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Número 116 - Marzo 2007

NUESTRA OPINIÓN

COMUNIDADES Y BOSQUES

COMUNIDADES Y MONOCULTIVOS DE ÁRBOLES

AGROCOMBUSTIBLES

COMERCIO DE CARBONO

 

NUESTRA OPINIÓN

 

 - Biocombustibles: algo que podría ser positivo convertido en grave amenaza para el Sur

 

Nadie en su sano juicio puede acusar al Presidente George W. Bush de que se preocupa demasiado por el cambio climático. Su currículum en la materia es intachable y tanto su apoyo irrestricto a la industria petrolera como sus guerras petroleras han significado importantes contribuciones al calentamiento global. Por si quedaran dudas, su persistente negativa a firmar el Protocolo de Kioto lo convierte en el líder indiscutido de quienes aportan más a la destrucción del clima del planeta Tierra.

 

Es por ello que llama poderosamente la atención su súbito interés en los biocombustibles. En efecto, durante su reciente visita a varios países de América Latina (Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México) ese fue el punto más claro en la agenda de una gira que fue definida por alguna prensa como “la diplomacia del etanol”. Es más, poco antes de iniciar su gira visitó las instalaciones de una empresa vinculada a la industria del etanol, donde hizo referencia -entre otras- “a tecnologías que nos permitirán convertir astillas de madera en combustibles que hagan funcionar automóviles”.

 

Este súbito interés de Bush en un tema al parecer tan alejado a sus intereses y preocupaciones sirve para comprender mejor las razones por las que tantos gobiernos y agencias del Norte están impulsando el desarrollo de los biocombustibles en tantos países del Sur.

 

A diferencia de otros gobernantes del Norte, Bush ni siquiera intenta presentarse como “verde”. Las razones que esgrime son fundamentalmente estratégicas y económicas. Afirma que el impulso a los biocombustibles es “un muy importante objetivo nacional”, que consiste en “pasar a ser menos dependientes de combustibles provenientes del extranjero y por ende asegurar que nuestros intereses estratégicos nacionales estén mejor protegidos y que nuestros intereses en materia de seguridad económica estén más intactos”. En lo económico dice que “A medida que los precios de los hidrocarburos suben, tiene sentido que seamos capaces de lograr que fuentes alternativas de energía lleguen al mercado lo más rápido posible”.

 

Todo ese razonamiento seguramente ya lo han hecho los gobiernos de la mayoría de los países del Norte –en particular los europeos- lo que lleva a dudar acerca de cuán “verdes” son sus intenciones.

 

Desde el punto de vista de muchos gobiernos del Sur, los biocombustibles son percibidos simplemente como un nuevo producto a ser exportado; como una “oportunidad”. Ello, unido a los múltiples apoyos que para su desarrollo están recibiendo de agencias de cooperación y organismos multilaterales, ha resultado en la adopción de políticas y medidas concretas para su promoción en decenas de países, sin tomar en cuenta sus posibles consecuencias sociales, políticas, económicas y ambientales.

 

En contraposición, las organizaciones populares del Sur los ven como una grave amenaza para la subsistencia de la gente. En efecto, los planes gubernamentales implican que millones de hectáreas de tierras hoy productoras de alimentos van a ser destinadas a la producción de combustibles para alimentar automóviles. Cultivos como el maíz, la soja, la caña de azúcar, la palma aceitera y muchos otros van a ser convertidos en etanol o biodiesel. En palabras del propio Bush, ya está prevista la conversión de madera en etanol, lo que significa la amenaza de la plantación de aún más monocultivos de árboles de rápido crecimiento para alimentar autos. Todo ello se hará a expensas de tierras productoras de alimentos y de bosques.

 

En ese contexto, la reciente reunión llevada a cabo en Malí por la soberanía alimentaria, donde participaron representantes de más de 80 países se expidió claramente contra “los ‘Desiertos Verdes’ de los monocultivos de biocombustibles industriales y otras plantaciones” (ver 1). También lo hicieron las mujeres allí reunidas en su declaración sobre soberanía alimentaria enfatizando que “Los monocultivos, entre ellos, los empleados para los agro-combustibles ... tienen efectos negativos sobre el ambiente y sobre la salud humana ...” (ver 2)

 

En otro contexto, el Tribunal Permanente de los Pueblos (ex Tribunal Russell) se reunió recientemente en Cacarica, Colombia y en su dictamen se incluyeron graves acusaciones a empresas productoras de aceite de palma. Entre otras cosas, se las acusó (y al gobierno colombiano) de haber sembrado palma en “territorios colectivos de comunidades afrocolombianas, operaciones que fueron posibles gracias a la comisión e impunidad de más de 113 crímenes de Lesa Humanidad,  13 desplazamientos forzados, 15 casos de torturas, 17 detenciones arbitrarias, 19 saqueos a caseríos, 14 incursiones de tipo paramilitar, agresiones a la zona humanitaria, 4 asesinatos o ejecuciones extrajudiciales y la llamada ‘desmovilización’ que ha posibilitado el desarrollo de nuevas amenazas de muerte y de control sobre la población”. (ver 3)

 

Claro que eso no habrá preocupado demasiado a los presidentes colombiano y norteamericano cuando se reunieron recientemente, ya que ambos han sido y siguen siendo socios en la masacre que se lleva a cabo en ese país bajo el nombre de Plan Colombia. El resultado final será para ellos positivo: la producción de biodiesel de palma. Pero es bueno que los futuros consumidores de este combustible reflexionen sobre el testimonio de una mujer que dijo ante el Tribunal que: “la palma aceitera está abonada por la sangre de nuestros hermanos, amigos y familiares”, agregando que “no tenemos donde trabajar porque el territorio está cubierto de palma”.

 

Esa es la verdadera cara que se esconde tras los llamados “biocombustibles” en el Sur. Bio significa vida. Sin embargo, el cultivo de estos combustibles significa muerte. Muerte de comunidades enteras, muerte de culturas, muerte de personas, muerte de la naturaleza. Llámense plantaciones de palma aceitera o de eucaliptos, trátese de monocultivos de caña de azúcar o de soja transgénica, los impulsen gobiernos “progresistas” o “conservadores”. Muerte.

 

Lo que podría haber sido algo positivo (la sustitución de combustibles fósiles por combustibles derivados de biomasa) ha sido convertido, por obra y gracia de determinados intereses del Norte, en una de las más graves amenazas para la supervivencia de millones de personas en el Sur. Para que los biocombustibles vuelvan a ser positivos debe cambiarse totalmente el enfoque: debe pasarse de la producción para un mercado global al abastecimiento local, del monocultivo a la diversidad, del monopolio a la descentralización, de lo social y ambientalmente destructivo al respeto por la gente y la naturaleza. Algo que no está en el pensamiento de las empresas, pero que sí es posible encontrar en la cabeza de las personas, tanto del Sur como del Norte. A todas y todos ellos apelamos para que protejan la vida y ayuden a detener este proceso que –bajo un manto “ecológico”, es sinónimo de muerte.

 

(1) La declaración completa se encuentra disponible en: http://www.wrm.org.uy/actores/FSM/Declaracion_Nyeleni.html

(2) La declaración completa se encuentra disponible en:

http://www.wrm.org.uy/temas/mujer/Declaracion_Mujeres_Nyeleni.html

(3) La declaración completa se encuentra disponible en: http://www.wrm.org.uy/paises/Colombia/Audiencia_Biodiversidad.pdf

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COMUNIDADES Y BOSQUES

 

- Brasil: campesinos del MST ocupan granja camaronera

 

El problema de la pérdida de territorios por parte de campesinos y pueblos indígenas a favor de proyectos industriales tiene varias puntas en Brasil, y el Movimiento de los Sin Tierra (MST) lleva adelante una lucha para contrarrestar ese proceso.

