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Amazonía:
el derecho de los pueblos a vivir en aislamiento voluntario
En
el artículo “PUEBLOS OCULTOS EN LA SELVA ¿Derecho a vivir la propia
Amazonía?” (*) la escritora argentina Elina Malamud incursiona con
gran sensibilidad en las condiciones que han llevado a numerosos
pueblos de la selva a un aislamiento escogido voluntariamente. La
autora recoge palabras del brasileño Sydney
Possuelo, adalid de la lucha por la defensa de los derechos de los
grupos indígenas a continuar su estilo de vida: “Si fuéramos más
decentes, no habría pueblos aislados pero nuestra conducta los ha
llevado a buscar protegerse de nosotros. Su aislamiento no es voluntario,
es forzado por nosotros.”
La Amazonía --codiciada desde la conquista de los españoles por
el oro, luego el caucho, el petróleo, las maderas preciosas-- fue
apropiada con “angurria” por aventureros y mercantilistas, que dejaron
tras de sí un trasiego de enfermedades, muerte y desintegración
entre sus pobladores. Hoy, las obras civiles vinculadas a proyectos
de desarrollo (como la carretera transamazónica y las represas)
así como la expansión agroindustrial siguen teniendo los mismos
efectos devastadores sobre la integridad física y cultural de los
pueblos indígenas de la Amazonía.
Possuelo, testigo de primera mano de cómo opera “la integración”,
lo relata: “El contacto traía aparejado desestructuración grupal,
necesidades artificiales –“si les das ropa, luego debes darles jabón
para que la laven”-, descontrol personal, borrachera, prostitución,
destrucción, porque lo peor de todo eran las epidemias que nosotros
curamos a diario con una pastilla pero para las cuales los indios
del corazón de la selva carecían de cualquier defensa inmunológica
y morían sin remedio, solos, abandonados en la selva por sus hermanos”.
“Desde 1987, yo pasé del contacto a la protección, es decir al no
contacto, al derecho al aislamiento como la mejor manera de preservarlos.”
Estos grupos indígenas, por su estilo de vida, son autosuficientes
en su medio y --en la medida que éste no sea alterado-- viven en
la abundancia de lo que la selva les da: “caza, pesca, frutas y
maderas combinado con la horticultura de roza y quema, recursos
de flora y fauna que sus prácticas culturales y su baja demografía
permiten que sean renovables”.
Los grupos que han escogido aislarse tienen ese derecho, reconocido
por las Naciones Unidas. Y la autora argumenta que más que eso,
tienen “el derecho a un reconocimiento político y jurídico por parte
de los Estados nacionales, a la propiedad colectiva de sus territorios,
de sus recursos, de sus genes, de sus conocimientos culturales.”
A todos y todas nos compete reconocer y defender sus derechos e
impedir que continúen las historias de genocidio y muerte, de los
pueblos y de los bosques.
(*)
“Pueblos ocultos en la selva ¿Derecho a vivir la propia Amazonía?”,
Elina Malamud, 5 de febrero de 2008,
http://www.ecoportal.net/content/view/full/75895