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número 110 - Setiembre 2006

Estimad@s amig@s:

 

Quisiéramos resaltar que la sección de este boletín titulada "Árboles Genéticamente Modificados" incluye un importante pedido de acción para exigir a la Convención sobre Biodiversidad que prohíba los árboles transgénicos. Nos gustaría invitar a tod@s ustedes a adherirlo!

 

Desde ya muchas gracias por su apoyo.

NUESTRA OPINIÓN

COMUNIDADES Y BOSQUES

COMUNIDADES Y MONOCULTIVOS DE ÁRBOLES

LO PEOR EN CERTIFICACIÓN DE PLANTACIONES
ÁRBOLES GENÉTICAMENTE MODIFICADOS

 

NUESTRA OPINIÓN

- Día Internacional contra los monocultivos de árboles

 

En el año 2004, a la Red Alerta contra el Desierto Verde -que realiza campañas en Brasil contra la expansión de las plantaciones de árboles- se le ocurrió la idea de establecer el 21 de setiembre (Día del Árbol en Brasil) como Día Internacional contra los monocultivos de árboles. La idea fue apoyada por organizaciones en todo el mundo, que desde entonces llevan a cabo una serie de actividades especiales en esta fecha.

 

Es importante enfatizar que no se trata de un día destinado a la oposición hacia la plantación de árboles en general, sino una actividad enfocada en un tipo de plantación en particular: los grandes monocultivos de árboles.

 

La necesidad de tal oposición es crecientemente clara. Mientras los gobiernos y muchas organizaciones internacionales siguen promoviendo lo que denominan “bosques plantados” o “plantaciones forestales”, las comunidades locales continúan oponiéndose a lo que describen como “desiertos verdes”, “cáncer verde”, árboles egoístas, “milicos plantados” o “bosques muertos”.

 

Tales diferencias en el uso de las palabras reflejan el abismo entre quienes apoyan tales plantaciones como siendo algo positivo –bosques- y quienes se oponen a las mismas por sus impactos sociales y ambientales negativos, reflejados en los términos arriba mencionados.

 

El conocimiento adquirido durante las últimas décadas del hecho de que las plantaciones se establecen a expensas de los medios de vida y el ambiente de las poblaciones locales ha alcanzado un nivel tal de certeza que ya no puede seguir siendo ignorado. En país tras país, los monocultivos de árboles han resultado en la pérdida neta de empleos, migración forzada o “voluntaria”, apropiación de enormes áreas de tierra por empresas nacionales y transnacionales, desaparición y contaminación de recursos hídricos, pérdida de biodiversidad, empobrecimiento del suelo, destrucción de ecosistema locales –bosques o praderas- y en muchos casos en violaciones a los derechos humanos, incluyendo represión, encarcelamiento y hasta muerte.

 

El crecimiento de la conciencia de los consumidores acerca de los impactos de la producción de productos vinculados a la madera –desde papel hasta muebles- dio lugar a la creación de sistemas de certificación, que garantizarían a los consumidores que sus compras no resultan en impactos sobre los bosques o sobre los pueblos que dependen de los mismos.

 

Dichos sistemas de certificación fueron promovidos por diversos actores nacionales, regionales e internacionales y dieron lugar a una serie de esquemas tales como: Standard de la Asociación Canadiense (CSA), Consejo de Manejo Forestal (FSC), Programa para el Aval de Esquemas de Certificación Forestal (PEFC), Iniciativa Forestal Sustentable (SFI), Standard Forestal Australiano (AFS), Sistema Brazileiro de Certificação Florestal (CERFLOR), Certificación Forestal en Chile (CERTFOR), Consejo Malayo de Certificación de Madera (MTCC).

 

Sin embargo, ninguno de ellos fue capaz de vislumbrar lo que era evidente para las comunidades locales que habitan en la vecindad de plantaciones: que los monocultivos de árboles a gran escala son intrínsicamente incertificables.

 

Durante los últimos años, el WRM concentró sus esfuerzos en la crítica a la certificación de plantaciones por parte del FSC. Esto puede haber generado la impresión errónea de que los otros sistemas eran mejores. Si éste ha sido el caso, nos disculpamos. La sola razón para habernos concentrado en el FSC fue porque la participación en el mismo de ONGs sociales y ambientales le otorgaba a este sistema cierta credibilidad. Los otros sellos –promovidos por gobiernos y empresas- simplemente no tienen credibilidad alguna (ver artículos sobre PEFC, CERFLOR y CERTFOR en la última sección de este boletín).

 

Sin embargo, que haya mejores o peores sistemas de certificación no es el tema. Lo que se necesita no es certificación sino legislación ... y cumplimiento de la misma. La situación es tan grave que no puede ser dejada en manos de esquemas voluntarios y consultores para decidir si un monocultivo de árboles merece o no recibir un sello: sus impactos son tales que ninguno de ellos merece recibirlo.

 

Tal legislación debe asegurar, en primer lugar, que los gobiernos cesen de inmediato de subsidiar o apoyar de manera alguna a las empresas plantadoras.

 

En segundo lugar, que los gobiernos prohiban el establecimiento de nuevas plantaciones en áreas donde existe evidencia acerca de sus impactos sociales y ambientales negativos.

 

En tercer lugar, que los gobiernos lleven a cabo investigaciones independientes y participativas para evaluar los impactos de las plantaciones existentes y compensen a las poblaciones locales por los perjuicios sufridos, incluyendo la devolución de tierras en casos en que se les hayan sido apropiadas.

 

En cuarto lugar, que los gobiernos apliquen el principio precautorio e impidan la implementación de plantaciones que puedan resultar en impactos sociales y ambientales.

 

Lo que antecede son solo algunas de las muchas medidas que los gobiernos deben implementar para comenzar a revertir los problemas causados por sus políticas para la promoción de plantaciones. La gente de cada lugar debería decidir cuales son aplicables y que otras deberían agregarse.

 

El 21 de setiembre podría ser una celebración para esos organismos vivos que la mayor parte de la gente considera ambientalmente simbólicos –los árboles- pero la manera en que están siendo utilizados para generar ganancias para algunos, hace necesario conmemorar este tercer Día Internacional contra los monocultivos de árboles. Tenemos la esperanza de que en un futuro próximo este Día no será más necesario.

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COMUNIDADES Y BOSQUES

 

- Brasil: campaña internacional contra la violencia rural en la Amazonía

 

En el marco de la campaña nacional e internacional “¡Basta de violencia en el campo! ¡Corte este mal por la raíz!” impulsada por la Rel-UITA y la Confederación Nacional de Trabajadores en la Agricultura (CONTAG) de Brasil, contra la violencia rural en ese país, un equipo integrado por Álvaro Santos, Emiliano Camacho y quien esto escribe viajó desde Montevideo, Uruguay, al estado de Pará, en la Amazonia brasileña. El propósito fue filmar un video documental que recogiera testimonios de algunos de las decenas de casos de dirigentes rurales asesinados o amenazados de muerte.

