Colombia:
el biodiesel de la palma aceitera
El mundo occidental,
en especial los países del norte, se rindió a la adicción por los
energéticos provenientes de los fósiles. Ese rumbo ha provocado
algo que hoy ya nadie pone en duda: el cambio
climático. Muchas soluciones se han propuesto para enfrentarlo,
pero la mayoría de ellas deja que siga con fuerza la carrera suicida
de la humanidad.
Los
megaproyectos de biocombustibles son unas de las soluciones
propuestas. ¿Acaso quienes las
presentaron como alternativa midieron las consecuencias que podría
tener su creación en importantes ecosistemas, pueblos y culturas?
Este artículo delimita en primer lugar los pasos dados para abrir
campo a estos proyectos y se centra especialmente en las implicaciones
que ha tenido la siembra de la palma africana, de la que se deriva
uno de los biocombustibles que se proyecta producir.
Los biocombustibles
tienen su historia. De manera rápida, diremos que durante la crisis
energética de 1973, Brasil reconvirtió parte de sus ingenios azucareros
para producir etanol y se convirtió en la
primera potencia exportadora. Hoy Colombia quiere seguir su ejemplo
y convertirse en potencia productora, particularmente de bioetanol
y biodiesel.
En 2001, se expidió
la ley 693, que se articula con
la ley 939 de 2004, con lo que se abrió el camino a la producción
de biocombustibles. La ley 693 estipula
que la gasolina colombiana deberá tener 10 por ciento de etanol
en 2009 y que en un periodo entre 15 y 20 años deberá alcanzar gradualmente
una proporción del 25 por ciento. Mientras que la ley 939
de 2004, estimula la producción y comercialización de biodiesel
en motores diesel, con un 5% de porcentaje.
Desde finales
de 2005, la producción de los ingenios azucareros Cauca, Providencia,
Manuelita y Mayagüez (todos localizados en el departamento del Valle
del Cauca), además del ingenio Risaralda, es cercana a un millón
de litros diarios de bioetanol, destinados a satisfacer la demanda
del Occidente del país y la Sabana de Bogotá. Aún más, se habla
del montaje de otras 27 plantas, esparcidas en 17 departamentos
del país, para extender la mezcla del 10% con la gasolina a todo
el territorio colombiano. De acuerdo con las proyecciones de la
Federación Nacional de Combustibles, para 2010 se podría duplicar
el consumo interno con sólo elevar el porcentaje de la mezcla al
15%. Colombia, para entonces, tendrá una capacidad de exportación
cifrada en 2.300.000 litros diarios de etanol.
Una legislación
similar a la referida en párrafos anteriores se prepara en relación
con el biodiesel, derivado de la palma africana. De esta planta
se tiene ya un derivado con fines alimentarios, que es lo que más
se conoce de ella hasta hoy: un aceite del que se producen 600 mil
toneladas. Pero en realidad es el biodiesel el que nos interesa
en este artículo.
Antes de mencionar
cifras, es importante decir que los grandes beneficiarios de las
legislaciones del bioetanol y la que se prepara para el biodiesel
son precisamente los agroindustriales de la caña de azúcar del Valle
del Cauca, departamento situado en el Occidente del país, cuyos
ingenios se mencionaron al hablar del etanol, y en el caso del biodiesel
los agroindustriales de la palma.
Ahora bien, el
consumo del diesel en el país para el transporte automotor crece
a una tasa mayor que la del consumo de gasolina; supera la capacidad
de refinación de Ecopetrol (la empresa nacional petrolera), de manera
que el país importa el 5% del consumo interno de diesel. Se abre
así una oportunidad para los agroindustriales de la palma africana,
que han incrementado año a año las extensiones de sus cultivos.
En
Colombia, la expansión de este cultivo ha mantenido un crecimiento
sostenido. A mediados de la década del 60 existían 18 mil hectáreas
en producción. En 2003, había más de 188 mil hectáreas y actualmente
hay sembradas alrededor de 300 mil. Además, se están montando siete
plantas en diferentes regiones palmeras del país, que tienen un
costo aproximado de 100 millones de dólares. Según el gremio colombiano
de los palmeros, Fedepalma,
desde el año 2001 Colombia era el principal productor de aceite
de palma en América y el cuarto a nivel mundial, luego de Indonesia,
Malasia y Nigeria. Del total de la producción de aceite, el 35%
se exporta.
No
obstante, varios estudios económicos consideran muy inciertos los
mercados internacionales de la palma de aceite, en la medida que
la producción mundial se incrementa día a día y los precios siguen
bajos.
Sin
embargo, los proyectos agroindustriales de palma han sido una prioridad
para el actual gobierno y se impulsan principalmente en regiones
como el Pacífico colombiano, las llanuras del oriente y la región
Caribe, por las
características de esas regiones que las hacen óptimas para el desarrollo
de estos cultivos.
La meta es alcanzar en unos años el millón de hectáreas.
