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LUCHAS LOCALES Y NOTICIAS Congo, RD: el Banco Mundial reconoce fracaso del proyecto EESRSP El Banco Mundial ha puesto los ojos en los vastos bosques tropicales de la República Democrática del Congo (RDC), segundos del mundo en tamaño después de la selva amazónica, a los que apunta como una meta. En 2002 el Banco otorgó al gobierno de la RDC la financiación para elaborar un nuevo conjunto de leyes para el manejo de los bosques del país. En setiembre de 2003 el Directorio del Banco aprobó también un proyecto piloto para dividir los bosques del Congo en zonas para el madereo industrial, la conservación y el uso comunitario. En este proyecto, bautizado “Proyecto de emergencia económica y social y de apoyo a la reunificación” (EESRSP), se incluían US$ 4 millones para iniciar el proceso de “división en zonas” de los bosques de la RDC, abriendo potencialmente decenas de millones de hectáreas al madereo industrial. Las organizaciones “pigmeas” y quienes las apoyan (Organisations Autochtones Pygmées et Accompagnant les Autochtones Pygmées en République Démocratique du Congo), en su propio nombre y en el de las comunidades locales afectadas dentro de la República Democrática del Congo, y representantes de las comunidades locales de Kisangani (provincia Oriental), Béni y Butembo (provincia de Kivu del Norte), Kinshasa/Mbandaka y Lokolama (provincia Ecuador), Inongo (provincia de Bandundu), Kindu (provincia de Maniema) y Bukavu (provincia de Kivu del Sur) presentaron una solicitud formal al Panel de Inspección del Banco Mundial, un “ente vigilante” oficial independiente, con motivo de que los planes del Banco Mundial amenazan con dañar los bosques tropicales del país y destruir el sustento de las personas que allí viven y de que el personal del Banco no puso en funcionamiento la Directriz Operacional sobre las Poblaciones Indígenas del Banco (OD 4.20) al elaborar el proyecto. Como resultado, el Panel de Inspección del BM inició una investigación preliminar del papel cumplido por el Banco Mundial en los bosques tropicales de la República Democrática del Congo. En marzo de 2006 el Banco Mundial publicó información que revelaba que no había podido garantizar la debida protección del medio ambiente y los pueblos locales en sus programas en la RDC. Aunque reafirmó que “el Banco hizo todos los esfuerzos posibles para aplicar sus políticas y procedimientos y en lo concreto cumplir su declaración de principios en el contexto de los proyectos”, reconoció “que, con respecto al EESRSP, el Banco no cumplió plenamente con las disposiciones de la OP 4.01 y que la OD 4.20 debería haberse puesto en marcha durante la preparación del proyecto” (véase el informe completo en: http://www.rainforestfoundationuk.org/files/Bank_management_response_to_complaint.pdf.) Estas revelaciones
siguieron a las conclusiones preliminares del informe del Panel de
Inspección del Banco Mundial (véase el informe completo
en: http://www.rainforestfoundationuk.org/files/EligibilityReportFinal.pdf),
según las cuales: Nigeria: las devastadoras llamas de las cocinas a carbón de Abacha y los bosques comunales La inestabilidad política que sufrió Nigeria durante el régimen de Abacha en 1993/94 --secuela de la anulación de las elecciones presidenciales del 12 de junio de 1992 ganadas por el difunto magnate comercial Jefe M.K.O. Abiola-- creó una gran escasez de kerosene que afectó seriamente distintas partes del país y dio lugar a la invención de las “Cocinas a carbón de Abacha” –una cocina de realización casera que utiliza carbón de leña. Con los años, la tecnología de las cocinas a carbón de Abacha se impuso ampliamente y su uso se generalizó rápidamente debido a incesantes aumentos de los precios del kerosene y el gas doméstico. En Nigeria, el precio oficial del litro de kerosene aumentó más de 200% en la última década y actualmente se vende a un precio no oficial que es casi un 100% más que el precio oficial actual de aproximadamente US$ 0,5. Esta situación ha dado ímpetus al comercio del carbón de leña en distintas partes del país y ahora son los bosques comunales los que lo sufren. El negocio del carbón de leña, que es prácticamente la actividad comercial más pujante de la zona Oke Ogun, en el Estado de Oyo --donde se localiza el Antiguo Parque