 

Hemos informado acerca de las sucesivas ocupaciones de tierras plantadas con extensos monocultivos de eucaliptos para la producción de celulosa –una de dichas ocupaciones protagonizada recientemente por mujeres de Vía Campesina/MST en ocasión del Día Internacional de la Mujer.

 

También los manglares se ven afectados por proyectos depredadores. La cría de camarones en cautiverio es un negocio extractivista que implica la destrucción de los manglares. En respuesta a esa situación y en protesta por la lentitud del proceso de reforma agraria en el estado, el 21 de enero de este año aproximadamente 150 familias vinculadas al MST invadieron la granja camaronera Qualibras, ubicada en Itapipoca, región costera del Estado de Ceará.

 

El MST denunció con la ocupación un acto más de violencia del agronegocio en el país, del grupo Qualibrás que destruye los manglares de la región.  De acuerdo con las leyes brasileñas, se trata de un crimen ambiental grave, a causa de la importancia que tienen los manglares, entre otras cosas, en la cadena alimentaria marina. El Instituto Terramar, de Brasil, denuncia que las granjas camaroneras violan las leyes de Ceará, ya que se están construyendo viveros en áreas de preservación permanente. “Un diagnóstico realizado por el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama) identificó que 75% de las granjas camaroneras de Ceará están construidas en áreas de preservación permanente, en violación de las leyes del Estado”. 

 

En los manglares el gran negocio encuentra una gran rentabilidad por el bajo costo de producción que le proporciona el agua abundante y próxima y el movimiento de la marea que contribuye a una reducción considerable de los gastos de bombeo de agua dentro de los tanques.

 

A pesar de su importancia ambiental y de la legislación, las empresas de cría de camarón en cautiverio continúan expandiendo su negocio: entre 2003 y 2004, la superficie de granjas camaroneras en Brasil pasó de 14.824 a 16.598 hectáreas, en un total de cerca de 1.000 granjas en el país, en comparación con las 20 que existían en la década de 1980.

 

Mientras el agronegocio avanza sobre los manglares del nordeste del país, los trabajadores se organizan. Las familias que participaron en la ocupación acampan en la región costera del Estado, en lucha por la entrega de tierras y el otorgamiento de títulos. En total hay aproximadamente 1.700 familias, distribuidas en 25 campamentos, muchas de ellas esperando hace más de cinco años la reforma agraria prometida. En 2006, el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA) tenía como meta el asentamiento de 2.000 familias en el Estado, pero solamente 206 recibieron terrenos. El grupo indígena “Tremembes” también tomó parte en la ocupación, en reclamo de la demarcación de tierras en la zona indígena de Buritis, en Itapipoca.

 

Pistoleros contratados por la empresa rodearon en la noche del 23 de enero el campamento, tratando de amedrentar a hombres, mujeres y niños, quienes, finalmente, y para evitar un conflicto que pusiese en riesgo la seguridad de las familias, abandonaron la ocupación en la mañana siguiente.

 

"Salimos con la perspectiva de volver nuevamente, en caso de que el INCRA no resuelva concretamente los problemas de la reforma agraria”, afirmó un representante de los sin tierra.

 

Artículo elaborado en base a información obtenida de: “Brasil: MST ocupa fazenda devastadora de mangues no Ceará”, Igor Felippe Santos, http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/29831;  “MST ocupa fazenda de criação de camarão”, Carlos Henrique Camelo, OPovo online, http://www.opovo.com.br/opovo/ceara/664429.html; “MST sai de fazenda com ameaças de jagunços no Ceará”, CUT, http://www.cut.org.br/publique/cgi/cgilua.exe/sys/start.htm?infoid=7314&sid=22

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- Camerún: cuando las mujeres se movilizan en torno al moabi

 

El sur de Camerún es rojo y verde. Verde como el bosque de la cuenca del Congo, que respira y late y que ofrece a sus habitantes los recursos bióticos necesarios para la subsistencia; rojo como los caminos polvorientos por los que corren camiones transportando los cuerpos de gigantes del bosque que serán transformados en muebles, parqués, puertas, etc. Por las venas abiertas de Camerún fluye su elemento vital hasta el puerto de Douala, donde el vampiro del Norte viene a saciar su sed...

 

Del bosque nos llegan voces de mujeres. En el sudeste de Camerún hay mujeres que se organizan para mejorar sus condiciones de vida y preservar un árbol mítico: el moabi (Baillonella toxisperma). Este gigante del bosque de la cuenca del río Congo está siendo explotado en forma industrial, a un ritmo difícil de determinar pero que afecta a las poblaciones locales y, en particular, a las mujeres.

 

Para las poblaciones del sur de Camerún, el moabi tiene considerable importancia. Como “árbol sagrado”: tradicionalmente a los ancestros fallecidos se los sentaba al pie del árbol o en un hueco del tronco; de esa forma el moabi encarnaba el poder del difunto. Como “árbol farmacia”: su corteza, sus hojas y raíces sirven para preparar más de cincuenta medicinas tradicionales, utilizadas, entre otras cosas, para el tratamiento de dolores menstruales, infecciones vaginales y puerperio. Como “árbol nutricio”: sus frutos son comestibles, lo cual, durante la fructificación, reduce el trabajo doméstico de las mujeres; las semillas producen un aceite de buena calidad, que está bajo el control de las mujeres desde la recolección hasta la comercialización, y que representa una de sus principales fuentes de ingresos en las regiones productoras.

 

La explotación industrial del bosque comenzó en Camerún en los albores del siglo veinte, durante la colonización alemana, en la región litoral, para extenderse luego a todo el país al ritmo de la construcción de las vías férreas. Y, aunque algunos empresarios no encuentren explicación a la disminución de moabis, se puede observar que la distribución de esta especie es inversamente proporcional a la presencia histórica de explotaciones forestales. En efecto, el comercio del moabi resulta lucrativo, por tratarse de una madera de gran calidad para la carpintería y de alto precio en el mercado internacional. Es realmente un producto de lujo, que adorna el interior de yates o quintas en forma de entarimados, ventanas, revestimientos, etc. Para revestir los pisos del Teatro de los Campos Elíseos, en París, se eligió un parqué de moabi...

 

En Camerún, el comercio internacional de la madera está exclusivamente en manos de firmas extranjeras, mayormente francesas, italianas, libanesas y, desde hace poco, chinas. Sin embargo, el mercado del moabi sigue siendo muy “franco-francés”: según estadísticas oficiales, entre 2000 y 2005 el 45% del volumen de moabi fue producido por empresas francesas, y el 71% de la producción se vendió en Francia (el 24% en Bélgica). Es evidente pues que el comercio de moabi coincide perfectamente con los lazos comerciales del país con la antigua metrópoli.

 

Desde la década del 80, muchas aldeas están en conflicto con las empresas de explotación forestal en torno a la reserva del Dja, región rica en moabis. Los aldeanos han enviado numerosas cartas a las autoridades competentes, reivindicando su derecho de uso del espacio forestal y pidiendo protección para los moabis. Han tomado varias medidas, como organizar reuniones con los empresarios, marcar los moabis para señalar su derecho a utilizarlos y bloquear el paso de las máquinas hasta que intervenga el ejército, pero ninguna logró realmente su objetivo. En Bedoumo, el ejército reprimió violentamente una huelga destinada a cerrar el paso a los madereros. Los aldeanos fueron obligados a recoger con la mano las brasas de las fogatas que habían encendido en la ruta para soportar el fresco de la noche; fueron golpeados y torturados, y algunas mujeres embarazadas sufrieron abortos por este motivo. Los conflictos de este tipo movilizan a toda la comunidad, aunque en general sean los hombres quienes figuran, pues se supone que son ellos quienes tienen contacto con las autoridades, verbalmente y por escrito.

