantaciones no sólo constituyen un negocio provechoso, sino
también "verde". Un enfoque similar es el de las compañías que
promueven la inversión en monocultivos de eucalipto por parte de pequeños
propietarios, prometiéndoles una alta rentabilidad sostenida en un período
de diez o doce años, sin tener en cuenta la inestabilidad de los mercados
mundiales. (Boletín 21, marzo 1999) Sudáfrica: ¿Quo vadis FSC? La certificación por parte del FSC (Consejo de Manejo Forestal) de plantaciones de árboles en régimen de monocultivo como "bosques manejados de manera sustentable" constituye una burla al concepto de ambiente sustentable y manejo ecosistémico. En los últimos años, el FSC ha otorgado su sello de aprobación a vastas extensiones de plantaciones forestales industriales en Sudáfrica y muchos otros países. ¿Cómo puede explicarse esto? La vegetación natural sobre la que se han establecido estas plantaciones era originariamente de praderas o bosques con altos niveles de biodiversidad. Luego de su conversión en plantaciones, estas áreas tienen poca o ninguna chance de retornar a su vegetación climáxica. El ambiente ha sido sometido a una espantosa gama de impactos negativos, empezando por la construcción de caminos rudimentarios y terminando con el accionar de enormes cosechadoras mecánicas computarizadas, que compactan el suelo y alteran de ese modo sus funciones. En medio de estos eventos catastróficos desde el punto de vista ambiental, la tierra y la vida de los legítimos habitantes de estas zonas están expuestas a una amplia serie de alteraciones químicas, físicas, biológicas y demográficas. Todo ello forma parte de un proceso que les es impuesto para satisfacer las demandas determinadas por la avidez consumidora de productos de fibra de madera en el Primer Mundo: 1.- Como primera medida, el tapiz vegetal natural es eliminado mecánicamente o utilizando herbicidas, para evitar que compita por agua, luz y nutrientes con los árboles exóticos de las plantaciones. 2.- Los árboles exóticos son artificialmente fertilizados a fin de asegurar su establecimiento, a la vez que se incorporan al suelo otros productos químicos artificiales para que absorban humedad y eviten que las plántulas se sequen. 3.- Derrames de herbicidas, insecticidas, combustible, aceite de motor y otros residuos humanos ingresan al ambiente natural sin haber sido invitados. 4.- Plantas invasoras exóticas, transportadas como semillas en los neumáticos de los vehículos y en las botas de los trabajadores se establecen fácilmente en el vacío generado por la destrucción de la cubierta vegetal natural. 5.- Generalmente los contratistas plantadores no ofrecen instalaciones sanitarias adecuadas a los trabajadores. De modo que las heces humanas son depositadas directamente sobre el terreno, lo que lleva a la contaminación de los cursos y cuerpos de agua con bacterias tales como las que causan el cólera. El reciente brote de cólera en la región este de Sudáfrica bien puede haberse originado de esta fuente. 6.- Los trabajadores contratados reciben bajos salarios y no les queda otra opción que construir viviendas precarias en los bosques cercanos a la plantación donde trabajan, lo que resulta en importantes daños ambientales. 7.- Los animales terrestres y aves perturbados por el establecimiento de las plantaciones huyen a otras áreas, siempre que no sean cazados o atrapados para servir de alimento al personal que allí trabaja. 8.- La población local que tendría acceso al área si ésta no hubiera sido ocupada por plantaciones, la podría haber utilizado como área de pastoreo para su ganado, para la recolección de quincha para el techado de sus casas y para obtener comida y plantas medicinales para su propio limitado uso. Ahora se ven privadas de este recurso y forzadas a trasladarse a zonas previamente no perturbadas en búsqueda de esos medios de vida. Ello lleva frecuentemente a conflictos con los encargados de las áreas naturales protegidas. 9.- El agua superficial en las proximidades de las nuevas plantaciones se agota rápidamente y los cuerpos de agua sólo se vuelven visibles durante la estación de lluvias. La gente debe recurrir al uso de pozos de agua, que a menudo son salinos o están contaminados con bacterias provenientes de heces humanas. 10.- Los trabajadores de las plantaciones son generalmente hombres solteros provenientes de otras zonas del país y en gran medida de países limítrofes. Ello a menudo resulta en el problema de acoso sexual a las mujeres de las comunidades locales. Como consecuencia de esta situación se presentan casos de embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y destrucción de vínculos personales. Hay una alta probabilidad de que el incremento de la incidencia de infección con VIH en las zonas rurales de KwaZulu Natal pueda ser en parte atribuible a las prácticas de empleo de la industria plantadora. 