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Número 130 - Mayo 2008

NUESTRA OPINIÓN

COMUNIDADES Y BOSQUES
COMUNIDADES Y MONOCULTIVOS DE ÁRBOLES

DIRECTO DESDE LA CBD

 

NUESTRA OPINIÓN

 

- Bosques, agrocombustibles y las políticas del hambre

 

El hambre en el mundo genera cada vez más preocupación en quienes aún no la sufren y más sufrimiento entre quienes la padecen, cuyo número aumenta año tras año. Sin embargo, las políticas elaboradas desde los centros globales del poder no solo poco hacen para resolver el problema, sino que en general lo agravan.

 

Un ejemplo claro de lo anterior es proporcionado por la promoción de los agrocombustibles. Disfrazados bajo un discurso ecológico (la sustitución de combustibles fósiles que generan el cambio climático) y con el rótulo verde de “bio”combustibles, millones de hectáreas de tierras son asignadas a la producción de alimento ... para automóviles.

 

Los impactos de esa política en el Sur son graves. Por un lado, porque alimentos básicos como el maíz dejan de ser destinados a la alimentación humana y pasan a ser convertidos en etanol. Por otro lado, porque tierras productoras de alimentos son ocupadas por monocultivos de caña de azúcar o soja para la producción de agrocombustibles. En ambos casos, el resultado es una menor oferta de alimentos, con la consiguiente especulación y encarecimiento.

 

Por supuesto que los agrocombustibles no son los únicos (ni los primeros) responsables de la suba en el precio de los alimentos. Sin embargo, también es cierto que son un factor más que contribuye a agravar una situación ya de por sí grave, en la que el hambre y la desnutrición aumentan en los países del Sur.

 

El aumento de precio de los alimentos ya ha resultado en revueltas populares –nacidas de la desesperación- en muchas partes del mundo y también ha dado lugar a fuertes movimientos organizados en favor de la soberanía alimentaria.

 

Sin embargo, hay otro proceso vinculado a la alimentación que aún permanece relativamente invisible y que debe ser incorporado a esa lucha: la destrucción de los bosques.

 

La expansión de los cultivos para agrocombustibles se realiza en dos escenarios: en tierras agrícolas y en tierras boscosas. Mientras en el primero tiene lugar una sustitución de cultivos alimentarios por cultivos para energía, en el segundo se destruyen bosques para producir agrocombustibles en su lugar (aceite de palma, soja, caña de azúcar).

 

Este segundo caso –la destrucción de bosques- rara vez es percibido como un impacto sobre la seguridad y soberanía alimentarias de los pueblos, por la sencilla razón de que poca gente está informada acerca de la capacidad productora de alimentos de los bosques. Quienes sí lo saben son los millones de seres humanos que allí habitan, que obtienen del bosque la mayoría de sus medios de supervivencia, entre los que en primer lugar se cuenta la comida. Cada área de bosque que desaparece implica entonces sacarle la comida de la boca a esos pueblos, ya sea por su ocupación por agrocombustibles o por cualquier otro tipo de actividad que resulte en la destrucción del bosque (plantaciones de árboles para celulosa, tala comercial, represas hidroeléctricas, granjas camaroneras, etc.). Se empuja así al hambre a comunidades hasta entonces bien alimentadas a partir de los recursos del bosque.

 

El hambre –ya sea en zonas boscosas, agrícolas o urbanas- no es un fenómeno inevitable, sino que es el resultado de las mismas políticas e intereses económicos que están en la raíz de otras crisis como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la deforestación, la desaparición y contaminación de fuentes de agua, la destrucción de los suelos y muchas otras. A su vez, todas estas crisis agravan el problema de la falta de acceso a los alimentos por parte de los más desposeídos.

 

Las mal llamadas políticas de “desarrollo” impulsadas desde hace décadas por organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación, la Organización Mundial del Comercio y otras, ya han demostrado hasta el hartazgo ser un total desastre social y ambiental. Lo único que han logrado “desarrollar” son las ganancias de las grandes empresas transnacionales, a expensas del hambre de la gente y la degradación ambiental. El modelo que nos han impuesto se hace pedazos. Es hora de que lo admitan y dejen lugar a las propuestas de los movimientos sociales.

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COMUNIDADES Y BOSQUES

 

- Brasil: caña de azúcar para agrocombustible avanza sobre ecosistema biodiverso

 

Los agrocombustibles están recibiendo crecientes advertencias, protestas y denuncias provenientes de filas tan dispares como personalidades oficiales de las Naciones Unidas -- el Director General de la FAO Jacques Diouf y el relator de la ONU para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler –, primeros ministros como Fidel Castro, y organizaciones sociales del Norte y del Sur (ver 1 y 2). Pero a pesar de eso,  las plantaciones para combustible avanzan.

 

En América Latina, Brasil lleva sin duda la delantera, Los acuerdos energéticos con Estados Unidos y Chile del año pasado y recientemente con Alemania, consolidan la posición de Brasil como productor de etanol.

 

Las plantaciones de caña de azúcar para combustible ocupan en el país unos seis millones de hectáreas, distribuidas principalmente en el sudeste en los estados de San Pablo, Minas Gerais y Goiás, y también en la región central, en los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul.

 

La mayor presión del monocultivo de caña se ejerce sobre la región que se conoce como “cerrado”. El Cerrado es un bioma de gran diversidad, un tipo de bosque abierto de dos millones de kilómetros cuadrados que hace conexión con la Amazonia, la Mata Atlántica y el Pantanal. Tradicionalmente fue destinado a la producción extensiva de ganado, pero en las últimas décadas la expansión de las plantaciones de caña han avanzado convirtiendo superficies importantes del cerrado en cañaverales. Según datos manejados por ISPN (Instituto, Sociedad, Población y Naturaleza) en una investigación que será publicada en junio, 162 mil hectáreas del cerrado que hoy el gobierno señala como zonas de conservación son ahora monocultivos de caña.

 

Nilo D'Avila, coordinador del estudio, afirma que: "Cualquier monocultivo provoca pérdida de biodiversidad. La plantación de caña  trastorna el medio bioquímico del Cerrado, principalmente la acidez del suelo, que es muy alta en esa región”. Además de la deforestación que provocan para ocupar tierras, las técnicas de monocultivo de caña procuran “corregir” con cal esa acidez, lo cual ha provocado la desaparición de numerosas frutas del Cerrado que crecían adaptadas a ese medio.

 

La gran tragedia del Cerrado es que su acelerada devastación tiene poca visibilidad. Es el segundo bioma más amenazado después de la Amazonía, pero es el primero en cuanto a la amenaza de las plantaciones de caña.

 

Según un informe publicado por la UITA (3), en los últimos 40 años el Cerrado ha perdido la mitad de su superficie, como consecuencia de la expansión, entre otras actividades, de la caña de azúcar.  De continuar esta tendencia, se calcula que para el año 2030 habrá desaparecido. 

 

El pretendido cariz “ecológico” (bio) con que los agronegociantes intentan disfrazar el commodity de la caña de azúcar se cae a pedazos. Ya hay quienes proponen denominarlos como lo que son: “necrocombustibles”, los combustibles de la muerte.

 

(1) Manifiesto de Quito en http://www.wrm.org.uy/temas/Agrocombustibles/Manifiesto_Quito.html,

(2) Llamado a una moratoria, en http://www.wrm.org.uy/actores/CBD/SBSTTA/Moratoria.pdf

(3) Caña de azúcar devasta el “cerrado”, Silvia Adoue, Radioagencia NP,  http://www.rel-uita.org/agricultura/cerrado.htm

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- Birmania: el ciclón demostró la falla de un “desarrollo” basado en la destrucción de los manglares

 

El primer fin de semana de mayo, un ciclón arrasó Birmania. Nagris, como fue llamado, golpeó el delta de Irrawaddy con vientos cercanos a los 190 km/h. Sin embargo, los mayores estragos los ocasionó el oleaje que acompañó la tormenta: una ola de 3,5 m de altura inundó y arrasó la mitad de las casas de los pueblos de las zonas bajas. La gente no pudo escapar y las cifras de personas muertas oscilan entre 22.000 y 100.000.

