NUESTRA
OPINIÓN
- Bosques, agrocombustibles y las políticas
del hambre
El
hambre en el mundo genera cada vez más preocupación en quienes
aún no la sufren y más sufrimiento entre quienes la padecen, cuyo
número aumenta año tras año. Sin embargo, las políticas elaboradas
desde los centros globales del poder no solo poco hacen para resolver
el problema, sino que en general lo agravan.
Un
ejemplo claro de lo anterior es proporcionado por la promoción
de los agrocombustibles. Disfrazados bajo un discurso ecológico
(la sustitución de combustibles fósiles que generan el cambio
climático) y con el rótulo verde de “bio”combustibles, millones
de hectáreas de tierras son asignadas a la producción de alimento
... para automóviles.
Los
impactos de esa política en el Sur son graves. Por un lado, porque
alimentos básicos como el maíz dejan de ser destinados a la alimentación
humana y pasan a ser convertidos en etanol. Por otro lado, porque
tierras productoras de alimentos son ocupadas por monocultivos
de caña de azúcar o soja para la producción de agrocombustibles.
En ambos casos, el resultado es una menor oferta de alimentos,
con la consiguiente especulación y encarecimiento.
Por
supuesto que los agrocombustibles no son los únicos (ni los primeros)
responsables de la suba en el precio de los alimentos. Sin embargo,
también es cierto que son un factor más que contribuye a agravar
una situación ya de por sí grave, en la que el hambre y la desnutrición
aumentan en los países del Sur.
El
aumento de precio de los alimentos ya ha resultado en revueltas
populares –nacidas de la desesperación- en muchas partes del mundo
y también ha dado lugar a fuertes movimientos organizados en favor
de la soberanía alimentaria.
Sin
embargo, hay otro proceso vinculado a la alimentación que aún
permanece relativamente invisible y que debe ser incorporado a
esa lucha: la destrucción de los bosques.
La
expansión de los cultivos para agrocombustibles se realiza en
dos escenarios: en tierras agrícolas y en tierras boscosas. Mientras
en el primero tiene lugar una sustitución de cultivos alimentarios
por cultivos para energía, en el segundo se destruyen bosques
para producir agrocombustibles en su lugar (aceite de palma, soja,
caña de azúcar).
Este
segundo caso –la destrucción de bosques- rara vez es percibido
como un impacto sobre la seguridad y soberanía alimentarias de
los pueblos, por la sencilla razón de que poca gente está informada
acerca de la capacidad productora de alimentos de los bosques.
Quienes sí lo saben son los millones de seres humanos que allí
habitan, que obtienen del bosque la mayoría de sus medios de supervivencia,
entre los que en primer lugar se cuenta la comida. Cada área de
bosque que desaparece implica entonces sacarle la comida de la
boca a esos pueblos, ya sea por su ocupación por agrocombustibles
o por cualquier otro tipo de actividad que resulte en la destrucción
del bosque (plantaciones de árboles para celulosa, tala comercial,
represas hidroeléctricas, granjas camaroneras, etc.). Se empuja
así al hambre a comunidades hasta entonces bien alimentadas a
partir de los recursos del bosque.
El
hambre –ya sea en zonas boscosas, agrícolas o urbanas- no es un
fenómeno inevitable, sino que es el resultado de las mismas políticas
e intereses económicos que están en la raíz de otras crisis como
el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la deforestación,
la desaparición y contaminación de fuentes de agua, la destrucción
de los suelos y muchas otras. A su vez, todas estas crisis agravan
el problema de la falta de acceso a los alimentos por parte de
los más desposeídos.
Las
mal llamadas políticas de “desarrollo” impulsadas desde hace décadas
por organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo
Monetario Internacional, la Organización Mundial para la Agricultura
y la Alimentación, la Organización Mundial del Comercio y otras,
ya han demostrado hasta el hartazgo ser un total desastre social
y ambiental. Lo único que han logrado “desarrollar” son las ganancias
de las grandes empresas transnacionales, a expensas del hambre
de la gente y la degradación ambiental. El modelo que nos han
impuesto se hace pedazos. Es hora de que lo admitan y dejen lugar
a las propuestas de los movimientos sociales.
inicio
COMUNIDADES
Y BOSQUES
-
Brasil: caña de azúcar para agrocombustible
avanza sobre ecosistema biodiverso
Los
agrocombustibles están recibiendo crecientes advertencias, protestas
y denuncias provenientes de filas tan dispares como personalidades
oficiales de las Naciones Unidas -- el Director General de la
FAO Jacques Diouf y el relator de la ONU para el Derecho a la
Alimentación, Jean Ziegler –, primeros ministros como Fidel Castro,
y organizaciones sociales del Norte y del Sur (ver 1 y 2). Pero
a pesar de eso, las plantaciones para combustible avanzan.
En
América Latina, Brasil lleva sin duda la delantera, Los acuerdos
energéticos con Estados Unidos y Chile del año pasado y recientemente
con Alemania, consolidan la posición de Brasil como productor
de etanol.
Las
plantaciones de caña de azúcar para combustible ocupan en el país
unos seis millones de hectáreas, distribuidas principalmente en
el sudeste en los estados de San Pablo, Minas Gerais y Goiás,
y también en la región central, en los estados de Mato Grosso
y Mato Grosso do Sul.
La
mayor presión del monocultivo de caña se ejerce sobre la región
que se conoce como “cerrado”. El Cerrado es un bioma de gran diversidad,
un tipo de bosque abierto de dos millones de kilómetros cuadrados
que hace conexión con la Amazonia, la Mata Atlántica y el Pantanal.
Tradicionalmente fue destinado a la producción extensiva de ganado,
pero en las últimas décadas la expansión de las plantaciones de
caña han avanzado convirtiendo superficies importantes del cerrado
en cañaverales. Según datos manejados por ISPN (Instituto, Sociedad,
Población y Naturaleza) en una investigación que será publicada
en junio, 162 mil hectáreas del cerrado que hoy el gobierno señala
como zonas de conservación son ahora monocultivos de caña.
Nilo
D'Avila, coordinador del estudio, afirma que: "Cualquier
monocultivo provoca pérdida de biodiversidad. La plantación de
caña trastorna el medio bioquímico del Cerrado, principalmente
la acidez del suelo, que es muy alta en esa región”. Además de
la deforestación que provocan para ocupar tierras, las técnicas
de monocultivo de caña procuran “corregir” con cal esa acidez,
lo cual ha provocado la desaparición de numerosas frutas del Cerrado
que crecían adaptadas a ese medio.
La
gran tragedia del Cerrado es que su acelerada devastación tiene
poca visibilidad. Es el segundo bioma más amenazado después de
la Amazonía, pero es el primero en cuanto a la amenaza de las
plantaciones de caña.
Según
un informe publicado por la UITA (3), en los últimos 40 años el
Cerrado ha perdido la mitad de su superficie, como consecuencia
de la expansión, entre otras actividades, de la caña de azúcar.
De continuar esta tendencia, se calcula que para el año 2030 habrá
desaparecido.
El
pretendido cariz “ecológico” (bio) con que los agronegociantes
intentan disfrazar el commodity de la caña de azúcar se
cae a pedazos. Ya hay quienes proponen denominarlos como lo que
son: “necrocombustibles”, los combustibles de la muerte.
(1)
Manifiesto de Quito en
http://www.wrm.org.uy/temas/Agrocombustibles/Manifiesto_Quito.html,
(2)
Llamado a una moratoria, en
http://www.wrm.org.uy/actores/CBD/SBSTTA/Moratoria.pdf
(3)
Caña de azúcar devasta el “cerrado”, Silvia Adoue, Radioagencia
NP,
http://www.rel-uita.org/agricultura/cerrado.htm
inicio
-
Birmania: el ciclón demostró la falla
de un “desarrollo” basado en la destrucción de los manglares
El
primer fin de semana de mayo, un ciclón arrasó Birmania. Nagris,
como fue llamado, golpeó el delta de Irrawaddy con vientos cercanos
a los 190 km/h. Sin embargo, los mayores estragos los ocasionó
el oleaje que acompañó la tormenta: una ola de 3,5 m de altura
inundó y arrasó la mitad de las casas de los pueblos de las zonas
bajas. La gente no pudo escapar y las cifras de personas muertas
oscilan entre 22.000 y 100.000.
