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Boletín del WRM

 

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Número 100 - Noviembre 2005
Indice - Opinion - América del Sur - Asia - General


AFRICA

Nigeria: sentencia contra la combustión de petróleo marca un hito

Producción insustentable para un consumo insustentable. Eso es lo que ocurre con el petróleo crudo, pilar de la industrialización y del llamado “crecimiento” moderno propulsado por el libre mercado globalizado.

Sin embargo tiene un costo muy alto que permanece invisible y que los macroeconomistas “externalizan”. Pero para las comunidades locales el costo está lejos de ser externo. Lo sufren en sus propios pulmones, en la piel, los ojos y los úteros, en sus vidas y sus muertes de todos los días.

En Nigeria el petróleo se encuentra en reservorios fragmentados relativamente pequeños sobre el delta del Níger. Gracias a una red de cañerías, los pozos situados en varios yacimientos alimentan una única central petrolera. Un oleoducto de mayor tamaño transporta luego el petróleo hasta las refinerías o las terminales de embarque con la ayuda complementaria de tanques de almacenamiento y estaciones de bombeo a lo largo del camino. Esta infraestructura en sí misma ocupa y atraviesa el territorio.

La contaminación provocada por el petróleo y afines afecta negativamente grandes tramos de los manglares. Los derrames de petróleo son bastante numerosos y continúan plagando la industria petrolera; constituyen un problema muy serio para la salud de los manglares que aún quedan en el planeta. El petróleo derramado penetra en las aguas costeras y en los cursos de agua, cubriendo las raíces expuestas de los mangles, que les sirven para respirar. De esta forma se hace muy difícil, sino imposible, que los lenticelos respiratorios de las plantas realicen sus funciones esenciales, con lo cual efectivamente se asfixia a los mangles.

Como dijo el director de Mangrove Action Project, Alfredo Quarto, en una edición del periódico Late Friday News tras una visita para constatar la gravedad de la contaminación por petróleo en Nigeria, “El delta del Níger contiene el tercer mayor manglar continuo del mundo. Esta zona, que una vez fue rica en biodiversidad y rebosaba de vida marina, se está degradando rápidamente a causa de la producción de petróleo. La región entera está inmersa en lo que podría llamarse una Guerra del Petróleo: una guerra promovida por la avaricia descontrolada de los conglomerados multinacionales del petróleo casados desde hace mucho tiempo con sus omnipresentes amigotes y patoteros en el gobierno, al mejor estilo de la mafia. Durante mi segunda semana en Nigeria caí enfermo de malaria. Herido en combate, podríamos decir, otra víctima de esta guerra non sancta contra el planeta. Pero a los lados de las carreteras que conducen a las riquezas petroleras de Nigeria se ven otras innumerables víctimas y refugiados ambientales, cuya propia fuente de vida y sustento ha sido convertida en la más abyecta ruina. Sin embargo se trata de una guerra en la que no puede haber vencedores, apenas víctimas, pues al final todos y cada uno de los habitantes de este planeta vamos a salir perdiendo. Esos quemadores de gas, más de un centenar, que han ardido sin cesar durante décadas, sin control alguno, contribuyen al calentamiento global, iluminando con una luz espectral el camino al desastre natural inminente. Entre tanto, los múltiples derrames de petróleo y filtraciones de los oleductos saturan la tierra y los cursos de agua al punto que, como dijo un residente local, “Ahora no hay peces cerca de la costa, los manglares están muriendo, nuestros cultivos no quieren crecer, el agua de los pozos está contaminada ¡y ni siquiera el agua de lluvia se puede beber!”.

Sin embargo, no todo son malas noticias en Nigeria.

En julio de 2005, la comunidad Iwherekan, del Estado del Delta, demandó a Shell Petroleum Development Company of Nigeria Ltd, a la Corporación Nacional del Petróleo de Nigeria y al Fiscal General de la Federación de Nigeria solicitando que la división de Benín del Supremo Tribunal Federal declarase que la combustión de gas es ilegal y nociva para la salud y el medio ambiente, por lo que constituye una violación del derecho a la vida tal como lo garantiza la Constitución de la República Federal de Nigeria, con el respaldo de la Carta Africana de los Derechos Humanos y de los Pueblos.

