Costa
Rica: una propuesta ecologista de restauración de bosque
La Asociación
Comunidades Ecologistas La Ceiba- Amigos de la Tierra Costa Rica
(COECOCEIBA-
AT), integrada por miembros provenientes de diversos sectores sociales
(académicos, profesionales, ecologistas y campesinos), considera
que es hora de desarrollar creativamente nuevos modelos de recuperación
de la cobertura forestal, de darle una oportunidad a modelos de
reforestación autóctonos que incluyan algunos de los principios
básicos que, de manera silenciosa, ha estado mostrando el principal
ecosistema natural del país: la selva tropical. Es hora de darle
una oportunidad a la creatividad y a las experiencias ya existentes
en las comunidades y de probar modelos más sanos en términos ambientales
y más participativos y justos en términos sociales.
En tal sentido
presentan la experiencia de la Familia Díaz Alvarado y su antiguo
piñal en la Zona Norte de Costa Rica, una propuesta que combina
la regeneración natural enriquecida con la siembra y/o manejo de
especies forestales valiosas, ofrece oportunidades productivas que
se integran de manera complementaria dentro de la economía campesina
y es generadora de servicios ambientales de buena calidad para toda
la sociedad costarricense.
Hace ya 22 años
que la familia Díaz Alvarado (Doña Eduviges, Don Félix, sus dos
hijas y un hijo) llegó a Castelmare de Saíno de Pital, una pequeña
comunidad ubicada en el medio de la cálida y húmeda llanura sancarleña,
a orillas del río Tres Amigos, uno de los principales afluentes
del río San Carlos, zona norte de Costa Rica. En esta zona llueve
en promedio entre 3 y 4 metros de lluvia distribuidos regularmente
a lo largo del año y presenta por lo general suelos de mediana a
pobre fertilidad, arcillosos y de color rojo.
Su parcela en
ese entonces consistía de unas 9 hectáreas de potrero arbolado cruzadas
por una quebradita donde se mantenía un bosquecito de protección.
Ahí habían sobrevivido unos enormes almendros (Dipteryx panamensis)
y algunos pocos árboles mayores remanentes del bosque primario.
Durante los primeros años la familia se encargó de ir transformando
los potreros en un piñal, donde se permitía el desarrollo de arbolitos
de laurel (Cordia alliodora), de roble coral (Terminalia
amazonia), de manga larga (Laetia procera) y otras especies
que brotaban naturalmente.
Mientras tanto,
en sitios aledaños, algunas grandes empresas iban adquiriendo terrenos
para sembrar grandes extensiones de monocultivos de árboles. Al
inicio estas empresas sembraban laurel y eucalipto, posteriormente,
después de fracasos rotundos con los monocultivos de estas dos especies,
se continuó con melina (Gmelina arborea), terminalia (Terminalia
ivorensis) y acacia (Acacia mangium). En no pocas ocasiones
hubo enfrentamientos entre los técnicos de la compañía y la familia
Díaz Alvarado, algunas veces porque las empresas
querían sacarlos de su propiedad, otras porque aterraban las quebradas
con los despales o simplemente porque ellos, en conjunto con algunos
vecinos, protestaban y presentaban denuncias por la destrucción
causada en el bosque para sembrar los monocultivos.
Unos años más
tarde la comunidad de Castelmare se fue reduciendo; la tierra concentrada
en pocas manos y las grandes extensiones de monocultivos de árboles
no permitió que la comunidad se desarrollara como sí lo hicieron
otros asentamientos campesinos en otras zonas de la región. La ausencia
de buenos caminos que le permitieran el transporte para vender los
productos de la parcela y la falta de escuela para sus hijos obligaron
a la familia a mudarse a Saíno de Pital, una población pequeña pero
con algunas condiciones de vida mejor. Era el año 1984 y fue entonces
cuando la familia decidió mantener la parcela e iniciar un proyecto
forestal que mostrara a los técnicos que andaban en la zona sembrando
árboles en monocultivo, cómo producir madera de manera natural y
sin tanto daño, y a su vez que permitiera a la familia ir haciéndose
de un “ahorro” para el futuro. El proyecto forestal se complementaba
bien con la disponibilidad de mano de obra de la familia y a pesar
de que el desplazamiento hasta la parcela desde su nueva localidad
no era nada fácil --eran unos nueve kilómetros de camino en mal
estado y no existía transporte colectivo--, la familia se mantuvo
constante en su proyecto.