 

La tormenta fue realmente fuerte, pero la raíz de esta gran devastación puede rastrearse en los llamados “programas de desarrollo” del país, que implicaron la destrucción de los antes exuberantes manglares para expandir las industrias de turismo y de cría de camarones.

 

La importancia de los manglares como zonas de amortiguación que protegen las áreas habitadas de las tormentas y las grandes olas es ampliamente conocida. Los manglares toleran la salinidad y crecen a lo largo de las costas, los ríos y los deltas donde confluyen las aguas dulces y saladas, extendiéndose a menudo algunos kilómetros tierra adentro. Forman una densa barrera de protección de raíces, ramas y troncos entrelazados que disipan la fuerza de los embates de la tormenta.

 

Siempre que las zonas costeras se ven privadas de la protección de los manglares, el daño de las grandes olas es mucho peor. La BBC informó sobre varios estudios que revelan la importancia de los manglares para la vida humana y los poblados: un estudio del tsunami asiático de 2004 descubrió que las áreas cercanas a los manglares en buen estado sufrieron menos daños y hubo menos víctimas fatales. Asimismo, un estudio publicado en diciembre de 2005 sostuvo que el buen estado de conservación de los bosques de mangle ayudó a los aldeanos de Sri Lanka a salvarse durante el desastre del tsunami asiático, que cobró la vida de más de 200.000 personas. Investigadores de la IUCN compararon el número de víctimas de dos aldeas de Sri Lanka que fueron golpeadas por las devastadoras masas de agua: en la aldea donde había densos manglares y matorrales murieron dos personas, mientras que en otra cercana, que no contaba con una vegetación similar, 6.000 personas perdieron la vida (1).

 

Según el proyecto Mangrove Action Project (MAP), la pérdida de manglares comenzó en Birmania durante el dominio colonial británico, “para hacer espacio para la producción de arroz. Desde ese momento, la pérdida de manglares ha continuado: durante la Segunda Guerra Mundial para satisfacer las demandas militares y, más recientemente, para obtener madera para combustible y para desarrollar emprendimientos insustentables como la cría industrial de camarones y la expansión urbana.” Según el MAP, los investigadores birmanos han revelado que “en un período de 75 años (1924-1999) se destruyó el 82,76% de los manglares de Irrawady”.

 

“La conversión en granjas camaroneras y piscícolas de gran escala es la mayor amenaza para los manglares del mundo, que también sufren las presiones de los emprendimientos turísticos y el crecimiento demográfico. Esto es preocupante para quienes creen que el calentamiento global y el aumento del nivel del mar causarán tormentas más intensas y frecuentes, y que la pérdida de manglares hará que las costas sean más vulnerables a la destrucción.” (2)

 

El tsunami que en diciembre de 2004 arrasó varias costas asiáticas en el Océano Índico y el ciclón que en 1999 golpeó la costa de Orissa en la India, matando a más de 10.000 personas, son recuerdos tristes. El  reciente desastre en Birmania los ha revivido, especialmente porque el impacto podría haber sido “en gran parte atenuado, y se podría haber evitado la pérdida de muchas vidas y el daño a las propiedades si se hubiesen conservado los manglares a lo largo de las costas del delta de Irawaddy”, sostuvo Alfredo Quarto, director ejecutivo del MAP.

 

La causa del mal es bien conocida por las autoridades nacionales e internacionales. Un funcionario de la FAO sostuvo que “son muy limitadas las áreas que podrían describirse como prístinas o densamente cubiertas de mangles en la zona de Irrawaddy” y si bien existen algunos esfuerzos para rehabilitar y replantar manglares, el índice de destrucción sigue siendo considerable. El funcionario declaró que “durante la década de 1990 se perdieron unas 2.000 hectáreas anuales, lo cual equivale a un 0,3% aproximadamente. Pero esto no muestra el panorama completo porque la mayoría de estos hábitats de marea se están degradando, aunque no estén completamente destruidos.” (1)

 

¿Cuántas vidas más tendrán que perderse para que surja la voluntad política de cambiar las actuales políticas de desarrollo que tan dramáticamente han demostrado su fracaso?

 

Ningún desarrollo es posible a largo plazo cuando implica la destrucción de nuestros hogares y nuestra naturaleza. Lamentablemente, el pueblo birmano puede dar testimonio de ello.

 

Artículo basado en información obtenida de: (1) “Mangrove loss 'put Burma at risk'”, Mark Kinver, BBC News, http://news.bbc.co.uk/2/hi/science/nature/7385315.stm; (2) Comunicado de Prensa: “Destruction of Mangrove Forests Increased Devastating Impact of Cyclone Nagris”, MAP, http://www.mangroveactionproject.org/news/current_
headlines/press-release-destruction-of-mangrove-forests-increased-
devastating-impact-of-cyclone-nagris/ 
 

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- Paraguay: contacto forzado trajo aparejadas enfermedad y muerte para un hombre indígena

 

Su nombre era Parojnai. Pertenecía al pueblo indígena Ayoreo-Totobiegosode que habita en la selva del Chaco, la cual se extiende desde Paraguay hasta Bolivia y Argentina, al Sur de la cuenca del Amazonas.

 

Parojnai Picanerai, su esposa e hijos habían logrado vivir en la selva del Chaco (en Paraguay) sin contacto con el mundo exterior, a pesar de las crecientes invasiones a sus territorios. Si bien la ley paraguaya reconoce el derecho de propiedad de los Ayoreo sobre las tierras que han habitado tradicionalmente, su bosque está siendo vendido a propietarios privados y rápidamente talado por especuladores y estancieros, en primer lugar para la industria maderera y luego para la cría de ganado.

 

En 1979 y 1986, un grupo de la misión evangélica fundamentalista estadounidense New Tribes Mission organizó “cacerías humanas” para forzar la salida de grandes grupos de indígenas Ayoreo Totobiegosode del bosque. Posteriormente, el hostigamiento continuó a intervalos regulares con el avance de máquinas topadoras sobre la selva del Chaco. Todo eso trastornó la vida comunitaria de los Ayoreo en las aldeas; debieron armar su campamento a escondidas dentro del bosque, abandonando sus chozas y dejando atrás los cultivos que habían plantado así como sus herramientas y utensilios de cocina, posesiones muy valiosas para ellos.

 

Finalmente, cansados de vivir huyendo y en soledad, Parojnai y su familia se dieron por vencidos e hicieron contacto en 1998. La organización Survival International nos proporcionó su testimonio de aquel momento: “Corrimos de un lado a otro. Parecía que las topadoras nos estaban siguiendo. Tuve que dejar mis herramientas, mi arco y mi cuerda para correr más rápido…Pensamos que la topadora había visto nuestro jardín y venía a comerse la fruta – y a nosotros también.”

 

Se fueron a vivir a una pequeña comunidad Ayoreo en las afueras del bosque, pero apenas hicieron contacto Parojnai contrajo gripe y tuberculosis. Jonathan Mazower, activista de Survival que lo visitó en 2003 y 2007, dijo este mes: “Cuando conocí a Parojnai ya estaba muy enfermo. Pero vi fotografías suyas, tomadas al día siguiente del primer contacto, y en ese entonces estaba increíblemente en forma y saludable.”

 

En los primeros días de mayo, Parojnai murió. Su muerte adquirió un significado que Mazower explicó muy bien: “Para mi, la vida de Parojnai simboliza el destino de los pueblos indígenas de las Américas desde la época de Colón. La apropiación de sus tierras por extranjeros lo forzó a renunciar a su independencia, y el contacto lo expuso a una enfermedad que finalmente lo mató. Las mismas tragedias que enfrentaron los indios hace 500 años se repiten hoy entre las últimas tribus que viven en aislamiento voluntario”.

