NUESTRA
OPINIÓN
-
Las luchas por el agua y por el clima: un
asunto de tod@s
En este mundo
crecientemente privatizado, hablar de agua es casi sinónimo
de hablar de su apropiación por parte de alguna empresa
para convertirla en mercancía y fuente de ganancias. La
gravedad de ello ha sido percibida por mucha gente y ha dado lugar
a grandes luchas –a veces pacíficas, a veces violentas-
para evitar su pasaje a manos de empresas transnacionales.
Sin embargo,
el rol de las transnacionales va mucho más allá
del negocio del agua potable y se extiende desde su contaminación
hasta la destrucción de los ecosistemas que aseguran el
funcionamiento del ciclo del agua.
El agua no
se contamina sola y el origen de su contaminación se encuentra
en la mayoría de los casos vinculado a grandes empresas
transnacionales que, o bien contaminan directamente o bien producen
y venden las sustancias contaminantes que acaban envenenando el
agua.
En el primer
caso se destacan las empresas petroleras y mineras, que vierten
enormes cantidades de sustancias contaminantes en las zonas donde
se instalan, en tanto que en el segundo lo hacen las empresas
que producen y venden productos tóxicos cuyo destino final
es también el agua. Por supuesto que éstas no son
las únicas empresas involucradas, pero ocupan sin duda
un lugar prominente en la larga lista de empresas contaminantes.
Un caso diferente,
pero igualmente grave, es el de las empresas vinculadas a la construcción
de grandes represas hidroeléctricas, que destruyen ecosistemas
enteros –tanto hídricos como boscosos- afectando así
a las innúmeras especies –incluyendo la humana- que de
ellos dependen.
Algo similar
ocurre con las empresas camaroneras, que no solo contaminan los
recursos hídricos sino que también destruyen los
ecosistemas de manglar, tan importantes para la defensa de los
sistemas costeros y la vida vinculada a los mismos.
Otro caso
es el de las empresas vinculadas a la producción de celulosa,
que instalan enormes monocultivos de árboles de rápido
crecimiento para abastecer a sus fábricas de materia prima.
Dichos árboles consumen –sin costo alguno para la empresa-
ingentes volúmenes de agua, que llegan a secar humedales,
lagunas y cursos de agua. Al mismo tiempo, sus enormes fábricas
utilizan gratuitamente el agua para su proceso industrial y la
devuelven contaminada al mismo curso de agua del que la extrajeron.
La lista es
demasiado larga como para poder comprimirla en un artículo,
pero se puede generalizar diciendo que en todo proceso de destrucción
del agua y de los ecosistemas necesarios para asegurar el funcionamiento
del ciclo hidrológico siempre hay al menos una, y en la
mayoría de los casos varias, empresas transnacionales que
de hecho se han apropiado del recurso.
En todos los
casos, los más perjudicados son los pobladores locales,
cuya vida depende de los ecosistemas y de los recursos hídricos
contaminados o degradados por obra de dichas empresas. De los
pobladores urbanos, los más pobres son los más afectados,
ya que se ven obligados a gastar sus escasos ingresos monetarios
en agua embotellada porque el agua entubada está contaminada.
A su vez, a nivel de poblaciones locales, las más perjudicadas
son normalmente las mujeres, que son impactadas de manera diferenciada
por los cambios resultantes a nivel local.
A nivel más
macro, el mayor peligro para el agua está vinculado al
cambio climático. Por un lado, porque una de las principales
causas del mismo –la deforestación- impacta negativamente
sobre el ciclo del agua. En efecto, la destrucción de amplias
áreas de bosques afecta tanto la ocurrencia de lluvias
como la infiltración del agua a las napas subterráneas,
que son las que aseguran el abastecimiento de los cursos de agua
entre una y otra lluvia. Por otro lado, porque el propio cambio
climático modifica enteramente el régimen hidrológico,
dando lugar a fenómenos extremos como sequías e
inundaciones.
Demás
está decir que detrás del fenómeno del cambio
climático es también posible identificar a grandes
empresas transnacionales que se benefician, ya sea de los procesos
de deforestación, ya sea de la explotación y venta
de combustibles fósiles y más recientemente, del
comercio de carbono que inventaron para obtener aún mayores
ganancias del cambio climático convertido en negocio.
Para la abrumadora
mayoría de los habitantes del planeta, el agua no puede
reducirse a un negocio y menos aún lo puede ser el cambio
climático. La contaminación y escasez de agua, así
como el cambio climático son desastres a evitar y no mercancías
a negociar. Las luchas –locales, nacionales e internacionales-
contra los diferentes procesos y actores que afectan el agua y
el clima no son luchas de “oposición” sino de afirmación:
por la vida de ésta y de futuras generaciones.
inicio
AGUA:
UNA FUENTE VITAL DE VIDA
-
El agua: elemento sagrado, bien común
o mercancía
“No se manifestaba
la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el
cielo en toda su extensión. No había nada junto,
que hiciera ruido, ni cosa alguna que se moviera, ni se agitara,
ni hiciera ruido en el cielo. No había nada que estuviera
en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y
tranquilo. ... Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz,
los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad.” (Fragmentos
del Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas que explica el origen
del mundo)
En química,
el agua, con la fórmula H2O, se explica como una sustancia
que proviene de la reacción del hidrógeno y el oxígeno.
Tiene un peso molecular de 18 gr/mol y sirve de base para medir
la densidad de las sustancias. El calor la hace pasar del estado
líquido al gaseoso y el frío del estado líquido
al sólido. El agua es vapor, nube, hielo, granizo, nieve,
líquido, lluvia, quebrada, río, mar. Es también
un ácido, un hidróxido, una sal y un óxido.
Sólo
un pequeño 2,5% del total del agua existente en el planeta
es dulce y por lo tanto de uso humano. Para el concepto urbano
occidental y moderno el agua es un recurso renovable y la tendencia
creciente es a considerarla un elemento de consumo más,
una mercancía que se puede comprar y vender, apropiar,
despilfarrar y contaminar.
Pero para
las antiguas culturas y aún aquellas que todavía
no han perdido del todo su ligazón con la naturaleza, el
agua es un elemento sagrado, inspirador de mitos y leyendas. En
algunos casos, por la dificultad de conseguirla y conservarla
le llegaron a conferir un valor casi divino. El agua es nacimiento
desde su fluidez y en su brotar es eternidad.(1) Por eso aparece
como elemento originario asociado a lo sagrado en la gran mayoría
de las religiones: en los textos de la Torá judía,
del Antiguo Testamento cristiano, del Corán musulmán,
en los códices de las religiones precolombinas, en las
prácticas del hinduismo con el río Ganges como centro,
en los mitos egipcios marcados por las crecidas anuales del río
Nilo, en las tradiciones griegas, romanas y chinas.
En la actualidad,
los Pueblos Indígenas del 3er Foro Mundial sobre el Agua
celebrado en Kyoto, Japón, en marzo de 2003, declararon
que se comprometían “a honrar y respetar el agua como un
ser sagrado que sostiene toda la vida. Nuestros conocimientos,
leyes y formas de vida tradicionales nos enseñan a ser
responsables, cuidando este obsequio sagrado que conecta toda
la vida”. Cuando el agua es concebida como sagrada, no tiene precio
y su valor trasciende la especie humana.
Por fuera
del concepto de sacralidad existe igualmente una corriente de
pensamiento que concibe el derecho al acceso al agua potable como
un derecho humano básico. En 1977, en Mar del Plata, Argentina,
se organizó la primera Conferencia de las Naciones Unidas
sobre el Agua y fue punto de partida de una reflexión acerca
de una política global para el agua. Allí la comunidad
internacional constataba por primera vez que todas las personas
tienen igual derecho de acceso al agua potable, en cantidad y
calidad suficientes como para cubrir sus necesidades.
