NUESTRA
OPINIÓN
-
¿Cuándo dejará la FAO de llamar “bosques”
a las plantaciones de madera rápida?
La
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO) tiene la tarea de realizar evaluaciones periódicas sobre
la situación de los bosques del planeta. Con ese fin ha elaborado
diversas definiciones, una de las cuales (obviamente) refiere
a qué es lo que se puede considerar un bosque. Ésta debería haber
sido una misión relativamente fácil… de no ser porque la FAO decidió
definir las plantaciones (incluidas aquellas de especies exóticas)
como "bosques plantados".
El
informe de reciente publicación “Situación de los Bosques del
Mundo 2007” incluye un recuadro (8) titulado “Bosques plantados
en la serie de características forestales” (ver
nota 1) por el cual las “plantaciones productivas” se encuentran
bajo el titular “bosques plantados” y se definen como “bosques
de especies incorporadas y/o especies autóctonas establecidas
a través de plantación o siembra principalmente para la producción
de bienes madereros o no madereros”. Vale la pena señalar que
en ese recuadro hasta los “árboles de ambientes urbanos"
se incluyen en "la serie de características forestales".
De
lo anterior queda claro que, para la FAO, “toda plantación productiva
de árboles” (por ejemplo, un monocultivo de eucaliptos de rápido
crecimiento) no es sólo un “bosque plantado”, sino sencillamente
un “bosque”. Esto tiene consecuencias sumamente importantes porque
una y otra vez la evaluación de la FAO (debido a esta definición)
oculta la realidad de la deforestación generalizada, la realidad
igualmente importante de la degradación de los bosques y el empobrecimiento
biológico de los mismos, y los impactos negativos que plantaciones
de eucaliptos, pinos, acacias, tecas, gmelinas, caucho y demás
árboles exóticos ejercen sobre la población y su medio ambiente.
Quizás
se pueda discutir si es posible o no considerar como bosque la
plantación de una especie autóctona, pero no hay duda de que una
plantación de eucaliptos en Sudáfrica o en Brasil, o una plantación
de pinos en Chile, o una plantación de caucho en Camboya, o una
plantación de gmelina en Costa Rica, o una plantación de cryptomeria
en India no lo son. Sin embargo, la FAO no sólo los define como
“bosques”, sino que los incluye como parte de la cobertura forestal
del mundo.
Es
preciso hacerle entender a la FAO que este no es un tema que se
deba discutir entre un círculo cerrado de expertos, como ha sucedido
hasta la fecha, porque esta definición poco científica tiene consecuencias
negativas concretas para la gente y el medio ambiente. Precisamente
estas personas, quienes sufren los impactos de las plantaciones,
son las verdaderas expertas. Ellas los han definido como “desiertos
verdes”, “soldados plantados”, “cáncer verde”, “bosques muertos”,
y estas definiciones se acercan más a la realidad que las denominaciones
"bosques plantados" o "bosques".
El
asunto acerca de la definición de la FAO no es un ejercicio académico
estéril: tiene que ver con la gente. Tiene que ver con la forma
en que esta definición desempodera a las comunidades autóctonas
que luchan contra las plantaciones a gran escala de monocultivos
de árboles: los "bosques productivos", según la terminología
de la FAO. Gobiernos, consultores, organismos multilaterales,
organismos de ayuda y – más importante aun – las grandes empresas
utilizan este concepto de “bosques plantados” como medio para
ocultar las consecuencias que tienen estas plantaciones para el
público en general. A los habitantes de Finlandia se les dice
que Metsa Botnia “planta bosques” en Uruguay o que Stora Enso
“planta bosques" en Brasil y así se les convence de que estas
empresas realizan una labor positiva en el exterior. Sería mucho
más difícil convencerlos de que es aceptable plantar “desiertos
verdes” o “bosques muertos” en los países del sur. Pero
eso es exactamente lo que están haciendo.
El
hecho es que estos monocultivos de árboles exóticos tienen impactos
negativos en los bosques, las praderas, la tierra, los recursos
de agua, la biodiversidad y los medios de vida de los habitantes,
y que la FAO no solamente es responsable de ocultarlo en sus evaluaciones
sino de continuar su apoyo a la instalación de “plantaciones forestales".
La única duda es si la FAO se percata o no de las repercusiones
sociales, ambientales y políticas que esto genera.
Le
otorgamos a la FAO el beneficio de la duda y le recomendamos que
inicie un diálogo en torno a este tema con los expertos más conocedores
al respecto (las personas que sufren el impacto de las plantaciones)
y con organizaciones nacionales e internacionales que los apoyan
y documentan esos impactos. Como paso inicial en esa dirección,
por lo menos debe estar abierta para aprender de organizaciones
tales como CIFOR (siglas en inglés del Centro para la Investigación
Forestal Internacional), que en una publicación de 2003 acuñó
el término "plantaciones de madera rápida". Eso es exactamente
lo que son y la manera en que desearíamos que la FAO las denomine.
¿Acaso será demasiado pedir?
(1)
El recuadro 8 figura en la Pág. 88 de la sección del informe disponible
en
ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/009/a0773s/a0773s09.pdf
inicio
LA
FAO EN LA MIRA
-
Lo que oculta la definición de la FAO
Una
vez más, como cada dos años, FAO ha publicado su informe “Situación
de los Bosques del Mundo 2007” (http://www.fao.org/docrep/009/a0773s/a0773s00.htm),
donde “se examinan los progresos hacia la ordenación forestal
sostenible”. A pesar de que admite que “La deforestación continúa
a un ritmo alarmante de cerca de 13 millones de hectáreas anuales”,
la conclusión general del informe es que “se han hecho progresos”
--si bien agrega que “de manera desigual”.
Tal
parece que no puede reconocerse el grave estado actual de los
bosques y el ambiente en general: la deforestación masiva de los
manglares para dar lugar a las granjas camaroneras, las vastas
superficies de tierra dadas en concesión a la agroindustria (para
plantaciones industriales de árboles o cultivos), la minería,
las represas hidroeléctricas, el madereo industrial --actividades
todas que implican la degradación y/o destrucción de los bosques
con los consiguientes impactos sociales y económicos en las comunidades
locales. Prácticamente nada de eso aparece en el informe de la
FAO. Y tampoco se identifican las causas subyacentes de
esa destrucción.
En
el informe se dice que algunas regiones “en particular las constituidas
por economías en desarrollo y ecosistemas tropicales, continúan
perdiendo superficie forestal, a la vez que carecen de instituciones
apropiadas para poder invertir esta tendencia”. En el caso de
África se dice que “la capacidad de las instituciones de aplicar
una ordenación forestal sostenible es limitada, debido en gran
parte a la situación social y económica general desfavorable”.
Al
respecto, resulta oportuno citar lo que decía Assitou Ndinga,
de la República Democrática del Congo, sobre los factores externos
que afectan las decisiones de los organismos forestales nacionales:
“la globalización y la inserción de los países centroafricanos
en redes ... internacionales ... tienen efectos positivos pero
también coercitivos que debilitan su compromiso con la causa de
los ecosistemas de bosque. Esto es debido tanto a la hegemonía
occidental y a la cultura de la sociología de las relaciones internacionales
en los países occidentales, como al escaso sentimiento nacionalista
de los africanos”. Y agregaba que la diplomacia oficial occidental
“suele estar al servicio de fuerzas que, en el pasado, provocaron
el debilitamiento de las estructuras y el empobrecimiento de la
región; fuerzas cuya primera preocupación es el interés personal
pero que instrumentalizan el poder de su propio Estado y los convenios
internacionales” (ver Boletín del
WRM Nº 107).
A
esta falta de reconocimiento de la dimensión de la pérdida
de bosques y de profundización en las causas de la misma se agrega
otra carencia: la definición que incluye a las plantaciones forestales
industriales como una subcategoría de bosque -- “bosques plantados”.
