NUESTRA
OPINIÓN
-
Pueblos Indígenas en el camino a la justicia
Los
Pueblos Indígenas acaban de lograr una gran victoria a nivel de
las Naciones Unidas. Después de más de 20 años de negociaciones,
el 13 de setiembre la Asamblea General de la ONU adoptó finalmente
la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.
La
declaración se aprobó con una abrumadora mayoría de 143 votos
a favor. Es importante mencionar (y denunciar) a los únicos cuatro
países que votaron en contra: Australia, Canadá, Estados Unidos
y Nueva Zelanda. Estos gobiernos, que simulan promover los derechos
humanos en todo el mundo, han demostrado aquí que no tienen la
intención de siquiera garantizar aquéllos de los pueblos indígenas
de sus propios países.
Aunque
no se trata de un instrumento legalmente vinculante, la Declaración
es un paso muy importante que establece los derechos individuales
y colectivos de los pueblos indígenas –que totalizan unos 370
millones de personas- así como sus derechos a la cultura, la identidad,
el idioma, el empleo, la salud, la educación y otros aspectos.
Por
supuesto que hay grandes obstáculos para la implementación de
este instrumento y, como advirtiera la propia presidenta de la
Asamblea General de la ONU, Sheikha Haya Rashed Al Khalifa, “aun
con este avance los pueblos indígenas siguen enfrentándose a la
marginación, la extrema pobreza y otras violaciones de los derechos
humanos”.
Lo
cual nos lleva a la segunda victoria que queremos compartir: la
de los pueblos indígenas Tupinikim y Guaraní contra la gigantesca
empresa de celulosa Aracruz Celulose en Brasil. Las tierras de
estos indígenas estuvieron durante más de 40 años en manos de
Aracruz, empresa noruego-brasileña que destruyó sus aldeas, los
expulsó de sus territorios, taló el bosque y convirtió la tierra
a plantaciones de eucalipto. Tras décadas de lucha, el 27 de agosto
el ministro de Justicia reconoció finalmente que esas 14.277 hectáreas
pertenecen a los pueblos indígenas.
Es
importante señalar que la ocupación de esas tierras por parte
de Aracruz era ilegal y violaba la Constitución de Brasil en lo
que refiere al derecho de los pueblos indígenas a sus territorios.
Sin embargo, el poder económico y político de la empresa logró
que el Estado ignorara ese hecho durante años. Sólo la larga lucha
de los Tupinikim y Guaraní, con el apoyo de gran cantidad de organizaciones
de Brasil y del extranjero, obligó finalmente al Estado a cumplir
con su propia legislación.
Los
detalles de esta lucha se resumen en los artículos que siguen,
como forma de compartir la experiencia de los Tupinikim y Guaraní
con los muchos otros pueblos que luchan por sus derechos. Al mismo
tiempo es útil destacar, en el contexto de la recientemente aprobada
Declaración de la ONU, que incluso el instrumento más vinculante
legalmente, la Constitución Nacional, en este caso solamente se
cumplió como resultado de la lucha de los pueblos.
Esto
significa que los Pueblos Indígenas todavía habrán de enfrentarse
a enormes desafíos para garantizar que se respeten plenamente
sus derechos y que los gobiernos cumplan con la Declaración sobre
los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU. Pero estos dos
acontecimientos, uno en la esfera internacional y el otro en la
nacional, demuestran que la victoria es posible. ¡Es hora de celebrar!
Texto
completo de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos
de los Pueblos Indígenas:
http://www.fondoindigena.org/apc-aa-files/documentos/items/N0749833.pdf
inicio
BRASIL: HISTÓRICA
VICTORIA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS
-
Tupinikim y Guaraní reconquistan
sus tierras
Introducción
El
27 de agosto de 2007, el ministro de Justicia, Tarso Genro, firmó
las resoluciones ministeriales de delimitación de las Tierras
Indígenas Tupinikim (14.227 hás.) y Comboios (3.800 hás.), totalizando
18.027 hás.
Según
las resoluciones, el gobierno brasileño reconoce que las tierras
han sido tradicionalmente ocupadas por los Tupinikim y Guaraní
y que en los últimos 40 años estuvieron ocupadas ilegalmente por
Aracruz Celulose.
Fue
una victoria de la resistencia indígena contra el poder económico
y político de la empresa y de sus múltiples aliados. Una victoria
de la vida y una derrota, aunque sea localizada, del monocultivo
y del desierto verde. Una victoria también de la solidaridad nacional
e internacional que anima y llena de esperanza a todos aquellos
que luchan por sus derechos y creen en la construcción de una
sociedad más justa e igualitaria.
Durante
estos últimos 40 años ni los sucesivos gobiernos ni la empresa
consiguieron romper esta resistencia. El uso de la fuerza policial,
los acuerdos ilegales y las compensaciones financieras fueron
insuficientes para impedir que las comunidades indígenas continuaran
luchando por la recuperación de sus tierras y por la garantía
de un territorio autónomo sin la dependencia económica que la
empresa siempre intentó imponerles.
La
lucha de resistencia
El
proceso de ocupación de las tierras indígenas por parte de Aracruz
Celulose comenzó a fines de los años 1960
y rápidamente causó una profunda desestructuración en las formas
sociales, económicas y culturales, principalmente de los Tupinikim,
que casi los llevó al exterminio. De inmediato tuvo lugar la expropiación
de sus tierras y la destrucción de casi todas las aldeas (de unas
40 solo quedaron Caieiras Velhas, Pau Brasil y Comboios). La sustitución
de los bosques nativos por eucaliptos inviabilizó sus prácticas
tradicionales de subsistencia. Arroyos y riachuelos se secaron
y los pocos que quedaron sufrieron la contaminación de sus aguas
debido a los agrotóxicos utilizados por la empresa.
Cercados
por los eucaliptos y con pocas alternativas de supervivencia económica
los Tupinikim y Guaraní decidieron actuar. En 1980, en plena dictadura
militar, realizaron la primera autodemarcación de sus tierras
y recuperaron 6.500 hás. Al año siguiente, un acuerdo entre los
militares y la empresa las redujo a 4.491 hás.
En
1993, los indígenas reivindicaron ante la FUNAI la ampliación
de las tierras. Estudios del organismo, realizados entre 1994
y 1997, reconocieron el derecho y la necesidad de una ampliación
de las tierras en otras 13.579 hás. Sin embargo, el gobierno brasileño
una vez más se sometió a los intereses de la empresa y determinó,
en 1998, la demarcación de apenas 2.571 hás.
Sublevados
con la decisión del gobierno, los indígenas realizaron la 2ª Autodemarcación.
Cuando estaban por concluir la demarcación de las 13.579 hás.,
el gobierno federal determinó la intervención de la Policía Federal.
Las aldeas fueron ocupadas por la policía, los defensores de la
causa indígena fueron aprehendidos y procesados y los caciques
llevados a Brasilia y obligados a firmar un Acuerdo ilegal con
la empresa. A cambio de la reducción de las tierras recibieron
compensaciones financieras.
Siete
años después los Tupinikim y Guarani decidieron romper este Acuerdo.
El 19 de febrero de 2005, cerca de 350 indígenas, reunidos
en Asamblea General, con el lema “Nuestra Tierra, Nuestra Libertad”,
resolvieron recuperar las 11.009 hás. en poder de Aracruz Celulose.
El
17 de mayo iniciaron la 3ª Autodemarcación. Pocos dias después
reconstruyeron las aldeas Olho D´Água y Córrego do Ouro, dos de
las casi 40 aldeas destruidas por la empresa a fines de la década
del 60.