La
tormenta fue realmente fuerte, pero la raíz de esta gran devastación
puede rastrearse en los llamados “programas de desarrollo” del
país, que implicaron la destrucción de los antes exuberantes manglares
para expandir las industrias de turismo y de cría de camarones.
La
importancia de los manglares como zonas de amortiguación que protegen
las áreas habitadas de las tormentas y las grandes olas es ampliamente
conocida. Los manglares toleran la salinidad y crecen a lo largo
de las costas, los ríos y los deltas donde confluyen las aguas
dulces y saladas, extendiéndose a menudo algunos kilómetros tierra
adentro. Forman una densa barrera de protección de raíces, ramas
y troncos entrelazados que disipan la fuerza de los embates de
la tormenta.
Siempre
que las zonas costeras se ven privadas de la protección de los
manglares, el daño de las grandes olas es mucho peor. La BBC informó
sobre varios estudios que revelan la importancia de los manglares
para la vida humana y los poblados: un estudio del tsunami asiático
de 2004 descubrió que las áreas cercanas a los manglares en buen
estado sufrieron menos daños y hubo menos víctimas fatales. Asimismo,
un estudio publicado en diciembre de 2005 sostuvo que el buen
estado de conservación de los bosques de mangle ayudó a los aldeanos
de Sri Lanka a salvarse durante el desastre del tsunami asiático,
que cobró la vida de más de 200.000 personas. Investigadores de
la IUCN compararon el número de víctimas de dos aldeas de Sri
Lanka que fueron golpeadas por las devastadoras masas de agua:
en la aldea donde había densos manglares y matorrales murieron
dos personas, mientras que en otra cercana, que no contaba con
una vegetación similar, 6.000 personas perdieron la vida (1).
Según
el proyecto Mangrove Action Project (MAP), la pérdida de manglares
comenzó en Birmania durante el dominio colonial británico, “para
hacer espacio para la producción de arroz. Desde ese momento,
la pérdida de manglares ha continuado: durante la Segunda Guerra
Mundial para satisfacer las demandas militares y, más recientemente,
para obtener madera para combustible y para desarrollar emprendimientos
insustentables como la cría industrial de camarones y la expansión
urbana.” Según el MAP, los investigadores birmanos han revelado
que “en un período de 75 años (1924-1999) se destruyó el 82,76%
de los manglares de Irrawady”.
“La
conversión en granjas camaroneras y piscícolas de gran escala
es la mayor amenaza para los manglares del mundo, que también
sufren las presiones de los emprendimientos turísticos y el crecimiento
demográfico. Esto es preocupante para quienes creen que el calentamiento
global y el aumento del nivel del mar causarán tormentas más intensas
y frecuentes, y que la pérdida de manglares hará que las costas
sean más vulnerables a la destrucción.” (2)
El
tsunami que en diciembre de 2004 arrasó varias costas asiáticas
en el Océano Índico y el ciclón que en 1999 golpeó la costa de
Orissa en la India, matando a más de 10.000 personas, son recuerdos
tristes. El reciente desastre en Birmania los ha revivido,
especialmente porque el impacto podría haber sido “en gran parte
atenuado, y se podría haber evitado la pérdida de muchas vidas
y el daño a las propiedades si se hubiesen conservado los manglares
a lo largo de las costas del delta de Irawaddy”, sostuvo Alfredo
Quarto, director ejecutivo del MAP.
La
causa del mal es bien conocida por las autoridades nacionales
e internacionales. Un funcionario de la FAO sostuvo que “son muy
limitadas las áreas que podrían describirse como prístinas o densamente
cubiertas de mangles en la zona de Irrawaddy” y si bien existen
algunos esfuerzos para rehabilitar y replantar manglares, el índice
de destrucción sigue siendo considerable. El funcionario declaró
que “durante la década de 1990 se perdieron unas 2.000 hectáreas
anuales, lo cual equivale a un 0,3% aproximadamente. Pero esto
no muestra el panorama completo porque la mayoría de estos hábitats
de marea se están degradando, aunque no estén completamente destruidos.”
(1)
¿Cuántas
vidas más tendrán que perderse para que surja la voluntad política
de cambiar las actuales políticas de desarrollo que tan dramáticamente
han demostrado su fracaso?
Ningún
desarrollo es posible a largo plazo cuando implica la destrucción
de nuestros hogares y nuestra naturaleza. Lamentablemente, el
pueblo birmano puede dar testimonio de ello.
Artículo
basado en información obtenida de: (1) “Mangrove loss 'put Burma
at risk'”, Mark Kinver, BBC News,
http://news.bbc.co.uk/2/hi/science/nature/7385315.stm; (2)
Comunicado de Prensa: “Destruction of Mangrove Forests Increased
Devastating Impact of Cyclone Nagris”, MAP,
http://www.mangroveactionproject.org/news/current_
headlines/press-release-destruction-of-mangrove-forests-increased-
devastating-impact-of-cyclone-nagris/
inicio
-
Paraguay: contacto forzado
trajo aparejadas enfermedad y muerte para un hombre indígena
Su
nombre era Parojnai. Pertenecía al pueblo indígena Ayoreo-Totobiegosode
que habita en la selva del Chaco, la cual se extiende desde Paraguay
hasta Bolivia y Argentina, al Sur de la cuenca del Amazonas.
Parojnai
Picanerai, su esposa e hijos habían logrado vivir en la selva
del Chaco (en Paraguay) sin contacto con el mundo exterior, a
pesar de las crecientes invasiones a sus territorios. Si bien
la ley paraguaya reconoce el derecho de propiedad de los Ayoreo
sobre las tierras que han habitado tradicionalmente, su bosque
está siendo vendido a propietarios privados y rápidamente talado
por especuladores y estancieros, en primer lugar para la industria
maderera y luego para la cría de ganado.
En
1979 y 1986, un grupo de la misión evangélica fundamentalista
estadounidense New Tribes Mission organizó “cacerías humanas”
para forzar la salida de grandes grupos de indígenas Ayoreo Totobiegosode
del bosque. Posteriormente, el hostigamiento continuó
a intervalos regulares con el avance de máquinas topadoras sobre
la selva del Chaco. Todo eso trastornó la vida comunitaria
de los Ayoreo en las aldeas; debieron armar su campamento a escondidas
dentro del bosque, abandonando sus chozas y dejando atrás los
cultivos que habían plantado así como sus herramientas y utensilios
de cocina, posesiones muy valiosas para ellos.
Finalmente,
cansados de vivir huyendo y en soledad, Parojnai y su familia
se dieron por vencidos e hicieron contacto en 1998. La organización
Survival International nos proporcionó su testimonio de aquel
momento: “Corrimos de un lado a otro. Parecía que las topadoras
nos estaban siguiendo. Tuve que dejar mis herramientas, mi arco
y mi cuerda para correr más rápido…Pensamos que la topadora había
visto nuestro jardín y venía a comerse la fruta – y a nosotros
también.”
Se
fueron a vivir a una pequeña comunidad Ayoreo en las afueras del
bosque, pero apenas hicieron contacto Parojnai contrajo gripe
y tuberculosis. Jonathan Mazower, activista de Survival que lo
visitó en 2003 y 2007, dijo este mes: “Cuando conocí a Parojnai
ya estaba muy enfermo. Pero vi fotografías suyas, tomadas al día
siguiente del primer contacto, y en ese entonces estaba increíblemente
en forma y saludable.”
En
los primeros días de mayo, Parojnai murió. Su muerte adquirió
un significado que Mazower explicó muy bien: “Para mi, la vida
de Parojnai simboliza el destino de los pueblos indígenas de las
Américas desde la época de Colón. La apropiación de sus tierras
por extranjeros lo forzó a renunciar a su independencia, y el
contacto lo expuso a una enfermedad que finalmente lo mató. Las
mismas tragedias que enfrentaron los indios hace 500 años se repiten
hoy entre las últimas tribus que viven en aislamiento voluntario”.
