NUESTRA
OPINIÓN
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Biocombustibles: grave amenaza disfrazada
de verde
La
sustitución de los combustibles fósiles por biocombustibles (elaborados
a partir de biomasa vegetal) puede parecer un paso en la dirección
correcta para evitar el agravamiento del cambio climático. Sin
embargo, los planes previstos para su producción y uso no sólo
no solucionan ese grave problema sino que agravan muchos otros.
Los
biocombustibles que se plantea adoptar son el biodiesel (obtenido
de plantas oleaginosas) y el etanol (que se obtiene de la fermentación
de la celulosa contenida en los vegetales). Entre los muchos cultivos
posibles para ese fin, se destacan la soja, el maíz, la colza,
el maní, el girasol, la palma aceitera, la caña de azúcar, el
álamo, el eucalipto.
Dado
que los grandes consumidores del Norte no se plantean seriamente
reducir su consumo desmedido de combustibles y que en la mayoría
de los casos no disponen de tierras agrícolas suficientes para
autoabastecerse de materia prima para producir sus propios biocombustibles,
sus gobiernos y empresas planean promover cultivos para biodiesel
y etanol fundamentalmente en los países del Sur.
Es
importante resaltar que en las áreas boscosas del Sur, tal política
no implicará ningún cambio en materia de explotación petrolera
o gasífera, que no solo continuará sino que se seguirá ampliando,
puesto que los combustibles fósiles seguirán siendo el principal
componente de la matriz energética de los países del Norte. Sin
embargo, el negocio de los biocombustibles agregará nuevos impactos
a los ya existentes en los bosques.
Como
prueba de lo anterior alcanza con mencionar la soja y la palma
aceitera, que aparecen como las principales candidatas para la
producción de biodiesel a gran escala. La primera se ha constituido
en la principal causa de deforestación en la Amazonía brasileña
y en Paraguay, aun antes de que se la haya comenzado a producir
con fines energéticos. La segunda es también la principal causa
de deforestación en Indonesia y está impactando en bosques de
muchos otros países de África, Asia y América Latina.
Por
otro lado, ya se está comenzando a desarrollar tecnologías para
convertir la madera en etanol (con el uso de organismos genéticamente
modificados), por lo que la industria de los biocombustibles impulsará
una expansión aún mayor de los monocultivos de árboles de rápido
crecimiento, tanto en áreas boscosas – aumentando así la deforestación
– como sobre suelos de pradera.
Tanto
la deforestación como el cambio en el uso de suelos de pradera
implican la liberación del carbono allí almacenado. A ello se
agregan las emisiones resultantes del cultivo, procesamiento y
transporte de los propios biocombustibles, realizados en gran
medida en base a petróleo y otros elementos que emiten gases de
efecto invernadero: la producción de la maquinaria utilizada,
el combustible empleado para su funcionamiento, la producción
y uso de fertilizantes químicos y de agrotóxicos, los camiones
y barcos para el transporte a destino, etc. Es decir, que el balance
neto de carbono en las áreas destinadas a la producción de biocombustibles
puede ser hasta negativo, aumentando así la concentración de gases
de efecto invernadero en la atmósfera, que es precisamente lo
que se pretendía evitar con este cambio.
En
definitiva, el uso de los biocombustibles no sólo no soluciona
el problema del cambio climático, sino que a la vez significa
el agravamiento de otros problemas igualmente serios.
En
efecto, decenas o centenas de millones de hectáreas de tierras
fértiles se concentrarán bajo el poder de grandes transnacionales
y pasarán, de producir alimentos, a producir combustibles –en
un mundo donde el hambre y la desnutrición son ya problemas gravísimos.
En el mismo proceso expulsarán a millones de productores rurales
y pequeños campesinos, que en su mayoría deberán emigrar a los
cinturones de miseria de las grandes ciudades. Los bosques dejarán
de asegurar el sustento de millones de personas que de ellos dependen
para ser sustituidos por soja, palma aceitera u otros cultivos
energéticos. El agua se contaminará (por el uso de agroquímicos)
o desaparecerá (por la plantación de árboles de rápido crecimiento),
la fauna local se verá gravemente afectada por enormes desiertos
verdes que no les proporcionarán alimentos, la flora nativa será
eliminada y sustituida por extensos monocultivos y muchas especies
locales serán contaminadas por los organismos genéticamente modificados
utilizados en dichos monocultivos, en tanto que los suelos se
degradarán por el monocultivo y el uso de agroquímicos.
Resulta
por tanto evidente que ésta no es una buena solución ni para la
gente ni para el ambiente. Sin embargo, es una excelente oportunidad
de negocios para grandes empresas que operan a nivel nacional
y en particular para las grandes transnacionales. Entre ellas
se cuentan las vinculadas a la producción y comercialización de
productos agrícolas de exportación, las industrias biotecnológica
y química (que aumentarán sus ventas de material transgénico e
insumos agrícolas), la industria automotriz (que podrá seguir
creciendo bajo un manto “verde”), las nuevas empresas surgidas
en la ola de los biocombustibles y las propias empresas petroleras,
que ya se están incorporando a este nuevo y lucrativo negocio.
Es
por ello que tantos gobiernos, organismos de asistencia, agencias
bilaterales, organismos multilaterales y expertos internacionales
están involucrados en la promoción de esta absurda solución: para
servir los intereses de esos poderosos grupos económicos, que
son quienes dictan las políticas globales en su propio beneficio.
Cabe
aclarar finalmente, que los biocombustibles en sí no son el problema.
Es más, dentro de un enfoque social y ambientalmente adecuado
pueden servir para satisfacer parte de las necesidades energéticas
de nuestros países y en particular de las comunidades locales.
El problema central es el modelo en el que se los
pretende implementar, caracterizado por la gran escala, el monocultivo,
el uso masivo de insumos externos, la utilización de transgénicos,
la mecanización y su exportación para alimentar el consumo desmedido
de energía que se realiza en el Norte.
Se
hace por tanto imperioso enfrentar esta nueva amenaza que se cierne
sobre los pueblos y ecosistemas del Sur e incorporar el tema de
los biocombustibles a la lucha por la defensa de los bosques y
la biodiversidad, contra el avance de los monocultivos y los transgénicos,
por la soberanía alimentaria y por el derecho de los pueblos a
decidir sus propios destinos.
inicio
BIOCOMBUSTIBLES: UN GIRO DE 360º
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La crisis energética y una mala solución
En
1972, un estudio del Masachussets Institute of Technology (MIT)
sobre las tendencias crecientes de consumo puso en alerta a los
políticos y científicos de todo el mundo. El trabajo, denominado
“Los límites del crecimiento”, fue encomendado por un grupo internacional
de científicos, investigadores e industriales - conocidos luego
como el Club de Roma - y se convirtió en un clásico para el análisis
de la relación entre producción y ambiente.
Durante
toda la década de 1970 y buena parte de la de 1980, varias teorías
y estudios procuraron analizar el problema de los límites que
la naturaleza impone al modelo de desarrollo. En 1990, los fuertes
impulsos neoliberales borraron buena parte de aquellos esfuerzos,
y la idea de un crecimiento ilimitado basado en los avances tecnológicos
se impuso abrumadoramente en los medios políticos y académicos
de todo el mundo.
