Camerún:
bosques comunitarios en un mar de madereo industrial
Visité Camerún en diciembre
de 2006 y setiembre de 2007. En ambas oportunidades me impresionó
la cantidad de camiones cargados con enormes troncos de árboles
tropicales en prácticamente todas las carreteras. La gran mayoría
se dirigía a los puertos desde donde se exportarían los troncos,
sin procesar, principalmente a países del Norte.
Ver esos “antiguos bosques
sobre ruedas” viajando en la carretera me recordó el libro “Las
venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano. En este caso
se trata de las venas abiertas de África Central (Camerún, República
Democrática del Congo, República del Congo, Gabón) y los troncos
representan la vida de los bosques y los pueblos africanos explotados
para el consumo del Norte.
En Camerún el madereo
en escala industrial está en manos de grandes empresas nacionales
y extranjeras vinculadas con el capital extranjero y orientadas
a la exportación. Paradójicamente el país parece, en los papeles,
bastante progresista en la promoción del manejo comunitario de los
bosques. A este respecto, en 1994 se aprobó una ley de bosques comunitarios
que permite a las comunidades gestionar sus propios bosques, aunque
solamente hasta 5.000 hectáreas, en virtud de un contrato celebrado
con el Ministerio de Medio Ambiente y Bosques válido por 25 años.
Sin embargo el gobierno
sigue apoyando el madereo destructivo y lucrativo y no parece tener
intenciones de sustituirlo por la gestión forestal comunitaria.
Esto quedó demostrado con una visita a un bosque comunitario.
El 12 de setiembre visitamos
el bosque comunitario COVIMOF (Communauté Villageoise de Melombo,
Okekak, Fakele 1&2, Ayos et Akak), donde lo primero que aprendimos
es que el proceso de aprobación de la gestión comunitaria de bosques
es muy lento. En este caso, las cinco comunidades participantes
iniciaron el proceso en 1996 y solamente en 2004 lograron cumplir
con todos los requisitos para la aprobación y firmar el instrumento
legal necesario. Se quejan de que incluso ahora, cuando presentan
el plan anual de manejo, el Departamento de Bosques demora meses
en aprobarlo, con lo cual la comunidad dispone de muy poco tiempo
(uno o dos meses) para instrumentarlo.
La segunda lección es
que las comunidades están solas en lo que atañe a la protección
contra el madereo ilegal en sus bosques. Mientras la comunidad seguía
esperando la autorización para comenzar las operaciones forestales,
un grupo de madereros ilegales empezó a cortar árboles en el bosque
comunitario. Se informó a las autoridades pertinentes, que no tomaron
ninguna medida. Más tarde los madereros regresaron con maquinaria
pesada y apilaron los troncos ilegales junto a una carretera. Las
autoridades locales recibieron fotografías y videos de esta operación,
pero no pasó nada. Finalmente cargaron los troncos en camiones y
se fueron, pasando incluso por un puesto de control forestal del
gobierno sin ningún problema.
La restauración del bosque
es otra actividad para la cual las comunidades no cuentan con apoyo
del gobierno. Este bosque comunitario ya había sido “descremado”
y despojado de sus mejores árboles por anteriores actividades de
madereo. La población local está replantando árboles nativos, pero
sin apoyo gubernamental. Construyeron un pequeño vivero donde se
producen unos 5.000 plantines de 12 especies de árboles. El año
pasado plantaron 1.000 árboles con el apoyo del CED (Centre pour
l’environnement et le développement) y de Greenpeace.
La tercera lección es
que también están solos para la cosecha, el transporte, la industrialización
y la comercialización de la madera. No es el gobierno quien brinda
apoyo técnico y capacitación sino organizaciones de la sociedad
civil como el CED. La maquinaria para transformar troncos en trozas
también se compró con ayuda de organizaciones no gubernamentales,
pero se necesitaría mucho más para mejorar el proceso actual de
industrialización. La comercialización es difícil y está sujeta
a frecuentes abusos por parte de los compradores. En todo esto el
gobierno está completamente ausente.
Este ejemplo parece demostrar
que en Camerún los bosques comunitarios necesitan algún tipo de
ayuda del exterior, en este caso brindado por las ONG. Sin embargo,
las ONG no tienen capacidad para apoyar muchos más casos y son las
agencias gubernamentales quienes deberían cumplir este papel. Para
que esto ocurra hay una condición básica necesaria: la voluntad
política del gobierno de pasar del madereo industrial al manejo
comunitario de los bosques. Eso es lo principal e implica buscar
respuestas a la interrogante crucial de cómo empezar el proceso
para lograr cambios en esa dirección. Los ejemplos de éxito e incluso
de fracaso de los bosques comunitarios existentes pueden ser extremadamente
útiles como parte de ese proceso.
En el caso del bosque
comunitario COVIMOF es importante destacar que, a pesar de todos
los problemas, la población local está orgullosa y feliz de sus
logros. La mayoría ya demuestra una capacidad técnica que antes
no tenía en alguna de las actividades relacionadas con la silvicultura.
Se han comprometido a usar el bosque en forma sustentable y repartir
los beneficios en forma equitativa. En sus manos, el bosque tiene
una oportunidad real de protección.
Por Ricardo Carrere, basado
en observaciones y entrevistas realizadas en salidas de campo durante
un viaje a Camerún en setiembre de 2007.