El 14 de noviembre se dictó una sentencia histórica. El Supremo Tribunal de Nigeria ordenó a las empresas suspender la combustión de gas en el Delta del Níger, dado que constituye una violación de los derechos a la vida y la dignidad garantizados en la Constitución. Según el fallo del juez C. V. Nwokorie, dictado en la ciudad de Benín, la práctica perjudicial y derrochadora de las principales empresas, incluidas ExxonMobil, ChevronTexaco, TotalFinaElf y Agip, así como Shell, en emprendimientos conjuntos con la Corporación Nacional del Petróleo de Nigeria, no puede continuar legítimamente y debe cesar, puesto que la combustión de gas ocurrida durante sus actividades de exploración y producción de petróleo en la comunidad Iwherekan constituye una violación de sus derechos fundamentales a la vida (que incluye un medio ambiente saludable) y la dignidad de las personas.

Una vez más, la resistencia local demuestra ser un camino efectivo hacia los cambios.

Artículo basado en información obtenida de: “Court Declares Gas Flaring Illegal In Nigeria!”, 14 de noviembre de 2005, ERA Nigeria, http://www.eraction.org; “Whose energy future? Big oil against people in Africa”, informe de Groundwork de 2005, www.groundwork.org.za; “Why Oil & Mangroves Do Not Mix!”, Mangrove Action Project, http://www.earthisland.org/map/oil.htm


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República Democrática del Congo: más madereo en los bosques tropicales

Al igual que prácticamente todos los grandes bosques tropicales contiguos del mundo, los ecosistemas de bosque tropical africanos están bajo la amenaza del madereo como una de las causas subyacentes de la deforestación. Estos bosques tropicales ricos en diversidad son el hábitat no solamente de especies indígenas locales sino de todos los pueblos y especies de la Tierra.

En la República Democrática del Congo la amenaza se ha vuelto realidad. A pesar de los numerosos esfuerzos y pedidos de grupos locales como la Alianza de organizaciones ambientales, de desarrollo y de derechos humanos de los indígenas, para que se detengan los planes de división en zonas apoyados por el Banco Mundial, que podrían abrir zonas de bosque tropical a las empresas madereras, datos oficiales revelan que se han otorgado cerca de 150.000 kilómetros cuadrados de bosques a empresas madereras en los últimos tres años, en su mayor parte en 2005.

La información se publicó el 8 de noviembre en forma de lista de todas las zonas de concesiones madereras en un “comunicado de prensa” emitido por los ministerios de Medio Ambiente y Finanzas del Congo. La lista demuestra que desde la moratoria al madereo de mayo de 2002 se han otorgado 103 “concesiones” a empresas madereras, concesiones que abarcan 147.526 kilómetros cuadrados.

La apertura de nuevas zonas de bosque tropical a la tala de árboles es ilegal en el Congo a partir de la aprobación del Decreto Ministerial No CAB/MIN/AF.F-E.T/194/MAS/02 “relativo a la suspensión de la entrega de concesiones forestales” el 14 de mayo de 2002.

El próximo mes de diciembre el Banco Mundial estudiará la aprobación de un nuevo crédito de US$ 90 millones al gobierno congoleño, parte del cual servirá para financiar nuevas actividades forestales.

En julio pasado, el famoso cantante Sting declaró en el programa de televisión “Debate sobre el G8: Que la pobreza sea historia”: “Hay un plan sobre la mesa, apoyado por el Banco Mundial, que implica entrar al Congo. Ahora el Congo tiene una población de 50 millones de personas, y 35 millones de esas personas viven en los bosques y dependen de sus recursos. El plan es entrar ahí y abrir una zona del tamaño de Francia, 600.000 kilómetros cuadrados, talarla completamente, violarla, y dejar a las personas que allí viven sin nada de nada”. “Esto no es hacer que la pobreza sea historia, esto es hacer pobreza. Y lo que me preocupa es que nadie... nadie sabe nada de esto, todo se está haciendo por detrás de bambalinas”, añadió en su disertación como integrante del panel.

Rainforest Foundation es una organización mundial que trabaja en los bosques tropicales con los pueblos indígenas y las organizaciones no gubernamentales que tratan las causas subyacentes de la destrucción de los bosques tropicales. Simon Counsell, su director, declaró: “Hace varios años que Rainforest Foundation viene advirtiendo que la industria de la madera en el Congo está por salirse de control y que debe ejercerse presión internacional para que las autoridades congoleñas dejen de entregar enormes concesiones a las empresas madereras. Con esta acción el gobierno del Congo no está respetando sus propias leyes y está siguiendo un camino que podría tener consecuencias desastrosas para muchos millones de personas que dependen de los bosques del país, así como para el medio ambiente. Para financiar cualquier otra operación forestal en la RDC, el Banco Mundial debería poner como condición estricta la cancelación inmediata de todas las concesiones otorgadas ilegalmente”.