Sin
embargo, ya en el siglo XXI pareciera que el tema energético se
perfila como otro recordatorio más de aquellos viejos anuncios
que afirmaban que en la vida todo tiene un límite.
Fuentes
y usos de energía
Las
fuentes de energía se dividen en renovables y no renovables. La
energía solar, la eólica (de los vientos), la geotérmica (que
aprovecha el calor del interior de la Tierra), la biomasa de las
plantas y la energía hidráulica (del agua) son fuentes renovables
de energía virtualmente inagotables, unas por la inmensa cantidad
de energía que contienen y otras porque son capaces de regenerarse
por medios naturales. Las energías no renovables, una vez consumidas
en su totalidad, no pueden reponerse a corto o mediano plazo;
tal es el caso de los combustibles fósiles (que se formaron a
lo largo de millones de años por la acción del calor del interior
de la tierra y la presión de las rocas y el suelo en los restos
de plantas y animales muertos) y los combustibles nucleares.
Con
la industrialización surge el carbón y más tarde (desde finales
del siglo XIX) el petróleo y el gas. La mayor parte del consumo
energético mundial se alimenta de alguna de las tres fuentes no
renovables que suman dióxido de carbono a la atmósfera: petróleo,
gas natural y carbón mineral. Hoy, el 80% del petróleo que se
consume en el mundo proviene de pozos descubiertos en la década
de 1970, que están llegando a su techo de extracción diaria. El
consumo de petróleo pasó de 2.753 millones de barriles en 1973
a 3.767 millones en 2004. La extracción diaria de petróleo es
del orden de los 75 millones de barriles, y se espera una demanda
creciente de 2% anual para los próximos años, por lo que en 2020
se necesitarán unos 100 millones de barriles diarios. Esto genera
la urgencia de realizar nuevas prospecciones y descubrimientos
de reservas, pues las actuales ya no pueden aumentar su capacidad
de extracción.
Existen
grandes diferencias en el uso de energía en países ricos y pobres.
A pesar de que el consumo de energía fósil en los países del tercer
mundo crece a ritmos superiores, su participación en el consumo
mundial ha venido decreciendo. Para 2025, según la Agencia Internacional
de Energía, el 82% de la población del planeta consumirá el 45%
de la energía, mientras que en los países
industrializados el 14% de la población consumirá el 43%.
El
porcentaje de energía consumido en Estados Unidos se ubica en
un 25% del consumo mundial para un 4,6% de la población mundial,
mientras que en India el consumo es de un 3,1% para el 16,6% de
la población mundial. Puesto de otra manera, un ciudadano norteamericano
consume en promedio cincuenta veces más energía
fósil que un habitante de la India.
El
uso desmedido de combustibles fósiles ha alimentado un crecimiento
económico insustentable. Desde la publicación de “Los límites
del crecimiento” hasta ahora el aumento del consumo energético
– y la necesidad de aumentar su oferta – estuvo sostenida con
el argumento del crecimiento económico para superar la pobreza
de las grandes mayorías de la población. Desde entonces hasta
ahora, hemos vivido en una escalera de crecimiento continuo –
salvando algunos años – donde el crecimiento del consumo energético
no se ha visto correspondido con un mejoramiento en la misma medida
de los sectores populares.
Por
otro lado, la visión que asocia mecánicamente el crecimiento del
intercambio y el consumo de energía con el “desarrollo”, pasa
por alto algunos problemas clave, entre ellos que la importación
de energía aumenta la dependencia de un país; la exportación de
energía tiene una incidencia fuerte en la balanza de pagos, pero
también convierte al país productor en sumamente vulnerable ante
cambios en las economías importadoras; el uso, la explotación
y la transformación de la energía siempre tienen impactos ambientales
que no se contabilizan en la balanza de pagos.
El
cambio climático resultante del uso excesivo de combustibles fósiles
Las
Naciones Unidas advierten que estamos en el mayor proceso de extinción
de la vida en el planeta desde la desaparición de los dinosaurios
hace 65 millones de años. El cambio climático, en cuya base está
el brusco aumento de la temperatura media de la superficie terrestre,
ha sido identificado como una de las causas principales de este
proceso. A su vez, el cambio climático tiene directa relación
con el acelerado aumento de las emisiones de dióxido de carbono
y de otros gases de efecto invernadero, consecuencia de los actuales
modelos de desarrollo –producción y consumo– que fomentan una
utilización excesiva de combustibles fósiles así como de modelos
de utilización de la tierra inapropiados (ver Boletín Nº 76 del
WRM).
La
respuesta de la comunidad internacional a la amenaza del cambio
climático se ha dado a través de la Convención Marco de las Naciones
Unidas sobre el Cambio Climático, aprobada en mayo de 1992, cuyo
objetivo declarado es que las concentraciones en la atmósfera
de los gases de efecto invernadero resultantes de las actividades
humanas se estabilicen en un nivel que no suponga un riesgo para
el sistema climático. En 1997, el Protocolo de Kyoto fijó obligaciones
de reducción irrisorias que afectan básicamente
a los países industrializados. Hasta ahora
esos países no han demostrado estar dispuestos
a cambiar el modelo de consumo energético.
Como
respuesta a los compromisos de reducción de emisiones de carbono,
la Unión Europea y Estados Unidos buscan “soluciones” que no les
implique asumir el costo de cambiar radicalmente sus formas insustentables
e insostenibles de producción, comercialización y consumo, basadas
en el derroche energético. La forma de vida de un pequeño sector
del planeta ha puesto a la humanidad entera ante el riesgo de
una crisis planetaria.
Es en este contexto que entran en escena
los biocombustibles
Por
biocombustibles se entiende los combustibles derivados de biomasa
–organismos recientemente vivos o sus desechos metabólicos. Pueden
obtenerse, pues, de aceites extraídos de plantas, del estiércol
de vaca, de la madera de los árboles, entre otros. En este
boletín nos enfocaremos en los biocombustibles derivados de cultivos
agrícolas, que incluyen la biomasa que se quema directamente,
el biodiesel obtenido a partir de plantas oleaginosas, y el etanol
producido a partir de la fermentación de los azúcares que se encuentran
en productos vegetales como los cereales, la caña de azúcar, la
remolacha, el maíz, la cebada o el trigo.
Los
aceites vegetales pueden utilizarse como combustibles ya sea en
forma pura o mezclados con gasolina. También pueden ser convertidos
a biodiesel por un proceso que utiliza alcohol y un álcali fuerte
para hacer una mezcla más volátil, a partir del aceite obtenido
de una variedad de plantas.
La
Unión Europea y los Estados Unidos aprobaron políticas que promueven
la rápida expansión de biocombustibles. Esto ha motivado la creación
de un enorme mercado en los países tropicales del Sur en los que
se están convirtiendo millones de hectáreas a monocultivos bioenergéticos
para alimentar los automóviles europeos y estadounidenses. Y todo
esto sin estudiar ni discutir los impactos que tendrá esta expansión
en el planeta. Pero los efectos sobre los bosques de América Latina
y Asia y sobre sus pueblos ya se están haciendo sentir.
