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número 115 - Febrero 2007

NUESTRA OPINIÓN

COMUNIDADES Y BOSQUES

COMUNIDADES Y MONOCULTIVOS DE ÁRBOLES

SUMIDEROS DE CARBONO

BIOCOMBUSTIBLES

 

NUESTRA OPINIÓN

 

- Foro Social Mundial: un alto en el camino

 

El Foro Social Mundial se reunió en Nairobi, Kenia, del 20 al 25 de enero. Mas allá de la opinión que cada uno pueda tener acerca de lo que allí se logró, a nosotros nos importa destacar no tanto lo que allí se dijo o hizo, sino su mensaje de que “otro mundo es posible”.

 

Dicho mensaje lleva implícito que el actual mundo ha dejado de ser posible. En este mundo cada vez más dominado por grandes corporaciones, los problemas sociales y ambientales se agravan año tras año. A pesar de la invención incesante de supuestas soluciones por parte de quienes buscan a toda costa mantenerlo vivo, lo cierto es que en la mayoría de los casos el remedio prueba ser peor que la enfermedad. Veamos ejemplos de algunas de dichas “soluciones” en el área en que se mueve el WRM:

 

- Frente a la pérdida de biodiversidad, la principal “solución” es el establecimiento de áreas protegidas, que entre otras cosas implican la expulsión de las comunidades que allí habitan

- Frente a la deforestación, se suman “soluciones” tales como áreas protegidas, plantaciones de monocultivos de árboles y la certificación de plantaciones y bosques

- Frente al cambio climático, algunas de las “soluciones” son los sumideros de carbono (plantaciones de árboles a gran escala), y los biocombustibles (plantaciones de palma aceitera, soja y maíz transgénicos, caña azucarera).

 

Cada una de esas “soluciones” implica una cantidad de graves impactos sociales y ambientales, que hemos detallado en numerosos artículos del boletín del WRM. Su valor real es nulo y solo sirven para dar la engañosa impresión de que todo puede ser resuelto sin tener que apelar a los cambios profundos que se requieren urgentemente. Entre otras cosas hacen posible:

 

- Que se continúe deforestando para que las grandes empresas (madereras, mineras, petroleras, hidroeléctricas, camaroneras) sigan haciendo sus ganancias, con la excusa de que hay áreas protegidas para mantener la biodiversidad, que las plantaciones alivian la presión sobre los bosques (y que están certificadas), que las hidroeléctricas no resultan en emisiones de efecto invernadero, etcétera.

 

- Que se continúen promoviendo los monocultivos (agrícolas y forestales) y su paquete acompañante de agrotóxicos y transgénicos para que las grandes empresas (semilleras, químicas, biotecnológicas, papeleras) sigan haciendo sus ganancias, con las falsas excusas de que pretenden paliar el hambre en el mundo, o sustituir petróleo por biocombustibles, o producir el papel que el mundo necesita.

 

- Que se continúe destruyendo el clima con la continua quema de combustibles fósiles y que no solo las empresas petroleras sigan haciendo sus ganancias, sino que puedan entrar al negocio otras grandes empresas (del negocio del aceite de palma, azucareras, biotecnológicas, etc.).

 

- Que se continúe destruyendo la base de sustentación de millones de campesinos e indígenas mediante la apropiación de tierras, aguas y bosques por parte de grandes empresas (del negocio del agua, biotecnológicas, farmacéuticas, papeleras, etc.).

 

Pese a su aparente fortaleza, ese mundo ha demostrado no ser ni social ni ambientalmente viable a largo plazo y ya está destruyendo los propios cimientos del mundo que todos habitamos: el clima, el agua, el suelo, el aire, la biodiversidad.

 

Frente a ello, el mensaje del foro es que “otro mundo es posible”. ¿Cuál mundo? Un mundo socialmente solidario y ambientalmente respetuoso. ¿Pero cómo será? No tenemos una respuesta, pero sí la convicción de que es posible. ¿Cómo se llega? Quizá las palabras del escritor Eduardo Galeano sirvan para hacernos pensar:

 

“La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar”.

 

En esa caminata, el Foro Social Mundial es apenas un alto en el camino, donde una enorme diversidad de caminantes se detiene para intercambiar ideas entre sí. Más allá entonces de lo que se haga en el Foro, o de lo que el Foro pueda hacer, lo que más importa es que los caminantes vayan encontrando los caminos para llegar a ese “otro mundo posible”.

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COMUNIDADES Y BOSQUES

 

- Birmania: Wildlife Conservation Society maquilla de verde a la junta militar

 

El remoto valle de Hugawng, de gran riqueza medioambiental, está situado en el norte del estado de Kachin, Birmania, y ha sido reconocido internacionalmente como una de las zonas de mayor biodiversidad. El régimen militar birmano incluso lo dejó intacto en gran parte hasta mediados de los años 1990.

 

Tras el alto al fuego entre la Organización para la Independencia de Kachin y la junta militar en 1994, los residentes locales abrigaron la esperanza de que la paz promoviera la economía y mejorara las condiciones de vida. Sin embargo, como se expresa en Valley of Darkness [“El valle de la oscuridad”], un nuevo informe realizado por investigadores locales clandestinos y publicado en  2007 por la red Kachin Development Networking Groups, “Con el aumento del control de la junta, los ricos recursos del valle terminaron siendo una maldición”.

 

Junto con la asociación estadounidense para la conservación de la vida silvestre Wildlife Conservation Society, la junta militar que gobierna Birmania está estableciendo la mayor reserva mundial de tigres, la Reserva de Tigres del Valle de Hugawng. Sin embargo, las condiciones de las personas que allí viven no han recibido atención. El informe expone la confiscación de granjas y hogares de la zona por parte de la junta birmana con el fin de ubicar su infraestructura militar, así como la venta de vastas superficies como concesiones para minas de oro. En 2002 se entregó más del 18% del estado de Kachin a concesiones mineras; la cantidad de grandes concesiones aumentó de 14 en 1994 a 31 en 2006. Hoy los bosques y cursos de agua del valle están siendo diezmados por más de 100 minas, hidráulicas y a cielo abierto, que usan bombas y dragas mecánicas y vuelcan desechos contaminados con mercurio.

 

No solamente el medio ambiente siente estos impactos devastadores, sino también las comunidades locales. “Solamente la junta y un puñado de empresarios se benefician con el oro, en tanto la gente del lugar sufre las consecuencias”, dice el informe, mientras que el influjo de miles de inmigrantes de toda Birmania sumado a las durísimas condiciones de trabajo, la falta de posibilidades de educación y la  pobreza han llevado a la expansión de las industrias de la droga, el sexo y el juego en el valle que una vez fue prístino. El uso de drogas intravenosas y la industria del sexo han aumentado la propagación del VIH/sida.

 

La Wildlife Conservation Society declara que la junta birmana ha cerrado casi completamene la industria de las minas de oro en el valle. Este informe demuestra lo contrario al documentar las declaraciones de la población local, que no participa ni se beneficia del llamado “programa para el desarrollo de la zona fronteriza” del que la junta militar se jacta todo el tiempo.

 

“Queremos que el mundo sepa que tanto los tigres como las personas del valle de Hugawng corren peligro a causa del régimen militar de Birmania”, subraya el informe.