Artículo
basado en información obtenida de: “Ayoreo Indian Dies after First
Contact”, 7 de mayo de 2008, Survival International,
http://mcsv.net/cgi-bin/redir?MCid=ADomPAu9J28E4tnmA4RM
inicio
-
Zambia: alcanzados por la estampida del agrocombustible
Las
iniciativas de producción de agrocombustible están proliferando
en muchos países de África, incluso en Zambia, donde la jatrofa
ha sido elegida como el principal cultivo para producir biodiesel
en tanto la caña de azúcar, el sorgo dulce y la mandioca se destinan
a la producción de bioetanol.
Una
investigación realizada en 2007 por Matongo Mundia (1) explica
que “Al igual que en el resto del continente, gran parte del estímulo
para la producción de biocombustible en Zambia es generada por
los discursos sobre la necesidad de lograr la seguridad energética
y apoyar el desarrollo social y económico. Sin embargo, no queda
claro si los objetivos y la inversión apuntan a la producción
de biocombustibles para el mercado nacional o para exportación”.
El
gobierno de Zambia apoya y respalda la producción de agrocombustibles,
pero el sector es bastante nuevo en el país. El informe identifica
a D1 Oils (una empresa productora de biodiesel radicada
en el Reino Unido) y a Marli Investments como los principales
propulsores de la producción de agrocombustibles. A través de
la Asociación de Biocombustibles de Zambia (ABZ), la industria
del agrocombustible ha intentado obtener ventajas como la fijación
de mínimos de mezclas de agrocombustible para todos los consumidores
y el ofrecimiento de incentivos que atraigan capitales para desarrollar
el sector.
“Parece
que las empresas como D1 Oils estuvieran promoviendo los
biocombustibles como estrategia energética nacional, para abrir
las puertas a una legislación acorde, cuando en realidad su intención
es enfocar la producción de biocombustibles hacia el mercado de
exportación. El hecho de que Zambia no tenga las instalaciones
necesarias para refinar biocombustible, sumado a que D1 Oils
está construyendo una refinería en Durban, Sudáfrica, no hace
más que confirmar la posibilidad de que la producción de biocombustibles
se oriente finalmente hacia el mercado de exportación. Una vez
que el producto haya dejado el país, indudablemente prevalecerá
el mayor poder adquisitivo del consumidor europeo”, se explica
en el informe.
La deforestación y el desplazamiento son un
destino compartido en la mayoría de los lugares donde se han lanzado
proyectos de producción de agrocombustibles a gran escala: “un
66% del territorio de Zambia está constituido por bosques, algunos
de los cuales revisten particular importancia, como los ubicados
en las cabeceras de los ríos (zonas de recarga), las reservas
de bosques y los parques naturales. Sólo alrededor de un 26% de
los bosques de Zambia podrían ser utilizados para otras producciones
agrícolas como los cultivos para agrocombustibles. Sin embargo,
incluso sin deforestar más bosques para hacer lugar a la agricultura,
Zambia ya está experimentando altos niveles de deforestación.
En una declaración reciente, Mwansa Mbulakulima, Ministro de la
Provincia Copperbelt, dio a entender que se otorgará una reserva
de bosque desclasificada a unos inversionistas (The Post,
4 de mayo de 2007). Aún no es de público conocimiento si este
regalo estará destinado a la producción de biocombustible o a
otros emprendimientos industriales. Sin embargo, esto indica que
las actividades para producción de biocombustible que impliquen
deforestación no encontrarán muchos obstáculos por parte del gobierno
local o nacional”.
“Existen graves problemas en Zambia a propósito
de las tierras que podrían ser destinadas a la producción de agrocombustibles
y el impacto que esta conversión tendría sobre los agricultores,
la producción de alimentos, las áreas boscosas y los pueblos indígenas.
La Ley de Tierras de 1995 prevé la transformación de la tenencia
consuetudinaria de tierras
mediante arrendamiento, y muchos inversores ya han utilizado esta
cláusula para expropiar tierras con el objetivo de invertir. El
gobierno de Zambia ha dado a entender que quiere adoptar una política
territorial orientada al mercado, y el nuevo anteproyecto de política
territorial parece estar llevando adelante esa estrategia”.
Una
fuerte oposición a los agrocombustibles ha crecido rápidamente,
cuestionando tanto la supuesta solución que dice ser “neutra en
carbono” como sus impactos sociales y ambientales. En noviembre
de 2007, varias organizaciones de la sociedad civil africana hicieron
un “llamado africano para una moratoria sobre los proyectos de
producción de agrocombustibles” (2), reclamando la suspensión
de nuevos proyectos en ese continente. “Debemos proteger nuestra
seguridad alimentaria, los bosques, el agua y nuestros derechos
territoriales, así como a los agricultores y a los pueblos indígenas,
del avance agresivo de los proyectos de producción de agrocombustibles
que están devorando nuestra tierra y nuestros recursos a una velocidad
y con una magnitud increíbles”, dice el llamado.
Dichas
organizaciones advierten que “la ‘revolución’ de los agrocombustibles
está dirigida a reemplazar los sistemas agrícolas locales que
se aplican en millones de hectáreas, y a las comunidades rurales
que trabajan en ellos, por grandes plantaciones. Está orientada
a sustituir los sistemas agrícolas indígenas de cultivos, praderas
y pasturas, basados en la biodiversidad, por monocultivos y cultivos
transgénicos para combustible. Además, los millones de hectáreas
de ‘tierras desiertas’ o ‘suelos marginales’, como los llaman
eufemísticamente los promotores del agrocombustible, se destinarán
a la producción ‘rentable’ de combustibles, olvidando convenientemente
que millones de personas de las comunidades locales obtienen su
sustento de esos frágiles ecosistemas. Y en los lugares donde
no hay sistemas agrícolas indígenas para reemplazar, sencillamente,
se toma el bosque. Al frente están las empresas multinacionales
que mejor manejan esta clase de enormes monocultivos y que ya
controlan el mercado internacional de los agrocombustibles”.
Y concluyen: “No podemos permitirnos perder
nuestro alimento, nuestros bosques, nuestra tierra y nuestra agua
si pretendemos enfrentar los desafíos del cambio climático y la
inseguridad alimentaria. Por lo tanto, pedimos a los gobiernos
africanos y a los del Norte que se detengan y reflexionen. Reclamamos
con urgencia una moratoria que proteja a África de las muchas
amenazas de la nueva y peligrosa estampida por los agrocombustibles”.
Artículo
basado en información obtenida de: (1) “Agrofuels in Africa –
The impacts on land, food and forests”, African Biodiversity Network,
julio de 2007, “Biofuel case study: Zambia”, Matongo Mundia, encargado
por Clement Chipokolo,
http://www.gaiafoundation.org/documents/AgrofuelAfrica_Jul2007.pdf;
(2) noviembre de 2007, “An African Call
for a Moratorium on Agrofuel Developments”,
http://www.africanbiodiversity.org/media/1210585794.pdf?PHP
SESSID=0c91fabd2a80b164ffb52f594d4da9c5
inicio
-
Gestión comunitaria del bosque: una
nueva e inspiradora publicación de Amigos de la Tierra Internacional
Millones
de personas en el mundo entero viven en zonas rurales y, en mayor
o menor medida, dependen de los ecosistemas forestales para su
sustento. Sin embargo, la degradación de los bosques y la deforestación
están avanzando a un ritmo alarmante, poniendo en riesgo sus vidas.
Los
bosques cumplen una función vital en la vida cotidiana tanto de
las comunidades rurales campesinas y los pueblos indígenas que
dependen del bosque, como de las comunidades urbanas que dependen
de los servicios ambientales prestados por los bosques. La distribución
injusta, el consumismo y la falta de una buena gestión de gobierno
son factores centrales en el manejo insustentable de los recursos
y causan problemas ambientales así como el empobrecimiento continuo
de las poblaciones locales.
Esta
nueva publicación del Programa Bosques y Diversidad Biológica
de Amigos de la Tierra Internacional aporta un renovado impulso
y documentación sobre soluciones innovadoras, basadas en el conocimiento
de las comunidades locales, que contribuyen a mejorar las condiciones
de vida de éstas al tiempo que protegen y mantienen los ecosistemas
forestales.
“La
gestión comunitaria del bosque se refiere a las regulaciones y
prácticas que utilizan muchas comunidades para la conservación
y el uso sustentable de los bosques con los que conviven. Este
tipo de gestión es colectiva, comunitaria y por tradición se identifica
con la protección, confrontando el uso industrial y mercantil
que se le da a los recursos del bosque”.