 

Sin embargo, los dos conflictos vinculados específicamente con el moabi que hicieron enfrentarse físicamente a los aldeanos con los empresarios fueron, uno de ellos, impulsado por mujeres, y el otro conducido por mujeres. En Bapilé, la empresa italiana FIPCAM abrió un camino (durante un día de festejos en el que los aldeanos habían ido a una aldea vecina) en el espacio reservado para el bosque comunitario, y destruyó un cementerio. Al día siguiente, al oír el ruido que hacían los leñadores y descubrir varios moabis en flor que habían sido derribados, cinco mujeres del pueblo fueron al bosque para intentar convencer a los trabajadores a que abandonaran la faena, pero sin éxito. En los días siguientes, toda la comunidad se movilizó para bloquear la ruta y las máquinas; luchas y huelgas se sucedieron durante un mes, logrando finalmente que se protegiera a algunos de los árboles restantes y se reconociera el perjuicio causado (300 moabis tumbados), aunque la pérdida no ha sido aún compensada.

 

En la aldea de Zieng-Ognoul, de Pallisco, un empresario francés abrió un camino en el espacio reservado para el bosque comunitario. Cuando los aldeanos oyeron el ruido, la Sra. Koko Sol marchó al bosque con varias personas del pueblo, principalmente mujeres, y amenazó con prender fuego a las máquinas si los obreros no paraban el trabajo. Esta iniciativa permitió rechazar a los madereros y preservar gran cantidad de moabis; lamentablemente, once ya habían sido tumbados.

 

En algunos casos, también surgen conflictos entre los hombres y las mujeres de las aldeas. En primer lugar, porque los hombres trabajan en las empresas y se encargan de inventariar las especies maderables. En segundo lugar, porque algunos de ellos venden moabis de sus campos a aserraderos clandestinos. Una mujer de Ebimimbang afirmó que “los culpables son los hombres, porque son ellos quienes tienen contacto con los empresarios, y bien saben que [el moabi] es muy importante para las mujeres”.

 

La escasez de moabis perjudica especialmente a las mujeres, que deben encontrar otras opciones alimentarias, reciben menos ingresos y carecen de ingredientes medicinales y para tratamientos específicos de enfermedades genitales femeninas. Este fenómeno se suma a la dominación masculina que soportan en sus sociedades. Frente a esta situación, la Sra. Rufine Adjowa decidió crear una ONG llamada CADEFE, cuyo objetivo es mejorar las condiciones de vida de las mujeres protegiendo al moabi. La idea es reunir a las mujeres de la aldea en pequeños grupos o incluso en cooperativas, para desarrollar la venta de aceite de moabi. Las campesinas pueden así obtener ingresos sustanciosos, que les permiten pagar la escolaridad de los niños y la atención médica, o comprar el petróleo y el jabón que necesitan, sin necesidad de pedir dinero a sus maridos.

 

Debido a su marginación, todas estas mujeres constituyen un grupo social capaz de impulsar cambios en las relaciones de poder y de proponer soluciones eficaces para la gestión sostenible y equitativa de los ecosistemas boscosos.

 

Por Sandra Veuthey, en base a observaciones de campo de la autora, correo electrónico:

sandra.veuthey@campus.uab.cat

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- Ecuador: el Pueblo Awá y su territorio entre intereses políticos y presiones económicas

 

El Ministerio del Ambiente está poniendo en peligro los territorios indígenas en el Ecuador. Bajo un nuevo término, el de “co-manejo”, pretende entregar nuestras tierras ancestrales y sus recursos naturales a los madereros, palmicultores y mineros.

 

El 12 de enero 2007 la Ministra del Ambiente Ana Albán modificó la adjudicación del territorio Awá e instauró un régimen de co-manejo entre comunidades indígenas Awá y afroecuatorianas para la Parroquia de Ricaurte-Tululbí, Cantón San Lorenzo, Provincia Esmeraldas. Esta resolución afecta a las cinco comunidades Awá: Guadualito, Mataje, Balsareño, Pambilar y La Unión, con 771 habitantes, y a un territorio de unas 17.493 hectáreas.

 

Los Awá somos una nacionalidad indígena ancestral del noroccidente del Ecuador y suroccidente de Colombia. Tenemos una cultura única con idioma propio, el “Awa pìt”. En el Ecuador poseemos 22 centros (comunidades) Awá legalmente conformados. Todos están organizados en la Federación de Centros Awá del Ecuador (FCAE), legalmente reconocida por el estado ecuatoriano. La FCAE y sus 22 centros tienen adjudicados en total, mediante diferentes títulos, unas 115.336 hectáreas de tierras comunitarias localizadas en las provincias de Esmeraldas, Carchi e Imbabura.

 

Necesitamos nuestras tierras para el sustento de vida y nuestra supervivencia. No vamos a abandonar nuestras casas y comunidades ni vamos a ceder un solo paso. Si nuestras tierras ancestrales son invadidas, habrá enfrentamientos. Defenderemos nuestra tierra hasta lo último, aunque sea con nuestras vidas. En absoluto deseamos que se llegue a ningún extremo ni violencia, pero responsabilizaremos directamente a la Ministra Ana Albán de todo lo que pueda pasar en este caso.

 

Nosotros nos amparamos en nuestros derechos legítimos garantizados en la constitución ecuatoriana y en tratados internacionales como el convenio 169 de la Organización Internacional de Trabajo, firmado por el Estado ecuatoriano.

 

En Abril de 2006 la Asociación de Negros del Ecuador (ASONE) envió una carta al ex presidente Alfredo Palacios donde reclamaba, mediante informaciones falsas y acusaciones malintencionadas, que se derogara la adjudicación de nuestro territorio Awá de 99.337 has realizada por el Ministerio del Ambiente el 2 de marzo de 2006.

 

Basta visitar las tierras para verificar quién vive y tiene sus cultivos allí. ASONE dice de nosotros que somos colombianos y narcotraficantes, pero la verdad es que somos una de las 14 nacionalidades indígenas oficialmente reconocidas en el Ecuador. Todos somos nacidos acá, tenemos cédulas ecuatorianas y todas nuestras comunidades están jurídicamente constituidas. No existen cultivos de coca en el territorio Awá.

 

Siempre hemos vivido de forma pacífica en nuestras tierras, sin que nadie haya reclamado derechos ancestrales sobre éstas. El 2 de marzo 2006, después de 30 años de lucha, la Ministra del Ambiente Alban finalmente nos adjudicó 99.337 hectáreas de nuestras tierras ancestrales. Esta adjudicación ha sido el resultado de un minucioso trabajo público, administrativo y de campo que ha durado tres años. Se ha revisado en el campo cada metro de nuestros linderos.

 

Además, las mismas tierras ya fueron linderadas como “Área de Asentamiento Tradicional de la Comunidad Indígena Awá” por parte del Ministerio de Agricultura en 1988 y fue delimitada y reconocida nuestra posesión ancestral como “Reserva Étnica Awá” para 101.000 hectáreas por parte del INEFAN, antecesor del Ministerio del Ambiente, en 1995. Los linderos de nuestras tierras nunca se han movido.

 

Detrás de esta denuncia están traficantes de tierras de San Francisco y San Lorenzo, organizaciones fantasmas como el “Frente Cívico de Defensa de los Territorios Ancestrales” en conjunto con el ex diputado Rafael Erazo de Esmeraldas. Ellos quieren vender nuestros recursos naturales y tierras a las empresas madereras, palmicultoras y mineras. Se esconden detrás de la ASONE para hacer aparentar que se trata de un conflicto étnico, pero no es así. Nosotros no tenemos problemas con las comunidades afroecuatorianas. Hace siglos estamos conviviendo con ellas como buenos vecinos, cada uno en sus tierras. Respetemos mutuamente nuestras culturas y nuestras tierras.