 

Artículo basado en información obtenida de: “Ayoreo Indian Dies after First Contact”, 7 de mayo de 2008, Survival International, http://mcsv.net/cgi-bin/redir?MCid=ADomPAu9J28E4tnmA4RM

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- Zambia: alcanzados por la estampida del agrocombustible

 

Las iniciativas de producción de agrocombustible están proliferando en muchos países de África, incluso en Zambia, donde la jatrofa ha sido elegida como el principal cultivo para producir biodiesel en tanto la caña de azúcar, el sorgo dulce y la mandioca se destinan a la producción de bioetanol.

 

Una investigación realizada en 2007 por Matongo Mundia (1) explica que “Al igual que en el resto del continente, gran parte del estímulo para la producción de biocombustible en Zambia es generada por los discursos sobre la necesidad de lograr la seguridad energética y apoyar el desarrollo social y económico. Sin embargo, no queda claro si los objetivos y la inversión apuntan a la producción de biocombustibles para el mercado nacional o para exportación”.

 

El gobierno de Zambia apoya y respalda la producción de agrocombustibles, pero el sector es bastante nuevo en el país. El informe identifica a D1 Oils (una empresa productora de biodiesel radicada en el Reino Unido) y a Marli Investments como los principales propulsores de la producción de agrocombustibles. A través de la Asociación de Biocombustibles de Zambia (ABZ), la industria del agrocombustible ha intentado obtener ventajas como la fijación de mínimos de mezclas de agrocombustible para todos los consumidores y el ofrecimiento de incentivos que atraigan capitales para desarrollar el sector.

 

“Parece que las empresas como D1 Oils estuvieran promoviendo los biocombustibles como estrategia energética nacional, para abrir las puertas a una legislación acorde, cuando en realidad su intención es enfocar la producción de biocombustibles hacia el mercado de exportación. El hecho de que Zambia no tenga las instalaciones necesarias para refinar biocombustible, sumado a que D1 Oils está construyendo una refinería en Durban, Sudáfrica, no hace más que confirmar la posibilidad de que la producción de biocombustibles se oriente finalmente hacia el mercado de exportación. Una vez que el producto haya dejado el país, indudablemente prevalecerá el mayor poder adquisitivo del consumidor europeo”, se explica en el informe.

 

La deforestación y el desplazamiento son un destino compartido en la mayoría de los lugares donde se han lanzado proyectos de producción de agrocombustibles a gran escala: “un 66% del territorio de Zambia está constituido por bosques, algunos de los cuales revisten particular importancia, como los ubicados en las cabeceras de los ríos (zonas de recarga), las reservas de bosques y los parques naturales. Sólo alrededor de un 26% de los bosques de Zambia podrían ser utilizados para otras producciones agrícolas como los cultivos para agrocombustibles. Sin embargo, incluso sin deforestar más bosques para hacer lugar a la agricultura, Zambia ya está experimentando altos niveles de deforestación. En una declaración reciente, Mwansa Mbulakulima, Ministro de la Provincia Copperbelt, dio a entender que se otorgará una reserva de bosque desclasificada a unos inversionistas (The Post, 4 de mayo de 2007). Aún no es de público conocimiento si este regalo estará destinado a la producción de biocombustible o a otros emprendimientos industriales. Sin embargo, esto indica que las actividades para producción de biocombustible que impliquen deforestación no encontrarán muchos obstáculos por parte del gobierno local o nacional”.

 

“Existen graves problemas en Zambia a propósito de las tierras que podrían ser destinadas a la producción de agrocombustibles y el impacto que esta conversión tendría sobre los agricultores, la producción de alimentos, las áreas boscosas y los pueblos indígenas. La Ley de Tierras de 1995 prevé la transformación de la tenencia consuetudinaria de tierras mediante arrendamiento, y muchos inversores ya han utilizado esta cláusula para expropiar tierras con el objetivo de invertir. El gobierno de Zambia ha dado a entender que quiere adoptar una política territorial orientada al mercado, y el nuevo anteproyecto de política territorial parece estar llevando adelante esa estrategia”.

 

Una fuerte oposición a los agrocombustibles ha crecido rápidamente, cuestionando tanto la supuesta solución que dice ser “neutra en carbono” como sus impactos sociales y ambientales. En noviembre de 2007, varias organizaciones de la sociedad civil africana hicieron un “llamado africano para una moratoria sobre los proyectos de producción de agrocombustibles” (2), reclamando la suspensión de nuevos proyectos en ese continente. “Debemos proteger nuestra seguridad alimentaria, los bosques, el agua y nuestros derechos territoriales, así como a los agricultores y a los pueblos indígenas, del avance agresivo de los proyectos de producción de agrocombustibles que están devorando nuestra tierra y nuestros recursos a una velocidad y con una magnitud increíbles”, dice el llamado.

 

Dichas organizaciones advierten que “la ‘revolución’ de los agrocombustibles está dirigida a reemplazar los sistemas agrícolas locales que se aplican en millones de hectáreas, y a las comunidades rurales que trabajan en ellos, por grandes plantaciones. Está orientada a sustituir los sistemas agrícolas indígenas de cultivos, praderas y pasturas, basados en la biodiversidad, por monocultivos y cultivos transgénicos para combustible. Además, los millones de hectáreas de ‘tierras desiertas’ o ‘suelos marginales’, como los llaman eufemísticamente los promotores del agrocombustible, se destinarán a la producción ‘rentable’ de combustibles, olvidando convenientemente que millones de personas de las comunidades locales obtienen su sustento de esos frágiles ecosistemas. Y en los lugares donde no hay sistemas agrícolas indígenas para reemplazar, sencillamente, se toma el bosque. Al frente están las empresas multinacionales que mejor manejan esta clase de enormes monocultivos y que ya controlan el mercado internacional de los agrocombustibles”.

 

Y concluyen: “No podemos permitirnos perder nuestro alimento, nuestros bosques, nuestra tierra y nuestra agua si pretendemos enfrentar los desafíos del cambio climático y la inseguridad alimentaria. Por lo tanto, pedimos a los gobiernos africanos y a los del Norte que se detengan y reflexionen. Reclamamos con urgencia una moratoria que proteja a África de las muchas amenazas de la nueva y peligrosa estampida por los agrocombustibles”.

 

Artículo basado en información obtenida de: (1) “Agrofuels in Africa – The impacts on land, food and forests”, African Biodiversity Network, julio de 2007, “Biofuel case study: Zambia”, Matongo Mundia, encargado por Clement Chipokolo, http://www.gaiafoundation.org/documents/AgrofuelAfrica_Jul2007.pdf; (2) noviembre de 2007, “An African Call for a Moratorium on Agrofuel Developments”, http://www.africanbiodiversity.org/media/1210585794.pdf?PHP
SESSID=0c91fabd2a80b164ffb52f594d4da9c5

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- Gestión comunitaria del bosque: una nueva e inspiradora publicación de Amigos de la Tierra Internacional

 

Millones de personas en el mundo entero viven en zonas rurales y, en mayor o menor medida, dependen de los ecosistemas forestales para su sustento. Sin embargo, la degradación de los bosques y la deforestación están avanzando a un ritmo alarmante, poniendo en riesgo sus vidas.

 

Los bosques cumplen una función vital en la vida cotidiana tanto de las comunidades rurales campesinas y los pueblos indígenas que dependen del bosque, como de las comunidades urbanas que dependen de los servicios ambientales prestados por los bosques. La distribución injusta, el consumismo y la falta de una buena gestión de gobierno son factores centrales en el manejo insustentable de los recursos y causan problemas ambientales así como el empobrecimiento continuo de las poblaciones locales.

 

Esta nueva publicación del Programa Bosques y Diversidad Biológica de Amigos de la Tierra Internacional aporta un renovado impulso y documentación sobre soluciones innovadoras, basadas en el conocimiento de las comunidades locales, que contribuyen a mejorar las condiciones de vida de éstas al tiempo que protegen y mantienen los ecosistemas forestales.

 

 “La gestión comunitaria del bosque se refiere a las regulaciones y prácticas que utilizan muchas comunidades para la conservación y el uso sustentable de los bosques con los que conviven. Este tipo de gestión es colectiva, comunitaria y por tradición se identifica con la protección, confrontando el uso industrial y mercantil que se le da a los recursos del bosque”.