Es que hoy,
1.400 millones de personas -1 de 4 habitantes del planeta- carecen
de agua potable. Las diferencias y tensiones no dejan de aumentar.
Mientras el consumo medio de los habitantes de California, Estados
Unidos, supera los 500 litros diarios, en Sudán esta cifra
cae a 19 litros.
En 1992, la
Agenda XXI de la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río
de Janeiro, Brasil, volvía a esa idea. En 2000, la Asamblea
General Extraordinaria de las Naciones Unidas fijó la meta
de reducir a la mitad el número de personas que no tienen
acceso al agua potable para el 2015. El primer Foro Alternativo
Mundial sobre el Agua (2), celebrado en Florencia, Italia, en
2003, inspirado en el Manifiesto del Agua (3) así como
en las reflexiones del Foro Social Mundial de Porto Alegre, pregona
a favor de «otra política mundial y local del agua»
y busca asegurar «el derecho al agua para todos los 8 mil
millones de personas que van a vivir en el planeta en 2020 ».
Pero todos
estos son enunciados que no han sido sostenidos en las esferas
de decisión por las voluntades políticas que deben
hacerlos aplicar. Por el contrario, en todo el mundo aumenta la
presión por privatizar el servicio de agua, al igual que
otros tantos rubros y servicios. Las transnacionales del agua
--como Bechtel, Veolia, Suez, Saur Bouygues, Nestlé, Vivendi
Environnement, Danone, RWE, Thames Water, Southern Water, Coca-Cola,
Aguas de Barcelona, por nombrar algunas-- cuentan para ello con
los organismos multilaterales financieros que imponen recetas
privatizadoras a los países del Sur.
La apropiación
del agua y generalmente su contaminación por el sector
industrial se produce también por su uso y abuso --generalmente
gratuito-- para emprendimientos tales como fábricas de
celulosa (que requieren grandes volúmenes de agua), minería,
granjas camaroneras. Algunas de estas actividades suponen además
el deterioro y la destrucción del bosque, lo que a su vez
incide directamente en el ciclo del agua en la medida que el bosque
es un elemento clave del mismo.
Los monocultivos
de árboles a gran escala son también una forma de
apropiación del agua, pues las especies de rápido
crecimiento actúan como sifones de las napas subterráneas,
en detrimento de otras actividades circundantes a la plantación.
En el Taller
Popular en Defensa del Agua que se realizó en México
en 2005 se identificaron “algunas de las caras que asume la privatización”
(4). Entre ellas figuran:
* Privatización
de los territorios y biorregiones. Las empresas que comercian
y/o necesitan masas de agua para sus actividades van por la privatización
de territorios y biorregiones enteras para garantizarse el uso
monopólico del recurso, protegidas por cambios en las legislaciones.
* Privatización
por desviación de aguas. La construcción de represas,
hidrovías y desviación de ríos de sus cauces
naturales para abastecer zonas de alto consumo industrial, agroindustrial
y urbano.
* Privatización
por contaminación. Las industrias mineras, petroleras,
papeleras, eléctricas, junto a la contaminación
por agrotóxicos de la agricultura industrial y a otras
industrias sucias, contaminan las fuentes de agua como "efecto
colateral", apropiándose de facto de un recurso que
es de todos, al imposibilitar que otros las puedan usar.
De tales efectos
pueden dar testimonio las comunidades de Nigeria afectadas por
empresas petroleras como la Shell, que contaminan las aguas del
Delta del Níger que, según un estudio de la Comunidad
Europea, contienen niveles de petróleo que resultan peligrosos
tanto para la vida acuática como humana.
Las plantaciones
industriales de palma aceitera, además de alterar el ciclo
del agua con la deforestación que suelen provocar, llevan
consigo el flagelo agregado de los agrotóxicos que utilizan
para controlar plagas, malezas o enfermedades vegetales, y que
terminan en los cursos de agua superficiales y subterráneos.
En lugares donde las precipitaciones suelen ser abundantes, herbicidas
como el glifosato o el paraquat suelen ser arrastrados por la
lluvia hasta los arroyos y ríos que constituyen la única
fuente de agua de comunidades enteras alrededor de las plantaciones,
con los consiguientes efectos sobre su salud.
Por último,
todo es cuestión de políticas. Como bien lo explica
la ecologista suiza Rosmarie Bär, “cuando se habla de agua
hay que hablar de políticas. La política del agua
va de la mano de la política del suelo y de la agricultura,
de la política comercial y económica, la de medio
ambiente, social y sanitaria, así como de la política
de la igualdad”.
Las políticas
que actualmente se imponen en todo el mundo están muy lejos
de tomar en cuenta que formamos parte de un gran sistema que a
su vez integra otros sistemas y otros y otros: desde los átomos
a las galaxias. Lo que se haga en una parte de un sistema, repercute
en los demás. La gran tarea urgente que tenemos como humanidad
es revertir esa desviación para recuperar el futuro.
(1) “El agua”,
Comfama, http://www.comfama.com/contenidos/bdd/6358/AGUA.pdf;
(2) “Declaración de Florencia para otra Política
del Agua. Manifiesto del Foro Alternativo Mundial sobre el Agua”
(21-22 de marzo,2003), http://paginadigital.org/articulos/2003/2003terc/noticias5/agua25-4.asp;
(3) “El manifiesto
del agua”, Ricardo Petrella, Barcelona, Encuentro Icaria Editorial-Intermón
Oxfam, 2002 ;
(4) “Las caras
de la privatización del agua”, Silvia Ribeiro, La Jornada,
abril 2005, http://www.jornada.unam.mx/2005/04/30/027a1eco.php
inicio
-
El bosque y el agua
La relación
bosque-agua ha existido desde mucho antes de la llegada del humano
a este planeta. Donde sea que caiga agua del cielo con cierta
regularidad, puede haber un bosque. Los bosques son para los científicos
un ecosistema que alberga gran diversidad biológica, tanto
de especies diferentes como de genes dentro de una misma. Es un
lugar dominado por árboles pero que además está
formado por plantas de diversas especies, tamaños, edades
y formas de vivir. Podemos encontrar lianas, enredaderas, helechos,
arbustos, árboles jóvenes y árboles antiguos
que podrían contarnos la historia desde mil años
antes de Cristo. De allí la gran biodiversidad que albergan,
ya que tantas plantas diferentes proporcionan alimento para muchos
animales diferentes.
Y donde quiera
que hay un bosque, hay agua. Esto se debe en un comienzo a que
la existencia de agua es un requisito indispensable para las plantas,
ya que para realizar la fotosíntesis necesitan tres cosas:
luz, dióxido de carbono, y agua. Pero además los
bosques se desarrollan y evolucionan en equilibrio con la cantidad
de agua de la que disponen, y tal vez por eso una vez que se han
desarrollado, la protegen.
Los bosques
proporcionan varios factores que generan las condiciones para
que el agua se conserve en ellos. Primero: bajan la temperatura
al proporcionar sombra, lo que impide que el agua se evapore y
migre hacia el cielo. Segundo: atrapan las nubes haciendo que
éstas pasen más lentamente por el lugar, dejando
más humedad en él. Tercero: mejoran el suelo haciéndolo
más esponjoso a través de la incorporación
de materia orgánica en él, lo que hace que el agua
se infiltre y no escurra por sobre el suelo. Cuarto: hacen que
al agua llegue más lentamente al suelo, atrapándola
en las copas de los árboles y dejándola caer por
el tronco, lo que da más tiempo al suelo para absorberla
e impide que el agua erosione el suelo con una caída rápida.
Las culturas
originarias conocen muy bien la relación entre el agua
y el bosque. El pueblo mapuche, que habita el sur de Chile, encuentra
en el bosque nativo espíritus-fuerzas que protegen el agua.
Los gñen-ko, habitan un lugar sagrado dentro del bosque,
el meno-ko, lugar donde nace el agua. El gñen-ko castiga
a quienes entran al menoko sin pedirle antes permiso, o quienes
entran sin una razón valedera, como para extraer plantas
medicinales para curar un enfermo.
