NUESTRA
OPINIÓN
-
Los ‘Bosques de Alto Valor de Conservación’ en el contexto
internacional
Desde su fundación
hace ya 20 años, el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
(WRM) ha abogado por los esfuerzos desde la base para proteger
los bosques del mundo del desarrollo destructivo y la planificación
‘de arriba hacia abajo’. Impugnamos las ‘soluciones’ impuestas
a la crisis mundial de los bosques que excluyen a las comunidades
locales, los pueblos indígenas, las mujeres y los oprimidos al
negarles la voz y los derechos para forjar su propio destino.
Seguimos insistiendo que incluso los esfuerzos bien intencionados
para ‘salvar los bosques tropicales’ fracasarán si no se fundan
en los derechos y son auténticamente participativos. Las ONG que
establecieron el WRM en dos conferencias celebradas en Malasia
en 1986 y 1987 adoptaron el credo ‘No somos la solución. Las soluciones
las tiene la gente’.
Las cosas no
han cambiado mucho desde entonces. Todavía vivimos en un mundo
donde leyes injustas significan que a menudo los derechos de las
comunidades a la tierra y los bosques no se reconocen o son frágiles,
los gobiernos tienden a favorecer los intereses de las grandes
empresas y los emprendimientos de capital intensivo, el acceso
a la justicia es tortuoso y un sistema judicial independiente
es un sueño distante y los políticos tienden a complacer a los
ricos e ignorar las voces de los pobres que no tienen poder. Las
continuadas desigualdades entre Norte y Sur y la creciente disparidad
de la riqueza en los países tanto ‘desarrollados’ como ‘en desarrollo’
plantean más obstáculos a los campesinos sin tierra y a los pueblos
dependientes de los bosques, que buscan asegurar el acceso justo
y equitativo a los recursos naturales. En un mundo así, las reformas
políticas y un mejor ‘gobierno’ para dar a la gente más lugar
en la toma de decisiones deberían ser prioridad. El WRM está con
aquellos grupos de la sociedad civil que exigen controles obligatorios,
responsabilidad empresarial, imperio de la ley y una mejor capacidad
estatal de reglamentar el sector privado.
Desgraciadamente
y en todo de acuerdo con los intereses de las corporaciones, las
principales tendencias del ‘desarrollo mundial’ están trabajando
en el sentido opuesto. Todavía vivimos en una era de liberalización
y ajuste estructural, liberalización del comercio y transferencias
aceleradas de capital, mercancías y servicios. En este contexto,
esperar las muy necesarias reformas políticas en los países tanto
‘desarrollados’ como ‘en desarrollo’ puede significar esperar
demasiado. El ritmo de destrucción de los bosques del mundo sigue
aumentando a pesar de las tranquilizadoras estadísticas en contrario
de los tecnócratas de la FAO, que no distinguen entre los bosques
naturales y los monocultivos industriales que se están plantando
para sustituirlos.
Este es el
contexto en el cual los esfuerzos para mejorar el desempeño social
y ambiental de las corporaciones, mediante la promoción de la
Responsabilidad Social Corporativa y de reformas basadas en el
mercado, han asumido un papel central. Y no sorprende que la industria
siga prefiriendo estos enfoques voluntarios, que implican el desarrollo
de normas y códigos de conducta voluntarios aplicados a través
de la auto-reglamentación, las revisiones ‘entre pares’ y la verificación
de terceros, a los controles estatales estrictos, ejecutables
y obligatorios. Las principales organizaciones de la sociedad
civil que impulsan estos enfoques voluntarios son las grandes
agencias conservacionistas, en tanto los grupos y organizaciones
por los derechos humanos y la justicia social, los grupos comunitarios
y los pueblos indígenas han tendido a mantenerse aparte, con lo
cual a menudo los asuntos sociales se tratan de forma muy pobre.
Así, esta edición
del boletín del WRM centra la atención en el renovado debate sobre
los ‘bosques de alto valor de conservación’ (BAVC), una herramienta
conceptual cada vez más usada por las grandes ONG conservacionistas
y las corporaciones, y ahora también por las agencias estatales
de planificación, para delimitar los paisajes boscosos con el
fin de optimizar el manejo forestal. ¿Cómo se está aplicando esta
herramienta? ¿Cuáles son los intereses que se ‘optimizan’? ¿Qué
garantías hay de que se respeten los derechos de las comunidades
y de que se oigan sus voces en las decisiones relativas al uso
de la tierra?
Fue el Consejo
de Manejo Forestal (FSC) quien empezó a promover el concepto de
BAVC como forma de brindar protección adicional a los bosques
de importancia crítica. Muchas ONG conservacionistas tenían la
esperanza de que el concepto se utilizaría para establecer zonas
prohibidas para el madereo y la conversión. Entre tanto, al definir
el concepto con mayor precisión se cayó en la cuenta de que los
‘altos valores de conservación’ son tanto sociales como biológicos,
de modo que se identificaron seis tipos de BAVC: los bosques que
son hábitats críticos, los que son ecosistemas críticos, los que
albergan especies amenazadas y en peligro, los que brindan servicios
ambientales críticos, los que son críticos para el sustento de
la población local y los que son críticos para el mantenimiento
de valores culturales. Que el enfoque de BAVC procure incluir
una amplia gama de valores y exija un enfoque participativo para
su identificación es una fortaleza incuestionable.
Aunque el concepto
de BAVC se desarrolló en el contexto de la certificación de la
madera como uno más de los diez Principios y Criterios del FSC,
desde entonces se ha empezado a usar en forma mucho más amplia.