11.- Estos trabajadores contratados agregan una dimensión adicional a las necesidades de cobertura sanitaria a nivel local. En efecto, quienes provienen de remotas zonas rurales en países vecinos pueden ser portadores de enfermedades tales como malaria y tuberculosis. Se ha constatado un aumento de la incidencia de ambas enfermedades en los últimos 15 a 20 años, período que coincide con el de la expansión de las plantaciones industriales. 12.- La pérdida de organismos beneficiosos del suelo como consecuencia de este tipo de plantaciones forestales está bien documentada. Los monocultivos son por su propia naturaleza susceptibles a la rápida expansión de organismos patógenos. Los controles naturales presentes en ecosistemas biodiversos no pueden replicarse en el ambiente uniforme de los monocultivos forestales. 13.- El establecimiento de las plantaciones altera el balance natural de las especies ya que generan barreras que alteran los patrones normales de migración y de reproducción de aves, animales terrestres e insectos. 14.- La seguridad alimentaria de la comunidad resulta ser una de las primeras víctimas de las plantaciones. Las áreas utilizadas tradicionalmente para el cultivo de frutas y hortalizas se vuelven demasiado secas o excesivamente sombreadas cuando las plantaciones son establecidas demasiado cerca de las fértiles áreas que bordean ríos y arroyos. Los pocos habitantes que allí quedan se ven obligados a utilizar sus magros ingresos (generalmente jubilaciones) para adquirir alimentos procesados en los comercios locales. 15.- Los sistemas de transporte, en especial las carreteras, están sujetos a elevados niveles de uso, para el que no fueron diseñados. Dado que generalmente es el Estado el que carga con los costos de mejoramiento y mantenimiento de los caminos rurales, en definitiva la industria maderera se está beneficiando de un subsidio indirecto. 16.- Los efectos negativos sobre las granjas vecinas, que no se dedican a la producción de madera, son numerosos. Análogamente a la forma en que los cultivos genéticamente modificados contaminan los cultivos no genéticamente modificados u orgánicos de los campos vecinos, las plantaciones provocan impactos que minan la viabilidad económica de los granjeros. Entre ellos se cuenta el incremento de la invasión por plantas exóticas, la pérdida de agua subterránea, el incremento de los niveles de delincuencia y caza furtiva, y la alteración en el normal manejo de las pastaras utilizando el fuego, debido al riesgo de que el fuego se extienda a las plantaciones. Las plantaciones forestales a gran escala destruyen ecosistemas enteros y a las economías rurales. Por alguna extraña razón esta calamidad es ignorada por las autoridades y los institutos de investigación. Debería ser de incumbencia de una organización como el FSC insistir en que se realice en cada caso una investigación exhaustiva e imparcial antes de que se pueda pensar en una certificación. Falsos bosques han ocupado el lugar del paisaje natural. Falsos no sólo porque sus dueños pretenden mostrarlos como si fueran realmente capaces de sustituir a los verdaderos bosques, sino también porque se exagera acerca de sus supuestos beneficios económicos a nivel local. No hay duda alguna de que un producto de consumo como el papel o los tableros de fibra tienen gran valor para la sociedad moderna. Pero lo que no es aceptable es que la tasa de consumo de papel y derivados siga creciendo, mientras que lo mismo no sucede con el nivel de vida de las comunidades pobres en los lugares donde se produce la madera. El aumento de la cultura del use y tire en los países llamados desarrollados está directamente relacionado con la degradación del ambiente y del nivel de vida de los países que han sido colonizados por las multinacionales y sus plantaciones forestales. El FSC debe asumir gran parte de la responsabilidad por esta injusticia social y ambiental. ¡Las plantaciones no son bosques! (Boletín 45, abril
