¿Cuándo
dejará la FAO de llamar “bosques” a las plantaciones
de madera rápida?
La Organización
de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)
tiene la tarea de realizar evaluaciones periódicas sobre la situación
de los bosques del planeta. Con ese fin ha elaborado diversas definiciones,
una de las cuales (obviamente) refiere a qué es lo que se puede
considerar un bosque. Ésta debería haber sido una misión relativamente
fácil… de no ser porque la FAO decidió definir las plantaciones
(incluidas aquellas de especies exóticas) como "bosques plantados".
El informe de
reciente publicación “Situación de los Bosques del Mundo 2007” incluye
un recuadro (8) titulado “Bosques plantados en la serie de características
forestales” (ver nota 1) por el cual las
“plantaciones productivas” se encuentran bajo el titular “bosques
plantados” y se definen como “bosques de especies incorporadas y/o
especies autóctonas establecidas a través de plantación o siembra
principalmente para la producción de bienes madereros o no madereros”.
Vale la pena señalar que en ese recuadro hasta los “árboles de ambientes
urbanos" se incluyen en "la serie de características forestales".
De lo anterior
queda claro que, para la FAO, “toda plantación productiva de árboles”
(por ejemplo, un monocultivo de eucaliptos de rápido crecimiento)
no es sólo un “bosque plantado”, sino sencillamente un “bosque”.
Esto tiene consecuencias sumamente importantes porque una y otra
vez la evaluación de la FAO (debido a esta definición) oculta la
realidad de la deforestación generalizada, la realidad igualmente
importante de la degradación de los bosques y el empobrecimiento
biológico de los mismos, y los impactos negativos que plantaciones
de eucaliptos, pinos, acacias, tecas, gmelinas, caucho y demás árboles
exóticos ejercen sobre la población y su medio ambiente.
Quizás se pueda
discutir si es posible o no considerar como bosque la plantación
de una especie autóctona, pero no hay duda de que una plantación
de eucaliptos en Sudáfrica o en Brasil, o una plantación de pinos
en Chile, o una plantación de caucho en Camboya, o una plantación
de gmelina en Costa Rica, o una plantación de cryptomeria en India
no lo son. Sin embargo, la FAO no sólo los define como “bosques”,
sino que los incluye como parte de la cobertura forestal del mundo.
Es preciso hacerle
entender a la FAO que este no es un tema que se deba discutir entre
un círculo cerrado de expertos, como ha sucedido hasta la fecha,
porque esta definición poco científica tiene consecuencias negativas
concretas para la gente y el medio ambiente. Precisamente estas
personas, quienes sufren los impactos de las plantaciones, son las
verdaderas expertas. Ellas los han definido como “desiertos verdes”,
“soldados plantados”, “cáncer verde”, “bosques muertos”, y estas
definiciones se acercan más a la realidad que las denominaciones
"bosques plantados" o "bosques".
El asunto acerca
de la definición de la FAO no es un ejercicio académico estéril:
tiene que ver con la gente. Tiene que ver con la forma en que esta
definición desempodera a las comunidades autóctonas que luchan contra
las plantaciones a gran escala de monocultivos de árboles: los "bosques
productivos", según la terminología de la FAO. Gobiernos, consultores,
organismos multilaterales, organismos de ayuda y – más importante
aun – las grandes empresas utilizan este concepto de “bosques plantados”
como medio para ocultar las consecuencias que tienen estas plantaciones
para el público en general. A los habitantes de Finlandia se les
dice que Metsa Botnia “planta bosques” en Uruguay o que Stora Enso
“planta bosques" en Brasil y así se les convence de que estas
empresas realizan una labor positiva en el exterior. Sería mucho
más difícil convencerlos de que es aceptable plantar “desiertos
verdes” o “bosques muertos” en los países del sur. Pero eso
es exactamente lo que están haciendo.
El hecho es que
estos monocultivos de árboles exóticos tienen impactos negativos
en los bosques, las praderas, la tierra, los recursos de agua, la
biodiversidad y los medios de vida de los habitantes, y que la FAO
no solamente es responsable de ocultarlo en sus evaluaciones sino
de continuar su apoyo a la instalación de “plantaciones forestales".
La única duda es si la FAO se percata o no de las repercusiones
sociales, ambientales y políticas que esto genera.
Le otorgamos
a la FAO el beneficio de la duda y le recomendamos que inicie un
diálogo en torno a este tema con los expertos más conocedores al
respecto (las personas que sufren el impacto de las plantaciones)
y con organizaciones nacionales e internacionales que los apoyan
y documentan esos impactos. Como paso inicial en esa dirección,
por lo menos debe estar abierta para aprender de organizaciones
tales como CIFOR (siglas en inglés del Centro para la Investigación
Forestal Internacional), que en una publicación de 2003 acuñó el
término "plantaciones de madera rápida". Eso es exactamente
lo que son y la manera en que desearíamos que la FAO las denomine.
¿Acaso será demasiado pedir?
(1) El recuadro
8 figura en la Pág. 88 de la sección del informe disponible en
ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/009/a0773s/a0773s09.pdf