 

Extractos editados de: “Valley of Darkness. Gold mining and militarization in Burma’s Hugawng Valley”, 2007, Kachin Development Networking Groups (KDNG), correo-e: kdngroup@gmail.com. El informe completo está disponible en: www.aksyu.com

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- Brasil: represas podrían destruir el sustento de la tribu aislada Enawene Nawe

 

Los Enawene Nawe, una pequeña tribu amazónica (más de 420 integrantes) que vive de la pesca y la recolección en el estado de Mato Grosso, Brasil, son un pueblo relativamente aislado con el que se estableció contacto por primera vez en 1974. Cultivan mandioca y maíz en huertas y recogen productos del bosque como la miel, pero la pesca es su principal fuente de sustento y el pescado una parte vital de su alimentación, pues son una de las pocas tribus que no consumen carne roja. Durante la temporada de pesca los hombres construyen grandes represas en los ríos y pasan varios meses acampando en la selva, atrapando y ahumando el pescado que luego transportan en canoas a su aldea.

 

Durante décadas los Enawene Nawe se han enfrentado a la invasión de sus tierras por parte de extractores de caucho, buscadores de diamantes, criadores de ganado y, más recientemente, sojeros. Maggi, la mayor empresa de la soja en Brasil, construyó ilegalmente una carretera en sus tierras en 1997 (que luego fue cerrada por un fiscal federal). Aunque su territorio fue oficialmente reconocido y ratificado por el gobierno en 1996, una zona clave conocida como Rio Preto quedó afuera. Esta zona es importantísima para los Enawene Nawe, tanto económica como espiritualmente: es allí donde establecen sus campamentos pesqueros y represas y donde viven muchos espíritus importantes. 

 

Ahora hay planes de construir hasta once represas a lo largo del río Juruena, que atraviesa el territorio de los indígenas. Las represas serán financiadas por un consorcio de empresas, muchas de las cuales son parte de la industria sojera. 

 

Los Enawene Nawe se oponen a las represas y han lanzado un pedido de apoyo para detener su construcción. Así se expresaron:

 

“Somos los Enawene Nawe de la aldea Halataikiwa. Acabamos de participar en una reunión. Nosotros no buscamos esta reunión, fueron los brasileños quienes nos invitaron. Junto a nuestros representantes había representantes de las tribus Nambiquara, Pareci, Myky y Rikbaktsa.

 

Durante la reunión hablamos con un brasileño sobre la construcción de las represas. El brasileño dijo: “Vengan y miren la primera represa que ya construimos”. Siguió hablando: “Las represas son algo bueno, no algo malo. Los peces no morirán, el agua no se ensuciará, el bosque no morirá”.

 

Comunicamos claramente a la gente que quiere construir las represas: “No construyan las represas, no las queremos”. En lo que respecta a los Enawene Nawe, estamos completamente en contra de las represas. No queremos automóviles ni queremos dinero. Estamos pensando en los peces y en el agua. 

 

El pueblo Rikbaktsa piensa igual. En cuanto nosotros, los Enawene Nawe, volvimos a casa, conversamos juntos. Luego de esto hablamos en Cuiabá [capital del estado de Mato Grosso] con el fiscal. Esta persona dijo que la situación era muy difícil. Entonces luego pensamos: OPAN [ONG brasileña que trabaja con pueblos indígenas] y el Ministerio Federal de Asuntos Públicos deben mirar juntos el informe de impactos, y pronto deberemos ir a Brasilia para que todos los Enawene Nawe podamos hablar allí.

 

Estamos buscando la ayuda de otros pues estamos muy tristes, muy tristes de verdad.”

 

Extractos editados de: “Dams threaten fishing tribe”, Survival International, http://www.survival-international.org/news.php?id=2193, http://www.survival-international.org/tribes.php?tribe_id=194

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- Colombia: U’was resisten exploraciones de petróleo

 

El pasado 15 de diciembre de 2006, el gobierno colombiano dio a conocer su decisión de reiniciar actividades de exploración petrolera en los Bloques Sirirí y Catleya, ubicados en los departamentos de Arauca, Santander, Norte de Santander y Boyacá, al noreste del país y que caen dentro de territorio de los U’wa.

 

Por más de una década los U´wa han dicho al mundo lo que significa para ellos, cultural y espiritualmente, el petróleo, y no han dejado de denunciar las consecuencias que tendría una explotación petrolera para su territorio y su cultura y han ofrecido incluso su vida para defenderse del supuesto desarrollo. Su lucha y su convicción han inspirado a otros pueblos alrededor del mundo que han visto cómo la industria petrolera, que sólo beneficia a unos pocos, ha destruido sus vidas. Con el argumento del desarrollo y el progreso se les quieren imponer estos proyectos que, por el contrario, traen destrucción.

 

Divers@s investigador@s y expert@s en los conflictos ambientales y sociales ocasionados por la industria petrolera han evidenciado los daños que ha causado y causará la exploración petrolera a las tierras y vidas de los U’wa. Ferry Lynn Karl, profesora de la Universidad de Stanford en Estados Unidos, hizo un análisis muy detallado de los impactos negativos del proyecto Sirirí/Catleya para los ecosistemas y para la situación social y económica de los indígenas, anunciando que también podría generar un estado de violencia en la región.

 

La decisión gubernamental significa un desconocimiento del derecho de los U’wa a sus territorios ancestrales, que incluyen el suelo y el subsuelo. La cédula real entregada por la Corona a la Nación Tuneba (U’wa) en el año de 1802, ratificó y delimitó su jurisdicción en los actuales departamentos de Casanare, Arauca, Boyacá, Santander, Norte de Santander y en parte del territorio venezolano. A su vez, esos derechos están reafirmados por la Ley Colombiana 153 de 1887 y también por Artículo 332 de la Constitución de 1991. La decisión del Ministerio de Interior de seguir adelante con el proyecto petrolero Sirirí/Catleya viola además el Convenio 169 de la OIT y las recomendaciones acordadas en 1998 entre el Gobierno Nacional y el Pueblo U’wa.

 

En el marco del proceso de “Consulta Previa” iniciado por el gobierno para la exploración y explotación petrolera en territorio U’wa, se realizó una consulta con la organización indígena de Arauca, Ascatidar, la cual arrojó una respuesta negativa y ASOU´WA, la organización que agrupa los indígenas U’wa de Santander, Norte de Santander y Boyacá dijo no a la consulta previa. Aún así, el gobierno informó que convocará a las organizaciones para que se involucren en la realización del Plan de Manejo Ambiental.

 

Más de 120 organizaciones colombianas y de diversas partes del mundo, y unas 30 personas enviaron el 22/12/2006 una carta al presidente colombiano, Álvaro Uribe, para manifestarle su sorpresa e indignación por la decisión de realizar exploraciones petroleras en territorio U’wa. En ella le piden que revea la decisión de autorizar la exploración sísmica en el Territorio del Pueblo U’wa y archive para siempre ese proyecto.

 

Gubanu, un hombre anciano, quien además es un werjayu (sabio), recorrió descalzo el distrito capital para iniciar una nueva etapa en la diplomacia U’wa. Junto con Luis Tegria Sirakubo, presidente de la Asociación de Autoridades Tradicionales y Cabildos U’wa, ASOU’WA, sostuvieron reuniones en Bogotá con representantes de la Unión Europea, la embajada de Venezuela, y un sinnúmero de organizaciones sociales y no gubernamentales que apoyan la oposición de este pueblo a la realización de actividades petroleras en su territorio. Gubanu cumplió con el objetivo que le había encomendado su pueblo: ratificar la visión de los U’wa con relación al tema petrolero, la que fue recientemente expresada el 12 de octubre del 2006, cuando dieron un no rotundo al proceso de consulta previa propuesto por el gobierno colombiano.