La
publicación incluye experiencias comunitarias en una amplia variedad
de países y detalla los éxitos y los desafíos a los que se enfrentan
las poblaciones locales en sus esfuerzos por controlar, utilizar
y proteger sus bosques. Algunas de las experiencias tienen lugar
en la India, Papúa Nueva Guinea, Malasia, Indonesia, Francia,
Grecia, Chile, Bolivia, la Amazonía, Costa Rica, El Salvador y
Haití. Los casos expuestos constituyen una buena base para ilustrar
y motivar a la reflexión sobre la gestión comunitaria de los bosques,
con el objetivo de fomentar el uso sustentable de los bosques.
Además
de las experiencias de las comunidades locales, la publicación
incluye análisis destinados a la reflexión crítica y la discusión
sobre una gran cantidad de amenazas y oportunidades, con temas
que van desde el papel de los gobiernos y las instituciones financieras
internacionales hasta la soberanía alimentaria, el consumo, el
cambio climático, la salud de las personas, los mercados para
los productos locales y la tenencia de la tierra. El libro muestra
cómo estas cuestiones afectan a los pueblos locales y los vincula
con el tema, más amplio, de la justicia social y ambiental.
Utilizada
como base para una reflexión colectiva sobre el control de los
recursos a nivel local, a través de procesos participativos de
toma de decisiones y de la distribución equitativa de los beneficios,
esta publicación aleccionadora es una herramienta valiosa para
los pueblos que quieren ejercer un mayor control sobre sus vidas
y sus recursos, para las comunidades que luchan por mejorar sus
vidas y por restaurar los ecosistemas degradados, y para presionar
a nivel político en contra de medidas social y ambientalmente
destructivas.
El
libro está disponible en formato electrónico, en español, en
http://www.coecoceiba.org/images/pub91.pdf, y pronto lo estará
también en inglés y en francés. Por más información, comunicarse
con Javier Baltodano, de Amigos de la Tierra:
licania@racsa.co.cr
inicio
COMUNIDADES
Y MONOCULTIVOS DE ÁRBOLES
-
Mujeres: las más afectadas por la producción
de agrocombustibles
La
expansión de las plantaciones a gran escala – ya sea de cultivos
agrícolas o de árboles – para la producción de agrocombustibles
líquidos como bioetanol y biodiesel, está creciendo en muchos
países del Sur y generando efectos perjudiciales para la gente
y el medio ambiente.
Hoy
en día, hasta la FAO admite los riesgos. Un informe recientemente
publicado por esta organización, a propósito de la producción
de agrocombustibles y sus impactos diferenciados de
género, explica que esta actividad podría aumentar la marginación
de las mujeres en las zonas rurales, amenazando sus medios de
vida.
El
modelo de producción a gran escala de materias primas para agrocombustibles
requiere mayores superficies de tierra, lo cual genera más presión
sobre las llamadas “tierras marginales”, que cumplen una función
clave para la subsistencia del sector rural pobre y son en general
trabajadas por las mujeres. El informe reconoce que el reemplazo
de los cultivos locales por plantaciones de monocultivos para
combustible podría amenazar la biodiversidad agrícola así como
el vasto conocimiento y las técnicas tradicionales de los pequeños
agricultores para la gestión, selección y almacenaje de los cultivos
locales (todas actividades realizadas principalmente por las mujeres).
Además,
la producción de agrocombustibles podría tener impactos negativos
para la cría de ganado – primordial para la seguridad alimentaria
de los hogares rurales – al reducir la disponibilidad de
tierras para pasturas y aumentar el precio del forraje (debido
al uso creciente de productos agrícolas para la producción de
agrocombustibles).
El
posible agotamiento o degradación de los recursos naturales asociado
con las plantaciones a gran escala para la producción de agrocombustible,
podría ser una carga adicional para el trabajo y la salud de los
agricultores rurales, especialmente para las mujeres. Si la producción
de agrocombustibles compitiera directa o indirectamente por el
agua y la leña, podría disminuir la disponibilidad de dichos recursos
para uso doméstico. Esto forzaría a las mujeres – que en
la mayoría de los países en desarrollo son tradicionalmente responsables
de recolectar agua y leña – a recorrer
grandes distancias para obtener dichas provisiones, reduciendo
así el tiempo disponible para obtener ingresos de otras actividades.
La
posible pérdida tanto de diversidad biológica como de diversidad
agrícola también resulta una amenaza para la producción de alimentos,
poniendo seriamente en riesgo los medios de vida rurales y la
seguridad alimentaria a largo plazo. En particular, la posible
deforestación asociada con el establecimiento de plantaciones
a gran escala para la producción de agrocombustibles podría tener
consecuencias negativas para los pueblos que dependen del bosque
para obtener su sustento, aumentando así su inseguridad alimentaria.
La
producción de agrocombustibles podría también tener impactos diferenciados
de género en cuanto al acceso a los alimentos,
tanto por sus efectos sobre los precios como sobre los ingresos.
Existe evidencia creciente de que el aumento de la demanda de
productos agrícolas para la producción de agrocombustibles líquidos
está contribuyendo a revertir la caída de los precios de los productos
agrícolas y los alimentos que se había registrado en las últimas
décadas. Esto podría tener consecuencias negativas para la seguridad
alimentaria, en particular para los hogares que son compradores
netos, así como para los países que son importadores netos de
productos agrícolas y alimentos. La demanda creciente de agrocombustibles
líquidos podría también desestabilizar los precios de los productos
agrícolas y de los alimentos, exponiendo a un número importante
de hogares e individuos al riesgo de la inseguridad alimentaria.
Las subas repentinas de los precios de los alimentos tendrían
repercusiones negativas, especialmente en los hogares pobres y
los grupos vulnerables, y en particular en las mujeres y los hogares
con cabezas de familia de sexo femenino, los cuales suelen estar
más expuestos a la inseguridad alimentaria crónica o transitoria
debido también a su acceso restringido a actividades que generen
ingresos.
Además,
las supuestas oportunidades de trabajo en las zonas rurales generadas
por el establecimiento de plantaciones para la producción de agrocombustibles
apuntan principalmente a mano de obra agrícola poco calificada,
y suelen ser además trabajos zafrales o informales. La FAO informa
que un número creciente de esta fuerza laboral son mujeres y que,
en general, dada la desigualdad social existente, están en desventaja
con respecto a los hombres en lo relativo a beneficios laborales,
a la seguridad en el trabajo y a los riesgos para la salud.
En
general el cultivo de caña de azúcar y palma aceitera ha estado
asociado, en varios países del Sur, a condiciones de trabajo,
salud y seguridad laboral injustas, al trabajo infantil y al trabajo
forzado. En algunos casos, las condiciones de trabajo en las plantaciones
(en especial las que producen materia prima para agrocombustible)
suelen tener efectos diferenciados de género.
Los propietarios de la tierra en general prefieren emplear mujeres
ya que pueden pagarles menos que a los hombres y las consideran
una fuerza de trabajo más dócil y dependiente, y por lo tanto,
más fácil de explotar.
Dada
la prevalencia de acuerdos de trabajo informales, resulta difícil
obtener datos confiables sobre el porcentaje de la mano de obra
agrícola remunerada de sexo femenino. Sin embargo, hay evidencia
de que dicho porcentaje se ha ido incrementando a nivel mundial
y que las mujeres hoy en día representan de un 20 a un 30 por
ciento del total de la fuerza laboral agrícola remunerada. En
América Latina y el Caribe la cifra llega al 40 por ciento, mientras
que en los países africanos es probable que el porcentaje sea
aún mayor. Se ha comprobado que las mujeres suelen recibir, en
promedio, menos entrenamiento y educación que los hombres; a menudo
realizan tareas repetitivas que pueden desembocar en problemas
de salud, y corren riesgos en cuanto a su función reproductiva
a consecuencia de la exposición a los agroquímicos. En Malasia,
por ejemplo, las mujeres, que representan alrededor de la mitad
de la mano de obra de las plantaciones a menudo son reclutadas
para fumigar con plaguicidas y herbicidas químicos sin el entrenamiento
y el equipo de seguridad adecuados. Esto podría causar serios
problemas para la salud de esas trabajadoras a largo plazo.