Esa definición contribuye a legitimar la expansión de los monocultivos
en gran escala de árboles, ocultando la miseria, exclusión y destrucción
ambiental que ha dejado en numerosos países del Sur. La FAO maneja
errónea y confusamente el concepto de cobertura forestal, equiparándolo
a bosque e incluyendo allí las plantaciones, dando como resultado
la subestimación del grado de destrucción de los bosques y la
invisibilización de la gravedad de las plantaciones forestales.
Por otro lado, los datos que brinda la FAO acerca de las plantaciones
forestales ocultan tanto la naturaleza del problema y su verdadera
magnitud -- en cuanto al porcentaje de superficie ocupada en los
países afectados --, como los responsables, los mecanismos de
apropiación de los bienes naturales y los impactos sobre la gente
y el ambiente.
No
estamos diciendo con esto que sea la FAO el único actor de la
reconversión de grandes extensiones de ecosistemas -- praderas,
bosques, páramos -- en “desiertos verdes” de monocultivos de árboles.
Es innegable que son fundamentalmente grandes intereses económicos
los motores de la expansión --entre ellos la industria celulósica
papelera mundial en busca de materia prima barata para abastecer
el consumo derrochador del Norte. Pero la FAO ha sido funcional
al proceso, en tanto organismo “experto” que participa activamente
en procesos internacionales (como la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo
Sostenible) y cuya orientación, promoción y legitimación puede
ser tomada como punto de partida en distintos foros y ámbitos
internacionales.
Como
forma de demostrar las derivaciones que trae la definición de
las plantaciones forestales como bosques, brindamos a continuación
comentarios sobre las secciones del informe tituladas: Bosques
plantados, La tenencia de los bosques, La restauración del paisaje
forestal y El sector forestal y la reducción de la pobreza.
Los
“bosques plantados” de la FAO
La
sección encabezada bajo el título de “bosques plantados” (pág.
88) muestra un cuadro que identifica a los 10 países con la mayor
superficie de “bosques plantados” en 2005, entre los cuales figuran
Estados Unidos, Rusia, Japón, Suecia, Polonia, Finlandia, junto
con Brasil, India, China y otros.
Más
allá de la absoluta discrepancia que tenemos con la idea inaudita
de que pueda “plantarse” un ecosistema, el cuadro resulta absolutamente
engañoso. La definición de “bosques plantados” de la FAO iguala
a “los bosques con componentes plantados” –como sería el caso
de Finlandia o Suecia- con las “plantaciones para producción”,
generalmente con especies exóticas de rápido crecimiento, que
definen a los monocultivos de árboles que avanzan sobre los territorios
de los países del Sur y permanecen invisibles en las estadísticas
de la FAO.
Durante
más de 10 años hemos llevado adelante una Campaña sobre este tema,
a partir de las evidencias proporcionadas por comunidades indígenas
y campesinas, organizaciones sociales y ambientales, académicos,
investigadores, personas afectadas y otras sensibilizadas ante
el tema. Tenemos cientos de artículos y libros que recogen denuncias
y procuran dar voz a quienes no tienen lugar para expresarse en
los sitios de poder.
Investigaciones
realizadas en Sudáfrica, Swazilandia, Uganda, Uruguay, Brasil,
Chile, Ecuador, Camboya, Tailandia, Vietnam, Indonesia, y testimonios
recogidos en esos y otros países como Malasia, India, Australia,
Kenia, Nueva Zelanda, Argentina, Colombia, Venezuela, Ghana y
otros dan cuenta de los graves impactos que han causado y causan
en esos países los monocultivos de árboles.
Sin
embargo, apenas dos de estos países mencionados -- Brasil e India--
figuran en la lista de la FAO, en tanto que en todos los demás
los monocultivos industriales son invisibilizados. Las más de
2 millones de hectáreas en Chile, los 3 millones de hectáreas
en Indonesia, el millón y medio de hectáreas en Sudáfrica, los
5 millones en Brasil y las cientos de miles de hectáreas plantadas
con árboles en decenas de países del Sur parecen no existir. Sin
embargo, sí existen y sus impactos han sido ya documentados.
Al
mismo tiempo, el cuadro de la FAO esconde el porcentaje de territorio
que ocupan las plantaciones en cada país o región y con ello la
incidencia de sus impactos. Por ejemplo, en el caso de Swazilandia,
ocupan casi el 10% del territorio nacional y están ubicadas además
en las mejores tierras. Lo mismo sucede al interior de muchos
países, donde determinados estados o provincias contienen altísimos
porcentajes de sus tierras ocupadas por dichos monocultivos (Kwazulunatal
en Sudáfrica, Misiones en Argentina, Espirito Santo en Brasil,
la Novena Región en Chile, etc.)
La
tenencia de los bosques
“La
propiedad pública forestal sigue siendo con mucho la categoría
predominante en todas las regiones”, dice la FAO en su informe
(pág. 80). Y agrega que “a nivel mundial, el 84% de las tierras
forestales y el 90% de otras tierras boscosas son de propiedad
pública”.
En
esta sección de la Parte II figura una gráfica que ilustra los
números de la “tenencia forestal” en 19 países del sudeste asiático
y de la cual surge que el 92% son de propiedad pública -- totalizando
365 millones de hectáreas de bosque --, mientras que la industria
figura con un magro 1%.
Estos
números ocultan en principio dos cosas: que aunque estén en manos
públicas, numerosos bosques son destruidos por empresas que reciben
derechos de concesión para actividades extractivas -- madereo,
minería -- y para el establecimiento de plantaciones, y que justamente
esas concesiones les dan derechos que implican que esos bosques
están en manos privadas.
Esta
es una realidad que ocurre en Asia, África y América Latina. En
Panamá, el gobierno aprobó grandes concesiones para el desarrollo
de la industria minera sobre los bosques, perjudicando a los pueblos
que viven en ellos, como es el caso de la extracción de cobre
y oro dentro de los territorios de los Ngobe-Bugle y de los Kuna.
En la República Democrática del Congo, 103 empresas madereras
recibieron, en 2005, concesiones que abarcan 147.526 kilómetros
cuadrados de bosques. En Gabón, la mayor parte de los bosques
ya han sido asignados a concesiones madereras, mientras que más
de la mitad del territorio de Surinam, para beneficio de un puñado
de personas, está bajo concesiones, entre ellas las otorgadas
para explotación de madera y oro en bosques tropicales que son
de vital importancia para los Marunes. El sector forestal de la
República Centroafricana está dominado por compañías y capitales
de origen francés, que intervienen en la explotación de casi la
mitad de los 3,2 millones de hectáreas de bosques entregados en
régimen de concesión. Las concesiones otorgadas en Birmania, en
el estado de Kachin --una de las últimas grandes zonas de bosques
intactos del sudeste asiático continental-- habilitan a unas pocas
elites a enriquecerse con la extracción de los recursos naturales,
el madereo y la minería, mientras que en Camboya, a fines de la
década de 1990 el gobierno entregó más de un millón de hectáreas
de concesiones al madereo --a costa de las tierras y bosques de
los pobladores locales, que han constituido sus medios de vida
durante generaciones-- y concesiones de tierras, muchas de las
cuales fueron para establecer plantaciones industriales de árboles
a gran escala que, según el criterio de la FAO, figurarían como
bosques.
También
quedarían dentro de las estadísticas de bosques las plantaciones
que realiza en Indonesia la empresa Asia Pulp & Paper (APP),
vinculada a la celulosa y el papel. APP ha recibido dos concesiones
para plantaciones de árboles para celulosa en las provincias de
Riau y Jambi. En esta última trabaja con Acacia mangium
como materia prima de la celulosa. Hasta el momento, la superficie
ya convertida y por convertirse en “tierra de acacias” por la
compañía llega a 500.000 hectáreas en la provincia. En Riau, la
empresa está estableciendo plantaciones con gran rapidez para
poder alimentar sus fábricas de celulosa, convirtiendo bosques
en plantaciones y superponiéndose con tierras comunitarias. En
el sur de Sumatra APP tiene otra concesión que abarca 380.000
hectáreas. Durante la década de 1970 el gobierno de Indonesia
declaró 140 millones de hectáreas de tierras como bosques estatales,
con lo cual se aseguró el control del Estado sobre bosques administrados
tradicionalmente por miles de comunidades locales. Al igual que
con las concesiones para el madereo industrial, el gobierno entrega
concesiones a la industria de la pulpa y el papel sin considerar
quién vive allí ni quiénes han usado tradicionalmente el bosque
(ver Boletín Nº 101 del WRM).