2001) Sudáfrica: algo parece andar mal Sudáfrica es quizá el país en el que surgen más claramente las contradicciones de la certificación de plantaciones por parte del FSC. De las tres principales empresas forestales, dos de ellas tienen extensas áreas de plantaciones certificadas. Mondi posee 431.301 hectáreas y SAFCOL 271.362. La tercera empresa (SAPPI) está siguiendo la misma política y ya ha iniciado el proceso de certificación con 48.507 hectáreas certificadas. En total, 828.128 hectáreas de plantaciones ya han recibido el sello de aprobación del FSC --todas certificadas por la firma británica SGS Qualifor-- y más seguirán el mismo camino. Sin embargo, un amplio número de personas y organizaciones en Sudáfrica se están oponiendo a esas mismas plantaciones debido a sus impactos sociales y ambientales. Muchas personas fueron expulsadas de esas tierras --en particular durante el régimen del Apartheid-- para posibilitar la plantación de árboles y no recibieron beneficio alguno de las mismas. Las especies plantadas no sólo ocuparon unos 2 millones de hectáreas de tierras fértiles, sino que además han invadido otros dos millones de hectáreas a través de la dispersión espontánea de sus semillas. Tanto las plantaciones mismas como las áreas invadidas han dado lugar a graves impactos sobre el recurso hídrico --un recurso escaso en Sudáfrica-- y por ende sobre la gente y la biodiversidad. Sudáfrica es un país con una enorme biodiversidad y la mayor parte de su flora y fauna no está localizada en bosques sino en praderas y humedales. El país siempre ha contado con una relativamente pequeña superficie de bosques. Ninguna de las empresas forestales puede por tanto ser acusada de haber causado deforestación. Sin embargo, ciertamente pueden ser acusadas de haber degradado enormes áreas del ecosistema predominante del país --la pradera-- que constituye la base de sustentación para su muy diversa y única fauna y flora. Las contradicción es entonces clara. Por un lado, una
empresa certificadora --acreditada ante el FSC-- le está diciendo a la
gente que estas plantaciones son sustentables. Por el otro lado, redes
locales tales como Timberwatch, han sido creadas para oponerse a esas mismas
plantaciones debido a su básica insustentabilidad. Algo parece andar mal y
el FSC debería analizar el tema muy de cerca. (Boletín especial, Febrero
2001) Tailandia: industria forestal estatal genera controversia
con la certificación forestal La principal agencia maderera tailandesa --la estatal Organización Forestal Industrial (FIO)-- procura la certificación de sus plantaciones y actividades de ecoturismo como forma de salir de sus problemas financieros, así como de disimular su nefasto pasado. Fundada en 1947 como empresa del estado con el mandato de administrar las concesiones de madereo en los bosques del país, la FIO opera en la órbita del Real Departamento Forestal (RFD) del Ministerio de Agricultura y Cooperativas. Cuando se estableció, la agencia tenía como tareas principales: la explotación de teca y otras especies en zonas de concesión, el maderero en zonas de no-concesión, incluyendo áreas destinadas a represas y lagos artificiales, y el uso o venta de madera cortada confiscada o importada ilegalmente a Tailandia. En 1988 la agencia tuvo ingresos totales del orden de los U$S 37 millones y ganancias anuales de alrededor de U$S 4 millones. Pero en 1989 el gobierno tailandés declaró una moratoria para las concesiones madereras en todo el país, dejando a la agencia sin la posibilidad de extraer madera de los bosques nativos. Con la caída en los ingresos por madereo, a inicios del 2000 la misma había acumulado deudas que sumaban U$S 11,6 millones. Con el pasar de los años la FIO se ha visto envuelta en una serie de controversias acerca de sus planes y actividades de corta. Especialmente polémico resultó su plan de principios de la década de 1990 para cortar 24.000 hectáreas de un bosque primario de pino en Ban Wat Chan, Provincia de Chiang Mai, al norte del país. Dicho plan fue eventualmente cancelado dada la oposición de 4.000 comunidades étnicas Karen que habían vivido en la zona durante más de un siglo y estaban preocupadas por los impactos que la corta de los bosques de sus cuencas tendría sobre sus vidas. En 1994 la policía descubrió madera rolliza en un área protegida y tras una investigación determinó que la misma pertenecía a la FIO, por lo que inició un juicio contra la agencia, alegando que ésta estaba implicada en prácticas ilegales de madereo. En la etapa post-moratoria, aparte de dedicarse al remate de madera ilegal, la FIO se ha centrado en las plantaciones forestales comerciales y en el procesamiento de madera. Actualmente la agencia posee un total de 160.000 hectáreas de plantaciones, mayormente de teca, caucho y eucalipto. La FIO es dueña de tres aserraderos para el procesamiento de teca y otras especies y la producción de muebles, puertas y ventanas para el mercado local. Además, la FIO es el mayor accionista de la