El
informe de la FAO concluye que los esfuerzos para mitigar el cambio
climático a través de la promoción de la producción de agrocombustibles
líquidos puede menguar la resiliencia social y económica de las
personas (especialmente entre los grupos más vulnerables, incluido
el de las mujeres), debilitando su capacidad para enfrentar impactos
exógenos como el cambio climático.
Sin
embargo, la FAO no asume una posición decidida contra el modelo
de agrocombustibles que se promueve, el cual es insostenible por
su propia naturaleza. La FAO termina con una quimera: “si se lograra
que la producción de biocombustibles fuese beneficiosa tanto para
los hombres como para las mujeres de los países en desarrollo,
se fortalecería su capacidad para sobrellevar los impactos del
cambio climático”.
Apreciamos
la información brindada por el informe de la FAO, pero pensamos
que su conclusión final carece de fundamento. Cada vez más se
comprueba que los agrocombustibles no acarrean ningún beneficio
social o ambiental, y el informe de la FAO describe cómo afectan
especialmente a las mujeres pobres del medio rural. La conclusión
debería entonces ser fuerte y clara: si quieren beneficiar a las
mujeres rurales pobres, ¡no promuevan los agrocombustibles!
Extracto
adaptado y comentado de: “Gender and Equity Issues In Liquid Biofuels
Production Minimizing The Risks To Maximize The Opportunities”,
Andrea Rossi y Yianna Lambrou, Organización para la Alimentación
y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), Roma, 2008, ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/010/ai503e/ai503e00.pdf.
inicio
- Australia/Tasmania:
un acuerdo favorece el proyecto de planta de celulosa de Gunns
a pesar de la oposición popular
En
los primeros días de este mes, el pueblo de Tasmania se enteró
de un negocio que fuera concertado cuatro meses antes entre su
gobierno y la empresa forestal Gunns. Dicho acuerdo, llamado Acuerdo
de Riesgo Soberano, establece que los contribuyentes deberán financiar
a la empresa durante 20 años con 15 millones de dólares en caso
de que el suministro de madera se vea comprometido por cualquier
motivo. (1)
La planta de celulosa proyectada por Gunns
enfrenta una fuerte oposición de sectores sociales, incluidos
el estudiantil. En el blog “Students Against the Pulp Mill”
(http://stopthemill.blogspot.com/2008/04/alliance-forms-to-save-tasmania-from.html)
podemos leer: “Entonces, si votamos
para que este gobierno se vaya porque no aprobamos la planta de
celulosa, el próximo gobierno estará obligado a continuar suministrando
madera a Gunns, aunque la mayoría de los habitantes de Tasmania
no esté de acuerdo con ello. Qué poco democrático”.
El favoritismo del gobierno hacia Gunns contrasta
fuertemente con su actitud frente a la preocupación que han generado
los potenciales efectos adversos de esta planta tan poco popular
que Gunns planea construir en el valle Tamar. La rápida aprobación
del proyecto no consideró siquiera los potenciales impactos negativos
que la planta podría generar sobre el turismo, la pesca, la agricultura
orgánica y la producción de vinos. Por el contrario, si la planta
de celulosa propuesta causa algún daño a industrias limpias y
ecológicas, éstas no recibirán ninguna indemnización por ello.
La respuesta dada a las empresas locales fue
que no compete al gobierno solucionar sus problemas en caso de
que su reputación ecológica se vea dañada de alguna forma.
Un artículo de The Tasmanian Greens
(2) denuncia lo siguiente: “En una carta del 6 de setiembre de
2007, dirigida al Consejo de la Industria Turística de Tasmania
(TICT) a propósito de la preocupación generada por la planta de
celulosa, el Primer Ministro Paul Lennon, declara lo siguiente
con relación al problema que le fue planteado:
TICT: “Debe haber una forma de asistir a las
empresas que sufren una pérdida de negocios o de dinero como resultado
comprobable de las actividades de la fábrica de celulosa”.
Primer Ministro: “Los individuos deberán buscar
asesoramiento legal independiente sobre las posibles soluciones
si llegaran a sufrir una pérdida de negocios o de dinero como
consecuencia de las actividades de la planta de celulosa”.
El blog de los estudiantes informa que
el pasado 16 de abril “Diversos grupos, individuos y empresas
de Tasmania y Australia se reunieron en el valle de Tamar este
fin de semana y acordaron formar una alianza de trabajo para detener
la fábrica de celulosa de Gunns”.
Hubo una convocatoria para cerrar las cuentas
personales en el banco ANZ, como castigo por su posible apoyo
al proyecto, y unas 100 personas – sobre todo gente joven – se
reunieron en los jardines del Parlamento para expresar el mensaje:
¡NO HAGAN PULPA NUESTRO FUTURO!
Artículo
basado en información obtenida de: (1) “Compo for Gunns if supply
fails”, Matthew Denholm, The Australian,
http://www.theaustralian.news.com.au/story/0,25197,23652116-5013871,00.html;
(2) “$15 Million Price Tag On Democracy Under Deal With Gunns”,
http://tas.greens.org.au/News/view_MR.php?ActionID=2979.
inicio
-
Birmania: los Generales enloquecen con
los agrocombustibles
Los
agrocombustibles – producidos a partir de aceite extraído de ciertas
plantas para reemplazar los combustibles fósiles de alto costo
– son un tema controvertido debido a que las plantaciones están
ocupando tierras utilizadas principalmente por comunidades locales,
en especial para producir alimentos.
En
Birmania, la junta militar al frente del gobierno se ha embarcado
en una enorme expansión de las plantaciones para agrocombustible
confiscando tierras por la fuerza, multando, arrestando y golpeando
a los agricultores.
El
plan quinquenal de la junta tiene como objetivo cubrir más de
3 millones de hectáreas con Jatropha curcas (piñon
o tempate; jetsuu en birmano) para producir
agrocombustible. Cada estado y cada división administrativa del
país debe dedicar 200.000 hectáreas a este cultivo. A dos años
del comienzo del programa, se está filtrando información sobre
los malos tratos que sufren las poblaciones locales para obligarlas
a plantar jatrofa.
El
informe “Biofuel by Decree: Unmasking Burma's bio-energy fiasco”
(Agrocombustible por decreto: desenmascarando el fiasco bioenergético
de Birmania), producido por Ethnic Community Development Forum
(alianza formada por siete organizaciones birmanas para el desarrollo
comunitario), muestra que la junta birmana está aterrorizando
a las poblaciones locales para que planten jatrofa para la producción
de agrocombustibles aun cuando, según el informe, “las pruebas
de cultivos perdidos y de mala gestión revelan que el programa
es un fiasco”.
El
informe sostiene que agricultores, funcionarios, maestros, niños
en edad escolar, enfermeras y prisioneros han sido forzados a
comprar semillas y a cumplir con cuotas de plantación exorbitantes,
consumiendo tiempo, tierra y recursos esenciales para la subsistencia.
Un
manual publicado por el Ministerio de Agricultura establece que
deben plantarse unos 1.200 árboles por media hectárea. Para alcanzar
este objetivo, todos los hombres, mujeres y niños de Birmania
deberían plantar 177 árboles cada uno de aquí a tres años. La
junta planea también exportar biodiesel en el futuro, y el proyecto
jatrofa ha atraído inversores de Tailandia, Singapur y el Reino
Unido.
La
junta sostiene que los agrocombustibles son necesarios como combustible
de reemplazo, para reducir la dependencia de Birmania de los 200
millones de galones de petróleo que importa anualmente. La empresa
Myanmar Oil and Gas Enterprise (propiedad de la junta), espera
que en unos pocos años el país pueda reemplazar por jatrofa producida
localmente los 40.000 barriles de petróleo importados. Sin embargo,
las reivindicaciones de autosuficiencia energética de la junta
parecen dudosas ya que ha estado vendiendo los numerosos depósitos
de gas natural del país a Tailandia, China y la India.
En
marzo de 2006, el jefe del ejército y del gobernante Consejo de
Paz y Desarrollo del Estado birmano (SPDC), general Than Shwe,
exhortó a “cultivar jatrofa en todos los rincones de la nación”
en un discurso que efectivamente transformó el proyecto de agrocombustibles
en un “deber nacional” y desencadenó un frenesí de actividades
para plantar jatrofa en “cada espacio vacío”.
