NUESTRA
OPINIÓN
-
Redes regionales: un paso adelante en la lucha
contra las plantaciones
Los
gobiernos de Camboya, China, Laos, Tailandia y Vietnam están fomentando
las plantaciones a gran escala de palma, eucalipto y pino. Sin
embargo, los habitantes afectados protestan abiertamente contra
ellas. En una reunión celebrada el mes pasado en Camboya supimos
que estos planes tienen la fuerte oposición de las comunidades
locales porque ven que estas plantaciones están usurpando sus
tierras y afectando sus medios de vida. En visitas a Camboya y
Laos fuimos testigos de la tala de sus bosques, la destrucción
de sus campos de arroz secano y la ocupación de sus tierras de
pastoreo para allanar el camino al monocultivo de árboles.
Como
en otros países del Sur que enfrentan proyectos similares, las
ONGs de la región del Mekong tienen una función importante que
cumplir en apoyo del derecho de las comunidades locales a tomar
sus propias decisiones sobre el uso de sus tierras y recursos.
No obstante, algunas ONGs parecen creer que no es posible oponerse
a las plantaciones y que la única opción es intentar mejorarlas.
Ese
supuesto no es verdad. Como ejemplo en este sentido vale la pena
mencionar que comunidades locales de la propia Camboya detuvieron
recientemente un proyecto de plantaciones (el de Pheapimex). En
muchos casos más, la expansión de las plantaciones fue frenada
o limitada (como ocurrió en Tailandia y recientemente en Ecuador)
como consecuencia de la oposición organizada.
Las
luchas locales se vieron fortalecidas por numerosas actividades
realizadas a lo largo de muchos años por personas y organizaciones
en todo el mundo que han respaldado a las comunidades locales,
generado conciencia, difundido información y análisis, realizado
investigación, presionado a gobiernos e instituciones internacionales
y organizado campañas contra los monocultivos de árboles en gran
escala.
Aunque
el punto de partida necesario es la oposición que surge en el
plano local, queda claro que el poder combinado de los gobiernos
y las empresas (con el apoyo de un gran
número de organismos de “expertos” y “de ayuda”)
exige fuertes movimientos de oposición, y que esto implica la
necesidad de crear redes amplias en los planos nacional, regional
e internacional.
Este
tipo de redes ya existen en muchos países del Sur. Un hecho más
reciente ha sido la creación de redes regionales formales e informales
de oposición a las plantaciones en África, América Latina y Asia.
En
el caso de América Latina, en el Foro Social Mundial de enero
de 2003 se creó la Red Latinoamericana contra el Monocultivo de
Árboles, que realiza una campaña activa en casi todos los países
de la región.
Con
respecto a Asia, se celebraron dos reuniones (la primera en Tailandia,
en 2003, y la segunda en Camboya, el mes pasado) entre representantes
de organizaciones que trabajan en la región del Mekong, que resultó
en acuerdos para trabajar juntos en la oposición a la expansión
de las plantaciones (ver artículo abajo “Camboya: Conferencia
regional del Mekong sobre plantaciones de árboles”).
En
África, los activistas contra las plantaciones en Sudáfrica trabajan
en estrecha colaboración con organizaciones de Swazilandia y Mozambique
y establecen contactos con organizaciones de otros países africanos
donde las plantaciones ya existen o se
las promueve. (Ver artículos sobre Sudáfrica
y Mozambique abajo).
Las
personas que participan en esas redes están convencidas de que
las plantaciones pueden ser detenidas efectivamente y – a pesar
de las dificultades – trabajan activamente para alcanzar ese objetivo.
La creación de redes regionales constituye un gran paso adelante
en esta lucha y su éxito dependerá en definitiva de su capacidad
para crear un amplio movimiento popular contra las plantaciones.
Si eso se logra, no hay duda de que se detendrán las plantaciones.
inicio
COMUNIDADES
Y BOSQUES
- Gambia:
la población rural en el centro del manejo de los bosques
Gambia
es un país pequeño (10.000 km²) y económicamente pobre que se
enfrenta a varios problemas sociales y ambientales. Entre estos
últimos, la deforestación es probablemente el que plantea la mayor
amenaza tanto para las personas como para el medio ambiente. Hasta
principios de los años 1900, densos bosques cubrían Gambia. En
1981 se clasificaron como bosques unas 430.000 hectáreas, es decir
45% de la superficie terrestre total. En 1988 esta cifra había
caído a aproximadamente 340.000 hectáreas, o sea 30% de la superficie
terrestre. Además, la degradación del estado de los bosques es
tan severa que la mayoría de los bosques cerrados ha desaparecido,
dejando solamente una sabana de mala calidad de árboles y arbustos.
Por
lo tanto resulta interesante ver cómo Gambia está enfrentando
el problema, con recursos financieros muy limitados, con un enfoque
donde lo principal es la gente. A este respecto el Departamento
Forestal ha creado un “Concepto de Manejo Forestal de Gambia”,
que guía todas sus actividades.
Unas
pocas citas del documento del Concepto servirán para ilustrar
un cambio importante respecto de los enfoques más corrientes del
manejo forestal:
-
“La administración de bosques y los funcionarios forestales individuales
tienen que ver más allá de los árboles y preocuparse más por la
gente y el potencial de múltiples usos de las tierras boscosas.
Es necesario ampliar el enfoque tradicional de los silvicultores
hacia la participación de la población rural en el manejo y uso
racional de sus bosques”;
-
“Las decisiones sobre el uso de la tierra no pueden ser tomadas
solamente desde el punto de vista de los silvicultores sino que
hay que considerar el desarrollo de la población, la necesidad
de tierras para la agricultura, etc.”;
-
“El objetivo del manejo forestal debe orientarse más hacia el
pastoreo del ganado que a la mera protección o la producción de
madera y otros productos del bosque”;
-
“La función del personal forestal ha cambiado de policías a socios
de manejo”.
El
Concepto da a la población rural un lugar central en el manejo
de los bosques. Por consiguiente, aplica criterios participativos
para que los habitantes locales se impliquen plenamente en el
planeamiento, la toma de decisiones, la organización y la administración.
De hecho, la introducción del manejo comunitario de los bosques
nació cuando el Departamento Forestal se dio cuenta de lo vano
de sus esfuerzos para proteger los bosques sin la participación
comprometida y voluntaria de la comunidad local.
La
introducción y aplicación del manejo comunitario de los bosques
resultó ser un proceso de construcción de la confianza que necesita
mucho tiempo para crear un sentido de pertenencia
de los bosques entre los aldeanos, pues debido a experiencias
pasadas existe una profunda desconfianza hacia las acciones y
políticas del gobierno.
Una
de las condiciones principales que una comunidad tiene que cumplir
antes de celebrar un Acuerdo de manejo comunitario de bosques
con el Departamento Forestal es la creación de un Comité del Bosque
en el poblado. Este Comité es responsable de toda la organización
del trabajo en la esfera de la aldea.
En
la instrumentación del manejo comunitario de los bosques se distinguen
básicamente tres fases: la preparatoria, durante la cual las comunidades
locales preparan el manejo del bosque, la preliminar, durante
la cual las comunidades demuestran su capacidad de protección
y manejo del bosque, y la de consolidación, durante la cual las
comunidades adquieren mayor capacidad técnica y administrativa
para manejar el bosque, encaminándose a la autogestión.
Una
vez completado el proceso, la comunidad y el Departamento Forestal
celebran un Acuerdo de manejo comunitario de bosques que otorga
a la comunidad o comunidades derechos permanentes de propiedad
sobre una zona de bosques claramente demarcada. Con este Acuerdo
las comunidades tienen derecho a quedarse con los beneficios derivados
de sus bosques. La única condición que impone el Acuerdo es la
gestión del recurso forestal según un sencillo plan de manejo.