 

Los delegados U’wa tuvieron un encuentro con la prensa, donde expresaron su visión de que con la explotación petrolera no sólo se le saca la sangre a la madre tierra, sino se que la deja en muy mal estado.  “Es por eso”, dijo el anciano, “que ahora ya no hay tanta pesca como antes, hace más calor y se secó el sagrado ayú (hoja de coca), con el que werjayu hace sus trabajos espirituales”.

 

Por todas esas razones, y como afirman las organizaciones que apoyan la lucha de los U’wa: “El proyecto petrolero Sirirí/ Catleya no debe seguir adelante. Queremos decirle a Ud. [Presidente Uribe] que los U´wa no están solos, que seguiremos acompañando su valerosa lucha, que estaremos a su lado hasta que el Gobierno Colombiano y las empresas petroleras Ecopetrol y Repsol YPF entiendan que este territorio es sagrado y que las culturas con principios no tienen precio”.

 

Artículo basado en información obtenida de: Carta al Presidente de la Republica de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, Bogotá, 22 de diciembre de 2006, publicada por Boletín Ambientalistas en Acción #55, http://www.censat.org/Documentos/AmbientalistasAccion/Carta_presidente_uwas.pdf; “U’was Reactivan Diplomacia a Favor de Su Territorio”, Amazon Watch, http://www.amazonwatch.org/newsroom/view_news.php?id=1337

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- Costa Rica: el conservacionismo empresarial repercute en campesinos, mujeres y niños de los bosques tropicales

 

Costa Rica ha estado construyendo una economía orientada a la exportación, sin independencia política ni económica. La presión de las exportaciones ejercida por el sistema mundial sobre los recursos resultó en una gran desigualdad. A partir del Protocolo de Kioto, los neoliberales han redefinido los bosques como “generadores de oxígeno”, concepto que Costa Rica ha adoptado. En este contexto, las comunidades locales, en especial las que viven en las selvas y dependen para su supervivencia de las riquezas que éstas les brindan, han visto cómo se está erosionando su sistema básico de sustento.

 

La crisis ambiental mundial ha subrayado el hecho de que la vegetación de los bosques almacena carbono que, en caso de liberarse, contribuiría a atrapar calor en la atmósfera, aumentando la temperatura y acelerando el cambio climático. En el marco del desarrollo sustentable, los bosques se han convertido en un “capital natural”, pero en realidad son mucho más que eso. El bosque es un mecanismo esencial para el control de las inundaciones. En el bosque, los árboles están conectados entre sí mediante la multitud de seres que con ellos se relaciona para su alimentación, refugio o lugar para anidar, su acceso compartido al agua, el aire y la luz solar y un sistema subterráneo de hongos que une todos los árboles como un superorganismo. Las personas que habitan en el bosque también integran este superorganismo.

 

El llamado desarrollo sustentable agravó la desigualdad del acceso a los recursos al intensificar el enclaustramiento temprano de la tierra a través del Sistema de Conservación creado en 1989 por el Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas (MIRENEM, hoy MINAE). A través del SINAC (Sistema Nacional de Conservación) se instrumentó el modelo de zonas de conservación para gestionar la vida silvestre y la biodiversidad del país. Bajo la supervisión del actual Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE), el país fue dividido en once zonas de conservación que abarcan vida silvestre, terrenos privados y asentamientos humanos, expandiendo el modelo con el enclaustramiento del 25,58% del territorio nacional. Las tierras expropiadas se organizaron siguiendo la línea de los parques nacionales norteamericanos, que excluyen a las personas y les niegan toda participación en el mantenimiento de los ecosistemas. Estas tierras expropiadas se vinculan con redes transnacionales y políticas para inventar “interesados” locales y globales a través de categorías de administración tales como Patrimonio Humano, parques nacionales, humedales, reservas biológicas, zonas protegidas, reservas forestales y refugios para la vida silvestre. Al mismo tiempo se construyen fronteras internas separando a los habitantes locales, que comparten volcanes, cascadas, ríos, aguas termales, monos congo y refugios para el desove de las tortugas. Las tierras enclaustradas se convierten en sitios de minería, investigación, ecoturismo y venta de oxígeno.

 

El Protocolo de Kioto introdujo un nuevo concepto de los bosques tropicales del mundo. Ahora se los valora económicamente en términos de la cantidad de carbono que captan. Se considera que las Áreas de Conservación pueden recibir dinero por los “servicios ambientales” que prestan. En el Área de Conservación Arenal (ACA), organizada por el Fondo Mundial para la Vida Silvestre - Canadá (WWF-C), parques nacionales como el Parque Nacional Volcán Arenal y el Parque Nacional Volcán Tenorio y reservas forestales como la de Cerro Chato venden oxígeno. Pero para poner el oxígeno en el mercado, en 1994 la antigua reserva de Volcán Arenal tuvo que convertirse en parque nacional. De 5 hectáreas pasó a tener 12.010 hectáreas. El resultado fue que comunidades enteras fueron desalojadas por la fuerza. En un recurso de amparo presentado ante la Suprema Corte de Costa Rica (División IV del Sistema Judicial), campesinos y campesinos que vivían en la zona de la Cuenca Arenal del ACA informan de las importantes pérdidas sufridas. Perdieron tierras, pasturas, casas, lecherías y caminos. Antiguos propietarios pasaron a vivir en ranchos o tugurios. Los bancos comerciales confiscaron los efectos personales, como automóviles o pequeños electrodomésticos, de campesinos y campesinas cuando éstos no pudieron pagar los préstamos que habían pedido para el desarrollo económico. Cuando algunos de ellos, desesperados, volvieron a su tierra a plantar yuca, porotos, maíz y otros alimentos de subsistencia, se los declaró infractores de la ley y en algunos casos fueron presos.

 

El arrebatamiento del bosque a las comunidades locales que lo utilizan para su sustento se ha convertido en una sentencia de muerte para los pequeños y medianos propietarios de tierras. Como resultado, sus necesidades son dejadas de lado y los integrantes de la comunidad que antes vivían del bosque hoy son declarados enemigos de los bosques. En 1996 La Cuenca de Aguas Claras también se declaró reserva forestal y empezó a haber cambios en la zona. En 2001 participé de una reunión pública en la Municipalidad de La Cuenca de Aguas Claras a la que llegaron más de 200 campesinos, hombres y mujeres, prontos para ser entrevistados. Puesto que eran demasiados, eligieron a Abel Fuentes y Luis Guimo para que hablaran en su nombre. Fuentes dijo que, según el MINAE, “nuestra forma de vida de subsistencia está produciendo deforestación y contaminación y reduciendo el nivel del agua de La Cuenca de Aguas Claras. El MINAE exageró el nivel de deforestación para expulsar a casi todos los habitantes porque está reforestando nuestra tierra para vender oxígeno a otros países y obtener ‘donaciones’”. Martín Guimo, otro pequeño propietario que todavía vive en la tierra expropiada, añadió: “Cuando pedimos información a los funcionarios del MINAE, son ellos quienes deciden cuándo y dónde podemos obtenerla. Cuando proponemos una reunión, ellos deciden cuándo y dónde podemos reunirnos y luego cambian la hora, la fecha o cancelan la reunión sin avisarnos. Muchos de nosotros vivimos lejos del lugar de reunión y a veces tenemos que viajar tres horas a caballo para llegar a la reunión, y es una desilusión llegar y enterarse de que la reunión se canceló”  (Guimo, entrevista de julio de 2001).