En esa época
empezaron visitando la parcela unas dos veces por semana, mantuvieron
el piñal y entre todos fueron sembrando arbolitos que recogían de
los bosques aledaños o cuidando los que naturalmente germinaban
en el sitio. Como se mantenía el piñal, se chapeaba ocasionalmente
respetando siempre los arbolitos, en especial las especies comerciales
o de algún valor en términos de madera fina o aporte a la vida silvestre.
Asimismo, como
parte de las labores de mantenimiento se inició un programa de podas
con el objetivo de ir dándole una buena forma a los arbolitos maderables.
A finales de la década de los noventa se inició también un programa
de enriquecimiento con especies raras o en peligro de extinción
y especies frutales en los claros que las especies pioneras de crecimiento
rápido y vida corta (p.ej. el buriogre, Trichospermum sp)
iban dejando.
Hoy en día, desde
que se inició la experiencia han transcurrido poco más de 20 años
y, a su mayoría de edad, nos muestra algunos resultados muy interesantes
en términos de protección de la diversidad, apoyo a la recreación,
a la autoestima, a la educación y a la economía campesina.
El bosque de
la familia Díaz Alvarado presenta una estructura similar a cualquier
bosque secundario de 15-20 años de edad en el trópico húmedo de
la zona norte. Su dosel alcanza unos 25 m de altura y tiene una
cobertura total. En las secciones no manejadas su sotobosque es
rico en plantas de la familia Rubiaceae, Piperaceae (candelillos),
Heliconiaceae (platanillos), Zamiaceae (palma fierro), Smilacaceae
(zarza parrilla), etc. En el sotobosque junto con los grupos de
plantas antes mencionadas también se desarrollan una gran cantidad
de arbolitos de especies forestales, algunos hijos de grandes árboles
de especies de madera fina remanentes del bosque primario que se
mantienen a orillas de la quebrada. En la sección norte su sotobosque
ha sido manejado para permitir una combinación de antiguas plantas
de piña, especies ornamentales, especies medicinales y arbolitos
de especies de crecimiento lento.
Al igual que
en otros bosques secundarios de la misma región, la densidad de
árboles ronda los 500 individuos por hectárea, lo mismo ocurre con
su composición de especies, que también es similar.
Según testimonio
de la propia familia Díaz Alvarado y de algunos
vecinos, la quebrada que nace en esa parcela ha ido aumentando su
caudal lo cual hace pensar que la regulación hídrica de las aguas
subterráneas debe haber mejorado conforme se fue consolidando la
cobertura del bosque y el sotobosque en el área de protección.
Es importante
señalar que el objetivo de este bosque no es producir madera de
la manera mas rápida y mediante tala rasa, por el contrario, el
bosque restaurado se ha propuesto como un complemento económico
familiar y es intención de la familia ir sacando la madera caída
o los árboles que vayan alcanzando su madurez siguiendo un plan
de manejo según el cual se extraerán cada año algunos árboles maduros
durante la época seca. De este modo se garantizará que la conservación
del bosque se mantenga en el tiempo.
La experiencia
-- que no es única, probablemente
existen otras similares en diferentes regiones tropicales – tiene
el mérito de ser una respuesta al modelo de monocultivos forestales
que ha destruido bosques, ha concentrado en pocas manos grandes
extensiones de tierra, ha secado humedales y ha sido uno de los
principales causantes de la pérdida de biodiversidad en la zona
norte de Costa Rica.
Extractado y
adaptado de: “La restauración ecologista del bosque tropical. Una
alternativa de reforestación ambientalmente sana y socialmente justa
y participativa”, COECOCEIBA- Amigos De La Tierra, Costa Rica, correo
electrónico: licania@racsa.co.cr,
http://www.coecoceiba.org