La
experiencia de Gambia parecía tan interesante que la secretaría
del WRM decidió que sería útil visitar el país. Por lo tanto entramos
en contacto con el director del Departamento Forestal, Jato S.
Sillah, quien amablemente organizó varias visitas a bosques comunitarios,
así como entrevistas con funcionarios de este Departamento. Lo
que vimos y oímos coincide básicamente con la política forestal
declarada.
Visitamos
varias comunidades forestales y conversamos con integrantes de
comités del bosque, quienes nos explicaron los numerosos beneficios
que estaban recibiendo de los diferentes
usos del bosque. Nos reunimos con la Asociación Nacional de Apicultores,
donde se nos explicó de qué forma esta actividad ayuda a prevenir
los incendios forestales y a aumentar los ingresos de las personas
del medio rural (véase
http://www.wrm.org.uy/bulletin/107/Gambia.html). Vimos funcionarios
forestales sin uniforme interactuando en términos de igualdad
con personas de la comunidad y afiches de los bosques comunitarios
que decían “se permite el pastoreo”. Funcionarios forestales explicaron
lo fácil que es el trámite para adquirir la calidad de bosque
comunitario. En relación con el Concepto, todos, desde el director
del Departamento Forestal hasta el personal de campo, parecían
sinceramente convencidos y comprometidos con su instrumentación.
Por
supuesto que una breve visita a unas pocas zonas de un país no
puede ser, en modo alguno, prueba de nada. Sin embargo, esta experiencia
parece ser un gran paso en la dirección correcta y tener el potencial
de replicarse en otros países que se enfrentan a problemas similares.
Probablemente se necesite investigar más para evaluar la realidad
en el terreno, pero el marco conceptual tiene sentido no solamente
desde la perspectiva de la conservación sino también desde la
social y económica.
Artículo
basado en información obtenida de: Gambian Forest Management Concept
(GFMC), versión 2, borrador, mayo de 2001,
http://www.wrm.org.uy/countries/Gambia/GambiaGFMC.pdf; Community
Forest Ownership: Key to Sustainable Forest Resource Management.
The Gambian Experience,
http://www.wrm.org.uy/countries/Gambia/GambianExperience.html;
viaje de Ricardo Carrere a Gambia en junio de 2006
inicio
- Kenia:
el bosque del Complejo Mau bajo amenaza
La
pérdida de cubierta forestal en Kenia ha provocado un deterioro
de las formas de vida y sustento de muchos keniatas, causado por
la reducción de la productividad de la tierra, el hambre y la
sequía. La sequía experimentada en el país en 2005/2006 sirve
de ejemplo. Los informes confirmaron la muerte de ganado a gran
escala y, en muchos lugares, se comprobó la existencia de conflictos
por el uso de los recursos, los cuales provocaron la pérdida de
vidas humanas.
Si
bien la mayor parte de los bosques de Kenia han sido diezmados
entre otras cosas por la degradación, la cubierta forestal del
Complejo Mau y, en particular, la del bosque Mau Maasai, ha sido
la más afectada y se ha reducido drásticamente a lo largo del
tiempo.
El
Complejo Mau – el bosque más grande de Kenia – ocupa unas 400.000
hectáreas. Está ubicado en el flanco occidental de la escarpadura
Mau, a 250 km aproximadamente de Nairobi, a una altura de 2.000
a 2.600 metros sobre el nivel del mar, rodeado por Kericho al
oeste, Nakuru al norte y Narok al sur. Comprende siete bloques
de bosque: Mau Sudoeste, Mau Este, Transmara, Mau Narok, Mau Maasai,
Mau Oeste y Mau Sur, los cuales se unen para formar el Complejo
forestal Mau. De estos bloques, sólo el Mau Maasai no está clasificado.
Tratándose
de un bosque de montaña, el Complejo Mau es uno de los cinco principales
“tanques de agua” de Kenia, junto con el Monte Kenia, la Cadena
Aberdare, el Monte Elgon y los Cerros de Cherengani, que constituyen
las cuencas superiores de todos los ríos principales (salvo uno)
al Oeste del Valle del Rift. Alimenta importantes lagos, tres
de los cuales cruzan las fronteras.
Los
bosques ubicados al sur del Complejo Mau son ricos en diversidad
biológica tanto vegetal como animal. Son el hogar de ungulados
como el Bongo y el Duiker de lomo amarillo, de carnívoros como
el gato dorado y el leopardo, y del elefante africano. El bosque
Mau Maasai en particular, comprende grandes rodales de cedros
y podocarpos, intercalados con claros naturales.
Una
gran mayoría de la población de Kenia vive en la cuenca del Lago
Victoria. Esta región es cruzada por ríos importantes del Complejo
Mau. Los bosques Mau proveen agua a más de 4 millones de personas
que habitan en 578 localidades de Kenia y en varias del norte
de Tanzania. Además, el Complejo Mau mantiene el flujo continuo
del río, favorece la existencia de microclimas indispensables
para los cultivos y provee muchos productos, tales como plantas
medicinales, leña y pasturas.
El
bosque es el hogar de la Comunidad Ogiek, que desde tiempos inmemoriales
ha habitado predominantemente el bosque Mau en la provincia del
Valle del Rift, y que hasta los años 50 subsistió en base a la
caza sustentable de animales salvajes y a la recolección de frutas
silvestres. Como resultado de las leyes, las políticas y el rápido
avance de la religión y la educación occidentales, los Ogiek han
perdido su cultura, sus tradiciones y sus territorios. Ahora deben
practicar la agricultura en pequeña escala y cuidar ganado. El
bosque Mau es vital también para los pastores Maasai, que llevan
a sus animales a pastar allí durante la estación seca.
Durante
la última década, más de 46.000 hectáreas fueron adjudicadas
por el gobierno a otros usos alternativos, como el establecimiento
de colonos y la agricultura privada. El impacto negativo de la
consiguiente deforestación masiva provocada por factores como
la invasión del bosque a gran escala, la producción de carbón
y la tala de árboles nativos ya está teniendo consecuencias tremendas
sobre los recursos hídricos, secando pozos y ríos.
El
bosque Mau Maasai, de 46.278 hectáreas, es un importante capital
natural en términos de acopio de agua, regulación del micro-clima
y diversidad biológica. Entre 1986 y 2003, sufrió la pérdida de
20.330 hectáreas. En un informe de situación del año 2005, el
relevamiento aéreo muestra que aproximadamente 11.095 hectáreas
en la parte oeste del bosque Mau Maasai (distrito de Narok Sur),
fueron destruidas o duramente impactadas por la colonización.
Al momento del estudio, el bosque estaba siendo talado, y varios
penachos de humo se elevaban de la bóveda del bosque remanente.
La
adjudicación del bosque
para la colonización es un problema complejo. Los bosques son
a menudo divididos, supuestamente para reubicar familias que fueron
forzadas a abandonar los bosques vecinos. La mayoría de las veces,
esta reubicación se lleva a cabo sin la participación de las comunidades
locales y, como resultado, las familias son distribuidas en pequeñas
parcelas mientras que las personas con poder (especuladores bien
conectados, taladores y fabricantes de carbón) se quedan con la
mayor parte de la tierra (ver Boletín del WRM N° 55).
Artículo
basado en información obtenida de: “Mau Complex Under Siege. Continuous
destruction of Kenya’s largest forest”, UNEP, Kenya Wildlife Service,
KFWG, junio de 2005; “Maasai Mau Forest Status Report 2005”, UNEP,
Kenya Wildlife Service, KFWG, y Ewaso Ngiro South Development
Authority; “Article 2 of the African Charter and the Ogiek: challenges
and way forward”, Kanyinke Sena, enviado por el autor, e-mail:
kanyinke@yahoo.com; “Mau
Forest Complex On The Spotlight”, Ogiek Welfare Council, forum
for friends of Peoples close to Nature,
http://build.blodeuwedd.org/?q=node/288
inicio
-
Uganda: empresa azucarera planea destruir el bosque de Mabira
Una
empresa azucarera de Uganda planea expandir su ingenio azucarero
destruyendo 7.000 hectáreas, o sea casi un tercio, del bosque
de Mabira, uno de los pocos bosques aún intactos en las proximidades
de las orillas del Lago Victoria, hogar de especies únicas de
aves y primates.