Relata Lucinda
Pichicona, una mujer mapuche: “a veces por la necesidad han ido
sacando plantas, árboles para la venta de leña,
calefaccionarse, hacer cercos, han ido sacando y destruyendo su
bosquete. …y mucha gente ha limpiado por ejemplo hoy día
existen las instituciones que llegan (diciendo) que hay que limpiar
el agua, que hay que tener todo muy limpio y muchos mapuche limpiaron
sus vertientes de donde sacaban el agua, limpiaron y cortaron
los árboles para que no cayeran las hojas en el agua, porque
antes caían las hojas pero se les hacía a un lado
y se sacaba el agua, y porque les dijeron que esa agua estaba
sucia entonces la gente cortó los árboles para que
no caigan las hojas. Y qué pasó, que se secó
el agua. Y ahí ellos se dieron cuenta que sacando las plantas
el agua ya no está, ya no tiene más gñen
que produce el agua”(1).
Cuando el
bosque que se desarrolló en equilibrio con las condiciones
ambientales del lugar desaparece, ese equilibrio se ve seriamente
alterado. Los suelos y laderas se ven expuestos a los agentes
de la erosión, de los cuales el agua es el más fuerte.
Es eso justamente lo que mejor explica la relación entre
estos tres factores. Sin la existencia del bosque, el agua y el
suelo casi se repelen mutuamente en los lugares con topografía
que no sea plana. Con la presencia del bosque en cambio, se genera
una red natural que permite que el agua y el suelo mantengan una
relación más estrecha, se acerquen y permanezcan
juntos por mucho más tiempo.
Cuando el
bosque nativo es reemplazado por plantaciones de árboles
foráneos, la relación agua-suelo se destruye, debido
a que los únicos árboles capaces de establecer un
balance entre ellos, son los que se han desarrollado de acuerdo
a las características que ambos factores presentan en el
lugar determinado.
Un hombre
mapuche del sector de Lumaco, explica:” ahora no hay mucho menoko
porque entraron las forestales por todas partes, rodearon la comunidad,
mermó el agua. …muy especial el menoko, las vertientes,
el agua. Y ahora como se ha plantado el pino actualmente, ahora
al salir el pino, esa agua se ha secado. Y la comunidad se ha
vuelto medio triste. No es como la vida de antes”(1).
Sabemos que
el planeta está cubierto en sus tres cuartas partes de
agua, pero para que esa agua se encuentre disponible para el humano,
deben existir suficientes bosques que la pongan a nuestro alcance.
De lo contrario, sólo la veremos pasar.
Por Alejandra
Parra, RADA (Red de Acción por los Derechos Ambientales),
correo electrónico: sinurgirse@yahoo.es
(1) Extracto
de entrevistas realizadas a kimche (personas con sabiduría)
de la comunidad Pantano, comuna de Lumaco, Provincia de Malleco,
Región de la Araucanía, Chile, para la tesis “Estrategias
de restauración de comunidades boscosas nativas degradadas
en un contexto intercultural” Parra, A. 2004.
inicio
-
La conexión agua-bosque-clima
En la simbiosis
entre agua y bosque a que hace referencia el artículo anterior
hay que considerar otro elemento que entra en juego, el clima.
El clima es un factor determinante del bosque, de su flora y de
su fauna. Es por el clima que un bosque es boreal o húmedo
tropical, y que por ende su diversidad sea de un tipo u otro.
A su vez, los bosques han sido cruciales para el desarrollo del
clima mundial por su función de atrapar dióxido
de carbono y liberar oxígeno.
Esa conexión
agua-bosque-clima tiene alcances más allá de lo
local y de lo directamente comprobable. Un estudio de la Universidad
de Oxford (1) arroja luz sobre la vinculación que existe
entre las precipitaciones y el movimiento atmosférico de
la cuenca del Congo y la cuenca del Amazonas, citando estudios
satelitales que dan cuenta de una oscilación natural en
todo el Océano Atlántico por la cual las inundaciones
de la cuenca amazónica tienden a coincidir con las sequías
de la Cuenca del Congo y viceversa. A su vez las grandes variaciones
de los patrones de lluvia del Amazonas y el Congo repercuten en
la hidrología y el clima de otras regiones.
El estudio
brinda datos que ponen en cifras y escenarios un legado de conocimientos
antiguos, pero aparentemente olvidados: que la vida es interdependiente
y que lo que se haga en una parte repercute indefectiblemente
en otra. Por ejemplo, la deforestación de la Cuenca del
Congo --con un índice aproximado de destrucción
de un millón y medio de hectáreas de bosque por
año-- ha provocado un descenso de las precipitaciones en
la región de los Grandes Lagos en Estados Unidos de aproximadamente
5-15% y también afecta a Ucrania y Rusia (norte del Mar
Negro). Por su parte, el cambio de la cobertura del suelo de las
grandes cuencas de África y Asia tiene efectos en el Monzón
asiático.
Las actividades
industriales y extractivas, entre ellas la conversión de
bosques a agricultura, el madereo, la construcción de carreteras,
la explotación de petróleo o la minería,
que sustentan la economía globalizada basada en un brutal
asalto a la naturaleza, siguen adelante. Aunque no sin consecuencias.
Los delicados
equilibrios que se han roto, como la conexión bosque-agua-clima,
enfrentan ahora al planeta a la amenaza del Cambio Climático.
Nos estamos enterando que la industrialización masiva que
se traga tan vorazmente la naturaleza tiene muy mala digestión.
La emanación excesiva de los llamados “gases de efecto
invernadero” (entre ellos el dióxido de carbono) no se
relaciona con los mecanismos naturales de emisión sino
con las referidas actividades industriales.
El aumento
de la temperatura en el siglo XX probablemente haya sido el mayor
de todos los siglos en los últimos mil años y se
prevé un aumento de fenómenos extremos como precipitaciones
fuertes, aunque también del clima seco estival y consiguientes
sequías en algunas zonas. Según el Grupo Intergubernamental
de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), de las Naciones
Unidas, once de los últimos doce años transcurridos
entre 1995 y 2006 figuran entre los más cálidos
del registro existente de la temperatura terrestre (a partir de
1850).
Para el siglo
XXI los pronósticos del IPCC auguran que habrá un
aumento tanto de las concentraciones de dióxido de carbono
como de la temperatura media de la superficie del planeta (2).
La deforestación es uno de los procesos responsables del
aumento de los gases de efecto invernadero --contribuye en un
18%, según lo admite un ex economista del Banco Mundial,
Nicholas Stern, en un informe sobre el impacto del cambio climático
y el calentamiento global en la economía mundial-- y altera
el clima local, regional y mundial.
El cambio
climático afectará especialmente a los bosques tropicales
de las zonas en las que habrá una disminución de
las precipitaciones pluviales, así como a los manglares
sometidos a presiones de cambios de temperatura. A su vez, la
resiliencia (capacidad de recuperarse y adaptarse) de los ecosistemas
podría estar largamente sobrepasada este siglo por una
combinación sin precedentes del cambio climático,
alteraciones asociadas al mismo (por ej., inundaciones, sequías,
incendios, proliferación de insectos, acidificación
de los océanos) y otros factores, tales como cambio del
uso de la tierra, contaminación, fragmentación de
los sistemas naturales, sobreexplotación de los recursos.
Esto implica, entre otras cosas, efectos irreversibles sobre la
diversidad biológica.