Ahora tiene planes de establecer otros cinco millones de hectáreas
de plantaciones de acacia para pulpa de papel.
La
restauración del paisaje forestal
En
esta sección (pág. 76) la FAO define que la “restauración del
paisaje forestal” se trata de “enfoques prácticos que no pretenden
restablecer los bosques primigenios de antaño” sino adoptar otros
enfoques que permitan “restaurar las funciones de los bosques
y árboles y potenciar su contribución a medios de vida y usos
de las tierras sostenibles”.
Para
graficar su modelo, la página dedicada a este tema ostenta una
foto cuya nota al pie sirve para tener bien claro a qué se apunta:
un “mosaico de bosques plantados para la producción de madera
y bosques secundarios regenerados naturalmente para protección
de los valles y los cursos de agua”, en el Estado de Bahía,
Brasil.
Entre
1970 y 1985, Bahía perdió el 70% de sus bosques nativos con la
llegada de las empresas de papel y celulosa Suzano-Bahia Sul,
Aracruz, CAF Santa Bárbara Ltda. y Veracel. El extremo sur de
Bahía conserva tan solo el 4% de la Mata Atlántica original en
áreas de reserva y más de la mitad de las tierras cultivables
está en manos de las empresas. La expulsión de los trabajadores
rurales, quilombolas (descendientes de esclavos), indígenas y
pequeños agricultores provocó un aumento de las favelas, la desintegración
de grupos y familias, violencia y miseria.
Lejos
está ese proceso destructivo de ser una restauración. El eufemismo
esconde la tragedia de la ocupación de los territorios del Sur
por los grupos de poder que buscan condiciones favorables para
sus monocultivos de árboles -- es decir, mano de obra y tierra
barata así como condiciones de suelo, agua y clima que permiten
un rápido crecimiento de los árboles exóticos introducidos, además
de poder dejar fuera de sus países la contaminación y la conflictividad
social.
En
setiembre de 2006, un conjunto importante de “hombres, mujeres
y jóvenes, trabajadores rurales y urbanos, indígenas, ambientalistas,
científicos, profesores y estudiantes” de Bahía denunciaban “la
situación de degradación y miseria en que se encuentra la región
del Extremo Sur de Bahía, promovida por la empresa de celulosa,
Veracel, una joint venture de Stora Enso”. En la carta se afirmaba
que la empresa provocó la pérdida de trabajo de “aproximadamente
400 trabajadores [rurales]”, gran parte de los cuales se trasladaron
a la periferia de ciudades vecinas, y que además, “En toda
la región, la plantación extensiva de eucalipto promovió la desaparición
de diversos ríos y cañadas” (ver
Boletín Nº 110 del WRM).
Para
la gente esto no son cifras ni estadísticas, sino situaciones
trágicas que comprometen su vida, su futuro.
El
sector forestal y la reducción de la pobreza
La
FAO menciona en esta sección (pág. 78) los posibles vínculos entre
los programas forestales nacionales y las estrategias de reducción
de la pobreza, y comenta las conclusiones de diversas entrevistas
mantenidas con autoridades gubernamentales. Una vez más, cuando
hace referencia a la contribución de los “recursos forestales”
a los hogares, así como a la identificación de oportunidades y
obstáculos para la contribución del sector forestal al alivio
de la pobreza, el problema de las plantaciones industriales de
árboles queda totalmente escondido.
¿Qué
se entiende por “recursos forestales”? Si hablamos del bosque
y sus productos, mucho hay para decir acerca del aporte que hacen
a las comunidades que los habitan o dependen de ellos. En el bosque
encuentran alimentos, como miel, frutas, semillas, bellotas, raíces,
tubérculos, insectos, animales silvestres; se sirven de
las resinas, el rattan, el bambú, taninos, colorantes, hojas,
paja, pieles, cueros, para el autoconsumo o como fuente de ingresos
con su venta; y las plantas que allí se encuentran sirven para
forraje, de especial importancia para la producción de ganado
vacuno, ovino, cabras, burros y camellos. Y a ello hay que agregar
los importantes aportes que brinda el ecosistema bosque, en especial
en la regulación del ciclo hidrológico.
Pero
nuevamente volvemos al problema de lo que oculta el concepto de
la FAO, que iguala a las plantaciones con los bosques. Detrás
de ese eufemismo se esconde lo que están sufriendo numerosos pueblos
de Asia, América Latina y África, donde los monocultivos forestales
destruyen la agricultura campesina, sustituyen la producción de
alimentos, impiden la realización de necesarias reformas agrarias
y la devolución y demarcación de tierras indígenas, desplazan
a las comunidades de sus tierras y ecosistemas, les desmantelan
su cultura.
Las
plantaciones de acacia destruyen los bosques de Belum y Temenggor,
en Malasia; en Camboya, los monocultivos de acacia, pino y eucalipto
avanzaron indiscriminadamente sobre las praderas que la población
local Phnong usa para pastar su ganado, así como sobre los bosques
y cementerios ancestrales, elementos esenciales de la cultura
Phnong. En Indonesia se acelera la introducción de plantaciones
de árboles para abastecer la industria de la celulosa y el papel,
que ha entrado en conflicto con los límites y la tenencia de las
poblaciones locales, de lo cual es indicio la enorme cantidad
de “demandas” y “reclamaciones”. En Ecuador, en 2006, jóvenes
de Muisne realizaron una acción contra las plantaciones de árboles
de la empresa japonesa EUCAPACIFIC, que han afectado profundamente
la región, acabando con el agua, la flora y la fauna que antes
abundaban y que eran utilizadas por la población local, y expulsando
a los propios pobladores de la zona. En Colombia, este año el
Tribunal Permanente de los Pueblos – Capítulo Colombia se reunió
para juzgar a las empresas transnacionales por el tema de la biodiversidad
y la explotación de los recursos naturales en ese país, acusando
a Smurfit Kapa - Cartón de Colombia, entre otras cosas, de "
violación de derechos humanos, ambientales, sociales y culturales”,
“destrucción de selvas húmedas tropicales, bosques andinos y otros
ecosistemas y por destruir el tejido social, medios de producción
tradicional y cultural de las comunidades; suprimir y contaminar
fuente hídrica; influir la formulación de políticas gubernamentales
en el país y presionar a funcionarios del Estado en pro de los
intereses de la multinacional”.
Las
empresas forestales llegan con grandes promesas de empleo, vendiendo
el mensaje de que “ofrecen oportunidades de empleo, aún en las
áreas más remotas del país”. Pero investigaciones y testimonios
dicen otra cosa muy distinta (ver “Promesas de empleo y destrucción
del trabajo”
http://www.wrm.org.uy/paises/Brasil/faseESP.pdf; Boletines
Nº 74 y 69
del WRM). Las cifras finales de empleo distan mucho de lo anunciado,
y el trabajo en las plantaciones generalmente es zafral, tercerizado,
mal remunerado, y muchas veces se realiza en condiciones deplorables.
Podríamos
seguir mencionando muchos más casos de los que recogemos y denunciamos
en nuestra campaña contra las plantaciones industriales de árboles.
Lamentablemente abundan.
Mientras
los pueblos y movimientos sociales claman por soberanía alimentaria,
la FAO transita por otros caminos que van en sentido opuesto.
Es hora de que el organismo aborde las causas subyacentes de la
deforestación. Nos gustaría ver un informe que tratara en profundidad
los problemas que acarrea la desigualdad en la tenencia de la
tierra; la falta de democracia participativa, la influencia de
los militares y la explotación de las zonas rurales por las élites
urbanas, el consumo excesivo en los países de altos ingresos,
la industrialización descontrolada –factores que están en la raíz
de la destrucción y degradación de los bosques.