El propio FSC está aplicándolo a maderas no certificadas (sino
‘controladas’) que permite se utilicen en productos de maderas
mixtas que sin embargo llevan la etiqueta del FSC. También las
corporaciones están usando el concepto en forma muy amplia en
tanto herramienta para decidir dónde pueden comprar la madera
en forma responsable. Otros lo están usando para decidir dónde
deben o no deben establecer plantaciones. La Mesa Redonda sobre
Palma Aceitera Sustentable incluyó el concepto en su recientemente
adoptada norma para la producción de ‘palma aceitera sustentable’,
y se está intentando introducirlo en su paralela Mesa Redonda
sobre Soja Sustentable. El Banco Mundial también está estudiando
la forma de aplicar el concepto para ayudarlo a definir qué son
los ‘bosques críticos’ y los ‘hábitats críticos’ que sus políticas
sobre bosques y hábitats naturales tienen la misión de salvaguardar.
Resumiendo, el concepto de AVC ha emergido como herramienta de
amplia aplicación en la planificación del uso de tierras, con
todas las posibilidades y riesgos que esto implica.
La experiencia
nos enseña que las herramientas para la planificación y zonificación
del uso de tierras, sin importar cuánto se las promueva como métodos
‘de múltiples partes interesadas’, rara vez pueden ser completamente
inclusivas, dado que implican un grado de planificación ‘de arriba
hacia abajo’. Los esfuerzos de la gente de afuera para hacer participar
a los locales se enfrentan siempre a obstáculos debido a lo limitado
del tiempo y los recursos, las barreras lingüísticas, los prejuicios
e ideas preconcebidas inconscientes o manifiestos y la marginación
económica y política de los ‘grupos objetivo’. Y cuanto más grande
la escala de dicha zonificación (y más grande la confianza depositada
en tecnologías de punta como la cartografía satelital), mayores
son los riesgos de que se pasen por alto los derechos, intereses,
visiones y conocimiento de las comunidades locales.
También se
plantean interrogantes relativas a las implicaciones más amplias
del enfoque AVC en caso de que llegue a aplicarse solo, sin estar
implantado en un enfoque más amplio de
planeamiento territorial. ¿Existe el riesgo de que cuando se considere
que una zona no tiene AVC se estime correcto su madereo, explotación
minera o conversión? ¿Cómo evitar la hipótesis dantesca de islas
de ‘alto valor de conservación’ rodeadas de ‘zonas para el sacrificio’
devastadas?
Consciente
de estos escollos, se ha establecido una nueva red, la Red de
Recursos de Alto Valor de Conservación (High Conservation Value
Resources Network), que pretende debatir estos desafíos y encontrar
formas acordadas de superarlos, aunque siempre dentro del contexto
voluntario y favorable a los negocios preferido
por las corporaciones.
La protección
de los ‘altos valores de conservación’ es un objetivo meritorio,
pero si se hace en formas que no respeten los derechos de las
comunidades o no promuevan sus prioridades, puede ser también
una amenaza para la gente y la naturaleza, tanto dentro como fuera
de las zonas definidas como poseedoras de alto valor de conservación.
Brindamos esta edición del boletín del WRM como una contribución
a este debate.
Marcus
Colchester
inicio
LA NECESARIA TOMA DE DECISIONES
- Altos Valores de Conservación:
¿Participar o no?
Cada vez que se inicia un nuevo proceso
las ONG tienen que decidir si participarán en el mismo o no. Eso
es lo que está ocurriendo ahora con el enfoque de Alto Valor de
Conservación (AVC) y con la Red de Recursos de Alto Valor de Conservación.
En el editorial se destacan varios asuntos
importantes que es necesario seguir discutiendo para poder tomar
una decisión bien fundada respecto de la participación o no participación
en esta instancia.
El primer asunto que se plantea es que
existen dos grandes enfoques (opuestos) en cuanto al control del
sector privado: la auto-reglamentación y los controles estatales
obligatorios. El WRM exige controles obligatorios, responsabilidad
empresarial, imperio de la ley y una mejor capacidad estatal de
reglamentar el sector privado, en tanto las corporaciones promueven
normas voluntarias y códigos de conducta. La realidad demuestra
que en la actualidad es este último enfoque el que prevalece.
El concepto de AVC debe considerarse parte del mismo.
Existe por lo tanto la necesidad de
discutir sobre los beneficios e inconvenientes que puedan resultar
de la participación en este proceso. También es necesario discutir
si es posible o recomendable incorporar en el futuro el concepto
de AVC a la legislación nacional para que éste se vuelva obligatorio.
Un segundo asunto importante que se
plantea en el editorial es el riesgo de que cuando se considere
que una zona no contiene AVC ésta pueda entonces talarse o convertirse
a la minería u otras actividades. Se trata de un riesgo muy real
y las ONG que participan en esta instancia pueden terminar siendo
responsables involuntarias de la degradación social y ambiental
de las zonas no consideradas de alto valor de conservación.
Junto con lo anterior también está la
amenaza muy real de la hipótesis dantesca de islas de ‘alto valor
de conservación’ rodeadas de ‘zonas para el sacrificio’ devastadas.
De hecho se trata de una práctica común en muchos países, donde
los gobiernos abren grandes extensiones de tierra para actividades
productivas no sustentables y lo justifican declarando “protegidas”
otras zonas. El enfoque AVC podría fortalecer aun más dichas políticas.
Lo anterior implica otra discusión:
cómo es posible que se considere que una parte de la naturaleza
o de la sociedad tiene “bajo” valor de conservación (por defecto,
todo lo que no se defina como “alto” será “bajo”) y si alguien
tiene derecho a definir categorías como éstas.
También hay que considerar cómo se está
aplicando esta herramienta y a cuáles intereses sirve mejor, así
como la cuestión de las garantías en relación con el respeto a
los derechos de las comunidades en cuanto a las decisiones sobre
el uso de la tierra.
Otro aspecto fundamental es el tiempo.