Muy
pronto, con ceremonias en las que participaron altos mandos militares
y batallones de soldados, se dio inicio a diversos proyectos de
plantación en pueblos y comunas. Los militares ordenaron a los
funcionarios plantar jatrofa en oficinas públicas, escuelas y
hospitales; los jardines de las casas, los recintos de los monasterios
y hasta los cementerios fueron designados como posibles objetivos.
Los
militares obligan a la gente a comprar semillas, gajos o plántulas,
así como a proveer mano de obra, herramientas y tierra. Confiscar
la tierra parece ser la norma. Por ejemplo, en el estado norteño
de Shan, los militares tomaron unas 400 hectáreas de tierras perteneciente
a los agricultores de la aldea Man Mao y se las dieron a la milicia
local para plantar jatrofa.
La
mayoría de los aldeanos se ven forzados a comprar almácigos, gajos
o semillas en bolsas y cestos de lata, así como un “manual de
instrucciones”, en general a precios exorbitantes.
Un
entrevistado informó que “Compramos las plantas cuando las autoridades
llegaron a nuestra aldea. Cada hogar debía comprar las plantas
a 400 kyats cada una. Algunos aldeanos no tenían dinero suficiente
y tuvieron que pedir prestado a otros para poder pagarlas” (el
tipo de cambio oficial varía entre 5,75 y 6,70 kyats por dólar
estadounidense, lo que ubica el precio entre US$ 69 y US$ 59).
En
un caso por demás grotesco, los aldeanos fueron obligados a buscar
semillas silvestres, sembrarlas en un vivero y luego comprar las
plantas que ellos mismos habían cultivado.
En
agosto de 2006, los cultivos de jatrofa alcanzaron la marca de
unas 400.000 hectáreas; los planes actualizados fijaron entonces
como objetivo 930.000 hectáreas para 2006-2007, un millón para
2007-2008 y 1,3 millones para 2008-2009, totalizando aproximadamente
2,4 millones de hectáreas.
El
informe explica que lo escalofriante de la situación en Birmania
es que estas cuotas son impuestas a fuerza de golpizas y amenazas
de muerte. Una investigación de campo realizada en 32 municipios
de todos los estados birmanos, que incluyó 131 entrevistas a agricultores,
funcionarios e inversionistas, detalla cómo los soldados arrestan
y golpean a la gente y amenazan de muerte a quienes no logran
cumplir con la cuota, dañan las plantas o critican el programa.
No menos de ochocientas personas del estado Shan del Sur han huido
cruzando la frontera hacia Tailandia para escapar de la crueldad
del programa de agrocombustibles.
A
dos años de su aplicación, y a pesar de todas estas medidas, los
fracasos masivos de los cultivos – que alcanzan el 72% – son un
problema permanente del proyecto debido a las técnicas de cultivo
desordenadas y a la mala calidad de las semillas utilizadas.
Aun
cuando los árboles crecen, a menudo dan pocas semillas porque
no se toman debidamente en cuenta las condiciones climáticas y
del suelo. Por otra parte, Birmania tiene poca capacidad para
extraer aceite de las semillas, y gran parte del biodiesel producido
es de tan baja calidad que no sirve para hacer funcionar los motores.
El
árbol de jatrofa requiere de 4 a 5 años para alcanzar la plena
madurez. Durante este período, los agricultores no obtienen ningún
ingreso; además, las familias tienen poco para comer porque las
tierras arables están ocupadas por plantaciones para agrocombustible.
Un agricultor se pregunta: “Dijeron que sería un proyecto de tres
años, pero ¿qué vamos a comer mientras tanto?”
La
escasez de alimentos es un problema grave en muchas partes de
Birmania. Según el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones
Unidas, en el año 2007 unos 5 millones de personas, es decir,
casi un 10% de la población birmana, padecía escasez crónica de
alimentos.
Un
agricultor expresó: “Sufrimos por la falta de tierras para cultivar.
No podemos trabajar adecuadamente para nosotros. Debemos plantar
jet suu. Si no queremos cultivarlo nos exigen, a cada uno de nosotros,
2.500 kyats por 0,4 hectárea. Nuestro tiempo es limitado y ahora
debemos irnos lejos a trabajar y no nos queda tiempo para desmalezar
nuestros arrozales”.
También
persiste la preocupación acerca de las propiedades venenosas de
la planta de jatrofa, debido a la presencia de toxalbúminas llamadas
curcina, ricina y ácido ciánico, relacionadas con el ácido ricinoleico.
Si bien todas las partes de la planta son venenosas, las semillas
tienen la mayor concentración de ricina y son, por lo tanto, muy
tóxicas. Ha sido comprobado que la ricina tiene muchos efectos
cardiotóxicos (daños al músculo cardíaco) y hemolíticos (destruye
los glóbulos rojos liberando hemoglobina en los fluidos circundantes).
Vómitos, diarrea, dolor abdominal y sensación de ardor en la garganta
son algunos de los efectos adversos por
el consumo de semillas.
Los
pobladores locales han encontrado algunas formas de oponer resistencia.
Enfrentados a la pérdida de tierras y de su sustento, muchos aldeanos
no tienen otra opción que encontrar la manera de evitar plantar
o de negarse a ello. Algunos compran plantas pero no las ponen
en la tierra; otros plantan menos de lo que les ordenan; los carteles
que promovían los agrocombustibles han sido dañados.
Por
Amraapali N., escritor de la región de Mekong, correo electrónico:
amraapali@gmail.com
El
informe “Biofuel by Decree” publicado por el Ethnic Community
Development Forum (ECDF) está disponible para ser descargado en:
http://cban.ca/Resources/Topics/Agrofuels.
inicio
-
Sudáfrica: una visita al monocultivo
industrial de árboles de Bosques Komatiland
En
noviembre de 2007, varios delegados del Movimiento Mundial por
los Bosques Tropicales visitamos las instalaciones de Bosques
Komatiland en Brooklands, en la provincia sudafricana de Mpumalanga.
Bajo
una fotografía de J. Brooke Shires, quien en 1876 plantó los primeros
eucaliptos y acacias en Brookland, escuchamos una presentación
de la empresa. Komatiland es una empresa paraestatal que gestiona
unas 128.000 hectáreas de plantaciones, principalmente de pinos.
Los árboles se plantan con una rotación de 28 a 30 años para producir
madera en rollo para serrar. Según nos dijeron, esta empresa emplea
a 2.400 personas de forma directa y a otras 1.200 por contrato.
Sus plantaciones en Brooklands cubren un área de poco más de 12.000
hectáreas y en aproximadamente un tercio de sus tierras la empresa
utiliza un sistema de extracción con caballos.
Desde
1997, la compañía está certificada por SGS de acuerdo con el sistema
de certificación del Consejo de Manejo Forestal
(FSC). Un funcionario de Komatiland nos comentó que la certificación
tiene cuatro niveles: están los que no cumplen con los criterios
sin saberlo, los que no cumplen a sabiendas, los que cumplen a
sabiendas y los que cumplen sin saberlo. En esta época de “maquillaje
verde” de las empresas, esta parte de la presentación fue gratamente
sincera. “No tengo ni la menor idea de dónde nos ubicamos”, dijo
riendo. “Debemos estar entre el dos y el tres”.
Se trataba de un empleado de una empresa certificada por el FSC,
y estaba reconociendo públicamente que Komatiland no cumplía enteramente
con los estándares de dicha entidad. “Todas las operaciones tienen
inconvenientes. No somos perfectos. Podrán encontrar problemas
en cada una de nuestras unidades de plantación”. Él sabía que
estaba diciendo esto a una audiencia crítica, tanto de las plantaciones
industriales de árboles como de la certificación FSC.
Winnie
Overbeek preguntó acerca de los derechos territoriales y los conflictos
por la tierra. “Esa es una pregunta muy europea”, fue la respuesta.