El
plan ha sido enormemente controvertido, ya que amenaza cientos
de especies únicas confinadas en pequeñas parcelas de bosque tropical,
y que podría afectar la pluviosidad de una región que ya está
sufriendo sequías por causa del cambio climático.
En
agosto, el Presidente Yoweri Museveni ordenó un estudio de factibilidad
referente a la posibilidad de ceder la cuarta parte de los bosques
protegidos de Mabira a la empresa privada Sugar Corporation of
Uganda (Scoul), una de las compañías azucareras más grandes, la
cual los talaría para ampliar sus cañavelares vecinos. Museveni
fue citado en la prensa local diciendo que la industria debe ser
prioritaria. Como informara el diario oficialista New Vision,
el Presidente dijo que “es más fácil plantar bosques que construir
industrias”, y agregó que “si uno tiene fábricas, puede conseguir
fondos para conservar el medio ambiente.” (!)
La
iniciativa causó indignación entre los parlamentarios, los habitantes
de Mabira y los funcionarios de la Autoridad Nacional Forestal
(NFA), quienes sostienen que el costo medioambiental de la destrucción
de una de las últimas parcelas de bosque nativo sería incalculable.
Pero el gobierno sostiene que los beneficios generados por la
creación de nuevos puestos de trabajo superarán las pérdidas que
provoque la eliminación del bosque.
“No
pueden talar los bosques. Perderíamos nuestras vidas”, dijo John
Kasule, de 50 años, que vive en las afueras de la reserva. “El
bosque trae lluvia, allí recogemos leña y obtenemos cuerdas; lo
usamos para nuestras casas. Hay 40 clases de medicamentos que
perderíamos”, dijo, señalando una densa maraña verde de árboles
y gruesas plantas trepadoras que se extiende hacia la lejanía.
El
bosque absorbe la contaminación de una zona industrial, capturando
toneladas de dióxido de carbono, y ayuda a mantener el clima húmedo
del centro de Uganda. Según un informe de la NFA, eliminarlo traería
aparejado un clima más seco que menoscabaría el rendimiento de
los cultivos. Gaster Kiyingi, portavoz de la NFA, comentó que
“Mabira es la línea divisoria de aguas para dos ríos que desembocan
en el Nilo, es un estabilizador ecológico entre dos grandes ciudades
industriales y protege además el Lago Victoria.”
“En
lugar de ser negativos … debemos plantar más árboles”, sostuvo
Maria Mutagmba, Ministra de Medio Ambiente. Pero otros no están
de acuerdo. “¿Cuántos años hace que los silvicultores investigan
cómo regenerar el bosque tropical? No sabemos ni por dónde empezar”,
dijo Jacovelli. “Es imposible volver a plantar un bosque tropical
que contaba con cientos de especies. Una vez que se ha ido, se
acabó.”
Artículo
basado en : “EU Scheme Cuts Uganda Sugar Funding in Forest Row”,
16 de noviembre de 2006, y “Plan to Axe Ugandan Forest For Sugar
Sparks Anger”, 29 de noviembre de 2006, Tim Cocks, Reuters News
Service, enviado por Andrew Boswell,
a_boswell_2004@yahoo.co.uk
inicio
- India:
campesinos resisten toma de tierras por gobierno de ‘izquierda’
en Bengala Occidental
La
provincia india de Bengala Occidental posee el singular récord
de estar gobernada por el ‘gobierno de izquierda elegido democráticamente’
más antiguo del país, y de hecho, de todo el mundo, como nunca
deja de señalar la izquierda.
La
violencia se impuso en este estado de ‘izquierda’ y el terror
se desató contra los campesinos, los peones agrícolas y los pequeños
comerciantes de Singur, una zona agrícola ubicada en la fértil
cuenca del río Ganga.
Bengala
Occidental contiene algunas de las zonas agrícolas más productivas
del subcontinente indio, especialmente las extensas praderas verdes
bañadas por el río Ganga y cientos de sus afluentes. El verde
proviene de los grandes cultivos de arroz que dominaron tradicionalmente
el paisaje bengalí la mayor parte de los últimos 2 mil años. Un
largo período en el que los ejércitos invasores fueron y vinieron,
el Reino Unido construyó su imperio y se desvaneció, el nacionalismo
indio nació y degeneró en una excusa para la explotación: de hecho,
la izquierda había calificado de ‘falsa’ la libertad política
de India. En 1948, el Partido Comunista de India convocó desde
Bengala a la revolución armada. La revolución fallida, y muchas
de las luchas que la precedieron y la sucedieron, se centró en
torno al verdor de la cuenca de Ganga. La palabra ‘Dhan’ (el término
bengalí para arroz) se transformó en sinónimo de lucha, por el
cual la gente se movilizaba y peleaba con hoces, arcos y flechas
y resistía a los terratenientes feudales y los campesinos ricos,
e inició la travesía hacia un nuevo orden social. En tan solo
30 años desde la independencia del país, el Partido Comunista
sobrevivió a reiteradas escisiones (y a la fuerte represión estatal)
para surgir como la fuerza política dominante de Bengala.
Las
luchas por la tierra dirigidas por la izquierda y la ultraizquierda
absorbieron a Bengala en las décadas de 1960 y 1970, y a la postre
ayudaron a los más organizados a tomar el poder. La población
rural pobre, integrada por pequeños campesinos y agricultores
marginales, trabajadores agrícolas y aparceros, formó la base
de apoyo más poderosa del gobierno del Left Front (Frente de Izquierda).
Luego de asumir el poder, el gobierno procuró cumplir con sus
electores e inició medidas de reforma agraria como la redistribución
de tierras excedentes y el necesario proceso de inscripción de
los bargadaars (arrendatarios y aparceros, quienes trabajaban
la tierra de otros mediante contratos verbales). Estas reformas
tuvieron consecuencias positivas para la economía y la región,
y la producción agrícola del estado aumentó mucho con la liberación
de grandes extensiones de tierra que se sometían a labranza.
Los
campos verdes de Bengala dominaron la economía y la política de
la provincia y permitieron que la izquierda gozara de un reinado
ininterrumpido durante 30 años. Fueron 30 años agitados en los
cuales la iconografía y la retórica políticas de la izquierda
sufrieron cambios importantes en todo el mundo, y las revoluciones
y las luchas aguerridas por la tierra dejaron de estar de moda
en gran parte de las sociedades otrora socialistas. El estado
de la URSS se desdibujó; en sentido contrario, la República Popular
China construyó una economía capitalista dentro de un estado socialista
‘reformado’, y en muchos países más los comunistas se transformaron
en socialdemócratas y otros retazos ‘moderados’ de izquierda.
Sin embargo, estos hechos tumultuosos no cambiaron a la izquierda
bengalí. Los comunistas en el poder aun juran por Stalin, aman
a Fidel, reciben a Hugo Chávez como un héroe y festejan las victorias
electorales de la izquierda en América Latina. Observando los
carteles rojos y las banderas con la hoz y el martillo que se
exhiben con ostentación por doquier, parece que nada ha cambiado.
Pero,
más allá de la fachada roja y la retórica, todo cambió. Se instaló
la inexorable fuerza destructora de la globalización y el ‘libre’
mercado, los shoppings y las carreteras remplazaron las villas
miseria, y los ‘comunistas’ se metamorfosearon en un ávido montón
de especuladores, contratistas e intermediarios de tierras. El
gobierno se volvió pragmático y comenzó a cortejar a los capitalistas
en público, con la lógica política de que en la era del capital
mundializado sólo se puede construir el socialismo mediante el
desarrollo del capitalismo. Asimismo, siempre se debe emular a
China y sus enormes avances hacia el desarrollo.