Por otra parte,
el cambio climático también afecta al agua no solamente
porque al tener impacto en los bosques incide en el ciclo del
agua sino además por las alteraciones provocadas por un
aumento de los deshielos e incluso que la mayor temperatura también
puede comprometer la calidad del agua (por la proliferación
de algas, por ej.). Conforme a datos recogidos por el IPCC (3),
en el siglo XX se produjo un retiro generalizado de los glaciares
no polares. Esto tiene un doble efecto: a la larga implica una
menor disponibilidad de agua, y por otra parte supone la entrada
de una gran masa de agua al mar que afecta directamente las zonas
costeras. Este efecto del cambio climático genera además
más cambio climático ya que la inundación
de tierras tanto de pradera como de bosque provoca la liberación
de gas metano, uno de los gases de efecto invernadero más
potentes que inciden en el calentamiento global y por ende en
el cambio climático.
Los impactos
del cambio climático tienen a su vez efectos directos en
los grupos humoanos, no solamente en las comunidades locales que
se ven más inmediatamente afectadas por la desaparición
del bosque, la escasez o pérdida de cursos de agua y las
numerosas derivaciones sobre su sustento y salud, sino también
en los centros urbanos.
A la larga,
los grifos que olvidaron el origen del agua, los rascacielos que
perdieron la memoria de la función de los bosques, los
gobiernos que juegan al distraído con la contaminación
atmosférica, también se resentirán.
(1) “Ecosystem
services of the Congo Basin forests”, Danae S. M. Maniatis, Oxford
University, 2007, http://globalcanopy.org/themedia/Ecosystem%20Services%20CB.pdf;
(2) Cambio Climático 2001: Informe de síntesis,
http://www.ipcc.ch/pdf/climate-changes-2001/synthesis-spm/synthesis-spm-es.pdf;
(3) Climate Change 2007: Synthesis Report, http://www.ipcc.ch/pdf/assessment-report/ar4/syr/ar4_syr.pdf
inicio
DIFERENTES
FORMAS DE APROPIACIÓN DEL AGUA
Lágrimas
embotelladas O Poema del Agua
Ayer yo podía
llorar y derramar lágrimas de agua
Podía
trabajar y sudar agua en libertad
Pero hoy
Ya no es así,
ya no
Los lechos
de los ríos juntan polvo
Los ríos
se desviaron a gargantas privadas
Las cañadas
se convirtieron en ríos de sal
Y yo transpiro
sangre
Y lloro con
los ojos secos
Nuestros padres
y antepasados, nuestras madres y abuelas
Dicen que
las aguas de arroyos y ríos, cañadas y lagunas
En sus tiempos
Eran claras
y saludables, no tenían olor ni sabor
En sus tiempos
Cuando hablábamos
de proceso nadie adivinó
Que estábamos
en proceso de privatizar nuestras gargantas
Atragantándonos
con soda cáustica
Mientras las
aguas tratadas de las perforaciones y de los efluentes líquidos
De las fábricas
de papel de eucaliptos
Intentan tapar
los dolores y los engaños de magnates temerarios
Envueltos
en los oscuros capullos de los planes financieros internacionales
Para subyugar
y exprimir y convertir en mercancía
Nuestro sudor
y nuestras lágrimas
Nuestros padres
y antepasados, nuestras madres y abuelas
Dicen que
las aguas de arroyos y ríos, cañadas y lagunas
En sus tiempos
Eran claras
y sanas, sin olor ni sabor
En sus tiempos
Sueños
de arroyos burbujeantes que evocan pinceladas surrealistas
Peces danzando
entre anzuelos y trampas de juncos
Estelas de
piedras y arena levantadas por buzos sumergidos en pos de tesoros
escondidos
Prosperaron
durante siglos a salvo de ojos indiscretos
Miro en lo
profundo de tu corazón y veo
Fósiles
de sueños olvidados
Calcificados
Historias
como cuentos borrados hace tiempo
Cangrejos
comidos hace mucho, tortugas lanzadas
A tierras
distantes
Nuestros padres
y antepasados, nuestras madres y abuelas
Dicen que
las aguas de arroyos y ríos, cañadas y lagunas
En sus tiempos
Eran claras
y sanas, sin olor y sin sabor
En sus tiempos
Anoche los
niños bailaron bajo la lluvia ácida
Doblemente
calentados por las lenguas infernales de los dragones
que escupen
y queman gas
Caparazones
vacíos, cavidades sin vida, muerte en todas partes
Hombres desolados,
espaldas rotas, hogares que hace tiempo no están
Se sientan
en bancos de bambú artificial
Deseando en
vano encontrar peces en los lagos ácidos
Ansiando encontrar
peces del fango en los estanques de alquitrán
Nuestros padres
y antepasados, nuestras madres y abuelas
Dicen que
las aguas de arroyos y ríos, cañadas y lagunas
En sus tiempos
Eran claras
y sanas, sin olor y sin sabor
En sus tiempos
Hubo un tiempo
en que podía recogerte en las palmas de mis manos
Ahora estás
cautiva en plástico
Esos logotipos
¿son tus creadores?
Las aguas
de manantial manan de ubicuos pozos taladrados
Aguas contaminadas
vendidas como fluidos vivificantes
Sorprendente,
¿no es así?
¿Quién
hizo a los robots que roban?
Exigimos
Que liberen
nuestras aguas
¡Que
encarcelen a los estafadores,
Los contaminadores
y los ladrones de agua!
Nuestros padres
y antepasados, nuestras madres y abuelas
Dicen que
las aguas de arroyos y ríos, cañadas y lagunas
En sus tiempos
Eran claras
y sanas, sin olor y sin sabor
En sus tiempos
By Nnimmo
Bassey, Environmental Rights Action, correo electrónico:
nnimmo@eraction.org
inicio
-
Bangladesh: la mina de carbón
de Phulbari, “pérdidas más allá de toda compensación”
De concretarse,
el proyecto de mina de carbón a cielo abierto de Phulbari,
en Bangladesh, desviará un río, secará un
acuífero durante 30 años y expulsará a miles
de personas de sus hogares. Enormes máquinas cavarán
una serie de pozos de 300 metros de profundidad en una superficie
total de 59 kilómetros cuadrados. La mayor parte del carbón
se exportará por medio de ferrocarriles y un puerto en
los Sundarbans, el mayor manglar del mundo.
La empresa
detrás de este plan de US$ 1.400 millones, Asia Energy
Corporation (Bangladesh), es subsidiaria y propiedad absoluta
de la empresa británica Global Coal Management Resources.
El principal accionista de GCM Resources es RAB Capital, administrador
de fondos de inversión libre con sede en Londres. Entre
los otros accionistas se cuentan [los grupos bancarios] UBS, Crédit
Suisse y Barclays. Para junio de 2008 la junta del Banco Asiático
de Desarrollo tiene prevista una reunión para decidir si
otorgará o no al proyecto un préstamo de US$ 100
millones y una garantía contra riesgo político de
US$ 200 millones.
Kunio Senga,
director de una misión del Banco en Bangladesh que tuvo
lugar en octubre de 2007, dijo a los periodistas que “la minería
de carbón va a traer un enorme beneficio potencial para
la generación de energía”. Senga añadió
que “La minería de carbón es muy efectiva”.
Según
Asia Energy, la mina desplazaría a 40.000 personas. Los
activistas aseguran que la cantidad de personas afectadas podría
ser más de diez veces mayor. “No importa en dónde
nos pongan, si nos expulsan de nuestros hogares perderemos nuestras
tradiciones, nuestra organización social y nuestros negocios.
Estas pérdidas están más allá de toda
compensación”, dijo Nima Banik, profesora de la Universidad
Femenina de Phulbari, a la organización no gubernamental
Society for Environment and Human Development (SEHD) de Bangladesh.
La mina generará
contaminación con el polvo y el ruido de las explosiones
de dinamita. Habrá más ruido y más polvo
de los trenes y camiones que se llevarán el carbón
de la mina. El polvo de carbón contaminará el aire.
El agua se contaminará con el lavado del carbón,
con el riesgo de que se contaminen los cuerpos de agua circundantes.
Bangladesh tiene redes de cientos de pequeños ríos,
lo que significa que la contaminación del agua en una zona
puede diseminarse en una gran superficie.