¿Cuánto tiempo deben dedicarle a cada proceso que aparece (y siempre
aparece uno nuevo) los activistas de las ONG? ¿Cuántos millones
de horas de trabajo han consumido procesos como la Revisión de
la Política sobre Bosques del Banco Mundial, el Panel Intergubernamental
y el Foro sobre los Bosques, el Consejo de Manejo Forestal (FSC)
y tantos otros? ¿Cuánto de ese esfuerzo ha resultado útil para
las comunidades de los bosques? ¿No sería más sensato centrarnos
en nuestros propios programas, por ejemplo el manejo comunitario
de bosques, en lugar de reaccionar a las iniciativas de corporaciones
y gobiernos?
A este respecto, este nuevo proceso,
el concepto AVC, y la Red de Recursos de Alto Valor de Conservación
que con él se relaciona exigen tiempo y recursos para debatir
asuntos como los anteriores (y otros) y buscar formas de solucionarlos,
como dice el editorial, “dentro del contexto voluntario y favorable
a los negocios que las corporaciones prefieren”, sin olvidar que
éstas tienen recursos financieros prácticamente ilimitados a su
disposición.
Al igual que con muchos otros procesos,
con éste es necesario tomar decisiones: si las organizaciones
deberían (o no) participar y por qué, cuánto tiempo y recursos
debería dedicársele (si es que debe dedicársele algo), si hay
que intentar influir desde afuera o desde adentro o bien ignorarlo.
Pero todos tenemos que tener presente que el proceso existe y
ser conscientes de sus posibles consecuencias.
Ricardo
Carrere
inicio
UNA HERRAMIENTA Y UNA RED
- El
Manual BAVC: ¿la herramienta adecuada para el trabajo equivocado?
El concepto de Bosques
de Alto Valor de Conservación (BAVC) se creó como principio clave
de la norma revisada del Consejo de Manejo Forestal (FSC) de 1999.
Sin embargo, las indicaciones relativas al modo de identificar
tales bosques eran escasas y no estaban bien consolidadas. En
2002 la organización conservacionista WWF y la empresa de comercio
minorista IKEA decidieron, como parte de un programa cooperativo
de tres años de duración, financiar un pequeño proyecto para elaborar
una guía sobre la forma de definir, identificar y manejar los
BAVC. Para este fin contrataron a ProForest, una ‘empresa independiente
que trabaja con el manejo de recursos naturales y se especializa
en enfoques prácticos de la sustentabilidad’. A lo largo de 2002,
ProForest reunió un pequeño grupo de personas con formaciones
muy diferentes en lo social y lo ambiental para redactar un ‘manual’,
que circuló como borrador a fines de ese año. Durante los siguientes
meses ProForest celebró consultas sobre este manual y lo aplicó
en forma experimental en Rumania, Bulgaria, China, Mongolia e
Indonesia. El resultado fue el Manual sobre bosques de alto valor
de conservación (The High Conservation Value Forest Toolkit),
publicado en diciembre de 2003, que comprende una sencilla guía
destinada a responsables de la administración forestal y de planificación
territorial, para ayudarlos a aplicar el concepto en el manejo
de los bosques.
Tal como la diseñaron los integrantes
del equipo original reunidos para redactarla, esta guía habría
de usarse en el marco más amplio de los principios y criterios
establecidos en la norma del Consejo de Manejo Forestal (FSC).
Dichas normas exigen que los responsables del manejo forestal
cumplan con la legislación nacional y la legislación internacional
ratificada pertinente, que sus derechos de tenencia estén claramente
establecidos o que actúen con el consentimiento de quienes tienen
estos derechos, sean legales o consuetudinarios, y que respeten
los derechos de los pueblos indígenas, mantengan buenas relaciones
con los trabajadores y las comunidades locales, manejen los bosques
para obtener múltiples beneficios, conserven la diversidad biológica
y mantengan la integridad del bosque, según un plan de manejo
que pueda demostrarse sea efectivamente aplicado, así como supervisado
y evaluado. Así, el manual fue concebido para su aplicación a
nivel local (dentro de las ‘unidades de manejo forestal’) por
comunidades y silvicultores que procuraran la certificación del
FSC para sus productos forestales. Esto significaba también que
el manual no tenía que repetir las exigencias de manejo ya establecidas
en las otras normas del FSC (legalidad, respeto a los derechos
indígenas, participación efectiva de la comunidad, manejo ambiental
sensato, buenas relaciones laborales, etcétera): se partió del
supuesto de que todas ellas ya habían sido tenidas en cuenta por
los operadores al cumplir con las otras partes de la norma FSC.
De ese modo, el concepto de BAVC se percibió como un ‘añadido’,
una capa protectora adicional pensada para proteger zonas de valor
especialmente importante. Significaba también que la aplicación
del concepto de BAVC estaría sujeta a la verificación independiente
de terceros, dado que esto se exigía para todos los aspectos de
la norma FSC.
Sin embargo, ya a fines de 2003 estaba
claro que las empresas y las ONG estaban utilizando el concepto
de BAVC, y también el Manual, fuera del marco del Consejo de Manejo
Forestal. Comenzó a utilizarse en un marco más amplio de
planificación territorial, tanto como guía para la explotación
de recursos como para iniciativas de conservación. Las empresas,
frustradas por la escasez de madera certificada en el mercado,
buscaban aplicar el método BAVC para orientar sus políticas de
compras. Pensaron que si no podían comprar madera certificada,
por lo menos podrían servirse del método BAVC para garantizar
que la madera no procedía de los bosques más valiosos del punto
de vista social y ambiental.
Por supuesto que los riesgos de este
enfoque son obvios. En primer lugar, podría mantener o incluso
intensificar la presión sobre zonas boscosas declaradas ‘no AVC’.
En segundo lugar, significa que los otros requisitos del sistema
FSC podrían perderse de vista. Hoy este concepto de BAVC se está
aplicando en escala muy amplia, para delimitar paisajes o países
enteros, no apenas en la esfera de la unidad de manejo forestal.