Del
mismo modo, si la FAO aspira a ser el organismo mundial que contribuya
a arrojar luz sobre la situación de los bosques del mundo, con
miras a su cuidado y preservación, también le cabe la responsabilidad
de hacer visible, de una vez por todas, el acuciante problema
de la expansión de los monocultivos en gran escala de árboles
a costa de los territorios, ecosistemas y pueblos de los países
del Sur. La FAO tiene la responsabilidad de dar voz y espacio
a estos cuestionamientos y problemas.
Un
primer paso es que reconozca que las plantaciones no son bosques
y suprima de una vez por todas la insostenible categorización
de los monocultivos de árboles como bosques.
inicio
COMUNIDADES
Y BOSQUES
-
Malasia: comunidades
Penan nómadas y semi-nómadas intensifican campaña contra el grupo
Samling
Durante
los últimos 30 años aproximadamente, una tala intensa y continua
ha tenido lugar en Sarawak. Más del 95% de los bosques originales
de Sarawak ha sido talado al menos una vez. Las pocas zonas restantes
de bosque primario sin protección en Sarawak son regiones montañosas,
cercanas a la frontera con Indonesia, que están siendo rápidamente
taladas por los cinco principales grupos madereros activos en
Sarawak y su miríada de empresas subsidiaras y contratistas asociados.
El
ministerio forestal del Estado de Sarawak habla de la explotación
sostenible de los bosques durante un ciclo de 25 años y de la
asignación de vastas extensiones de tierra para los cultivos industriales
y la plantación de palma. Sin embargo, como sostiene la mayoría
de los biólogos, el resultado neto es la destrucción del delicado
ecosistema de bosques de 100 millones de años y la desaparición
de la cubierta boscosa. Un efecto secundario, ahora evidente en
todo el país, es la contaminación casi general del agua de los
ríos y arroyos con cieno, lo cual ha afectado severamente los
sectores de pesca fluvial y marina.
No
menos crítica es la situación apremiante de los pueblos indígenas
de los bosques de Sarawak, que dependen del bosque para su sustento.
Quedan unos 200 Penan nómadas, y su futuro parece nefasto en términos
de su capacidad de continuar viviendo de la manera que han acostumbrado
hacerlo durante siglos. Muchos de los Penan restantes permanecen
en un estado de constante confrontación con la industria maderera
y el gobierno local para preservar lo que queda de sus tierras
boscosas. Mientras numerosos pleitos por el derecho a la tierra
transitan lentamente a través del sistema legal, la tala continúa
y los pueblos locales no están a la altura de los titulares de
las concesiones madereras y sus contratistas, que cuentan con
poderosos medios y contactos.
El
grupo Samling tiene 1,4 millones de hectáreas en el estado malayo
de Sarawak. En ocasión de su reciente cotización pública en la
bolsa de valores de Hong Kong, 37 organizaciones de 18 países
solicitaron a los inversores y a los bancos que rechazaran a la
compañía por su falta de cumplimiento con las normas sociales
y ambientales básicas.
Samling
ya ha talado vastas áreas de bosque tropical primario en el curso
superior del río Limbang, cerca de la montaña Batu Lawi, considerada
sagrada por los Penan.
Cuatro
comunidades Penan nómadas y semi-nómadas que habitan la zona del
río Limbang, en el Norte del estado de Sarawak, lanzaron un llamado
conjunto a la opinión pública internacional. Las comunidades de
Long Nyakit, Long Peresek, Long Adang y Long Keneng exhortan a
Crédit Suisse, HSBC y Macquarie Securities, los tres bancos que
han patrocinado la reciente cotización bursátil de Samling, a
quitar su apoyo al gigante maderero.
“Samling
está destruyendo lo último que queda de nuestro bosque tropical
en el alto Limbang”, dijo el jefe Awing Tubai en representación
de las comunidades Penan. “Necesitamos agua limpia para tomar
y para pescar, y bosques intactos donde podamos recolectar nuestro
alimento y otros productos del bosque.”
Artículo
basado en: “Rainforest communities step up campaign against Samling”,
Bruno Manser Fonds, www.bmf.ch;
“The Final Chapter for Sarawak's Primary Forests”, ForestAlert.org,
http://forestalert.org/forest.php?lang=en&news_id=5
inicio
-
Paraguay: Ayoreo-Totobiegosode amenazados
por empresa ganadera
En
su gran mayoría los Ayoreo de Paraguay (ver Boletín Nº 96 del
WRM) fueron contactados a la fuerza y deportados a lugares fuera
de sus extensos territorios ancestrales entre 1959 y 1987, así
como desplazados por la ocupación de sus tierras para actividades
agropecuarias. Esa situación los sometió a un alto grado de dependencia
de las misiones religiosas y del mercado regional.
Al
presente son más de 2000 Ayoreo integrantes de la etnia que viven
sedentarizados en 13 asentamientos -- diez comunidades en Bolivia
y tres en el Paraguay -- todas ellas situadas al margen
de su hábitat tradicional. Su cultura se ve crecientemente influenciada
y obstaculizada por el modelo de vida moderno, la que apenas le
cede un espacio marginal, insuficiente para poder discernir y
reorientar su camino al futuro.
Solamente
un grupo local, los Totobiegosode, se encuentra todavía en el
bosque, sin contacto con los demás ayoreos o extranjeros, en una
zona denominada Amotocodie, en el Norte del Chaco Paraguayo. Continúan
su vida nómada sustentada en la caza, en la recolección de frutos
silvestres y miel, y también en la pesca y en pequeños sembradíos
que hacen “al andar”, durante la época de lluvias. Constituyen
con su hábitat -- bosques altos y bajos, palmares, campos abiertos,
cauces secos, arroyos y lagunas -- una unidad inseparable y una
comunidad de vida. Si bien nadie tiene contacto directo con ellos,
su presencia puede ser sentida y comprobada a través de señales
de presencia tales como huellas y huecos en árboles que señalan
que estuvieron cosechando miel. En algunos casos incluso pueden
ser repentinamente percibidos desde lejos.
La
mayor parte del territorio habitado por los grupos en aislamiento
voluntario está en manos de propietarios privados: paraguayos
y extranjeros; estancieros e inversionistas; individuos y empresas.
Menos del 10% del territorio son Parques o Áreas Protegidas Nacionales.
Los desmontes de bosques vírgenes para instalar estancias ganaderas
diezmaron substancialmente los territorios habitados por los grupos
indígenas, fragmentándolos en partes aisladas y divididas entre
sí por cordones sin monte y rutas cada vez más transitadas. Los
grupos del bosque no pueden ya transitar como antes por sus antiguas
sendas de migración anual y acceder a partes del hábitat que son
vitales para su vida y supervivencia.
La
expansión acelerada de las fronteras de la civilización occidental
en el Norte del Chaco Paraguayo constituye una amenaza concreta
tanto para los grupos Ayoreo en aislamiento voluntario como para
los aún extensos bosques con los cuales conviven.
En
estos momentos enfrentan una grave amenaza concreta. La organización
paraguaya Iniciativa Amotocodie – que procura acompañar desde
“afuera” y desde la distancia a los grupos no contactados – ha
denunciado que una empresa de nombre Ganadera UMBU S.A. compró
40.000 hectáreas de bosques primarios intactos en el centro de
Amotocodie, de las cuales 24.000 serán deforestadas para la
instalación de fincas ganaderas. Ya cuenta con los permisos correspondientes
y los trabajos podrían comenzar en cualquier momento. Con el desmonte
existe una alta probabilidad de contacto con grupos aislados.
Ello constituiría una grave violación de los derechos humanos
y de vida de esos grupos que siempre han vivido allí. Además,
según advierte Iniciativa Amotocodie, la misma puede conducir
a un baño de sangre, tal como ya ocurrió en el pasado.