Con el fin
de que la mina no se inunde, enormes bombas funcionarán
24 horas por día, a lo largo de los 30 años de duración
del proyecto, para extraer de la mina hasta 800 millones de litros
de agua diarios. El nivel de las aguas freáticas disminuirá
en una superficie de cerca de 500 kilómetros cuadrados.
Los pozos ya no podrán suministrar suficiente agua a los
agricultores. La solución de Asia Energy es distribuir
el agua bombeada entre los agricultores. “Queda la gran interrogante
de si la distribución del agua será equitativa”,
señala Philip Gain, de SEHD. Una vez finalizadas las actividades
mineras, el plan de Asia Energy es crear un enorme lago que brindará,
según la empresa, agua fresca, pesca y recreación.
Pero después de 30 años de excavaciones, el agua
será tóxica.
La oposición
local al proyecto es fuerte. En agosto de 2006 unas 80.000 personas
participaron en las protestas contra la mina. El grupo paramilitar
Rifles de Bangladesh abrió fuego durante la manifestación,
dando muerte a cinco personas e hiriendo a centenares. El 30 de
agosto de 2006 el alcalde de Rajshahi, Mizanur Rahman, en nombre
del gobierno firmó un acuerdo con los manifestantes por
el que Asia Energy debía irse del país y se prohibía
la minería a cielo abierto en Bangladesh. Bastante más
de un año después, el gobierno todavía tiene
que lograr el acuerdo con Asia Energy. Mientras tanto el gobierno
trabaja en una política del carbón que en su redacción
actual permitiría la minería a cielo abierto.
Bajo el gobierno
militar que declaró el estado de emergencia en enero de
2007 la protesta pública está prohibida. No obstante,
en diciembre de 2007, representantes de los subdistritos de Phulbari
y de los vecinos Birampur, Nababganj y Parbatipur, escribieron
al presidente y los directores ejecutivos del Banco Asiático
de Desarrollo. El proyecto “aumentará la pobreza de la
población local y provocará un desastre ambiental”,
dice la carta.
El Departamento
de Medio Ambiente del gobierno de Bangladesh ha establecido una
División para el Cambio Climático. “El acelerado
calentamiento global ha ocasionado cambios fundamentales en nuestro
clima. Ningún país o pueblo sabe esto mejor que
Bangladesh, donde millones de personas ya están sufriendo”,
declara uno de los documentos de la División para el Cambio
Climático. “El desarrollo debe garantizar la reducción
de los riesgos del cambio climático para la vida y el sustento
de las personas”, añade.
La División
para el Cambio Climático obtiene más del 90% de
su financiación del Departamento para el Desarrollo Internacional
(DfID) británico. La División para el Cambio Climático
no hace mención a Phulbari en ninguna parte de los documentos
que figuran en su sitio web. Sin embargo el carbón de la
mina de Phulbari, si se extrae y se quema, agregará a la
atmósfera más de 1.200 millones de toneladas de
dióxido de carbono.
Gordon Brown,
el primer ministro británico, se declara preocupado por
el cambio climático. Durante una reunión reciente
con Fakhruddin Ahmed, el jefe de gobierno interino de Bangladesh,
Brown prometió que “Gran Bretaña continuaría
trabajando estrechamente con Bangladesh, bilateral e internacionalmente,
para garantizar una respuesta efectiva para combatir el cambio
climático”. La mina de carbón de Phulbari hace de
esta declaración una farsa.
Por Chris
Lang, http://chrislang.org
inicio
-
Birmania: las represas de la cuenca del río Irrawaddy desplazarán
a miles de personas de zonas rurales
En un país
que ya sufre severas penurias económicas y represión
bajo sus gobernantes militares, miles de personas, sobre todo
en zonas rurales, se enfrentan a la pérdida de sus tierras
y hogares debido a las siete grandes represas proyectadas para
la cuenca del río Irrawaddy (Ayeyarwaddy) en el estado
de Kachin, en el norte de Birmania.
Las represas
proyectadas se están construyendo en virtud de un acuerdo
entre el régimen militar birmano y China Power Investment
Corporation (CPI), una empresa china de inversiones en energía.
La electricidad
generada por las represas se enviará por la red energética
china de Yunnan para alimentar las regiones occidental y costera
oriental de China. Se calcula que los ingresos que la junta birmana
recibirá de China ascienden a unos 500 millones de dólares
anuales.
Con una longitud
aproximada de 2.170 kilómetros, el Ayeyarwady o Irrawaddy
es el río más largo y la vía fluvial comercial
más importante de Birmania. El río, cuya superficie
de drenaje es de alrededor de 411.000 km², atraviesa el país
a partir de la confluencia de los ríos Mali Hka y N’Mai
Hka, en el estado de Kachin. Las cabeceras de estos dos ríos
tienen su origen en el sudeste de los Himalayas.
Formado así
el Irrawaddy, este río fluye hacia el sur atravesando las
tierras centrales birmanas y la segunda mayor ciudad del país,
Mandalay, hasta llegar al delta, que comprende una planicie fértil
así como un intricado sistema de manglares de 290 km de
largo por 240 km de ancho. El delta del Irrawaddy sustenta a una
población de más de tres millones de personas y
proporciona cerca del 60% de la producción de arroz de
Birmania.
En la confluencia
donde nace el Irrawaddy ya se han iniciado los trabajos de inspección
y dinamitado de los lechos del mayor de los siete proyectos de
represa, Myitsone. Situada 26 millas al norte de Myitkyina, la
capital del estado de Kachin, la represa de Myitsone generará
3.600 megavatios de electricidad.
Además
de la represa de Myitsone, en el curso principal del Irrawaddy
se proyectan otras seis represas en los ríos N’Mai y Mali,
al norte de la confluencia, entre las que se cuentan una de 2.000
MW en Chibwe, una de 1.600 MW en Phizaw, una de 1.700 MW en Khaunglanphu
y otra de 1.560 MW en Laiza, estado de Kachin. Una vez terminadas,
las represas del Irrawaddy generarán alrededor de 13.360
MW (con lo que este proyecto se convertirá en el mayor
emprendimiento hidroeléctrico de Birmania), mucho más
que los controvertidos 7.100 MW de la represa de Tasang, en el
estado de Shan, proyectada junto con Tailandia.
Los trabajos
en el proyecto hidroeléctrico de Chibwe, sobre el río
N’Mai Hka cerca de la aldea de Chibwe, también han comenzado.
Los militares y el contratista del proyecto, Asia World Company,
están presionando a las aldeas establecidas en Washapa
y el alto valle de Nyawngmawpa, cerca de Chibwe, para que se reubiquen
los hogares cercanos al sitio del proyecto. Hasta ahora los aldeanos
se han negado a mudarse, un gesto de resistencia que puede no
durar mucho bajo el feroz poderío armado de los militares
birmanos.
En consonancia
con la naturaleza extremadamente reservada del régimen
militar birmano, poco se sabe sobre estos proyectos de represa
o sus potenciales impactos sobre la gente, el sustento y los ecosistemas.
No se han hecho evaluaciones económicas ni estudios ambientales
y los habitantes del estado de Kachin no tienen idea de la escala
de los reservorios y zonas de inundación de estos proyectos.
Informes de
testigos enviados desde la zona indican que actualmente ingenieros
chinos y la empresa Asia World Company han comenzado las actividades
de inspección geológica en tres lugares diferentes
a lo largo del curso del N’Mai Hka entre las aldeas de Chibwe
y Sawlaw; Asia World también está construyendo carreteras
sirviéndose de varias topadoras y excavadoras y ha contratado
a aldeanos del lugar para la obra. Un trabajador recibe 5.000
kyat (US$ 4) por día como salario mínimo.
Mientras tanto,
aguas abajo, en el proyecto de Myitsone, ya hay más de
mil trabajadores de la construcción de Asia World establecidos
en el sitio del proyecto, según aldeanos locales, y desde
hace dos meses hay explosiones de dinamita regulares bajo el lecho
del río. Soldados del Batallón de Infantería
Nº 121 del Ejército birmano están estacionados
cerca de Myitsone para seguridad de los campamentos de los trabajadores
de la empresa.
Se desconoce
la escala de los desplazamientos a causa de las represas pero
se calcula que más de 10.000 personas viven actualmente
en los valles de Washapa y Nyawngmawpa, situados al oeste del
río N'Mai Hka. Por lo menos 47 aldeas quedarían
totalmente sumergidas bajo las aguas de la represa. Además
de la gente del estado de Kachin, otros tres millones de personas
que viven en el delta del Irrawaddy, el “cuenco de arroz” de Birmania,
también podrían sentir los impactos de las represas
por los cambios en los flujos estacionales y los niveles de inundación
del delta.
Aunque se
los comprende aun menos, los impactos ecológicos prometen
ser severos, pues las represas en gran escala inundarán
enormes superficies de bosques y afectarán la biodiversidad
vegetal y ribereña. La cuenca del río Irrawaddy
se sitúa entre dos de las regiones más biodiversas
y amenazadas, la región indobirmana y la región
meridional central china, que contienen por lo menos 1.500 especies
de plantas vasculares en tanto especies endémicas. La confluencia
de los ríos Mali y N’Mai ocurre dentro de los bosques tropicales
de Mizoram-Manipur-Kachin. Ya hay actividades de madereo en algunas
zonas entre el río Irrawaddy y la aldea de Mogaung; se
está talando teca y una especie de madera dura llamada
tarmalan para enviar a China.
A lo largo
del curso del Irrawaddy hay zonas de aves endémicas; hay
por lo menos cuatro zonas de aves endémicas en la cuenca.
El Irrawaddy central es un lugar importante de invernada y detención
de las aves acuáticas provenientes del Tibet y otras zonas
del norte de los Himalayas. Los cambios en la calidad del agua
y las especies de peces repercutirán sobre la vida de las
aves.
El delfín
del Irrawaddy (Orcaella brevirostris) es una de las cuatro especies
de delfines de río del mundo y figura en la lista de especies
en peligro crítico de la Unión para la Conservación
de la Naturaleza (UICN). Estos delfines también están
amenazados, pues las perturbaciones de los patrones migratorios
de los peces, la degradación de la calidad del agua y los
cambios hidrológicos ocasionados por las represas pueden
significar la pérdida de las especies que les sirven de
alimento.
Los delfines
del Irrawaddy viven a unos 300 km al sur del sitio de la represa
de Myitkina. Los habitantes locales los veneran y los pescadores
tienen un sistema de pesca cooperativo con ellos. Los delfines
responden a las señales de los pescadores nadando en semicírculos
cada vez más cerrados para ayudar a arriar los cardúmenes.
Pero el hábitat de los delfines en el Irrawaddy ya ha declinado
en casi un 60% el pasado siglo y según los cálculos
más optimistas la población actual es de apenas
59 especímenes.
Por Amraapali
N., que escribe desde la región del Mekong, correo-e: amraapali@gmail.com.
La versión
completa de este artículo se publicará en el próximo
número de la revista Watershed. Por más información
sobre las represas del Irrawaddy sírvase consultar “Damming
the Irrawaddy”, publicado por Kachin Development Networking Group
(disponible en salweenwatch.org).
inicio
-
Argentina: científicos confirman que las plantaciones secan
los arroyos y salinizan las capas subterráneas de agua
Las pampas
de Argentina y Uruguay son una de las mayores praderas no cultivadas
del mundo. Los pastizales han dominado las pampas durante por
lo menos tres mil años. En el siglo XIX empezaron a plantarse
eucaliptos en superficies pequeñas, para sombra en las
estancias y para material de construcción. Hoy, las industrias
de la compensación de las emisiones de carbono y de la
celulosa y el papel están expandiendo sus operaciones en
América del Sur y se dedican cada vez más a la conversión
de praderas en plantaciones industriales de árboles en
gran escala.
Robert Jackson,
profesor de Biología de la Universidad de Duke, ha investigado
durante varios años los impactos de las plantaciones sobre
el agua. “El establecimiento extensivo de árboles podría
comprometer el reabastecimiento de las aguas freáticas
(capas subterráneas de agua) a escala de paisaje, con lo
que su uso sería transitorio y se produciría una
mengua generalizada de las aguas freáticas”, escribió
en un artículo de 2004, publicado en Global Change Biology.
El artículo, escrito junto con su colega Esteban Jobbágy,
se basa en la comparación de praderas con las plantaciones
adyacentes en las pampas argentinas. Además de la disminución
de las aguas freáticas hallaron que “La conversión
de praderas a plantaciones en las pampas desencadenó la
intensa salinización del suelo y el manto freático
en zonas con sedimentos de textura intermedia, el tipo de suelo
más común de la región”.
En las pampas
los lentes de agua dulce [masa de agua dulce que flota sobre aguas
subterráneas salinas] superficial sirven para obtener agua
para beber, pero por debajo de las plantaciones lo que hay bajo
estos lentes son aguas freáticas salobres. Las plantaciones
de árboles se chupan las aguas freáticas más
profundas, trayendo las sales a la superficie. Las plantaciones
afectan también los nutrientes del suelo, agotando calcio,
magnesio y potasio pero aportando sodio, con lo que aumentan los
suelos salinos.
“Un paisaje
con aguas freáticas profundas y saladas sería un
resultado probable del establecimiento masivo de árboles
en las pampas”, advierten Jackson y Jobbágy.
Jackson fue
el principal autor del informe “Trading Water for Carbon with
Biological Carbon Sequestration” publicado en la revista Science
en diciembre de 2005. Jackson y sus colegas estudiaron comparaciones
entre las composiciones químicas de los suelos de pastizales
o matorrales y de los suelos de las plantaciones adyacentes en
dieciséis países. Analizaron datos sobre el caudal
de los cursos de agua tomados de 26 estudios a largo plazo sobre
cuencas hidrográficas (con más de 500 observaciones
anuales) para comparar las cuencas de praderas, matorrales o cuencas
agrícolas con las plantaciones. También llevaron
a cabo su propia investigación en Argentina.
“Las estrategias
de captación de carbono destacan el uso de plantaciones
de árboles sin considerar sus plenas consecuencias ambientales”,
escriben Jackson y sus colegas. El informe documenta el hecho
de que la sustitución de pastizales y matorrales por plantaciones
provoca “pérdidas sustanciales del caudal de los cursos
de agua y aumento de la salinización y la acidificación
del suelo”.
“En el correr
de una década”, dijo Jackson en una entrevista concedida
a National Public Radio en 2005, “las plantaciones de árboles
reducen el caudal de los cursos de agua aproximadamente a la mitad,
en comparación con los matorrales o pastizales que sustituyeron,
y uno de cada ocho arroyos se secó completamente durante
un año entero o más”. Más de un quinto de
las cuencas experimentaron una reducción del escurrimiento
de 75% o más durante por lo menos un año.
“Las plantaciones
no solamente tienen una demanda de agua mayor que pastizales,
matorrales o cultivos”, señalan Jackson y el equipo internacional
de científicos en Science, “sino que lo usual es que han
aumentado también la demanda de nutrientes. Estas demandas
cambian la [composición] química del suelo en formas
que afectan la fertilidad y la sustentabilidad”.
En otro informe
publicado en 2005, Jackson y sus colegas encontraron que “los
eucaliptos tuvieron un impacto mayor que otras especies de árboles
en las praderas forestadas, reduciendo el escurrimiento en un
75%, mientras que el descenso promedio fue de 40% en el caso de
los pinos”.
El impacto
de las plantaciones de árboles sobre los caudales durante
la estación seca es de particular importancia: “Los cambios
del caudal bajo pueden ser aún más importantes que
los cambios del caudal anual, dado que es en la estación
seca que el menor suministro de agua tendrá los efectos
más severos para los usuarios, en particular en regiones
áridas y semiáridas”.
En un informe
publicado el año pasado, Jobbágy y Jackson consideraron
el impacto de las plantaciones sobre la composición química
del suelo en las pampas argentinas. Sus hallazgos confirman sus
conclusiones anteriores. Las plantaciones de árboles “mostraron
una generalizada y homogénea salinización de las
aguas superficiales y los suelos en todos los sitios del estudio”.
Jobbágy y Jackson informan que “En comparación con
las praderas que las rodean, las plantaciones de árboles...
tenían aguas freáticas superficiales entre 15 y
20 veces más salinas”.
Para los agricultores
y los pobladores que viven cerca de las plantaciones industriales
de árboles todas estas declaraciones aparecidas en publicaciones
científicas revisadas por colegas declaran lo obvio. Pero
agricultores y pobladores tienden a no cavar pozos ni recolectar
muestras de suelos y aguas freáticas para enviarlas a analizar
en un laboratorio. Tampoco elaboran informes para que se publiquen
en las revistas científicas. En su lugar, se dan cuenta
de que sus cultivos no crecen o de que sus pozos se secan. La
mejor forma de evitar estos problemas es detener la expansión
de las plantaciones industriales de árboles antes de que
la amenaza de Jackson y Jobbágy, “un paisaje con aguas
freáticas profundas y saladas”, se convierta en una realidad
en las pampas.
Por Chris Lang, http://chrislang.org
inicio
-
Contaminación
del agua con agrotóxicos en las plantaciones de palma
El Lago Chini
está muriendo. Este hermoso lago, en el Estado de Pahang,
es uno de los únicos dos grandes cuerpos de agua dulce
de Malasia –y está muriendo. Solía bullir de peces
y otros animales y plantas acuáticos y ha sabido albergar
a comunidades indígenas, los Jakuns. Diversas actividades
humanas han contribuido a la contaminación del Lago Chini,
en especial la construcción de una represa, pero también
los plaguicidas y fertilizantes utilizados en las plantaciones
de palma aceitera que rodean el lago y que en muchos lugares están
próximas al agua han sido un factor importante.
Es sabido
que los plaguicidas utilizados en las plantaciones provocan una
larga lista de problemas a la salud, tanto crónicos como
agudos, y que algunos son perjudiciales para los organismos del
suelo y el agua y contaminan el ambiente. La contaminación
del agua afecta la salud y las condiciones de vida de los Jakuns,
quienes la utilizan para beber y para otros fines.
La creciente
demanda de agrocombustibles y aceite vegetal ha implicado una
rápida expansión de las plantaciones de palma aceitera
y se espera que la demanda se duplique para el año 2020.
Para dar respuesta a esta demanda se ocuparán miles de
kilómetros cuadrados de tierras agrícolas y de bosques
que se deforestarán para establecer nuevas plantaciones
de palma aceitera en Indonesia, Malasia, Papua Nueva Guinea y
muchos otros países de Asia , África y América
Latina. Con la expansión de las plantaciones se incrementará
enormemente el empleo de plaguicidas.
La invasión
de esas plantaciones de palma aceitera en los bosques ha destruido
y continuará destruyendo las formas de vida y sustento
de las comunidades indígenas, erosionando la biodiversidad,
destruyendo el hábitat del bosque y la vida silvestre y
contaminando el suelo y el agua con los plaguicidas. A eso se
agregan los efectos de los efluentes no tratados de la fabricación
de aceite de palma, que contaminan el aire, el agua y el suelo,
y que también erosionan y sedimentan los ríos.
Además
de resentir la salud humana de quienes aplican los plaguicidas
– en este caso particular los trabajadores y trabajadoras de las
plantaciones de palma aceitera -- los efectos de los plaguicidas
se hacen sentir en las comunidades y también los consumidores
de todo el mundo.
En las plantaciones
de palma aceitera se utilizan un sinnúmero de agrotóxicos,
muchos de los cuales representan una grave amenaza a las reservas
de agua, a través de las cuales contaminan al resto de
los seres vivos. Por ejemplo, el plaguicida Paraquat, que plantea
riesgos a plantas terrestres y acuáticas que no están
dentro de su foco de acción, o el Metsulfuron y el Diuron,
que son contaminantes potenciales del agua subterránea,
además de tener este último efectos adversos en
los ambientes acuáticos. Insecticidas como el Monocrotophos,
el Methamidofos y el Carbofuran, y fungicidas como el Chlorothalonil
y el Maneb, son contaminantes de las capas hídricas subterráneas.
Los plaguicidas 2,4-D dimethylamine y Diurón son cancerígenos
potenciales. El Glifosato, el Cipermetrin, el Carbofuran y el
Maneb son plaguicidas que pueden llegar a alterar el sistema endócrino.
El glufosinato de amonio, otro plaguicida utilizado en las plantaciones
de palma aceitera y contaminante del agua subterránea,
provoca efectos adversos en el feto.
La utilización
de plaguicidas altamente peligrosos sumada a la aplicación
incontrolada, los métodos de aplicación y las condiciones
de uso en esos países indica que las posibilidades de que
los plaguicidas penetren los cursos de agua y las napas subterráneas
son elevadas.
La producción
de plaguicidas es una industria multinacional que ejerce una influencia
indebida en los organismos internacionales encargados de establecer
normativas, en los gobiernos nacionales y en las comunidades locales.
La enorme influencia que detentan esas empresas químicas
por su poder económico, es un factor decisivo para la continuidad
del uso de plaguicidas en la agricultura, a pesar de la cuantiosa
evidencia de la contaminación ambiental y el envenenamiento
humano que provocan, y de las pruebas que demuestran los mayores
rendimientos alcanzados cuando los productos químicos son
reemplazados por prácticas agroecológicas.
Los grupos
de comunidades, las organizaciones populares y las ONG se han
organizado en redes y movimientos para enfrentar a la industria
y denunciar la expansión de las plantaciones de palma aceitera
debido a todos sus efectos adversos sobre la salud, el ambiente
y las formas de vida y sustento de las comunidades indígenas,
los campesinos y campesinas, los trabajadores y trabajadoras agrícolas
y las mujeres. Muchos de esos grupos también promueven
la agricultura ecológica basada en la biodiversidad, apoyada
en conocimientos indígenas y locales, en tecnologías
apropiadas, en la conservación de la biodiversidad y en
el respeto de la integridad ecológica, así como
en la defensa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras,
de las comunidades rurales y de agricultores, agricultoras y mujeres
rurales a tener el control sobre la tierra, las semillas el agua
y los bosques.
Por Sarojeni
V. Rengam, PAN Asia and the Pacific, correo electrónico:
sarojeni.rengam@panap.net y panap@panap.net, www.panap.net
inicio
MUJERES
Y AGUA
-
Mujeres que hablan del agua que les arrebatan
Cuando llegan
las plantaciones en gran escala de monocultivos de árboles,
el agua se va. Eso afecta a toda la comunidad aledaña,
pero hay efectos especialmente diferenciados para las mujeres.
Son ellas quienes, con sus propias palabras, lo cuentan.
En Brasil,
la Mata Atlántica, uno de los ecosistemas de mayor diversidad
biológica del planeta, ha dado paso a un paisaje uniforme
y triste: el monocultivo del eucalipto en gran escala. (1) “...
parecía que el clima cambió, dentro de la aldea.
