Los
agrocombustibles: una vuelta de tuerca en la concentración
del poder
Los agrocombustibles se
han metido con bombos y platillos y rápidamente en las agendas de
los gobiernos, del Norte ... y del Sur. Prometen independencia energética,
negocios, solución al calentamiento global, negocios, más divisas,
negocios!!
Provocan también nuevos
posicionamientos político-regionales. En su controvertido paso por
América Latina, Estados Unidos buscó afianzar una alianza con Brasil
en torno al etanol. Cuba se ha pronunciado en contra de los agrocombustibles,
junto con Venezuela y Bolivia. Otros miran, escuchan y callan ...
pero tienen los agrocombustibles en sus agendas, y se van creando
los marcos jurídicos que los habilitan.
La posibilidad de utilizar
aceite comestible usado, cáscara de arroz, pasto o paja puede dar
la imagen de un buen aprovechamiento y reciclaje de los recursos.
Pero lo cierto es que, si aplicamos una mirada macro, la fiebre
de los agrocombustibles viene en otro paquete muy distinto: intensificación
de la agricultura industrial (con el consabido modelo de monocultivos
–desde cultivos alimenticios hasta árboles-- en gran escala) y conversión
de grandes superficies de tierras de cultivo en plantaciones para
energía, sin ninguna duda en los países del Sur. En resumidas cuentas,
una vuelta de tuerca de la colonización. Y un nuevo salto en la
acumulación de poder.
El caso del etanol celulósico
a partir de árboles proporciona un escenario ideal para esta concentración
del poder.
Desde el punto de vista
de las investigaciones que se están realizando en torno a la obtención
de etanol a partir de celulosa de especies leñosas (también conocido
como “treethanol”, por derivación del inglés), hay dos líneas principales
de trabajo:
* tratamiento de la celulosa
por hidrólisis con enzimas, y
* tratamiento de la celulosa
por conversión termoquímica.
En el primer caso todavía
se está en la etapa de laboratorio y se trabaja con ingeniería genética
para obtener, por un lado, enzimas transgénicas y por el otro árboles
que crezcan más rápido, que produzcan menos lignina, o que su celulosa
sea más fácilmente degradable. La biología sintética (combinación
de ingeniería genética y nanotecnología) trabaja en la creación
de organismos totalmente nuevos, en este caso enzimas. En eso están
las empresas Genencor (EEUU), Novozymes (Dinamarca) y Diversa, buscando
enzimas más baratas y eficientes. Esas técnicas e investigaciones
refuerzan el modelo de monocultivo, en detrimento de la diversidad
de especies, en la medida que les resultaría mucho más costoso investigar
las múltiples enzimas necesarias para degradar la celulosa de especies
de árboles diferentes.
En torno a la búsqueda
de bajar el costo de las enzimas (transgénicas o sintéticas) con
las que obtener etanol celulósico se da una danza de millones de
dólares. Entre los grandes inversionistas figura el Departamento
de Energía de EEUU, que concedió una subvención de US$ 385 millones
durante cuatro años a seis proyectos dedicados a producir etanol
celulósico. También el Departamento de Agricultura de EEUU financia
numerosos proyectos en distintas universidades del país.
El etanol celulósico pasa
a ser una nueva mercancía en torno a la cual se nuclean poderosos
grupos de diversos sectores que van armando un intrincado laberinto
de interconexiones, fusiones, alianzas: empresas de biotecnología
como Diversa Corp, Genencor (EEUU), Novozymes Inc. (Dinamarca),
comparten intereses con las empresas automovilísticas Ascoma (EEUU),
o Volkswagen, y con las petroleras Chevron y BP. En esas investigaciones
cuentan con el apoyo de centros de investigación como Craig Venter
de EEUU, Scion y AgResearch de Nueva Zelanda, SweTree Technologies
de Suecia. Por su parte, ArborGen --conformada por las empresas
papeleras International Paper y Mead Westvaco y la empresa de biotecnología
Genesis-- evalúa la viabilidad de comercializar biocombustibles
a partir de celulosa.
La otra línea de trabajo
para la obtención de combustible a través de la conversión termoquímica
que se realiza en biorefinerías, habilita también otra serie de
alianzas. Las empresas de celulosa y papel están haciendo alianzas
con compañías químicas, pues parece ser que sería relativamente
sencillo convertir las fábricas de celulosa en biorefinerías termoquímicas
o integradas, para procesar etanol a partir de la celulosa. La fábrica
de celulosa podría gasificar la biomasa para crear gas sintético
(syngas) y luego convertirlo en una serie de combustibles y materiales
químicos. Para las compañías de celulosa y papel esto resulta una
oportunidad comercial más pues les abre otro mercado y podrían entonces
optar por el mejor postor.
Es así que el modelo de
gasificación de biomasa ha creado una convergencia de intereses
de la industria de celulosa y papel con la industria química. Ya
se han cristalizado alianzas, como la de la empresa forestal Weyerhaeuser
con la petrolera Chevron.
Éste es, pues, uno de
los aspectos más alarmantes de los agrocombustibles: el de reunir
a poderosos actores de diferentes sectores que antes no habían colaborado
tan estrechamente y así dar otro salto cualitativo en la concentración
del poder mundial.
No obstante, también genera
otro proceso que va en el sentido opuesto. La resistencia a este
avance de los agrocombustibles, con la mayor usurpación que supone,
surte el efecto de crear más sinergia entre
organizaciones y movimientos sociales cuyas luchas antes tal vez
iban en paralelo. Las comunidades campesinas, amenazadas en sus
modelos de agricultura biodiversa; las comunidades indígenas de
los bosques, amenazadas por la destrucción de su hábitat con el
avance de las plantaciones de cultivos energéticos; quienes defienden
el agua y la tierra, alertas ante la expansión de una agricultura
que se lleva la tierra y el agua; quienes luchan por los derechos
humanos, pues el avance de los grupos de poder se hace a costa de
los derechos humanos de los pueblos.
Todos estos movimientos
van convergiendo en torno a la resistencia a esta nueva arremetida
y van sumando fuerzas para denunciar lo que lo genera, que es un
modelo de producción, comercialización y consumo irresponsable,
despiadado e inhumano. En ese proceso se va dando forma a otros
valores, otros principios, otros modelos, otro mundo.
Por Raquel Núñez, WRM,
correo electrónico: raquelnu@wrm.org.uy