Brasil
y Uruguay: las promesas de Stora Enso y la dura realidad
Desde hace algunos
meses tanto en Uruguay como en el Sur de Brasil circulan insistentemente
declaraciones, de funcionarios de la empresa sueco finlandesa Stora
Enso, así como también de jerarcas de los
gobiernos de ambos países, sobre las ventajas que tendrá para la
población local la instalación de fábricas de celulosa de dicha
empresa en la región.
El presidente
para América Latina de Stora Enso, Nils Grafström, como otros altos
ejecutivos de la firma sueco-finlandesa, recorren diferentes poblados
de ambos países con el solo cometido de anunciar riqueza y desarrollo
preservando el medio ambiente. Algo muy similar ocurre también en
este momento en otros países latinoamericanos, africanos y asiáticos
como China, donde representantes empresariales suecos y finlandeses
no cesan de afirmar las bondades sociales, económicas y ambientales
de sus proyectos de instalación de miles de hectáreas de plantaciones
y de nuevas fábricas de celulosa.
Sin embargo los
hechos demuestran que una vez instaladas en los países del sur la
realidad es muy diferente a lo que estas empresas prometieron.
La experiencia
de la fábrica de celulosa Veracel –propiedad conjunta de Stora Enso
y Aracruz y operada por la primera- en el estado brasileño de Bahia
es un claro ejemplo de insustentabilidad. Tal como lo afirma una
carta que recibimos firmada por un conjunto importante de “hombres,
mujeres y jóvenes, trabajadores rurales y urbanos, indígenas, ambientalistas,
científicos, profesores y estudiantes” de esa región brasileña,
en la que denuncian “la situación de degradación y miseria en que
se encuentra la región del Extremo Sur de Bahia, promovida por la
empresa de celulosa, Veracel, una joint venture de Stora Enso”.
Dicha situación
es el resultado de los impactos sociales y ambientales derivados
tanto de los grandes monocultivos de árboles que la empresa ha estado
estableciendo desde hace años en esa región para disponer de la
necesaria materia prima, como de la propia fábrica de celulosa que
empezó a funcionar en el año 2005 con una producción anual de 900.000
toneladas de celulosa para exportación.
En esa carta
se dice que “a lo largo de los años, Veracel originó antecedentes
de degradación al medio ambiente, concentración de tierra, expulsión
de miles de trabajadores del campo para las periferias de las ciudades,
causando grandes trastornos sociales y ambientales”.
Con respecto
al tema de la generación de empleo, la carta afirma que “no satisfecha
con la cantidad de tierras adquiridas en el extremo sur de Bahia
para la plantación de eucaliptos, Veracel Celulose avanza ahora
para el sur del estado” y que “solamente en el municipio de Mascote,
la empresa adquirió diversas propiedades. Aproximadamente 400 trabajadores
perdieron sus puestos de trabajo. Gran parte de estos trabajadores
se trasladaron para las periferias de las ciudades vecinas”.
Al igual que
lo que está aconteciendo en Uruguay y en muchos otros países, los
firmantes de la carta denuncian que “En una de las propiedades del
Conjunto Santa Rita (formada por 4 haciendas) adquiridas por Veracel...
las casas, corrales y plantaciones ya fueron destruidos para borrar
los vestigios de que un día hubo allí seres humanos que sobrevivían
de la tierra”.
También como
ya está ocurriendo en otras regiones, las plantaciones impactan
sobre el agua, y en ese sentido la carta dice que: “En toda la región,
la plantación extensiva de eucalipto promovió la desaparición de
diversos ríos y cañadas”.
Cuando Stora
Enso se instaló en Bahía, lo hizo en base a las mismas promesas
de empleo, desarrollo y riqueza que ahora está haciendo en otros
países. Según la prensa uruguaya por ejemplo “la información
manejada hasta ahora por Stora Enso” es que durante su fase operativa
generará “unos 3.000 puestos directos e indirectos”. En Bahía dichas
promesas no solo no se cumplieron, sino que la empresa generó expulsión
rural, desempleo y miseria.
Nos preguntamos
hasta cuándo estas empresas podrán seguir repitiendo sus mentiras
impunemente.
La carta a la
que hacemos referencia en este artículo se encuentra disponible
en: