Colombia:
comunidad pone en jaque a la multinacional Smurfit Cartón de Colombia
Colombia no está ajena al proceso que
se viene dando en diversos países latinos americanos en relación
con el establecimiento de monocultivos de árboles de rápido crecimiento.
Recientemente fue aprobada la mal llamada
“Ley General Forestal”, o ley de las tres mentiras como la han
bautizado los ambientalistas: no es ni ley, ni general, ni forestal.
Para poder ser ley debiera servir al interés de la sociedad colombiana
en su conjunto y no a grandes empresas forestales. A su vez, sería
una ley general si abarcara otros temas relacionados con el bosque
tales como el uso comunitario del mismo, o la restauración del
ecosistema --por nombrar sólo algunos ejemplos-- y no solamente
la explotación del bosque. Finalmente, no es una ley forestal
sino una ley de carácter económico que permite y facilita el ingreso
de grandes empresas madereras para explotar los bosques, que en
el marco de esa ley son vistos como meras mercancías.
Paralelamente, una compleja red de actores,
que van desde instituciones financieras internacionales tales
como el Banco Mundial, el Banco Interamericano del Desarrollo,
así como también diversas agencias de “cooperación” de distintos
países –Japón, Alemania, Holanda, USA por citar sólo algunos-
ya han entrado en escena para preparar el terreno como lo han
hecho en diversos países latinoamericanos.
La Ley General Forestal traerá aparejados
muchos males para los bosques --y el Pueblo—colombianos, entre
ellos que abrirá nuevas puertas para el establecimiento de plantaciones
de árboles de rápido crecimiento.
Actualmente Colombia cuenta con aproximadamente
200.000 hectáreas de plantaciones de pinos y eucaliptos. La principal
empresa extranjera que actúa en este país es la trasnacional Smurfit
Cartón de Colombia. Dicha empresa posee grandes extensiones de
plantaciones de árboles --40.000 hectáreas-- y una fábrica de
producción de cartón y papel. Y también tiene en su haber un historial
de violación de derechos humanos, deforestación y contaminación
(ver artículos publicados en boletines anteriores nº.
77 y 43).
La empresa es propietaria de áreas plantadas
de eucaliptos y pinos en la zona del Valle del Cauca. Actualmente
tiene planificado aumentar la extensión de las mismas en la zona
del Valle y para este fin pretendía ingresar en el Municipio de
Guacarí, más precisamente en la Vereda de Santa Rosa de Tapias,
sector Alto Pomares.
Lo que la empresa no tenía planificado,
era que allí se iba a encontrar con una comunidad organizada y
no dispuesta a permitir que la empresa
ingresara a sus tierras.
El área en cuestión es una zona alta,
extremadamente rica, donde nacen las fuentes de agua que sirven
a 17 comunidades integradas por 1.500 familias de campesinos que
habitan esa zona. Estas familias de campesinos son minifundistas
que en promedio son propietarios de 4-5 plazas (1 plaza = 6400
metros de tierra). En sus fincas el cultivo predominante es el
café, pero a su vez éste está combinado con una gran diversidad
de otros cultivos como por ejemplo huertas de verduras, frutales,
bambú (que utilizan para la construcción de sus casas), así como
también combinan actividades de cría de animales (cerdos, gallinas,
ganado). De su tierra y su trabajo obtienen casi todos los elementos
necesarios para lograr su subsistencia.
El agua --que las nacientes de la parte
alta les proveen-- es un elemento central para permitir la producción
en sus fincas. Ellos saben que la entrada de Smurfit a la
parte alta y el establecimiento de plantaciones de árboles de
rápido crecimiento significarán el agotamiento de un recurso que
actualmente lo comparten entre todos los campesinos y que es fundamental
para mantener su soberanía alimentaria.
Smurfit pretende entrar a estas tierras
altas asociándose con una de las familias latifundistas que aún
quedan en la zona. Esta familia es propietaria de 320 hectáreas
de tierra. Este sería el primer paso de la empresa para ingresar
a la zona: ocupar estas 320 hectáreas y luego avanzar comprando
tierras hasta terminar cercando a aquellos campesinos que se resistan
a vender sus tierras para finalmente obligarlos a abandonarlas.
Cuando los campesinos se enteraron de
los planes de la empresa comenzaron a organizarse, informarse
y realizar denuncias en los diversos organismos involucrados,
en aras de lograr frenar el avance de la empresa. En varias reuniones
se enfrentaron duramente con los representantes de la empresa,
que amenazaron a los campesinos y les dijeron que la Smurfit “entra
pase lo que pase”.
Smurfit invitó a los campesinos a visitar
sus “bosques plantados” y mostrarle los innumerables beneficios
que les traerían. En camionetas 4x4 recorrieron junto a técnicos
de la empresa las plantaciones. No lograron ver ni una persona
trabajando a lo largo de las 4.500 hectáreas que recorrieron,
situación que contrasta profundamente con la realidad de las zonas
que ellos actualmente habitan. El silencio de las plantaciones
los aturdió. No vieron un pájaro, ni un solo grillo, ni una sola
casa, la tierra ya no era tierra sino piedras... La empresa guió
la gira y no les permitió hablar con los pobladores de la zona
visitada. Fue entonces que ellos decidieron organizar su propia
gira a la misma zona, con sus propios recursos, para ver con sus
ojos, y no con los ojos de la empresa, y conversar con las comunidades
locales sobre los impactos de las plantaciones. Corroboraron lo
que ya sabían: ¡tienen que frenar a Smurfit!
Recientemente, vecinos de diversos Municipios
del Valle del Cauca afectados por las plantaciones de monocultivos
de árboles --entre los que se encuentran los vecinos de Guacarí--
se han reunido para conformar un Frente de Resistencia a las Plantaciones.
Los desafíos son grandes y muy fuertes
los poderes a los que hay que enfrentar. Sin embargo, unirse,
informarse e ir tejiendo redes es el único camino para hacerle
Jaque Mate a la Smurfit!