 

Ahora en marzo ya hubo la primera invasión de Guido Rodríguez, un conocido intermediario maderero de la zona, quien trabaja para Plywood Ecuatoriana y CODESA, del Grupo Álvarez Barba. Invadió con su personal el bosque del centro Awá Balsareño para abrir franjas en el bosque. La comunidad lo expulsó, como ya lo hicimos en el 2005, cuando entró con tractores forestales al territorio Awá para talar nuestro bosque y convertirlo en tableros de contrachapados.

 

En otro centro Awá, el de Río Tigre en la provincia de Carchi, cantón Tulcán, la situación está aún peor. En el año 2002 el Instituto Nacional de Desarrollo Agrario (INDA), institución estatal responsable de la adjudicación de tierras, adjudicó legalmente al centro Awá Río Tigre, 6.024 hectáreas de tierras ancestrales comunales. Pero en diciembre del año pasado el INDA resolvió revertir la adjudicación del territorio al estado, aceptando la demanda de dos asociaciones agrícolas de Ibarra, la “Asociación de Trabajadores Autónomos San Vicente” y la “Asociación de Desarrollo Comunitario Vista Hermosa del Río Tigre” que están reclamando unas 4.000 has de bosques dentro del territorio Awá.

 

Estas asociaciones igualmente son especuladoras de tierras, que quieren hacerse de nuestras tierras y bosques para hacer negocio. Nunca han vivido allí o trabajado estas tierras. Tienen como socio una corporación (Egocreanet – Ecuador), a la cual quieren adjudicar unas 500 has de estas tierras.

 

Hoy en día nuestro territorio es el último gran remanente de selva húmeda tropical de toda la costa ecuatoriana. Siempre hemos defendido nuestras tierras y hemos conservado nuestros bosques. Estamos viviendo en armonía con el medio ambiente, aprovechándolo sin destruirlo. Como ya no hay maderas ni tierras disponibles para nuevas plantaciones de palma quieren apoderase de nuestro territorio Awá.

 

No permitiremos que desalojen nuestras comunidades para vender nuestro territorio a los madereros y palmicultores. Estamos organizados y listos para implementar cualquier acción necesaria. Tenemos nuestro propio Subprograma de Manejo Forestal Comunitario y un Centro de Acopio y Transformación de Maderas en San Lorenzo. Aprovechamos pequeñas cantidades de madera con métodos tradicionales y de bajo impacto ambiental.

 

Si existe este interés en recuperar tierras ancestrales en la zona de San Lorenzo, las autoridades deben recuperar las decenas de miles de hectáreas de tierras que fueron saqueadas a las comunidades afroecuatorianas por parte de las empresas palmicultoras. Estas últimas han talado desde 1999 unas 40.000 hectáreas de bosques en el cantón de San Lorenzo para el establecimiento de plantaciones industriales con palma africana.

 

Las consecuencias son gravísimas. Los bosques del Chocó con su altísima biodiversidad han desaparecido para siempre. Los animales de caza y la pesca en los ríos se han acabado. Las comunidades afroecuatorianas se quedaron prácticamente sin tierras, comida y fuentes de trabajo. Los ríos fueron envenenados con plaguicidas y fertilizantes de las plantaciones de palma. Un desierto verde agroindustrial.

 

En este contexto también cabe indicar la complicidad del Estado ecuatoriano en la ocupación de tierras ancestrales y en la tala de los bosques del cantón de San Lorenzo. El 8 de agosto del 2002, el ex presidente Gustavo Noboa firmó el decreto 2961, que designa para uso agrícola a un polígono de aproximadamente 60.000 hectáreas de tierras comunitarias del cantón de San Lorenzo, entre ellos partes del territorio Awá y 5.000 hectáreas de Patrimonio Forestal del Estado.

 

Este decreto fue elaborado en conjunto por los Ministerios del Ambiente, Agricultura y Relaciones Exteriores y empresas palmicultoras. El objetivo del decreto ha sido legitimar las tierras que las palmicultoras han adquirido ilegalmente, ampliar su superficie y legalizar la tala de bosque que han realizado durante años sin contar con permisos ni estudios de impacto ambiental, ni tomar en cuenta a las comunidades locales.

 

La FCAE exige al gobierno ecuatoriano que:

 

•          Respete y asegure definitivamente los títulos de propiedad para el territorio Awá.

•          Persecución de todas las invasiones, extracciones de maderas por terceros, etc. en el territorio Awá.

•          Reconocimiento de la autoridad indígena Awá para el territorio (circunscripción).

 

A la vez pedimos apoyo y respaldo de todas las organizaciones para la defensa de nuestra tierra.

 

Por: Olindo Nastacuaz, Presidente de la Federación de Centros Awá del Ecuador (FCAE),  correo electrónico: fedawa@federacionawa.org, www.federacionawa.org

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- India: el movimiento indígena de Jharkhand impugna los planes de desarrollo industrial que amenazan con destruir los bosques, las tierras cultivables y la forma de vida de los Adivasi

 

Al igual que los gobiernos de muchos otros estados de la India, el gobierno del estado de Jharkhand planea una gigantesca expansión industrial en toda la región en nombre del “desarrollo” y la “reducción de la pobreza”. Para angustia y desilusión de los movimientos sociales de Jharkhand, funcionarios del gobierno electos recientemente pretenden respaldar los acuerdos celebrados entre el anterior gobierno del estado e importantes empresas del acero y la minería. A cambio de la inversión de 1.691.980 millones de rupias (alrededor de US$ 3.800 millones), estos acuerdos prometen a las empresas la adquisición masiva de tierras, lo que conllevará la deforestación de no menos de 57.000 hectáreas y el desplazamiento de 9.615 familias, muchas de ellas residentes en zonas catalogadas como protegidas legalmente y reservadas para los pueblos indígenas Adivasi del estado.

 

En el distrito de Ranchi, por ejemplo, la empresa británica Arcelor Mittal tiene planes de ocupar tierras y bosques tribales en Karra Block para instalar una inmensa fábrica de acero con el respaldo del gobierno del estado. Todo este plan se desarrolló sin consultar y sin el consentimiento previo de los pueblos Adivasi afectados, lo que contraviene directamente la legislación que protege a los pueblos indígenas, con inclusión del Quinto Programa [disposición constitucional referida a la protección de ciertas zonas y de los derechos tribales], la Ley de tenencia de Chotanagpur (1908) y la sentencia Samata.

 

Durante los dos últimos años los movimientos indígenas y sociales de Jharkhand se han movilizado contra estos planes oficiales de desarrollo industrial masivo en el estado. Los movimientos populares responden con un “no” rotundo a los desplazamientos relacionados con la industria y rechazan la interferencia de “funcionarios de enlace con la comunidad” empresariales, o militantes y dirigentes de partidos políticos en los asuntos locales y en sus procesos de adopción de decisiones.

 

En Karra Block, el pueblo Adivasi ha fundado la organización Ottehasa Horo Sangathan (Organización del Pueblo de la Tierra) para hacer campaña para salvar sus tierras y bosques tradicionales. La aldea de Udikel es una de las 144 comunidades amenazadas por el desplazamiento donde la gente se ha organizado contra el “desarrollo” impuesto desde arriba.