Al
mismo tiempo, el Ministerio Público Federal de Espíritu Santo
(MPF-ES) inició una investigación civil pública, en la que se
constataron varias ilegalidades en la demarcación de 1998. En
seguida, envió recomendaciones al Presidente de la República y
al Ministro de Justicia para que procedieran a la demarcación
de las 11.009 hás. restantes.
A
partir de entonces, los indígenas llevaron a cabo una serie de
acciones, con el objetivo de exigir al Ministerio de Justicia
el cumplimiento de las recomendaciones del MPF-ES.
En
2005 ocuparon las fábricas de Aracruz Celulose
durante 2 días, una acción organizada por la Comisión de
Caciques que tuvo amplia repercusión internacional.
En
enero de 2006 los indígenas fueron sorprendidos por una violenta
operación de la Policía Federal para cumplir una decisión judicial
de reintegración de tenencia a favor de la empresa. Esta acción,
considerada irregular por el MPF-ES, provocó la destrucción de
las aldeas Olho D´Água y Córrego do Ouro y dejó 13 indígenas heridos.
Una de las principales irregularidades señaladas fue la participación
activa de Aracruz Celulose, autora de la
acción judicial y consecuentemente beneficiada con su cumplimiento.
La
operación policial fue una “pifia” del gobierno federal y de la
empresa, debido a su repercusión internacional y a la acción que
inició el MPF-ES contra el gobierno federal por las innumerables
irregularidades existentes. El gobierno federal intentó corregir
su error rápidamente. En reunión pública en la Asamblea Legislativa
de Espíritu Santo, el entonces ministro de Justicia, Márcio Thomaz
Bastos, prometió concluir la demarcación de las 11.009 hás. antes
de finalizar el año 2006.
Sin
embargo, el proceso administrativo siguió sus etapas lentamente.
Los indígenas decidieron, entonces, llevar a cabo nuevas acciones
de gran impacto. En setiembre de 2006, durante 15 días, realizaron
roza y quema de 100 hás. de eucalipto para demostrar que, contrariamente
a las acusaciones, no estaban interesados en los eucaliptos y
que la lucha era por la recuperación de las tierras. La reacción
de la empresa fue inmediata. Una campaña difamatoria y racista
contra los indígenas invadió las calles, las escuelas y el comercio
de la ciudad de Aracruz, inclusive involucrando a empresas de
la región. Se colocaron carteles publicitarios en las calles principales
de la ciudad con textos racistas y ofensivos contra los indígenas.
Se realizaron dos manifestaciones importantes, una en Aracruz
y otra en la capital del estado, Vitória. Una acción del MPF-ES,
amparada por la Justicia, condenó a la empresa por delito de racismo
y difamación, lo que la obligó a dar marcha atrás. A pesar de
eso, la campaña ya había conseguido poner a parte de la población
de Aracruz en contra de los indígenas.
Debilitados,
pero no intimidados, los indígenas ocuparon el puerto por donde
se exporta la celulosa de la empresa (Portocel) para intensificar
la presión sobre el Ministro de Justicia. Pero, la empresa consiguió
movilizar a unos 1500 trabajadores tanto
de la empresa como de empresas tercerizadas para retirar a los
indígenas a la fuerza, lo que casi provocó una masacre de los
indígenas.
En
enero de 2007 el ex ministro de Justicia, a pesar de disponer
de todos los elementos necesarios para firmar las resoluciones
ministeriales de Delimitación de las tierras indígenas, devolvió
los procesos a la FUNAI para que dicho organismo buscara un entendimiento
(acuerdo) entre las partes. La FUNAI, a su vez, se negó a cumplir
esta decisión, pero la Justicia Federal
de la ciudad de Linhares (ES) decidió asumir la tarea e intimó
a las partes a que celebraran un acuerdo
sobre las tierras. Tras dos intentos, frustrados por la firme
posición de los indígenas, se concluyó el proceso de negociación
y la decisión sobre la disputa se envió nuevamente al poder ejecutivo.
El
5 de julio de este año, la FUNAI remitió el proceso al Ministerio
de Justicia y en esta ocasión el ministro, en un acto de mucha
firmeza y habilidad política, firmó las resoluciones garantizando
a los Tupinikim y Guaraní los derechos sobre las 11.009hás. de
tierra y poniéndole fin a una disputa de casi 40 años. Unos días
antes los indígenas habían reconstruido nuevamente las aldeas
Olho D´Água y Areal como una prueba más de su resistencia, coraje
y determinación.
Por:
Fabio Martins Villas, correo electrónico:
fabio.villas@bol.com.br, Fase/ES y
Red Alerta contra el Desierto
Verde
inicio
-
“... Y estamos en contra de ese progreso
de muerte”
-Werá
Kwarai
Djagwareté,
coordinador de la Comisión de Caciques Tupinikim y Guaraní, declaró
emocionado cuando festejabam el reconocimiento de las tierras
indígenas: “Hace dos años
nos reunimos aquí mismo, en la aldea Pau Brasil para festejar
el final de los trabajos de autodemarcación de nuestras tierras.
Aquel día el pueblo tocó tambores, cantó, bailó y comió...Hoy
estamos de nuevo aquí, en la aldea Pau Brasil, comiendo, bailando,
cantando y tocando tambores, ahora para conmemorar la confirmación
por parte del gobierno brasileño de que la tierra por la que tanto
luchamos, durante más de 30 años, nos pertenece de hecho, y
de derecho.”
Según
él, “La firma de la resolución demarcatoria por parte
del ministro de justicia, Tarso Genro, que confirma las 11 mil
hectáreas como tierras indígenas, cierra un ciclo de 40
años de luchas (...) Ahora comienza otra batalla, la de la recuperación
de nuestra tierra tomada por eucaliptos de Aracruz Celulose".
Los indígenas
no se cansan de luchar por la conquista de la "Tierra
Sin Males", lugar de “muchos animales, mucha caza,
mucha agua y mucho bosque.” Saben, sin embargo, que
“la lucha aún no terminó.” Con seguridad aún tendrán que
confrontarse otras veces con la gigante Aracruz Celulose,
que se mantiene irreductible en la idea de que su monocultivo
de eucaliptos benefició a las comunidades indígenas, trayendo
el progreso hacia el Estado.
El
cacique Guaraní Werá Kwarai critica ese concepto de progreso al
decir: "Muchas veces nos llaman perezosos e incapazes.
Nos acusan de impedir el desarrollo. Nosotros estamos a favor
del progreso de vida y en contra de ese progreso de muerte".
(...) Si la empresa quiere hacer un "buen papel "-
como dice en sus propagandas - no
puede continuar comprando a los Poderes Judicial, Ejecutivo
y Legislativo. El 'buen bonito' no se hace a base de cloro - que
deja la celulosa con la blancura exigida por el mercado consumidor
– y sí se hace a base de justicia y derecho".
Cuando comenzaron
la recuperación, se cuestionaban sobre
el plan que tendrían para las 11.009 hectáreas de tierras reivindicadas:
“¿Qué hacer con una tierra tomada por los eucaliptales?”
Durante los últimos dos años, en medio de todo el conflicto, discutieron
la reconversión e intercambiaron experiencias con quilombolas
(descendientes de esclavos africanos), pequeños agricultores y
otros indígenas, de cómo resistir al “desierto verde”. Ahora,
cuando les preguntan responden: “son muchos los planes que
tenemos para nuestra tierra, entre ellos la reforestación y la
recuperación de las nacientes, pero es fundamental la reconstrucción
de algunas aldeas que existían, antes de la llegada de la empresa
(...) Vamos a llevar a nuestros abuelos para que vean el lugar
que es de ellos, porque ya somos la tercera generación en la lucha...
Nuestros abuelos ya lucharon, ellos son los primeros que resistieron
y permanecieron en la tierra”, afirmó con visible emoción
Vilma, Tupinikim y nieta de uno de esos
pioneros.