Frente
a la actual crisis energética, o crisis del cambio climático,
que es la otra cara de la misma moneda, los políticos y tecnócratas
no han demostrado tener la voluntad de adoptar medidas enérgicas
para resolverla. En ese vacío y parálisis en gran medida sustentados
por los grandes intereses empresariales, se promueven soluciones
falsas y peligrosas, como el creciente entusiasmo por los biocombustibles,
que agravan los problemas socioeconómicos, técnicos y ambientales
que urge someter a escrutinio y debate público.
Artículo
basado en: “Energía en Sudamérica: una interconexión que no integra”,
Gerardo Honty, Ceuta, Nueva Sociedad 204,
http://www.nuso.org/upload/articulos/3369_1.pdf; “Biocombustibles
Renovables y sustentables”, Gerardo Honty, Peripecias Nº 18,
www.peripecias.com; “¿Es posible el desarrollo sostenible?”,
Guillermo Villegas Arenas, Mario Hernán López Becerra , Universidad
de Caldas,
http://lunazul.ucaldas.edu.co/index.php?option=com_content&task=view&id=180&Itemid=180);
“Which energy?”, 2006, ISS, Energy Report, Mae-Wan Ho, Peter Bunyard,
Peter Saunders, Elizabeth Bravo, Rhea Gala; “Biofuels: Renewable
Energy or Environmental Disaster in the Making?”, Almuth Ernsting,
Biofuelwatch,
http://www.biofuelwatch.org.uk/background.php
inicio
-
Biocombustibles en gran escala: buenos para
el poder, malos para la gente y el clima
Las
modalidades de consumo y producción de biocombustibles ya están
teniendo impactos negativos sobre la seguridad alimentaria, el
sustento rural, los bosques y otros ecosistemas. Todo indica que
tales impactos se acumularán rápidamente. La producción de biocombustibles
en gran escala y dirigida a la exportación requiere extensos monocultivos
de árboles, de caña de azúcar, de maíz, de palma aceitera y de
soja, entre otros. Estos monocultivos ya son la primera causa
de despoblamiento rural y deforestación en todo el mundo.
Además,
se ha rebatido la alegada “neutralidad de carbono” del biodiesel
pues no tiene en cuenta, por ejemplo, cómo se establecen las plantaciones
de palma aceitera. Cálculos realistas demuestran que la producción
de biocombustibles a partir de cultivos energéticos gasta más
energía (en forma de combustibles fósiles) que la que proporciona
y que los biocombustibles no reducen sustancialmente las emisiones
de gases de efecto invernadero cuando se tienen en cuenta todos
los factores. Por otro lado, para establecer las plantaciones
de palma aceitera se están eliminando bosques tropicales y bosques
de pantanos y turberas, que constituyen importantes sumideros
de carbono.
No
obstante, la Unión Europea promueve los biocombustibles como fuente
de energía del transporte y se ha fijado para 2010 el objetivo
de aumentar su uso al 5,7% del total de la energía utilizada en
transporte. La Comisión Europea está presionando a los Estados
miembros a cumplir sus compromisos en virtud de la Directiva sobre
los biocombustibles de 2003. En la reunión del Consejo de Agricultura
realizada el 20 de febrero de 2006 hubo un primer debate político
sobre la estrategia de los biocombustibles y el plan europeo de
acción sobre la biomasa. Para estos países la ventaja es que el
precio de producción de biocombustibles como el bioetanol y el
biodiesel es menor que el del petróleo. Otro beneficio para los
agricultores europeos es que la producción nacional de biocombustibles
podría proporcionar nuevos ingresos y oportunidades de empleo
tras la reforma de la política agrícola común (PAC).
En
Europa, el biodiesel se usa en Alemania, Francia y Austria en
distinta medida. En Alemania hay más de mil estaciones de servicio
que venden biodiesel. La primera bio-refinería alemana se construirá
en Emden con financiación de una asociación holandesa. El objetivo
de la fábrica es convertir 430.000 toneladas de aceite de palma,
probablemente de origen indonesio, en más de 400 millones de litros
de biodiesel anuales.
En
los Países Bajos la demanda de aceite de palma crudo para generación
de electricidad aumentó este año 400.000 toneladas, de las cuales
se importarán 250.000 toneladas. Según se informa, la compañía
de energía eléctrica BIOX bv piensa construir cuatro nuevos generadores
a aceite de palma. La empresa pretende vender esta electricidad
a base de aceite de palma a varios países de la Unión Europea.
En
Estados Unidos los biocombustibles son bien recibidos en tanto
forma de ayudar al país a ir cortando su dependencia del petróleo
extranjero. Estos biocombustibles combinan el patriotismo con
el interés económico propio: a los agricultores les encantan porque
el biodiesel y el etanol se producen a partir de bienes de consumo
agrícolas y así colaboran con el aumento de los precios en origen;
y a los senadores republicanos les encantan porque los subsidios
impositivos federales mantienen contentos a sus votantes agricultores.
En
el otro extremo, en los países del Sur, la producción de cultivos
para biocombustible ya está ocasionando importantes impactos ambientales
y sociales, que se agravarán en caso de que la ofensiva del Norte
en pro de nuevas fuentes de energía gane terreno. Una alianza
de ONG de derechos humanos y de medio ambiente está en campaña
contra el uso por parte de los países europeos de combustibles
producidos a partir de palma aceitera a expensas de los ecosistemas
forestales. En una declaración formulada en
abril de este año contra el “diesel de
la deforestación”, más de treinta grupos alemanes, austríacos
y suizos advierten que un auge del biodiesel derivado del aceite
de palma no haría más que repetir el patrón de destrucción de
los bosques que el rápido crecimiento de la industria de la pulpa
y el papel en Indonesia trajo consigo.
Para
estos grupos, lo que se necesita es un cambio fundamental en nuestra
aproximación al consumo de energía en lugar de simplemente sustituir
el petróleo por biocombustibles. Esto implica la promoción del
transporte público en lugar de autos particulares y tránsito aéreo,
más medidas de conservación de energía y más fuentes de energía
renovables como la luz solar y el viento. Los grupos exhortan
a la aplicación de criterios estrictos con relación a las materias
primas del biocombustible, por ejemplo: no a la conversión de
bosques primarios a plantaciones; no a
las violaciones de los derechos humanos y a las operaciones policiales
o militares; no a la quema de bosques para establecer plantaciones;
no a la certificación de plantaciones de palma aceitera, puesto
que un monocultivo de palma aceitera no puede hacerse en forma
ecológicamente sustentable y en general provoca más problemas
que beneficios duraderos para la gente local; sí a la promoción
de la agricultura orgánica sin uso de fertilizantes artificiales
ni toxinas agrícolas; sí a la promoción de los pequeños establecimientos
rurales en los países productores. La declaración llama también
a que se respeten los derechos territoriales y consuetudinarios
y al pleno cumplimiento de los acuerdos internacionales ratificados
relativos a pueblos indígenas, biodiversidad, derechos de los
trabajadores, etc, en los países que producen cultivos para biocombustible.