Trabajar a una escala tan grande hace casi imposible la debida
consulta con las comunidades locales, lo que lleva automáticamente
al abuso del concepto de BAVC que, después de todo, existe para
proteger zonas de bosques ‘fundamentales para cubrir las necesidades
básicas de las comunidades locales’ y ‘críticos para las identidades
culturales de las comunidades locales’. Como el Manual deja en
claro, tales zonas pueden determinarse solamente a través de la
consulta con los pueblos afectados: nadie más sabe cuáles son
las zonas que la gente considera importantes para su cultura y
sustento. Sin la participación de la comunidad en la delimitación
de las zonas, resultará inevitable que quienes vienen de afuera
pasen por alto o ignoren los lugares que los habitantes locales
consideran vitales. En tercer lugar, implica que ya no es necesario
cumplir con otros requisitos fundamentales del buen manejo forestal.
Las empresas que compran madera procedente de zonas delimitadas
por el método BAVC podrían estar comprando, sin saberlo, a operadores
ilegales como aquellos que violan los derechos indígenas, perjudican
las comunidades locales, explotan a sus trabajadores o destruyen
el ambiente local, pues el enfoque de BAVC no considera tales
asuntos al centrarse solamente en determinar cuáles bosques
tienen ‘alto valor de conservación’. Y finalmente, al aplicarse
el enfoque de BAVC por fuera del marco del FSC, ya no existe el
requisito de verificación independiente de terceros. En otras
palabras, el concepto de BAVC se liberó del marco del FSC y esto
ha abierto una caja de Pandora de riesgos.
La recientemente formada Red de Recursos
de Alto Valor de Conservación (High Conservation Value Resource
Network) se estableció, al menos en parte, para tratar algunos
de estos problemas. Su misión es ‘mantener y mejorar valores claves
sociales y medioambientales de los bosques y otros ecosistemas
como parte de una gestión del territorio responsable, y proponer
estrategias de manejo adaptables localmente por medio del desarrollo
y uso del concepto de AVC’. La supervisión y la dirección de la
Red están a cargo de un Grupo Directivo, en tanto una Secretaría
situada en el Reino Unido se encarga de la gestión cotidiana.
El Grupo Directivo se compone de personas
de las siguientes organizaciones:
- Banco Mundial (BM)
- Centro de Investigaciones Antropológicas,
Universidad Nacional Experimental de Guayana, Venezuela (CIAG-UNEG)
- Consejo de Manejo Forestal (FSC International)
- Consejo Empresarial Mundial para el
Desarrollo Sustentable (WBCSD)
- Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF
International)
- ForestEthics
- Greenpeace Internacional
- MONDI [empresa sudafricana de la pulpa
y el papel]
- Organización Internacional de la Madera
Tropical (ITTO)
- Programa por los Pueblos de los Bosques
(FPP)
- Tetra Pak
- The Nature Conservancy (TNC)
- Unión Mundial para la Naturaleza (UICN)
La Secretaría está a cargo de ProForest,
una empresa radicada en Oxford, Reino Unido, en tanto la Red es
financiada a través de acuerdos entre el WWF e Ikea, Tetra Pak
y el Banco Mundial.
La Red se ha establecido para alentar
el diálogo entre las partes afectadas, está abierta a todos y
solamente exige a los ‘participantes’ respaldar unos breves
‘Estatutos’ donde se establecen sus principios rectores,
misión y estructura. Además de fomentar el intercambio de información
y la discusión para promover la aplicación responsable del enfoque
AVC, la Red procura también alentar la evaluación abierta de dicha
aplicación mediante una supervisión participativa e inclusiva,
el uso del principio de precaución, la revisión ‘por pares’ e
informes públicos. Los Estatutos incluyen también planes explícitos
de desarrollo de un marco para garantizar la legalidad, la protección
de los derechos consuetudinarios y legales de las comunidades
locales y los pueblos indígenas y el respeto a su derecho a controlar
lo que pasa en sus zonas, la protección de las zonas cuya conversión
no está justificada y la provisión de otras salvaguardias ambientales.
Ya se han creado grupos de discusión en internet, abiertos a todos,
para intercambiar puntos de vista e información sobre estos asuntos.
Fuente: Programa para los Pueblos de
los Bosques, info@forestpeoples.org,
www.forestpeoples.org
y http://hcvnetwork.org/resource-network/the-network-s-charter
inicio
LA APLICACIÓN EN LA PRÁCTICA
- Los BAVC y la Política
sobre Bosques del Banco Mundial
Cuando el Banco Mundial adoptó su nueva
Política sobre Bosques (OP 4.36) en 2002 declaró que ‘El Banco
no apoya proyectos que en su opinión involucren la conversión
significativa o la degradación de zonas boscosas críticas o de
hábitats naturales críticos relacionados’. Sin embargo, en los
cinco años siguientes y a pesar de las repetidas indagaciones
de algunas ONG como el WRM, el Banco Mundial no ha podido aclarar
de qué forma determina cuáles son las zonas ‘críticas’. Todo lo
que ha dicho es que los bosques críticos y los hábitats críticos
incluyen las zonas protegidas existentes y las propuestas oficialmente,
las zonas de importancia cultural como los bosquecillos sagrados,
los ‘sitios que mantienen condiciones vitales para la viabilidad
de áreas protegidas’ y los lugares identificados en listas complementarias
elaboradas por el Banco o una autoridad por él reconocida. La
política de 2001 sobre ‘Hábitats naturales’ del Banco solamente
dice que ‘El Banco espera que el prestatario tenga en cuenta los
puntos de vista, las funciones y los derechos de los grupos involucrados,
incluidas las organizaciones no gubernamentales y las comunidades
locales’.
Es evidente que el Banco Mundial todavía
carece de un proceso claro para determinar qué son ‘bosques críticos’,
aunque esto no le ha impedido financiar proyectos forestales.