Compañía Tailandesa de Compensados, que fue creada como una organización aparte de la FIO para procesar madera con este fin. La agencia se dedica a la plantación de especies forestales de valor comercial --como teca y eucalipto-- en vastas áreas de bosques "degradados", que a menudo son realmente áreas de bosques degradados por las concesiones de corta otorgadas por la propia FIO y el RFD. Para asegurarse un continuo suministro de madera de las plantaciones, la FIO utiliza el trabajo de los pobladores locales que habitan en las cercanías de las áreas de plantación. Desde la década de 1980 las comunidades locales en Tailandia se han venido oponiendo a las plantaciones forestales en gran escala --en especial las de eucalipto-- que se apropian de sus tierras agrícolas y eliminan los bosques comunales, producen escasez de agua y erosión del suelo. A partir de 1996 muchas comunidades del noreste de Tailandia incluso han logrado forzar al gobierno a eliminar árboles de eucalipto y devolverles su tierra para el uso agrícola y la recuperación de los bosques comunales. Algunas de estas áreas incluyen plantaciones de eucalipto de FIO. Permaneciendo sin embargo ciega y sorda a la controversia generada por sus plantaciones forestales con fines industriales, la FIO planea establecer 240.000 hectáreas de plantaciones de teca, eucalipto y otras especies a lo largo y ancho de todo el país. Actualmente, la agencia está procurando la certificación de su madera y productos forestales, como una solución de largo plazo para sus problemas financieros. Para la "certificación" ha elegido dos plantaciones de teca, que ocupan 320 hectáreas en las provincias de Kanchanaburi y Phitsanulok. SmartWood --una organización ambientalista sin fines de lucro, acreditada ante el Consejo de Manejo Forestal (FSC)-- está llevando adelante el proceso de certificación. La certificación del FSC habilitaría a la FIO a acceder a los mercados en los países industrializados aduciendo que su madera proviene de fuentes "sustentables" y "bien manejadas". Del 1 al 7 de octubre del 2000 un equipo de SmartWood visitó Tailandia con la finalidad de evaluar las dos plantaciones de FIO. SmartWood debía escribir un informe y decidir si ambas plantaciones podían o no ser certificadas para fines de ese año. Si la acreditación resulta exitosa, la FIO planea extenderla a sus 138 plantaciones durante los próximos cinco años. Actualmente SmartWood ha sometido su informe a la FIO para que la agencia haga algunas aclaraciones. La misma espera que la certificación quede terminada para fin de año. Acerca de si las controversias y escándalos que comprometen a FIO por sus anteriores proyectos de corta y de plantaciones habrían de figurar en la evaluación, Jay Blakeney, jefe del equipo de SmartWood para la evaluación de las plantaciones, manifestó: "La evaluación que hace SmartWood generalmente se centra en la unidad de manejo forestal. El sistema de evaluación no considera los errores históricos ni otros aspectos institucionales". Entretanto la FIO ha estado preparando un plan de manejo junto a SSC Natura (Scandiaconsult Natura, antes Swedforest International AB), una consultora forestal sueca que opera desde 1993. Contando con un subsidio del gobierno sueco por U$S 400.000, dicho plan prevé que la FIO entrará en el negocio del ecoturismo. La agencia procurará obtener fondos para esta actividad a través del Banco Japonés para la Cooperación Internacional (JBIC), que serán utilizados en la generación de puestos de trabajo en áreas protegidas destinadas al turismo. En cooperación con la Oficina Tailandesa de Turismo, la FIO ya ha empezado a construir cuatro centros de ecoturismo a un costo de U$S 3,3 millones cada uno. Uno de ellos se localiza en los bosques de Ban Wat Chan. Comunidades locales y ONGs preocupadas de la zona han protestado porque los planes de ecoturismo ponen en riesgo estos bosques y sus cuencas. Los pobladores locales han manifestado que la expansión del sistema vial sobre las colinas boscosas provocará erosión de suelo y la degradación del bosque. Al tiempo que los planes de FIO para corta de madera,
ecoturismo y plantaciones forestales continúan amenazando los bosques y
medios de vida de las comunidades locales en Tailandia, la certificación de
sus plantaciones de hecho fomentaría la postergación de la adopción de
cambios estructurales imprescindibles por parte de la agencia. Luego de la
certificación, ésta seguirá sacando beneficios de sus destructivas
operaciones de madereo y plantaciones de monocultivos forestales en gran
escala. Como consecuencia, el establecimiento de "pautas de