 

La publicación incluye experiencias comunitarias en una amplia variedad de países y detalla los éxitos y los desafíos a los que se enfrentan las poblaciones locales en sus esfuerzos por controlar, utilizar y proteger sus bosques. Algunas de las experiencias tienen lugar en la India, Papúa Nueva Guinea, Malasia, Indonesia, Francia, Grecia, Chile, Bolivia, la Amazonía, Costa Rica, El Salvador y Haití. Los casos expuestos constituyen una buena base para ilustrar y motivar a la reflexión sobre la gestión comunitaria de los bosques, con el objetivo de fomentar el uso sustentable de los bosques.

 

Además de las experiencias de las comunidades locales, la publicación incluye análisis destinados a la reflexión crítica y la discusión sobre una gran cantidad de amenazas y oportunidades, con temas que van desde el papel de los gobiernos y las instituciones financieras internacionales hasta la soberanía alimentaria, el consumo, el cambio climático, la salud de las personas, los mercados para los productos locales y la tenencia de la tierra. El libro muestra cómo estas cuestiones afectan a los pueblos locales y los vincula con el tema, más amplio, de la justicia social y ambiental.

 

Utilizada como base para una reflexión colectiva sobre el control de los recursos a nivel local, a través de procesos participativos de toma de decisiones y de la distribución equitativa de los beneficios, esta publicación aleccionadora es una herramienta valiosa para los pueblos que quieren ejercer un mayor control sobre sus vidas y sus recursos, para las comunidades que luchan por mejorar sus vidas y por restaurar los ecosistemas degradados, y para presionar a nivel político en contra de medidas social y ambientalmente destructivas.

 

El libro está disponible en formato electrónico, en español, en http://www.coecoceiba.org/images/pub91.pdf, y pronto lo estará también en inglés y en francés. Por más información, comunicarse con Javier Baltodano, de Amigos de la Tierra: licania@racsa.co.cr

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COMUNIDADES Y MONOCULTIVOS DE ÁRBOLES

 

- Mujeres: las más afectadas por la producción de agrocombustibles

 

La expansión de las plantaciones a gran escala – ya sea de cultivos agrícolas o de árboles – para la producción de agrocombustibles líquidos como bioetanol y biodiesel, está creciendo en muchos países del Sur y generando efectos perjudiciales para la gente y el medio ambiente.

 

Hoy en día, hasta la FAO admite los riesgos. Un informe recientemente publicado por esta organización, a propósito de la producción de agrocombustibles y sus impactos diferenciados de género, explica que esta actividad podría aumentar la marginación de las mujeres en las zonas rurales, amenazando sus medios de vida.

 

El modelo de producción a gran escala de materias primas para agrocombustibles requiere mayores superficies de tierra, lo cual genera más presión sobre las llamadas “tierras marginales”, que cumplen una función clave para la subsistencia del sector rural pobre y son en general trabajadas por las mujeres. El informe reconoce que el reemplazo de los cultivos locales por plantaciones de monocultivos para combustible podría amenazar la biodiversidad agrícola así como el vasto conocimiento y las técnicas tradicionales de los pequeños agricultores para la gestión, selección y almacenaje de los cultivos locales (todas actividades realizadas principalmente por las mujeres).

 

Además, la producción de agrocombustibles podría tener impactos negativos para la cría de ganado –  primordial para la seguridad alimentaria de los hogares rurales –  al reducir la disponibilidad de tierras para pasturas y aumentar el precio del forraje (debido al uso creciente de productos agrícolas para la producción de agrocombustibles).

 

El posible agotamiento o degradación de los recursos naturales asociado con las plantaciones a gran escala para la producción de agrocombustible, podría ser una carga adicional para el trabajo y la salud de los agricultores rurales, especialmente para las mujeres. Si la producción de agrocombustibles compitiera directa o indirectamente por el agua y la leña, podría disminuir la disponibilidad de dichos recursos para uso doméstico. Esto forzaría a las mujeres –  que en la mayoría de los países en desarrollo son tradicionalmente responsables de recolectar agua y leña –  a recorrer grandes distancias para obtener dichas provisiones, reduciendo así el tiempo disponible para obtener ingresos de otras actividades.

 

La posible pérdida tanto de diversidad biológica como de diversidad agrícola también resulta una amenaza para la producción de alimentos, poniendo seriamente en riesgo los medios de vida rurales y la seguridad alimentaria a largo plazo. En particular, la posible deforestación asociada con el establecimiento de plantaciones a gran escala para la producción de agrocombustibles podría tener consecuencias negativas para los pueblos que dependen del bosque para obtener su sustento, aumentando así su inseguridad alimentaria.

 

La producción de agrocombustibles podría también tener impactos diferenciados de género en cuanto al acceso a los alimentos, tanto por sus efectos sobre los precios como sobre los ingresos. Existe evidencia creciente de que el aumento de la demanda de productos agrícolas para la producción de agrocombustibles líquidos está contribuyendo a revertir la caída de los precios de los productos agrícolas y los alimentos que se había registrado en las últimas décadas. Esto podría tener consecuencias negativas para la seguridad alimentaria, en particular para los hogares que son compradores netos, así como para los países que son importadores netos de productos agrícolas y alimentos. La demanda creciente de agrocombustibles líquidos podría también desestabilizar los precios de los productos agrícolas y de los alimentos, exponiendo a un número importante de hogares e individuos al riesgo de la inseguridad alimentaria. Las subas repentinas de los precios de los alimentos tendrían repercusiones negativas, especialmente en los hogares pobres y los grupos vulnerables, y en particular en las mujeres y los hogares con cabezas de familia de sexo femenino, los cuales suelen estar más expuestos a la inseguridad alimentaria crónica o transitoria debido también a su acceso restringido a actividades que generen ingresos.

 

Además, las supuestas oportunidades de trabajo en las zonas rurales generadas por el establecimiento de plantaciones para la producción de agrocombustibles apuntan principalmente a mano de obra agrícola poco calificada, y suelen ser además trabajos zafrales o informales. La FAO informa que un número creciente de esta fuerza laboral son mujeres y que, en general, dada la desigualdad social existente, están en desventaja con respecto a los hombres en lo relativo a beneficios laborales, a la seguridad en el trabajo y a los riesgos para la salud.

 

En general el cultivo de caña de azúcar y palma aceitera ha estado asociado, en varios países del Sur, a condiciones de trabajo, salud y seguridad laboral injustas, al trabajo infantil y al trabajo forzado. En algunos casos, las condiciones de trabajo en las plantaciones (en especial las que producen materia prima para agrocombustible) suelen tener efectos diferenciados de género. Los propietarios de la tierra en general prefieren emplear mujeres ya que pueden pagarles menos que a los hombres y las consideran una fuerza de trabajo más dócil y dependiente, y por lo tanto, más fácil de explotar.

 

Dada la prevalencia de acuerdos de trabajo informales, resulta difícil obtener datos confiables sobre el porcentaje de la mano de obra agrícola remunerada de sexo femenino. Sin embargo, hay evidencia de que dicho porcentaje se ha ido incrementando a nivel mundial y que las mujeres hoy en día representan de un 20 a un 30 por ciento del total de la fuerza laboral agrícola remunerada. En América Latina y el Caribe la cifra llega al 40 por ciento, mientras que en los países africanos es probable que el porcentaje sea aún mayor. Se ha comprobado que las mujeres suelen recibir, en promedio, menos entrenamiento y educación que los hombres; a menudo realizan tareas repetitivas que pueden desembocar en problemas de salud, y corren riesgos en cuanto a su función reproductiva a consecuencia de la exposición a los agroquímicos. En Malasia, por ejemplo, las mujeres, que representan alrededor de la mitad de la mano de obra de las plantaciones a menudo son reclutadas para fumigar con plaguicidas y herbicidas químicos sin el entrenamiento y el equipo de seguridad adecuados. Esto podría causar serios problemas para la salud de esas trabajadoras a largo plazo.