 

El poder del mundo industrial de rediseñar los bosques en tanto productores de oxígeno exacerba las desigualdades. Al surgir una nueva estructura de acumulación, la desintegración del ecosistema que sustentaba las fuentes de subsistencia de las comunidades locales tiene fuertes efectos sobre la división sexual del trabajo y la opresión de las mujeres. Cuando las familias se desintegran violentamente o son desplazadas y se empobrecen, se alienta a las mujeres del medio rural a emigrar a San José y otras zonas turísticas con la esperanza de ganar un ingreso para ellas y sus desposeídas familias. Una vez introducidas en la economía monetaria, las mujeres empobrecidas ganan todo o parte de su sustento como prostitutas. Las prostitutas de Costa Rica son mujeres trabajadoras que mantienen hijos y familiares. No están en el mercado por elección sino por necesidad. Junto con ellas hay una sorprendente cantidad de niños y niñas que son comprados, vendidos y maltratados por la sociedad.

 

Las relaciones de poder de los acreedores, que alientan la mercantilización de la naturaleza, están escritas en los cuerpos del bosque, las mujeres y los niños y niñas de la endeudada Costa Rica. Cuando los habitantes son expulsados de sus tierras, mujeres y niños vulnerables y desposeídos se vuelven a la industria del turismo sexual, obligados a entrar en una nueva esclavitud en pleno siglo XXI: la esclavitud sexual masiva. Con la complicidad de los gobiernos locales, los hombres blancos del primer mundo explotan las penurias económicas de la crisis de desigualdad creada por el capitalismo global.

 

Este tipo de ‘solución’ permite al mundo industrial seguir contaminando mientras pueda comprar créditos de carbono a los países que tengan densos bosques tropicales. Entre tanto, nada detiene las emisiones producidas por el aumento de la quema de carbón y gasolina. El comercio del carbono es una relación colonialista con marcados sesgos de clase y sexo que afectan la naturaleza de los países endeudados, así como la producción de subsistencia y las vidas de las mujeres y los hombres de los bosques tropicales. 

 

Extractos editados de: “La tragedia de los enclaustramientos: una perspectiva eco-feminista de la venta de oxígeno y la prostitución en Costa Rica”, por Ana Isla, profesora adjunta de la Universidad de Brock, Canadá, e integrante de la organización Toronto-Women for a Just and Healthy Planet, correo-e: aisla@brocku.ca. El documento completo en inglés está disponible en: http://www.wrm.org.uy/countries/CostaRica/Eco-feminist_Perspective_Costa_Rica.pdf

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- Ecuador: el gobierno enfrenta un desafío en el Parque Nacional Yasuní

 

Cuando hace un par de días el presidente Rafael Correa afirmó que los ambientalistas queríamos volver a la época de las cavernas al pretender una moratoria petrolera, no hacía sino repetir lo que por años han dicho quienes modelaron y mantienen el país dependiente que tenemos… El problema fue que esta vez la declaración la hizo mientras la prensa internacional daba un grito de alarma por el calentamiento global…¡¡si quemamos más petróleo terminaremos en las cavernas!!

 

Más allá del comentario típicamente desarrollista, éste invita a recordar el mito de la caverna de Platón.

 

Según el mito, los seres humanos vivimos encadenados dentro de una caverna, sentados de espaldas a la entrada y con una lumbre a nuestras espaldas. Las sombras representan la única realidad que vemos. No reparamos en las cadenas y tampoco queremos ni podemos actuar en contra de nuestras percepciones. 

 

Pero Platón dice que alguien, alguna vez, cobra conciencia de que está encadenado, se libera, da la vuelta y sale de la caverna.  La luz es tan fuerte que se siente cegado y solo poco a poco se acostumbra y puede ver las cosas verdaderas….

 

El proyecto Ishinpingo-Tiputini-Tambococha (ITT), como sombra agigantada en medio de la oscuridad, se anuncia con el mismo entusiasmo que otros grandes proyectos fracasados. Se habla de 4.000  empleos, una inversión de 5.000 millones de dólares, la oportunidad para salir de la pobreza… pero si alguien repara en los impactos ambientales, la respuesta es que “se los minimizará”.

 

¿Por qué es un proyecto que levanta polvareda?

 

El proyecto ITT se encuentra en el Parque Nacional Yasuní. De acuerdo a estudios científicos, el Parque Yasuní (creado en 1979) es la región de mayor diversidad biológica del mundo. Es parte del refugio del Pleistoceno Napo. Es además territorio del pueblo Huaorani y zona de tránsito, pesca y caza de los Taromenane y Tagaeri, pueblos que viven en aislamiento voluntario y que para vivir requieren de su territorio libre de intervenciones externas.

 

Se trata de un proyecto que confronta dos visiones del mundo, dos realidades. Desde la sombra proyecta imágenes de crecimiento. Pero a la luz de la experiencia petrolera ecuatoriana, este será un nuevo desastre ambiental y social para las comunidades locales.

 

Con reservas probadas de casi 1.000 millones de barriles de crudo pesado, el gobierno pretende mantener los ritmos de explotación y exportación de crudo. Está interesado un consorcio conformado por Petrobras (Brasil), Enap (Chile), Petroecuador y hasta Pdvsa (Venezuela), que pretenden consolidar en terreno una alianza en función de las propuestas de integración, independientemente del costo, sobre todo ambiental. Y está además interesada la empresa SINOPEC, de origen chino, que procura adquirir cada vez mayor presencia en la región, y presenta ofertas económicas altas a costa de su total ignorancia en temas ambientales.

 

Pero no se puede ignorar que el proyecto está dentro del Parque Nacional, que es una zona de alta sensibilidad ambiental y que es de esperarse provocará niveles de contaminación mayores a los existentes en las zonas ya intervenidas, pues se trata de crudo pesado y está asociado a grandes cantidades de aguas tóxicas, en una relación de 80 -20 (80 de aguas tóxicas por 20 de crudo)

 

El proyecto provocará sin duda un deterioro general de la zona, graves impactos sobre la vida de los pueblos locales, extinción de culturas.

 

Frente a este escenario se ha propuesto analizar la posibilidad de poner en venta el crudo del subsuelo con el propósito de que nunca sea extraído.  Se ha dicho que el costo de cada barril en el subsuelo estaría en los 5 dólares.  He escuchado a mucha gente decir que le encantaría tener 20 barriles, o 10 o 1, y saber que nunca serán extraídos…

 

Se considera que con esto se puede cumplir con el triple objetivo de conservar la biodiversidad, enfrentar el calentamiento global y proteger los derechos de los pueblos en aislamiento voluntario.

 

El presidente Rafael Correa, en tono casi desafiante, ha encargado al Ministro de Energía, Alberto Acosta, y a la Ministra de Relaciones Exteriores María Fernanda Espinosa “sustituir los recursos que dejará de percibir el país y que se podrían invertir en programas de salud educación, infraestructura.  Si se logra dicho reemplazo, insistió, no habrá licitación”.

 

Ecuador ha suscrito convenios internacionales como el de protección de la biodiversidad y la Convención marco de Cambio Climático, el Convenio 169 de la OIT, el Pacto Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención Americana sobre los Derechos y Deberes del Hombre, La Convención para la Prevención y Sanción del Crimen de Genocidio, que protegen a los pueblos y a sus territorios y que proponen la salvaguarda del planeta.

 

Argumentos para que el mecanismo de vender petróleo para que no se extraiga funcione hay, pero ¿habrá voluntad política ya no sólo nacional, sino internacional para enfrentar el tema? 

 

¿Será éste un proyecto tratado a las sombras de un Ecuador encadenado o por el contrario, uno tratado a la luz de una nueva visión de país en donde el ambiente no sea un requisito a superar, sino las bases de subsistencia de la nación?