 

Estas personas luchan en la “primera línea de fuego”, allí donde los “grileros” queman miles y miles de hectáreas de selva para apoderarse de esas tierras sin ninguna documentación –y cuando la tienen siempre es fraudulenta– y explotarla durante los pocos años que durará su fertilidad, irremediablemente condenadas a la desertificación. La asociación entre aventureros enriquecidos, militares retirados y en actividad que han fundado sus propias dinastías feudales desde los años dictatoriales de la década de los 60, los exportadores de maderas nobles que han arrasado con casi el 40% de la mejor madera de la Amazonia brasileña y continúan avanzando, los ganaderos y sojeros sobre enormes extensiones de tierras pirateadas, constituye un factor de poder tan fuerte que, con algunas escasas y honrosas excepciones, arrasa con la Justicia, la Policía y el sistema político local.

 

El vídeo de 40 minutos producido en esta oportunidad,* recoge tres de estas historias que sirven para comprender cómo se traduce a nivel personal, individual, en la peripecia de los sobrevivientes, esta masacre social y ambiental que se está ejecutando sobre la Amazonia. Para tener una idea del tamaño del desastre, basta citar algunos datos:

 

- Considerando sólo el período de la dictadura brasileña (1964-1985), hubo 10 millones de hectáreas de la Amazonia destinadas a colonización. La mayoría distribuida entre los propios altos oficiales militares.

 

- Desde entonces hasta ahora se produjeron más de 1.550 asesinatos vinculados a la disputa por la tierra entre poderosos hacendados y campesinos sin tierra o dirigentes de trabajadores rurales. Sólo entre 1985 y 2004 hubo 560 homicidios denunciados por esta causa.

 

- De ellos, la policía investigó apenas el 30 por ciento, sólo el 6 por ciento generó un proceso judicial y nada más que en el 3 por ciento de los casos hubo un pronunciamiento de la justicia, casi siempre absolutorio de los sospechosos por “falta de pruebas”. En resumen, los casos en los que se condenó a alguien no llegan al 1 por ciento, y prácticamente en ninguno de ellos “se logró” enjuiciar a los autores intelectuales de los asesinatos.

 

- Esta ineficiencia de los aparatos policiales y judiciales ha provocado que 300 homicidios ya prescribieron.

 

- En 2003 se registraron 35 mil familias expulsadas de sus parcelas; en 2004 fueron 37 mil; y en 2005 la cantidad bajó a “sólo” 26 mil familias. No obstante, las cifras parciales en lo que va de este año permite suponer que al fin de 2006 se habrá producido un incremento de familias expulsadas del campo en relación con el año anterior.

 

- Los brasileños les llaman “grileiros” a los hacendados que lo son por haber “robado” tierras fiscales. Muchas veces decenas de miles de hectáreas. Estos grileiros abren una brecha en la selva por donde puedan entrar y salir grandes camiones. Luego talan toda la madera con alto valor de mercado y el resto lo incendian. Las fotos satelitales muestran todos los días los centenares de incendios (“queimadas”, dicen en Brasil) que levantan altas columnas de humo en toda la selva amazónica, desde Bolivia hasta Venezuela.

 

- Después de quemar la “floresta inútil”, los grileiros falsifican títulos de propiedad con la complicidad de autoridades locales corruptas y alambran la nueva “adquisición”. Por este procedimiento hay hacendados que llegan a acumular más de 200 mil hectáreas. Primero colocan ganado que “amansa” el suelo selvático, y después plantan soja transgénica usando masivamente el herbicida glifosato para controlar las malezas.

 

- En la ciudad de Santarem, en plena selva y sobre el río Amazonas, la corporación transnacional Cargill construyó sin permisos de ningún tipo su propio puerto y los depósitos de soja más grandes del mundo donde acopia la soja producida en estas haciendas ilegales.

 

- Según cálculos oficiales y conservadores, en todo Brasil han sido “griladas” unas 100 millones de hectáreas, de las cuales el 90 por ciento se ubica en la Amazonia. Esta superficie equivale a los territorios de toda América Central y México sumados.

 

- Las propuestas de reforma agraria que provienen desde la sociedad civil plantean un uso racional de la floresta: del total de tierra asignada a una comunidad o a una familia de agricultores, sus propietarios sólo pueden cultivar el 20 por ciento, y adquieren el compromiso de conservar el otro 80 por ciento en el cual sólo pueden realizar labores de extracción sustentable. El cumplimiento de este compromiso está vinculado a la propiedad de la tierra.

 

- En opinión de los sindicatos y asociaciones de campesinos locales el actual gobierno ha hecho esfuerzos notorios para provocar cambios en esta situación. Por ejemplo: en los últimos años se liberaron en la zona 17.325 personas que estaban sometidas a trabajo esclavo en haciendas alejadas de centros poblados. En 2005 se multiplicaron por cuatro los recursos federales destinados a resolver y prevenir estos conflictos. Se aprobaron leyes de protección  de importantes áreas de la Amazonia (que habrá que hacer cumplir) sin que esto colme las aspiraciones y necesidades de las comunidades concernidas. Se aprobó la ley de protección de las comunidades quilombolas. Se comenzó a implementar un programa de georeferenciamiento de la “frontera caliente” de la floresta amazónica correspondiente a las áreas más atacadas por los grileiros y madereros, a cargo del ejército brasileño, entre otras iniciativas y acciones.

 

- A pesar de esto, el ritmo de deforestación en la Amazonia brasileña permanece en aproximadamente 2 millones de hectáreas anuales, y los cambios ya decididos en la capital muchas veces demoran años en llegar hasta los lugares concretos donde las comunidades y los trabajadores rurales sufren las consecuencias de la impunidad y el absolutismo de los hacendados, de los poderosos.

 

La campaña nacional e internacional de la Rel-UITA y la CONTAG ya está dando resultados positivos como la visita de delegaciones sindicales y parlamentarias europeas al gobierno brasileño y a la zona de Pará con el propósito de conocer in situ la situación denunciada. La presencia de la Policía Federal en la zona, y el reforzamiento de los recursos económicos y humanos del Ministerio Público en la región han abierto una esperanza de cambio. La experiencia acumulada en tantos años de lucha, sin embargo, provoca que ninguna organización social baje la guardia y todas se mantienen activas y alerta.

 

Por Carlos Amorín, Rel-UITA

 

*“En la frontera del miedo. Historias de vida y muerte”, Dirección y guión: Carlos Amorín y Alvaro Santos; Cámaras: Emiliano Camacho, Alvaro Santos, César Ramos; Edición: Fabián Arocena; Realización: Osmedia (www.osmedia.com.uy); Producción: Rel-UITA (www.rel-uita.org), CONTAG (www.contag.org.br). Por información sobre el vídeo: uita@rel-uita.org

 

La versión completa de este artículo se encuentra disponible en http://www.wrm.org.uy/paises/Brasil/Para.html.

 

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- Cuenca del Congo: financiación internacional para apoyar madereo oligárquico

 

Las concesiones madereras en el continente africano se perciben a menudo como unidades de manejo forestal. Sin embargo, es más apropiado verlas como una especie de moneda de cambio en un sistema más amplio de poder político y explotación.

 

La comunidad internacional ha cumplido un papel importante en el establecimiento y la perpetuación de las políticas del “patrimonio maderero”. La forma más importante en que los países del Norte promueven el madereo oligárquico es probablemente el apoyo político, militar, económico y diplomático a los regímenes oligárquicos que está destinado a servir. A menudo este apoyo es extraoficial, privado u oculto. Las instituciones financieras internacionales brindan ayuda adicional al otorgar préstamos sin exigir reformas forestales y préstamos para proyectos o reformas forestales ineficaces o mal dirigidos y al aportar al sector privado inversiones relacionadas con operaciones forestales.

