La
Unión Europea y su solución sin porvenir para
un sector del transporte a prueba de clima: cuanto más combustible
gastes, más verde serás
Para los fabricantes de
automóviles y los políticos ansiosos por parecer “verdes” sin enfrentar
directamente el problema del incremento creciente de las emisiones
ocasionadas por el transporte, los biocombustibles son “el sabor
del mes”. La moda también pegó fuerte en la Unión Europea. El 10
de enero, la Comisión Europea presentó su nuevo anteproyecto para
la energía y los biocombustibles, que puede resumirse en apenas
ocho palabras: malas noticias para la gente y el clima.
El documento de la Comisión
propone que para 2020 el 10% del combustible utilizado para el transporte
(con exclusión del utilizado en la aviación) en toda la Unión Europea
sea biocombustible. El mismo se fabricaría a partir de diversos
cultivos, por ejemplo colza, maíz, remolacha azucarera, palma aceitera,
caña de azúcar y soja. Algunos de estos cultivos para biocombustible
se plantarán dentro de la Unión Europea, donde sin embargo la capacidad
es limitada, de modo que cuanto mayor sea la demanda europea de
este combustible “verde”, mayor será la proporción
cultivada en los países del Sur. Puesto que
la Comisión se ha fijado un objetivo proporcional a la cantidad
de combustible utilizado en el transporte en su conjunto, los aumentos
del uso de combustible harán aumentar aun más este volumen. Actualmente
la causa del aumento de emisiones de incremento más rápido en la
Unión Europea es el combustible para el transporte, por lo que la
demanda de las importaciones de biocombustibles
del Sur será considerable.
Esto es especialmente
alarmante pues cada vez hay más pruebas de que la demanda europea
actual de biocombustibles está espoleando
la destrucción de los bosques y la conversión de ecosistemas ricos
en biodiversidad en todo el mundo, de Sudamérica al sudeste asiático.
En Camerún, por ejemplo,
la mayor plantación de palma aceitera SOCAPALM se está expandiendo
a expensas de los bosques tradicionalmente utilizados por las poblaciones
locales. Esta expansión es causa de los conflictos territoriales
de las poblaciones Bagyeli, Bulu y Fang, cuyas tierras han sido
confiscadas sin que mediara compensación. Los puestos de trabajo
creados en las plantaciones, que rara vez emplean a la población
local, son a menudo temporales, sin contratos laborales ni seguros
de salud o accidentes, y los salarios son extremadamente bajos:
un trabajador no calificado gana poco más de un euro por una jornada
laboral de doce horas. Los productos agroquímicos y los residuos
líquidos de las refinerías contaminan los cursos de agua vecinos,
reduciendo aun más el sustento de la población local.
Además de poner en peligro
el sustento de las poblaciones locales y provocar más deforestación
y conversión a la agricultura intensiva, muchos biocombustibles
aumentan, en lugar de disminuir, las emisiones de gases de efecto
invernadero a lo largo de la producción y el procesamiento. Un reciente
estudio del impacto ambiental de la palma aceitera cultivada en
el sudeste asiático realizado por el grupo conservacionista Wetlands
International demostró que su uso en Europa generaría hasta diez
veces más CO2 que las emisiones equivalentes de
gasolina. El informe de la Comisión
menciona tales amenazas apenas al pasar y en su lugar elogia los
biocombustibles en tanto oportunidad para las economías del Sur.
No reconoce que las ganancias del mercado de biocombustibles orientado
a la exportación beneficiará a muy pocos en el Sur, mientras que
muchos se enfrentarán a la pérdida de sus tierras tradicionales
debido a la plantación de monocultivos y el aumento de los alimentos
básicos. Puesto que los objetivos europeos para los biocombustibles
promoverían la producción de biomasa en los países
del Sur, la UE podría ser responsable de la reducción de
la superficie de las tierras dedicadas a la producción de alimentos,
erosionando así la seguridad alimentaria local e internacional.
Al igual que los objetivos europeos, los objetivos estadounidenses
para biocombustibles han sido criticados por requerir una proporción
excesiva del maíz cosechado (20% en 2006). La demanda de EEUU
de biocombustibles fabricados a partir del maíz ya ha aumentado
el déficit global de granos, incrementando los precios de los alimentos
básicos, como las tortillas en México.
La propuesta de la Comisión
Europea también guarda silencio sobre otro
asunto clave: el interés de la industria de la biotecnología en
la promoción de los biocombustibles. Las
variedades modificadas genéticamente de varios cultivos utilizados
hoy para biocombustibles (con inclusión del maíz, la soja y la colza)
han sido muy resistidas en tanto alimento, sobre todo en Europa.
La industria espera que al promoverlos como biocombustibles estos
cultivos tendrán más aceptación.
El aumento de los volúmenes
de transporte es el verdadero asunto que la estrategia energética
de la Unión Europea debería estar intentando solucionar. La inversión
en transporte público bien diseñado y accesible es esencial, pero
el anteproyecto de la Unión Europea no hace ninguna mención al respecto.
El documento no deja dudas de que la “seguridad energética”, no
el cambio climático ni la reducción de la huella ambiental de la
Unión Europea, es el principal objetivo del aumento del uso de biocombustibles
en el sector del transporte europeo. Eso puede explicar que no se
esté prestando atención a las medidas en el sector del transporte
que podrían resultar en ganancias mucho mayores en cuanto al cambio
climático. Límites de velocidad y una mejor relación peso/potencia
para los automóviles y camiones nuevos podrían resultar en idénticos
ahorros, e incluso podría ahorrarse mucho más si se adoptaran neumáticos
eficientes en cuanto al combustible y se redujera el consumo de
carburantes mediante motores más pequeños en los autos de pasajeros.
Y todo esto antes de pasar al ahorro de combustible generado por
la sustitución de los sistemas de transporte individuales por planes
inteligentes de transporte público. La Comisión descarta todas estas
opciones en tanto marginales y no dignas de seguimiento; antes que
modificar el sistema de transporte europeo para que no perjudique
el clima, prefiere importaciones riesgosas de biocombustibles que
probablemente socaven las políticas climáticas y ambientales.
No sorprende entonces que más de 60 organizaciones por la justicia
social y el medio ambiente ya estén llamando a que se detengan los
objetivos sobre biocombustibles de la Unión
Europea.
Por Jutta Kill, FERN,
correo-e: jutta@fern.org, www.fern.org,
www.sinkswatch.org.
Este artículo aparecerá en el número 150 de Red Pepper, de marzo
de 2007, “Temperature Gauge",
http://www.redpepper.org.uk/