 

Por Esperanza Martínez, correo electrónico: tegantai@oilwatch.org.ec, Oilwatch, www.oilwatch.org.ec

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- India: la Ley de Derechos sobre los Bosques, una herramienta de lucha

 

La aprobación de la Ley de Reconocimiento de los Derechos sobre los Bosques de Tribus Registradas y otros habitantes tradicionales de los bosques de 2006 es un hito en la difícil y prolongada lucha de los Adivasi y otros habitantes de los bosques del país. Por primera vez en la historia de los bosques indios el Estado admite formalmente que durante mucho tiempo se han negado derechos a los habitantes de los bosques, y la nueva ley sobre bosques intenta no solamente enmendar esa “injusticia histórica” sino también dar prioridad al papel de las comunidades de los bosques en el manejo forestal.

 

La Ley, que indignó por igual a los “conservacionistas”, la burocracia forestal y las empresas de la pulpa y el papel de la India, necesitó para aprobarse dos largos años y una campaña nacional de los movimientos por los bosques del país, respaldada por un comité parlamentario conjunto que recomendó cambios radicales en el borrador original. Las objeciones a la Ley y en especial a la versión del Comité Parlamentario Conjunto (en adelante el Comité) fueron desde los temores (a que la ley distribuyera tierras boscosas entre las familias tribales, por ejemplo) hasta las declaraciones concluyentes (por ejemplo que la vida silvestre y la gente ya no pueden coexistir y que todos los tigres morirían). En la versión del Comité de esta Ley se cambió la fecha límite [de ocupación y uso de esas tierras]  de 1980 a diciembre de 2005, se incluyeron todos los habitantes tradicionales no tribales de los bosques, se reconocieron los derechos de los habitantes de los bosques tribales y tradicionales en zonas declaradas como protegidas, se revisó el proceso de identificación de dichas zonas protegidas para garantizar un proceso más transparente y se aumentó el tope de tierras de 2,5 a 4 hectáreas. Pero lo más importante es que se prescribió que no podría haber ninguna desviación del uso de las tierras boscosas sin el consentimiento del gram sabha (asamblea de la aldea).    

 

Tal como podía esperarse, el gobierno se negó a pasar al Parlamento la versión del Comité, alegando graves diferencias en cuatro puntos principales: fecha límite, inclusión de los no tribales, derechos de los gram sabhas y el asunto del tope. El Ministerio de Asuntos Tribales no quería la inclusión de los no tribales en la Ley, en tanto sectores del gobierno respaldados por grupos de presión conservacionistas no querían ningún cambio en el año límite porque con eso se destruirían los bosques. Tras meses de idas y vueltas, el gobierno aparentemente aceptó el informe del Comité y la ley finalmente entró a la Lok Sabha [Cámara Baja] el 15 de diciembre de 2006. Que el gobierno no andaba en nada bueno quedó demostrado cuando el ministro de Asuntos Tribales eliminó dieciséis enmiendas importantes de la ley que él mismo había presentado a la cámara. El proyecto  modificado fue aprobado por la Lok Sabha y a pesar de que hubo extensos debates en la Rajya Sabha [Cámara Alta] a causa de las enmiendas de último minuto, ésta aprobó el mismo proyecto truncado el 18 de diciembre, luego de que el ministro de Asuntos Tribales diera algunas garantías sobre las Reglas.

 

A pesar de la traición del gobierno y de sus intentos de erosionar los contenidos positivos del proyecto, la ley tal como la aprobó el Parlamento indio marca un cambio radical respecto de las anteriores leyes sobre bosques del país, y los habitantes de los bosques pueden beneficiarse con ella.    

 

La nueva ley reconoce el derecho a tierras para granjas, cultivo y pastoreo (ocupadas y en uso a partir de diciembre de 2005) y a productos forestales no madereros (parcialmente, dado que por el momento estos derechos se limitan a pescado y productos ‘de origen vegetal’). La ley acepta que existen habitantes legítimos de los bosques que no son tribales (aunque en forma restringida), reconoce el derecho a la compensación en caso de desplazamiento forzoso anterior y prescribe la necesidad del consentimiento de la gente para toda futura notificación de zonas de conservación ‘inviolables’ o restricción de derechos en las Zonas Protegidas. Lo más importante es que la ley dice que entre los derechos reconocidos de los habitantes de los bosques se incluye la conservación de los bosques y la biodiversidad y que la participación de la gente fortalecerá los esfuerzos de conservación  (el proyecto decía la responsabilidad y la autoridad de la gente).   

 

En otra sección muy significativa, la ley dice que todos los bosques usados tradicionalmente por las comunidades, sin importar su ubicación ni categoría, se tratarán de ahora en adelante como recurso forestal comunitario y que los habitantes de los bosques pueden actuar en forma decisiva en la conservación de dichos recursos.

 

Aunque que la Ley de Derechos sobre los Bosques contiene estos elementos positivos, también está atestada de bastantes ambigüedades y ‘agujeros’. Además ha sido redactada de modo de dejar una importante sección de habitantes de los bosques fuera de su alcance. Por ejemplo, solamente aquellos que hayan residido en zonas de bosques durante 75 años podrán ser considerados ‘otros habitantes tradicionales de los bosques’ (además de las tribus registradas), y solamente aquellos que ‘residan principalmente en zonas de bosques’ podrán reivindicar derechos en virtud de la Ley.             

 

Estas son inquietudes que los movimientos por los bosques del país pretenden resolver mediante la prolongación e intensificación de la campaña por el proyecto de Ley de Derechos sobre los Bosques. Conscientes de que la sinceridad del gobierno en relación con la Ley es sospechosa, los movimientos también han resuelto ‘instrumentarla’ por su propia cuenta.       

 

¿Cómo ocurrió esta Ley? ¿Por qué un Estado que adhería tenazmente al principio de 'dominio eminente' (que significa que el Estado es dueño de todos los recursos naturales sobre los que las personas no tienen derechos propietarios) e ignoraba las justas demandas de los habitantes de los bosques debería volverse ahora sensible a los derechos de la gente? ¿Por qué debería admitir que las personas tienen cualquier derecho sobre los bosques cuando hasta ahora, desde 1850 (toma colonial de los bosques) en adelante, todas sus políticas y leyes han apuntado a dejarlas afuera, primero para que los bosques fueran productivos comercialmente y luego para conservar la vida silvestre?

 

Estas son preguntas que necesitamos discutir en los meses venideros. No todas pueden responderse, en primer lugar porque el proceso legislativo aún no está completo (las Reglas no están prontas) y en segundo porque en India el proceso político que determinará la cuestión del control sobre los bosques recién está surgiendo. El tiempo y el curso de las luchas aclararán muchas cosas.

 

No obstante, una cosa está clara. La Ley, sin importar cuán bien intencionada, no resuelve nada por sí misma y el mero hecho de su existencia no hará que el Estado entregue a la gente los derechos sobre los bosques en una bandeja de plata. El Departamento Forestal y su coercitivo aparato burocrático y sus amigotes como la mafia de la madera no van a esfumarse, ni tampoco las Grandes ONG Conservacionistas dejarán de hacer escándalo cada vez que la gente realmente obtenga algún derecho. La amenaza del desarrollo persistirá y tanto los bosques como la gente seguirán siendo destruidos como siempre en aras de represas, fábricas, carreteras y minas. La Ley no cambia nada hasta que las luchas por los bosques le pongan dientes y la conviertan en un arma. 