Overbeek explicó que ha trabajado durante más de una década en
Brasil, apoyando a los Pueblos Indígenas Tupinikim y Guaraní en
su lucha por la tierra en la zona ocupada por las plantaciones
de Aracruz Celulose, y que su pregunta tenía como base su propia
experiencia. El representante de la empresa continuó sin perder
la calma. “Sudáfrica es un país único”, explicó. “No hay pueblos
indígenas en Sudáfrica según los estándares del FSC. Existió el
Apartheid y hay muchos reclamos de tierras. Todas las plantaciones
y granjas están en litigio. Eso no significa que las demandas
sean válidas”. Todo esto suena sorprendentemente similar a los
argumentos utilizados por Aracruz antes de que el Ministro de
Justicia brasilero fallara a favor de los Tupinikim y Guaraní
(ver Boletín Nº 122 del WRM, setiembre de 2007).
En
2007, Komatiland perdió unas 17.000 hectáreas de plantaciones
por incendios. “El calentamiento global está empeorando las cosas”,
dijo el funcionario de Komatiland. “Por ejemplo, los gorgojos
del pino están atacando los árboles del bosque nativo. Nadie sabe
qué es lo próximo que pasará. Hay cosas que van a cambiar y eso
nos alarma”.
Wally
Menne, de la coalición sudafricana TimberWatch,
hizo notar que, si bien la empresa se llama Bosques Komatiland,
este nombre no es apropiado ya que sus actividades forestales
consisten en plantaciones industriales de
árboles a gran escala.
Luego
de la presentación nos llevaron a ver algunas de las plantaciones.
Atravesamos los monocultivos de pinos y eucaliptos de Komatiland.
Vimos enormes superficies taladas y zonas de plantación quemadas.
Pasamos frente a las instalaciones donde la empresa aloja a los
trabajadores: filas de casas de construcción precaria, adosadas
en hilera, con techos de chapa y grandes números pintados en las
puertas. En su evaluación de Komatiland, la certificdora SGS sostiene
que la compañía emplea directamente sólo a 1.729 personas. Mientras
atravesábamos las plantaciones y las zonas taladas vimos muy pocos
trabajadores.
Nos
detuvimos en la cima de una colina, con una pradera exuberante
a un lado del sendero y un panorama de destrucción absoluta al
otro lado. Todo ser vivo había sido cortado y arrancado, dejando
algo parecido a un paisaje lunar marrón. Bajamos del vehículo
y pasamos junto a una pila de troncos, algunos de los cuales estaban
marcados con el número de gestión forestal y cadena de custodia
de SGS (SGS-FM-COC-0068). A la distancia, una máquina levantaba
troncos y los apilaba ordenadamente.
Durante
la presentación de la empresa se nos dijo que el 30 por ciento
de la tierra de Komatiland está sin plantar y que, desde 1994,
la zona de plantaciones en Brooklands se redujo de 10.000 a 9.000
hectáreas. También nos dijeron que no se plantaba a menos de 20
metros de los cursos de agua. Había un riachuelo que corría justo
al lado de la zona cortada a tala rasa; eucaliptos y pinos crecían
hasta la orilla.
Vimos
extraer troncos utilizando caballos. Komatiland nos dijo que la
cosecha con caballos daña menos el suelo y emplea más personas
que la tala mecanizada. La operación que vimos se desarrollaba
en una pendiente que en todo caso era demasiado pronunciada para
utilizar máquinas. Parecía un trabajo brutalmente duro. Cuatro
hombres trabajaban con tres caballos. Los caballos tiraban de
los troncos por la ladera, de a uno por vez. Los hombres debían
luego desatar las cadenas de los troncos y tirar de los caballos
nuevamente cuesta arriba. Mientras tanto, los encargados los miraban
desde abajo. Uno de ellos había traído a su perro al trabajo.
Durante
la presentación de la empresa se nos dijo que “el Apartheid existió”
en Sudáfrica. Sin embargo, todos los trabajadores que vimos eran
negros. Y todos los jefes que vimos eran blancos. Al parecer,
en las plantaciones de Komatiland, el apartheid aún existe.
Por
Chris Lang, http://chrislang.org
inicio
DIRECTO
DESDE LA CBD
-
La vida real irrumpe en el Convenio
sobre Diversidad Biológica
El
Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB) es un proceso gubernamental
internacional que parecía muy bueno cuando nació en 1992, durante
la Cumbre para la Tierra de las Naciones Unidas celebrada en Río
de Janeiro, Brasil.
En
ese entonces parecía que los gobiernos del mundo se habían dado
cuenta de lo que sucedería si no se detenía la pérdida de biodiversidad
causada por la deforestación, la biopiratería, la expansión de
la agroindustria, y otros procesos por el estilo. Así pues, se
puso en movimiento un mecanismo, el CDB, que se reuniría cada
dos años en cumbres de alto nivel, con eventos paralelos organizados
por diversas organizaciones de la sociedad civil.
El
CDB logró resistir la contaminación empresarial un poco más que
otros foros, como la Convención sobre el Cambio Climático, por
ejemplo. Sin embargo, poco a poco la industria se fue apoderando
del CDB para imponerle su agenda, al punto de transformarse en
una serie de sesiones prolongadas donde los documentos llenos
de corchetes quedan a la espera de que los grupos de presión cierren
sus negocios sobre asuntos que tienen impactos directos sobre
la vida presente y futura de los pueblos.
Una
y otra vez, las organizaciones sociales han intentado abrir una
brecha, participando en los espacios que les son otorgados dentro
del proceso. Sin embargo, los efectos reales en las políticas
y aplicaciones han sido muy escasos.
Como
resultado de ello, las organizaciones han intentado abrirse camino
e introducir en el CDB los problemas, las preocupaciones y los
sueños de la gente real; la vida de la gente real. Para ello han
recurrido a la imaginación, a la participación, al humor y, ¿por
qué no?, incluso a la indignación.
A
continuación damos una breve visión general de algunas de las
acciones desarrolladas durante la 9ª Conferencia de las Partes
en el CDB que se está llevando a cabo en Bonn.
Domingo
18 de mayo
“Los
agrocombustibles generan hambre y pobreza”
Alrededor
de 60 personas protestaron contra la plantación a gran escala
de cultivos para combustible (que tiene efectos desastrosos para
el suministro de alimentos y es causa de deforestación) como forma
de enfrentar el calentamiento global. Hasta ahora, los principales
medios de comunicación y los responsables políticos ignoran la
conclusión honesta de que hace falta una reducción radical del
uso de energía, principalmente en “Occidente”.
En
dos estaciones de servicio los conductores tenían que decidir:
“gasolina” a la derecha, “alimentos” a la izquierda. Las pancartas
decían: “los agrocombustibles no solucionan la adicción al petróleo”.
La
mayoría de los automovilistas mostró cierta simpatía hacia la
acción, pero de todas formas quiso cargar combustible esa vez.
La
empleada de la estación de Shell estaba furiosa por la información
en contra que se difundía frente a su estación de servicio y llamó
a la policía. Luego de algunas discusiones se permitió que continuara
la acción, aunque tuvieron que dar a los conductores más posibilidades
de evitar pasar por el punto donde debían hacer su elección.
Luego
de dos horas, el grupo comenzó a moverse nuevamente para realizar
una pequeña demostración y terminó en un campo, con un picnic
donde se ofreció comida local y saludable, lo
que todavía es posible.
Entre
los activistas había mucha gente de Via Campesina, la red internacional
de pequeños agricultores. Para ellos y los millones de personas
que representan, la introducción a gran escala de los agrocombustibles
es una amenaza directa para su sustento y sus vidas.

Mas
fotos disponibles en:
http://www.globaljusticeecology.org/gallery.php?catID=26
Jueves
22 de mayo
Día
Mundial de la Biodiversidad…o más bien Día Internacional de la
Lucrodiversidad
la
Cámara de Comercio Internacional, organización que agrupa a las
mayores empresas del mundo, organizó un almuerzo de trabajo. La
reunión fue interrumpida por la visita de un grupo particular
de “accionistas felices” que procedieron a celebrar los monopolios
de la agroindustria y a felicitar a la industria por destruir
la biodiversidad agrícola, todo lo cual hizo posible sus grandes
ganancias. ¡Terminaron brindando por los Proveedores de la Revolución
‘Gangrena’! [del inglés (Gan)Green, en referencia a la Revolución
Verde]
Parte
de su discurso decía: “Nosotros, 'La iniciativa de los Pequeños
Accionistas', estamos muy contentos con los importantes asuntos
sobre los que debemos informar en ocasión del Día Internacional
de la Lucrodiversidad que hoy celebramos:
-
Recaudamos 220.000 dólares para apoyar a las empresas en su trabajo
en el CDB. Esto significa que podemos entregar nuestras ganancias
a los accionistas y aún así hacer creer a la gente que trabajamos
para la biodiversidad.