Los Tupinikim
y Guaraní ya están reconstruyendo las aldeas y ya comenzaron a
reforestar sus tierras con especies nativas, y quieren repoblar
los bosques con los animales que habitaron en ellas. Desean vivir
en armonía con la naturaleza, lo que hasta entonces les había
sido negado con la destrucción de sus bosques y ríos, y “la
contaminación del aire y de las mentes”, como algunos ironizan.
El cacique
Tupinikim, Sezenando recuerda que aún deben discutir un Documento
de Ajuste de Conduta (TAC, sigla en portugués). Ese “ajuste” es
la condición para que la demarcación de la tierra se haga efectiva.
El debate, según él, “va a determinar el inicio y las condiciones
del retiro de la madera, ya que el gobierno federal declaró no
tener dinero para la indemnización de la empresa Aracruz Celulose”.
Los indígenas no quieren ser nuevamente los grandes perjudicados
en esa disputa, porque “los recursos naturales de nuestro territorio
fueron destruidos por la empresa’’.
Tanto los Tupinikim
como los Guaraní evaluan que el reinicio “no será una etapa
fácil, ya que nosotros, los indígenas, no seremos indemnizados
y, actualmente, sufrimos la falta de recursos y la falta
de políticas públicas específicas para las zonas indígenas.”
“Queremos nuestras tierras para no ser dependientes de la canasta
familiar, de limosnas o de algun trabajito en la ciudad",
declaran. Pero ellos se animan cuando hablan de las perspectivas
de projectos para la zona y afirman que
“las comunidades unidas rescatarán las tradiciones en las tierras
recuperadas”.
Están
convencidos de que la victoria “es símbolo de la fuerza de
los movimientos sociales frente a empresas transnacionales como
Aracruz Celulose, que causan innumerables
impactos negativos en las poblaciones locales”, nos dice Vilmar,
líder Tupinikim. Y nosotros de la Red Alerta
contra el Desierto Verde agregamos: la victoria fue de la justicia,
fruto de la organización y de la lucha de los movimientos - indígena
y no indígena - hecha con fuerza y con persistencia. Los
indígenas fueron un ejemplo para toda la sociedad brasileña y
dieron un mensaje a las grandes multinacionales, les mostraron
que no son un capital invencible. Y como manifestó una defensora:
”Podemos decir que ellos, los indígenas, son los nuevos civilizadores”.
Por:
Arlete Pinheiro Schuber,
arleteschubert@ig.com.br, Fase/ES y
Red Alerta contra el
Desierto Verde
(declaraciones
obtenidas en la Fiesta de la Victoria de las comunidades indígenas,
que tuvo lugar el 7 de setiembre de 2007 en la aldea Pau Brasil)
inicio
-
Próximos pasos de la lucha indígena: la
reocupación del territorio y la reconversión del eucalipto
Si
la lucha por las 11.009 hectáreas de tierras de los Tupinikim
y Guaraní, en poder de la mayor exportadora de celulosa de eucalipto
del mundo, Aracruz Celulose fue un gran
desafio, la reocupación de este territorio y la reconversión del
eucalipto existente en la zona a otro uso de la tierra, quizás
sean desafios aún mayores. En los últimos 40 años, más del 90%
del área ha sido ocupada y explotada por el monocultivo de eucalipto,
causando la degradación de innumerables arroyos y ríos, matando
peces y contaminando la poca agua que quedó para que los indígenas
bebieran, se bañaran y lavaran sus ropas. La tala que antecedió
a la plantación de eucalipto destruyó la gran riqueza de los indígenas:
el bosque atlántico (Mata Atlântica), con sus innumerables maderas,
plantas medicinales, animales de caza,
frutas, materias primas para artesanías tradicionales, entre otros.
Las
condiciones para la reocupación del territorio dependerán, en
una primera instancia, del contenido de un acuerdo llamado TAC
– Documento de Ajuste de Conducta – , que será redactado
por el Ministerio Público Federal y del que participarán la empresa,
los indígenas, la 6ª cámara y el Ministerio de Justicia. Este
TAC tiene como objeto las mejoras en la zona, principalmente las
plantaciones de eucalipto. Firmar este TAC es importante para
evitar que la empresa inicie un proceso judicial- lo que constantemente
declara-, ya que podría verse inviabilizada la conclusión del
proceso de demarcación de las tierras indígenas. Si el gobierno
entiende que Aracruz plantó los eucaliptos de buena fe,
la empresa tendría, por ley, derecho a una indemnización – a pesar
de que eso no se corresponda con lo que ocurrió en ese momento,
según lo que pueden atestiguar los indígenas que presenciaron
la invasión de Aracruz en la zona – . Aracruz estimó el
valor de las mejoras en la zona en U$S 53 millones pero el gobierno
federal, por su parte, declaró que no dispone de recursos para
indemnizar a la empresa y por eso sugiere que los eucaliptos plantados
sean parte de la negociación. Otras mejoras existentes y objetos
de negociación abarcan líneas de trasmisión de energía, una ramificación
ferroviaria y parte del complejo hidráulico.
Con
seguridad la empresa exigirá que se retiren todos los eucaliptos
de la zona, dejando un paisaje literalmente devastado para los
Tupinikim y Guaraní, mientras que los indígenas quieren disponer
de condiciones que les permitan trabajar en las tierras conquistadas.
Esas condiciones serán definidas por la redacción final del TAC
. Con la celebración del TAC, el proceso demarcatorio podrá concluirse.
Este proceso consiste también en la demarcación física de la zona-
colocación de las señales -, la homologación de la zona
por el Presidente de la República, y el registro legal de las
tierras que declara que pertenecen al gobierno federal y que los
Tupinikim y Guaraní tienen el usufructo exclusivo sobre ellas.
Hasta
ahora, los Tupinikim y Guaraní presentaron las siguientes propuestas
para concretar la reocupación del territorio:
-
En primer lugar, los Tupinikim y Guaraní quieren reconstruir las
aldeas destruidas por la invasión de Aracruz en la zona,
como ya ocurrió las dos últimas veces que recuperaron sus tierras
desde 2005. En la aldea Olho D’Água, reconstruida recientemente,
ya viven 4 familias Guaraní. En los alrededores de las casas de
madera y barro, cubiertas con paja, y levantadas en medio del
eucaliptal, los Guaraní están limpiando la zona para comenzar
a plantar alimentos. La presencia en la zona de una de las pocas
nacientes que pudo sobrevivir al desastre ambiental de la plantación
del monocultivo de eucalipto animó a los
Guaraní comenzar a vivir en ese lugar y recuperar esa antigua
aldea. Otra de las aldeas que será habitada proximamente será
Areal. Seguramente, otras aldeas se irán poblando y así los indígenas
podrán rescatar su ocupación tradicional de la región- con suficientes
aldeas y cada una con un pequeño número de familias-, liberando
las aldeas existentes que sufren problemas debido a la sobrepoblación.
-
En segundo lugar, las comunidades desean reforestar parte de la
zona con árboles nativos del bosque atlántico, priorizando los
márgenes de los ríos y arroyos, además de las nacientes. Saben
que este trabajo es importante para garantizar el agua y así la
vida para las futuras generaciones de Tupinikim y Guaraní. Desde
2005, en las comunidades se están discutiendo propuestas para
la reforestación y se organizó un gran encuentro de las aldeas
llamado “Replantar nuestra Esperanza”. En 2006, se inició un proyecto-piloto
de un vivero para la producción de mudas de árboles nativos en
la aldea Pau Brasil, orientado por una lista de más de 100 especies,
elaborada con la ayuda de los indígenas más ancianos. Se trata
de especies que han sido tradicionalmente usadas por los indígenas
para artesanías, fabricación de remedios caseros y utensilios
domésticos. Este año ya se realizaron dos reforestaciones, incluso
en una zona plantada anteriormente con eucalipto. A partir de
ahora, la propuesta es incentivar este trabajo de reconversión.