La
última instancia de este socialismo a través del capitalismo es
Singur, donde el gobierno adquirió por la fuerza poco más de 400
hectáreas de excelentes tierras agrícolas para la planeada fábrica
de automóviles de bajo costo del grupo Tata. La policía desplegada
por el gobierno de ‘izquierda’ se enloqueció en los pueblos de
Singur en el proceso de ‘suavizar’ la adquisición de las tierras.
En un incidente que recuerda fuertemente a la masacre de Kalinganagar
(las balas de la policía mataron a 13 indígenas que resistían
el cercamiento de sus tierras por el mismo grupo Tata) en la vecina
provincia de Orissa este año, la policía recurrió a la violencia
cuando agricultores y peones agrícolas locales resistieron la
apropiación física y el intento de cercar (con alambrados de púa)
fértiles tierras de labranza. Un gran contingente policial ingresó
a las viviendas de la gente y golpeó a todos los presentes. Se
abusó físicamente de las mujeres, y ni siquiera se tuvo piedad
de niños y ancianos enfermos. Se prendió fuego a algunos graneros
y campos. Muchas personas fueron heridas y más de 50 fueron arrestadas.
La resistencia y la violencia continuó a lo largo del día, en
gran parte televisado en directo por los canales de la televisión
regional.
La
policía aisló a Singur y las zonas vecinas tras el incidente del
2 de diciembre y no permitió el ingreso de persona alguna, ni
siquiera a la reconocida activista social Medha Patkar. Los gobernantes
(marxistas) del Partido Comunista de India, incluso el Ministro
en Jefe Buddhadev Bhattacharya, defendieron públicamente la acción
policial al declarar que el incidente fue una exhibición más de
la ultraizquierda y que la adquisición de tierras y la construcción
de la fábrica de Tata seguirían adelante.
Las
protestas espontáneas contra la brutalidad policial continúan
afectando a Bengala. En Singur, los campesinos y los peones agrícolas
siguen en huelga de hambre. La escala y la intensidad de las protestas
populares pusieron al gobierno a la defensiva, que ahora acusa
a la oposición de calumnias y ‘desinformación’. La zona no es
fértil, señalan los medios de comunicación controlados por el
gobierno, y el Estado adquirió sólo las tierras con monocultivos
o en barbecho permanente. El gobierno insiste que la fábrica de
automóviles y los capitalistas ‘nacionales’ socialmente responsables,
como Tata, conducirán al desarrollo del pueblo.
¿Por
qué una fábrica de automóviles necesita tantas tierras agrícolas?
¿A cuántas familias desplazaría directamente el proyecto? ¿Cuánto
de la tierra adquirida constituye monocultivos? ¿Cuántos son los
trabajadores agrícolas y bargadaars sin registrar en la zona del
proyecto? El gobierno se niega a brindar respuestas precisas.
Los
hechos oficiales, o la falta de ellos, muestran que el gobierno,
en su compromiso con el capital, el mercado y la globalización
decidió sacrificar la realidad a cambio de sus deseos, y asumió
el ‘desafío’ de avanzar en el proyecto. Este ‘desafío’ implica
ignorar la muy real existencia de varios miles de familias dependientes
de la tierra: labradores sin tierra; peones agrícolas tribales
zafrales; operadores de fletes en bicicletas y pequeños transportistas;
comerciantes que compran, transportan y venden productos agrícolas
en lejanos mercados mayoristas; artesanos; y otros pertenecientes
a diversas ocupaciones. La indemnización puede compensar en parte
el costo de la tierra de sus propietarios, ¿pero quién puede compensar
por la pérdida de sus medios de vida?
Con
policías armados y fuerzas de acción rápida al acecho, e importantes
inquietudes y preguntas sobre Singur sin responder, el gobierno
bengalí se prepara para otros proyectos que incluyen la entrega
de varios miles de hectáreas de tierras de labranza en Bhangar
(próximo a Calcuta) al Grupo Salim de Indonesia, acérrimo partidario
del infame régimen de Suharto que mató a miles de comunistas indonesios.
Otro pedazo de tierra se entregaría a Jindals para instalar una
planta de acero en zonas de bosques en el sudoeste de Bengala.
En zonas costeras del sudoeste de Bengala el gobierno está listo
para avanzar, con ayuda de EEUU, en la construcción de una planta
de energía nuclear con capacidad de 10 mil megavatios que desplazaría
a más de 200 mil campesinos, trabajadores agrícolas y pescadores.
Esto último, si hemos de creerles a los gobiernos de Bengala y
de Bush, es un proyecto que solucionaría la crisis climática,
¡y sin contaminar!
Resulta
paradójico que este ataque general contra el medio ambiente, la
economía y la población de Bengala lo lleve adelante la izquierda
que, fuera de Bengala, es una de las adversarias más elocuentes
del desplazamiento provocado por el desarrollo y la conspiración
‘imperialista’ para poner en venta los recursos naturales del
país. Por otra parte, es posible que esto caracterice a la nueva,
‘reformada’ realidad de nuestra época, cuando el capital y el
mercado abarcan todo el pasado y el presente en común, y se apropian
de los conceptos familiares de subversión y oposición.
No
obstante, surgen conceptos nuevos y las protestas siempre se renuevan,
contrarias a las declaraciones del capital sobre el fin de la
historia. En India, los indígenas de Kalinganagar no permitieron
el ingreso a su territorio de funcionarios del gobierno local
ni de Tata desde que se produjo la masacre. A unos kilómetros,
los pobladores resisten la adquisición de tierras para un proyecto
acerero del grupo trasnacional POSCO. Los indígenas Adivasis de
Jharkhand se pronunciaron claramente en contra de proyectos de
desarrollo en sus tierras ancestrales. En Bengala, campesinos,
trabajadores y grupos de la sociedad civil protestan contra modelos
injustos y tiránicos de desarrollo. La izquierda gobernante de
Bengala haría bien en prestar atención a esas señales. La represión
sólo ofrece respuestas de muy corto plazo y potencialmente desastrosas.
Por
Soumitra Ghosh, NESPON y NFFPFW, correo electrónico:
soumitrag@gmail.com, con aportes de Nagarik Mancha, un foro
ciudadano de Kolkata
inicio
COMUNIDADES Y MONOCULTIVOS DE ÁRBOLES
-
Camboya: conferencia regional del Mekong sobre plantaciones
de árboles
“En
este tiempo que pasamos juntos aprendimos, gracias a los testimonios
directos de los representantes de las comunidades locales de doce
provincias de Camboya y también de otros países de la región,
de qué forma las grandes plantaciones situadas en sus respectivas
zonas afectan vidas, sustento y medio ambiente”.
Lo
anterior es parte de la declaración final (la “Declaración de
unidad”) resultado de la Conferencia regional del Mekong sobre
plantaciones de árboles, realizada en Kratie, Camboya, los días
21 y 22 de noviembre de 2006. Este encuentro, organizado conjuntamente
por el Foro de ONG de Camboya, Oxfam Gran Bretaña (Camboya), TERRA
(Towards Ecological Recovery and Regional Alliance) y el Movimiento
Mundial por los Bosques, reunió a personas de cinco países de
la región del Mekong (Camboya, Laos, Tailandia, Vietnam y China)
y representantes de otros países. Los participantes pudieron así
compartir experiencias y aprendizajes relacionados con el tema
de las plantaciones industriales de árboles y sus impactos sobre
la vida y el sustento de los pueblos locales, además de ideas
y sugerencias para resolver los problemas que estas plantaciones
ocasionan.
La
idea de organizar esta reunión nace de la creciente preocupación
por los planes del gobierno de expandir los monocultivos forestales
en la región del Mekong con árboles como eucalipto, pino, palma
aceitera y caucho.