Además,
otras ONG, organizaciones de Pueblos Indígenas y movimientos de
agricultores exhortaron a las Partes del Convenio Marco de las
Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, reunidas para su 12ª
Conferencia de las Partes en Nairobi entre el 6 y el 17 de noviembre
de 2006, a suspender inmediatamente todos los subsidios y otras
formas de apoyo desigual a la importación y exportación de biocombustibles.
Dichas
organizaciones declararon que “No hay nada verde ni sustentable
en el biocombustible importado. En lugar de destruir las tierras
y el sustento de comunidades locales y Pueblos Indígenas del Sur
mediante otra forma más de colonialismo, exhortamos a los países
del Norte a reconocer su responsabilidad en la destrucción del
sistema climático del planeta, reducir su consumo de energía hasta
alcanzar niveles sustentables, pagar la deuda climática que han
ocasionado al no haber hecho lo anterior hasta el momento y aumentar
sustancialmente la inversión en energía solar y en energía eólica
sustentable”.
Artículo
basado en: “Biodiesel and the expansion of plantations”, Down
to Earth, Newsletter No. 69, mayo de 2006, correo-e: dte@gn.apc.org;
http://dte.gn.apc.org; Resistance
Number 60, Boletín de Oilwatch Network, abril de 2006, correo-e:
info@oilwatch.org,
http://www.oilwatch.org/doc/boletin/bole60en.pdf; “Biocombustibles:
un desastre en potencia”, alerta a la Conferencia de las Partes
del Convenio Marco sobre el Cambio Climático,
http://www.wrm.org.uy/actores/CCC/Nairobi/Biocombustibles.html
inicio
-
A quién beneficia el negocio de los biocombustibles
En
el mundo hay unos 800 millones de automóviles que consumen más
del 50% de la energía producida en el mundo, lo que hace del automóvil
individual el primer causante del efecto invernadero. A pesar
de que existe un consenso de que el cambio climático es una realidad,
no hay intenciones serias de cambiar el estilo de vida que lo
causa, y en lugar de ello, se buscan soluciones tecnológicas que
permitan mantener las ganancias de las empresas que se benefician
de este modelo.
En
este contexto, en los últimos años se ha empezado a promocionar
los biocombustibles como una alternativa al calentamiento global.
Los
países europeos, en su afán por cumplir con sus obligaciones dentro
del Protocolo de Kyoto, están empeñados en cambiar sus sistemas
energéticos en base a combustibles fósiles por biocombustibles,
pero su producción no les da abasto. Aunque Estados Unidos tiene
suficientes tierras agrícolas, el consumo de energía es tan alto,
que también va a depender de las importaciones para cubrir su
demanda.
¿De
dónde van a venir estos biocombustibles? Pues de regiones como
América Latina, Asia y África. En todos esos países, se
van a utilizar tierras con vocación agrícola o ecosistemas naturales
para la producción de cultivos dedicados a la producción de combustibles,
acentuando los problemas generados en todo el mundo por los monocultivos
de soya, palma aceitera y caña. Y los problemas ecológicos y sociales
de fondo quedarán sin resolver.
La
ministra brasileña Dilma Rousseff dijo que los biocombustibles
expresan “un casamiento entre los agronegocios y la industria
del petróleo”. En este matrimonio habría que incluir a la industria
biotecnológica.
Tal
vez el ejemplo más paradigmático sea la nueva asociación creada
por la petrolera BP y la biotecnológica DuPont. Juntas van a desarrollar,
producir y comercializar una nueva generación de biocombustibles
para abastecer la demanda global de combustibles renovables para
transporte. Las dos empresas han estado trabajando desde 2003
y van a introducir al mercado británico un nuevo producto: el
biobutanol como un biocomponente de la gasolina.
Las
empresas están aprovechando la capacidad biotecnológica de DuPont
y la experiencia y know-how de BP en la elaboración de combustibles.
Ellos esperan convertirse en los líderes mundiales del desarrollo
de biocombustibles avanzados, que de acuerdo con sus proyecciones
podría llegar al 20%, como mezclas con nafta para el sector transporte
de algunos mercados claves.
La
industria biotecnológica ha visto en los biocombustibles una oportunidad
para ampliar sus negocios, principalmente porque le permitirán
permanecer por largo tiempo en el mercado, a pesar de la oposición
de los consumidores en todo el mundo que han rechazado a los transgénicos
como alimento.
La
incorporación de cultivos transgénicos en la elaboración de biocombustibles
ayudará a la industria biotecnológica a mejorar su imagen, que
se ha ido deteriorando estrepitosamente en los últimos años. Después
de muchas promesas hechas por esta industria que nunca hubiera
podido cumplir, hoy ofrece desarrollar nuevas variedades transgénicas
con mejores condiciones para la producción de energía.
La
soya RR será la principal materia prima para la producción de
biodiesel en el Cono Sur, y posiblemente en otros países de la
región. La soya RR cubre ya extensas áreas en Argentina, Paraguay,
Uruguay y Brasil.
El
uso de la soya transgénica para la producción de biodiesel fue
presentada por el presidente Lula como una salida a la polémica
sobre el uso de la soya transgénica en el Brasil. Dijo que en
lugar de que utilizarla como alimento servirá ara hacer biodiesel,
porque el automóvil no la va a rechazar.
De
este negocio se va a beneficiar sobre todo la empresa Monsanto,
quien cobrará regalías por la venta de sus semillas transgénicas
patentadas y por el producto de la cosecha (en este caso, el biodiesel),
como lo hace ya en el caso del aceite de soya hecho a partir de
soya RR, y empresas como Cargill, Bunge, ADM, que se van a encargar
de su comercialización.
Por
otro lado, gran parte del maíz utilizado en la destilación de
etanol en Estados Unidos es sin duda de origen transgénico. Cada
litro de etanol vendido incrementará los ingresos de las empresas
biotecnológicas portadoras de las patentes de las semillas de
maíz transgénico. Entre estas empresas se incluye Monsanto,
Syngenta, Bayer y Dupont.
Otra
oleaginosa utilizada en la fabricación de biocombustibles es la
colza. La Confederación de Industriales de Alimentos y Bebidas
de la Unión Europea (CIAA) ha pedido a la Comisión Europea que
autorice la importación de nuevas variedades de colza genéticamente
modificada para la industria de biodiesel.
Adicionalmente,
se está empezando a probar nuevas variedades transgénicas específicamente
diseñadas para la producción de biocombustibles. Así, la empresa
Syngenta ha desarrollado el maíz transgénico 3272 que expresa
la enzima alfa amilasa, mezclado con maíz convencional en el proceso
de elaboración de etanol a partir de maíz. Las empresas alimenticias
estadounidenses se han opuesto a la introducción en el ambiente
de cultivos transgénicos que no estén destinados para la alimentación
porque temen una eventual contaminación genética de sus productos.
La enzima alfa amilasa ha sido identificada como un importante
alergénico de alimentos, así que si los genes que la sintetizan
llegan a infiltrarse en la cadena alimenticia, nos enfrentaríamos
a una proteína cuyos efectos en la fisiología humana podrían ser
inesperados.