-
En tercer lugar, las comunidades buscan alternativas económicas
en las tierras indígenas mediante diferentes plantaciones que
puedan generar empleo y ganancias. Están en estudio varias propuestas
pero aún no hay un plan definido completamente. Lo que sí hay
es una gran voluntad de asegurar la autonomía económica de las
comunidades y de tener un lugar donde los niños puedan vivir y
trabajar en el futuro, disfrutando de la libertad que Aracruz
les quitó en el pasado. Un lugar donde, aun con todos los cambios
frecuentemente impuestos a los indígenas, los elementos fundamentales
de la tradición y de la cultura sean preservados, de manera que
permita que en el futuro los Tupinikim y Guaraní puedan continuar
desarrollando su modo de vida.
Por:
Winnie Overbeek, FASE/ES, correo electrónico:
winnie.fase@terra.com.br
inicio
CONDICIONES DE TRABAJO
EN LAS PLANTACIONES E IMPACTOS EN LA SALUD
-
Las condiciones de trabajo en las plantaciones:
un tema de salud
Los
estudios dedicados a la seguridad y la salud de los trabajadores
de las plantaciones forestales son escasos en todo el mundo y
generalmente este sector queda inmerso en el más amplio de la
industria forestal, que abarca también las actividades de tala
y explotación maderera en el bosque.
No
obstante, un estudio de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) sobre la situación en la industria forestal, dentro de la
serie “Enciclopedia de Salud y Seguridad en el Trabajo”, aporta
una serie de datos importantes que vale la pena recopilar aquí,
intentando rescatar aquéllos relativos al sector que nos ocupa.
El
informe señala que la plantación de árboles a escala industrial,
es fatigosa y peligrosa. Como se realiza al aire libre, los trabajadores
se ven expuestos a condiciones climáticas extremas: frío, calor,
nieve, lluvia y radiación ultravioleta (UV). Se suele trabajar
con mal tiempo y, en las operaciones mecanizadas, cada vez es
más habitual continuar trabajando por la noche. Los lugares de
trabajo suelen estar alejados y mal comunicados, lo que dificulta
las labores de rescate y evacuación de los trabajadores si se
presenta una emergencia. En muchos países todavía es normal que
vivan durante largos períodos en campamentos aislados de sus familias
y amigos.
Las
dificultades se ven agravadas por la naturaleza del trabajo: se
utilizan herramientas peligrosas y suele comportar un esfuerzo
físico importante. El clima, el ruido y la vibración son riesgos
físicos comunes en el trabajo forestal. La exposición a riesgos
físicos varía en gran medida en función del tipo de trabajo y
de equipo utilizado. Otros factores, como la organización del
trabajo, las pautas de empleo y la formación, también desempeñan
un papel importante para aumentar o reducir los peligros asociados
al trabajo forestal.
El
trabajo forestal manual conlleva por lo común una gran carga de
trabajo físico, lo que implica a su vez un alto consumo energético
para el trabajador, que depende de la faena y del ritmo al que
se realiza. El trabajador forestal necesita ingerir alimentos
en mucha mayor cantidad que el trabajador “normal” de oficina
para afrontar las exigencias del trabajo.
Distintos
estudios arrojaron que los trabajadores están expuestos a un alto
índice de enfermedades, además de lesiones y accidentes.
Aunque
escasas y realizadas con un pequeño número de trabajadores, las
pocas investigaciones de indicadores fisiológicos de esfuerzo
físico (frecuencia cardiaca, parámetros de hematología sanguínea,
elevada actividad de enzimas séricas) concluyeron todas ellas
que la plantación de árboles es una ocupación muy fatigosa tanto
en términos de esfuerzo cardiovascular como musculosquelético.
Carga
musculosquelética y fisiológica
Aunque
no existe literatura epidemiológica específica que vincule el
trabajo en las plantaciones forestales con problemas musculosqueléticos,
los movimientos enérgicos asociados al transporte de cargas, así
como la variedad de posturas y de trabajo muscular que comporta
el ciclo de plantación, constituyen sin duda factores de riesgo
que se ven incrementados por la naturaleza repetitiva del trabajo.
Las
lesiones por esfuerzo repetitivo siguen siendo un problema importante.
Los estudios realizados demuestran que entre el 50%
y el 80 % de los operarios de las máquinas tienen molestias en
cuello u hombros. Suele ser difícil realizar comparaciones de
cifras porque las lesiones se desarrollan de forma gradual durante
un largo período de tiempo.
Las
flexiones y extensiones extremas de las muñecas —p. ej., para
coger los plantines de las bandejas— y la transmisión a manos
y brazos del impacto que se produce cuando la herramienta de plantación
golpea una roca oculta, son algunos de los peligros biomecánicos
a los que se ven expuestos los miembros superiores.
El
apilamiento manual de troncos comporta el repetido levantamiento
de pesos. Si la técnica de trabajo no es perfecta y el ritmo es
demasiado alto, el riesgo de sufrir lesiones musculosqueléticas
será muy alto. Transportar cargas pesadas durante largos períodos
de tiempo, como en la corta y transporte de madera para celulosa,
tiene efectos similares. El peso total acarreado, la frecuencia
de levantamiento y la naturaleza física y repetitiva del trabajo
--sobre todo el intenso esfuerzo muscular necesario para hundir
la herramienta en la tierra-- son factores que contribuyen a la
tensión muscular ejercida sobre los miembros superiores.
Por
otro lado, el manejo de máquinas portátiles, como las motosierras,
puede requerir un gasto energético aún mayor que el trabajo manual,
debido a su considerable peso. De hecho, las motosierras utilizadas
suelen ser demasiado grandes para la faena. Las faenas manuales-motorizadas
altamente especializadas crean un riesgo muy alto de lesiones
musculosqueléticas ya que los ciclos de trabajo son cortos y los
movimientos específicos se repiten muchas veces.
Trabajar
en posiciones corporales difíciles puede crear problemas, como
p. ej., molestias lumbares. Un ejemplo sería el uso de un hacha
para desramar árboles tirados en el suelo, lo que supone trabajar
encorvado durante largos períodos de tiempo, que se traduce en
una gran tensión en la región lumbar y trabajo estático para los
músculos de la espalda.
La
manipulación de bandejas de plantines (de 3,0 a 4,1 kg cada una
cuando están llenas) al descargar los camiones de reparto es también
un riesgo potencial. El transporte de cargas con arneses también
puede provocar molestias lumbares, sobre todo si el peso no está
bien distribuido sobre los hombros y alrededor de la cintura.
Conviene
no olvidar la carga muscular sobre los miembros inferiores: caminar
varios kilómetros diarios transportando una carga sobre terreno
irregular, a veces cuesta arriba, puede convertirse rápidamente
en un trabajo agotador. Además, esta faena implica frecuentes
flexiones de las rodillas y la constante utilización de los pies.
La mayoría de los plantadores se sirven de los pies para despejar
los detritos con un movimiento lateral antes de realizar un hoyo,
así como para aplicar peso sobre el estribo de la herramienta
a fin de hundirla en el suelo y para compactar la tierra alrededor
del plantín una vez insertado.
En
el caso del trabajo forestal manual-motorizado, el trabajador
también está sujeto a otros riesgos específicos debidos a las
máquinas con las que trabaja. El ruido supone un problema cuando
se trabaja con una motosierra o aparato similar. El nivel de ruido
de la mayoría de las motosierras utilizadas en el trabajo forestal
normal supera los 100 dBA. El operario está expuesto a este nivel
de ruido de 2 a 5 horas diarias, lo que puede provocar pérdidas
auditivas.