 

Este es el momento en que las luchas por los bosques se ven y se definen en el contexto político mayor. El sabotaje a la Ley por parte del gobierno demuestra que hubo un intento consciente de erosionar el control comunitario sobre los recursos forestales, que calza bien en el plan mayor que se hace manifiesto en otras cosas que hace el gobierno: cambiar la reglamentación ambiental existente para que las minas, las empresas, las represas y las grandes industrias puedan construirse con facilidad. El impulso para adquirir por la fuerza tanto tierras agrícolas fértiles como terrenos comunales para las Zonas Económicas Especiales y las grandes empresas estaba ahí. Las concesiones mineras en zonas de bosques otorgadas a empresas privadas aumentaron enormemente en los últimos meses.

 

Ahora los movimientos indios por los bosques necesitan oponerse a esta entera agenda que pretende vender al capital las vidas y los recursos de la gente. La Ley de Derechos sobre los Bosques brinda a las comunidades un espacio político en el gobierno de los bosques. Para los movimientos se trata de un arma importante para afirmarse a sí mismos y enfrentar tanto la autoridad forestal actual como las fuerzas del capital, que se meten en los bosques por la puerta grande. También es necesario enfrentarse a otras fuerzas anti-personas que están activas en los bosques: grupos de conservación de la vida silvestre ‘de línea dura’, fuerzas feudales, comerciantes, etc. 

 

Los movimientos han estado ocupados en volver a captar tierras en los bosques de algunas regiones. Este proceso debe fortalecerse y tales programas de acción tienen que extenderse a otras zonas. Hay que destruir las llamadas estructuras participativas creadas por el Departamento Forestal,  como el manejo conjunto de bosques (Joint Forest Management), de modo que el capital, sea estatal o privado, respaldado por las instituciones financieras internacionales no encuentre nuevos puntos de apoyo en los bosques.

 

La aprobación de esta limitada ley nos promete la construcción de una alianza de movimientos. A partir de ahora los movimientos por los pueblos de los bosques lo serán también por una nación verdaderamente democrática y plural, basada en la justicia ambiental y social. El nexo Estado-capital debe ser enfrentado en lo operativo y en lo ideológico, tanto en lo nacional como en lo internacional, con la participación de todas las fuerzas progresistas activas en otras esferas sociales, culturales y políticas.

 

Por Soumitra Ghosh, National Forum of Forest People and Forest Workers (NFFPFW) y Campaign for Survival and Dignity (CSD), India. Correo-e: soumitrag@gmail.com  

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- Malí: los bosques en la soberanía alimentaria

 

Malí está recibiendo en estos días a más de 500 mujeres y hombres de un centenar de países de todo el mundo, que se reúnen en torno a “Nyeleni 2007: Foro por la Soberanía Alimentaria”. El objetivo del encuentro es poner en marcha un “movimiento internacional para lograr el reconocimiento verdadero del derecho a la soberanía alimentaria”, reafirmarlo y “precisar sus implicaciones económicas, sociales, ambientales y políticas”. 

 

¿Qué se entiende por “soberanía alimentaria”? El concepto de soberanía alimentaria surge en 1996, cuando Vía Campesina lo expresa por primera vez en la Cumbre Mundial de la Alimentación realizada en Roma. En 2002, el Foro de ONG/OSC para la Soberanía Alimentaria define a la soberanía alimentaria como “el derecho de los pueblos, comunidades y países a definir sus propias políticas agrícolas, pastoriles, laborales, de pesca, alimentarias y agrarias que sean ecológica, social, económica y culturalmente apropiadas a sus circunstancias exclusivas”.

 

Desde entonces el concepto ha continuado profundizándose en sucesivos encuentros, para conformar una alternativa a los modelos productivos impuestos por las políticas globalizadoras digitadas desde los organismos de poder (BM, FMI, OMC, etc.), que han consolidado el control de las grandes transnacionales sobre los alimentos, desde la semilla, siembra e insumos, hasta la distribución, procesamiento, venta y hábitos de consumo en todo el mundo.

 

La soberanía alimentaria pone su centro en la autonomía local, los mercados locales y la acción comunitaria e incorpora aspectos como la reforma agraria, el control territorial, los mercados locales, la biodiversidad, la autonomía, la cooperación, la deuda, la salud y muchos otros temas vinculados a la producción de alimentos.

 

Tal vez, entonces, el primer tema a subrayar es que la soberanía alimentaria es un proceso de resistencia popular y su conceptualización no solamente está inmersa en los movimientos sociales que impulsan esas luchas sino que permite que se aglutinen en torno a un acuerdo común de objetivos y acciones.

 

Es así que desde el campesinado el concepto se amplía para abarcar a los sin tierra, los pescadores tradicionales, los pastores, los pueblos indígenas… y la defensa de los bosques, que es también una cuestión de soberanía alimentaria.

 

Los productos no maderables del bosque han sido y continúan siendo un aporte fundamental para numerosas comunidades que habitan el bosque o bien viven en las cercanías pero recurren a él para su sustento. Allí encuentran miel, frutas, semillas, bellotas, raíces, tubérculos, insectos, animales silvestres, elementos todos que ofrecen una importante fuente adicional de nutrición. Pero no solamente eso, sino que también se sirven de las resinas, el rattan, el bambú, taninos, colorantes, hojas, paja, pieles, cueros, que sirven para el autoconsumo o para la venta con la cual conseguir ingresos que aseguren la adquisición de otros alimentos. El bosque también provee de plantas para forraje, de especial importancia para la producción de ganado vacuno, ovino, cabras, burros y camellos.

 

Los bosques también se ven amenazados y destruidos por los mismos procesos que  amenazan a la agricultura campesina: el avance de los agronegocios y sus monocultivos en gran escala para la exportación -- desde la soja a los eucaliptos --; la destrucción de la biodiversidad con la imposición de los transgénicos; la matriz petrolera cuyo proceso de explotación envenena y destruye todo a su alrededor; el cercamiento de sitios de alta diversidad para el negocio del turismo o la bioprospección. En todos los casos se trata de escenarios que explotan o desplazan a comunidades enteras, despojándolas de sus formas de vida y cultura, sumiéndolas en la miseria. El modelo dominante conlleva un círculo de explotación, exterminio, exclusión. Cuando se destruye el bosque, se destruye un espacio de soberanía alimentaria.

 

No obstante, esto no ocurre sin su contrapartida. Desde la base, los campesinos, los pescadores tradicionales, los pastores y los pueblos indígenas, quienes han desarrollado y hecho posible los sistemas de producción que les aseguraron el sustento para sí y para quienes no estaban directamente en la producción, buscan abrir una brecha a procesos que se presentan como demoledores. Desde lo local, construyendo autonomía, retomando los principios de cooperación, integración y diálogo con la naturaleza que permitieron la construcción de sistemas agroecológicos biodiversos y la conservación dinámica de los ecosistemas, los movimientos populares se hacen dueños de su destino y enseñan al mundo que “¡Ya es tiempo de soberanía alimentaria!” 

 

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COMUNIDADES Y MONOCULTIVOS DE ÁRBOLES

 

- Australia: Tasmania muestra el camino para prohibir las plantaciones de árboles

 

El año pasado, unos 170 agricultores se reunieron en la comunidad agrícola de South Riana para compartir sus preocupaciones y ver la forma de impedir que valiosas tierras agrícolas siguieran convirtiéndose a plantaciones de árboles. Preocupados por el futuro de la zona, construida sobre la base de exitosas empresas lecheras y agrícolas, exhortaron al gobierno de Tasmania a prohibir el desarrollo de las plantaciones de árboles en las tierras agrícolas de primera calidad.