-
Durante la reunión de alto nivel del jueves 29 de mayo, la industria
tendrá una hora completa para presentar sus ideas. El resto de
los grupos de interés deberá compartir la hora restante. A continuación,
todos los delegados están invitados por la industria a un almuerzo,
como parte del programa oficial. Otra posibilidad es hacer que
las delegaciones hagan lo que nosotros queremos.
¡Bravo,
bravo!”

Mas
fotos disponibles en:
http://www.globaljusticeecology.org/gallery.php?catID=26
Jueves
22 de mayo
¡Naturaleza
para la gente, no para el negocio!
Activistas
de todo el mundo colgaron una pancarta, golpearon tazas y repartieron
mensajes de Via Campesina durante la celebración oficial del Día
de la Biodiversidad, luego que el Secretario General de las Naciones
Unidas, Ban Ki Moon, finalizara su mensaje a los delegados del
Convenio.
Considerando
que la agroindustria domina el actual comercio mundial de alimentos
con el paquete tecnológico de la Revolución
Verde que destruye la agrodiversidad y la diversidad biológica,
las pancartas decían: “No a la agrodiversidad sin agricultores”
y “Naturaleza para la gente, no para el negocio”.
Luego
de unos minutos, las pancartas fueron retiradas por guardias de
seguridad y funcionarios de las Naciones Unidas; quienes las sostenían
fueron escoltados hasta la salida del hotel Maritim y perdieron
sus insignias de acreditación, imprescindibles para participar
en las reuniones.
Sin
embargo, los miembros de Via Campesina fueron aplaudidos por varios
delegados gubernamentales cuando corearon “naturaleza para la
gente, no para el negocio”.
El
mensaje que quisieron transmitir es que ninguna solución puede
surgir del modelo de producción actual. Por el contrario, las
comunidades rurales son la clave tanto para combatir el hambre
en el mundo como para salvaguardar la biodiversidad del planeta.
Ellas
tienen la capacidad de alimentar al mundo promoviendo la diversidad
de alimentos, manteniendo las culturas tradicionales y evitando
sobrecargar al medio ambiente. Además, la producción ecológica
local de pequeña escala es una forma inmediata y efectiva de reducir
las emisiones de carbono y enfriar el planeta.
Mas
fotos disponibles en:
http://www.globaljusticeecology.org/gallery.php?catID=26
Viernes
24 de mayo
¡Las
plantaciones no son bosques!
El
Consejo Forestal alemán organizó un evento para los representantes
de la industria forestal y maderera.
El
discurso, con el usual enfoque utilitario y mercantilista de los
bosques, no hizo ninguna distinción entre los bosques y las plantaciones
y, de hecho, fue ilustrado con fotografías de plantaciones de
monocultivos de árboles descriptas como bosques.
El
uso y la comercialización de los bosques fueron presentados como
una estrategia favorable para el clima, poniendo mucho énfasis
en la capacidad de los bosques de secuestrar carbono. La presentación
terminó con una conmovedora “súplica” para que se utilicen los
recursos madereros, ilustrada por una imagen de una escultura,
el “hombre de madera”, y seguida por un concierto de violín, puntualizando
en ese momento que “hasta los violines” están hechos de madera.
Luego
de la presentación hubo una recepción. Espontáneamente, un grupo
de cinco mujeres armó rápidamente una estrategia para presentar
sus puntos de vista: mientras los invitados disfrutaban de los
tragos y los bocaditos, ellas captaron su atención y se turnaron
para hacer, cada una, una breve declaración y hablar de los peligros
de los árboles genéticamente modificados, del fracaso de las plantaciones
como medio de lograr los objetivos de mitigación del cambio climático
y protección de la diversidad biológica, del impacto de los monocultivos
de árboles sobre los suelos, los cursos de agua y las personas
en Brasil y en Uruguay, así como de la situación de los bosques
europeos, señalando su larga historia de explotación y la pérdida
de biodiversidad concomitante.
Un
grupo reducido de personas aparentemente enojadas por la interrupción
salió del salón, pero en general este pequeño acto fue bien recibido
por los invitados, quienes aplaudieron mientras asentían en aparente
señal de aprobación. Fue una oportunidad más que se aprovechó
para hablar en contra de la mentalidad de monocultivo.
Mas
fotos disponibles en:
http://www.globaljusticeecology.org/gallery.php?catID=26
Martes
27 de mayo
Un
llamado a la prohibición de los árboles transgénicos
Una
ceremonia de plantación de árboles tuvo lugar fuera de la reunión
del CDB. Un gran número de activistas participaron de la misma,
algunos imitando árboles monstruosos, genéticamente modificados,
que intentaban invadir el CDB, mientras otros los detenían y los
talaban antes de que pudieran lograrlo.
La
ceremonia simbolizó lo que la industria está fomentando: el monocultivo
de árboles exóticos, a menudo invasores. Los árboles transgénicos
implicarán más plantaciones y amenazas aún mayores.
La
prohibición de la introducción de árboles modificados genéticamente
en el medio ambiente tiene el apoyo de los delegados africanos
y de numerosos estados miembros de Asia y América Latina. Este
punto fue largamente discutido durante la primera semana de reunión
del Convenio sobre Diversidad Biológica, y ahora pasará a la Sesión
de alto nivel, donde los Ministros de todo el mundo decidirán
sobre el tema.

Mas
fotos disponibles en:
http://www.globaljusticeecology.org/gallery.php?catID=26
Miércoles
28 de mayo
FSC:
No a la certificación de los monocultivos de árboles
Activistas
pertenecientes a movimientos sociales asistieron a un evento paralelo
organizado por el Forest Stewardship Council (FSC). Portando una
pancarta, hicieron saber de su preocupación por el enfoque del
FSC, que ha ignorado las pruebas contundentes brindadas por movimientos
sociales y ambientales de todo el mundo acerca de los perniciosos
efectos de las plantaciones de árboles y ha permitido que millones
de hectáreas de plantaciones de monocultivos de árboles fueran
falsamente certificadas como “bosques”.
Durante
el evento paralelo se leyó una declaración por la cual se expresó
que aparte de tener que hacer frente a gobierno y empresas, las
comunidades locales que luchan contra las plantaciones en gran
escala de monocultivos de árboles deben enfrenta el problema adicional
planteado por el hecho de que esas mismas plantaciones obtienen
credibilidad gracias a la certificación del FSC. Sin embargo,
la credibilidad del FSC se ve socavada cada vez más por la certificación
de éstos y otros proyectos destructivos.
Después
de algunas preguntas y una breve discussion, el FSC dio por finalizada
la región, aun cuando varias personas querían hacer más preguntas
e incluso señalaron que ése debería ser un espacio democrático
para discutir los problemas con el FSC.
Los
activistas concluyeron que las decisions adoptadas por el FSC
están controladas por los intereses de las empresas, que tratan
de convencer a los consumidores de que comprar más productos madereros
es bueno para la biodiversidad. Esto debilita los esfuerzos de
las organizaciones ambientales, que trabajan concientizando a
los consumidores acerca de la necesidad de reducir el consumo.
Sus
reclamos fueron: ¡Las plantaciones no son bosques y el FSC no
debe certificarlas! ¡El FSC debe dejar de ser una herramienta
de los intereses empresariales!
Mas
fotos disponibles en:
http://www.globaljusticeecology.org/gallery.php?catID=26
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Informes
basados en información obtenida de:
La
Vía Campesina,
http://viacampesina.org/main_en/index.php;
Global
Justice Ecology Project,
http://www.globaljusticeecology.org;
Indymedia
Biotech, http://biotech.indymedia.org/or/
Coalición
Mundial por los Bosques,
http://www.globalforestcoalition.org
Las
fotografías son cortesía de la Coalición Mundial por los Bosques
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