Otro
sector que se beneficiará de los biocombustibles es la industria
petrolera. Las empresas petroleras, sobre todo europeas, han decidido
entrar en el negocio de los productos “ambientalmente amigables”,
para satisfacer las necesidades de sus consumidores y para adaptarse
a las nuevas metas de la Comisión Europea en materia de energías
renovables. Algunas de las empresas que han sabido diversificar
más su negocio son Total, BP y Shell.
La
francesa Total obedece a las políticas de su país que está promocionando
con mucha fuerza las energías renovables. Francia es el segundo
productor de biodiesel y etanol en Europa (en ese país tiene 4.500
estaciones de servicios), y tiene un importante mercado en España
e Italia, donde posee 1.740 y 1.400 estaciones de servicios respectivamente.
Hoy está planificando abrir nuevas plantas en África y América
del Sur.
El
caso de BP y Shell es diferente, pues ni Holanda ni Inglaterra
están empeñados en promover los biocombustibles, pero tienen estaciones
de servicios en países donde los consumidores sí los demandan.
Por ejemplo, BP tiene 2.700 estaciones de servicios en Alemania
(la primera productora de biodiesel en Europa), y Shell 2.200
en Alemania y 1.000 en Francia.
Royal
Dutch Shell apunta a desarrollar una segunda generación
de biocombustibles, y ha estado experimentando en la refinación
de bio-etanol a partir de lignina y celulosa en cooperación con
la empresa canadiense Iongen. Otro socio estratégico de Shell
ha sido la alemana Choren Industries con quien está trabajando
en la producción de diesel a partir de biomasa forestal.
Entre
las empresas estadounidenses, Chevron ha formado una unidad de
negocios en tecnologías avanzadas para aprovechar las oportunidades
de producción y distribución de etanol y biodiesel en Estados
Unidos. Esta unidad estará ubicada en Galveston – Texas con una
capacidad de producción de 100 millones de galones/año de biodiesel.
Chevron procesa 300 millones de galones/año de etanol en Estados
Unidos.
En
América Latina, Venezuela, pese a poseer importantes reservas
de petróleo, se dispone a integrarse con Brasil y Argentina en
el desarrollo de combustibles de origen vegetal como alternativa
energética. La búsqueda de tecnologías para producir combustibles
alternativos, entre ellos el biodiesel, se incluye también en
un acuerdo recientemente firmado por Venezuela y otros 13 países
caribeños para la creación de Petrocaribe. La mayor parte de los
combustibles que poseen alcohol en estado puro o en mezclas en
Brasil son producidos por refinerías de Petrobrás, la empresa
estatal.
La
empresa española Repsol, que ya produce biodiesel en España, invertirá
30 millones de dólares en una primera planta de biodiesel en Argentina,
que comenzará a construir en el 2007. La capacidad instalada será
de 120.000 metros cúbicos por año, en una primera etapa, que serán
integrados dentro del gasoil, en una proporción de 5%.
Finalmente
está la industria automovilística. Esta industria es la responsable
del mayor consumo de combustibles fósiles y del efecto invernadero
a nivel mundial, pero también se está adaptando a la nueva ola
de los biocombustibles.
Ya
en Brasil, todas las grandes empresas internacionales de automóviles
se han adaptado a la producción de vehículos que utilizan alcohol.
La mitad de los vehículos vendidos en Brasil en el 2004 están
diseñados para utilizar alcohol puro o en mezclas.
En
otras partes del mundo, estas empresas han entrado en asociaciones,
joint ventures y proyectos conjuntos con diversas empresas para
mejorar su imagen, transformarse tecnológicamente y seguir en
el negocio por mucho tiempo más. Tenemos por ejemplo el
anuncio hecho por la empresa alemana Volkswagen AG de extender
la garantías a los automóviles que utilicen biodiesel (B5) añadido
al combustible. Este anuncio es parte de una iniciativa conjunta
por dos años con la transnacional alimenticia Archer Daniels Midland
Company (ADM), luego de que las dos empresas evaluaron durante
un año este biocombustible.
Por
su parte, la empresa japonesa Toyota anunció una cooperación estratégica
con BP para la producción de etanol a partir de celulosa procedente
de desechos en Canadá.
Este
es el camino que han seguido también otras empresas. Y no es que
ellas estén preocupadas por el futuro del planeta, sino que tienen
que adaptarse a las nuevas necesidades de sus consumidores y a
las obligaciones internacionales que algunos países han adquirido
en el Protocolo de Kyoto.
En
todo el mundo se está promoviendo el uso de biocombustibles y
varios países han iniciado programas nacionales de biocombustibles,
han expedido leyes favoreciendo a este sector, se han creado consejos
consultivos sobre el tema, etc. Las justificaciones que se dan,
entre otras, son que la proliferación de cultivos energéticos
como la caña, la palma aceitera, la soya y otros nuevos cultivos,
puede constituir un factor importante para el desarrollo rural,
y que la sustitución de combustibles fósiles por biocombustibles
va a contribuir a disminuir el calentamiento global.
Pero
el negocio de biocombustibles ayudará a posicionar a la industria
biotecnológica, al reciclamiento de las industrias petrolera y
automovilística, y a expandir las ganancias de las industrias
que comercializan biocombustibles.
Esto
no significa que todo lo dicho se aplique al uso de aceites vegetales,
bagazo de caña u otros residuos agrícolas o forestales, para abastecer
las necesidades energéticas de pequeñas comunidades locales. El
problema que estamos enfrentando ahora es de escala. Nos estamos
refiriendo a los problemas que surgen cuando tenemos que satisfacer
la demanda de los consumidores que quieren seguir manteniendo
su estándar de vida basado en el derroche, pero que quieren tranquilizar
su conciencia al poner en el tanque de su vehículo un 5,75% de
biocombustible, que puede proceder de las selvas amazónicas del
Brasil, o de tierras paraguayas, donde los campesinos han sido
desplazados violentamente, o de sus propias tierras agrícolas.
A
menos que cambiemos el modelo de desarrollo y que iniciemos una
transición hacia una sociedad post petrolera, donde se cambien
los patrones de consumo de energía, los biocombustibles no serán
una solución para frenar el cambio climático.
Ante
esto, debemos seguir trabajando por una sociedad que promueva
y respete la soberanía alimentaria y energética de todos los pueblos.
Por
Elizabeth Bravo, Acción Ecológica, correo electrónico:
ebravo@rallt.org,
http://www.accionecologica.org/webae/index.php
inicio
-
La industria de la celulosa y el auge de
los biocombustibles
En
julio de 2006, Pulp and Paper International, la revista de la
industria de la celulosa, presentó un informe sobre una conferencia
llamada World Bioenergy 2006. Esta conferencia se llevó a cabo
en Suecia, país donde los biocombustibles suministran el 25% de
la energía y la mayor parte de la calefacción. “Las fábricas de
celulosa con usinas combinadas de energía y calefacción que envían
el exceso de energía a los sistemas de calefacción de los distritos
son parte establecida de la infraestructura del país y una útil
fuente de ingresos adicionales para sus plantas de celulosa”,
señaló Pulp and Paper International.