 

El informe de la FAO concluye que los esfuerzos para mitigar el cambio climático a través de la promoción de la producción de agrocombustibles líquidos puede menguar la resiliencia social y económica de las personas (especialmente entre los grupos más vulnerables, incluido el de las mujeres), debilitando su capacidad para enfrentar impactos exógenos como el cambio climático.

 

Sin embargo, la FAO no asume una posición decidida contra el modelo de agrocombustibles que se promueve, el cual es insostenible por su propia naturaleza. La FAO termina con una quimera: “si se lograra que la producción de biocombustibles fuese beneficiosa tanto para los hombres como para las mujeres de los países en desarrollo, se fortalecería su capacidad para sobrellevar los impactos del cambio climático”.

 

Apreciamos la información brindada por el informe de la FAO, pero pensamos que su conclusión final carece de fundamento. Cada vez más se comprueba que los agrocombustibles no acarrean ningún beneficio social o ambiental, y el informe de la FAO describe cómo afectan especialmente a las mujeres pobres del medio rural. La conclusión debería entonces ser fuerte y clara: si quieren beneficiar a las mujeres rurales pobres, ¡no promuevan los agrocombustibles!

 

Extracto adaptado y comentado de: “Gender and Equity Issues In Liquid Biofuels Production Minimizing The Risks To Maximize The Opportunities”, Andrea Rossi y Yianna Lambrou, Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), Roma, 2008, ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/010/ai503e/ai503e00.pdf.

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- Australia/Tasmania: un acuerdo favorece el proyecto de planta de celulosa de Gunns a pesar de la oposición popular

 

En los primeros días de este mes, el pueblo de Tasmania se enteró de un negocio que fuera concertado cuatro meses antes entre su gobierno y la empresa forestal Gunns. Dicho acuerdo, llamado Acuerdo de Riesgo Soberano, establece que los contribuyentes deberán financiar a la empresa durante 20 años con 15 millones de dólares en caso de que el suministro de madera se vea comprometido por cualquier motivo. (1)

 

La planta de celulosa proyectada por Gunns enfrenta una fuerte oposición de sectores sociales, incluidos el estudiantil. En el blog “Students Against the Pulp Mill” (http://stopthemill.blogspot.com/2008/04/alliance-forms-to-save-tasmania-from.html) podemos leer: “Entonces, si votamos para que este gobierno se vaya porque no aprobamos la planta de celulosa, el próximo gobierno estará obligado a continuar suministrando madera a Gunns, aunque la mayoría de los habitantes de Tasmania no esté de acuerdo con ello. Qué poco democrático”.

 

El favoritismo del gobierno hacia Gunns contrasta fuertemente con su actitud frente a la preocupación que han generado los potenciales efectos adversos de esta planta tan poco popular que Gunns planea construir en el valle Tamar. La rápida aprobación del proyecto no consideró siquiera los potenciales impactos negativos que la planta podría generar sobre el turismo, la pesca, la agricultura orgánica y la producción de vinos. Por el contrario, si la planta de celulosa propuesta causa algún daño a industrias limpias y ecológicas, éstas no recibirán ninguna indemnización por ello.

 

La respuesta dada a las empresas locales fue que no compete al gobierno solucionar sus problemas en caso de que su reputación ecológica se vea dañada de alguna forma.

 

Un artículo de The Tasmanian Greens (2) denuncia lo siguiente: “En una carta del 6 de setiembre de 2007, dirigida al Consejo de la Industria Turística de Tasmania (TICT) a propósito de la preocupación generada por la planta de celulosa, el Primer Ministro Paul Lennon, declara lo siguiente con relación al problema que le fue planteado:

 

TICT: “Debe haber una forma de asistir a las empresas que sufren una pérdida de negocios o de dinero como resultado comprobable de las actividades de la fábrica de celulosa”.

 

Primer Ministro: “Los individuos deberán buscar asesoramiento legal independiente sobre las posibles soluciones si llegaran a sufrir una pérdida de negocios o de dinero como consecuencia de las actividades de la planta de celulosa”.

 

El blog de los estudiantes informa que el pasado 16 de abril “Diversos grupos, individuos y empresas de Tasmania y Australia se reunieron en el valle de Tamar este fin de semana y acordaron formar una alianza de trabajo para detener la fábrica de celulosa de Gunns”.

 

Hubo una convocatoria para cerrar las cuentas personales en el banco ANZ, como castigo por su posible apoyo al proyecto, y unas 100 personas – sobre todo gente joven – se reunieron en los jardines del Parlamento para expresar el mensaje: ¡NO HAGAN PULPA NUESTRO FUTURO!

 

Artículo basado en información obtenida de: (1) “Compo for Gunns if supply fails”, Matthew Denholm, The Australian, http://www.theaustralian.news.com.au/story/0,25197,23652116-5013871,00.html; (2) “$15 Million Price Tag On Democracy Under Deal With Gunns”, http://tas.greens.org.au/News/view_MR.php?ActionID=2979.

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- Birmania: los Generales enloquecen con los agrocombustibles

 

Los agrocombustibles – producidos a partir de aceite extraído de ciertas plantas para reemplazar los combustibles fósiles de alto costo – son un tema controvertido debido a que las plantaciones están ocupando tierras utilizadas principalmente por comunidades locales, en especial para producir alimentos.

 

En Birmania, la junta militar al frente del gobierno se ha embarcado en una enorme expansión de las plantaciones para agrocombustible confiscando tierras por la fuerza, multando, arrestando y golpeando a los agricultores.

 

El plan quinquenal de la junta tiene como objetivo cubrir más de 3 millones de hectáreas con Jatropha curcas (piñon o tempate; jetsuu en birmano) para producir agrocombustible. Cada estado y cada división administrativa del país debe dedicar 200.000 hectáreas a este cultivo. A dos años del comienzo del programa, se está filtrando información sobre los malos tratos que sufren las poblaciones locales para obligarlas a plantar jatrofa.

 

El informe “Biofuel by Decree: Unmasking Burma's bio-energy fiasco” (Agrocombustible por decreto: desenmascarando el fiasco bioenergético de Birmania), producido por Ethnic Community Development Forum (alianza formada por siete organizaciones birmanas para el desarrollo comunitario), muestra que la junta birmana está aterrorizando a las poblaciones locales para que planten jatrofa para la producción de agrocombustibles aun cuando, según el informe, “las pruebas de cultivos perdidos y de mala gestión revelan que el programa es un fiasco”.

 

El informe sostiene que agricultores, funcionarios, maestros, niños en edad escolar, enfermeras y prisioneros han sido forzados a comprar semillas y a cumplir con cuotas de plantación exorbitantes, consumiendo tiempo, tierra y recursos esenciales para la subsistencia.

 

Un manual publicado por el Ministerio de Agricultura establece que deben plantarse unos 1.200 árboles por media hectárea. Para alcanzar este objetivo, todos los hombres, mujeres y niños de Birmania deberían plantar 177 árboles cada uno de aquí a tres años. La junta planea también exportar biodiesel en el futuro, y el proyecto jatrofa ha atraído inversores de Tailandia, Singapur y el Reino Unido.

 

La junta sostiene que los agrocombustibles son necesarios como combustible de reemplazo, para reducir la dependencia de Birmania de los 200 millones de galones de petróleo que importa anualmente. La empresa Myanmar Oil and Gas Enterprise (propiedad de la junta), espera que en unos pocos años el país pueda reemplazar por jatrofa producida localmente los 40.000 barriles de petróleo importados. Sin embargo, las reivindicaciones de autosuficiencia energética de la junta parecen dudosas ya que ha estado vendiendo los numerosos depósitos de gas natural del país a Tailandia, China y la India.

 

En marzo de 2006, el jefe del ejército y del gobernante Consejo de Paz y Desarrollo del Estado birmano (SPDC), general Than Shwe, exhortó a “cultivar jatrofa en todos los rincones de la nación” en un discurso que efectivamente transformó el proyecto de agrocombustibles en un “deber nacional” y desencadenó un frenesí de actividades para plantar jatrofa en “cada espacio vacío”.