Estudiosos
de este desarrollo agroindustrial han denunciado que estos cultivos
se han utilizado para el lavado de dinero del narcotráfico y como
mecanismo de los paramilitares para desplazar de manera forzada
a la población, pues su propósito es apropiarse de importantes y
ricas regiones. Su estrategia ha consistido en desplazar a
la gente y una vez abandonadas las tierras, las ocupan las
empresas palmicultoras. Jiguamiandó y Curvaradó, municipios del
Pacífico, son ejemplos estruendosos de esa estrategia: la empresa
Urapalma ocupó de manera ilegal esos territorios afrocolombianos.
Estas comunidades del Chocó recibieron la titulación de sus tierras
en noviembre de 2000, luego de años de reiteradas violaciones a
sus derechos humanos, nueve años después de que la Constitución
Nacional reconociera los derechos territoriales de comunidades negras
e indígenas. La titulación se recibió en momentos en que las comunidades
estaban desplazadas. Al retornar, encontraron su territorio
ocupado con cultivos de palma. Comenzó entonces un largo proceso
jurídico y de denuncia de su parte para recuperar sus territorios,
teñido de grandes irregularidades para favorecer las empresas de
la palma aceitera.
Algo similar sucede en la región de Tumaco (al sur de Colombia,
en los límites con el vecino país del Ecuador). Las comunidades
han vivido también el desplazamiento forzado y las amenazas y es
así como las empresas o el propio Estado proponen a los miembros
de los consejos comunitarios como alternativa para permanecer en
su territorio convertirse en “empresarios del sector rural”. Dicho
de otra manera, se los fuerza a involucrarse en las alianzas o cadenas
productivas con empresarios de la palma. De esta manera, los territorios
que antes eran selvas húmedas se han ido convirtiendo en monocultivos
de palma, de modo que se despoja a las comunidades negras de su
cultura y de su territorio y se destruyen regiones que son de las
más diversas del Planeta.
En
el pasado junio, el presidente Uribe expresó en el Congreso de Fedepalma,
en Villavicencio lo siguiente:
“[…]
Rogaría que haga […] [el ministro de Agricultura] una cuarentena
de los empresarios de Tumaco y los compatriotas afrodescendientes
y no los deje levantar de la oficina, donde los encierre hasta que
lleguen a un acuerdo. Tiene que ser así… Enciérrelos allí y entonces
propóngales como case [sic], que el Estado aporta, que lleguen ellos
a unos acuerdos sobre uso de esas tierras y el gobierno aporta recursos
de capital de riesgo. Y propóngales una fecha y les dice: señores,
nos declaramos en cónclave y de aquí no salimos hasta que tengamos
un acuerdo […] Porque aquí hay que reconocer lo bueno y lo malo,
en este Meta y en el Casanare y en lo que empieza a dar en el Guaviare,
unos crecimientos formidables de palma, en Tumaco, no. Y Tumaco
que tiene la carretera, váyanse un poquito al norte, esa área del
Guapi, El Charco con excelentes condiciones y sin una mata de palma
y llena de coca que tenemos que erradicar[…]”.
Estas declaraciones generaron la ira de las comunidades negras que
respondieron con fuerza al presidente de la República
“Si
esta palma aceitera señor presidente es su megaproyecto piloto,
en nuestros territorios étnicos no lo es. Peor aún: si lo fuese,
conllevaría a gravísimos daños ambientales, sociales y culturales.
Esto lo afirmamos con base en lo que hemos vivenciado con este monocultivo
desde fines de la década del sesenta hasta el presente, o sea desde
hace más de treinta y cinco años, padeciendo los impactos de más
de veinte mil hectáreas de siembra forzosa de esta ‘Plantación
adentro camará’(*), pues incluso, sigue expandiéndose de manera
violenta en nuestros territorios colectivos.” (Carta
al presidente de la República de las autoridades étnico territoriales
y representantes legales de los Consejos Comunitarios de Comunidades
Negras del territorio étnico del Kurrulao (Pacífico sur
colombiano).
Los
empresarios de la palma y los promotores de esas empresas tienen
ahora con las propuestas de producción de biodiesel nuevos motivos
para seguir creciendo. Y sin embargo, las historias de las plantaciones
son dolorosas. Están manchadas de la sangre y las lágrimas de las
comunidades negras y campesinas del Pacífico, del Magdalena Medio,
del Caribe colombiano. Es la historia silenciosa de los bosques
desaparecidos para transformarse en plantación. Es la historia
de las culturas ancestrales transformadas en proletariados palmícolas.
Son esas voces las que reclaman detener la destrucción que nos proponen
los defensores del biodiesel.
(*)
Verso de la canción
popular “Plantación Adentro”
(Autor: Tite Curet Alonso) (Canta: Ruben Blades)
Por: Tatiana
Roa Avendaño, Censat Agua Viva, correo electrónico:
www.censat.org. Fuentes: Defensoría
del Pueblo. Resolución Defensorial. N° 39 de 2005; El Espectador.
“Ley de tierras podría prestarse al lavado de activos”, octubre
21 de 2006; Gestión del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural
– Incoder”, agosto de 2006; Salinas, Yamile, los vericuetos de la
palma aceitera, Abdala, 10 de noviembre de 2006; Procuraduría General
de la Nación. “Análisis de la ejecución de la Reforma Agraria y
la la Gestión
del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural – Incoder”, agosto
de 2006.Webs visitadas:
Revista
Semillas,
www.semillas.org.co; Fedepalma.
www.fedepalma.org