El examen documental a cargo del Programa por los Pueblos de los
Bosques de 21 proyectos relacionados con los bosques, aprobados
a partir de principios de 2003, demuestra que los conceptos de
‘bosques críticos’ y ‘hábitats naturales críticos’ se han aplicado
solo parcialmente. Los proyectos examinados, cuyo valor conjunto
asciende a más de US$ 1.300 millones, son aquéllos que según la
clasificación del Banco Mundial ‘afectan los bosques’; la investigación
se limitó a revisar los documentos disponibles en el sitio web
del Banco Mundial.
Según lo que puede discernirse a partir
de dichos documentos, parece que en la mayoría de los proyectos
ni siquiera se estudió la posibilidad de que en esas áreas pudieran
haber ‘bosques críticos’. En esa situación se encuentra el ‘Proyecto
para la conservación del suelo de Moldavia’ y el ‘Crédito para
la recuperación económica’ de la República del Congo, a pesar
de que el sitio web del Banco se los clasifica como proyectos
del sector forestal. El ‘Proyecto para el desarrollo rural’ de
Azerbaiján, que promueve el establecimiento de parques nacionales,
planes de manejo comunitario de los recursos naturales y empresas
rurales en una zona del Cáucaso reconocida como extremadamente
biodiversa, ni siquiera intentará analizar la posible existencia
de ‘bosques críticos’. Si bien en el proyecto chino para la rehabilitación
de las cuencas de los ríos Yangtsé (Changjiang) y Perla (Zhujiang),
que implica forestación extensiva y planificación del uso de la
tierra, se consideró necesario aplicar la Política sobre Bosques
–aunque no la política de Hábitats Naturales- pero no procura
identificar ‘bosques críticos’, al igual que el ‘Proyecto para
la rehabilitación comunitaria de la cuenca de la Laguna de Bay’
de Filipinas.
A pesar de que el ‘Proyecto de carreteras
nacionales’ de India, de US$ 620 millones, es un proyecto de categoría
A (máxima evaluación del impacto ambiental requerida), no se lo
considera ‘disparador’ de la Política sobre Bosques y no se lo
somete a la evaluación de ‘bosques críticos’. En este caso, el
equipo a cargo de la preparación del proyecto también pensó que
el concepto de ‘hábitats naturales críticos’ ‘no corresponde’.
Dos proyectos en Honduras, el ‘Proyecto de bosques y productividad
rural’ y el ‘Proyecto de bosque sostenible de Pico Bonito’ apenas
procuran evitar las zonas protegidas y de amortiguación existentes,
sin esfuerzos visibles para identificar primero cuáles bosques
podrían ser ‘críticos’ desde el punto de vista del sustento
de las comunidades ni desde otros puntos de vista. En el ‘Proyecto
sobre gestión de bosques y tierras adyacentes’ de Benín y el ‘Proyecto
para el desarrollo de los bosques’ de Rumania tampoco hay evidencia
de que el concepto de ‘bosques críticos’ vaya a aplicarse en absoluto.
En el ‘Proyecto ambiental y social’ de Laos, que afectará vastas
extensiones de las zonas altas boscosas donde ‘las actividades
ocurrirán en lugares muy próximos a importantes hábitats naturales
y en zonas habitadas por minorías étnicas’, el personal del Banco
no ha propuesto medidas para determinar si existen ‘bosques críticos’.
A pesar de que el ‘Préstamo para el desarrollo de la gestión de
los recursos naturales’ de Gabón respaldará la capacidad de planificación
nacional para el desarrollo de los sectores de minería, gas y
petróleo, explotación forestal, pesca y conservación, no
rinde el examen de ‘bosques críticos, en tanto el ‘Proyecto para
el sector de los bosques y el medio ambiente’ complementario se
presenta como uno que no resultará en la ‘conversión significativa
o degradación de hábitats naturales críticos’. En Costa Rica,
el ‘Proyecto de incorporación de instrumentos de mercado para
la gestión ambiental’, proyecto conjunto del Banco Mundial y el
FMAM, ‘está diseñado para cumplir plenamente con la letra y el
espíritu de todas las políticas de salvaguardia del Banco Mundial’,
pero los documentos pertinentes no mencionan ninguna evaluación
sobre la posible existencia de ‘bosques críticos’.
Del mismo modo, en Camerún el ‘Programa
para el sector de bosques y medio ambiente’ del Banco Mundial
no aplica el concepto de ‘bosques críticos’. En su lugar se está
llevando a cabo la demarcación según el (muy criticado) sistema
nacional de división en zonas, que adjudica las tierras a parques,
operaciones de madereo y comunidades que habitan junto a las carreteras,
proceso en el cual los habitantes de los bosques permanecen invisibles.
No se está instrumentando efectivamente el progresista Plan para
los Pueblos Indígenas elaborado como parte de este proyecto. En
Vietnam, el ‘Proyecto para el desarrollo del sector forestal’
solamente busca ‘hábitats naturales críticos’ al desarrollar las
zonas para las plantaciones. Extrañamente, el ‘Tercer proyecto
de apoyo al programa ambiental’ de Madagascar figura como ‘no
poniendo en marcha’ la Política sobre Bosques, aunque sí la Política
sobre Hábitats Naturales, y sí procura conservar los bosques de
Mikea. De este modo el proyecto no busca identificar los ‘bosques
críticos’ a pesar de que se está llevando a cabo en el marco del
Programa de acción ambiental de Madagascar. Ni siquiera el progresista
‘Proyecto de manejo de los recursos naturales’ albanés, que efectivamente
promueve el manejo comunitario de los bosques, aplica el
concepto de ‘bosques críticos’. Los documentos disponibles sobre
el ‘Proyecto de reforestación y protección de los bosques’ de
Kazajistán, cuyo objetivo es mejorar el desarrollo de los bosques
en todo el país, muestran que para el equipo encargado del proyecto
la política de salvaguardia sobre bosques no se pone en
marcha, en tanto aún no ha decidido si la Política sobre Hábitats
Naturales debe aplicarse o no. No se menciona ninguna evaluación
de ‘bosques críticos’.