acción" para el manejo de las plantaciones, así como la
certificación del madereo "sustentable" resultan completamente
inadecuados para frenar la continua degradación de los ecosistemas
forestales y la destrucción de los medios de vida de las comunidades, que
la FIO viene provocando. Enfrentar a la FIO significa entonces cuestionar su
enfoque ideológico, basado en una "ciencia" forestal
esencialmente viciada, que tiene una visión reduccionista de la complejidad
de los ecosistemas naturales y las necesidades vitales de las comunidades
étnicas y locales que dependen de ellos. (Boletín 41, diciembre 2000) Tailandia: Consejo de Manejo Forestal (FSC) certifica a principal empresa
maderera En julio de 2001 la Forestry Industry Organisation (FIO), la principal empresa maderera de Tailandia, de propiedad del estado, recibió la certificación de "manejo sustentable" para dos de sus plantaciones de teca. La certificación fue otorgada por SmartWood, una organización de certificación de manejo forestal autorizada por el Consejo de Manejo Forestal (FSC), que ayudaría a la agencia a resolver sus problemas financieros y también a ocultar su pasado infame. La Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (SIDA) que proporciona ayuda a países en vías de desarrollo apoyó el proceso de certificación de la FIO, financiando a SCC Natura (previamente Swedforest International AB), una compañía sueca de consultoría forestal, para la elaboración de un plan de manejo comercial. La FIO fue fundada en 1947 como una empresa forestal propiedad del estado, con el mandato de administrar las concesiones de madereo en los bosques de Tailandia. En el pasado, la FIO se vio envuelta en controversias respecto a algunos proyectos de madereo y plantaciones sospechosos y por acumulación de deudas. A fines de los años 90, las deudas de la compañía ascendían a casi 12 millones de dólares, después de que el gobierno tailandés decretara en 1989 la prohibición a nivel nacional de las concesiones de madereo, lo que privó a la agencia de sus ingresos por madereo. La certificación de las plantaciones de la FIO aprobada por el FSC brindaría a la empresa una cuerda de salvamento, permitiéndole la venta de madera "certificada" de fuentes "sustentables" y "bien manejadas" a mercados de Europa y América del Norte. La certificación también apoyaría los actuales esfuerzos de la FIO por rehacer su imagen como agencia de manejo forestal "sustentable". La FIO posee un total de 160.000 hectáreas de plantaciones de árboles, principalmente de teca, caucho y eucaliptos. La FIO también posee tres aserraderos para procesar teca y otras especies. Winai Subrungruang, director gerente de la FIO, afirmó que la compañía había estado practicando un "manejo forestal sustentable" desde 1997 en plantaciones de teca con una superficie 2.880 hectáreas en la provincia de Phitsanulok y 2.480 hectáreas en la provincia de Kanchanaburi. Winai afirmó que el certificado del FSC es válido hasta mayo de 2006; la FIO tiene planes de obtener la certificación del total de sus 134 plantaciones de árboles. Pero la imagen de manejo forestal "sustentable" recién adquirida por la FIO no resiste el examen detallado del notorio pasado de esta agencia. Uno de los proyectos más controvertidos de la FIO fue la tala de 24.000 hectáreas de bosques primarios de pino en Ban Wat Chan en la provincia de Chiang Mai en el norte de Tailandia a principios de los años 90. El bosque de pinos de Ban Wat Chan es el área más grande de pinos nativos y comprende la cuenca principal del río Mae Chaem, uno de más importantes del norte de Tailandia. El gobierno finalmente canceló el plan de madereo de la FIO a fines de 1993, después de la fuerte oposición de 4.000 comunidades de la etnia Karen que han vivido en esa zona durante más de 100 años que estaban preocupadas por los impactos que el madereo de sus bosques produciría sobre sus formas de subsistencia. En 1994, la FIO fue acusada de madereo ilegal después de que la policía encontró troncos en un área de bosques protegidos en Tailandia y descubrió que la madera pertenecía a la FIO. La cantidad de troncos importados desde Birmania pareció exceder la cuota acordada entre la FIO y la dictadura militar de Birmania. Witoon Permpongsacharoen, del grupo ambientalista Towards Ecological Recovery and Regional Alliance (TERRA) con sede en Bangkok, afirmó que tanto las operaciones de la FIO como la subasta de la madera confiscada en realidad contribuyen a aumentar el madereo ilegal en Tailandia. "Las compañías madereras pueden mezclar la madera ilegal de Tailandia con los troncos de origen