Los
participantes compartieron experiencias y aprendieron sobre la
importancia de los bosques, la tierra y otros recursos naturales
para el sustento y las culturas de las comunidades que de ellos
dependen para obtener sus plantas medicinales, alimentos, ingresos
y seguridad espiritual. Coincidieron en que “las plantaciones
no son bosques” y “cuando los bosques se sustituyen por plantaciones,
se pierde el sustento de numerosas comunidades que viven en esos
bosques o en torno a ellos y los cuidan y protegen”. En consecuencia,
“las plantaciones empobrecen las comunidades y su medio ambiente”.
El
gobierno afirma que las plantaciones contribuyen al desarrollo
económico nacional y mitigan la pobreza. En oposición a este discurso,
los participantes de la conferencia enfatizaron que “las plantaciones
han aumentado la pobreza al desplazar comunidades enteras, destruir
recursos clave para el sustento e impedir el acceso de las comunidades
a los recursos naturales”.
Peor
todavía, las experiencias compartidas demostraron que “en muchos
casos, las plantaciones han entrado en las comunidades con un
alto grado de violencia. En algunos casos la violencia ha sido
obvia y abierta, como asesinatos y encarcelamientos; en otros,
las comunidades son sometidas a intimidaciones y amenazas de modo
de asustar a la gente para que no actúe”. Pero incluso sin intimidación
abierta, los participantes resaltaron que “el propio acto de quitarle
tierra a los aldeanos es un acto de violencia”.
En
el contexto de los actuales planes del gobierno de promover las
grandes plantaciones, los participantes coincidieron en que la
experiencia demuestra que “en todos los casos la única forma de
que haya cambios es con las luchas de los pueblos”, resaltando
que “lucha no significa violencia sino las diferentes formas que
elige la gente del lugar para garantizar y defender sus derechos”.
Destacaron también que “el uso de la ley es muy importante, pero
por sí solas las leyes no garantizan la protección de los derechos
de los pueblos” y que “las estrategias más efectivas de lucha
popular salen de las propias comunidades afectadas, no de ONG
u otros grupos externos”. Añadieron que “trabajando junto con
otras comunidades y buscando posiciones comunes, la gente puede
fortalecer su causa”.
El
resultado más importante de la reunión fue el compromiso común
de seguir trabajando juntos contra la expansión de los monocultivos
de árboles y el fortalecimiento de la resolución de avanzar en
las luchas de la región. Los participantes reconocieron “el valor
y la importancia de intercambios regionales como éste”, apoyaron
“la creación de otros intercambios entre organizaciones populares
de la región para seguir aprendiendo y desarrollar estrategias”
y se comprometieron a compartir “las conclusiones y los principios”
de esta conferencia con todos sus “redes, movimientos y gobiernos”.
Vea
el texto completo de la “Declaración de unidad” (en inglés) en
http://www.wrm.org.uy/countries/Cambodia/Statement_Unity.html
inicio
- Perú:
promoción de plantaciones en base a falsedades
Perú
es uno de los pocos países de Sudamérica donde los monocultivos
forestales aún no se han implantado a gran escala, pero el gobierno
ya se apresta para promover su expansión. En efecto, el país ya
cuenta con un “Plan Nacional de Reforestación 2005-2024” [Plan
Nacional] y con una “Ley de promoción de la inversión privada
en forestación y/o reforestación” [Ley de Forestación], que serían
las herramientas fundamentales para justificar y viabilizar las
plantaciones de árboles. La meta concreta para el 2024 es de haber
plantado 860.000 hás de plantaciones comerciales, fundamentalmente
en la Amazonia y 909.000 hás de plantaciones de “protección ambiental”,
fundamentalmente en la Sierra.
De
la lectura de ambos documentos resulta muy claro que el gobierno
peruano se ha limitado a copiar el mismo modelo ya implementado
en muchos otros países de la región y a utilizar los mismos falsos
argumentos para lograr el necesario apoyo de la ciudadanía, en
particular en las regiones donde se prevé la instalación de plantaciones:
generación de empleo, reducción de la pobreza, desarrollo, impactos
ambientales positivos. Los mecanismos de promoción son también
un calco de los utilizados en otros países (exoneración impositiva,
créditos blandos, investigación por parte del Estado, etc.) y
el único aspecto innovador (acceso a tierras por el sector privado)
resulta ser el más peligroso de todos.
En
la exposición de motivos de la Ley de Forestación, se empieza
diciendo que “La promoción de la inversión privada en forestación
y reforestación se establece en el marco de una estrategia de
reducción de la pobreza rural” y también menciona –entre otros
supuestos beneficios- la “generación de riqueza y empleos permanentes”.
El Plan Nacional aporta más detalles en cuanto a empleos, afirmando
que las plantaciones generan un empleo directo cada 4 hectáreas,
por lo que el plan crearía 425.000 puestos de trabajo directo.
El Fondo de Promoción del Desarrollo Forestal (FONDEBOSQUE) va
aún más lejos y en su folleto de divulgación afirma que las plantaciones
“generan al menos un empleo directo por cada 2 hectáreas”; de
acuerdo con esta cifra, el número total de empleos a ser generados
por el plan sería de 850.000.
Lamentablemente,
todo lo anterior es absolutamente falso. A este respecto interesa
destacar los datos que se manejan en Uruguay, que es uno de los
países mencionados como ejemplo “exitoso” en el Plan Nacional.
De acuerdo con un estudio de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias
de ese país, la forestación genera 7 empleos permanentes cada
1000 hectáreas (otras fuentes reducen dicha cifra a 4,5 empleos/1000
hás). Es decir, que en el mejor de los casos, la forestación genera
apenas 1 empleo directo cada 143 hectáreas, cifra muy alejada
de las absurdas afirmaciones del Plan Nacional y FONDEBOSQUE.
La misma situación se repite en otros países “exitosos” como Chile
y Brasil, donde la forestación ha demostrado ser la peor opción
posible en materia de generación de empleos. La forestación no
reduce la pobreza, sino que la incrementa.
En
materia ambiental, el Plan Nacional sostiene que las plantaciones
de cualquier tipo (con exóticas o nativas; en monocultivos o sistemas
agroforestales; de producción o de protección) tienen las mismas
funciones que los bosques. Por lo tanto, no solo no tendrían impactos
negativos, sino que todos sus impactos serían positivos. Al respecto
el Plan afirma que los beneficios incluyen la “regulación del
régimen hídrico de las cuencas”, “control de la erosión de los
suelos”, “mejoramiento de suelos y protección de cultivos agrícolas”,
“acondicionamiento del hábitat de flora y fauna”, entre otros.
Desafortunadamente,
también todo ello es falso, por la sencilla razón de que los monocultivos
de árboles no son bosques y por ende no pueden cumplir con las
mismas funciones que estos. En todos los países de la región donde
existen grandes plantaciones se ha constatado que impactan gravemente
sobre el agua, que favorecen procesos de erosión, que degradan
los suelos e impactan sobre los cultivos adyacentes y que afectan
gravemente a la flora y fauna nativas. Los impactos de las plantaciones
se originan fundamentalmente en la gran escala de las mismas.
En el caso de Perú está previsto que las plantaciones se harán
precisamente a gran escala, por lo que todos los supuestos beneficios
ambientales no solo no serán tales, sino que resultarán en graves
impactos sobre agua, suelos, flora y fauna. Las plantaciones no
benefician al ambiente, sino que lo degradan.
En
base a esas -y otras- falsedades, el artículo primero de
la Ley de Promoción declara de “interés nacional la promoción
de la inversión privada en actividades de forestación y/o reforestación”,
lo que implica que el Estado dará múltiples apoyos a las empresas
plantadoras, incluyendo exoneraciones impositivas, incentivos
fiscales, canje de deuda externa y que será el propio Estado el
que instalará las plantaciones para “protección ambiental”, fundamentalmente
en tierras de comunidades campesinas andinas. Es decir, que el
pueblo peruano será quien pague (directa e indirectamente) para
la instalación de las plantaciones, tanto privadas como estatales.