El
trabajo reiterado al aire libre, con climas rigurosos --de frío
y calor--, muchas veces sin una debida protección contra el sol
(gafas de sol, sombreros, cremas con factor de protección) y contra
los insectos, es motivo de deshidratación, insolación y estrés
por calor. Trabajar en un clima caliente pone presión al trabajador
forestal que realiza trabajos pesados. Entre otras cosas, la frecuencia
cardíaca aumenta para mantener la temperatura corporal baja. Sudar
conlleva la pérdida de fluidos corporales. El trabajo pesado a
altas temperaturas supone que un trabajador puede necesitar beber
1 litro de agua por hora para mantener el equilibrio de los fluidos
corporales.
En
un clima frío, los músculos no funcionan bien. Aumenta el riesgo
de sufrir lesiones musculosqueléticas y accidentes. Además, el
gasto energético aumenta notablemente, ya que sólo mantenerse
caliente cuesta mucha energía.
Una
de las enfermedades propias de este sector es el “agotamiento
del plantador”, un síndrome derivado de una deficiencia hematológica
y caracterizado por la presencia de somnolencia, debilidad y mareos,
parecido a la “anemia deportiva” que desarrollan los atletas en
sus entrenamientos.
Existe
una alta incidencia de pérdida prematura de la capacidad laboral,
con la consiguiente jubilación anticipada entre los trabajadores
forestales. Los operarios de motosierras y los trabajadores que
realizan la descarga manual de los troncos suelen adolecer de
lesiones de espalda y pérdida auditiva. Un mal tradicional de
los operarios de motosierras es el síndrome del “dedo blanco”,
un trastorno doloroso provocado por la vibración, capaz de incapacitarles
laboralmente: los dedos se ponen blancos y se entumecen, haciendo
imposibles las tareas más delicadas, y se puede sentir hormigueo
y dolores en ambos brazos, especialmente durante la noche.
Por
otro lado, las largas jornadas laborales, los viajes y el estricto
control de calidad al que es sometido el trabajador junto con
la exigencia que plantea el trabajo a destajo (que es una práctica
extendida entre los subcontratistas de plantaciones forestales),
pueden alterar el equilibrio fisiológico y psicológico del trabajador
y provocar fatiga crónica y estrés.
Accidentes
y lesiones
El
entorno de trabajo en las plantaciones de árboles es propicio
para sufrir caídas y tropezones. En el trabajo forestal pueden
resultar heridas casi todas las partes del cuerpo, pero las lesiones
suelen concentrarse en piernas, pies, espalda y manos, aproximadamente
por ese orden. Los cortes y las heridas abiertas son el tipo de
lesión más común en el trabajo con motosierras, mientras que en
las otras tareas predominan las contusiones, aunque también se
producen fracturas y dislocaciones así como lesiones asociadas
a movimientos enérgicos y heridas provocadas por desechos de la
corta o detritos.
Clasificación
de los accidentes más frecuentes de los plantadores según la parte
corporal afectada (porcentaje de 122 informes relativos a 48 individuos
en Quebec).
Clasificación |
Parte
del cuerpo |
%
total |
Causas
relacionadas |
1 |
Rodillas |
14 |
Caídas,
contacto con herramienta, compactación del suelo |
2 |
Piel |
12 |
Contacto
con el equipo, mordeduras y picaduras de insectos, quemaduras
solares, agrietamiento |
3 |
Ojos |
11 |
Insectos,
repelentes de insectos, ramas |
4 |
Espalda |
10 |
Encorvarse
frecuentemente, transportar cargas |
4 |
Pies |
10 |
Compactación
del suelo, ampollas |
5 |
Manos |
8 |
Agrietamiento,
arañazos por contacto con el suelo |
6 |
Piernas |
7 |
Caídas,
contacto con herramienta |
7 |
Muñecas |
6 |
Rocas
ocultas |
8 |
Tobillos |
4 |
Tropezones
y caídas, obstáculos ocultos, contacto con herramienta |
9 |
otros |
18 |
|
Un
estudio, realizado en plantaciones de Nigeria, sobre la seguridad
en las sacas de madera para pasta, demostró que, como promedio,
cada trabajador sufría 2 accidentes al año. Y en un determinado
año, entre 1 de cada 4 y 1 de cada 10 trabajadores sufrieron un
accidente grave.
Dos
situaciones en las que se multiplica el ya alto riesgo de sufrir
accidentes graves en la etapa de la corta en las plantaciones
son los árboles “suspendidos” y los árboles derribados por el
viento. La fuerza del viento somete a tensión los pies maderables,
con lo que se precisan técnicas de corte adaptadas a esa función.
Los árboles suspendidos son los que, una vez cortados por el pie,
no han caído al suelo porque la copa se ha enredado con otros
árboles. Son muy peligrosos, hasta el punto de que en algunos
países se dice de ellos que “van dejando viudas” debido al gran
número de fallecimientos que causan. Para bajar estos árboles
con seguridad es preciso ayudarse de utillajes como cabrestantes
y ganchos giratorios, pero hay casos en que se realiza una práctica
muy peligrosa conocida en algunos países como “arrastre”
que consiste en el apeo (el proceso de derribar un árbol en pie)
de otros árboles sobre uno suspendido con la idea de tirarlo.
En
muchos países, los trabajadores manuales trabajan junto con o
cerca de los operarios de motosierras o máquinas. El operario
se sienta en una cabina o utiliza protectores auditivos y buenos
equipos protectores. Pero, en la mayoría de los casos, los trabajadores
manuales no llevan protección. No se mantienen las distancias
de seguridad con las máquinas, lo que provoca un riesgo muy alto
de accidente y de deterioro auditivo para los trabajadores no
protegidos.
La
otra cara de la moneda de la mecanización es la aparición en los
operarios de las máquinas de lesiones de cuello y hombros, que
pueden ser tan incapacitantes como los accidentes graves.
Los
riesgos de accidente están en función no sólo de la tecnología
que se utilice y del grado de exposición que comporte el trabajo,
sino también de otros factores. En casi todos los casos de los
que se disponen datos existe una diferencia muy significativa
entre los segmentos de trabajadores. Los profesionales del trabajo
forestal a tiempo completo empleados directamente por una empresa
forestal se ven mucho menos afectados que los autónomos o los
empleados por contratistas.
El
transporte por carretera contabiliza asimismo un gran número de
accidentes graves, sobre todo en los países tropicales.
Riesgos
químicos
La
tendencia a la mecanización del trabajo forestal va en aumento.
Durante las actividades de mantenimiento y reparación, las manos
de los operarios de las máquinas están expuestas a lubricantes,
aceites hidráulicos y gasóleos, que pueden causar dermatitis irritantes.
Las
máquinas portátiles utilizadas en la industria forestal son impulsadas
por motores de dos tiempos en los que se mezcla aceite lubricante
con gasolina. Por lo común, alrededor de un 30 % de la gasolina
consumida por el motor de una motosierra se emite sin quemar.
Los principales componentes de las emisiones de escape son hidrocarburos
--compuestos de plomo orgánicos, alcoholes y éteres--, que son
componentes típicos de la gasolina. Algunos de los gases de escape
se forman durante la combustión y el principal producto tóxico
de entre ellos es el monóxido de carbono. Los combustibles, además,
comportan un riesgo de incendio.