Nacional de Oyo-- se ha extendido a distintas partes de los Estados de Kwara, Lagos y Ogun. En Saki --una antigua ciudad y la mayor de la zona de Oke Ogun-- no hay calle en que no se vea a un gran comerciante auspiciado por casas mayoristas y de venta al público, incluso de Estados vecinos. El negocio se está organizando de tal manera que hay asociaciones de distintos accionistas. Actualmente hay fuertes indicios de que los comerciantes han comenzado a exportar carbón, ya que llegan a Saki remolques con contenedores para transportar carbón a Lagos, que es un Estado costero. No hay dudas de que esto significaría mayor desastre aún para los bosques de la zona. A diferencia de los casos de expropiación de tierras de los Twa en Ruanda, los Ogiek en Kenia, los Batwa en Uganda, los Amerindios en Guayana y los Suramaka en Suriname, este es un caso patético en que la gente, empujada por las penurias económicas orquestadas por administraciones insensibles, destruye sus bosques a un ritmo alarmante y sin precedentes. Los impactos, que atraviesan esferas económicas, sociales y ambientales, son bastante grandes y devastadores. Los bosques primarios prácticamente han desaparecido y ahora la atención de los productores se dirige a especies antes menos preferidas, incluso exóticas. Los precios de los productos derivados de la madera han aumentado enormemente en la última década debido a la escasez de madera. Se siente la merma de la producción de alimentos en la medida que la gente ha abandonado la agricultura por el negocio más lucrativo del carbón de leña. El ambiente se está contaminando seriamente y ha habido algunos casos de enfrentamiento debido a la invasión ilegal de los bosques de otras comunidades para cortar leña para la producción de carbón. Para empeorar las cosas, los respectivos gobiernos no han realizado ni realizan esfuerzos concertados para desincentivar o poner freno a esta tendencia. No hay campañas serias de concientización para educar y sensibilizar a la población, especialmente sobre las consecuencias ambientales del negocio del carbón. Si bien no hay una legislación disuasiva del negocio del carbón en los Estados afectados, el Estado de Kwara --probablemente debido a su frágil vegetación de sabana-- anunció alguna vez una moratoria al uso de carbón. No obstante, la medida no llegó a ser puesta en práctica. La gente insiste en que el gobierno debería mostrar seriedad de su parte, reduciendo los precios del kerosene y el gas doméstico. Como resultado de la rápida propagación de la tecnología de estas cocinas y los consiguientes impactos en el ambiente, es imperioso que intervengan los gobiernos (federal, estatal y local) y las organizaciones no gubernamentales (ONGs). Los gobiernos deberían presentar una legislación apropiada para detener el uso de las cocinas a carbón de Abacha y el negocio del carbón. Para que esa legislación funcione, los gobiernos deberían proporcionar a los hogares y otros usuarios de estas cocinas, otras a kerosene y facultarlos a que las utilicen. También deberían ofrecer otros medios de vida a quienes dependen del negocio del carbón, especialmente los habitantes de los bosques que producen o venden sus árboles a los productores. Y lo que es más importante, habría que recuperar los bosques degradados. ¡Es necesario actuar ya! Hay que apagar las devastadoras llamas de las cocinas a carbón de Abacha para salvar los bosques comunales. Por: Chima, Uzoma Darlington, Indigenous Peoples Rights Crusaders, email: punditzum@yahoo.ca Sudáfrica: los impactos de las plantaciones de árboles en las aves En Sudáfrica ya se han establecido más de 1,5 millones de hectáreas de plantaciones manejadas de monocultivos de árboles exóticos, y actualmente se establecen más de 130 km2 de nuevas plantaciones por año. Existe más de otro 1,65 millones de hectáreas invadidas por plantas invasoras, en su mayoría eucaliptos, pinos y acacias azuladas. La población rural de Sudáfrica ha sentido severamente los impactos de la industria forestal, manifestados en desempleo, merma de los recursos hídricos disponibles, expulsión de las comunidades para dar lugar a las plantaciones, menos tierras disponibles y menos acceso libre a las plantas y animales del lugar, los cuales proveen de alimentos, medicinas, forraje, combustible, materiales de construcción y