 

A pesar de los problemas ya conocidos del sector de bosques de Camerún, la financiación internacional sigue lloviendo en el país: durante la década de los 90 se entregaron por lo menos US$ 75 millones de ayuda exterior a proyectos forestales y de conservación.

 

A mediados de los años 1990, la Administración británica para el comercio exterior (Britain’s Overseas Development Administration) intentó (más tarde lo hizo el DFID - Departamento para el Desarrollo Internacional) instrumentar un programa para “hacer operativas” las disposiciones de la Ley Forestal de 1994 de Camerún relativas al establecimiento de bosques comunitarios. Para esto se requería establecer, en primer lugar, un conjunto claro de normas para la adjudicación de los bosques comunitarios, cosa que el gobierno de Camerún nunca hizo, y en segundo lugar una unidad dentro del Departamento Forestal para administrar dichos bosques. Tal como los define la Ley Forestal de Camerún, los bosques comunitarios son muy limitados tanto en tamaño (5.000 hectáreas como máximo) como en duración (15 años, renovable por otros 15). Además, solamente pueden establecerse en las zonas limitadas de bosque “no permanente”, excluyéndoselos así de las zonas designadas como unidades de manejo forestal (UFA). Sin embargo, después de la aprobación de la Ley Forestal de 1994, estas zonas de bosque no permanente fueron volviéndose cada vez más importantes para la maquinaria política como medio para adjudicar derechos de madereo a corto plazo, del tipo “corte y váyase” o “venta de cortes”. De este modo la administración de bosques trabajó activamente en contra de la instrumentación de los bosques comunitarios.

 

Con esto se ilustra el hecho de que las instituciones que hoy administran el “sector forestal” en algunas partes de África no solamente se articulan principalmente en torno al madereo sino que también, dado que este madereo se vincula con los intereses creados de altos personajes políticos, se oponen directamente a todo uso de los recursos forestales (como los bosques comunitarios) que, aunque beneficiosos en términos de desarrollo, pusiera potencialmente en peligro el arbitrio absoluto que estas figuras políticas han ejercido en la utilización de los bosques como forma de patrocinio político. 

 

Dada la importancia de las concesiones madereras para ‘aceitar el engranaje’ del patrocinio político, el soborno y la corrupción en todos los países de la cuenca del Congo (y en otros lugares: Costa de Marfil, Togo, Guinea, etc.), no sorprende que los proyectos con financiación internacional destinados a brindar “asistencia técnica” para mejorar el “desempeño” de las concesiones forestales de África hayan demostrado ser fracasos tan espectaculares.

 

Extraído de: “The political ecology of the African logging concession system and the complicity of international donors”, Simon Counsell y Arnaud Labrousse, enviado por Simon Counsell, Rainforest Foundation, correo-e: simonc@rainforestuk.com

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- Laos: la madera certificada por el FSC es ilegal

 

La certificación de una operación forestal en virtud del sistema del Consejo de Manejo Forestal (FSC) debería significar que todos podemos estar tranquilos al saber que los bosques están siendo manejados razonablemente bien. Lamentablemente, parece que no es el caso. SmartWood, una certificadora acreditada por el FSC, certificó recientemente en Laos operaciones que de acuerdo con la Ley Forestal de ese país producen madera en forma ilegal.

 

La certificación del FSC es el resultado de más de una década de proyectos de asistencia y millones de dólares de ayuda financiera. Entre 1996 y 2000, un proyecto financiado por el Banco Mundial y el gobierno de Finlandia estableció una serie de Asociaciones Forestales de Aldea en las provincias laosianas de Savannahkhet y Khammouane. Este proyecto era parte del Programa de manejo forestal y conservación  (FOMACOP) y su objetivo era desarrollar un modelo de “silvicultura de aldea” mediante el cual los aldeanos extraerían árboles de los bosques y recibirían una parte del dinero obtenido por la madera.

 

En 1999 se hicieron los primeros intentos de determinar si la “silvicultura de aldea” podía ser certificada por el FSC. Pero los funcionarios del gobierno de Laos no estaban conformes con ningún tipo de supervisión externa de las operaciones forestales. Corrió el rumor de que los funcionarios temían perder una lucrativa fuente de ingresos: los sobornos de la industria maderera. FOMACOP se derrumbó en el año 2000, poco después del fallido intento de certificación.

 

Luego el Banco Mundial y el gobierno finlandés iniciaron otro proyecto, esa vez llamado Proyecto forestal sustentable y desarrollo rural (SUFORD). En mayo de 2003, SmartWood evaluó el manejo forestal. En enero de 2006, luego de que una serie de condiciones se cumpliera a su satisfacción, SmartWood otorgó un certificado FSC a 39.000 hectáreas de bosque manejado por seis aldeas en la provincia de Savannahkhet. Un mes antes SmartWood había certificado cerca de 10.000 hectáreas de silvicultura de aldea en la provincia de Khammouane.

 

El WWF apoyó la certificación junto con Tropical Forest Trust, organización fundada en 1999 para expandir la superficie de bosques certificados por el FSC en zonas tropicales. “La certificación FSC de estos bosques es un paso gigante hacia el manejo forestal sustentable y la conservación en la región”, afirmó Roland Eve, el director del WWF para Laos.

 

Pero el informe de la auditoría del proyecto SUFORD financiado por el Banco Mundial y Finlandia cuenta una versión diferente. El informe documenta los datos recogidos en una visita realizada por un equipo compuesto por el Departamento Forestal de Laos y un consultor del proyecto SUFORD, Tomas Jonsson. El equipo visitó el distrito Thapanthong de la provincia de Savannahkhet entre marzo y mayo de 2006.

 

El equipo descubrió que las operaciones certificadas de madereo no se llevan a cabo de acuerdo con los planes de manejo. Según el informe de Jonson, “Los documentos estaban por todos lados y faltaban partes” y “eran entendidos sólo parcialmente” por los funcionarios forestales locales, madereros y pobladores.

 

El equipo comprobó que los pobladores y el personal forestal local eran “prácticamente incapaces de utilizar los mapas de árboles”. Se descubrió que los mapas eran inexactos. En el bosque, los árboles que había que cortar no estaban marcados en forma adecuada. Se habían talado árboles sin marcar. Algunos árboles marcados estaban en pie. Se habían cortado árboles de resina utilizados por los aldeanos.  En la zona de corte habían quedado algunos troncos grandes de buena calidad. Nada sorprendente si se tiene en cuenta que los madereros no tenían los mapas. Tampoco tenían indumentaria de seguridad ni equipos protectores. Los trabajadores vivían bajo una lona encerada, en un campamento maderero sin baños ni instalaciones para el aseo.

 

Se cortaron más árboles que lo indicado en los planes de manejo porque la provincia emitió cuotas de madereo “por encima de los volúmenes cosechables según los planes de madereo aprobados”. Se habían talado muchas áreas que de acuerdo con los planes de manejo todavía no tendrían que haberse cosechado. El equipo también encontró signos de que los pobladores estaban cortando y procesando madera aserrada dentro de la zona certificada. 

 

El equipo concluyó que el madereo no está siendo controlado por los planes de manejo sino dirigido por la demanda de una cantidad siempre en aumento de aserraderos locales. La interpretación de los planes para el madereo es que éstos “dan derecho a cortar determinado volumen en lugar de permitir específicamente la remoción de los árboles seleccionados y marcados”, según el informe de Jonsson. 