Varias
empresas de la celulosa están trabajando para convertir
fábricas de celulosa (en el Norte) en bio-refinerías. En Quebec,
por ejemplo, Tembec vende 17 millones de litros anuales de etanol
producido en su fábrica de celulosa disolvente de Temiscaming.
Por su parte, Domsjö Fabriker gastó hace poco unos US$ 35 millones
para convertir su planta de celulosa disolvente de Örnskoldvik,
Suecia, en una bio-refinería. Hace dos años, Etek abrió
una planta piloto de 10.000 toneladas anuales en Örnskoldvik para
la producción de etanol a partir de residuos de la madera. Para
el año próximo la empresa tiene planes de empezar a trabajar en
tres nuevas plantas que en conjunto producirán cuatro millones
de litros de etanol por año.
Una
planta piloto en el centro de gasificación Växjö Värnamo de Suecia
comenzará en 2008 a producir gas de síntesis (mezcla de monóxido
de carbono e hidrógeno conocida también como “syngas”) a partir
de astillas de madera fermentadas. Es probable que en un lapso
de cinco a diez años se obtenga un combustible comercialmente
viable. Entre tanto, Royal Dutch Shell, primera en comercialización
de biocombustibles y también una de las mayores empresas petroleras
del mundo, trabaja para producir etanol a partir de astillas de
madera.
En
Noruega, un emprendimiento conjunto de Norske Skog y la empresa
de energía Hydro estudia si la producción de biodiesel con madera
es factible. Esperan construir una fábrica de biodiesel en el
sudeste de Noruega para 2012. En Francia, un consorcio que incluye
a Genencor International, Tembec y el Instituto Pine de la Universidad
de Burdeos inició un estudio de tres años con el fin de producir
etanol a partir de pulpa de papel.
Es
probable que la demanda de biocombustibles siga creciendo en Europa.
La Directiva Europea sobre biocombustibles establece que
para el año 2010 los biocombustibles deberán constituir el 5,75%
del combustible utilizado para el transporte en Europa. Esta cifra
podría aumentar al 20% para 2020. El denominado plan de acción
europeo sobre la biomasa aspira a aumentar el porcentaje de bioenergías
hasta alcanzar el 8% en 2010.
La
industria de la pulpa está satisfecha produciendo biocombustibles
como el etanol a partir de la madera, pero le gusta menos que
la madera se use directamente, como por ejemplo la madera para
calefacción. En un documento sobre los biocombustibles de mayo
de 2006, la Confederación de Industrias Europeas del Papel (CEPI)
se lamenta porque “la Política Europea sobre Energías Renovables
se centra demasiado en el uso de la madera como biomasa”.
La
CEPI se queja porque al aumentar el uso de madera como biocombustible
subió también el precio de la madera. A mayor demanda de madera,
mayor será el madereo. Suecia ya importa conglomerados de
madera de Canadá. Los promotores de los biocombustibles están
haciendo presión para que aumente la corta permitida en Suecia.
Proponen también retirar las partes del árbol que usualmente se
dejan para que se pudran (tocones y ramas). Urban Bergsten, profesor
de silvicultura en la Universidad de Ciencias Agrarias de Suecia,
opina que la política sueca sobre bosques debería reformarse para
favorecer el aumento de la producción de biocombustibles y para
aumentar las tasas de crecimiento mediante el uso de especies
de crecimiento más rápido. En otras palabras, más monocultivos
que se chupan el agua.
Erik
Ling, de Sveaskog, la empresa forestal sueca administrada por
el Estado, propuso en la conferencia sobre bioenergía de Jönköping
que había que aumentar la producción hasta [cubrir] más del 80%
de las tierras boscosas de Suecia. El 20% restante podría convertirse
a “reservas ambientales”. Ling dijo ante la conferencia sobre
bioenergía que el aumento del crecimiento podía lograrse, entre
otras cosas, mejorando la siembra y las semillas y utilizando
más fertilizantes nitrogenados. Es raro que Ling no haya mencionado
que con el aumento del uso de fertilizantes nitrogenados habrá
también más óxido nitroso en la atmósfera. Desde la perspectiva
de su capacidad de calentamiento global, el óxido nitroso es 310
veces más poderoso que el dióxido de carbono.
La
industria de la pulpa y el papel en Europa es “el mayor sector
industrial que usa biomasa como combustible”, según la Confederación
de Industrias Europeas del Papel. Esto se debe en gran parte a
que las fábricas queman los desechos del proceso de producción
de la pulpa. Pero la industria de la pulpa y el papel sigue siendo
un gran consumidor de electricidad. La CEPI es parte de una alianza,
con otros grandes consumidores de energía como las industrias
del acero y del cemento, que presiona para abaratar los precios
de la energía. Uno de los motivos por los que la industria se
muda al Sur es que allí la energía es más barata. La conversión
de fábricas de celulosa a bio-refinerías también consumirá mucha
energía.
Produzcan
lo que produzcan estas fábricas, celulosa o biocombustibles, la
estructura globalizada de la industria permanecerá, así como el
hecho de que para las empresas es más barato cultivar la materia
prima de la celulosa en gigantescas plantaciones industriales
de árboles en Brasil que en Suecia. Según las cifras de Stora
Enso, en Brasil los árboles pueden crecer diez veces más rápido
y la producción de celulosa por tonelada es un tercio más barata
que en Suecia. Las mismas reglas globalizadas para los bienes
de consumo se aplicarán a la producción de biocombustibles. La
conversión de plantas de celulosa en bio-refinerías en el Norte
llevará a la expansión de las plantaciones industriales de árboles
en el Sur.
Por
Chris Lang, correo-e: http://chrislang.org,
www.chrislang.blogspot.com
inicio
–
Más problemas: el álamo transgénico, la celulosa
y el biocombustible
La
Dirección de investigaciones biológicas y ambientales del Ministerio
estadounidense de Energía está financiando con USD 1.400.000 un
estudio de tres años realizado por miembros de la Universidad
de Purdue, con el fin de encontrar el modo de modificar la lignina
y averiguar si estos cambios genéticos afectan la calidad de las
plantas utilizadas para producir biocombustibles. Un álamo híbrido
es el punto de partida de esta investigación, que se encuadra
en el objetivo del Ministerio de reemplazar por biocombustibles
el 30 por ciento de los combustibles utilizados cada año en Estados
Unidos para el transporte.
Los
científicos desean modificar genéticamente el álamo híbrido para
lograr que la lignina no impida la extracción de la celulosa y
su degradación en azúcares fermentables, los cuales pueden ser
convertidos a su vez en etanol. La lignina es un polímero orgánico
complejo y representa el 25% de la composición de las plantas;
en su forma actual, su combustión puede servir
de energía en el proceso de fabricación
de etanol, pero no es posible transformarla a
ese combustible alternativo.
Alterando
la composición de la lignina o minimizando la cantidad presente
en las paredes de las células, se podría facilitar el acceso de
las enzimas. Los científicos suponen que, de esta forma, las enzimas
podrían convertir la celulosa en azúcares de modo más eficiente.