 

Nandi Pahan, dirigente del panchayat [consejo electivo de la aldea] de Udikel, afirma que su comunidad jamás cambiará sus bosques y tierras por el desarrollo industrial:

 

“Todo está aquí en nuestras tierras tradicionales: nuestros hogares, nuestros campos, nuestros bosques, nuestros cementerios y sitios ceremoniales. Para nosotros esta tierra es sagrada. Aquí es donde celebramos nuestro festival Baha (fiesta de las flores) y otras ceremonias. En el bosque están nuestros ‘lugares de oración’ sarna especiales. Así, nuestra tierra es parte de nuestra forma de vivir. No entregaremos nuestra tierra. Si lo hacemos, ¿qué comeremos? ¿Adónde iremos a plantar nuestros cultivos?”

 

Otros dirigentes comunitarios lo respaldan:

 

“Para nosotros el bosque tiene una gran importancia. En el bosque recogemos medicinas y frutas como el karanj. Recolectamos productos forestales menores para vender. Tenemos nuestros huertos, donde cultivamos mango y tamarindo. Usamos el bosque para obtener materiales para construir nuestras casas y fabricar herramientas, incluso implementos agrícolas. ¿Cómo podría una fábrica sustituir todo esto? Se trata de nuestra cultura y de nuestro sustento. No podemos entregar esta tierra y no lo haremos.” [Devar Pahan, de la aldea de Udikel]

 

En el distrito de Seraikella Karshwan, las empresas mineras y del acero han presionado a las aldeas Adivasi para que entreguen sus tierras y bosques tradicionales al “desarrollo”. No menos de 39 aldeas en cuatro panchayats del distrito informaron que en los últimos años habían recibido visitas de agentes empresariales que intentaron persuadirlos de que entregaran sus tierras para la minería. Dalbhanga  Panchayat, por ejemplo, estuvo bajo presión constante para que abriera sus tierras a las minas de piedra caliza y solamente logró detener el acoso de los agentes empresariales con un acto masivo de protesta contra la mina propuesta. En Rugudi Panchayat, la empresa Magila L Phonta Ltd ha solicitado autorización para establecer una mina de oro que afectaría las aldeas de Ramdih y Mutugarha.

 

También aquí los aldeanos se opusieron a estos planes y rechazaron los avances de los agentes empresariales, en parte gracias a la organización, en 2005 y 2006, de numerosas movilizaciones de protesta contra el indeseado avance minero en sus tierras.

 

“No queremos entregarle nuestra tierra y nuestros derechos consuetudinarios a cualquiera, trátese del gobierno o de empresas privadas. Nuestra tierra y nuestro bosque son la fuente de la vida para nuestras comunidades. Para nosotros, el bosque y la tierra lo son todo. ¡Nunca permitiremos que las empresas o el Estado nos los quiten!” [Mangal Singh, aldea de Batani, Torandih Panchayat]

 

“Si vienen las empresas mineras, este lugar terminará siendo como la isla Kolapani (remota y solitaria): se parecerá al infierno. Se convertirá en un lugar miserable. Se irá todo el verde y nuestra tierra se echará a perder. Nuestra salud sufrirá y nuestras plantas medicinales serán destruidas. La empresa puede prometer que sustituirá nuestros bosques, pero será con árboles venenosos que se chuparán el agua de nuestras tierras. Estos árboles (eucaliptos) aquí no le sirven a nadie, ni a los humanos ni a los animales. Es por eso que no entregaremos nuestros derechos.” [Ghopal Singh Munda, aldea de Siyadia, Rugudi Panchayat, Buchei Block, Bakas Mundari Khuntkatti y secretario general de Samiti Rakshe Evam Vikas]

 

Por más información sobre las amenazas para los bosques y los indígenas y la oposición de los movimientos populares al desarrollo minero e industrial en Jharkhand sírvase entrar en contacto con Sanjay Bosu Mullick, del Movimiento para Salvar los Bosques de Jharkhand (Jarkhand Save the Forest Movement), correo electrónico: rch_sanjay@sanchart.in, y Tom Griffiths, Forest Peoples Programme, correo electrónico: tom@forestpeoples.org. Vea también un artículo más detallado con fotografías en:

http://www.forestpeoples.org/documents/asia_pacific/india_jharkhand_feb07_eng.pdf

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- Nigeria: las mujeres de Idheze cierran instalaciones petroleras de Agip

 

En el boletín Nº 111 del WRM compartimos con ustedes las acciones de la “Operación Cambio Climático”, lanzada el 1º de enero de 1999, en el Delta del Níger: los activistas cerraron las estaciones de bombeo de crudo y detuvieron la combustión de gases. La respuesta fue la destrucción de numerosas casas, además de asesinatos y violaciones. Sin embargo, la lucha continuó y muchas mujeres iniciaron una campaña conjunta para proteger la vida poniendo fin a la depredación del Gran Petróleo. Y ganaron una batalla: en enero de 2006 la Justicia nigeriana ordenó a Shell detener la combustión de gas natural en Ogoniland.

 

Ahora las mujeres van por más. Las mujeres de la comunidad de Idheze, consejo local de Isoko Sur, estado de Delta, han vuelto a cerrar instalaciones petroleras de la empresa Nigeria Agip Oil Company (NAOC) alegando el no pago de las indemnizaciones debidas por los daños que ocasionaron los fluidos químicos y desechos que la empresa vertió en la comunidad.

 

No hace mucho los desechos químicos de la plataforma de perforación fueron vertidos en el pantano de Idheze, lo que provocó la muerte y destrucción de la vida acuática. Los días siguientes se vieron muchos animales acuáticos muertos flotando en los estanques.

 

A principios de diciembre de 2006 las mujeres ocuparon unas instalaciones petroleras pertenecientes a Agip debido a que la empresa no instrumentó un acuerdo anterior firmado con la comunidad en el momento de entrar en su territorio.

 

Informaron que en 1982 un derrame había provocado la muerte de siete adultos y tres niños y destruido árboles y cultivos de valor rentable.

 

Las mujeres bloquearon la entrada principal del local de la empresa e impidieron la entrada de los trabajadores. Llevaban pancartas con inscripciones como “Estamos cansadas del tratamiento inhumano de NAOC”, “Seguiremos interrumpiéndoles el funcionamiento hasta que atiendan nuestras demandas”, “Paguen la indemnización por los desechos y fluidos químicos que usaron para contaminar nuestra tierra”. 

 

Las mujeres llegaron a las instalaciones con sus utensilios y alimentos, como bolsas de arroz, ñame y garri (alimento básico a base de mandioca) y toldos con los que montaron unas tiendas improvisadas. Prometieron no desalojar el lugar mientras no se hubieran atendido sus demandas. 

 

Según ellas, luego de todo lo que sufrió la comunidad por culpa del derrame, Agip se ha negado a cumplir lo dispuesto por el organismo inspector de la Compañía Nacional del Petróleo de Nigeria (NNPC), que ordenó a Agip compensar a la comunidad.

 

A la cabeza de las manifestantes, la Sra. Mercy Okunwa, quien habló en nombre del presidente general de la comunidad, Joel Ogbru, acusó a la empresa de falta de sensibilidad ante la terrible situación de la población local y de incumplir un acuerdo celebrado con la comunidad el pasado mes de diciembre en Puerto Harcourt.

 

Okunwa declaró que la actitud negligente de NAOC respecto de los asuntos de su comunidad había llevado a ésta a manifestarse en protesta el 19 de diciembre de 2006 y expresar su disgusto porque “hasta el momento no se ha instrumentado ninguna de las promesas que hizo NAOC cuando invitó a la gente de la comunidad”.

 

Reveló que muchas de las empresas de servicios que trabajan en las plataformas de perforación estaban “llevando a cabo, a sabiendas de Agip, un trabajo perjudicial para la comunidad pues ninguna de ellas paga regalías a la comunidad”. 

 

Acusó a empresas de servicios como SERIC, IMPEANTI y KCA Deutage por violar directamente los acuerdos celebrados con la comunidad, añadiendo que Agip conspiraba con algunas de estas empresas para robar a la comunidad sus derechos.  También se lamentó de que se hubiera otorgado a extraños los contratos que deberían haber sido para los indígenas.