 

Con la certificación del FSC debería ser posible saber de qué lugar específico del bosque procede la madera, mediante un sistema de marcado y seguimiento de la misma. El equipo comprobó que “ningún árbol ni tronco estaba marcado según las exigencias”, y esto ocurrió “en todos los lugares inspeccionados (bosque, playa de troncos, aserradero)”. Los troncos marcados no llevaban el número apropiado y a menudo la marca se hacía con tiza. “El seguimiento y la cadena de custodia de árboles y troncos son por lo tanto imposibles”, escribió Jonsson en su informe.

 

El equipo supervisor también encontró pruebas de madereo ilegal: madereo en zonas para las que los planes de manejo aún no habían sido aprobados o no existían. Si los troncos no se marcan en forma apropiada, no hay forma de saber si la madera de esa operación ilegal u otras por el estilo no se está haciendo pasar como  madera certificada por el FSC.

 

Pero SmartWood sabe todo esto. Los asesores de SmartWood pusieron una condición que reza: “Al final del Año 1, todos los troncos deben contener marcas claras y duraderas (por ejemplo, pintura o cortes) para identificar la aldea, la faja y el número de tronco”.

 

En virtud de la Ley Forestal de Laos es ilegal mover troncos que no hayan sido marcados en la forma apropiada. Por lo tanto, mientras no se cumpla la condición impuesta por SmartWood, para la ley de Laos la madera de Savannahkhet certificada por el FSC es ilegal.

 

Por Chris Lang, correo-e: http://chrislang.org, www.chrislang.blogspot.com

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- Nicaragua: minería en la Reserva de Biosfera del Sureste

 

Nicaragua conoce desde hace largo tiempo los efectos de la minería. Las numerosas explotaciones de oro y otros minerales metálicos han dejado una secuela de deterioro ambiental, impactos sobre el recurso hídrico con niveles elevados de cianuro, plomo y arsénico, entre otros, y daños irreparables en la salud de miles de trabajadoras y trabajadores, quienes además han visto violentados sus derechos laborales.

 

A pesar de que algunos municipios de Nicaragua que apostaron al desarrollo sobre la base de actividades extractivas son los que registran mayores niveles de pobreza --de acuerdo con el mapa de pobreza elaborado por el Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos (INEC)-- el Gobierno de Nicaragua muestra un creciente interés por continuar otorgando concesiones mineras en todo el país. El Centro Humboldt ha registrado que al mes de diciembre del año 2005 se ha otorgado un total de 1.401.539 hectáreas en concesiones mineras de exploración y explotación metálica y no metálica, en un país cuyo territorio tiene una superficie terrestre total de 12.142.800 hectáreas.

 

Recientemente, el Gobierno Municipal de Nueva Guinea, otorgó a la Empresa Minerales de Nicaragua S.A. (MINESA) un permiso para exploración y explotación minera a cielo abierto. Miembros del Comité de Desarrollo Municipal (CDM), de la Comisión Ambiental Municipal (CAM) y de la Sociedad Civil Organizada (SCO) denunciaron el hecho ante la Sala de lo Contencioso de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). En marzo de 2004, MINESA había solicitado a la Dirección General de Recursos Naturales del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (MIFIC), una concesión minera por un período de 25 años, en un lote denominado San Antonio, con un total de unas 23.000 hectáreas.

 

El lugar se encuentra en el Municipio de Nueva Guinea, que forma parte de la Reserva de Biosfera del Sureste de Nicaragua, la cual posee una extensión de 18.340 Km2 y alberga gran biodiversidad de flora y fauna. “El suelo de Nueva Guinea es arcilloso y ácido. Por ser un trópico húmedo, la descomposición de las hojas, elementos orgánicos y la humedad le favorece con una capa fértil, lo cual lo hace productivo. Sin embargo, el desarrollo de la minería perjudicaría nuestro ambiente, al convertir el suelo en trópico seco” explicó Luis Umaña, representante de la SCO. La explotación minera cambiaría por completo el tipo de vegetación, la biodiversidad, flora y fauna, además de afectar la productividad de los suelos y provocar el desplazamiento de la población y otras actividades económicas que son generadoras de mayores ingresos.

  

Umaña explicó que con este tipo de acciones el Gobierno Municipal de Nueva Guinea inducirá la degradación socio-ambiental de la zona, que afectará a más de 120.000 habitantes. Como es una región de lluvias constantes, existe gran peligro de que la tierra absorba el cianuro que se esparza, con lo cual se contaminarán las aguas subterráneas.

 

La SCO denunció que no se había cumplido con lo que disponen las leyes acerca de realizar una consulta previa a la población para una concesión minera. “Se ha violentado la Ley 475 de Participación Ciudadana, la cual faculta a todo gobierno a hacer consultas a los ciudadanos. Por lo tanto, solicitamos información más amplia, a fin de emitir opinión en relación a la viabilidad, beneficio o perjuicio que esta actividad pueda traer al municipio de Nueva Guinea” expresó Umaña.

 

El miembro de la SCO instó al alcalde de municipio y a su gobierno a que respeten los artículos 60 y 102 de la Constitución Política de Nicaragua, los cuales garantizan el derecho de los ciudadanos a habitar en un ambiente sano, así como la obligación del Estado de preservar y cuidar el ambiente y los recursos naturales.

 

Artículo basado en información obtenida de: “Reserva de la biosfera del Sur Este de Nicaragua en Peligro por concesión Minera”, Aldo Palacios, distribuido por la Red de Periodistas Ambientales; Caso: Expansión de Concesiones y Actividades Mineras en Territorios Centroamericanos, Centro Humboldt, http://www.humboldt.org.ni/descargas/denuncias_
veredictos/veredicto%20Caso%20Centroa

m%E9rica%20mineria.pdf

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COMUNIDADES Y MONOCULTIVOS DE ÁRBOLES

 

- Brasil y Uruguay: las promesas de Stora Enso y la dura realidad

 

Desde hace algunos meses tanto en Uruguay como en el Sur de Brasil circulan insistentemente declaraciones, de funcionarios de la empresa sueco finlandesa Stora Enso, así como también de jerarcas de los gobiernos de ambos países, sobre las ventajas que tendrá para la población local la instalación de fábricas de celulosa de dicha empresa en la región.

 

El presidente para América Latina de Stora Enso, Nils Grafström, como otros altos ejecutivos de la firma sueco-finlandesa, recorren diferentes poblados de ambos países con el solo cometido de anunciar riqueza y desarrollo preservando el medio ambiente. Algo muy similar ocurre también en este momento en otros países latinoamericanos, africanos y asiáticos como China, donde representantes empresariales suecos y finlandeses no cesan de afirmar las bondades sociales, económicas y ambientales de sus proyectos de instalación de miles de hectáreas de plantaciones y de nuevas fábricas de celulosa. 

 

Sin embargo los hechos demuestran que una vez instaladas en los países del sur la realidad es muy diferente a lo que estas empresas prometieron. 

 

La experiencia de la fábrica de celulosa Veracel –propiedad conjunta de Stora Enso y Aracruz y operada por la primera- en el estado brasileño de Bahia es un claro ejemplo de insustentabilidad. Tal como lo afirma una carta que recibimos firmada por un conjunto importante de “hombres, mujeres y jóvenes, trabajadores rurales y urbanos, indígenas, ambientalistas, científicos, profesores y estudiantes” de esa región brasileña, en la que denuncian “la situación de degradación y miseria en que se encuentra la región del Extremo Sur de Bahia, promovida por la empresa de celulosa, Veracel, una joint venture de Stora Enso”.