 

Muy pronto, con ceremonias en las que participaron altos mandos militares y batallones de soldados, se dio inicio a diversos proyectos de plantación en pueblos y comunas. Los militares ordenaron a los funcionarios plantar jatrofa en oficinas públicas, escuelas y hospitales; los jardines de las casas, los recintos de los monasterios y hasta los cementerios fueron designados como posibles objetivos.

 

Los militares obligan a la gente a comprar semillas, gajos o plántulas, así como a proveer mano de obra, herramientas y tierra. Confiscar la tierra parece ser la norma. Por ejemplo, en el estado norteño de Shan, los militares tomaron unas 400 hectáreas de tierras perteneciente a los agricultores de la aldea Man Mao y se las dieron a la milicia local para plantar jatrofa.

 

La mayoría de los aldeanos se ven forzados a comprar almácigos, gajos o semillas en bolsas y cestos de lata, así como un “manual de instrucciones”, en general a precios exorbitantes.

 

Un entrevistado informó que “Compramos las plantas cuando las autoridades llegaron a nuestra aldea. Cada hogar debía comprar las plantas a 400 kyats cada una. Algunos aldeanos no tenían dinero suficiente y tuvieron que pedir prestado a otros para poder pagarlas” (el tipo de cambio oficial varía entre 5,75 y 6,70 kyats por dólar estadounidense, lo que ubica el precio entre US$ 69 y US$ 59).

 

En un caso por demás grotesco, los aldeanos fueron obligados a buscar semillas silvestres, sembrarlas en un vivero y luego comprar las plantas que ellos mismos habían cultivado.

 

En agosto de 2006, los cultivos de jatrofa alcanzaron la marca de unas 400.000 hectáreas; los planes actualizados fijaron entonces como objetivo 930.000 hectáreas para 2006-2007, un millón para 2007-2008 y 1,3 millones para 2008-2009, totalizando aproximadamente 2,4 millones de hectáreas.

 

El informe explica que lo escalofriante de la situación en Birmania es que estas cuotas son impuestas a fuerza de golpizas y amenazas de muerte. Una investigación de campo realizada en 32 municipios de todos los estados birmanos, que incluyó 131 entrevistas a agricultores, funcionarios e inversionistas, detalla cómo los soldados arrestan y golpean a la gente y amenazan de muerte a quienes no logran cumplir con la cuota, dañan las plantas o critican el programa. No menos de ochocientas personas del estado Shan del Sur han huido cruzando la frontera hacia Tailandia para escapar de la crueldad del programa de agrocombustibles.

 

A dos años de su aplicación, y a pesar de todas estas medidas, los fracasos masivos de los cultivos – que alcanzan el 72% – son un problema permanente del proyecto debido a las técnicas de cultivo desordenadas y a la mala calidad de las semillas utilizadas.

 

Aun cuando los árboles crecen, a menudo dan pocas semillas porque no se toman debidamente en cuenta las condiciones climáticas y del suelo. Por otra parte, Birmania tiene poca capacidad para extraer aceite de las semillas, y gran parte del biodiesel producido es de tan baja calidad que no sirve para hacer funcionar los motores.

 

El árbol de jatrofa requiere de 4 a 5 años para alcanzar la plena madurez. Durante este período, los agricultores no obtienen ningún ingreso; además, las familias tienen poco para comer porque las tierras arables están ocupadas por plantaciones para agrocombustible. Un agricultor se pregunta: “Dijeron que sería un proyecto de tres años, pero ¿qué vamos a comer mientras tanto?”

 

La escasez de alimentos es un problema grave en muchas partes de Birmania. Según el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, en el año 2007 unos 5 millones de personas, es decir, casi un 10% de la población birmana, padecía escasez crónica de alimentos.

 

Un agricultor expresó: “Sufrimos por la falta de tierras para cultivar. No podemos trabajar adecuadamente para nosotros. Debemos plantar jet suu. Si no queremos cultivarlo nos exigen, a cada uno de nosotros, 2.500 kyats por 0,4 hectárea. Nuestro tiempo es limitado y ahora debemos irnos lejos a trabajar y no nos queda tiempo para desmalezar nuestros arrozales”.

 

También persiste la preocupación acerca de las propiedades venenosas de la planta de jatrofa, debido a la presencia de toxalbúminas llamadas curcina, ricina y ácido ciánico, relacionadas con el ácido ricinoleico. Si bien todas las partes de la planta son venenosas, las semillas tienen la mayor concentración de ricina y son, por lo tanto, muy tóxicas. Ha sido comprobado que la ricina tiene muchos efectos cardiotóxicos (daños al músculo cardíaco) y hemolíticos (destruye los glóbulos rojos liberando hemoglobina en los fluidos circundantes). Vómitos, diarrea, dolor abdominal y sensación de ardor en la garganta son algunos de los efectos adversos por el consumo de semillas.

 

Los pobladores locales han encontrado algunas formas de oponer resistencia. Enfrentados a la pérdida de tierras y de su sustento, muchos aldeanos no tienen otra opción que encontrar la manera de evitar plantar o de negarse a ello. Algunos compran plantas pero no las ponen en la tierra; otros plantan menos de lo que les ordenan; los carteles que promovían los agrocombustibles han sido dañados.

 

Por Amraapali N., escritor de la región de Mekong, correo electrónico: amraapali@gmail.com

 

El informe “Biofuel by Decree” publicado por el Ethnic Community Development Forum (ECDF) está disponible para ser descargado en: http://cban.ca/Resources/Topics/Agrofuels.

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- Sudáfrica: una visita al monocultivo industrial de árboles de Bosques Komatiland

 

En noviembre de 2007, varios delegados del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales visitamos las instalaciones de Bosques Komatiland en Brooklands, en la provincia sudafricana de Mpumalanga.

 

Bajo una fotografía de J. Brooke Shires, quien en 1876 plantó los primeros eucaliptos y acacias en Brookland, escuchamos una presentación de la empresa. Komatiland es una empresa paraestatal que gestiona unas 128.000 hectáreas de plantaciones, principalmente de pinos. Los árboles se plantan con una rotación de 28 a 30 años para producir madera en rollo para serrar. Según nos dijeron, esta empresa emplea a 2.400 personas de forma directa y a otras 1.200 por contrato. Sus plantaciones en Brooklands cubren un área de poco más de 12.000 hectáreas y en aproximadamente un tercio de sus tierras la empresa utiliza un sistema de extracción con caballos.

 

Desde 1997, la compañía está certificada por SGS de acuerdo con el sistema de certificación del Consejo de Manejo Forestal (FSC). Un funcionario de Komatiland nos comentó que la certificación tiene cuatro niveles: están los que no cumplen con los criterios sin saberlo, los que no cumplen a sabiendas, los que cumplen a sabiendas y los que cumplen sin saberlo. En esta época de “maquillaje verde” de las empresas, esta parte de la presentación fue gratamente sincera. “No tengo ni la menor idea de dónde nos ubicamos”, dijo riendo. “Debemos estar entre el dos y el tres”. Se trataba de un empleado de una empresa certificada por el FSC, y estaba reconociendo públicamente que Komatiland no cumplía enteramente con los estándares de dicha entidad. “Todas las operaciones tienen inconvenientes. No somos perfectos. Podrán encontrar problemas en cada una de nuestras unidades de plantación”. Él sabía que estaba diciendo esto a una audiencia crítica, tanto de las plantaciones industriales de árboles como de la certificación FSC.