Otros
productos químicos a los que están expuestos trabajadores y trabajadoras
forestales son los plaguicidas, insecticidas y herbicidas. En
las plantaciones se aplican para controlar hongos, insectos y
roedores; herbicidas de fenóxidos, glifosatos o triazinas; insecticidas
de compuestos organofosforados, compuestos organoclorados o piredroides
sintéticos. En los viveros se utilizan ditiocarbamatos regularmente
para proteger los plantines de coníferas contra los hongos de
los pinos.
Para
la aplicación de plaguicidas se utilizan métodos como el rociado
aéreo, la aplicación desde equipos a tractor, rociado con alforjas,
rociado ULV (sistema ultra bajo volumen, también conocido como
nebulización) y pulverizadores conectados a sierras trochadoras.
El riesgo de exposición es parecido al de otras aplicaciones de
plaguicidas. Los síntomas provocados por una exposición excesiva
a los plaguicidas varían mucho en función del compuesto aplicado,
pero muy a menudo la exposición laboral a los plaguicidas provoca
trastornos cutáneos. Los equipos protectores personales suelen
ser muy calurosos y provocar sudor excesivo.
Riesgos
biológicos
Las
personas que trabajan al aire libre, como en el caso de las plantaciones,
están expuestas a peligros para la salud procedentes de animales,
plantas, bacterias, virus, etcétera, en mayor medida que el resto
de la población. Son muy comunes las reacciones alérgicas a las
plantas y a los productos madereros, especialmente al polen. Es
posible que se produzcan lesiones en las operaciones de transformación
(p. ej., por espinas, púas, corteza) y a causa de infecciones
secundarias, que no siempre pueden evitarse y pueden provocar
complicaciones adicionales.
También
se cuentan las mordeduras de serpientes venenosas y la posibilidad
de que se produzca una reacción alérgica general al antídoto que
ponga en peligro la vida del afectado.
Factores
sociales y psicológicos
La
situación en términos de salud y seguridad en el trabajo forestal
depende de diversos factores como las condiciones de la plantación
y del terreno, la infraestructura, el clima, la tecnología, los
métodos de trabajo, la organización del trabajo, la situación
económica, los acuerdos contractuales, el alojamiento del trabajador
y su enseñanza y formación. Pero también inciden los factores
sociales y sicológicos, que en un contexto forestal comprenden
la satisfacción y la seguridad laboral, la carga de trabajo mental,
susceptibilidad y respuesta al estrés, la capacidad para enfrentarse
a los riesgos percibidos, la presión, horas extras y fatiga, la
necesidad de resistir condiciones ambientales adversas, el aislamiento
social en campamentos de trabajo con separación de las familias,
la organización del trabajo y el trabajo en equipo.
Tradicionalmente,
los trabajadores forestales han procedido de áreas rurales y la
independencia del trabajo al aire libre ha sido un elemento de
identificación. Pero las modernas operaciones forestales ya no
satisfacen tales expectativas. Quienes no logran adaptarse a la
mecanización, a la tercerización y a los rápidos cambios tecnológicos
y estructurales que se han venido produciendo en el trabajo forestal
desde los inicios del decenio de 1980, suelen verse marginados.
Gran parte del personal principiante continúa llegando mal preparado
al trabajo.
Los
factores sociales y psicológicos probablemente desempeñan un papel
importante al determinar las repercusiones del riesgo y del estrés.
En un estudio alemán se reveló que alrededor de un 11 % de los
accidentes se atribuían al estrés y otro tercio a la fatiga, la
rutina, la asunción de riesgos y la falta de experiencia.
Los
trabajadores forestales consideran en general que la asunción
de riesgos forma parte de su trabajo. Cuando esta tendencia es
pronunciada, la compensación del riesgo puede minar los esfuerzos
por mejorar la seguridad en el trabajo. En estas situaciones,
los trabajadores ajustan su comportamiento y vuelven a lo que
aceptan como nivel de riesgo. Por ejemplo, ésta puede ser parte
de la explicación a la eficacia limitada de los equipos de protección
personal (EPP). Sabiendo que están protegidos por botas y pantalones
a prueba de cortes, los trabajadores van más aprisa, aproximan
el cuerpo más a la máquina y siguen el camino más corto en algunas
situaciones incumpliendo con ello los reglamentos en materia de
seguridad porque “les llevan demasiado tiempo”. Por lo común,
la compensación del riesgo parece ser parcial. Es probable que
existan diferencias entre trabajadores individuales y grupos,
y que los factores de recompensa sean importantes para desencadenar
la compensación del riesgo. Entre las recompensas cabría citar
una menor incomodidad (como no llevar ropa protectora agobiante
en un clima caluroso) o beneficios financieros (como en los sistemas
de remuneración a destajo), pero el reconocimiento social en una
cultura machista también es un motivo concebible.
Entre
los factores estresantes normales en la industria forestal cabe
citar el trabajo a gran velocidad; el trabajo repetitivo y aburrido;
el calor; la falta o el exceso de trabajo en plantillas descompensadas;
trabajadores jóvenes o viejos que intentan obtener suficientes
ingresos con bajos precios de remuneración a destajo; el aislamiento
de los compañeros de trabajo, la familia y los amigos; y la falta
de intimidad en los campamentos.
La
transformación del trabajo forestal que aumentó drásticamente
la productividad también aumentó los niveles de estrés y redujo
el bienestar general en el trabajo forestal.
Dos
tipos de trabajadores son propensos en especial al estrés: los
operarios de cosechadoras y los contratistas. El operario de una
sofisticada cosechadora está en una situación de estrés múltiple,
debido a los cortos ciclos de trabajo, a la cantidad de información
que tiene que absorber y al gran número de decisiones rápidas
que debe tomar. Las cosechadoras son bastante más exigentes que
las máquinas más tradicionales, como los arrastradores, las cargadoras
y los recogedores. Además de manejar la máquina, el operario suele
ser también responsable de su mantenimiento, de la planificación
y del diseño de la pista de arrastre, así como del tronzado y
de otros aspectos de calidad que controla de cerca la empresa
y que tienen una repercusión directa sobre la remuneración.
Es
bastante normal que el operario sea también el propietario de
la máquina y que trabaje en calidad de pequeño contratista, lo
que añade tensión a la situación, como lo hace el alto riesgo
económico que ello implica, pues suele traducirse en un préstamo
de hasta 1 millón de dólares en el contexto de un mercado muy
volátil y competitivo. Las semanas laborales suelen ser de más
de 60 horas en este grupo.
Existen
importantes diferencias entre los distintos segmentos de las plantillas
forestales en cuanto a la forma de empleo, que tienen una repercusión
directa en la exposición de los trabajadores a riesgos para la
seguridad y la salud. El porcentaje de trabajadores forestales
empleados de forma directa por la empresa forestal ha ido reduciéndose.
Cada vez se realizan más trabajos a través de contratistas (es
decir, empresas de servicios relativamente pequeñas y con gran
movilidad geográfica que se contratan para una obra en particular),
que pueden ser operadores-propietarios (es decir, firmas unipersonales
o empresas familiares) o tener cierto número de empleados. Tanto
los empresarios como sus empleados suelen tener empleos muy inestables.
Sometidos a la presión de reducir los costes en un mercado muy
competitivo, recurren a veces a prácticas ilegales, como el pluriempleo
y la contratación de inmigrantes clandestinos. Los accidentes
y los problemas de salud suelen ser más frecuentes entre los trabajadores
subcontratados.
La
subcontratación de trabajadores también ha contribuido a aumentar
el alto porcentaje de rotación en las plantillas forestales, agravando
la falta de calificación del trabajo. La falta de formación estructurada
y la brevedad de los períodos de experiencia a consecuencia de
la alta rotación laboral o del trabajo estacional son factores
decisivos para los importantes problemas de salud y seguridad
con los que se enfrenta el sector forestal.