 

Dicha situación es el resultado de los impactos sociales y ambientales derivados tanto de los grandes monocultivos de árboles que la empresa ha estado estableciendo desde hace años en esa región para disponer de la necesaria materia prima, como de la propia fábrica de celulosa que empezó a funcionar en el año 2005 con una producción anual de 900.000 toneladas de celulosa para exportación.

 

En esa carta se dice que “a lo largo de los años, Veracel originó antecedentes de degradación al medio ambiente, concentración de tierra, expulsión de miles de trabajadores del campo para las periferias de las ciudades, causando grandes trastornos sociales y ambientales”.

 

Con respecto al tema de la generación de empleo, la carta afirma que “no satisfecha con la cantidad de tierras adquiridas en el extremo sur de Bahia para la plantación de eucaliptos, Veracel Celulose avanza ahora para el sur del estado” y que “solamente en el municipio de Mascote, la empresa adquirió diversas propiedades. Aproximadamente 400 trabajadores perdieron sus puestos de trabajo. Gran parte de estos trabajadores se trasladaron para las periferias de las ciudades vecinas”.

 

Al igual que lo que está aconteciendo en Uruguay y en muchos otros países, los firmantes de la carta denuncian que “En una de las propiedades del Conjunto Santa Rita (formada por 4 haciendas) adquiridas por Veracel... las casas, corrales y plantaciones ya fueron destruidos para borrar los vestigios de que un día hubo allí seres humanos que sobrevivían de la tierra”.

  

También como ya está ocurriendo en otras regiones, las plantaciones impactan sobre el agua, y en ese sentido la carta dice que: “En toda la región, la plantación extensiva de eucalipto promovió la desaparición de diversos ríos y cañadas”.

 

Cuando Stora Enso se instaló en Bahía, lo hizo en base a las mismas promesas de empleo, desarrollo y riqueza que ahora está haciendo en otros países.  Según la prensa uruguaya  por ejemplo “la información manejada hasta ahora por Stora Enso” es que durante su fase operativa generará “unos 3.000 puestos directos e indirectos”. En Bahía dichas promesas no solo no se cumplieron, sino que la empresa generó expulsión rural, desempleo y miseria.

 

Nos preguntamos hasta cuándo estas empresas podrán seguir repitiendo sus mentiras impunemente.

 

La carta a la que hacemos referencia en este artículo se encuentra disponible en:

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- Camboya: los impactos de las plantaciones de pino en la provincia de Mondolkiri

 

Desde la transición de Camboya hacia una economía de mercado, ocurrida a principios de los años 1990, en ese país se ha acelerado el establecimiento de monocultivos de árboles de crecimiento rápido para producir la llamada madera rápida. En el marco del paradigma de desarrollo de “concesiones económicas” se propusieron y establecieron plantaciones de maderas rápidas como acacia, pino y eucalipto. La mayoría de estas concesiones económicas violan la ley camboyana y no hay muchos indicios de que hayan creado los beneficios e ingresos para el Estado propuestos.

 

Entre setiembre de 2004 y marzo de 2005 el grupo de activistas ambientalistas voluntarios Environment Forum Core Team (EFCT) hizo una investigación de campo en cuatro concesiones económicas de Camboya. El grupo EFCT es parte de una red de ONG orientadas al medio ambiente establecida por el Foro de ONG sobre Camboya en 1995. Mediante la utilización de métodos cualitativos y cuantitativos, EFCT observó los probables beneficios y desventajas de las concesiones económicas sobre el sustento de las personas (véase el informe completo en inglés en: http://www.ngoforum.org.kh/Land/Docs/Plantation/EFCT%20Plantations%20Report%20FINAL.pdf).

 

Entre los casos investigados figura el de la plantación de árboles de crecimiento rápido de Wuzhishan LS Group en la provincia de Mondolkiri. Tras haberse establecido como empresa en mayo de 2004, Wuzhishan recibió en agosto de ese año permiso para establecer una plantación de pino de 199.999 hectáreas en los distritos Sen Monorom y Ou Reang, provincia de  Mondolkiri. El límite de la concesión también se superpone en parte con la zona de conservación de la biodiversidad de Seima. 

 

Para la planificación de la concesión no hubo consultas con las comunidades locales y la comunicación con las autoridades locales fue extremadamente limitada. No existe un mapa oficial disponible para el público que indique la extensión de la concesión otorgada. En setiembre de 2004, Wuzhishan inició sus operaciones en serio, aplicando el herbicida glifosato en praderas de la concesión, quemando la vegetación muerta y procediendo a plantar 250.000 pinos. Al preparar la tierra para la concesión, Wuzhishan "limpió" indiscriminadamente no sólo las praderas que la población local Phnong usa para pastar su ganado sino también bosques espirituales y cementerios ancestrales, elementos esenciales de la cultura Phnong. El uso de herbicida fue muy criticado por las comunidades: se cree que contaminó el agua y afectó la salud humana y que es responsable de la muerte de ganado. 

 

El 16 de junio de 2005 hubo grandes manifestaciones. Entre 650 y 800 personas afectadas por la plantación, en su mayoría Phnong, protestaron frente a la oficina de la empresa en la ciudad de Sen Monorom. Esto llevó al Consejo de Ministros a emitir una notificación el 17 de junio de 2005 ordenando a  Wuzhishan suspender inmediatamente la plantación en todas las zonas de la concesión. Se estableció un comité interministerial para resolver el problema.

 

No obstante, ante la aparente falta de avances y el hecho de que la empresa seguía plantando, a fines de junio las comunidades protestaron con cortes de ruta en las comunas afectadas por la concesión. Según se informó, luego de esto las comunidades fueron objeto de numerosas amenazas y tácticas de intimidación. Los cortes de ruta duraron alrededor de una semana hasta que la empresa los rompió con camiones llenos de trabajadores que blandían azadas, palos y cuchillos.

 

Los resultados de la investigación  demuestran que la principal ocupación de casi todos los hogares entrevistados (98%) era la agricultura y cría de animales. El 65% manifestó que las operaciones de la empresa habían afectado estas actividades agrícolas, debido principalmente a la pérdida de tierras y los efectos de la fumigación con glifosato. Según se informa, muchas mujeres de las aldeas ya no salen al campo por temor a ser violadas por los trabajadores de la empresa.

 

Los entrevistados afirmaron que la madera disponible había disminuido significativamente y culparon de este hecho principalmente a Wuzhishan, que taló el bosque. Se observó también que la vida silvestre era menos abundante y se informó de la pérdida de hábitat resultado de las actividades de  Wuzhishan.

 

En el momento de escribir el informe se desconocía a cuánto ascendían exactamente las pérdidas de los pobladores, pues el límite preciso de la plantación en las cercanías de las aldeas seguía negociándose. A pesar de ello, el  57% de los entrevistados afirmó que perdería parte de sus tierras. Las grandes superficies de praderas alejadas del centro de los poblados, que los habitantes usan para pastar su ganado, se están perdiendo.  Se están talando bosques y árboles frutales (que crecen tanto en los bosques como en las praderas abiertas) vitales para la recolección de productos forestales no madereros y se están obstruyendo las sendas utilizadas por los Phnong. Además, los trabajadores de la empresa roban animales, fruta y cultivos. También se han destruido importantes sitios culturales, a saber bosques espirituales y cementerios. El reconocimiento legal de la propiedad de la tierra se ve complicado por los sistemas de propiedad comunal practicados por los indígenas Phnong.