 

Winnie Overbeek preguntó acerca de los derechos territoriales y los conflictos por la tierra. “Esa es una pregunta muy europea”, fue la respuesta. Overbeek explicó que ha trabajado durante más de una década en Brasil, apoyando a los Pueblos Indígenas Tupinikim y Guaraní en su lucha por la tierra en la zona ocupada por las plantaciones de Aracruz Celulose, y que su pregunta tenía como base su propia experiencia. El representante de la empresa continuó sin perder la calma. “Sudáfrica es un país único”, explicó. “No hay pueblos indígenas en Sudáfrica según los estándares del FSC. Existió el Apartheid y hay muchos reclamos de tierras. Todas las plantaciones y granjas están en litigio. Eso no significa que las demandas sean válidas”. Todo esto suena sorprendentemente similar a los argumentos utilizados por Aracruz antes de que el Ministro de Justicia brasilero fallara a favor de los Tupinikim y Guaraní (ver Boletín Nº 122 del WRM, setiembre de 2007).

 

En 2007, Komatiland perdió unas 17.000 hectáreas de plantaciones por incendios. “El calentamiento global está empeorando las cosas”, dijo el funcionario de Komatiland. “Por ejemplo, los gorgojos del pino están atacando los árboles del bosque nativo. Nadie sabe qué es lo próximo que pasará. Hay cosas que van a cambiar y eso nos alarma”.

 

Wally Menne, de la coalición sudafricana TimberWatch, hizo notar que, si bien la empresa se llama Bosques Komatiland, este nombre no es apropiado ya que sus actividades forestales consisten en plantaciones industriales  de árboles a gran escala.

 

Luego de la presentación nos llevaron a ver algunas de las plantaciones. Atravesamos los monocultivos de pinos y eucaliptos de Komatiland. Vimos enormes superficies taladas y zonas de plantación quemadas. Pasamos frente a las instalaciones donde la empresa aloja a los trabajadores: filas de casas de construcción precaria, adosadas en hilera, con techos de chapa y grandes números pintados en las puertas. En su evaluación de Komatiland, la certificdora SGS sostiene que la compañía emplea directamente sólo a 1.729 personas. Mientras atravesábamos las plantaciones y las zonas taladas vimos muy pocos trabajadores.

 

Nos detuvimos en la cima de una colina, con una pradera exuberante a un lado del sendero y un panorama de destrucción absoluta al otro lado. Todo ser vivo había sido cortado y arrancado, dejando algo parecido a un paisaje lunar marrón. Bajamos del vehículo y pasamos junto a una pila de troncos, algunos de los cuales estaban marcados con el número de gestión forestal y cadena de custodia de SGS (SGS-FM-COC-0068). A la distancia, una máquina levantaba troncos y los apilaba ordenadamente.

 

Durante la presentación de la empresa se nos dijo que el 30 por ciento de la tierra de Komatiland está sin plantar y que, desde 1994, la zona de plantaciones en Brooklands se redujo de 10.000 a 9.000 hectáreas. También nos dijeron que no se plantaba a menos de 20 metros de los cursos de agua. Había un riachuelo que corría justo al lado de la zona cortada a tala rasa; eucaliptos y pinos crecían hasta la orilla.

 

Vimos extraer troncos utilizando caballos. Komatiland nos dijo que la cosecha con caballos daña menos el suelo y emplea más personas que la tala mecanizada. La operación que vimos se desarrollaba en una pendiente que en todo caso era demasiado pronunciada para utilizar máquinas. Parecía un trabajo brutalmente duro. Cuatro hombres trabajaban con tres caballos. Los caballos tiraban de los troncos por la ladera, de a uno por vez. Los hombres debían luego desatar las cadenas de los troncos y tirar de los caballos nuevamente cuesta arriba. Mientras tanto, los encargados los miraban desde abajo. Uno de ellos había traído a su perro al trabajo.

 

Durante la presentación de la empresa se nos dijo que “el Apartheid existió” en Sudáfrica. Sin embargo, todos los trabajadores que vimos eran negros. Y todos los jefes que vimos eran blancos. Al parecer, en las plantaciones de Komatiland, el apartheid aún existe.

 

Por Chris Lang, http://chrislang.org

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DIRECTO DESDE LA CBD

 

- La vida real irrumpe en el Convenio sobre Diversidad Biológica

 

El Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB) es un proceso gubernamental internacional que parecía muy bueno cuando nació en 1992, durante la Cumbre para la Tierra de las Naciones Unidas celebrada en Río de Janeiro, Brasil.

 

En ese entonces parecía que los gobiernos del mundo se habían dado cuenta de lo que sucedería si no se detenía la pérdida de biodiversidad causada por la deforestación, la biopiratería, la expansión de la agroindustria, y otros procesos por el estilo. Así pues, se puso en movimiento un mecanismo, el CDB, que se reuniría cada dos años en cumbres de alto nivel, con eventos paralelos organizados por diversas organizaciones de la sociedad civil.

 

El CDB logró resistir la contaminación empresarial un poco más que otros foros, como la Convención sobre el Cambio Climático, por ejemplo. Sin embargo, poco a poco la industria se fue apoderando del CDB para imponerle su agenda, al punto de transformarse en una serie de sesiones prolongadas donde los documentos llenos de corchetes quedan a la espera de que los grupos de presión cierren sus negocios sobre asuntos que tienen impactos directos sobre la vida presente y futura de los pueblos.

 

Una y otra vez, las organizaciones sociales han intentado abrir una brecha, participando en los espacios que les son otorgados dentro del proceso. Sin embargo, los efectos reales en las políticas y aplicaciones han sido muy escasos.

 

Como resultado de ello, las organizaciones han intentado abrirse camino e introducir en el CDB los problemas, las preocupaciones y los sueños de la gente real; la vida de la gente real. Para ello han recurrido a la imaginación, a la participación, al humor y, ¿por qué no?, incluso a la indignación.

 

A continuación damos una breve visión general de algunas de las acciones desarrolladas durante la 9ª Conferencia de las Partes en el CDB que se está llevando a cabo en Bonn.

 

Domingo 18 de mayo

“Los agrocombustibles generan hambre y pobreza”

 

Alrededor de 60 personas protestaron contra la plantación a gran escala de cultivos para combustible (que tiene efectos desastrosos para el suministro de alimentos y es causa de deforestación) como forma de enfrentar el calentamiento global. Hasta ahora, los principales medios de comunicación y los responsables políticos ignoran la conclusión honesta de que hace falta una reducción radical del uso de energía, principalmente en “Occidente”.

 

En dos estaciones de servicio los conductores tenían que decidir: “gasolina” a la derecha, “alimentos” a la izquierda. Las pancartas decían: “los agrocombustibles no solucionan la adicción al petróleo”.

 

La mayoría de los automovilistas mostró cierta simpatía hacia la acción, pero de todas formas quiso cargar combustible esa vez.

 

La empleada de la estación de Shell estaba furiosa por la información en contra que se difundía frente a su estación de servicio y llamó a la policía. Luego de algunas discusiones se permitió que continuara la acción, aunque tuvieron que dar a los conductores más posibilidades de evitar pasar por el punto donde debían hacer su elección.

 

Luego de dos horas, el grupo comenzó a moverse nuevamente para realizar una pequeña demostración y terminó en un campo, con un picnic donde se ofreció comida local y saludable, lo que todavía es posible.

 

Entre los activistas había mucha gente de Via Campesina, la red internacional de pequeños agricultores. Para ellos y los millones de personas que representan, la introducción a gran escala de los agrocombustibles es una amenaza directa para su sustento y sus vidas.

 

Mas fotos disponibles en: http://www.globaljusticeecology.org/gallery.php?catID=26

 

Jueves 22 de mayo

Día Mundial de la Biodiversidad…o más bien Día Internacional de la Lucrodiversidad

 

la Cámara de Comercio Internacional, organización que agrupa a las mayores empresas del mundo, organizó un almuerzo de trabajo. La reunión fue interrumpida por la visita de un grupo particular de “accionistas felices” que procedieron a celebrar los monopolios de la agroindustria y a felicitar a la industria por destruir la biodiversidad agrícola, todo lo cual hizo posible sus grandes ganancias. ¡Terminaron brindando por los Proveedores de la Revolución ‘Gangrena’! [del inglés (Gan)Green, en referencia a la Revolución Verde]

 

Parte de su discurso decía: “Nosotros, 'La iniciativa de los Pequeños Accionistas', estamos muy contentos con los importantes asuntos sobre los que debemos informar en ocasión del Día Internacional de la Lucrodiversidad que hoy celebramos:

 

- Recaudamos 220.000 dólares para apoyar a las empresas en su trabajo en el CDB. Esto significa que podemos entregar nuestras ganancias a los accionistas y aún así hacer creer a la gente que trabajamos para la biodiversidad.