Artículo basado en información obtenida de: “Africa's Rainforests For The Chop In World's Biggest Illegal Giveaway”, 9 de noviembre de 2005, Fundación por los Bosques Tropicales, enviado por Simon Counsell, correo-e: simonc@rainforestuk.com, “Africa's Massive Illegal Rainforest Giveaway”, Forest Conservation Blog, http://forests.org/blog/2005/11/africas_massive_illegal_rainfo.html; “Sting sounds alarm on carve-up of Congo rainforests during TV debate”, 07/07/2005, Fundación por los Bosques Tropicales, http://www.rainforestfoundationuk.org/s-Campaign%20News


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Sudáfrica: ¿Sappi Saiccor a punto de expandir su contaminante fábrica de celulosa?

Sappi, empresa sudafricana de la celulosa y el papel, tiene planes de ampliar la capacidad de su fábrica Sappi Saiccor en más de 200.000 toneladas anuales. Sappi Saiccor es la mayor productora de celulosa química (pulpa que puede disolverse) del mundo. Su fábrica en Umkomaas, unos 50 kilómetros al sur del puerto de Durban, produce actualmente cerca de 600.000 toneladas de celulosa química por año. La celulosa química se utiliza en productos como filtros de cigarillo, envoltorios de caramelos, un aditivo del jabón en polvo que impide que la suciedad se adhiera a la ropa y la sustancia para unir las tabletas de vitaminas. Casi toda la celulosa de Saiccor se exporta.

Saiccor (South African Industrial Cellulose Corporation Ltd) comenzó sus operaciones en 1955 y fue la primera fábrica que produjo celulosa química a partir del eucalipto. En 1988 Sappi compró esta empresa a Courtaulds (empresa química del Reino Unido) y a South Africa's Industrial Development Corporation.

Sappi ha contratado a la firma consultora WSP Environmental para que lleve a cabo la evaluación del impacto ambiental de la ampliación que se propone. En noviembre de 2005, WSP elaboró un informe preliminar del alcance del proyecto (Draft Scoping Report) como parte del proceso de evaluación del impacto ambiental. Sappi espera que la construcción del proyecto, que costaría unos 300 millones de dólares, comience en enero de 2007 y finalice en octubre de 2008.

La oposición local a la expansión que Sappi se propone cuenta con el apoyo de ONGs ambientales y sociales, entre ellas de TimberWatch, groundWork y la alianza South Durban Community Environmental Alliance.

En su informe preliminar, WSP declara que luego de la expansión Saiccor necesitará otras 2.200 toneladas de madera por día. Durante una reunión pública realizada en agosto, Vicki King, de la consultora WSP, declaró que no habrá más plantaciones a consecuencia de la ampliación. Sappi propone cubrir esta demanda destinando a Saiccor la madera que hoy le vende a las fábricas de astillas. Esta declaración no es sincera. La expansión de Saiccor aumentará la demanda total de madera en Sudáfrica. Este aumento de la demanda conllevará nuevas plantaciones, aunque no sean propiedad de Sappi.

El 10 de noviembre de 2005 participé en una reunión pública organizada por WSP. Viajé hasta allí acompañado de Wally Menne de TimberWatch y Desmond D'Sa de South Durban Community Environmental Alliance.

Cuando llegamos, René Abrahams, de WSP, estaba en medio de una presentación en powerpoint. Más o menos dos minutos más tarde Menne preguntó si se podían hacer preguntas durante la presentación o si habría que esperar hasta el final. Shirleigh Strydom, el moderador contratado por Sappi, respondió que no habría preguntas durante la presentación pero que al terminar los expertos de Sappi podrían responder en forma individual las preguntas que se desearan formular.

Desmond D'Sa lleva muchos años luchando contra la propuesta de Mondi de expandir su fábrica de papel en Merebank. Esto ha llevado a que su umbral de tolerancia de la estupidez sea muy bajo: “Esto es una estupidez. ¿Cómo puede ser ésta una reunión pública si el público no puede hacer preguntas en público?”.