 

En el 21% del total de los hogares entrevistados había personas que trabajaban en la plantación. Cada obrero trabajaba ocho horas por día y recibía una paga de entre US$ 30 y US$ 42,50 mensuales; muchos trabajadores recibían también 25 kg de arroz por mes. La Oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Camboya (UNCOHCHR) describió las condiciones de trabajo en la plantación como duras. Los pobladores entrevistados manifestaron que: cuando estaban enfermos no podían pedir el día; tenían que trabajar mucho; el salario no era suficiente; estaban preocupados porque supuestamente había violadores entre los trabajadores; se los presionaba para que trabajaran mucho; los trabajadores robaban ovejas, perros y vacas para comer. Informes más recientes (agosto de 2005) indican que en su mayor parte los empleados de la plantación son trabajadores itinerantes y no indígenas Phnong locales.

 

La concesión de Wuzhishan ha tenido graves impactos negativos sobre el sustento de los habitantes locales, en su mayoría indígenas Phnong, lo que provocó varias protestas y requirió la intervención del gobierno central para negociar una solución. No hubo consultas con la población local durante las etapas iniciales del desarrollo de la concesión, lo que llevó a que se perdiera confianza en la empresa y al sentimiento general de que las inquietudes de la gente no se están tratando adecuadamente. Tampoco se consultó a autoridades y departamentos de gobierno locales, y se los dejó al margen del proceso de adopción de decisiones. Cuando se les preguntó qué les parecía la empresa, en 11% de los hogares entrevistados la respuesta fue que les gustaba porque les daba trabajo, pero el 88% dijo que no le gustaba. 

 

Después de la publicación del informe las comunidades afectadas han intentado continuar el diálogo con el gobierno. En octubre de 2005 funcionarios del Ministerio de Medio Ambiente llevaron a cabo una evaluación del impacto ambiental y social en menos de dos días. La evaluación, a la que hasta ahora no se ha dado publicidad, no encontró impactos ambientales y atribuyó los impactos sociales a las exigencias irrazonables de los pobladores. Desde entonces, la opinión de que las comunidades locales son demasiado exigentes e incultas para comprender el “desarrollo” ha sido repetida en varias reuniones entre representantes de las comunidades y funcionarios del gobierno. Recientemente se organizaron “viajes de estudio” a la capital y otras provincias “más desarrolladas” para que los concejales comunitarios de la zona afectada, en la provincia de Mondolkiri, aprendieran del ejemplo. No se informó a las organizaciones de la sociedad civil, a las que se impidió sistemáticamente apoyar a las comunidades. Los pobladores indígenas Phnong temen que el gobierno demarque sus tierras comunitarias sin ningún respeto por sus derechos tradicionales, derechos claramente reconocidos por la ley de Camboya. Hasta el momento la situación sigue sin resolverse.

 

Extraído y adaptado de: “Fast-wood Plantations, Economic Concessions and Local Livelihoods in Cambodia”, Environment Forum Core Team (EFCT), http://www.ngoforum.org.kh/Land/Docs/Plantation/EFCT%
20Plantations%20Report%20FINAL.pdf
. Información actualizada por el Foro de ONG sobre Camboya. 

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- India: la nueva Política Nacional Forestal ¿abrirá la puerta a los árboles GM?

 

El estudio de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas (FAO) “Examen provisional de la biotecnología en la silvicultura, incluida la modificación genética” (ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/008/ae574e/ae574e00.pdf), publicado en diciembre de 2004, es un resumen del estado de la biotecnología aplicada a la silvicultura en general con una mirada específica a la modificación genética de los árboles. Allí se informa de 225 ensayos de campo al aire libre de árboles GM en todo el mundo, distribuidos en 16 países. Desgraciadamente no se hace diferencia entre ensayos de campo actuales y pasados, con lo que se brinda una imagen un poco sesgada. Según el estudio, 150 de los 225 ensayos están en Estados Unidos. Los restantes aparecen más que nada en Europa: Francia, Alemania, Gran Bretaña, España, Portugal, Finlandia y Suecia, así como en Australia y Canadá. En cuanto al Sur, se informa de ensayos de campo en India, Sudáfrica, Indonesia, Chile y Brasil. Hasta donde se sabe, China es el único país que ha establecido plantaciones comerciales de árboles GM, con bastante más de un millón de árboles plantados en diez provincias.

 

El estudio indica que India llevó a cabo un ensayo de campo de árboles GM. En la actualidad se está debatiendo una nueva Política Nacional Forestal a puertas cerradas; según un informe del Indian Financial Express, de ésta “se espera que dé un espaldarazo a los árboles genéticamente modificados (GM) para potenciar la industria del papel y mejorar la calidad de los productos de la madera”.

 

Los árboles modificados genéticamente tienen el potencial de cambiar los bosques del mundo en forma permanente y radical. Al igual que con los cultivos GM, la fuga de genes es uno de los principales problemas, pero los efectos tienen mayor alcance debido al papel fundamental de los árboles en el ecosistema.

 

Los periodistas de Ecologist Asia hicieron algunas averiguaciones pero no pudieron descubrir detalles de la Política Nacional Forestal propuesta. La subsidiaria de Monsanto en India afirma no estar trabajando actualmente con árboles GM en el país. En respuesta a una consulta vía correo electrónico, Susan Joseph, representante en India de la empresa, dijo desde su oficina en Mumbai que “El negocio de Monsanto en India consiste en desarrollar herbicidas de alta calidad, semillas híbridas (maíz y girasol) y semillas con rasgos  biotecnológicos (algodón Bt)”. Sin embargo, cuando se le preguntó sobre la probable actitud de Monsanto en caso de que la nueva Política Nacional Forestal promoviera los árboles GM, no contestó.

 

En respuesta a esta declaración Anne Peterman, de la organización estadounidense Global Justice Ecology Project, que coordina una campaña internacional contra los árboles GM, dijo que “Se están modificando árboles para que resistan al herbicida Roundup de Monsanto. Si se proponen árboles Roundup Ready para India hay una conexión con Monsanto, incluso aunque Monsanto no haya participado directamente de la investigación y el desarrollo. Sin lugar a dudas se beneficiarán con estos árboles gracias al aumento de las ventas de su tóxico herbicida Roundup”. Si, como sugiere el Indian Financial Express, el despliegue de árboles GM en India se hace con el propósito de potenciar la industria del papel, es probable que uno de los rasgos modificados genéticamente sea la cantidad de lignina de los árboles. Reducir la lignina, que otorga rigidez y fuerza a las paredes de las células vegetales, implica un ahorro en potencia para la industria de la pulpa y el papel, que así tendría menos lignina que eliminar durante el procesamiento de la fibra de madera. 

 

Sin embargo, como señala el profesor Joe Cummins, de la organización británica Institute of Science in Society (ISIS) en un artículo científico sobre la reducción de lignina, “las ventajas de la reducción de lignina no compensan las desventajas de los vegetales con lignina reducida, que son atacados con mayor facilidad por predadores como insectos, hongos y bacterias”.