Más
grave aún, las plantaciones se convertirán en un instrumento para
la privatización de las tierras del Estado. En efecto, el Plan
Nacional dice que “el Estado pondrá a disposición del sector privado,
mediante diversos mecanismos de adquisición, el acceso a la propiedad
privada de tierras públicas para ser destinadas al establecimiento
de plantaciones forestales industriales”. A su vez la Ley de Forestación
dice en su artículo segundo que “El Estado, a través de la Agencia
de Promoción de la Inversión Privada (PROINVERSION), podrá adjudicar
en venta con compromiso de inversión tierras de su dominio, con
capacidad de uso mayor forestal para fines de forestación y/o
reforestación, a través del mecanismo de subasta pública ...”.
En
resumidas cuentas, estos planes van en sentido contrario a los
intereses de los más necesitados y solo beneficiarán a los sectores
económicamente poderosos, que podrán acceder a la tierra y a los
beneficios previstos en esta nueva legislación. Es por tanto imperioso
que las organizaciones de la sociedad peruana se informen al respecto
y tomen cartas en el asunto antes de que sea demasiado tarde.
Todavía se está a tiempo para detener este proceso.
Artículo
elaborado en base a información de: Plan Nacional de Reforestación.
Perú 2005 – 20024. Perú, INRENA, s.f.; Ley de Promoción de la
Inversión Privada en Forestación y/o Reforestación; Fondo de Promoción
del Desarrollo Forestal (FODEBOSQUE), Primer Vivero Forestal de
Alta Tecnología en el Perú, s.f.
inicio
-
Brasil: día internacional
de acción para la demarcación de las tierras de los indígenas
Tupinikim y Guaraní
Hoy
[12 de diciembre], cientos de indígenas de las siete comunidades
Tupinikim y Guaraní en el Estado de Espíritu Santo, Brasil, ocuparon
el puerto de Portocel, desde donde la empresa Aracruz Celulose
exporta su celulosa a Europa, Estados Unidos y Asia. Protestan
junto con varios otros grupos solidarios de Brasil y del exterior
para pedirle al gobierno brasileño que de una vez por todas cumpla
con su deber constitucional y demarque las tierras tradicionales
de los pueblos indígenas Tupinikim y Guaraní: 11.009 hectáreas
invadidas por Aracruz Cellulose S/A, una importante empresa papelera.
En
febrero de 2006, el ministro de Justicia Márcio Thomaz Bastos
prometió durante una reunión pública en la Asamblea Legislativa
del estado de Espíritu Santo -- en presencia de pueblos indígenas,
parlamentarios y otras autoridades – emitir la Ley de Demarcación
antes de agosto de 2006 y ratificar el área antes de fin de año.
El 12 de setiembre de 2006, la Fundación Nacional del Indio (FUNAI)
presentó un informe a favor de la demarcación ante el Ministro
de Justicia. Desde entonces ha estado en sus manos esperando una
decisión --legalmente, la decisión debía haberse adoptado
hoy, 12 de diciembre de 2006. La Comisión de los Jefes y Líderes
Tupinikim y Guaraní argumenta que el gobierno no ha cumplido con
los plazos convenidos, y ha convocado a un día de solidaridad.
La
demora ha permitido a Aracruz Celulose adoptar acciones públicas
contra las comunidades indígenas, como por ejemplo una campaña
fuertemente difamatoria que incita al prejuicio y al odio racial.
En
el día de hoy, grupos solidarios de Alemania, Noruega, Holanda
y Estados Unidos están coordinando manifestaciones, especialmente
frente a las Embajadas y Consulados brasileños, en solidaridad
con las protestas encabezadas por los Tupinikim y Guaraní.
Lo
invitamos a que dedique un momento a escribir una breve carta
al Ministro de Justicia pidiéndole que reconozca los derechos
de los Tupinikim y Guaraní, demarcando sus territorios ancestrales:
gabinetemj@mj.gov.br.
Carta
modelo aqui
inicio
-
Primeros pasos de la Red de Acción contra las Plantaciones
en África del Sur
En
1995, un pequeño grupo de ONGs comenzó una campaña contra las
plantaciones en Sudáfrica, como respuesta a los esfuerzos de la
industria maderera por expandir en 600.000 hectáreas la superficie
de tierra dedicada a las plantaciones de árboles en gran escala.
Árboles
exóticos, principalmente una especie de acacia australiana, pinos
y eucaliptos, cubren hoy más de 3 millones de hectáreas de la
región este del país, una zona bien irrigada y con buena producción
agrícola. Sin embargo, 1,5 millones de hectáreas se componen de
plantaciones abandonadas o mal mantenidas, o de áreas que han
quedado densamente infestadas de jóvenes árboles invasores provenientes
de las plantaciones. Estas tierras invadidas representan
una gran amenaza para la economía nacional, dado que consumen
los escasos recursos hídricos y tienen impactos negativos sobre
las comunidades locales y la biodiversidad natural, pero han sido
totalmente ignoradas tanto por el gobierno como por la industria
que provocó su existencia.
La
coalición Timberwatch se estableció en 1997 como una red local,
pero con el transcurso de los años se transformó en una coalición
nacional de ONGs, y ahora reúne 10 organizaciones medioambientales
que reconocen la necesidad de luchar contra el daño causado por
los considerables efectos negativos, tanto sociales como medioambientales,
que tienen las plantaciones madereras a gran escala. Involucrándose
permanentemente en los procesos políticos y construyendo una red
de simpatizantes en las zonas donde crecen las plantaciones madereras,
Timberwatch ha logrado que el público tome mayor conciencia de
los costos asociados a las plantaciones, hasta entonces disimulados
o ignorados. Esto ha llevado a que se adopte un proceso más inclusivo
y transparente para la consideración de solicitudes de licencias
para nuevas plantaciones, y ha ayudado a limitar su expansión
en Sudáfrica.
Sin
embargo, este éxito local debe ser considerado en el contexto
más amplio de la región sur de África, donde varios países ya
han sido afectados por las plantaciones. En Suazilandia, a pesar
de ser un país relativamente pequeño en términos de territorio,
casi un 10% está cubierto de plantaciones madereras al estilo
de la era colonial que han forzado al pueblo suazi a abandonar
sus tierras tradicionales y han socavado las oportunidades de
los granjeros de acceder a las tierras de pastoreo y al agua.
También
hay plantaciones establecidas en Angola, la República Democrática
del Congo, Malawi, Zambia, Zimbawe, Tanzania y Mozambique, pero
últimamente el Banco Mundial y la industria maderera han sugerido
que Mozambique tiene el potencial necesario para establecer siete
millones de hectáreas más. El gobierno ya ha aprobado nuevos proyectos
de plantaciones en las provincias de Niassa y Manica, aunque todo
indica que las comunidades locales y las ONG medioambientales
no han sido casi consultadas. Tampoco parece haber existido investigación
formal alguna sobre los impactos nocivos de las plantaciones madereras
sobre los valores sociales y culturales tradicionales y sobre
las economías locales autosuficientes.
Al
parecer, la demanda de madera para celulosa será cada vez mayor,
y se espera un rápido crecimiento de la demanda de biomasa para
la producción de biocombustibles, ya que el uso de combustibles
fósiles en los países industrializados está siendo restringido
como resultado de la presión internacional para que se reduzca
la emisión de CO2 en la atmósfera. Según la información disponible,
parecería que los planes de las naciones europeas de reconvertirse
para el uso de biocombustibles cuentan desde ya, en gran medida,
con importar biodiésel y bioetanol desde África y otras regiones
del mundo “en desarrollo”. Esto significa que la mayoría de los
países de la llamada Comunidad de Desarrollo de África Austral
(SADC por su sigla en inglés) serán probablemente considerados
como oportunidades baratas para el establecimiento de monocultivos
destructivos a gran escala, incluyendo plantaciones de árboles.