birmano. Por otra parte, cuando el Departamento Forestal (Royal Forestry Department - RFD) de Tailandia confisca la madera ilegal, los madereros simplemente pueden volver a comprar la madera en la subasta de la FIO, y de esa forma legitiman la madera ilegal", explicó. La FIO se ha enfrentado a la oposición constante de las comunidades locales contra sus plantaciones comerciales, especialmente de las especies de eucalipto en el noreste de Tailandia, calificadas como "reforestación". La agencia establece plantaciones en bosques "degradados", con frecuencia áreas degradadas por concesiones de madereo otorgadas por la FIO y el RFD. Utiliza la mano de obra de los pobladores locales que viven cerca de las plantaciones para asegurar el suministro continuo de madera desde éstas. Alrededor de la mitad de la madera de las plantaciones se le suministra a compañías locales, el 20 por ciento se exporta y el 30 por ciento restante se utiliza en la fabricación de productos para el gobierno y agencias estatales. Desde los años 80, las comunidades locales de Tailandia han luchado duras batallas contra las plantaciones de árboles del gobierno y el sector privado (principalmente productores de eucaliptos), que se apropian de las tierras de cultivo de los pobladores locales y reemplazan áreas boscosas de uso común, conducen a la escasez de agua y a la erosión del suelo, y causan la pérdida de la biodiversidad local. En muchas de estas áreas de plantación, incluso en las plantaciones de eucaliptos de la FIO, las comunidades locales en el noreste de Tailandia han logrado forzar al gobierno a retirar los eucaliptos y devolver las tierras a las comunidades locales para su cultivo y para la recuperación del bosque comunitario. Pero a pesar de estos problemas, el gobierno sueco le otorgó a la FIO una subvención de 400.000 dólares en 1993 para que contratara a SCC Natura, una compañía sueca de consultoría forestal, para elaborar un plan de desarrollo comercial que incluye un plan de "manejo sustentable de las plantaciones". El "manejo sustentable de las plantaciones" apunta a desarrollar un sistema de silvicultura local en tierras deforestadas asignadas por el RFD. Según la FIO, los poblados que trabajarán para las plantaciones de la FIO son "antiguos agricultores migratorios". Aunque los pobladores locales no tiene acceso a la propiedad de la tierra, pueden plantar cultivos comerciales así como poseer algo de tierra para el cultivo permanente de arroz. También sigue siendo objeto de controversia la falta de esfuerzos de SmartWood y FIO para promover la participación más amplia de los pobladores locales y las ONGs en el proceso de certificación. El equipo de SmartWood realizó una visita de una semana a las áreas de las plantaciones de la FIO en octubre de 2000; no se organizaron foros formales ni reuniones para obtener los puntos de vista de las numerosas poblaciones locales afectadas por los proyectos de plantación y madereo de la FIO en el pasado. SmartWood no consultó a los representantes de las redes comunitarias locales, las ONGs ni a los académicos de las distintas partes del país involucradas en el movimiento permanente dedicado a proteger los bosques que todavía existen en Tailandia contra el madereo comercial y las plantaciones industriales de árboles. Resulta claro que el pasado dudoso de la FIO así como las perspectivas del movimiento ambientalista de Tailandia tienen poca importancia en los planes del FSC de imponer la "certificación" y sostener el crecimiento de la industria maderera mundial. "La situación de los bosques de Tailandia es diferente a la de Suecia u otros países del norte. El FSC se estableció para mejorar las prácticas de madereo comercial. Pero de hecho Tailandia no necesita al FSC porque ya existe una prohibición de madereo comercial. Por lo tanto, cuando SmartWood llega y proporciona "certificaciones", está socavando la acción de todo el movimiento ambientalista de Tailandia y los procesos locales en curso de aumentar el control de las comunidades sobre los bosques. Renueva la influencia comercial sobre los bosques de Tailandia para que estas agencias puedan retomar sus prácticas de madereo", afirma Witoon. "De hecho, en el pasado reciente, el movimiento ambientalista de Tailandia exigió la clausura de la FIO, debido a las enormes deudas que ha acumulado. El FSC y la asistencia del gobierno sueco para la certificación están contribuyendo a la supervivencia de una agencia que ha sobrevivido a su objetivo en la época post-prohibición de madereo," explicó. (Boletín 48, julio 2001) |
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