 

Es probable que los débiles árboles GM de lignina reducida necesiten otros rasgos de ingeniería genética tales como resistencia Bt a los insectos y tolerancia a herbicidas. Por lo tanto, solamente será cuestión de tiempo hasta que los rasgos escapen al ecosistema silvestre, como ha ocurrido con cultivos GM de diversos tipos.

 

Los organismos internacionales como la FAO también tienen un papel fundamental en el tema de los árboles GM. En respuesta a una pregunta planteada por correo electrónico, Pierre Sigaud, de esta organización, dijo que “la FAO no se declara a favor ni en contra de los árboles GM”. En una declaración sobre biotecnología publicada en su sitio web, la FAO afirma que apoya “un procedimiento prudente caso por caso para afrontar las preocupaciones legítimas por la bioseguridad de cada producto o proceso antes de su homologación”. Sin embargo, la participación de la FAO en el programa de árboles GM de China parece representar una posición de hecho a favor de las plantaciones industriales de árboles GM. Se solicitó a la FAO una aclaración de su posición al respecto mediante un correo electrónico que no obtuvo respuesta.

 

Entre las especies GM que podrían llegar a comercializarse en India figura el eucalipto,  que ha sido llamado “árbol egoísta” debido a la gran cantidad de agua que consume, con el correspondiente efecto sobre el vulnerable nivel freático del país. La fumigación con glifosato, por ejemplo el Roundup de Monsanto, también conllevaría la inevitable contaminación del agua potable y  problemas de salud como cáncer y abortos para las personas del lugar; Dinamarca ya ha prohibido el glifosato por este motivo.

 

La nueva Política Nacional Forestal india se está gestando con estos antecedentes, posiblemente bajo presión de empresas que obtendrían ganancias con los árboles GM. Al tiempo que los ya mermados bosques de India luchan por abrirse paso en el siglo XXI junto con las comunidades humanas, los ecosistemas nativos y, especialmente, las reservas de agua que de ellos dependen; es hora de exigir transparencia en este proceso.

 

Artículo basado en información de: “The International Status of Genetically Modified Trees”, 2005, Anne Petermann, Global Justice Ecology Project, http://www.globaljusticeecology.org/index.php?name=getrees&ID=339; “Preliminary Review of Biotechnology in Forestry Including Genetic Modification”, FAO, diciembre de 2004, ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/008/ae574e/ae574e00.pdf; “GM trees bloom in rush to feed growing paper industry”, BV Mahlakshmi, 2005, http://www.financialexpress.com/fe_full_story.php?content_id=97000 ; “Frankentrees Threaten India’s Forests”, Philip Carter, correo-e: pcarter@web.ca, http://www.writingfortheplanet.com/images/
GE_Trees.pdf#search=%22Frankentrees%20Threaten%

20India%E2%80%99s%20Forests%22;

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- Indonesia: expertos del Banco Mundial y el WWF buscan nuevas formas de subsidiar plantaciones

 

Cuando se establecen plantaciones industriales en cualquier lugar del Sur, los gobiernos ofrecen a los inversores una gama de subsidios. En Indonesia el gobierno ha entregado miles de millones de dólares para el desarrollo de las plantaciones. Los sectores de las plantaciones y la celulosa también han recibido un generoso apoyo en materia de asistencia financiera. El Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo financiaron estudios en los años 1980. Diversas agencias de créditos para la exportación colaboraron en la financiación de la construcción de plantas de celulosa.

 

Durante la década de 1980, mientras las empresas madereras destruían vastas superficies de los bosques de Indonesia, el gobierno de este país estableció un “Fondo para la reforestación” financiado con las regalías que pagaban las empresas madereras. Una vez que las empresas cumplían sus obligaciones de reforestación podían reclamarle el dinero al Fondo. Por supuesto que la mayoría de las empresas no hizo ninguna reforestación y simplemente renunciaron al cobro de los pagos que hubieran correspondido si hubieran reforestado. El resultado fue que la cantidad de dinero del Fondo creció rápidamente.

 

En los 1990 el gobierno modificó el Fondo para la reforestación de modo de permitir la financiación directa de plantaciones industriales de árboles. Pero la mayor parte del dinero fue a parar a la familia de Suharto y sus compinches comerciales. La organización no gubernamental Down To Earth observa que Suharto utilizó dinero del Fondo para la empresa estatal de aviación y los Juegos del Sudeste Asiático. Entre 1993 y 1998 se perdieron más de 5 mil millones de dólares del Fondo. Muchos préstamos del Fondo que efectivamente se canalizaron a empresas de plantaciones industriales de árboles se convirtieron en deudas incobrables. Hace dos años, el Departamento Forestal reestructuró los préstamos del Fondo para la reforestación. Como resultado, 14 empresas de plantaciones cerraron porque no podían pagar la deuda.

 

Las empresas elevaron propuestas solicitando financiación para establecer plantaciones industriales de árboles, pero las superficies plantadas eran mucho menores que lo declarado. Entre 1990 y 1997 se distribuyeron casi mil millones de dólares del Fondo, con lo que deberían haberse pagado cinco millones de hectáreas de plantaciones; en realidad, se plantó menos de un quinto de esta superficie.

 

Este mismo año la Alianza Forestal de WWF/Banco Mundial inició un proyecto con el Ministerio de Bosques con el objetivo de desarrollar “mecanismos financieros que puedan ayudar a expandir y acelerar el desarrollo de las plantaciones”. En una "nota conceptual sobre la actividad" de febrero de 2006, la Alianza declara que la superficie de plantaciones de Indonesia precisa “por lo menos duplicarse” para garantizar el futuro de la industria procesadora de madera del país (que está dominada por la industria de la pulpa y el papel). La capacidad total de las plantas de celulosa indonesias asciende a casi seis millones de toneladas por año. Según el Centro Internacional de Investigaciones Forestales (CIFOR), cerca del 70% de la madera consumida en estas fábricas es madera dura tropical mixta procedente de lo que queda de los bosques de Indonesia.

 

En los casos en que se establecieron plantaciones, esto se hizo a un alto costo ambiental y social. Por ejemplo, en la provincia de Riau el 75% de las tierras de Asia Pulp and Paper se ubican en humedales de turba. La única forma de establecer una plantación es talando el bosque y drenando el suelo.

 

Una respuesta obvia sería tratar el problema estructural del enorme exceso de capacidad del sector de la pulpa en Indonesia. Las plantaciones ni siquiera son rentables. Según la Alianza del Banco Mundial y el WWF, “se cree que los ingresos producidos por las plantaciones son insuficientes para atraer inversiones comerciales”. Pero la Alianza Banco Mundial/WWF está determinada a rescatar a la industria de la celulosa buscando nuevos subsidios para nuevas plantaciones.

 

La propuesta de la Alianza Banco Mundial/WWF es una fiesta para consultores. Según la "nota conceptual sobre la actividad" de febrero de 2006, la Alianza contrataría “expertos consultores” y les pagaría un promedio de más de US$ 2.000 semanales.

 

Dichos expertos tenían que desarrollar una estrategia y un plan. Tenían que buscar instituciones financieras o mecanismos para crear incentivos para las plantaciones. Tenían que elaborar resultados provisionales y organizar talleres. Tenían que comprometer a los interesados. Tenían que elaborar criterios e indicadores, identificar oportunidades y obstáculos y analizar tendencias futuras y la evolución probable de los mercados.