 

“Somos amantes de la paz y, sabiendo que Agip nos ha estado engañando, esta vez no queremos nada que pueda perjudicar a nuestra gente, así que no desalojaremos el lugar hasta que la dirección de la empresa no haya respondido a nuestras exigencias”, declararon las mujeres agraviadas.

 

Artículo basado en “Women protesters shut oil facility as toxic waste ravages community”, Chido Okafor, Warri, enviado por Oilwatch, correo-e: info@oilwatch.org

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 COMUNIDADES Y MONOCULTIVOS DE ÁRBOLES

 

- Brasil: un panorama de los monocultivos de eucaliptos

 

Los monocultivos de eucaliptos avanzan en amplias zonas del país, ocupando territorios de poblaciones tradicionales, desplazándolas, expulsando a la gente del campo y contribuyendo así a la creación de cinturones de pobreza, con el contexto de violencia y criminalidad que éstos necesariamente conllevan. Y como si todo eso fuera poco, también vienen por su cuota de sangre.

 

El 26 de febrero de 2007, a las 21 horas, en el Norte de Minas Gerais, un guardia armado de la empresa V&M FLORESTAL, que ha plantado millares de hectáreas de eucaliptos en la zona, asesinó cobardemente a Antonio Joaquim dos Santos, agricultor y extractivista, de 32 años, casado, padre de cuatro hijos. Joaquim y su hija Eudisleia retornaban al hogar después de recoger leña para uso doméstico. Dos guardias armados de V&M , conocidos como Claudinei y Joãozinho de Carmina, agarraron a Antonio Joaquim, lo ataron, golpearon y posteriormente le dispararon dos balazos en la boca, en frente de su hija. Es de destacar que el suceso aconteció en una plantación de eucaliptos certificada por el FSC, que supuestamente garantiza un manejo que apunte a “mantener o elevar el bienestar social y económico de los trabajadores forestales y de las comunidades locales a corto y largo plazo”. Según integrantes de la comunidad, Antonio Joaquim estaba recogiendo leña en la propiedad de su hermano, de donde fue retirado por los guardias, quienes lo arrastraron al área de V&M .

 

El año pasado, la comunidad de Canabra hizo una denuncia internacional relatando sus penurias y falta de alternativas como consecuencia de la deforestación de los “cerrados” provocada por la empresa V&M, que dejaba a la comunidad sin acceso a leña y frutas nativas, además de secar el río Canabra. La respuesta de V&M fue aumentar la presión sobre la comunidad, que desde entonces vivió aterrorizada con las amenazas de los guardias armados, que se han apoderado de carretas y de herramientas de trabajo de los agricultores, han empleado violencia verbal y física contra los integrantes de la comunidad y han  presionado incluso a los niños cuando, de regreso de la escuela, traían pequeños haces de leña en sus bicicletas.

 

Varias organizaciones sociales (Rede Alerta Contra o Deserto Verde, CAA NM, CPT, Fórum Regional de Desenvolvimento Sustentável do Norte de Minas, MST, ASA Minas Gerais) que denunciaron el asesinato, iniciaron acciones ante autoridades oficiales y de derechos humanos para una intervención inmediata y enérgica contra los desmanes de la empresa. También efectuaron denuncias ante el FSC Brasil y el FSC Internacional para el retiro inmediato del Sello Verde otorgado a V&M. Coincidentemente, la empresa se adelantó a los acontecimientos y el 15 de marzo pasado comunicó su “decisión de retirarse voluntariamente del FSC después de 8 años de relación muy estrecha”. El motivo que alega la empresa es que no está de acuerdo con la forma en que se llevó a cabo la auditoría por parte del órgano certificador (SGS).

 

Mientras tanto, las industrias celulósicas atacan por otros flancos. Stora Enso viene adquiriendo tierras en la frontera oeste del Estado de Rio Grande do Sul. A pesar de que muestra cautela, ya que declaró que "Estamos en proceso continuado de adquisición de tierras y la posibilidad de invertir en la fábrica Stora Enso todavía no está decidida”, el proyecto inicial de la empresa sueco-finlandesa prevé establecer plantaciones de eucaliptos en una superficie de 100 mil hectáreas. Para lograr su objetivo trabaja presionando al INCRA, que es el órgano que instruye el proceso y da la opinión técnica, para que dé un parecer favorable, y procura que en el Congreso Nacional se modifique la Ley Federal 6634/79 --que obstaculiza a empresas extranjeras la tenencia de tierras en zona de frontera--, tratando de reducir de 150km a 50km la distancia a la línea fronteriza que sería considerada zona de frontera.

 

Oficialmente la empresa alega tener 45 mil hectáreas en esta región, pero datos de un organismo oficial (FEPAM) de 2005 indicaban 60 mil hectáreas y otras fuentes afirman que llegan a 150.000. Independientemente de la cantidad, no es posible registrarlas ya que nunca se explicó a la opinión pública dónde se localizan.

 

Otros intereses celulósicos también avanzan por Río Grande del Sur. El grupo empresarial brasileño "Votorantim Celulose e Papel" presentó una propuesta al gobierno de su país y al Estado de Río Grande del Sur, para construir una nueva fábrica de pasta de celulosa, próxima a la Laguna Merín. Dicho emprendimiento, que cuenta con el visto bueno de la gobernadora del citado Estado, implicaría una inversión de alrededor de U$S 1.300 millones. A pesar de que la decisión respecto a la construcción de la planta, cuyo nombre sería Três Lagoas y que produciría al estar culminada en 2010 cerca de un 1 millón de toneladas por año, será tomada en los meses venideros, el gobierno brasileño ha manifestado su beneplácito a la instalación de la fábrica de celulosa.

 

En el Estado de Río de Janeiro se decidió rever una ley ambiental que obstaculizaba la inversión del sector celulósico en la zona. Ahora hay en discusión un nuevo proyecto de ley sobre las plantaciones comerciales de árboles, que significaría dar luz verde para que 14 municipios del Norte y Nordeste del Estado se conviertan en zonas productoras de eucaliptos para las industrias de papel y celulosa y madereras. Desde largo tiempo atrás grandes empresas de esos sectores habían manifestado su interés en invertir en el Estado de Río. Pero había una ley del entonces diputado estadual Carlos Minc, hoy secretario de Medio Ambiente, que exigía una contrapartida que inviabilizaba los proyectos. En efecto, la ley 4.063/2003 disponía que por cada cien hectáreas de plantaciones comerciales, se reforestaran 30 hectáreas con especies nativas, como  compensación. La propuesta de los secretarios municipales de Medio Ambiente (Minc entre ellos), es enviar a la Asamblea Legislativa un nuevo proyecto de ley que reduzca la contrapartida de 30 a 10 hectáreas para las zonas del Norte y Nordeste del Estado.

 

Las plantaciones de eucaliptos en gran escala para exportación, aún cuando se conviertan en legales, nunca serán morales. No es moral destinar tierras fértiles para ese fin cuando el pueblo pasa hambre, cuando los pueblos indígenas, primeros y eternos dueños de aquellas tierras, están en los bordes de los caminos sin que les hayan demarcado sus tierras, cuando a las comunidades afrobrasileñas no se les reconocen legalmente sus territorios, cuando el número de los sin tierra aumenta, cuando no hay unidades de conservación ni incentivos a la producción que implique la protección de la naturaleza.

 

Como muestra de un modelo alternativo que funciona y da soluciones a la gente, el Asentamiento Santa María de Ibicuí, establecido en 6.600 hectáreas donde cada unidad familiar posee media hectárea, el año pasado produjo 80.000 litros de leche al mes, además de plantaciones de maíz, de sandía y aipim en las pequeñas huertas. Las 220 familias asentadas conforman un total de 900 a 1.000 personas. Los adultos tienen empleo y generan ingresos para el municipio.

