México:
hablar de árboles
Bertolt
Brecht escribía desde el exilio: "Verdaderamente, vivo
en tiempos sombríos./ Es insensata la palabra ingenua. Una
frente lisa/ revela insensibilidad. El que ríe/ es que no
ha oído aún la noticia terrible,/ aún no le
ha llegado. ¡Qué tiempos éstos en que/ hablar
de árboles es casi un crimen/ porque supone callar sobre
tantas alevosías!"
Era 1938, pero podría ser hoy. Mientras campesinos, indígenas
y otras víctimas del llamado "progreso" protestan
por sus derechos más elementales - a sus tierras y territorios,
a sus semillas, a sus recursos, a vender sus productos en un espacio
público -, los de arriba responden con cinismo y violencia
inusitada, como si estas demandas fueran un insulto. Como si campesinos
e indígenas no formaran parte del "público"
de los espacios públicos. Personajes que recuerdan un híbrido
de niños ricos con dictadores del Cono Sur se pavonean en
los medios afirmando que son los pobladores los que ejercen "violencia",
no los miles de efectivos armados que lanzan contra ellos. Otra
vez, como en épocas de Brecht, quienes hablan de paz significan
guerra.
Hoy hablar de árboles -o de flores- es nombrar alevosías.
Sobre todo cuando los bosques y los recursos naturales son codiciados
por las grandes empresas madereras, petroleras, mineras y están
en los territorios de los pueblos originarios o de comunidades locales
que los cuidan hace décadas o siglos.
El 29 de abril, decenas de indígenas taromenane, de la nación
huaorani , fueron masacrados en su propio territorio en el Parque
Nacional Yasuní, Ecuador, por madereros que explotan sus
bosques. Según la organización Acción Ecológica,
"la intensa y violenta explotación forestal en el Parque
Nacional Yasuní se ha realizado durante años a vista
y paciencia de la policía, funcionarios de medio ambiente
y militares. Los camiones cargados de madera recorren impunemente
vías fluviales y terrestres y atraviesan el campamento militar.
Las masacres y muertes son repetitivas. En 2003 fueron asesinados
decenas de taromenanes. Todo apunta a la mano de los intereses madereros.
Desde entonces nada se ha hecho de oportuno y pertinente para evitar
este genocidio". Hasta mayo de este año sólo
había una respuesta de las madereras pidiendo "protección"
contra las agresiones indígenas y mayores incentivos para
sus actividades, a las que llaman "sustentables", con
el aval de grandes ONG conservacionistas.
El 11 de mayo, Juan Patricio Marileo, mapuche preso en Chile por
defender el derecho a su territorio ancestral, fue trasladado de
la cárcel de Angol a un hospital en estado crítico
por una huelga de hambre que duró mas de 60 días junto
a otros tres luchadores mapuches. Fueron condenados a 10 años
de cárcel bajo la ley anti-terrorista, instaurada en el tiempo
de Pinochet, pero que los gobiernos posteriores han aprovechado
para golpear a indígenas y campesinos favoreciendo la invasión
de madereras e hidroeléctricas en sus territorios. Las manifestaciones
de solidaridad con los presos políticos mapuches han sido
reprimidas brutalmente. Ese mismo día detuvieron en Santiago
a 14 manifestantes, integrantes del Frente de Lucha Mapuche y Campesino.
También el día 11, en Colombia, la policía
antimotines arremetió contra los indígenas, afro-descendientes
y campesinos que protestaban de forma pacífica en Cali. Detuvo
a ocho e hirió muchos más. Su crimen: protestar por
las miserables condiciones de vida a que están sometidos
desde que fueron desplazados de sus territorios por la construcción
de la represa Salvajina . Nunca se cumplieron las promesas que les
hicieron. Ahora son criminales por pedir cumplimiento de los acuerdos
firmados por las autoridades.
En Brasil, siguen criminalizadas 37 integrantes de Vía Campesina
que arrancaron plantas del vivero de la megaempresa celulósica
Aracruz. La empresa por su parte, no teme acusaciones por haber
destruido con bulldozers dos aldeas de comunidades indígenas
un mes antes, hiriendo a muchos . Al fin, Aracruz defendía
sus plantaciones en territorios indígenas ancestrales y eso
no es violencia para las autoridades.
Los bosques de todo el continente lloran en silencio ante tantas
alevosías. Por eso representantes de 26 pueblos indios de
México, reunidos el 5 y 6 de mayo, convirtieron ese llanto
en voz altanera, declarando "De todos los rincones del país
nuestro corazón late y desde San Pedro Atlapulco en este
IV Congreso Nacional Indígena reprobamos con toda nuestra
energía y nuestra rabia la represión, el asesinato
y el encarcelamiento contra nuestras comunidades y pueblos por el
puro y vil interés de quedarse con nuestros recursos, despojarnos
de nuestros territorios y convertirnos en obreros asalariados y
alejados de nuestras propias comunidades para ser fantasmas sin
futuro en las ciudades . San Salvador Atenco es un espejo. Sus problemas
son nuestros problemas. También ellos están defendiendo
su tierra, también ellos son campesinos, también ellos
defienden sus siembras, también ellos están empeñados
en defender su vida y su derecho, su razón y su destino contra
las grandes empresas que quieren acabarnos".
"Pero también fortalecemos nuestras asambleas, nuestras
autoridades agrarias y tradicionales, la lucha en defensa de nuestros
maíces, la defensa de nuestros bosques y agua, la lucha contra
la certificación de nuestras tierras y los servicios ambientales,
ejerciendo una educación cada vez más autónoma.
Así lo hacemos mientras luchamos contra las mineras, las
madereras, los acaparadores de la tierra, contra los grandes empresarios
acaparadores de alimentos como la cadena Wal-Mart, contra la privatización
de nuestras aguas, contra las leyes estatales que quieren legitimar
la contrarreforma del 2001."
Ancho y ajeno es el mapa de la devastación. Pero las flores
siguen rompiendo el asfalto.
Artículo
de Silvia Ribeiro, Grupo ETC, publicado en “La Jornada”, México,
13 de mayo de 2006.
Fuente:
Boletín
Nº 106 del WRM, mayo de 2006