Birmania:
el ciclón demostró la falla de un “desarrollo” basado en la destrucción
de los manglares
El primer fin
de semana de mayo, un ciclón arrasó Birmania. Nagris, como fue llamado,
golpeó el delta de Irrawaddy con vientos cercanos a los 190 km/h.
Sin embargo, los mayores estragos los ocasionó el oleaje que acompañó
la tormenta: una ola de 3,5 m de altura inundó y arrasó la mitad
de las casas de los pueblos de las zonas bajas. La gente no pudo
escapar y las cifras de personas muertas oscilan entre 22.000 y
100.000.
La tormenta fue
realmente fuerte, pero la raíz de esta gran devastación puede rastrearse
en los llamados “programas de desarrollo” del país, que implicaron
la destrucción de los antes exuberantes manglares para expandir
las industrias de turismo y de cría de camarones.
La importancia
de los manglares como zonas de amortiguación que protegen las áreas
habitadas de las tormentas y las grandes olas es ampliamente conocida.
Los manglares toleran la salinidad y crecen a lo largo de las costas,
los ríos y los deltas donde confluyen las aguas dulces y saladas,
extendiéndose a menudo algunos kilómetros tierra adentro. Forman
una densa barrera de protección de raíces, ramas y troncos entrelazados
que disipan la fuerza de los embates de la tormenta.
Siempre que las
zonas costeras se ven privadas de la protección de los manglares,
el daño de las grandes olas es mucho peor. La BBC informó sobre
varios estudios que revelan la importancia de los manglares para
la vida humana y los poblados: un estudio del tsunami asiático de
2004 descubrió que las áreas cercanas a los manglares en buen estado
sufrieron menos daños y hubo menos víctimas fatales. Asimismo, un
estudio publicado en diciembre de 2005 sostuvo que el buen estado
de conservación de los bosques de mangle ayudó a los aldeanos de
Sri Lanka a salvarse durante el desastre del tsunami asiático, que
cobró la vida de más de 200.000 personas. Investigadores de la IUCN
compararon el número de víctimas de dos aldeas de Sri Lanka que
fueron golpeadas por las devastadoras masas de agua: en la aldea
donde había densos manglares y matorrales murieron dos personas,
mientras que en otra cercana, que no contaba con una vegetación
similar, 6.000 personas perdieron la vida (1).
Según el proyecto
Mangrove Action Project (MAP), la pérdida de manglares comenzó en
Birmania durante el dominio colonial británico, “para hacer espacio
para la producción de arroz. Desde ese momento, la pérdida de manglares
ha continuado: durante la Segunda Guerra Mundial para satisfacer
las demandas militares y, más recientemente, para obtener madera
para combustible y para desarrollar emprendimientos insustentables
como la cría industrial de camarones y la expansión urbana.” Según
el MAP, los investigadores birmanos han revelado que “en un período
de 75 años (1924-1999) se destruyó el 82,76% de los manglares de
Irrawady”.
“La conversión
en granjas camaroneras y piscícolas de gran escala es la mayor amenaza
para los manglares del mundo, que también sufren las presiones de
los emprendimientos turísticos y el crecimiento demográfico. Esto
es preocupante para quienes creen que el calentamiento global y
el aumento del nivel del mar causarán tormentas más intensas y frecuentes,
y que la pérdida de manglares hará que las costas sean más vulnerables
a la destrucción.” (2)
El tsunami que
en diciembre de 2004 arrasó varias costas asiáticas en el Océano
Índico y el ciclón que en 1999 golpeó la costa de Orissa en la India,
matando a más de 10.000 personas, son recuerdos tristes. El
reciente desastre en Birmania los ha revivido, especialmente porque
el impacto podría haber sido “en gran parte atenuado, y se podría
haber evitado la pérdida de muchas vidas y el daño a las propiedades
si se hubiesen conservado los manglares a lo largo de las costas
del delta de Irawaddy”, sostuvo Alfredo Quarto, director ejecutivo
del MAP.
La causa del
mal es bien conocida por las autoridades nacionales e internacionales.
Un funcionario de la FAO sostuvo que “son muy limitadas las áreas
que podrían describirse como prístinas o densamente cubiertas de
mangles en la zona de Irrawaddy” y si bien existen algunos esfuerzos
para rehabilitar y replantar manglares, el índice de destrucción
sigue siendo considerable. El funcionario declaró que “durante la
década de 1990 se perdieron unas 2.000 hectáreas anuales, lo cual
equivale a un 0,3% aproximadamente. Pero esto no muestra el panorama
completo porque la mayoría de estos hábitats de marea se están degradando,
aunque no estén completamente destruidos.” (1)
¿Cuántas vidas
más tendrán que perderse para que surja la voluntad política de
cambiar las actuales políticas de desarrollo que tan dramáticamente
han demostrado su fracaso?
Ningún desarrollo
es posible a largo plazo cuando implica la destrucción de nuestros
hogares y nuestra naturaleza. Lamentablemente, el pueblo birmano
puede dar testimonio de ello.
Artículo
basado en información obtenida de: (1) “Mangrove loss 'put Burma
at risk'”, Mark Kinver, BBC News,
http://news.bbc.co.uk/2/hi/science/nature/7385315.stm; (2) Comunicado
de Prensa: “Destruction of Mangrove Forests Increased Devastating
Impact of Cyclone Nagris”, MAP,
http://www.mangroveactionproject.org/news/current_
headlines/press-release-destruction-of-mangrove-forests-increased-
devastating-impact-of-cyclone-nagris/