 

Los expertos tenían que determinar “las condiciones e intervenciones que ayudarán a mejorar la financiación de las plantaciones basándose en el principio de “El árbol correcto en el lugar correcto por las razones correctas, lo que significa los mercados finales correctos””.

 

Los expertos tenían que “examinar formas de identificar los beneficiarios y los mecanismos financieros que permitirán que los recursos lleguen a los grupos objetivo correctos, participando en las actividades correctas (viables ambiental, social y financieramente) por los motivos correctos (información e interés del mercado) con la financiación correcta”. 

 

Los expertos tenían que “centrarse en el establecimiento de medios institucionales para asegurar que los fondos correctos vayan a los proyectos correctos basándose en la información correcta y que la inversión dé los réditos correctos dentro de los plazos correctos”.

 

Los expertos tenían que ser tan expertos como para poder hacer todo esto sin tomarse la molestia de hablar con ninguna de las comunidades afectadas por las plantaciones industriales de árboles. La “nota conceptual sobre la actividad” de la Alianza Banco Mundial/WWF declara que “Más que recoger datos primarios, este estudio de factibilidad debería continuar y sintetizar estudios y análisis previos”. 

 

Con este proyecto para subvencionar la industria de la celulosa, la Alianza Banco Mundial/WWF muestra de qué lado está realmente: con la industria de la pulpa y contra la gente.

 

Por Chris Lang, correo-e : http://chrislang.org, www.chrislang.blogspot.com

 

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- Perú: los depredadores de ayer y de hoy, de la deforestación a las plantaciones

 

En el número anterior (Boletín del WRM Nº 109) hacíamos referencia a la promoción de las plantaciones de palma aceitera, denunciando sus impactos sobre el bosque amazónico y los campesinos desplazados.

 

El ímpetu “plantador” continúa, también con otro tipo de exóticas. En julio de este año se presentó el Plan Nacional de Reforestación, que promueve plantaciones forestales con fines comerciales e industriales, y que fue aprobado en enero del año en curso. El plan se propone un ritmo anual promedio de plantación de aquí al 2024 de 104.500 hectáreas.

 

En un país en el que se depredaron más de ocho millones de hectáreas de bosques,  resulta sumamente irónico que se proponga como paliativo este plan de "reforestación", y ¡por los mismos autores de la depredación!

 

En efecto, el Plan Nacional de Reforestación fue puesto en marcha por los organismos oficiales –el Instituto Nacional de Recursos Naturales, INRENA, y el Ministerio de Economía y Finanzas— conjuntamente con empresarios y madereros. En un planteo similar a los aplicados en otros países de la región, se plantea canalizar las inversiones privadas mediante incentivos fiscales, que en este caso el Plan fija en un monto aproximado de 853 millones de dólares, que incluye operaciones de canje de deuda externa por plantaciones. Se define que el pago de incentivos para cada tipo de plantación y el fomento de la inversión privada se hará “a través del desarrollo de un mercado de capitales, que pueda ofrecer líneas de crédito, con períodos de gracia suficientemente amplios (cosecha) e intereses promocionales”. El propio grupo forestal Fondebosque así lo anuncia: “Inversiones Forestales Privadas. La Gran Oportunidad” (http://www.fondebosque.org.pe/boletin/Boletin25.htm).

 

Las instituciones financieras internacionales se alinean para facilitar el negocio. El Banco Mundial, la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la FAO, figuran entre algunas de las posibles fuentes de cooperación técnica financiera internacional. Por otro lado, dentro de los posibles mecanismos de financiamiento, la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) podrían encargarse del endeudamiento, mientras que el Fondo Italo Peruano y la Cooperación Financiera Alemana lo harían con el canje de deuda.

 

No hay casi restricciones para el negocio, ya que las plantaciones forestales con fines comerciales e industriales, de especies exóticas –eucaliptos y pinos-- pueden ser instaladas en casi todo el territorio nacional, pudiendo ubicarse en suelos agrícolas, forestales o pastizales, incluso en tierras de las comunidades campesinas andinas, a las cuales define que son “quienes poseen la mayor cantidad de tierras con aptitud para el establecimiento de este tipo de plantaciones”, cuyos estragos en otros países venimos denunciando profusamente (ver en nuestro sitio: “El problema de las plantaciones forestales”, en http://www.wrm.org.uy/plantaciones/acerca.html)

 

Además, el sector forestal ha logrado que recientemente el Congreso aprobara una nueva ley que se enmarca dentro del Plan Nacional de Reforestación, por la cual se pueden adjudicar en concesión tierras deforestadas de dominio público a inversionistas privados para implementar proyectos de forestación y reforestación. Dicha ley ya ha sido promulgada por el Poder Ejecutivo y solo falta su reglamentación.

 

Los depredadores de ayer, que se enriquecieron a costa de la destrucción de los bosques peruanos se convertirán ahora –según el discurso oficial- en “forestadores” y “reforestadores” y recibirán por ello cuantiosos recursos desde el Estado. Sin embargo, pese al cambio de título, seguirán siendo los mismos depredadores de siempre, destruyendo con sus monocultivos de árboles suelos, agua, flora y fauna y sumiendo a las poblaciones locales en la miseria.

 

Plan Nacional de Reforestación, http://www.inrena.gob.pe/iffs/pnr/proyecto_pnr-
v151205v1.pdf#search=%22Plan%20Nacional%20
de%20Reforestaci%C3%B3n%20per%C3%BA%22
; información proporcionada por Carlos Dávila Obregón, e-mail: carlosfelipedaob@yahoo.es

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- Sudáfrica: impactos diferenciados de las plantaciones de árboles sobre las mujeres

 

La historia de la industria de las plantaciones en Sudáfrica puede compararse con el desarrollo de las plantaciones en otras partes del Sur: en Brasil, Aracruz Celulose creció bajo una dictadura militar; el boom de la celulosa de Indonesia fue planeado y puesto a andar durante el régimen de Suharto; Camboya, Tailandia y Chile son otros ejemplos de cómo la opresión del Estado beneficia a las empresas de la celulosa y las plantaciones.

 

En Sudáfrica, la fase inicial afectó las tierras controladas por el Estado, de donde se desalojó a las comunidades, que fueron reubicadas en otras zonas tribales, decreto gubernamental mediante. La década de 1980 fue testigo de una ola de nuevas plantaciones encabezada por empresas de celulosa entre las que se destacan Sappi y Mondi. Todo esto ocurrió principalmente en tierras pertenecientes a agricultores blancos. Los costos, sobre todo los salarios y el acceso a la tierra, se mantenían bajos en forma artificial; gracias a esto y al generoso subsidio del gobierno en la época,  la industria plantadora local creció hasta convertirse en una importante exportadora de madera y productos derivados de la madera.

 

Sin embargo, la calidad de vida de las comunidades locales no ha mejorado con la industria de las plantaciones. Los llamados “acuerdos para empoderar a la población de color” (“empowerment deals”) y oportunidades de negocios para las comunidades no se difundieron ampliamente, con lo que se convirtieron en fuente de diferenciación y división social. Además, la invasión de las plantaciones madereras industriales ha tenido impactos ambientales que incluyen la destrucción irreversible de praderas y la reducción de la cantidad y la calidad del agua, lo que en la típica vida rural comunitaria es difícil de separar de los asuntos sociales, culturales, económicos y políticos.