Iniciativa
Amotocodie ha tomado todas las medidas legales del caso, pero
no ha logrado parar el proyecto de desmonte hasta el momento.
Los Ayoreo por su lado, a través de la UNAP (Unión de Nativos
Ayoreo de Paraguay), han presionado a las autoridades competentes
y han hecho pública esta grave situación.
Se
ha organizado una campaña para tratar de detener lo que los Ayoreo
califican de “atentado” contra la vida de su gente en el monte
y el futuro de su pueblo. En la página web de Iniciativa Amotocodie
se invita a enviar una carta a las autoridades paraguayas competentes.
Para mayor facilidad, la carta ya está redactada (en español
http://www.iniciativa-amotocodie.org/actual/files/carta_grave_amenaza.pdf)
y basta con reenviarla a los nombres y direcciones que figuran
al final de la misma.
Los
Ayoreo están decididos a luchar por la integridad de sus hermanos
del monte y del territorio ancestral del Pueblo Ayoreo, mirando
hacia un futuro donde la recuperación de lo propio, tanto de los
territorios perdidos como de su modelo de vida ancestral, comienza
a cobrar sentido. Los grupos en aislamiento voluntario dan testimonio
de un paradigma de relación con la naturaleza que todos los pueblos
indígenas practicaron también, pero que tuvieron que abandonar
a la fuerza. Este paradigma sirve para la reflexión vital de la
propia historia de esas etnias, y de fuente de inspiración para
la búsqueda de alternativas de supervivencia y futuro.
Artículo
basado en: “Grave Amenaza en Amotocodie”, Iniciativa Amotocodie,
http://www.iniciativa-amotocodie.org/actual/20070425_graveamenaza.html;
información enviada por Guadalupe Rodríguez, Rettet den Regenwald
(Salva la Selva Tropical), correo electrónico: guadalupe@regenwald.org,
http://www.regenwald.org/international/spanisch/;
Atlas de las Comunidades Indígenas en el Paraguay, http://www.dgeec.gov.py/Publicaciones/Biblioteca/
Web%20Atlas%20Indigena/171%20Plantilla%20
Ayoreo%20toto.pdf
inicio
-
RDC: resurge amenaza a los bosques tropicales
Los
bosques tropicales congoleños de África Central constituyen, luego
de los bosques del Amazonas, la segunda mayor selva tropical del
planeta y una zona de enorme biodiversidad. Dos terceras partes
de los bosques se encuentran en la República Democrática del Congo
(RDC), que continúa dividida por la feroz guerra civil alimentada
por la rivalidad en el control de los recursos naturales y que
ya cobró 3,5 millones de vidas. Aproximadamente 40 millones de
personas de la RDC dependen de los bosques tropicales para su
supervivencia.
Sin
embargo, el Banco Mundial (por lejos el mayor acreedor de la RDC)
alienta, con su apoyo, los planes del gobierno para realizar una
enorme expansión del madereo industrial. Estos planes desatarían
una oleada de destrucción en los bosques tropicales de la RDC
actualmente asignados a la industria maderera, la que se aprovecha
de la incertidumbre jurídica imperante y la debilidad del gobierno.
La
entrega del bosque tropical se lleva a cabo con el argumento de
que aliviará la pobreza en uno de los países más pobres del planeta,
pero equivale a una condena a muerte para el bosque y las personas
que dependen de él. Los pueblos ‘pigmeos’ Twa, Mbuti y Aka, así
como los Bantúes han habitado los bosques del Congo durante miles
de años sobreviviendo en base a la caza y la recolección de alimentos
silvestres. Saben cómo proteger las plantas, los animales y los
ecosistemas de la selva tropical. Pero no ignoran qué les tienen
deparado las grandes empresas.
A
cambio de madera por valor de cientos de miles de dólares las
compañías madereras obsequian a las comunidades cosas tales como
cajas de cerveza que valen menos de 100 dólares, y prometen construir
escuelas y hospitales. Estas promesas rara vez se cumplen y se
ha denunciado que se utilizan tácticas intimidatorias contra aquellas
personas que intentan protestar.
El
gobierno de la RDC presentó una moratoria en 2002 que prohíbe
la adjudicación, extensión y renovación de títulos de explotación
maderera. Pero a pesar de que la moratoria original fue confirmada
por un decreto presidencial, ha sido ampliamente ignorada, incluso
por el Banco Mundial y demás instituciones de crédito que apoyan
este plan.
En
los últimos tres años se firmaron más de 150 contratos con 20
empresas que abarcan una superficie de bosques tropicales de aproximadamente
21 millones de hectáreas (más de 51 millones de acres). Se
cree que en 2002 el gobierno de transición adjudicó ilegalmente
muchos contratos, tras una década de guerras civiles y en desafío
a una moratoria del Banco Mundial.
La
Rainforest Foundation advierte desde hace tres años que el madereo
a gran escala podría desencadenar enormes problemas ambientales,
fomentar conflictos con los habitantes del bosque y propagar la
corrupción en la medida que los políticos, los funcionarios y
los señores de la guerra lucren con la ‘bonanza maderera’. Recientemente,
Greenpeace se sumó a la campaña de la Rainforest Foundation “Stop
the Carve-Up of the Congo” (Detengan el reparto del Congo) y divulgó
un estudio de 100 páginas. Recopilado por Greenpeace Internacional,
en conjunto con organizaciones ecologistas y de derechos humanos
congoleñas, “Carving Up the Congo” denuncia que las empresas provienen
principalmente de Alemania, Portugal, Bélgica, Singapur y Estados
Unidos, y que las mismas extraerán la teca africana que se utiliza
con frecuencia en pisos, muebles y puertas en Gran Bretaña.
Para
conseguir el acceso a los bosques durante los próximos 25 años,
las empresas europeas llegaron a acuerdos con los jefes de las
aldeas por los cuales les ofrecen bolsas de sal, machetes y bicicletas,
y en algunos casos les prometen construir escuelas rudimentarias,
se sostiene en el informe.
Diversas
organizaciones internacionales exigieron una moratoria de por
lo menos 10 años a la asignación de nuevas zonas de madereo en
el Congo. La Rainforest Foundation pide ahora una declaración
del G-8 sobre la importancia de los bosques tropicales del Congo
y el papel que desempeñan en el combate al cambio climático. “En
la reunión que celebrará el G-8 (de los países más ricos) en junio
seguiremos planteando con fuerza el tema, para que el mundo preste
atención a la última gran frontera de los bosques tropicales en
el mundo", señaló Simon Counsell, de la Rainforest Foundation.
Artículo
basado en: “Plight of Congo forests grabs world attention”, The
Rainforest Foundation,
http://www.rainforestfoundationuk.org/s-Plight%20of%20Congo%20forests%20grabs%20world%20attention;
“Rainforest destruction in Africa”, Greenpeace,
http://www.greenpeace.org/international/news/congo-report-110407;
“Selling off the rainforest - a modern-day scandal”, John Vidal
en Kisangani, 11 de abril de 2007, The Guardian; “Report From
The Congo Rainforest”, Cath Long, The Rainforest Foundation.,
http://www.rainforestfoundationuk.org/s-Report%20from%20the%20Congo%20Rainforest
inicio
COMUNIDADES
Y MONOCULTIVOS DE ÁRBOLES
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Brasil: Aracruz Celulose guarda silencio
en torno al tema del agua
Aracruz
Celulose, el enorme complejo de papel y celulosa de última generación,
ubicado en Barra do Riacho, en la zona sudeste de Brasil, ha ocasionado
conflictos importantes desde que invadió las tierras pertenecientes
a los pueblos indígenas Tupinikim y Guaraní. Sin embargo, tanto
la planta de celulosa de la empresa como sus monocultivos de árboles
a gran escala, que abarcan más de 175.000 hectáreas en el norte
del Estado de Espírito Santo y la zona sur del Estado de Bahía,
se están apoderando no solo de la tierra sino también del agua.