El
sistema salarial dominante en la industria forestal continúa siendo
la remuneración a destajo (es decir, basada exclusivamente en
el rendimiento). Es un tipo de remuneración que tiende a estimular
un ritmo de trabajo rápido, del que se piensa que contribuye a
aumentar el número de accidentes. Un efecto secundario indiscutible
es que los ingresos merman cuando los trabajadores alcanzan una
determinada edad, ya que sus capacidades físicas disminuyen.
Los
salarios del sector forestal suelen ser muy inferiores a la media
industrial de un país. Los trabajadores por cuenta ajena, los
autónomos y los contratistas suelen intentar compensar este hecho
trabajando 50 o incluso 60 horas semanales, lo que aumenta la
tensión corporal y el riesgo de accidentes por fatiga. Las organizaciones
sindicales son bastante escasas en este sector. A los problemas
tradicionales que comporta la organización de trabajadores geográficamente
dispersos, móviles y a veces estacionales, se suma su fragmentación
en pequeñas empresas contratistas.
Las
inspecciones son muy escasas en la mayoría de los países. En ausencia
de instituciones que velen por sus derechos, los trabajadores
forestales no suelen conocerlos muy bien, entre ellos los que
recogen las disposiciones existentes en materia de salud y seguridad,
y tienen grandes dificultades para ejercerlos.
El
presente artículo es una compilación de material extractado y
editado de la “Enciclopedia de Salud y Seguridad en el Trabajo”
de la OIT, Volumen III, Parte X, Capítulo 68, Industria Forestal,
sectores basados en recursos biológicos,
http://www.mtas.es/insht/EncOIT/tomo3.htm#p10
inicio
-
Uruguay: la triste situación de los trabajadores
forestales
En
Uruguay hemos ingresado al siglo XXI siendo testigos de una transformación
paisajística que se extiende en todas direcciones. Plantaciones
de eucaliptos y pinos parecen invadir toda clase de tierras. Esa
transformación paisajística tiene incidencia directa en distintos
aspectos sociales.
La
llegada de capitales invertidos en emprendimientos forestales
(fundamentalmente extranjeros) y la inmediata implantación de
monocultivos, constituyó la génesis de una nueva pirámide de categorías
sociales y laborales. Contratistas, subcontratistas y una amplia
base de trabajadores forestales, que desde la etapa de combate
de hormigas e invernáculos hasta la cosecha de la madera, han
intervenido soñando un futuro mejor.
Rápidamente,
las instalaciones de campo, galpones, potreros o viejos vehículos
abandonados se transforman en improvisadas “pensiones”.
Y en los sitios donde la infraestructura simplemente no existe,
precarias carpas o refugios construidos con ramas o nylon, que
se confunden con corrales de animales, se convierten en
hogar de la cuadrilla.
Para
muchos trabajadores, la actividad forestal implicó el hacinamiento,
la promiscuidad, la degradación de las condiciones de trabajo,
y pasó a constituir la cualidad más destacada y difundida de una
actividad que a todas luces prometió bienestar económico y prosperidad
para amplios sectores. Simultáneamente, se incorporaron otra serie
de situaciones que terminaron de conformar un panorama laboral
nada alentador: la ocurrencia de graves accidentes laborales,
la aparición de enfermedades vinculadas a la deficiente alimentación
o falta de higiene, bajos salarios o jornales nunca abonados,
el abigeato y el mate como única forma de sobrevivir.
El
Estado a través de su organismo competente no ha instrumentado
un plan de fiscalización en la materia. El argumento esgrimido
es la ausencia de denuncias por parte de los trabajadores.
Sin embargo, la tónica de la política aplicada es justamente intervenir
lo menos posible; así lo ponen de manifiesto las propias cifras
oficiales. A la ausencia de políticas de contralor, el obstáculo
más destacado está representado por la absoluta carencia de vehículos
(4x4) que permita a los inspectores acceder a los distintos frentes
de trabajo, situación ésta que viene presentándose desde hace
años. El descenso del número de inspecciones laborales realizadas
a los campos forestales no está en relación con el constante incremento
de la superficie plantada y el del volumen de madera obtenida.
El
sometimiento a las peores formas de trabajo que sufre parte de
la población trabajadora en el sector no ha generado un incremento
de denuncias a la autoridad competente. El número de denuncias
al respecto han sido escasas. Esta situación responde a
varias razones. Una de ellas es el desconocimiento que se tiene
respecto a los derechos laborales que protegen al trabajador como
parte más débil de una relación laboral. Otro motivo, y quizás
el más importante, responde al temor del trabajador a ser identificado
como auspiciante de la denuncia y por consecuencia perder así
toda posibilidad de obtener una nueva oportunidad de trabajo.
Miles
de trabajadores son trasladados diariamente desde ciudades como
Rivera y Tranqueras, a distintos frentes de trabajo. Otros trabajadores
migran a pueblos y parajes como Perseverano, Castillos, Greco,
Punta del Chileno, Aguas Blancas, Villa del Carmen, Piedra Colorada,
entre tantos otros lugares, buscando una oportunidad laboral,
sin importar las condiciones de trabajo que le impongan. Muchos
de ellos permanecerán a la intemperie o en precarios refugios
varios días o semanas, con la esperanza de que la tarea realizada
le reporte algún ingreso y así poder retornar a su tierra.
Paso
de La Cruz es un pueblo que abandonó la tradición de trabajo
ganadero y plantaciones citrícolas, volcándole casi en su totalidad
a las faenas forestales. Está ubicado en el Departamento de Río
Negro, a kilómetros de la ruta Nacional Nro. 25.
Sobre
un camino de balasto se extiende un conjunto de casas que albergan
una población estable de 400 vecinos (aproximadamente). El pueblo
cuenta con algunos almacenes, un salón comunal de uso múltiple,
un destacamento policial y un médico que visita la zona con cierta
frecuencia. La comunicación vía teléfono celular constituye casi
un acto de suerte. Recorriendo la calle principal, se observan
en los patios de las casas las motosierras, cascos forestales
y otros elementos que revelan sin equívocos la actividad que realizan
los pobladores. Durante el día, decenas de camiones forestales
sacan y transportan la madera cosechada; y alguna maquinaria pesada
de la Intendencia Municipal intenta mantener habilitada la única
vía de tránsito.
Las
empresas forestales del lugar han prohibido el pernocte de las
cuadrillas en los predios. Es por eso que más de 200 trabajadores
en época de zafra recorren muchos kilómetros para instalar sus
campamentos en el pueblo. Algunos logran arrendar casas abandonadas,
y los más se ubican en espacios verdes, predios vacíos o a la
vera del camino. Durante la noche, los fogones de ruedas de mate
constituyen el único elemento que ilumina la calle.
Si
bien algunos pobladores consultados concuerdan en indicar como
aspecto positivo que no existe desocupación en el lugar, no ocultan
su malestar y preocupación respecto a las situaciones vinculadas
al alcoholismo, prostitución, abigeato, problemas vinculados al
incumplimiento de compromisos salariales y pago de jornales a
través de bonos que solo son canjeables en determinados almacenes.
El destacamento policial se ve desbordado por la cantidad de intervenciones
y la complejidad de las situaciones sociales planteadas. Preocupados
por la situación que parece imponerse en el lugar, la denuncia
fue planteada en el seno de la Junta Departamental.
Por
el momento parece ser que en lo social todavía resta mucho por
resolver. Suscribiendo y subrayando lo que establece la
OIT (Organización Internacional del Trabajo), no es suficiente
crear nuevos empleos: es necesario crear puestos de trabajo de
calidad.