 

La reunión tuvo lugar pocos días después de que el Concejo de la isla King se convirtiera en el primero de Tasmania en prohibir las plantaciones en tierras rurales por temor a poner en peligro la viabilidad de las industrias lechera y cárnica. Para los habitantes de la isla King, en el estrecho de Bass, la buena crema, el queso, el yogur y la carne son más importantes que los chips de madera. Y por primera vez en Tasmania, el Concejo de la isla King ha eliminado de su planes a la forestación en tanto uso agrícola aceptable, enmienda hoy aceptada por la Comisión de planeamiento y desarrollo de recursos.

 

El alcalde local, Charles Arnold, dijo que las plantaciones de árboles tendrían un fuerte impacto en las famosas industrias de la carne y la leche de la isla y que “Una vez que se planta, la cantidad de personas que participan es mínima. Y creo que nuestras mejores tierras agrícolas no deben sacrificarse para que otra gente lucre minimizando sus impuestos”.

 

Hay también una moratoria a toda nueva remoción de la vegetación de la isla con el fin de establecer pasturas. “La gente quiere proteger lo que tiene en la isla”, dijo el director general del Concejo de la isla King, Andrew Wardlaw.

 

El Ministro federal forestal, Eric Abetz, está furioso con la decisión de prohibir las plantaciones de árboles. Dijo que contrariamente a lo que alegan los agricultores, las plantaciones crean nuevos empleos y revitalizan las comunidades rurales y que estaban destinadas al mercado interno: “O importamos madera... o cultivamos la nuestra”. 

 

Sin embargo, cuando el ministro plantó el árbol número 100 millones para la empresa Great Southern Plantations Ltd en una plantación comercial de madera dura cerca de Albany, en Australia Occidental, lo que hizo fue  alabar las exportaciones : “Una vez cosechados, cien millones de árboles resultarán en la producción de diez millones de toneladas de chips, que serán exportadas en su totalidad al sudeste asiático”. 

 

Great Southern Plantations es parte de Great Southern Group, un grupo administrador de inversiones en agronegocios. En los últimos tiempos ha engullido tierras para plantaciones de árboles y se ha extendido de Australia Occidental a las islas Tiwi, pasando por la isla King. Las plantaciones son grandes negocios y no es un detalle menor que estas inversiones puedan exonerar el 100% de los impuestos el año que se establecen. Un plan así les da una ventaja que nadie más tiene y, como se ha dicho, “convirtió a Tasmania en un estado de monocultivos forestales. En la actualidad los eucaliptos Nitens son LA característica que define el hoy muy aburrido paisaje de Tassie [Tasmania]”.

 

La prohibición de las plantaciones industriales de árboles es un paso que muchas comunidades rurales del mundo entero esperan de sus gobiernos. Pocos lo han hecho, y el Concejo de la isla King puede estar muy orgulloso de haber mostrado el camino.

 

Artículo basado en información de: “Tasmanian Cattle Farmers Fear Plantations' Impact”, http://www.mycattle.com/news/dsp_international_article.cfm?storyid=19022,  Australian Broadcasting Corporation, News Online, 2006; “Tasmanian farmers protest against tree plantations”, The World Today, 2006, http://www.abc.net.au/worldtoday/content/2006/s1724364.htm; “Abetz spitting chips over King Island tree farm ban”, Tasmanian Times, http://tasmaniantimes.com/index.php/weblog/comments/mr-howard-and-plantations/

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- Brasil: las prácticas engañosas de Veracel

 

Al sur del estado brasileño de Bahía, a unos 45 kilómetros de la costa oceánica, en la divisa entre los municipios de Eunápolis y Belmonte, se encuentra la fábrica de celulosa de la empresa Veracel, una sociedad en partes iguales del grupo sueco-finlandés Stora Enso y Aracruz de Brasil, que dirige hoy uno de los proyectos de cultivo e industrialización de eucaliptos de mayor escala en el mundo.

 

Desde fines de los años 1980, gigantescos proyectos de monocultivos de árboles y fabricación de celulosa comienzan a instalarse en el Cono Sur americano ocupando vastas extensiones en Argentina, Chile, Uruguay y Brasil. Se implementa así una decisión estratégica de los principales grupos del mercado de la madera y el papel originarios de Suecia, Finlandia, España, Estados Unidos, Brasil y Chile.

 

Al mismo tiempo que en el Norte iban cerrando decenas de fábricas que producían 100, 200 y 300.000 toneladas de celulosa por año, en el Sur se montan fábricas de un millón de toneladas anuales con sus correspondientes plantaciones, invadiendo vastas áreas de ecosistemas nativos y otras dedicadas a la agricultura y ganadería tradicionales de la región, con sus consiguientes formaciones sociales.

 

Un caso ejemplar de ese modelo y de sus impactos sociales y ambientales son las plantaciones y la fábrica de Veracel, las primeras iniciadas en 1991 y la segunda en setiembre de 2005, que abarcan 164 mil hectáreas propias y otro tanto contratado con 2.000 productores de la zona, dedicadas al cultivo masivo de eucaliptos para alimentar una producción de 900.000 toneladas anuales de celulosa.

 

Al inicio de sus actividades, por medio de costosas campañas publicitarias, Veracel se comprometió a preservar la Mata Atlántica, aseguró que sus plantaciones eran ecológicamente sustentables, que daría decenas de miles de empleos y realizaría grandes obras sociales. Sin embargo, a medida que avanzaba el proyecto, las promesas se fueron reduciendo y hoy no se compadecen con la realidad.

 

La amplitud y la rapidez de la expansión del monocultivo generaron fuertes cambios en las condiciones de vida de la zona: entre 1991 y 2002, el éxodo rural llegó al 59,4% y pequeños poblados desaparecieron. Una parte de los expulsados decidió luchar por su derecho a una parcela de tierra y otra se dirigió en busca de trabajo a la mayor urbe cercana, Eunápolis, que posee unos 100.000 habitantes.

 

Luego de fuertes choques con la policía y bandas armadas, en 2005, 515 familias organizadas por el Movimiento de los Sin Tierra (MST) lograron su objetivo, pero otras 1570 familias siguen reclamando tierra en campamentos levantados al costado de las carreteras de la zona. Mientras tanto, los que se trasladaron hacia la ciudad no encuentran trabajo e integran la creciente emergencia social urbana.

 

"Aquí tenemos la mayor resaca producida por la presencia de Veracel. Lo que más ha crecido es la criminalidad, la prostitución infantil, la miseria, el hambre, el índice de presos, de asaltos, de asesinatos", afirma el periodista Jodenilton Bastos, que recibe constantemente, a través de dos programas diarios en la Rádio Ativa 92,7 Mhz, de Eunápolis, pedidos de ropa y comida para los desempleados.

 

Las promesas de trabajo y bienestar hechas por Veracel sufrieron una reducción progresiva con el paso del tiempo. Comenzó anunciando la creación de 40.000 empleos, luego los bajó a 20.000, después eran 10.000 en la fábrica y 3.000 en tareas rurales. Ahora, la planta emplea unos 300 trabajadores, en su mayoría de afuera, porque no encuentran operarios especializados en la zona.

 

La emergencia social en la región llega al hambre extrema. La Casa SOS Vida, en Eunápolis, dirigida por la hermana Terezinha Biase atiende hasta 50 niños. "Llegan con un peso 50 a 60 por ciento inferior al normal. Permanecen de tres a ocho meses hasta salir del riesgo de vida", explica. Se sostienen con donaciones voluntarias, no reciben ayuda económica del sector público ni de empresas privadas.

 

La situación en Eunápolis se agrava ante el abandono por Veracel de programas de asistencia directa a la población. Un proyecto de merienda y atención educativa a 100 niños de un barrio pobre fue cerrado por la empresa luego de lograr con el mismo un aval financiero. Padres de los niños denunciaron que Veracel los vestía especialmente para recibir las visitas del exterior y tomarles fotos.