Cambió porque hasta para llover, esos cambios que hizo
el eucalipto; los ríos tenían corriente, ahora queda
ese hilito de agua. ¿Como vamos a poder plantar? Hay momentos
en que hay que estar regando la huerta, la tierra queda seca,
tostada, y la dificultad hoy de que para tener una alimentación
saludable hay que plantar y abonar.” (Cláudia, Comisión
de Mujeres Indígenas Tupiniquims y Guaraníes, aldea
Tupiniquim Pau-Brasil)
“Yo siempre
cuento lo que mi madre contaba: que había mucha caza, mucho
pez. Está el río de São Domingos, que ya
no tiene más agua, ya no se encuentra caza. Únicamente
tatú, carpincho... Los peces también se acabaron
definitivamente. Si uno quiere pescado, tiene que comprar en la
ciudad, ya no existe más. Mis hijos ya no conocen lo que
es.” (Domingas, de la comunidad quilombola de São Domingos).
Sólo
en el municipio de Aracruz se deforestaron 430km² del bosque
tropical pluvial nativo para dar lugar a la plantación
de eucaliptos. Ríos imprescindibles para la vida de las
poblaciones indígenas como el Guaxindiba y el Sahy, que
bañaban la aldea de Pau-Brasil, prácticamente desaparecieron:
“Era tan maravilloso que se abriese el río para nosotras.
Lavábamos ropa, juntábamos agua para beber, para
hacer comida... Uno pescaba peces, los agarraba con un tamiz.
El mujererío... ¡se juntaba tanta gente! Era el lugar
de lavar ropa. Terminaba de lavar ropa, uno se daba un baño
y se iba, ¿verdad?” (Marideia, aldea Tupiniquim Pau-Brasil).
Este drama
ocurrió también en la región donde viven
las comunidades quilombolas: “Hoy el río está contaminado,
no usamos el agua para beber, no usamos el agua para bañarnos,
no usamos el agua para lavar ropa, no usamos nada, ¿verdad?
Quiere decir que la diferencia fue mucha diferencia, porque antes
nosotros teníamos nuestro río bueno, nuestro río
era limpio, el agua era igual a un vidrio, uno miraba así,
veía la sombra de uno, uno veía los pececitos allá
en el fondo, y hoy, uno no ve, sólo ve oscuridad ...” (Nilza,
Comisión de Mujeres Indígenas, aldea Tupiniquim
Comboios).
“[...] Nuestra
preocupación era la falta del río, y ahora es mucho
mayor. Es lo mismo que usted dijo: ´bañarse, lavar
la ropa, tener agua en casa`. ... Y cuando había río
acá, las mujeres agarraban sus fardos de ropa... y era
aquella fiesta a la orilla del río, todas lavando la ropa.
Era más el día sábado, y quien tenía
tiempo, durante la semana. Ya era un trabajo menos, porque había
aquella cantidad de agua en el río, y todo era más
fácil [...] Cuando había que sacarla en el pozo,
bajar una ladera donde está el pozo hoy... Entonces esa
preocupación no es de los hombres, es más de las
mujeres y cuando falta esa agua en los tanques o hay un problema
en la bomba, los hombres no van a agarrar el balde... son muy
pocos lo que van a agarrar el balde y bajar la ladera, ¿verdad?
Y cuando había sólo un poquito de agua, solamente
uno iba cambiando. Pero la preocupación es de las mujeres
mismo, ¿verdad?, de ir allá a agarrar agua en el
pozo y tener esa agua en casa. Hasta que... quiero decir, cuando
había río, esa preocupación disminuía
porque, por lo menos para lavar la ropa, uno tenía como
resolver el problema. La dificultad aumentó cuando todo
ese proceso, con la llegada del eucalipto fue chupando esa agua
del río que llegó al punto al que llegó hoy”
(María Helena, aldea Tupiniquim Pau-Brasil).
“Lavábamos
mucha ropa juntas. Era el mismo punto. La hora en que aquellas
mujeres colocaban la ropa al sol, tenían la manía
de hablar. Uno coloca en remojo, ¿verdad?, en jabón
en polvo, y ellas no. Allá el blanqueador era la hoja del
mamón, ¿verdad?... (risas), y colocaba [...], el
pasto grande en la orilla del arroyo, cultivaba aquel pasto y
ponía esas sábanas blancas, ropas blancas y blanqueaba
mismo de verdad. De vez en cuando salpicaba con aquel poquito
de agua y blanqueaba mismo, de verdad” (ENI, comunidad quilombola
de São Domingos).
En Ecuador,
en la zona de los manglares las típicas “concheras” tradicionalmente
han obtenido el sustento para sí y su familia de la recolección
artesanal de los camarones que anidan en el humedal, entre las
raíces de los mangles. Ahora, manglares y concheras han
sufrido una devastación feroz en manos de la cría
industrial del camarón.
“Nuestra vida
completamente ha sido destruida con la llegada de las camaroneras.
Hasta la dignidad nos han quitado. Ya no se puede pescar, ya no
se puede conchar, porque nos impiden la entrada a los lugares
donde hemos trabajado por siempre. Hasta del agua se apropiaron;
a veces nos regalan un poquito para tener para la comida, pero
eso cuando les sobra a ellos.” (Pobladora de Puerto Hondo, en
la Isla Puna, Provincia de Guayas) (2)
En la sierra
ecuatoriana –los páramos-, la siembra de plantaciones de
pinos comenzó en la década de 1980, promovida por
instituciones como el Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio,
que indicaron a las comunidades cómo y dónde establecerlas.
Los impactos se hacen sentir y en particular entre las mujeres,
tal como lo muestran los siguientes testimonios: (3)
“Ahora nosotros
no tenemos agua y los ríos están secos; ya no tenemos
huerta, no sembramos cebolla ni nada. El verano es fuertísimo,
se mueren las plantitas, los animales, se secaron los pocitos
de agua dulce. La tierra ya no es fértil, ya no produce”.
(mujer de Bolivar Simiátug)
“Antes nosotras
usábamos esta agua para lavar, ahora ya no podemos tenemos
que usar del agua de consumo.” (mujer de Tungurahua)
“Por ejemplo,
nosotras estamos obligadas a preparar la alimentación,
hacer bañar a los niños. El sacrifico es tener que
cargar el agua a dos horas, 3 horas en las pomas, así se
ha hecho. A nosotras las mujeres nos toca dar agua a los animales
a las 12 y también a la tarde. Nosotras tenemos que ir
llevando a la vaquita buscando el agua porque el ojito ya no hay
en el río grande está a veces a 40 - 50 minutos.
Las mujeres jalamos a las vacas. Cuando preparamos alimentos nos
toca cargar el agua. Allí vamos llevando los guaguas. Buscando
el agua encontramos donde han estado las platitas nativas, o si
no cavamos bastante con el azadón, donde no ha habido pinos”.
“En las plantaciones
de pino fueron muriendo todas las plantas nativas, y como no crece
nada se secó todo por ahí adentro y se dieron incendios”.
(mujer de Guaranda)
Pero la falta
de agua ocasionada por las plantaciones de pinos se extiende a
zonas agrícolas:
“Antes se
sembraban cultivos de ciclo corto, moras y otros tipos, pero hemos
tenido que cambiar nuestros cultivos. También hemos cambiado
el tipo de animales, ahora ya solo tenemos cuyes”. (mujer de Tungurahua)
“Esto nos
afecta principalmente en nuestra economía; ya no producimos,
ahora tenemos que comprar todo. Nuestra gente ha salido a trabajar
a la ciudad, de empleadas domésticas, de costureras. Antes
nuestras abuelas se quedaban en la casa, los niños se quedaban
con los mayores. (mujer de Tungurahua)
Estas mujeres
son tenaces y fluyen, como el agua que les arrebatan. Sus voces
deben ser escuchadas y validadas porque hablan de verdades que
tienen la contundencia y la sencillez de la vida misma.
(1) Extractado
de “Mujeres y Eucalipto” - Historias de vida y resistencia, Gilsa
Helena Barcillos y Simone Batista Ferreira
(2) Testimonio
aportado por Marianeli Torres, C-CONDEM, correo electrónico:
marianeli@ccondem.org.ec
(3) Testimonios
recogidos en investigación en curso encomendada por el
WRM.
inicio