Esta historia de no cumplimiento parece
tener tres excepciones. La primera es el ‘Proyecto de desarrollo
y conservación de los bosques’ de Bosnia-Herzegovina, que incluye
en forma explícita un componente de Asistencia Técnica co-financiado
por la agencia alemana GTZ. Con esto se extenderán los estudios
usuales de inventario forestal con el fin de identificar los ecosistemas
boscosos críticos, descritos explícitamente como ‘Bosques de alto
valor de conservación’, para la conservación de los bosques y
la biodiversidad. El segundo es el ‘Proyecto de conservación y
manejo de los bosques del arco oriental’ de Tanzania, que procura
identificar bosques críticos, sean de cuenca, montanos o
de miombo, que se consideran importantes para el sustento local,
incluso como fuente de leña. El ‘Segundo Proyecto Forestal Comunitario’
de México también incluirá evaluaciones para evitar toda
interferencia con las zonas de bosques críticos y hábitats naturales
críticos, aunque hace notar que la capacidad institucional local
de llevar esto a cabo es limitada. Sin embargo, no se aclara de
qué forma se realizará esta evaluación.
Durante la evolución de su Estrategia
sobre Bosques, el Banco Mundial propuso realizar, además de su
evaluación a nivel de proyecto, evaluaciones nacionales para identificar
los ‘bosques críticos’. Según los planes, esto se haría como parte
de las ‘Estrategias de asistencia a países’ y el ‘Trabajo económico
y sectorial’ mejorados que garantizarían que la nueva Política
sobre Bosques se aplicase ampliamente a todo préstamo del Banco
a un país. Sin embargo, ante la falta de un proceso definido para
identificar qué son los ‘bosques críticos’, esto no ha ocurrido.
El Equipo de Bosques del Banco
Mundial es consciente de que uno de los elementos clave de su
política de salvaguardia no se está aplicando en forma coherente.
Los retrasos continuos en la elaboración de un ‘manual de
consultas’ (Sourcebook), cuyo objetivo era explicar al personal
cómo buscar los impactos sobre los ‘bosques críticos’, han contribuido
a este problema (véase el boletín Nº 93 del WRM). La solución
que hoy propone el Banco es elaborar métodos sensatos para identificar
‘bosques de alto valor de conservación’, y por ese motivo apoya
la Red de Recursos de Alto Valor de Conservación. Por ello es
especialmente importante que el concepto de Alto Valor de Conservación
se desarrolle en una forma creíble que garantice que se dé prioridad
y el debido respeto a los intereses y derechos de las comunidades.
Fuente: Programa por los Pueblos de
los Bosques, info@forestpeoples.org,
www.forestpeoples.org
inicio
- Evaluaciones BAVC
en Riau, Sumatra
El concepto de bosques de alto valor
de conservación (BAVC) se ha aplicado en Indonesia en los últimos
cinco años en un intento de identificar dichos bosques y protegerlos
de la conversión a plantaciones de árboles para celulosa. APP
y APRIL, las dos mayores empresas productoras de celulosa de Indonesia,
han respondido a la presión de mercado orquestada por organizaciones
afiliadas al WWF y Amigos de la Tierra encargando y llevando a
cabo evaluaciones de BAVC en zonas boscosas que habían elegido
para convertir a plantaciones de acacia. Aunque algunas zonas
boscosas identificadas como poseedoras de AVC no han sido taladas,
ambas empresas siguieron cortando bosques naturales durante las
evaluaciones BAVC e incluso en zonas identificadas como AVC. El
coordinador de Jikalahari (1), Zulfahmi, comentó
que “A menudo el WWF tiene problemas para conseguir que las empresas
de la celulosa y el papel APP y APRIL conserven los BAVC. En Kampar
Peninsular ambas empresas siguieron talando bosques que habían
sido identificados como de alto valor de conservación”.
Kampar Peninsular, en Riau, Sumatra,
contiene una vasta zona de turberas que todavía es hábitat de
especies en peligro, como el tigre de Sumatra y el ramin, árbol
de los pantanos. Sin embargo, las perspectivas para estas especies
y la entera turbera son poco alentadoras en caso de que APP y
APRIL sigan cortando grandes superficies y drenando las zonas
de plantaciones de modo que se seque el bosque de turba circundante.
Una evaluación de BAVC en Kampar Peninsular encargada a ProForest
por APRIL no incluyó la evaluación de los valores de conservación
relacionados con el uso y los derechos de las comunidades (valores
5 y 6), aunque las comunidades tradicionales y los inmigrantes
más recientes tienen importantes vínculos con la zona.
En otras evaluaciones de BAVC realizadas
en Riau se incluyeron los valores de conservación 5 y 6 relativos
a los derechos comunitarios, pero a menudo la información generada
resultó de poca calidad, perdiéndose muchos valores del bosque
que son de gran importancia para las comunidades indígenas. Esto
puede haber resultado de la falta de especialistas sociales en
los equipos evaluadores, pero también puede deberse a la forma
en que se perciben las actividades de la comunidad. Por ejemplo,
la agricultura itinerante, que las comunidades tradicionales todavía
practican en gran parte de Indonesia, puede tener un impacto general
muy bajo en los bosques donde las comunidades controlan suficientes
zonas boscosas. Sin embargo, durante más de un siglo los silvicultores
han denigrado la agricultura itinerante y los evaluadores de BAVC
tienden a considerar que esta práctica destruye los bosques y
por lo tanto no indica la presencia de los valores de conservación
5 o 6. Las personas de la comunidad interrogadas como parte
de las evaluaciones AVC a menudo disponen de poca información
sobre el proceso o el modo en que éste podría colaborar potencialmente
con sus esfuerzos para consolidar su acceso a los bosques y las
formas de sustento tradicionales.