Por:
Asociación de Inspectores de Trabajo del Uruguay (A.I.T.U.), “Por
un trabajo con Derechos”, correo electrónico:
inspectoresdetrabajo@adinet.com.uy, http://www.aitu.org/
inicio
-
Sudáfrica: las condiciones de trabajo y el sistema de contratación
de mano de obra en las plantaciones madereras
Desde
mediados de la década de 1980 existe una tendencia mundial hacia
la subcontratación en aquellos aspectos del modelo de producción
de las plantaciones madereras que exigen el uso intensivo de mano
de obra. En Sudáfrica, la industria maderera admitió abiertamente
que su principal motivo para reemplazar los empleados permanentes
por trabajadores subcontratados fue reducir costos. Esto resultó
en una cantidad de consecuencias negativas para los trabajadores
de las plantaciones y sus familias, que perdieron la seguridad
laboral y todos los beneficios normales del empleo directo permanente
(planes de asistencia médica, seguros, jubilaciones, vivienda,
becas de estudio y oportunidades de capacitación interna y de
hacer carrera, entre otros). Las comunidades trabajadoras sufrieron
desventajas y pérdidas económicas considerables, en tanto los
beneficios de las empresas madereras aumentaron en forma exponencial.
Otra
razón para que la industria maderera se pasara a la subcontratación
de la mano de obra fue su claro deseo de no tener que lidiar con
acciones sindicales capaces de poner en riesgo la productividad
y por lo tanto el lucro. “Tercerizar” los empleos en virtud del
sistema de contratación de mano de obra efectivamente traspasa
la responsabilidad por la salud y la seguridad de los trabajadores
a subcontratistas que a menudo cuentan con pocos recursos y ni
siquiera pueden brindar a sus trabajadores los elementos básicos
de protección como guantes y máscaras. En general el sistema de
subcontratación está muy mal supervisado por parte de las empresas
forestales, y dado que los contratistas principales a menudo pasan
el trabajo a otros subcontratistas, obteniendo así una ganancia
sin tener que involucrarse realmente en el trabajo, cada vez es
más difícil controlar si se están cumpliendo las condiciones del
contrato en términos de aspectos como capacitación, salario mínimo
o equipo protector.
Antes
incluso de que ocurriera esta transición, las mayores empresas
forestales ya habían hecho un esfuerzo considerable para eliminar
o reducir el uso de mano de obra en el campo mediante tecnología
mecánica cara capaz de sustituir cientos de trabajadores con una
sola máquina. El uso de herbicidas tóxicos para controlar plantas
extrañas y malezas en las zonas de las plantaciones fue otra alternativa
económica a los métodos manuales de desmalezamiento que antiguamente
brindaban trabajo a mucha gente. A pesar de esto la industria
se ha mantenido fiel a sus dudosas afirmaciones de que las plantaciones
madereras crean nuevos empleos y mejoran las comunidades rurales,
aunque esto está claramente lejos de la verdad. Es bien sabido
que otras actividades agrícolas, incluido el cultivo de caña azucarera,
brindan empleo a muchas más personas que las plantaciones de árboles.
La mayoría de las pérdidas de empleo ocurren cuando las empresas
agrícolas mixtas de propietario y administrador individual se
sustituyen por plantaciones madereras, y esta pérdida de empleo
se agrava con la reducción de los salarios y beneficios de los
trabajadores que inevitablemente resulta.
El
modelo prevaleciente de plantaciones madereras que se usa en Sudáfrica
y en muchos otros países es responsable de una amplia gama de
impactos negativos que pueden contribuir a los accidentes laborales
y la mala salud de los trabajadores. Los impactos dañinos a menudo
se extienden más allá del lugar de trabajo y llegan a los hogares
y las comunidades de los trabajadores a través de vínculos que
evolucionaron como parte del gobierno colonial y en tanto efecto
de la mentalidad corporativa prevaleciente de “lucro a cualquier
precio”, según la cual muchos de los costos directos asociados
con la producción de madera en las plantaciones se evitan y transfieren
a las comunidades obreras y el medio ambiente. La Organización
Internacional del Trabajo (OIT) de las Naciones Unidas ha clasificado
el trabajo en los bosques y las plantaciones forestales como uno
de los más peligrosos, pero en combinación con los efectos de
las malas condiciones sociales causadas por el sistema de contratación
de mano de obra usado en la industria de la madera éste se vuelve
todavía más dañino. Sin entrar en gran detalle, puede verse que
muchos efectos nocivos sobre los ecosistemas y la gente se ocultan
de la vista de la sociedad, o bien ésta los ignora, y que aparentemente
el gobierno tampoco tiene ganas de quitarse las anteojeras.
Las
plantaciones perturban la vida comunitaria a través de desplazamientos,
desalojos y especialmente la migración de los trabajadores motivada
por el sistema de contratación de mano de obra. Esto ocasiona
la ruptura de las familias y el aumento del alcoholismo, la drogadicción
y la delincuencia. La proliferación de las enfermedades de transmisión
sexual, con inclusión del VIH/sida, puede vincularse directamente
con las exigencias a los trabajadores, en especial los camioneros,
que por necesidad se ven obligados a alejarse de sus hogares para
encontrar trabajo. En general, las plantaciones madereras perpetúan
un ciclo de pobreza que enquista la nutrición insuficiente, la
educación inadecuada y la mala salud. Las familias desplazadas
a menudo terminan viviendo en asentamientos precarios donde se
exponen a las enfermedades, la delincuencia y la amenaza constante
de perder todas sus pertenencias en los incendios que frecuentemente
arrasan sus inseguros hogares.
Las
mujeres constituyen una gran parte de la mano de obra empleada
en las plantaciones madereras, pero su participación en general
se reduce a tareas físicas como desmalezar, descortezar o aplicar
plaguicidas. Al mismo tiempo estas mujeres tienen que asumir la
responsabilidad de administrar el hogar, criar los niños y muchas
otras tareas afines. En el caso de planes de cultivo subcontratado,
y en especial en casos de hombre jefe del hogar ausente, las mujeres
deben soportar la carga adicional de proteger y administrar la
parcela. A menudo reciben poca recompensa, dado que el dinero
de la venta de la madera suele ir directamente al hombre, especialmente
cuando el beneficiario legal del acuerdo de subcontratación con
la empresa maderera es él.
La
industria sudafricana de la madera se jacta de que está certificada
por el Consejo de Manejo Forestal (FSC) en más del 80% y alega
que eso demuestra que las plantaciones industriales de madera
se gestionan en forma responsable según los principios, criterios
y normas del FSC para la administración forestal. ¿Por qué, entonces,
hay tan pocas pruebas tangibles que apoyen estas pretensiones?
¿Por qué, también, tantos de los problemas experimentados en Sudáfrica
se encuentran en otros países en desarrollo donde se han establecido
monocultivos de árboles en gran escala? Brasil, Chile, Ecuador,
Uruguay, Swazilandia, Uganda, India, Indonesia y Tailandia son
algunos ejemplos.
La
respuesta a estas preguntas debería ser fácil de ver, pero desgraciadamente
aquéllos que controlan el aparato propagandístico de la industria
mundial de la pulpa y el papel prefieren mantenerse en la negación
y el engaño. Se ha dicho que si una mentira se repite las veces
suficientes terminará aceptándose como la verdad e incluso el
mentiroso empezará a creer que es cierta, salvo que esta mentira
sea cuestionada permanentemente por la verdad. En este caso la
mentira de la certificación de las plantaciones está siendo cuestionada
por más y más gente del mundo entero cada día.
Artículo
basado en parte del reciente informe sobre agrocombustibles y
certificación “The Social Impacts of Certified Timber Plantations
in South Africa and the Implications Thereof for Agrofuel Crops”,
redactado para la Coalición Mundial por los Bosques.
inicio
-
Malasia: paraquat “barato” a expensas de
la salud de los trabajadores