 

Hay alternativas, hay otros modelos posibles. Lo que hay que construir es la voluntad para transitar por ellos. En eso está el pueblo brasileño que resiste y construye.

 

Artículo elaborado en base a información obtenida de: Comunicado de la Red Alerta contra el Desierto Verde del 27/02/2007, transmitiendo la noticia del asesinato de Antonio Joaquim dos Santos, enviado por FASE, correo electrónico: geise.fase@terra.com.br; “O tirano projeto da celulose no Rio Grande do Sul - reflexões a partir do Seminário em Manoel Viana”, por Ana Paula Fagundes, correo electrónico: sorriam@hotmail.com, versión completa en http://www.wrm.org.uy/paises/Brasil/Informe_Viana.pdf ; “Proyectan construir nueva planta de celulosa en Brasil”, diario La República, Uruguay, febrero de 2007; “Stora Enso prevê uma área de 100 mil hectares para plantar eucaliptos no RS”, 2/3/2007; “Eucalipto no Norte do Rio de Janeiro”, Clipping Service, y “Conjuntura do monocultivo de eucalipto no Rio Grande do Sul e a luta dos movimentos sociais”, por J.H. Hoffmann y Lino De David, enviados por Joao Pedro Stedile, MST, correo electrónico: sgeral@mst.org.br

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- Camboya: los indígenas Jarai inician acciones legales para reclamar su tierra

 

La pérdida de tierras y de acceso a los recursos naturales está empeorando la crisis de la economía y los medios de subsistencia de las comunidades rurales de Camboya. “Se está despojando a la gente de sus tierras por quienes tienen poder político y dinero”, escribe Shalmali Guttal en un informe reciente para Focus on the Global South.*

 

Asimismo, señala Guttal, la pérdida de tierra se traduce en “hambre, falta de efectivo, problemas de salud y pobreza extrema para las comunidades rurales”. Cuando las comunidades indígenas pierden su tierra, eso implica también la pérdida de su sustento, cultura y tradición. “La pérdida de territorios tradicionales provoca consecuencias extremadamente graves para las comunidades indígenas, entre ellas enfermedades, indigencia e incluso la muerte.”

 

Para el año 2004, las empresas privadas habían tomado el control de 2,7 millones de hectáreas de tierra bajo contratos de concesión. Dentro de esta cifra están las “concesiones económicas de tierras”, utilizadas para plantaciones industriales, minería, exploración petrolera, pesca y turismo. En muchos casos, las concesiones se establecen en tierras pertenecientes a los aldeanos. Tratan de contrarrestar la resistencia mediante sobornos a los jefes de la aldea, a menudo seguidos de demostraciones de violencia por parte de la policía, militares o guardias de seguridad privados.

 

Algunos de los casos más flagrantes de usurpación de tierras tuvieron lugar en la provincia de Ratanakiri, al nordeste de Camboya. Las aldeas indígenas Jarai de Kong Yu y Kong Thom, en el área de O’Yodao, permiten ver de un vistazo lo que está sucediendo en todas partes del país.

 

En los últimos tres años, las tierras de los Jarai han sido arrasadas para dar lugar a una plantación de caucho de 500 hectáreas. Un cartel a la entrada de la plantación del pueblo de Kong Yu dice: “Prohibida la entrada sin autorización”.

 

La concesión pertenece a Keat Kolney, hermana del Ministro de Finanzas de Camboya, Keat Chhon. A su vez, el Ministro de Ordenamiento Territorial es Chhan Saphan, esposo de Keat Kolney. Las autoridades locales forzaron el acuerdo por medio de amenazas, engaños y fraude. Algunos miembros del Consejo Comunal admitieron públicamente haber aceptado sobornos para asegurar que se llevara a cabo la transacción de tierras.

 

A comienzos del 2004, cuando los funcionarios comunales pidieron a los aldeanos que vendieran sus tierras, estos se negaron. Entonces los funcionarios volvieron con una historia, diciendo que el Primer Ministro Hun Sen necesitaba la tierra para los soldados discapacitados y que los aldeanos no tenían ningún derecho a la misma. Al no estar seguros de sus derechos, y reacios a crear problemas con el primer ministro o la armada, aceptaron entregar 50 hectáreas de tierra.

 

En agosto de 2004, los funcionarios organizaron una fiesta para los aldeanos ofreciéndoles cerdo, cerveza y dos grandes jarras de sake. Ya avanzada la fiesta los funcionarios tomaron las huellas digitales de los aldeanos con tinta roja. Una semana más tarde, junto con Keat Kolney, distribuyeron regalos, como pareos, y dinero. Luego pidieron a los aldeanos que firmaran con su huella digital documentos que no entendían.

 

Sayo Tem, aldeano Jarai, dijo al Phnom Penh Post que “nos dijeron que si no estábamos de acuerdo con la venta de la tierra o no aceptábamos el dinero, de todas formas tomarían la tierra sin pagar nada ni darnos [siquiera] un grano de sal”.

 

Cuando las excavadoras comenzaron a arrasar sus tierras y bosques, los aldeanos se dieron cuenta de que habían sido engañados. La tierra había sido transferida a Keat Kolney, no a soldados discapacitados, y el área era de 500 hectáreas, diez veces la superficie acordada previamente. Los aldeanos de Kong Yu presentaron una queja ante las oficinas administrativas locales.

 

En febrero de 2006, 200 aldeanos se reunieron en la oficina comunal local para solicitar información sobre la empresa que estaba talando su tierra y para expresar sus preocupaciones. Los funcionarios los acusaron de causar tensiones sociales y la policía los amenazó con arrestarlos si llevaban a cabo cualquier otra manifestación.

 

El 23 de enero de 2007, las ONG Community Legal Education Center (CLEC) y Legal Aid of Cambodia (LAC) presentaron una demanda a solicitud de los aldeanos, para intentar recuperar la posesión de su tierra.

 

In Sam Ath, representante de Keat Kolney, argumenta que las huellas digitales prueban que la transacción es legal. “Las autoridades provinciales ponen a nuestra plantación como un ejemplo para nuevos inversores”, dijo al Cambodia Daily.

 

De hecho, la ley de contratos de Camboya establece que los contratos deben ser firmados libremente, entre partes informadas, sin fraude, engaño o coacción. La legislación en materia de tierras incluye la protección a los territorios indígenas y el reconocimiento de la propiedad colectiva de los mismos. El manejo de la tierra, como por ejemplo la transferencia de derechos, debe estar libre de interferencia oficial. Aceptar sobornos, como ha sido admitido por varios funcionarios, es también ilegal.

 

“Ratanakiri está actualmente en crisis”, dice Ngy San, subdirector de NGO Forum. “La apropiación de tierras está fuera de control y está devastando la vida de los indígenas. Kong Yu es emblemático por ser el peor de los casos de este tipo, donde los intereses de los ricos y poderosos se contraponen a las necesidades de los pobres. La forma en que este caso sea manejado por la Corte será una prueba decisiva para las disputas territoriales en toda Camboya.”