 

Algo similar sucedió con la preservación de la Mata Atlántica, la sustentabilidad de los monocultivos de eucaliptos y la no contaminación por la planta de celulosa de los cursos de agua y del aire. Los Promotores (Fiscales) del Ministerio Público de Eunápolis tienen diversas acciones iniciadas contra Veracel, pero la Justicia es lenta y los poderes públicos actúan en complicidad con la empresa.

 

"Nuestra justicia es de las más lentas. Ellos se aprovechan de esta lentitud y van implementando sus acciones", expresa João Alves Da Silva Neto, Promotor de Justicia de Eunápolis, refiriéndose a Veracel. "Utilizan un gran tráfico de influencias. Los poderes ejecutivo y legislativo están en manos del poder económico, que presiona cada vez más para aumentar sus plantaciones", agrega.

 

En 1993, la Procuraduría de la República aceptó una acción civil contra Veracruz, antecesora de Veracel, por arrasar centenares de hectáreas de Mata Atlántica. La empresa no se detuvo y comenzó a ocupar áreas agrícola-ganaderas tradicionales plantando más allá del límite fijado por la legislación local. La ley es simplemente ignorada o modificada en acuerdo con el gobierno municipal o del estado.

 

Desde hace años, varias entidades civiles de la zona denuncian irregularidades de las empresas forestadoras y de celulosa. En 2005, luego de una audiencia pública, la Procuraduría exigió a Veracel el retiro de sus plantaciones en un radio de 10 kilómetros en las zonas de amortiguación de las Unidades de Conservación de los Parques Nacionales, de acuerdo con lo establecido por la ley brasileña.

 

Según la ingeniera agrónoma Mónica Leite, especialista en fruticultura, esta región "fue muy próspera, tenía buenas lluvias y cierto equilibrio, había mucho bosque. Mi padre era agricultor, plantó mucho (...) y no había enfermedades. Unos 15 años atrás, la fruticultura aquí era maravillosa, había inmensas plantaciones de mamão, graviola, guayaba. Pero esto se está acabando con la llegada de Veracel".

 

El pequeño productor ganadero José Marinho Damaceno sufre las consecuencias de la descarga de los efluentes de Veracel frente a su casa, al otro lado del río Jequitinhonha. El fuerte olor a repollo podrido produce dolor de cabeza e irritación en la vista y cada vez que ocurre debe abandonar su finca. Damaceno sabe que tendrá que dejar definitivamente su terreno y venderlo como pueda.

 

El pez típico del Jequitinhonha, el róbalo, prácticamente ha desaparecido. Como remedio, Veracel sembró otro pez, el pintado, que contribuyó a liquidar al róbalo pero que también está desapareciendo. Entidades civiles han manifestado su inquietud por las emisiones de la planta de celulosa que utilizaría tecnología de blanqueo ECF, pero no hay datos disponibles, sólo la empresa realiza sus controles.

 

Fuente: Investigación realizada in situ por el periodista uruguayo Víctor L. Bacchetta (vbacchet@internet.com.uy) con el apoyo del Centro de Estudos e Pesquisas para o Desenvolvimento do Extremo Sul da Bahía (CEPEDES) que, desde 1991, desarrolla sus actividades en la ciudad de Eunápolis. Una versión ampliada de este informe se encuentra disponible en: http://www.guayubira.org.uy/celulosa/Veracel.html

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- Camerún: los “bosques” de caucho de la FAO

 

De acuerdo con la definición de la FAO, las plantaciones de caucho son “bosques”. Recientemente estuvimos recorriendo uno de tales “bosques” en Kribi, Camerún y hablando con trabajadores y pobladores locales. A diferencia de los “expertos” de la FAO, nadie, absolutamente nadie, percibe allí a estas plantaciones como bosques.

 

En realidad, si hay algo en el mundo menos parecido a un bosque, es precisamente una plantación de caucho. A la normal monotonía de plantaciones compuestas por filas paralelas de miles de árboles idénticos – eucaliptos, pinos, acacias – en este caso se suma que cada árbol tiene colgado en el tronco un pequeño recipiente en el que cae el látex y que al costado de los caminos hay otros recipientes más grandes en los que se vierte el látex a ser llevado a la planta procesadora. A eso se agrega el penetrante y desagradable olor del caucho.

 

Las plantaciones que visitamos son propiedad de la Société des hévéas du Cameroun (HEVECAM), una empresa creada en 1975, cuyas plantaciones abarcan un total de 42.000 hectáreas en una región antes cubierta por densos bosques tropicales, que se cuentan entre los más biodiversos del mundo. Aún hoy se puede ver entre los árboles de caucho enormes tocones de árboles nativos o incluso gruesos y largos troncos en proceso de descomposición en medio de la plantación. Es decir, que esta plantación –este “bosque” según la FAO- fue la causa directa de la destrucción completa de los bosques que allí se encontraban.

 

Eso lo saben muy bien los indígenas Bagyeli (“pigmeos”), quienes han sido los principales perjudicados. Los Bagyeli son cazadores recolectores nómades, que en su antiguo bosque encontraban todo lo necesario para su bienestar. Según nos informó un grupo de Bagyeli que entrevistamos, antes vivían bien en su territorio, que abarcaba lo que ahora es la plantación de HEVECAM además de otras áreas adyacentes. El bosque no existe más y son considerados intrusos en su propio territorio, ahora bajo el control de la empresa. Si bien se les “deja entrar” en la plantación, no sucede lo mismo con sus niños, porque pueden “dañar a los árboles de caucho”.

 

La posibilidad de obtener alimentos e ingresos a través de la caza es casi nula. A la disminución de la fauna por efecto de la plantación se suma la presencia de cazadores con armas de fuego –normalmente trabajadores de HEVECAM- que compiten con ventaja con las armas tradicionales de los Bagyeli. En cuanto a sus posibilidades de obtener empleo en la plantación, también son muy pocas. La empresa los emplea a veces para hacer limpiezas, pero les paga muy poco. El resultado es ahora un grupo humano desmoralizado, pobre, mal nutrido, explotado y oprimido, acorralado por la plantación y sin tener a donde ir.

 

Pero los Bagyeli no han sido los únicos perjudicados. También nos entrevistamos con habitantes del poblado de Afan Oveng cercano a la plantación de HEVECAM, donde hace dos años se accidentó un camión de la empresa y el contenido de látex y amoníaco que cargaba terminó en el arroyo del poblado. Como resultado murieron animales, se enfermó la gente, murieron los peces. Enviaron carta tras carta a las autoridades responsables y a la empresa y hasta ahora no han obtenido más “compensación” que algunos camiones cisterna con agua ni siquiera apta para el consumo humano.

 

Pero para esa gente el problema no se reduce a un accidente, sino que es mucho más profundo y consiste en que nunca se les reconocieron sus derechos tradicionales sobre el bosque. Por ejemplo, el lugar donde ahora se encuentra el hospital de la empresa eran tierras pertenecientes a este poblado. Insisten en que “el bosque nos pertenece” y denuncian que “el bosque que aún resta está siendo destruido por HEVECAM”.

 

En efecto, la empresa continúa talando bosques “salvajemente”, aparentemente en connivencia con el alcalde de Kribi, que es propietario del aserradero donde esa madera es procesada. La comunidad local no recibe ningún beneficio, pero se queda con el perjuicio que implica la desaparición del bosque y de los productos que allí se obtienen.

 

Los trabajadores de la empresa –traídos