Para avanzar en la producción de combustibles no fósiles, los
investigadores de Purdue están usando herramientas genéticas para
modificar el álamo y estudiar luego el efecto de las alteraciones
sobre las paredes de la célula, con el fin de crear árboles que
se adapten a una producción de alto rendimiento de etanol.
Con
su habitual estrechez de miras, los expertos en genética ven el
árbol pero no el bosque (o más bien la plantación). La “solución”
que le seguirá es fácil de anticipar: enormes extensiones de árboles
transgénicos idénticos, que tendrán los ya previsibles efectos
en los suelos, el agua y la diversidad biológica, más las consecuencias
imprevisibles de una técnica cuestionada por su falta de solidez
científica. Con “soluciones” de este tipo no sólo queda sin resolver
el problema básico, la crisis climática mundial provocada por
el consumo desmedido de energía, sino que la humanidad se ve enfrentada
a una nueva amenaza.
Artículo
basado en información extraída de: “GM tree could be used for
cellulosic ethanol”, 24 de agosto de 2006, Mongabay.com, http://news.mongabay.com/2006/0824-purdue2.html.
inicio
LOS BIOCOMBUSTIBLES Y SUS IMPACTOS
LOCALES
Los
casos abajo descritos ilustran la forma en que, una vez más, el
modelo de los monocultivos en gran escala, esta vez para la producción
de biocombustibles, usurpan los derechos territoriales de los
pueblos indígenas y las comunidades locales, lesionan sus derechos
humanos, comprometen la soberanía alimentaria, provocan deforestación
y destrucción.
-
Brasil: soberanía energética vs. soberanía alimentaria
En Brasil,
la producción a través de la agricultura de una nueva matriz energética
está presente a diario en los medios de comunicación y cada vez
más está ganando respaldo social y justificación económica para
el desarrollo del campo. Rápidamente, el uso de la tierra para
la producción de alimentos pasa a compartir su espacio con la
producción de combustibles. Este cambio en
la percepción social se hace muy evidente en los reiterados reportajes
que muestran a los productores rurales y propietarios de tierras
como los nuevos dueños de “campos de petróleo”.
Dentro
del panorama mundial de sustitución del petróleo por una matriz
energética “renovable”, Brasil se destaca como líder mundial en
agroenergía debido a sus condiciones climáticas tropicales, a
la extensión de tierras agricultivables, a la disposición de recursos
hídricos y a la logística regional. Por otro lado, se destaca
el papel privilegiado de Brasil en este liderazgo mundial con
la creación, en el año 2005, de un programa nacional de agroenergía
y un ambicioso fondo de inversión privado para el sector, planificado
y presidido por el entonces ministro de agricultura del primer
mandato del gobierno Lula, Roberto Rodrigues. Este fondo pretende
captar alrededor de 200 millones de dólares en el país y con inversionistas
internacionales (como por ejemplo, un banco holandés que tendría
el liderazgo en fondos para este tipo de proyecto) para actuar
en la participación accionaria al frente de los proyectos de agroenergía
del agronegocio, pero también en la compra de tierras, en financiación
privada para la investigación, en la orientación de la viabilidad
de proyectos y en la presentación de propuestas al gobierno, sirviendo
así como agente de lobby. Estos dos factores, um programa público
y un fondo privado, son ejemplos concretos de cómo el país se
prepara para estar a la altura de esta gran oportunidad histórica
que anuncia la era de los biocombustibles.
En
lo referente a las convicciones que guian los planes de esta nueva
era, Décio Gazzoni, ingeniero agrónomo, con más de 30 años como
investigador de EMBRAPA (empresa pública de investigación y desarrollo
agropecuario) y responsable de la elaboración del programa nacional
de agroenergía, recientemente declaró que “ debemos ser pragmáticos
y permitir la reforestación de la Amazonia con palma africana”
(“Dinheiro Rural”, año III, número 25, noviembre de 2006), lo
que posibilitaría la producción de biodiesel. Porque, según él,
“si no encontramos una opción económica, continuaremos talando
bosques”. El único problema, en esta visión, serían los grupos
ambientalistas y la legislación, que solo permite la reforestación
con especies nativas.
Este
‘pragmatismo’ en la nueva frontera de expansión del agronegocio
defendida por el técnico que elaboró el programa nacional de agroenergía
es el mismo que apoya varios proyectos
de plantaciones de eucaliptos, planificados y financiados en sinergia
con la minería y la siderurgia, para la producción de carbón vegetal,
en especial como insumo energético de la industria de producción
de hierro en lingotes, uno de los rubros más importantes de la
balanza de exportaciones brasileña.
Un ejemplo
de la forma en que el mundo ve a Brasil como la gran frontera
de la agroenergía será la realización, desde el próximo 11 hasta
el 13 de diciembre, en la ciudad de Londrina, estado de Paraná,
de uma conferencia internacional sobre biocombustibles; en la
que los especialistas de distintos países conocerán mejor y discutirán
las ventajas del biodiesel y del etanol y de esa forma, podrán
evaluar con mejores criterios cuál es la alternativa que se presenta
como más beneficiosa.
En
el caso de Brasil, la cantidad de inversiones públicas y privadas
y los contratos involucrados en la construcción de plantas de
procesamiento y refinado de los biocombustibles, se están consolidando
a mediano y largo plazo, además de una infraestructura productiva,
una importante geopolítica energética y de apropiación de recursos
naturales que tendrá como consecuencia mayor presión en las áreas
de frontera agrícola, valorización de tierras y por lo tanto,
impacto directo sobre la reforma agraria. La promoción de los
biocombustibles está reforzando la ocupación del campo con la
expansión del monocultivo de caña de azúcar para la producción
de alcohol, además de diversificar económicamente el aprovechamiento
de la soja que, en relación con otras oleaginosas utilizables
para la fabricación de biodiesel, es más ventajosa porque cuenta
con cadenas productivas consolidadas (créditos, insumos, depósito,
transporte, etc.) y porque su subproducto, la torta (subproducto
resultante de la extracción del aceite), sirve para la alimentación
animal de crianza integrada.
Por
otro lado, son por demás conocidos los efectos devastadores del
cultivo de la soja en Brasil, así como en Argentina y Paraguay,
y la cadena de violaciones de los derechos humanos, deforestación
y destrucción ambiental que provoca la soja. Por su parte, el
monocultivo de caña de azúcar, desde que se inauguró el primer
ciclo económico colonial, reitera inequívocamente un modelo de
explotación de la naturaleza y del trabajo.
Frente
a esto, es importante evaluar críticamente la apuesta a la agroenergía
como nueva matriz energética ‘renovable’ que también sirve para
‘renovar’ el discurso ideológico del agronegocio y sus estrategias
de ocupación territorial y reforzar el modelo de desarrollo rural
basado en monocultivos industriales de agroexportación, controlados
por el gran capital y por las empresas transnacionales, cuyos
impactos ecológicos y
sociales están actualmente en el centro de las luchas ambientalistas
y de los movimientos campesinos en Latinoamérica.