Aracruz
calla cuando se trata de asuntos referentes al agua, se sostiene
en el informe “H20 para Celulose x água para todas as línguas”,
realizado por FASE Espírito Santo y publicado recientemente en
2006. Sus autores revelan que de los informes anuales de la empresa,
su página web, revistas y publicaciones, solo se puede obtener
información incompleta o fragmentada, sin ninguna evidencia de
una política clara en materia de agua para todo el complejo, incluyendo
la fábrica, los viveros, las plantaciones de árboles, el puerto
y la infraestructura.
¿Cuál
es el papel del agua en todo el proceso industrial de Aracruz
Celulose? ¿A quién pertenece el agua? ¿De quién es tomada y en
qué condiciones es devuelta al medio ambiente? ¿De qué forma la
empresa toma y usa el agua? ¿En qué cantidad? ¿Cuánto paga por
ella? Estas son preguntas sin respuesta por parte de Aracruz Celulose.
El
agua es uno de los elementos primordiales utilizados en el proceso
de producción de celulosa. Es consumida en varios sectores y etapas
de dicho proceso, como la digestión, el blanqueo y, sobre todo,
la alimentación de las calderas. Luego de ser usada en el proceso
industrial, el agua regresa como efluente, llevando consigo desperdicios
y elementos contaminantes.
La
larga lista de testimonios de los pueblos vecinos Guaraní, Tupinikim
y Quilombola, y de comunidades campesinas, evidencia la desaparición
de varios arroyos y estanques, así como también la diferencia
en el nivel de los ríos y arroyos desde la llegada de las plantaciones
de eucaliptos. Esto se debe a que los eucaliptos requieren altos
niveles de agua en el momento de plantarlos y durante su crecimiento,
y también a que se ha acortado el ciclo de corte. La maquinaria
pesada utilizada para cortar y apilar la madera tiene una incidencia
adicional sobre el problema del agua ya que, por su gran peso,
apisona el suelo dificultando así la absorción de agua de lluvia
y contribuyendo a que ésta se escurra. Los habitantes de la región
atestiguan que lo poco que quedaba de las reservas de agua ha
sido tomado por las empresas contratadas por Aracruz Celulose
para el riego de los eucaliptos.
El
derecho al agua ha sido absolutamente violado por Aracruz. Las
aguas del río Doce fueron desviadas luego de un sospechoso proceso
de autorización, y la mayor parte de los 14 arroyos que atravesaban
la zona entre el pueblo de los Itaúnas y las oficinas de la empresa
en el pueblo de Conceição da Barra, están secos, lo cual ha afectado
seriamente la calidad de vida de la población local. Muchos hogares
ahora toman el agua de pozos improvisados que han sido cavados
recientemente. Dada la mala calidad del agua obtenida, la venta
de agua se ha transformado en un gran negocio para los establecimientos
comerciales de la zona.
El
problema del agua y las plantaciones homogéneas de árboles no
es solo cuantitativo sino también cualitativo. El uso intensivo
de las sustancias agrotóxicas y los fertilizantes químicos utilizados
en los monocultivos contamina los recursos hídricos de las comunidades
vecinas. El agua de los ríos que atraviesan sus territorios ya
no es apta para consumo, ni siquiera para bañarse, y muy poca
gente aún pesca en ella.
Diez
mil familias vivían en la zona antes de la llegada de Aracruz.
Hoy en día solo quedan unas 1500 personas que luchan por su supervivencia
y resisten la nueva forma de esclavitud impuesta por la empresa
de variadas maneras: separando a las familias y presionándolas
para que abandonen la tierra, aislándolas, privándolas de su soberanía
alimentaria y de su cultura --directamente ligada al bosque--,
sacrificando la agricultura familiar, reprimiendo a los recolectores
y pescadores con su policía armada privada. El agua que alguna
vez abundó hoy es escasa, y las comunidades compiten por cada
gota con el ejército de eucaliptos de Aracruz Celulose.
El
consumo diario de agua de la empresa para satisfacer las necesidades
de su capacidad de producción de 2.000.000 de toneladas anuales
de celulosa es suficiente para abastecer a una ciudad con una
población de dos millones y medio de personas, y la empresa no
paga nada por ella. Portocel, el puerto privado de Aracruz, es
el punto de partida para la mayor parte de su producción que sale
con destino a Europa, América del Norte y Asia. La pulpa será
utilizada en la producción de toallas sanitarias, papel para uso
en procedimientos quirúrgicos, sábanas de papel y papeles especializados
para escritura e impresión, atendiendo a la alta – e insostenible
– demanda de los modelos de consumo del Primer Mundo. En el Norte
quedan los mejores empleos, el mayor valor agregado y los menores
riesgos ambientales. En el Sur quedan los “desiertos verdes” de
las plantaciones de eucaliptos, unos pocos empleos selectos y
algunos otros más, precarios, escasos impuestos y varios conflictos
ambientales.
El
estudio concluye que la apropiación indebida y el uso de las cuencas
de los ríos para la producción de celulosa y el monocultivo de
eucaliptos son rasgos distintivos de racismo ambiental. A su vez,
la distribución del agua en el Estado de Espírito Santo revela
una clara injusticia ambiental: abundante y gratuita para Aracruz
Celulose; escasa, paga y contaminada para los pueblos indígenas,
los quilombolas, los sin tierra, los campesinos y los pescadores.
El
problema silenciado ha sido puesto de manifiesto, así como el
reclamo por la adopción de varias medidas, entre las cuales se
encuentra, en primer lugar, la inmediata suspensión de la expansión
de las plantaciones industriales de eucaliptos.
Artículo
basado en: “H20 para Celulose x água para todas as línguas”, Daniella
Meirelles y Marcello Calazans, FASE 2006, correo electrónico:
fases@terra.com.br,
http://www.fase.org.br/noar/anexos/acervo/12_h2o.pdf; “Economic,
Social, Cultural and Environmental Rights Violations in Eucalyptus
Monoculture: Aracruz Celulose and the State of Espírito Santo”,
FASE,
http://www2.fase.org.br/downloads/2004/09/553_relat_desc_es_ing.pdf
inicio
-
España: el certificado del FSC a NORFOR,
o el fraude continúa
El
9 de abril pasado, la organización gallega APDR (Asociación pola
defensa da Ría) divulgó una declaración oficial con respecto a
la certificación que el FSC otorgó en abril de 2005 a la empresa
NORFOR, una filial de ENCE, la empresa española productora de
celulosa y papel.
“En
Galicia hemos sufrido durante muchos años las consecuencias de
la atroz influencia de la empresa ENCE en nuestro ambiente natural
y nuestra economía”, denuncia la declaración de APDR. La organización
se refiere al monocultivo y el comercio de madera de eucaliptos
para la manufactura de pulpa, que “ha provocado el empobrecimiento
y el abandono de comunidades rurales, el abandono de tierras boscosas".
El comunicado enumera otras consecuencias de las plantaciones
industriales de árboles, como el “alto riesgo de incendio”, la
“intensa erosión de las tierras”, “la pérdida de diversidad biológica
y la destrucción de recursos”, y la contaminación de “arroyos
y acuíferos subterráneos” por el uso de “grandes volúmenes de
plaguicidas”, así como la “pérdida de calidad del paisaje de las
zonas ocupadas por sus actividades”.
A
pesar de todo eso, la empresa obtuvo el certificado del FSC a
través de la certificadora SGS (Societé Générale de Surveillance),
una empresa suiza de inspección, verificación, prueba y certificación
cuyas actividades de certificación el FSC suspendió por seis meses
en 1997, debido a la controversia a raíz de la certificación de
una operación de madereo emprendida por la compañía forestal Leroy,
en los bosques de Gabón.
Desde
el principio, APDR denunció el problema a la delegación del FSC
en España, redactando un detallado informe de 85 páginas (http://www.apdr.info/norfor/norbarpr.htm).
El año pasado, APDR junto con organizaciones de siete países más
solicitó que, “de acuerdo con el objetivo del FSC de ‘fomentar
una gestión ambientalmente adecuada, socialmente beneficiosa y
económicamente viable de los bosques del planeta’, se cancele
de inmediato la certificación de NORFOR” (consulte
http://www.wrm.org.uy/actors/FSC/Campaign_De_Certification/Spain.html).