En
respuesta a esta amenaza, Timberwatch planea ayudar a establecer
una amplia red de individuos interesados y organizaciones medioambientales
de los países de la SADC. La idea fue analizada durante la asamblea
anual realizada en Durban el 18 de noviembre. El grupo sabe que
el compartir experiencias es un ingrediente necesario para que
dicha idea crezca y se transforme en realidad. Así, uno de los
miembros de la Red Latinoamericana contra los Monocultivos de
Árboles fue invitado a participar en el encuentro, para que informara
sobre los procesos exitosos que llevaron al establecimiento de
dicha red en Latinoamérica.
El
paso siguiente fue la participación de Timberwatch en la reunión
organizada en Mozambique por Geasphere, una de las organizaciones
que integran la coalición. En tal ocasión, los delegados de organizaciones
locales debatieron sobre los impactos negativos de los monocultivos
de árboles a gran escala (ver artículo sobre Mozambique en este
mismo número).
Se
espera que la Red de África del Sur promueva una mayor toma de
conciencia sobre los principales problemas que rodean el establecimiento
o la expansión de las plantaciones industriales de árboles y que
contribuya a la formación de grupos locales de activistas dentro
de los países afectados. Con apoyo y estímulo de la comunidad
de ONGs internacionales, el papel de esta red será muy importante
para evitar que los agentes del consumismo dispendioso del Norte
sigan explotando los escasos recursos africanos.
Por
Wally Menne, Timberwatch, correo electrónico:
plantnet@iafrica.com
inicio
- Camboya: pueblo indígena
resiste la expansión de plantaciones industriales de árboles
“Todos
los aldeanos comprenden la necesidad de proteger el bosque. No
podemos vivir sin él”. Quien habla es un habitante de la comuna
Dak Dam, provincia de Mondulkiri, en el nordeste de Camboya. “Ahora
nuestra vida es más difícil”, sostuvo.
Aproximadamente
20 de nosotros (de Vietnam, Tailandia, Camboya, Filipinas y el
Reino Unido) nos sentamos junto a los aldeanos a la sombra del
gran árbol próximo a la escuela local. Estábamos en camino a la
“Conferencia regional del Mekong sobre plantaciones de árboles”,
que se desarrollaría en Kratie en el transcurso de los dos días
siguientes. Habíamos viajado a Dak Dam para averiguar cómo la
comunidad indígena phnong lucha por preservar su tierra contra
Wuzhishan, una empresa china-camboyana con fuertes vínculos en
el gobierno camboyano. En agosto de 2004, el gobierno camboyano
autorizó en principio a Wuzhishan a establecer una concesión de
199.999 hectáreas, con 10.000 hectáreas autorizadas de inmediato
para su puesta a prueba y su plantación comercial.
“La
compañía aumentó su superficie de tierras a 20.000 hectáreas”,
nos informó un aldeano. Otro dijo que la empresa había tomado
30.000 hectáreas. Ni Wuzhishan ni el gobierno han dado a los pobladores
un mapa con las operaciones de la plantación. “La gente pregunta
por qué la empresa puede tomar la tierra”, señaló un lugareño.
“Luchamos contra la empresa porque necesitamos la tierra para
trabajarla. Nos hemos quejado durante dos años a la empresa”.
Los
aldeanos no cultivan arroz con cáscara, sino arroz de secano en
campos alternados de tala y quema. La compañía había plantado
en esos campos de los lugareños. Este año la zona sufrió una sequía
y parte del arroz fue destruido.
“La
compañía taló todos los árboles de nuestra tierra, incluidos los
árboles espirituales”, contó uno de los aldeanos. “En consecuencia,
nuestra gente está sufriendo. La compañía también destruyó la
tierra que utilizamos para enterrar a los ancestros. La compañía
vino para talar los árboles grandes. Nosotros jamás cortamos esos
árboles. En la cima de la colina cultivamos árboles frutales.
La compañía taló todos los árboles y ahora no tenemos frutas.
Antes vendíamos la fruta en el mercado para comprar comida”.
El
impacto para la cultura desde que la compañía llegó a sus tierras
fue un tema recurrente durante la reunión. “Nuestra cultura respeta
los árboles y la tierra. Como pueblo indígena creemos que es importante
que, de alguna manera, vivamos juntos.
Se produjo un cambio en la cultura de la comunidad desde que llegó
la compañía”, explicó un lugareño.
“Los
trabajadores de la compañía se han aprovechado de los niños y
las jóvenes”, agregó otro. “Algunas jóvenes se enamoraron de los
trabajadores y luego la compañía se traslada a otra zona. Les
tememos a los trabajadores. Ellos beben vino y cerveza y hacen
cosas malas”.
“El
gobierno ha prohibido la quema de los pastizales”, afirmó un aldeano,
“pero necesitamos quemarlos para mejorarlos, para que pasten los
animales”. La compañía contrató trabajadores para vigilar a los
aldeanos que intentan quemar los árboles o tierras de su propiedad.
Un
lugareño nos contó cómo la empresa utiliza productos químicos
para eliminar el pasto en las zonas que cultiva. “Los químicos
fluyen hacia los ríos y los arroyos. Esa es el agua que bebemos.
Los químicos matan a los peces en los arroyos”.
Los
pobladores protestaron ante las autoridades locales acerca de
las operaciones de la empresa. El resultado fue mano dura y represión.
Se les prohibió abandonar la provincia;
por ejemplo, que asistieran a talleres en Phnom Penh. Cuando
cientos de lugareños marcharon hacia Sen Monorom para solicitar
al gobernador del distrito que se encargara de sus problemas,
los recibieron con vehículos
lanza-agua. Las autoridades les dijeron que volvieran a
sus aldeas con la promesa de que resolverían la situación en cuestión
de días. “Pero nada ha sucedido”, destacó otro aldeano. “Las autoridades
dijeron que se trata del desarrollo de nuestro país. Pero esto
no es desarrollo”.
Este
año, los aldeanos organizaron una reunión para discutir sus problemas
con Wuzhishan, pero ningún representante de la compañía se presentó.
“Uno de los lugareños intentó reunirse con la compañía en Phnom
Penh, pero sin resultados. La empresa nunca responde a nuestras
quejas”.
Sawaad,
un agricultor del noreste de Tailandia y uno de los participantes
de la conferencia sobre las plantaciones del Mekong, dijo a los
aldeanos: “Hace 15 años, en Tailandia enfrentamos los mismos problemas.
No teníamos la experiencia suficiente cuando Phoenix Pulp and
Paper comenzó a plantar árboles de eucalipto. El eucalipto causa
problemas con el agua, el medio ambiente y nuestro sustento. Los
derechos sobre la tierra son un gran problema. Antes de que supiéramos
que existía un problema, éste ya estaba presente. Al principio
la gente escribía cartas. Lo mismo que aquí. Enviamos muchas cartas,
pero nadie respondió. Entonces comenzamos a formar grupos y crecimos
hasta llegar a cientos de personas”.
Sawaad
sonrió al explicar cómo los agricultores de Tailandia se organizaron
para resistir la expansión de las plantaciones en sus tierras.
“La gente debe hallar sus propias formas para presionar a su gobierno.
En Tailandia hemos creado la Red de Pequeños Agricultores del
Nordeste y la Asamblea de los Pobres. Realizamos manifestaciones
para protestar y negociar con el gobierno. No sé con exactitud
cuántas protestas hubo en los últimos 15 años, pero probablemente
sean entre 300 y 500. En 1997, la Asamblea de los Pobres realizó
una protesta durante 99 días frente a la Casa de Gobierno de Bangkok.
A veces a la protesta concurrían cientos de personas; a veces
decenas de miles. Debemos depender de nosotros mismos, de nuestros
movimientos. No podemos depender de nadie más”.