 

El CLEC solicita el envío de cartas al Primer Ministro Hun Sen y a los embajadores en Camboya, en apoyo a los aldeanos de Kong Yu y Kong Thom. Encontrarán modelos de cartas en:

http://www.wrm.org.uy/paises/Camboya/Cartas.html

 

* Shalmali Guttal, 2006, “Land and Natural Resource Alienation in Cambodia”, Focus on the Global South. Ver: http://www.focusweb.org/land-and-natural-resource-alienation-in-cambodia-17.html

 

Por Chris Lang, correo electrónico: http://chrislang.org, www.chrislang.blogspot.com

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- Camerún: la dura realidad de las plantaciones de palma aceitera

 

En diciembre pasado, cuatro personas (un camerunés, una pareja suiza y un uruguayo), recorríamos el camino público que atraviesa las plantaciones de palma aceitera de Socapalm (Société Camerounaise des Palmeraies) en la región de Kribi. Al llegar a la barrera de control instalada por la empresa –que ya habíamos atravesado más temprano en el día- fuimos detenidos por un guardia de seguridad privada, que nos exigió nuestros documentos de identidad. Al preguntarle el porqué de tal demanda, nos informó que así se lo habían exigido “agentes secretos” de Socapalm que estaban al tanto de nuestra visita. Agregó que también se le había dicho que tenía que llevarnos a la oficina de información de la empresa. Por supuesto que ni le entregamos nuestros documentos ni aceptamos que nos llevara a la tal oficina de información porque la empresa no tiene derecho legal a exigirlo. Sin embargo, la anécdota sirve para ilustrar el poder de la empresa y el control de tipo policial que ejerce sobre los pobladores de la zona.

 

A pesar de su nombre, Socapalm no es una “sociedad camerunesa”, sino que pertenece al poderoso grupo francés Bolloré, que también es propietario de otra gran plantación de palma aceitera en la región de Kribi (Ferme Suisse), que en conjunto totalizan 31.000 hectáreas.

 

En el boletín del mes pasado publicamos un artículo sobre los graves impactos sociales y ambientales de una plantación de caucho en la misma región de Kribi (perteneciente a la empresa Hevecam). Lo interesante es que el presente artículo es casi igual al anterior, con la única diferencia de que el nombre de las empresas es distinto.

 

En efecto, los indígenas Bagyeli (“pigmeos”) que viven en las inmediaciones de las plantaciones de palma dijeron prácticamente lo mismo que los Bagyeli afectados por las plantaciones de caucho. Socapalm los desalojó de sus viviendas, prometiéndoles casas modernas. Las palmas fueron plantadas, crecieron, dieron fruto, fueron cosechadas, pero la empresa no construyó ni una sola casa.

 

Ahora estos Bagyeli están rodeados de plantaciones, a las que no se les permite ingresar. En caso de hacerlo, si los guardias los agarran los expulsan a latigazos. Están forzados a vivir en una zona inundable donde abundan los mosquitos y las enfermedades asociadas a los mismos.

 

En cuanto a medios de vida, apenas pueden sobrevivir. Por un lado, la empresa no les da trabajo y las pocas veces que lo hace les paga mucho menos que a otros trabajadores. Lo único que queda para cazar dentro de la plantación son ratas. Solo se caza algo en las márgenes de la plantación y más lejos en la montaña.

 

Todo ello es consecuencia de la destrucción del bosque tropical llevado a cabo por la empresa para convertirlo en plantaciones de palma. Antes los Bagyeli (expertos cazadores y recolectores), encontraban en el bosque todo lo necesario para vivir (carne, fruta, etc.). Ahora ni siquiera cuentan con agua limpia, ya que la misma está contaminada por fertilizantes químicos y por sedimentos resultantes de la erosión. En materia de salud, los problemas vinculados a la mala alimentación, el agua contaminada y el sitio malsano donde viven se agravan por no contar más con las plantas utilizadas en su medicina tradicional. El hospital es propiedad de Socapalm y como no están en la plantilla de la empresa, deben pagar en caso de ser hospitalizados.

 

Con respecto a los trabajadores de la empresa la situación tampoco resultó ser diferente a la de las plantaciones de Hevecam. También aquí habitan hacinados en viviendas propiedad de la empresa, también trabajan bajo subcontratistas, también tienen problemas de la vista por la inexistencia de protección frente al polvo que cae del racimo de frutos, también aplican agrotóxicos sin el necesario equipo de protección, también tienen problemas con el agua potable y el saneamiento.

 

En materia sindical, trabajadores de la empresa nos contaron que no existe sindicato independiente y que es muy difícil que lo vaya a haber. En 1992 hubo una huelga reivindicando mejores condiciones de trabajo y aumento del “salario miserable” que percibían. El resultado fue que los dirigentes de la huelga fueron presos y despedidos.

 

En momentos en que se promueven las plantaciones de palma para abastecer de combustible a los países del norte, es necesario que los consumidores de esos países sepan que éste no es de ninguna manera un combustible “verde”, sino que su verdadero color resulta de la combinación de explotación social, violación de derechos humanos y destrucción ambiental.

 

Por: Ricardo Carrere, en base a información recopilada durante la recorrida realizada en la región en diciembre de 2006 con los investigadores Sandra Veuthey y Julien-Francois Gerber. El autor agradece el apoyo recibido del Centre pour l'Environnement et le Développement (CED), que hizo posible la recorrida.

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- Colombia: empresa de celulosa irlandesa-holandesa acusada de graves delitos sociales y ambientales

 

El Tribunal Permanente de los Pueblos – Capítulo Colombia se reunió del 26 al 27 de febrero del 2007 en el bajo Atrato, para juzgar a las empresas transnacionales por el tema de la biodiversidad y la explotación de los recursos naturales en Colombia. Las comunidades y las organizaciones sociales participantes -- entre ellas las ambientales--, acusaron a Smurfit Kapa - Cartón de Colombia "por violación de derechos humanos, ambientales, sociales y culturales. Específicamente por: destrucción de selvas húmedas tropicales, bosques andinos y otros ecosistemas y por destruir el tejido social, medios de producción tradicional y cultural de las comunidades; suprimir y contaminar fuente hídrica; influir la formulación de políticas gubernamentales en el país y presionar a funcionarios del Estado en pro de los intereses de la multinacional; ocultar información relacionada con la empresa y manipular los medios de comunicación tanto a escala regional como nacional; usar falsos postulados, información y publicidad mentirosa para justificar sus actividades y enmascarar los impactos generados; acusar y criminalizar con argumentos falsos a quienes denuncian su accionar incorrecto".

 

En cincuenta años de presencia en territorio colombiano, la empresa ha destruido buena parte de la zona selvática húmeda tropical del bajo Calima en el departamento del Valle del Cauca (Chocó biogeográfico) y Bosque Andino, rastrojos altos y otros ecosistemas en los departamentos del eje cafetero. Ha desarrollado plantaciones en territorio de las comunidades indígenas que viven en los departamentos del Cauca y de Caldas; también tiene sembrados en tierras donde se desarrollaban actividades agrícolas y ganaderas que dinamizaban las economías agrarias de las poblaciones en los departamentos del Cauca, Valle del Cauca, Risaralda, Quindío, Tolima y Antioquia.

 

Como prueba de las acusaciones a Smurfit Kapa - Cartón de Colombia, se entregó por parte de los denunciantes un libro escrito por Joe Broderick (El Imperio de cartón – Impacto de una multinacional papelera en Colombia) donde se presenta la investigación financiada por el Proyecto Biopacífico Ministerio del Ambiente PNUD – GEF/92/G31. Resalta el autor que en el año 1993, cuando estuvo viviendo en Dublín, conoció que el 70% de las ganancias de “Smurfit” las obtiene en Venezuela, México y Colombia.

 

Se recogen ampliamente los daños ocasionados por la tala rasa en las zonas transicionales entre bosque muy húmedo tropical y bosque pluvial tropical en la región Pacífica de colinas bajas al sur del río San Juan y el río Calina, en el Chocó biogeográfico, resaltando la afectación a las comunidades afrodescendientes y a las comunidades indígenas de la etnias Embera y Waunamas.

 

En las zonas de explotación forestal, las comunidades afrodescendientes e indígenas