varias cosas más. Pero no solamente la gente sufre por las plantaciones. También las aves. Con más del 80% de las praderas naturales sudafricanas destruidas por las plantaciones de árboles, John M c Allister escribe lo siguiente: “Sudáfrica --incluida la República de Sudáfrica y los reinos de Lesotho y Swazilandia—ha sido bendecida con la presencia de 40 o más especies endémicas de aves. Doce de ellas --la Alondra de Rudd , la Ibis calva, la Alondra de Botha, el Bisbita Pechigualdo, el Sisón Azulado, la tarabilla Saxicola bifasciata, el tordo Chaetops aurantius, el Bisbita Montano o Montañoso, el Serín de Drakensberg , el Roquero Explorador, la Alondra de Transvaal y la Prinia hypoxantha-- son endémicas del Bioma de Pradera (Harrison, et al, 1997). Las primeras nueve aves figuran en las listas de BirdLife International como especies vulnerables o casi amenazadas a escala mundial (Collar, et al, 1994). La Alondra de Rudd, con presencia en Sudáfrica, es la única especie que está registrada como “ En peligro crítico” a escala mundial. Todas las aves endémicas de pradera enumeradas anteriormente están presentes en las praderas húmedas, de altitud elevada, del acantilado oriental. Esas praderas han sido calificadas por BirdLife International como Zona de Aves Endémicas, es decir, una zona que contiene por lo menos dos especies cuya distribución mundial cae dentro de una superficie menor a 50.000 km2 (Stattersfield, et al., 1998). Otras aves amenazadas presentes en esta zona son la Golondrina Azul, la Grulla del Paraíso, la Grulla Carunculada --todas calificadas como vulnerables a escala mundial--, y la Grulla Real Gris, que ahora está calificada como vulnerable a escala nacional. La mayoría de las plantaciones de árboles sudafricanas han sido establecidas en lo que anteriormente eran praderas húmedas de altitud elevada que contienen todas o muchas de las especies antes mencionadas. Esto ha tenido un efecto devastador en la vida de las aves de esas zonas. Una mirada a los mapas de distribución del Atlas de Aves Sudafricanas y a cualquier guía de aves de la zona para el caso, por ejemplo, de la Alondra de Rudd, indica cómo se ha fragmentado el área de distribución de esta especie. Las Golondrinas Azules, a menudo citadas como prueba de la preocupación de la industria forestal por el ambiente, han descendido ahora a una cifra de 40 y 50 pares en Sudáfrica –menos del 10% de su población original. La casi extinción de esta especie en el sur de África se ha dado casi enteramente a las puertas de la industria forestal. Un estudio que utiliza datos del Atlas de Aves Sudafricanas (Allan, et al, 1997) ilustró el efecto que tuvieron las plantaciones de árboles en esas especies en particular y en la vida de las aves en general. Las aves de pradera se extinguieron localmente en zonas altamente forestadas. Aún en zonas con plantaciones relativamente escasas también hubo un impacto negativo en la diversidad de aves en general. Datos no publicados, recogidos en las praderas de la zona sur de Mpumalanga, indican que la diversidad de especies de aves en las praderas prístinas en torno a Wakkerstroom, es cercana a 170 especies por km2. A medida que uno se acerca a las zonas intensamente agrícolas que rodean a Amersfoort (principalmente producción de maíz), la diversidad de aves cae a aproximadamente 120 especies por km2. En las zonas alrededor de Panbult, que han sido muy forestadas, la densidad desciende a aproximadamente 90 especies por km2. Quizás un dato más importante sea que la composición de las comunidades de aves cambia de una comunidad dominada por alondras, bisbitas y buitrones a otra dominada por palomas y canarios. Resulta interesante comprobar que el descenso de la cantidad de especies guarda conformidad con los datos recogidos en los bosques y plantaciones del occidente de Kenia”. Un impacto más de las plantaciones de monocultivos de árboles que refuerza el reclamo de la ONG local SAWAC: ¡No más plantaciones de árboles exóticos en nuestras praderas! Artículo basado en información obtenida de: “Birds and Tree Plantations”, John M c Allister, http://www.sawac.co.za/articles/birdsand.htm ; “ Tree Plantations and Water in South Africa”, Philip Owen, http://www.dams.org/kbase/submissions/showsub.php?rec=ENV109 |
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