Uno
de los lugareños de Phnong preguntó cómo reaccionó el gobierno
ante las protestas. “El gobierno hizo todo lo que pudo para detenernos”,
respondió Sawaad. “Yo estuve en la cárcel ocho veces. Pero logramos
trabajar como una red, no sólo como pequeños grupos de personas.
Así que si el gobierno atacaba a una persona o encarcelaba a otra,
la red simplemente seguía funcionando”.
Nos
alejamos de la aldea atravesando las colinas ondulantes. Observábamos
los pinos de la empresa plantados en pequeños círculos despejados
que salpicaban el paisaje. Mientras comenzaba a llover, recordé
las palabras de un lugareño: “Seguiremos quejándonos ante el gobierno
hasta que el gobierno nos devuelva la tierra”.
Por
Chris Lang, correo electrónico: http://chrislang.org,
www.chrislang.blogspot.com
inicio
- Laos:
empresas vietnamitas instalan plantaciones de caucho en el Sur
Una
delegación de negocios de la Corporación General del Caucho de
Vietnam visitó Laos en julio de 2004. Por entonces, sólo existía
una pequeña superficie cultivada con caucho en el sur de Laos.
“Podemos proporcionar de 50 mil a 100 mil hectáreas de tierra
para que Vietnam cultive caucho”, declaró a la delegación el Vice
Primer Ministro de Laos, Thongloun Sisolit.
Unos
meses después, el gobierno de Laos otorgó la autorización a un
proyecto de US$ 30 millones por parte de la empresa pública vietnamita
Compañía de Caucho Dac Lac. Esta compañía debe su nombre a la
provincia de la región montañosa central de Vietnam, donde cuenta
con 14.000 hectáreas de plantaciones de caucho. La empresa se
propone plantar 10.000 hectáreas con árboles de caucho en las
provincias de Champasak, Saravane, Sekong y Attopeu, con una cesión
de 50 años sobre la tierra. Hasta octubre de 2006 la compañía
había plantado 3.200 hectáreas con árboles de caucho.
Según
el diario Vietnam Economic Times, Thongloun Sisolit calificó el
proyecto de la empresa como “un modelo que ayudará a su pueblo
a prepararse para la producción comercial”.
Pero
la Compañía de Caucho Dac Lac ha sustituido bosques y tierras
de los campesinos con plantaciones de caucho. La empresa indemnizó
en los casos que eliminó cultivos comerciales, pero no pagó compensación
alguna a los agricultores cuyos campos de arroz secano eliminó.
Antes de que la empresa instalara sus plantaciones de caucho,
gran parte de la tierra presentaba una combinación de campos de
arroz, campos en barbecho y bosques. La compañía se limitó a declararla
“bosque degradado”, y despejó la tierra.
Otra
empresa vietnamita comenzó en marzo de 2005 a operar en la provincia
de Champasak. La meta de la Compañía de Caucho Vietnam-Laos S.A.
es plantar 10.000 hectáreas de árboles de caucho con una inversión
total de US$ 30 millones. La empresa paga un arrendamiento de
US$ 9 por hectárea por año al gobierno de Laos. La compañía pertenece
a la Corporación General del Caucho de Vietnam.
En
diciembre de 2006, la Compañía de Producción de Caucho Quang Minh
S.A. firmó un contrato con el Comité de Planificación e Inversión
de Laos para realizar un proyecto de US$ 15 millones para la plantación
de 4.900 hectáreas de caucho en las provincias de Sekong y Attopeu.
El
mes pasado, el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales estuvo
en Laos y visitó una de las plantaciones de la Compañía de Caucho
Vietnam-Laos S.A. próxima a la aldea de Mak Ngeo, en la provincia
de Champasak. Un cartel en la plantación advierte que está prohibido
el pastoreo de ganado. Un lado del camino de tierra se había plantado
más o menos recientemente. La tierra roja y las hileras de árboles
de caucho de un metro de altura se extendían en la distancia.
Más allá de la plantación podíamos ver los restos del bosque que
había sido talado para dejarle espacio a los árboles de caucho.
Al otro lado del camino los árboles de caucho eran más antiguos
y con más de dos metros de altura. Los aldeanos nos contaron que
habían perdido sus tierras debido a la empresa. Trabajando en
conjunto podían limpiar unos 150 metros diarios, a veces más,
a veces menos, según la cantidad de maleza. La compañía les pagaba
50.000 kip (unos US$ 5,25) cada 150 metros limpiados, por lo que
cada uno recibía poco más de US$ 1 al día.
Aproximadamente
200 vietnamitas trabajan aquí. Durante nuestra estadía llegaron
dos trabajadores vietnamitas en motocicleta. Uno de ellos hablaba
lao y comenzó a darles instrucciones a los trabajadores. Había
estado en Laos un año, más o menos.
Un
poco más adelante por el camino vimos un vivero de árboles de
caucho. Los plantines de los árboles de caucho se plantan en abono
en pequeñas bolsas de plástico. Una vez que germinan hojas y raíces,
se los puede plantar en la tierra. Los plantines fueron traídos
de Vietnam.
Hace
unos años, una empresa malaya de palma aceitera instaló una plantación
piloto en las cercanías. Hoy la plantación está abandonada y muy
crecida. Cerca de la plantación de palma aceitera hay una plantación
de caucho recientemente despejada, rodeada de un alambrado y una
zanja para mantener al ganado fuera.
En
mayo de 2006, en un taller sobre “Desarrollo del caucho en Laos”,
celebrado en Vientiane, el subdirector del Centro de Investigación
Forestal de Lao, Sounthone Ketphanh, explicó que la demanda del
mercado de caucho en China alentó las inversiones de empresas
chinas y vietnamitas en las plantaciones de caucho de Laos. Las
inversiones chinas se ubican en el norte del país; las vietnamitas,
en el sur.
En
un artículo del periódico Vientiane Times, Sounthone describió
los beneficios de las plantaciones de caucho: “A diferencia de
otros cultivos comerciales, el caucho ofrece beneficios de largo
plazo a los agricultores por un período de 30 a 40 años. Los agricultores
no sólo se benefician con la extracción del látex, sino también
con la rotación de cosechas en los primeros años posteriores al
cultivo y con la venta de la madera una vez que cesa la extracción”.
Los
participantes en la reunión señalaron que el precio del caucho
en el mercado internacional sigue los ciclos de “auge y caída”,
que podrían ser desastrosos para las empresas y los agricultores
que cultivan árboles de caucho en sus tierras. A partir de mayo
de 2006 el precio del caucho se precipitó, pero los analistas
pronostican que habrá de recuperarse.
Southone
reconoció otro problema. “En cuanto al aspecto negativo”, dijo
en el taller de Vientiane, “el rápido crecimiento de las plantaciones
de caucho genera una pérdida en gran escala de recursos forestales
y destrucción de la cuenca de agua, que es particularmente importante
en Laos, donde la seguridad alimentaria rural está directamente
relacionada con la salud de los bosques”.
Por
Chris Lang, correo electrónico: http://chrislang.org,
www.chrislang.blogspot.com
inicio
-
Uruguay: aun sin estar en funcionamiento, la fábrica de celulosa
de Metsa Botnia ya huele a podrido
Es
muy probable que el público finlandés sepa poco o nada de la historia
del Uruguay y de cómo esta historia se relaciona con la fábrica
de celulosa que Metsa Botnia está construyendo en este país. Por
eso, vale la pena explicar que, desde 1973 hasta 1984, el Uruguay
estuvo gobernado por una dictadura militar. Durante ese período,
los militares violaron todos los derechos humanos posibles e imaginables,
y la tortura fue moneda corriente. Miles de uruguayos, tanto hombres
como mujeres, fueron encarcelados y torturados; gran cantidad
de personas fueron muertas o “desaparecidas”, y otros miles debieron
vivir en el exilio durante esos años. En la misma época, una brutal
dictadura militar gobernó también en Argentina.