 

- Durante la reunión de alto nivel del jueves 29 de mayo, la industria tendrá una hora completa para presentar sus ideas. El resto de los grupos de interés deberá compartir la hora restante. A continuación, todos los delegados están invitados por la industria a un almuerzo, como parte del programa oficial. Otra posibilidad es hacer que las delegaciones hagan lo que nosotros queremos.

 

¡Bravo, bravo!”

 

 

Mas fotos disponibles en: http://www.globaljusticeecology.org/gallery.php?catID=26

 

Jueves 22 de mayo

¡Naturaleza para la gente, no para el negocio!

 

Activistas de todo el mundo colgaron una pancarta, golpearon tazas y repartieron mensajes de Via Campesina durante la celebración oficial del Día de la Biodiversidad, luego que el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, finalizara su mensaje a los delegados del Convenio.

 

Considerando que la agroindustria domina el actual comercio mundial de alimentos con el paquete tecnológico de la Revolución Verde que destruye la agrodiversidad y la diversidad biológica, las pancartas decían: “No a la agrodiversidad sin agricultores” y “Naturaleza para la gente, no para el negocio”.

 

Luego de unos minutos, las pancartas fueron retiradas por guardias de seguridad y funcionarios de las Naciones Unidas; quienes las sostenían fueron escoltados hasta la salida del hotel Maritim y perdieron sus insignias de acreditación, imprescindibles para participar en las reuniones.

 

Sin embargo, los miembros de Via Campesina fueron aplaudidos por varios delegados gubernamentales cuando corearon “naturaleza para la gente, no para el negocio”.

 

El mensaje que quisieron transmitir es que ninguna solución puede surgir del modelo de producción actual. Por el contrario, las comunidades rurales son la clave tanto para combatir el hambre en el mundo como para salvaguardar la biodiversidad del planeta.

 

Ellas tienen la capacidad de alimentar al mundo promoviendo la diversidad de alimentos, manteniendo las culturas tradicionales y evitando sobrecargar al medio ambiente. Además, la producción ecológica local de pequeña escala es una forma inmediata y efectiva de reducir las emisiones de carbono y enfriar el planeta.

 

Mas fotos disponibles en: http://www.globaljusticeecology.org/gallery.php?catID=26

 

Viernes 24 de mayo

¡Las plantaciones no son bosques!

 

El Consejo Forestal alemán organizó un evento para los representantes de la industria forestal y maderera.

 

El discurso, con el usual enfoque utilitario y mercantilista de los bosques, no hizo ninguna distinción entre los bosques y las plantaciones y, de hecho, fue ilustrado con fotografías de plantaciones de monocultivos de árboles descriptas como bosques.

 

El uso y la comercialización de los bosques fueron presentados como una estrategia favorable para el clima, poniendo mucho énfasis en la capacidad de los bosques de secuestrar carbono. La presentación terminó con una conmovedora “súplica” para que se utilicen los recursos madereros, ilustrada por una imagen de una escultura, el “hombre de madera”, y seguida por un concierto de violín, puntualizando en ese momento que “hasta los violines” están hechos de madera.

 

Luego de la presentación hubo una recepción. Espontáneamente, un grupo de cinco mujeres armó rápidamente una estrategia para presentar sus puntos de vista: mientras los invitados disfrutaban de los tragos y los bocaditos, ellas captaron su atención y se turnaron para hacer, cada una, una breve declaración y hablar de los peligros de los árboles genéticamente modificados, del fracaso de las plantaciones como medio de lograr los objetivos de mitigación del cambio climático y protección de la diversidad biológica, del impacto de los monocultivos de árboles sobre los suelos, los cursos de agua y las personas en Brasil y en Uruguay, así como de la situación de los bosques europeos, señalando su larga historia de explotación y la pérdida de biodiversidad concomitante.

 

Un grupo reducido de personas aparentemente enojadas por la interrupción salió del salón, pero en general este pequeño acto fue bien recibido por los invitados, quienes aplaudieron mientras asentían en aparente señal de aprobación. Fue una oportunidad más que se aprovechó para hablar en contra de la mentalidad de monocultivo.

 

Mas fotos disponibles en: http://www.globaljusticeecology.org/gallery.php?catID=26

 

Martes 27 de mayo

Un llamado a la prohibición de los árboles transgénicos

 

Una ceremonia de plantación de árboles tuvo lugar fuera de la reunión del CDB. Un gran número de activistas participaron de la misma, algunos imitando árboles monstruosos, genéticamente modificados, que intentaban invadir el CDB, mientras otros los detenían y los talaban antes de que pudieran lograrlo.

 

 La ceremonia simbolizó lo que la industria está fomentando: el monocultivo de árboles exóticos, a menudo invasores. Los árboles transgénicos implicarán más plantaciones y amenazas aún mayores.

 

La prohibición de la introducción de árboles modificados genéticamente en el medio ambiente tiene el apoyo de los delegados africanos y de numerosos estados miembros de Asia y América Latina. Este punto fue largamente discutido durante la primera semana de reunión del Convenio sobre Diversidad Biológica, y ahora pasará a la Sesión de alto nivel, donde los Ministros de todo el mundo decidirán sobre el tema.

 

Mas fotos disponibles en: http://www.globaljusticeecology.org/gallery.php?catID=26

 

Miércoles 28 de mayo

FSC: No a la certificación de los monocultivos de árboles

 

Activistas pertenecientes a movimientos sociales asistieron a un evento paralelo organizado por el Forest Stewardship Council (FSC). Portando una pancarta, hicieron saber de su preocupación por el enfoque del FSC, que ha ignorado las pruebas contundentes brindadas por movimientos sociales y ambientales de todo el mundo acerca de los perniciosos efectos de las plantaciones de árboles y ha permitido que millones de hectáreas de plantaciones de monocultivos de árboles fueran falsamente certificadas como “bosques”.

 

Durante el evento paralelo se leyó una declaración por la cual se expresó que aparte de tener que hacer frente a gobierno y empresas, las comunidades locales que luchan contra las plantaciones en gran escala de monocultivos de árboles deben enfrenta el problema adicional planteado por el hecho de que esas mismas plantaciones obtienen credibilidad gracias a la certificación del FSC. Sin embargo, la credibilidad del FSC se ve socavada cada vez más por la certificación de éstos y otros proyectos destructivos.

 

Después de algunas preguntas y una breve discussion, el FSC dio por finalizada la región, aun cuando varias personas querían hacer más preguntas e incluso señalaron que ése debería ser un espacio democrático para discutir los problemas con el FSC.

 

Los activistas concluyeron que las decisions adoptadas por el FSC están controladas por los intereses de las empresas, que tratan de convencer a los consumidores de que comprar más productos madereros es bueno para la biodiversidad. Esto debilita los esfuerzos de las organizaciones ambientales, que trabajan concientizando a los consumidores acerca de la necesidad de reducir el consumo.

 

Sus reclamos fueron: ¡Las plantaciones no son bosques y el FSC no debe certificarlas! ¡El FSC debe dejar de ser una herramienta de los intereses empresariales!

 

Mas fotos disponibles en: http://www.globaljusticeecology.org/gallery.php?catID=26

 

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Informes basados en información obtenida de:

La Vía Campesina, http://viacampesina.org/main_en/index.php;

Global Justice Ecology Project, http://www.globaljusticeecology.org;

Indymedia Biotech, http://biotech.indymedia.org/or/

Coalición Mundial por los Bosques, http://www.globalforestcoalition.org

Las fotografías son cortesía de la Coalición Mundial por los Bosques

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Boletín Mensual del Movimiento Mundial por los Bosques

Este boletín también está disponible en inglés, francés y portugués

Editor: Ricardo Carrere

 

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