Strydom no tuvo otra opción que aceptar este argumento. Nos permitió hacer preguntas.

Una de las dispositivas de la presentación de Abrahams indicaba que las emisiones de CO2 de Sappi Saiccor “no se medían”. Sin embargo su conclusión fue que, después de la expansión, se esperaba que las emisiones de CO2 disminuyeran. Sentí curiosidad y quise saber más de las suposiciones subyacentes de esta conclusión, sobre todo porque otra de las diapositivas de Abrahams indicaba que aumentaría la cantidad de camiones, trenes y automóviles de paso por la fábrica. Por ejemplo, la cantidad de camiones transitando de y hacia el lugar aumentaría en 35%. Le pregunté si había tenido en cuenta el tránsito adicional al calcular las emisiones de CO2 y otros gases.

Abrahams no hizo mención en su presentación al aumento de los embarques necesarios para exportar la producción aumentada de Saiccor. Pregunté por qué se estaban omitiendo esos datos.

Abrahams respondió que las reducciones de las emisiones de CO2 tenían que ver solamente con las emisiones en el lugar mismo y que WSP esperaba que las emisiones disminuyeran a causa de la reducción de la combustión de carbón luego de la ampliación de la fábrica. Confirmó que los cálculos de WSP no tenían en cuenta ningún tipo de emisión causada por el aumento del transporte carretero o marítimo, tanto para Sudáfrica como para el resto del mundo.

Strydom, el moderador de Sappi, explicó que el informe preliminar de WSP era un estudio documental y que si Sappi no proporcionaba los datos sobre las emisiones de CO2 la consultora no podía incluir los números en el informe. Se harían más investigaciones durante la fase siguiente de la evaluación del impacto ambiental.

Después de la presentación conversé con Andrew Hall, director de proyectos de Sappi. Me dijo que en realidad Sappi había entregado a WSP las cifras correspondientes a las emisiones de CO2 y que la decisión de no incluirlas en el informe había corrido por cuenta de WSP.

Las emisiones de CO2 pueden no ser el peor problema causado por Saiccor. Pero, como señaló Desmond D'Sa durante la reunión, el hecho de que aparentemente WSP haya manipulado los resultados sobre las emisiones de CO2 en su informe preliminar no inspira confianza en el resto del informe.

Terminada la reunión una residente local me agradeció por haber participado. Me habló de su tos, que no terminaba de curar. Su esposo sufría de lo que llamaba fiebre del heno a lo largo de todo el año. Y hacía poco le había preguntado a su hijo, que trabaja en el campo no lejos de la fábrica de Saiccor, si la fábrica tenía mal olor ese día. Él le respondió que no sabía. Ya no podía percibir ningún olor.

En nuestro camino de regreso pasamos por la fábrica de Saiccor. En el aire del atardecer se elevaban doce columnas de humo. El viento soplaba en la dirección opuesta y sin embargo de la fábrica salía un olor espantoso. Aunque Sappi y sus pistoleros pagos de WSP Environmental declaren que la expansión reducirá las emisiones, no están tan dispuestos a considerar el prontuario de Saiccor, con más de 50 años de contaminación. En lugar de ampliar sus operaciones, Sappi Saiccor debería tal vez pensar en dar una compensación por los daños a la salud y a las formas de vida y sustento ocasionados por sus actividades comerciales.

Por Chris Lang, correo-e: http://chrislang.org, www.chrislang.blogspot.com


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Uganda: plantaciones de palma aceitera de BIDCO a costa de las selvas prístinas de Bugala

La creciente tendencia a establecer extensas plantaciones de palma aceitera ha causado más estragos principalmente en los bosques tropicales, donde esta palma encuentra suelo, agua y energía solar suficientes para cubrir sus necesidades (véase el boletín 47 del WRM).

El procedimiento típico consiste en talar una zona determinada de bosque y luego establecer la plantación destinada a la producción de aceite de palma y de palmiste. Pero puede ocurrir también que las empresas dueñas de las plantaciones “limpien” el bosque entero prendiéndole fuego, como ha ocurrido en los notorios casos de incendios en Indonesia.

La palma aceitera es nativa de África occidental. Tradicionalmente las poblaciones locales han cosechado las plantas semi-silvestres, intercaladas con cultivos alimenticios, a pequeña escala. El avance actual de la palma aceitera se presenta en el mismo paquete globalizado de siempre: monocultivos a gran escala destinados a la exportación, que excluyen cualquier otro proyecto. Bastante lejos de la naturaleza diversa.