Es
importante recordar que la concentración de tierras en Brasil
continúa siendo una de las más grandes del mundo, que el “hambre”
es una cuestión esencialmente política y que la realización de
una reforma agraria integral permanece como un desafio estructural
a la democracia en el país. Principalmente, la historia de la
lucha por la tierra en Brasil generó un movimiento campesino reconocido
en todo el mundo, el MST (“Movimento dos sem terra” – Movimiento
de los sin tierra), que a su vez integra la Vía Campesina, la
articulación internacional de los campesinos. Tanto la Vía Campesina,
como el MST en Brasil y los otros movimientos del campo en diversos
países, tienen en común la defensa de la soberanía alimentaria:
“La
soberanía alimentaria es el derecho de cada pueblo a definir sus
propias políticas agropecuarias y en materia de alimentación,
a proteger y reglamentar la producción agropecuaria nacional y
el mercado doméstico a fin de alcanzar metas de desarrollo sustentable,
a decidir en qué medida quieren ser
autodependientes, a impedir que sus
mercados se vean inundados por productos excedentarios de otros
países que los vuelcan al mercado internacional mediante la práctica
del ‘dumping’, y a darle preferencia a las comunidades locales
pescadoras respecto al control del uso y los derechos sobre los
recursos acuáticos. La soberanía alimentaria no niega el comercio
internacional, más bien defiende la opción de formular aquellas
políticas y prácticas comerciales que mejor sirvan a los derechos
de la población a disponer de métodos y productos alimentarios
inocuos, nutritivos y ecológicamente sustentables. La soberanía
alimentaria es el derecho de los pueblos, de sus Países o Uniones
de Estados a definir su política agraria y alimentaria, sin dumping
frente a países terceros”. (VIA CAMPESINA,
introducción de la DECLARACIÓN SOBERANIA ALIMENTARIA 1996).
La
defensa de la soberanía alimentaria como principio político sería,
por lo tanto, el derecho de los pueblos a producir sus propios
alimentos de acuerdo con las condiciones de sus territorios y
su cultura alimentaria. En el siglo XXI, cuestiones como la reforma
agraria y el derecho de los campesinos continúan siendo centrales
para responder a las graves problemáticas ambientales y
sociales (como el éxodo rural y las migraciones) originadas en
la expansión de la sociedad urbana e industrial y que afectan
al conjunto de la humanidad y no solamente a la población
rural.
Antes
de asumir apresuradamente la tarea de producir el combustible
que el mundo necesita, al ritmo que este modelo de producción
y consumo industrial y que la acumulación del capital nos impone,
es fundamental reflexionar profundamente sobre qué queremos y
estamos plantando para el futuro. Si estamos, de hecho, rompiendo
con nuestra matriz colonial y de dependencia o apenas estamos
actualizando los términos de la explotación y reiterando antiguas
ecuaciones de sometimiento. Hasta dónde los planes de producción
de biocombustibles servirán a las necesidades del pueblo brasileño,
o qué se producirá para subsidiar energéticamente la lógica del
monocultivo de exportación. En este marco,
y antes de que sea demasiado tarde, cabe considerar, críticamente,
hasta qué punto el discurso de promoción de la soberanía energética
se está haciendo a expensas de hipotecar las premisas de la soberanía
alimentaria.
Por
Camila Moreno, investigadora del CPDA(posgrado en Desarrollo,
Agricultura y Sociedad) /Universidad Federal Rural de Río de Janeiro,
asociada a Terra de Direitos, Brasil.
inicio
-
Camerún: las plantaciones de palma aceitera impulsadas por
el nuevo mercado del biocombustible atentan contra el sustento
local
Al igual que
en otros países africanos como Costa de Marfil o Ghana, en Camerún
la producción de palma aceitera se distribuye en tres sectores:
el agroindustrial, el de las aldeas controladas por las agroindustrias
y el tradicional en pequeña escala.
Cuadro
1. Superficie y producción de plantaciones de palma aceitera
en Camerún en 2002.
|
|
Superficie
(hectáreas) |
Producción
bruta de palma aceitera (toneladas) |
|
Plantaciones
agroindustriales |
60.000 |
105.000 |
|
Plantaciones
“supervisadas” en aldeas |
14.000 |
|
Pequeñas
plantaciones tradicionales |
24.000 |
35.000 |
Fuente: Monfort (2005).
Si bien Indonesia
y Malasia ocupan el primer lugar en el mercado mundial de la palma
aceitera, el sector agroindustrial de Camerún cuenta con varias
ventajas.
En primer lugar,
la plantación industrial de palma aceitera se ha beneficiado mucho
con los programas gubernamentales y el capital internacional.
El cultivo intensivo de palma aceitera, una planta de uso tradicional
en la población local, empieza con la colonización alemana y se
incrementa con los franceses y los británicos con la creación
de la Corporación para el Desarrollo de Camerún (CDC) y de Plantaciones
Pamol.
En 1963 el
gobierno inició el primer gran programa de desarrollo de plantaciones
de palma aceitera, destacándose la creación de SOCAPALM en la
región de Kribi. En 2001 el Ministerio de Agricultura lanzó un
‘proyecto de palma aceitera’ en el marco de las nuevas políticas
“voluntaristas” cuyo fin era “modernizar la agricultura”, con
ayuda de Francia y las instituciones financieras internacionales
(FMI, Banco Mundial). Este programa se percibe como “prioridad
nacional” y promueve el aumento de la producción y la productividad
para cubrir las necesidades nacionales (en déficit) y mejorar
la competitividad internacional. El objetivo es producir por lo
menos 250.000 toneladas para 2010 y se basa en la privatización
de grandes explotaciones estatales (CDC, Palmol y SOCAPALM) y
el aumento de la superficie de plantaciones en por lo menos 5.000
hectáreas anuales.
En segundo
lugar, la agroindustria de la palma aceitera se beneficiará con
el auge de los biocombustibles, un nuevo mercado en el que seguramente
el grupo francés Bolloré, presente desde hace mucho tiempo en
Camerún, tendrá un papel clave.
En Camerún
el cultivo y la transformación industrial de la palma aceitera
están a cargo de cinco grandes empresas, tres de las cuales son
propiedad de Bolloré: SOCAPALM, SAFACAM y la Ferme suisse. La
estrategia de inversiones de este grupo se basa en la posibilidad
de expandir las plantaciones y en el aumento de la productividad
que puede lograrse en las etapas de producción y transformación.
La empresa
de la familia Bolloré fue creada en 1822 y su facturación anual
hoy supera los 5.000 millones de euros. El imperio Bolloré creció
especialmente en África, donde controla más de 70 firmas en 35
países, en particular en los sectores del transporte, la energía
y otros igualmente redituables como la explotación maderera y
los cultivos comerciales (como palma aceitera y hevea). Es bien
sabido que para expandir su influencia el grupo no dudó en trabajar
codo a codo con dictadores de dudosa reputación como Sassou Nguesso.
Pero además Bolloré se ha beneficiado mucho con las grandes campañas
de privatización impuestas por los programas de ajuste estructural.
En Camerún,
el apodo de Bolloré es “el último emperador”. El grupo está presente
en la industria del petróleo (oleoducto Cha