Otro problema con la evaluación de BAVC
en Riau ha sido el grado en que la agenda de las empresas de la
celulosa y el papel (obtener grandes superficies para convertirlas
a plantaciones de madera para celulosa) ha influido en el enfoque
de las evaluaciones independientes de BAVC que estas empresas
encargan. En un caso que conozco, se preguntó a un evaluador independiente
por qué su evaluación de BAVC de los bosques de turbera no había
considerado las reglamentaciones gubernamentales que protegen
las zonas con suelos de turba de más de tres metros de profundidad
(2) . La respuesta fue que la evaluación no era
un estudio legal y que por lo tanto no tenía que considerar dichas
reglamentaciones. Cuando se le señaló que su evaluación también
debería haber revisado si las zonas boscosas en cuestión eran
o no bosques degradados (3) , es decir zonas
que pueden convertirse a plantaciones de madera para celulosa,
el evaluador contestó que si todas estas reglamentaciones se incluían
en la evaluación de BAVC no habría ninguna zona boscosa que la
empresa pudiera convertir para plantar sus acacias. En consecuencia,
la evaluación no tomó en cuenta estas reglamentaciones. ¡No hace
falta decir más sobre la independencia!
Las siguientes recomendaciones podrían
ayudar en algo a resolver estas fallas:
- Las evaluaciones de BAVC siempre deberían
incluir los seis valores de conservación;
- Las evaluaciones de BAVC deberían
considerar todas las reglamentaciones forestales pertinentes,
en especial aquéllas elaboradas para conservar los bosques;
- Los planes para evaluaciones de BAVC
deberían presentarse al público en la lengua local en los lugares
pertinentes provinciales y locales;
- Los borradores y las versiones finales
de las evaluaciones de BAVC deberían estar disponibles para las
partes interesadas;
- Debería ayudarse a las comunidades
que tienen vínculos con las zonas que se evaluarán a entender
el proceso de BAVC antes de que la evaluación se lleve a cabo.
El manual indonesio de BAVC está actualmente
en revisión (4); esperamos que el manual actualizado
trate las cuestiones planteadas en este artículo.
Patrick Anderson trabaja en Walhi, el
Foro Indonesio para el Medio Ambiente, en Yakarta. Contacto: panderson@cbn.net.id
Notas:
1. JIKALAHARI
es una coalición de ONG de Riau dedicada al manejo forestal justo
y sustentable. Entre sus integrantes se cuentan 29 organizaciones.
2. El Decreto
Presidencial (Keppres) Nº 32/1990 relativo a la administración
zonal. Los artículos 9 y 10 establecen que los bosques situados
en suelos de turba cuya profundidad iguale o supere los tres metros
deben funcionar como Zonas de Turberas Protegidas; también el
Decreto del Ministerio de Bosques Nº SK.101/Menhut-II/2004.
3. Las plantaciones
industriales para pulpa de madera solamente pueden establecerse
en bosques degradados, que se definen como aquéllos que contienen
menos de 20 metros cúbicos de madera por hectárea para los bosques
húmedos o 5 metros cúbicos para los bosques secos. Las reglamentaciones
pertinentes son la Reglamentación Gubernamental Nº 7/1999 relativa
a los derechos para plantaciones industriales de madera (HPHTI),
artículo 5, párrafos 1 y 2; Reglamentación Gubernamental Nº 34/2002
relativa a la reglamentación de bosques y el establecimiento de
planes forestales, explotación y uso de los bosques, artículo
30, párrafo 3; Decreto Ministerial Nº 10.1/Kpts-II/2000 relativo
a las directrices para otorgar permisos para la explotación de
productos forestales en zonas de plantaciones forestales, artículo
3, párrafos 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7; Anexos al Decreto Ministerial
Nº 21/Kpts-II/2000 relativo a los criterios y normas para los
permisos para explotar esquemas de plantaciones industriales (HTI)
en las zonas de bosques de producción.
4. La iniciativa
para revisar el manual de BAVC para Indonesia está financiada
por TNC, Tropenbos y el WWF. El proceso de los próximos seis meses
incluirá pequeños grupos de trabajo de peritos para redactar el
manual revisado y reuniones de interesados más grandes para brindar
aportes, plantear asuntos y proponer enmiendas al manual.
inicio
- La aplicación del
concepto de BAVC en Indonesia
Indonesia tiene algunos de los bosques
tropicales más biodiversos del mundo pero también la tasa de deforestación
más alta. El concepto de “bosques de alto valor de conservación”
(BAVC) ha prendido en Indonesia como medio de reconciliar la presión
económica para abrir zonas boscosas con la necesidad de reducir
el ritmo de la pérdida de bosques.
Varias ONG han fomentado activamente
el uso de este concepto, integrándolo a su continuado trabajo
de conservación, manejo sustentable de bosques y manejo del uso
de la tierra, en colaboración con ministerios gubernamentales,
el sector privado y comunidades locales. En lo que a muchos respecta,
el objetivo urgente de la aplicación del concepto es ayudar a
prevenir la conversión de bosques y la pérdida de la biodiversidad
y los valores sociales que la acompaña.
La evaluación BAVC representa un concepto
embrionario presentado y promovido por el Consejo de Manejo Forestal
(FSC), pensado en su origen para Unidades de Manejo Forestal específicas
y ahora adoptado más ampliamente, por ejemplo por la Mesa Redonda
sobre Palma Aceitera Sustentable (RSPO). La premisa básica es
que todas las zonas boscosas tienen valores biológicos, ambientales
y sociales con atributos de conservación identificables. Si se
identifican estos atributos, la administración debería garantizar
el mantenimiento o la mejora de los Altos Valores de Conservación
(AVC) que estos atributos de conservación describen.
