Indígenas
centroafricanos: pérdida del bosque y pérdida de salud
Los indígenas cazadores-recolectores
de los bosques centroafricanos, los llamados pueblos Pigmeos, consisten
en por lo menos 15 grupos etnolingüísticos distintos, entre los
que se cuentan los Gyéli, Kola, Baka, Aka, Bongo, Efe, Mbuti y Twa
orientales y occidentales que viven en diez países centroafricanos,
a saber Angola, Camerún, Guinea Ecuatorial, República Centroafricana,
Gabón, República del Congo, República Democrática del Congo, Uganda,
Ruanda y Burundi. Se calcula que en total son entre 300.000 y 500.000
personas.
La palabra “pigmeo” puede
tener connotaciones peyorativas, pero aquí se utiliza como término
adoptado por activistas indígenas y las organizaciones que los apoyan
para abarcar los diferentes grupos de cazadores-recolectores y ex
cazadores-recolectores de los bosques centroafricanos y distinguirlos
de otros grupos étnicos que pueden vivir también en los bosques
pero que dependen más de la agricultura y son dominantes política
y económicamente.
Los problemas de salud
de los pueblos Pigmeos están cambiando con la destrucción y expropiación
de los bosques centroafricanos, base de su estructura social, cultura
y economía cazadora-recolectora tradicionales, por parte de proyectos
de madereo, agricultura o conservación:
“... desde que nos expulsaron
de nuestras tierras, la muerte nos sigue. Casi todos los días enterramos
a alguien. La aldea se está quedando vacía. Vamos hacia la extinción.
Ahora todos los viejos murieron. Nuestra cultura también se está
muriendo...”, declaró un hombre Twa desplazado del Parque Nacional
Kahuzi-Biega, República Democrática del Congo.
Tradicionalmente los Pigmeos
viven en grupos pequeños, móviles e igualitarios, cuyas estrategias
de sustento se basan en la caza, la recolección, la agricultura
en pequeña escala y el intercambio de productos forestales con agricultores
vecinos. Se consideran a sí mismos pertenecientes al bosque, conectados
íntimamente a través de los espíritus de sus ancestros y del bosque.
Las comunidades Pigmeas siguen sustentándose del bosque cuando pueden,
pero muchos están pasando más tiempo en los asentamientos junto
a las carreteras, con mayor contacto con las comunidades agrícolas
Bantú y más dependencia de la agricultura y el trabajo asalariado.
En la zona de los Grandes
Lagos de África Central, la corta extensiva de bosques ha dejado
a la mayoría de los Pigmeos Twa sin tierra, empobrecidos y luchando
para mantener su identidad cultural.
En las comunidades Pigmeas
las tasas de mortalidad son altas, al igual que las de fertilidad.
La pérdida de la vida basada en el bosque puede asociarse con el
aumento de la mortalidad. La importancia crucial de la tierra para
la supervivencia se demuestra con la caída de la mortalidad infantil
(menores de cinco años) de 59% a 18% cuando se otorgaron tierras
a familias Twa en Uganda.
Allí donde los recursos
alimentarios del bosque se agotan debido al madereo destructivo
o la caza furtiva comercial y los Pigmeos no tienen tierras donde
cultivar alimentos alternativos, la calidad nutricional disminuye.
Los niños y las embarazadas son especialmente vulnerables y el problema
ha empeorado debido a la caída de los sistemas tradicionales de
compartir los alimentos.
La pérdida de los bosques
también despoja a las comunidades Pigmeas de su tradicional farmacopea
herbal, que contiene compuestos activos contra enfermedades como
la helmintiasis, la dracunculiasis, la ictericia, la malaria, la
diarrea, el dolor de muelas y la tos.
Las comunidades Pigmeas
pasan más tiempo fuera del bosque en asentamientos fijos y al mismo
tiempo aumenta la malaria y se acumulan los parásitos debido al
aumento de la densidad de población y el mal saneamiento.
Los mecanismos culturales
tradicionales para resolver la tensión y la discordia (como las
ceremonias nocturnas de canto para restaurar la armonía entre los
miembros del grupo y el bosque) han sido erosionados; aumentan el
abuso de alcohol y la violencia doméstica contra las mujeres.
En gran parte del África
Central rural los servicios de salud primarios no existen, funcionan
sólo en forma rudimentaria o fueron destruidos durante un conflicto.
Incluso donde existen servicios de salud, muchos Pigmeos no los
usan porque no pueden pagar las consultas y los medicamentos, no
tienen los documentos y cédulas de identidad necesarios para viajar
u obtener tratamiento hospitalario o se les trata en forma humillante
y discriminatoria.
Los pueblos Pigmeos han
demostrado capacidad de resistencia; desde hace siglos se están
adaptando a nuevas situaciones manteniendo al mismo tiempo su distinción
cultural, siempre y cuando tengan acceso a los bosques. Los grupos
Pigmeos que todavía pueden llevar una vida basada en gran medida
en los bosques gozan de mejor salud, en muchos aspectos, que los
grupos agricultores cercanos. Los bosques son también el lugar donde
se sienten cómodos, un componente vital de su sensación de bienestar
y salud mental y espiritual. Por el contrario, la pérdida de tierras
boscosas y recursos y la subsiguiente sedentarización aumenta los
riesgos de nutrición inadecuada, parásitos y VIH/SIDA sin que necesariamente
aumente su acceso a los servicios de salud.
Para proteger y mejorar
la salud de los pueblos Pigmeos, los gobiernos, agencias para el
desarrollo, misioneros y organizaciones no gubernamentales deben
trabajar para garantizar los derechos de los pueblos Pigmeos a sus
recursos y tierras consuetudinarias: a sus bosques.
Extraído y adaptado de:
“Health of Indigenous People in Africa”, Nyang’ori Ohenjo, Ruth
Willis, Dorothy Jackson, Clive Nettleton, Kenneth Good, Benon Mugarura,
Serie de Determinantes Sociales de la Salud,
http://www.who.int/social_determinants/resources/articles/lancet_ohenjo.pdf