Ahora,
la declaración de APDR señala que el reciente informe publicado
el 5 de febrero de 2007 por SGS, referido a la segunda auditoría
evaluatoria de la certificación según normas del FSC de la empresa
forestal NORFOR, “estaba repleto de falsedades, manipulación de
la información, tergiversación de los hechos y ocultamiento de
la realidad. Pero ahora el problema no es la intención de fraude
que la empresa mantuvo desde el principio del proceso de certificación.
El problema es que el FSC, plenamente consciente del fraude, decidió
continuar con esta certificación a pesar de la evidencia cada
vez más demoledora de incumplimiento de las normas; por tanto,
el FSC da otro paso atrás y se aleja aun más de los objetivos
para los cuales fue creado".
El
comunicado se lamenta de que “en Galicia, el peor sistema de gestión,
que favorece la erosión, la pérdida de biodiversidad y la desaparición
de usos y recursos forestales, cuente con el certificado del FSC.
Más de dos años después de la emisión del certificado, el sistema
de gestión forestal de NORFOR no ha sido modificado y el mantenimiento
del certificado se basa en el engaño y el ocultamiento de la realidad
de parte del organismo certificador, SGS, y en la complicidad
del FSC, que, casi dos años después de que APDR entablara una
queja formal mediante la presentación de evidencia clara y fácilmente
contrastable del incumplimiento de las normas, sigue intentando
mantener el certificado a cualquier precio. Con la certificación
de NORFOR el FSC demuestra que su real objetivo es el de proteger
un negocio floreciente, y no el de ‘garantizar la autenticidad
de las certificaciones’ y ‘fomentar un sistema de gestión forestal
que sea responsable, beneficioso para la sociedad y viable financieramente’
".
APDR
advierte que el certificado es “un documento que brinda a las
empresas acceso a importantes subvenciones públicas otorgadas
por los Estados y organismos internacionales”, “permite a la empresa
mejorar su posición en un mercado que otorga a la certificación
un valor y un prestigio que, a medida que proliferan las certificaciones
falsificadas, va perdiendo. Las empresas forestales sólo buscan
conseguir el certificado por el valor económico de los beneficios
que obtienen con la adquisición del mismo, lo que hace que el
FSC lo mantenga a cualquier precio, sin tomar en cuenta el incumplimiento
de sus normas”.
Ya
es hora de que todos y todas sean conscientes de que “estar en
posesión de la certificación no significa necesariamente que la
gestión forestal del titular sea responsable, beneficiosa para
la sociedad ni viable financieramente”.
Este
artículo se basa en la “Declaración oficial de APDR (Asociación
Pola Defensa Da Ría) referida a la certificación de NORFOR otorgada
por el FSC”,
http://www.wrm.org.uy/countries/Spain/APDR.pdf, 9 de abril
de 2007, enviado por APDR, e-mail:
apdr@apdr.info, www.apdr.info
inicio
-
Swazilandia: plantaciones de
árboles a gran escala no son la excepción a la regla
El
estudio de caso “Swaziland: The myth of sustainable timber plantations”
(Swazilandia: El mito de las plantaciones sustentables de árboles),
realizado por Wally Menne y Ricardo Carrere, procura develar el
mito en torno a las “plantaciones sustentables” de Swazilandia
y mostrar que las plantaciones en gran escala de monocultivos
de árboles en este país tienen consecuencias negativas similares
a las de otros países, y no son una excepción a la regla.
Antes
de que se implementaran las plantaciones de árboles en gran escala
en Swazilandia, la superficie que ahora ocupan correspondía a
praderas, salpicadas de retazos de bosques perennes que crecían
en lugares húmedos y protegidos. El pueblo swazi obtenía todo
lo que necesitaba para sobrevivir de los cultivos y los animales
de pastoreo, la caza y los recursos naturales de los bosques y
las praderas.
Las
cosas comenzaron a cambiar en la década de 1870, cuando los europeos
se instalaron en Swazilandia y, por distintos medios, obtuvieron
el derecho a residir en extensas zonas del país. La guerra anglo-bóer
se desató en 1899 y en 1902 Gran Bretaña tomó el control de Swazilandia.
El país permaneció bajo el dominio colonial británico hasta septiembre
de 1968, cuando Swazilandia conquistó su independencia.
Muchas
de las plantaciones de árboles se establecieron durante el dominio
colonial, pero su existencia ininterrumpida es hoy un medio para
"congelar" la injusta distribución de la tierra ordenada
por los gobernantes imperiales británicos. En la actualidad, las
plantaciones industriales de árboles abarcan una superficie total
estimada en casi 135.000 hectáreas (8% de la superficie total
de la tierra). Lo que es peor, ocupan las tierras con el potencial
más productivo, a costa de otros usos agrícolas de la tierra.
La mayoría de las plantaciones (78%) está compuesta de pinos,
pero una zona importante se plantó con eucaliptos (20%) y una
superficie menor con acacias (2%). Adicionalmente, existen aproximadamente
25.000 hectáreas de los llamados “bosques de acacias”, que son
zonas invadidas por acacias exóticas (Plan de Acción Ambiental
de Swazilandia, 1997).
Queda
claro que no todos los problemas de Swazilandia se pueden atribuir
a las plantaciones industriales de árboles. Pero más de 50 años
de desarrollo de la industria celulósica-papelera no han generado
beneficios para la mayoría de la población de Swazilandia. En
cambio, han agravado su situación.
El
impacto más evidente es la destrucción de la vegetación natural
cuando las plantaciones a gran escala se instalaron por primera
vez, pero también se identificó como problema la fragmentación
de las praderas del Alto Veld, con consecuencias negativas para
la conservación de la biodiversidad.
Las
plantaciones de árboles tuvieron un impacto directo en la tierra
causando erosión, agotamiento de los nutrientes, cambios en la
estructura de los suelos y acidificación, los que aún no han sido
estudiados en Swazilandia. También en cuanto al agua: algunas
de las zonas cubiertas por plantaciones industriales de árboles
en Swazilandia ya carecen de agua. Los monocultivos consumen más
agua de la suministrada por las precipitaciones naturales de lluvia
en la zona que ocupan, e incluso absorben más agua de los acuíferos
y arroyos circundantes. El grado del impacto de las plantaciones
sobre los recursos hídricos tuvo graves consecuencias para los
habitantes que dependen del agua de los arroyos y los ríos que
corren por la zona de captación del Alto Veld. Algunas personas,
nacidas en la zona antes de que llegaran las plantaciones, recuerdan
saltos de agua y profundos arroyos que ya no existen más.
Las
consecuencias indirectas de las plantaciones se relacionan con
la apropiación de las mejores tierras por parte de las empresas
forestales. En un país donde la mayoría de sus habitantes no tienen
tierra, aproximadamente 120.000 hectáreas de las tierras más productivas
(la región occidental del Alto Veld) las ocupan plantaciones de
árboles propiedad de empresas extranjeras. En consecuencia, la
agricultura y la cría de ganado tradicionales fueron desplazadas
a zonas más áridas y escarpadas, donde suelos poco profundos poseen
mayor potencial de erosión y menos capacidad de retención de agua
y nutrientes. Ahora, una cantidad relativamente mayor de personas
debe subsistir con lo que obtiene de una superficie más pequeña
de tierras menos fértiles y productivas. Estos factores desencadenan
otras consecuencias, como inundaciones más severas, erosión de
los suelos, agotamiento de los nutrientes de la tierra, y sedimentación
de arroyos y bañados, lo que da lugar a la escasez de alimentos
e impactos negativos sobre la salud.
Hoy
en día, dos plantas de celulosa y papel de Sudáfrica controlan
la mayoría de las plantaciones industriales de árboles de Swazilandia.