El manual indonesio para BAVC de 2003
fue la primera versión nacional que se produjo, y varias ramas
del gobierno estudian en la actualidad cómo integrar los BAVC
a los procesos de planificación y las políticas gubernamentales
existentes. Si esta integración sigue adelante, ayudará a armonizar
las decisiones gubernamentales sobre el uso de tierras con la
demanda de los mercados internacionales de productos de papel
“libres de BAVC” y aceite de palma producido en forma sustentable.
Hasta el momento, el trabajo sobre BAVC
en Indonesia ha incluido una cantidad considerable de evaluaciones
de BAVC a nivel de concesiones de empresas de celulosa, aceite
de palma y madera, entre las que se cuentan más de una docena
en Sumatra y un puñado en Kalimantan. El WWF (en Sumatra, Kalimantan
y Papúa), The Nature Conservancy (en Kalimantan Oriental), Tropenbos
(Kalimantan Oriental), Flora and Fauna International (Kalimantan
Occidental) y Sumatran Orangutan Conservation Programme (Sumatra
del Norte & Aceh) han estado trabajando con empresas y gobiernos
locales para determinar, manejar y supervisar los BAVC dentro
de las plantaciones y concesiones madereras.
También se han iniciado varias evaluaciones
de BAVC a nivel de territorio, por ejemplo:
-
La región del Trans-fly en la parte
meridional de la provincia de Papúa, donde la evaluación de
BAVC identificó zonas prioritarias de conservación e importantes
zonas sociales y culturales indígenas y ayudó al WWF a influir
en el gobierno local para incorporar esto a su proceso de
planificación;
-
La provincia de Riau, en Sumatra,
donde una tosca evaluación de BAVC fue la base de las negociaciones
para lograr la conservación de los pocos grandes bloques de
bosque intacto restantes, tales como el complejo de Tesso
Nilo;
-
La provincia de Kalimantan Occidental,
en Kalimantan, donde la evaluación de BAVC brindó los argumentos
para que el WWF y otras ONG sostuvieran las zonas boscosas
restantes y protegieran el ‘corazón de Borneo’.
El análisis territorial para BAVC se
hace principalmente mediante la generación de mapas y el análisis
espacial. En los casos de Papúa y Kalimantan Occidental, las evaluaciones
de BAVC a nivel del territorio han sido fortalecidas por los esfuerzos
para reconocer e incorporar valores sociales y culturales. Esta
parte de la evaluación se llevó a cabo a través de una serie de
reuniones de consulta y un taller con profesionales de las ciencias
sociales y representantes de comunidades indígenas.
En el caso de las plantaciones madereras,
el WWF ha estado instando a las empresas de la celulosa y el papel
APP y APRIL a proteger los BAVC en sus concesiones de Riau, Sumatra.
En respuesta, APP se comprometió aparentemente a proteger el BAVC
encontrado en una de sus concesiones y encargó a Smartwood la
identificación de BAVC en tres de sus otras unidades de manejo
forestal de la zona. Basándose en estos mapas, APP anunció que
protegería los BAVC identificados y firmó un acuerdo con Smartwood
para el seguimiento de su forma de manejar los BAVC durante los
próximos cinco años. Sin embargo, informes de supervisión recientes
demuestran que APP no ha protegido dichas zonas de los incendios,
el madereo ilegal y más conversión de los bosques a pesar de sus
promesas anteriores.
Por su parte, APRIL llevó a cabo sus
propias evaluaciones de BAVC en varias de sus unidades de manejo
forestal, con apoyo de peritos locales e internacionales. APRIL
también encargó a ProForest la realización de evaluaciones adicionales
de BAVC. Además, la empresa prometió que no convertiría ningún
BAVC identificado mediante la aplicación del manual indonesio
en sus nuevas concesiones y que no compraría madera procedente
de BAVC en cualquier lugar del mundo para sus fábricas de celulosa.
No obstante, en abril de 2006 una investigación descubrió que
se estaba talando un bosque en una concesión asociada con APRIL,
perturbando el hábitat de los elefantes.
Con respecto a las concesiones de palma
aceitera, tres de las principales productoras de aceite de palma
de Indonesia, PT SMART Tbk., PT Astra Agro Lestari Tbk. y PT London
Sumatra Tbk., han firmado memorandos de entendimiento con el WWF
para iniciar evaluaciones piloto de BAVC en algunas de sus concesiones.
Las empresas han acordado instrumentar las prescripciones relativas
a la protección y el manejo que surgen del trabajo de BAVC y aplicar
lo aprendido en este ensayo piloto en sus otras concesiones en
todo el país. Sin embargo, todavía está por verse la efectividad
de la aplicación del concepto de BAVC en este sector.
La aplicación general del concepto de
BAVC en Indonesia sigue planteando desafíos clave, entre los que
se cuentan:
-
La primera versión del manual de
BAVC de Indonesia fue desarrollada por un grupo relativamente
pequeño de profesionales y peritos interesados. Desde entonces
se ha ganado mucha experiencia en BAVC y se han involucrado
muchos más interesados. Ahora el desafío es hacer participar
un grupo mayor de interesados en el proceso de fortalecer
el manual basándose en esta experiencia, con inclusión de
un análisis social y cultural más fuerte y las lecciones aprendidas
con la experiencia de la palma aceitera;
-
Es necesario seguir usando los resultados
de la evaluación de BAVC a nivel provincial y de territorio
para influir en la planificación gubernamental de desarrollo
y uso de tierras, por ejemplo mediante la demarcación de dichos
bosques en la planificación espacial provincial o de distrito;
-
Los casos de las empresas de la
celulosa y el papel y de la palma aceitera subrayan la necesidad
de la administración activa de los BAVC para que los compromisos
de las empresas hagan una diferencia real en la práctica.
Artículo compilado y reescrito por Fitrian
Ardiansyah de WWF-Indonesia (fardiansyah@wwf.or.id),
basado en varios artículos sobre los BAVC escritos por WWF-Internacional
y WWF-Indonesia.
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