Sin embargo, en un intento por entusiasmar al pueblo de Uganda con el negocio, su presidente Yoweri Museveni salió a decir que talar los bosques para dar lugar a las plantaciones no planteaba peligros al medio ambiente porque la plantación de palma sería un bosque en sí misma. ¿Cómo puede compararse un “desierto verde” (un solo tipo de árbol) con la diversidad intensamente interrelacionada de un ecosistema de bosque?

No hay respuesta posible para el “cómo”, pero sí para el “por qué”.

BIDCO Oil Refineries Ltd., el mayor y más pujante fabricante de aceites vegetales, margarinas, jabones y concentrados proteicos de África oriental y central, está haciendo una inversión multimillonaria en plantaciones de palma aceitera en las islas Bugala, en Kalangala. Los planes son que este proyecto abarque 26.500 hectáreas y produzca 140.000 toneladas de aceite de palmiste. Para esta inversión BIDCO cuenta con socios como Archer Daniels Midlands de EEUU, el grupo Wilmar de Malasia y Josovina de Singapur. En el marco del Proyecto para el Desarrollo del Aceite Vegetal, el Fondo Internacional para el Desarrollo de la Agricultura (FIDA) y el Banco Mundial han otorgado un préstamo de US$ 10 millones para colaborar con las plantaciones y su infraestructura de apoyo, mientras que el gobierno suministrará US$ 12 millones en forma de tierras, electricidad y carreteras y BIDCO invertirá US$ 120 millones.

Son varios los intereses que coinciden en torno al negocio de la palma aceitera. Para un país endeudado como Uganda se trata de un ingreso de divisas; es un negocio lucrativo para los conglomerados que se benefician con la promoción masiva que conlleva la reducción de los precios mundiales y el estímulo al consumo; para el Banco Mundial, es un servicio financiero con el cual obtener ganancias. Fuentes locales informan que las elites locales se están beneficiando cada vez más, al brindar el apoyo político necesario para asegurarse términos comerciales favorables con el gobierno y conseguirse sus propios negocios, por ejemplo lucrativas concesiones para establecer plantaciones como terceros.

Pero el proyecto se enfrenta a la dura oposición de los parlamentarios. También algunos residentes de las islas están muy preocupados por las plantaciones de palma aceitera en una de las únicas grandes selvas prístinas naturales que quedan en Uganda: una hermosa isla llamada Bugala, que tiene uno de los ecosistemas más singulares del mundo. Se están destruyendo más de 5.500 hectáreas de bosque tropical y por primera vez el raro loro gris parlante está anidando en la capital (a una distancia de 180 km por carretera, 80 km en línea recta), lo que demuestra que hay algo que anda mal.

Las plantaciones de palma aceitera a gran escala, al igual que otros monocultivos, suelen estar vinculadas a la violación de los derechos a la tierra y otros derechos humanos puesto que ocupan grandes extensiones de tierras habitadas por poblaciones indígenas o campesinas, lo que provoca situaciones de conflicto.

El gobierno está intentando convencer a los residentes de las islas que cedan su tierra a las plantaciones y “hagan dinero”, pero se ha informado de varios conflictos familiares surgidos a causa del proyecto. Al dejar su tierra, ¿dónde trabajarán estas personas? Presumiblemente en las plantaciones de palma aceitera, en empleos temporarios y mal pagos y en malas condiciones, como bien lo demuestra la experiencia de otros países. Lo que es seguro es que las ganancias no serán para el pueblo sino para las grandes empresas, casi siempre extranjeras, que controlan la producción, la industrialización y la comercialización de la palma aceitera.

No se ha dado lugar al debate en torno a este asunto. Los isleños y los indígenas dueños de las tierras están llenos de desconfianza y recelo. Tal vez sea el momento de que presionen al gobierno para que tenga en cuenta sus preocupaciones.

Artículo basado en información obtenida de: “BIDCO to undertake largest private Project”, The New Vision 2000-2005, 10 de noviembre de 2005, http://www.newvision.co.ug/D/8/220/464984; “Museveni Launches Bidco”, New Vision (Kampala), 2 de noviembre de 2005,
http://allafrica.com/stories/200511020416.html, y fuentes locales personales.

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