Mondi es propietaria de 30.000 hectáreas de eucaliptos y pinos
en el norte del país, mientras Sappi arrienda 70.000 hectáreas
de tierra forestada en el oeste de Swazilandia. Mondi exporta
su madera de eucaliptos a su planta de celulosa en Richards Bay,
Sudáfrica, a 400 kilómetros de distancia. El pino se destina a
aserraderos locales. Sappi es propietaria de una fábrica de celulosa
que produce 220.000 toneladas de pulpa cada año, en su mayoría
exportada al sudeste de Asia.
Los
empleos que ofrece la industria maderera suelen ser de mayor riesgo
que los empleos agrícolas convencionales, ya que los trabajadores
corren riesgo de accidentes y de quedar expuestos a productos
químicos tóxicos y maquinaria peligrosa en las plantas de celulosa
y los aserraderos. La tendencia reciente a la tercerización como
medio de aumentar el lucro y reducir el riesgo de medidas de fuerza
sindicales dio como resultado salarios aún más exiguos y peores
condiciones laborales.
Con
frecuencia, las comunidades se quejan por la contaminación del
aire y el agua que causan las plantas de celulosa. Aunque los
niveles de contaminación producidos por los aserraderos no son
tan evidentes, el efecto acumulado en una determinada zona por
el uso de conservantes tóxicos de la madera puede ser considerable.
La disposición de materiales de desecho en arroyos cercanos parece
ser una práctica común que puede tener consecuencias negativas
para los organismos acuáticos y las comunidades humanas.
Todas
las especies de árboles utilizadas habitualmente en las plantaciones
son sumamente invasoras. Durante muchos años la industria maderera
permitió que sus árboles (acacias, pinos y eucaliptos) se extendieran
por cursos de agua, bañados y zonas escarpadas inaccesibles. Esto
provoca el desplazamiento de especies naturales, más que nada
por la sombra y la sofocación, y la destrucción del hábitat por
los impactos continuos como la deshidratación de los arroyos y
las zonas de bañados.
Las
plantaciones de árboles en gran escala de Swazilandia generaron
graves consecuencias para los habitantes y el ambiente, tanto
en el presente como en el pasado. Resulta difícil comprender cómo
el Forest Stewardship Council certificó a dos de ellas: Mondi
(20.000 hectáreas) y Shiselweni Forestry Company (17.000 hectáreas).
Su mandato estipula que “el Forest Stewardship Council (FSC) debe
fomentar una gestión de los bosques del mundo que sea ambientalmente
adecuada, socialmente beneficiosa y económicamente viable”. Aparte
de que estas plantaciones evidentemente no son bosques, las conclusiones
de la investigación revelan que no son ambientalmente adecuadas
ni socialmente beneficiosas y que su viabilidad económica depende
de la externalización de los costos sociales y ambientales.
Las
plantaciones en gran escala de monocultivos de árboles de Swazilandia
tienen impactos negativos similares a los de otros países y no
son la excepción a la regla.
Extraído
y adaptado de: “Swaziland: The myth of sustainable timber plantations”,
Wally Menne y Ricardo Carrere, WRM, marzo de 2007,
http://www.wrm.org.uy/countries/Swaziland/Book_Swaziland.pdf
(sólo en inglés)
inicio
COMERCIO DE CARBONO
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¿Hasta qué punto es creíble la compensación
de las emisiones de carbono?
El
aeropuerto de Eindhoven, en los Países Bajos, ha anunciado ser
el primer aeropuerto de Europa donde los pasajeros, a partir de
mayo del 2007, podrán compensar las emisiones causadas por su
vuelo realizando una donación para proyectos de plantación de
árboles. Sin embargo, la semana pasada, grupos de activistas de
Londres criticaron esta forma de compensar las emisiones de carbono.
Entonces, ¿hasta qué punto es creíble esta compensación?
El
aeropuerto de Eindhoven coopera con la firma GreenSeat, la cual
calcula y cobra las tarifas por compensación, y con la Fundación
FACE que dirige proyectos de plantación de árboles. Pero no son
los únicos que compensan las emisiones. Las empresas Carbon Neutral
Company, objetivo del grupo activista británico la semana pasada,
Climate Care y Offset My Life, comparten el mismo mercado en expansión.
En 2006, el mercado de compensación de carbono se triplicó en
comparación con el año anterior, y se espera que alcance un valor
de 450 millones de Euros de aquí a tres años.
Sin
embargo, según la organización Carbon Trade Watch (CTW), que forma
parte del Transnational Institute con sede en Ámsterdam, la compensación
de carbono no es más que una versión moderna de las indulgencias,
el sistema de impuestos a los pecados inventado por la Iglesia
Católica a fines de la Edad Media. “Los Perdonadores de los tiempos
modernos están fabricando lo que afirman ser buenas acciones climáticas
a través de proyectos que supuestamente reducen o evitan las emisiones
de gases de efecto invernadero”, escribe la organización CTW en
su reciente informe, “The Carbon Neutral Myth”.
Su
autor, Kevin Smith, argumenta que es imposible evaluar cuánto
CO2 retienen los árboles. Para empezar, hay una distinción entre
el carbono fósil encerrado y el que forma parte del ciclo vivo
del carbono. Es sencillo convertir carbono encerrado en carbono
activo – lo hacemos todo el tiempo al quemar combustibles fósiles
– pero no es posible volver a encerrarlo. Una vez que está activo,
el carbono puede ser retenido por un tiempo en el tronco de un
árbol, pero finalmente la madera será quemada o se pudrirá, liberando
nuevamente el carbono en la atmósfera. Por esta razón, la oficina
británica de control de la publicidad ordenó al Scottish and Southern
Energy Group (SSE) que dejara de hacer este tipo de afirmaciones
en sus folletos.
Debido
a las crecientes críticas a los programas de plantación de árboles,
las empresas de compensación de carbono han comenzado a refugiarse
en otras modalidades de compensación como la inversión en proyectos
de energía renovable o de eficiencia energética que reducen las
emisiones en otros lugares, conocidas como Mecanismo de Desarrollo
Limpio (MDL) y Aplicación Conjunta (IC). Piensen en paneles solares,
parques eólicos y conversión de excrementos y desperdicios en
energía. Smith es también escéptico sobre tales proyectos; sostiene
que no se puede evaluar cuánto se redujeron las emisiones, ya
que no es posible realizar con precisión una comparación entre
ambas situaciones, con y sin proyecto.
Entonces,
¿deberíamos dejar de viajar por completo? El activista Kevin Smith
distingue entre las emisiones necesarias (transportes indispensables
e inevitables), y las emisiones de lujo (viajes cortos para los
cuales existen alternativas, vuelos por vacaciones). Ya que la
compensación de emisiones de carbono es un mito, según Smith,
no es correcto hacer creer a la gente que puede seguir actuando
como lo hace. “Este barniz ecologista es simplemente una pantalla
de humo que obstaculiza la búsqueda de soluciones”, dice Smith.
En
representación de Carbon Neutral, Sue Welland dijo a la BBC: “lo
que hacemos es ayudar a las empresas a medir y reducir sus emisiones;
y cuando no pueden reducir sus emisiones, las ayudamos a compensarlas”.
La
cuestión principal – tal vez un tema de conciencia – es definir
si determinadas emisiones son necesarias o son un lujo. El Ministro
británico de Medio Ambiente, David Miliband, dijo el mes pasado:
“La primera etapa debería consistir siempre en ver cómo podemos
reducir y evitar las emisiones.” Pero reducir la cantidad de vuelos
difícilmente sea de interés para los aeropuertos. El director
del Aeropuerto de Eindhoven, Bart de Boer, reconoció que su iniciativa
no disuadirá a la gente de volar. “Pero eso tampoco es mi tarea
aquí”, observó.
Green
Prices, 27 de febrero de 2007, enviado por Kevin Smith, correo
electrónico: kevin@carbontradewatch.org,
autor de “The Carbon Neutral Myth. Offset Indulgences for your
Climate Sins”, Transnational Institute,
http://www.tni.org/detail_pub.phtml?know_id=56&menu=
inicio