Chile:
los “esclavos modernos” del “boom forestal”
El
proceso de migración campo-ciudad en Chile es el resultado de conflictos
internos en la estructura agraria, y en el caso de la VIII región
--
la Región del Bio-Bio
-- se le une una reconversión productiva
que es en sí una reconversión forestal.
El sector forestal
se propagandea en Chile como un sector clave de la economía, representando
el segundo sector exportador luego de la gran minería del cobre.
Sin embargo, los territorios
en que se instalan las plantaciones e industrias forestales registran
más bien efectos adversos, en comparación con los beneficios que
podrían obtenerse si los terrenos fueran destinados a la localización
de actividades económicas alternativas.
A pesar de la
gravitación que tiene la actividad forestal en la macroeconomía,
esto no se ha reflejado en la generación de empleo, que se distingue
por su carácter cíclico, alta inestabilidad y precario nivel salarial.
Mientras que en 20 años el empleo presenta un crecimiento de un
66%, la superficie forestada lo hace en un 277%. Por otra
parte, en algunos casos la expansión de la actividad silvícola ha
tenido lugar en predios originalmente explotados por pequeños productores
que fueron absorbidos por el llamado “manto verde” (en referencia
a los millones de árboles de los monocultivos forestales). Según
estimaciones de la Corporación de Trabajadores Forestales (CTF),
entre los años 1997-2000 la fuerza laboral disminuyó en un 12%,
considerando las distintas ocupaciones forestales.
La
actividad forestal “ofrece” trabajo en forma temporal, en asociación
con determinadas etapas que se vinculan con el proceso de crecimiento
y cuidado de las especies plantadas (plantación, raleo, tala, etc.).
La inmensa mayoría -- un 75% a 80%-- de los trabajadores empleados
en el sector forestal en Chile trabaja sobre la base de contratos
temporales. Los hacheros y motosierristas trabajan durante periodos
breves y se les paga de acuerdo a estándares de productividad establecidos
por las propias empresas, lo que implica extenuantes jornadas
de trabajo. Según antecedentes disponibles, en el sector forestal
al menos un 26% declara tener una jornada ordinaria de trabajo que
supera las 10 horas.
La
drástica reducción de los derechos y la capacidad negociadora de
los trabajadores --que permite aumentar la productividad de cada
trabajador-- está vinculada a otro elemento característico de la
fuerza laboral empleada en la silvicultura: su relación con las
empresas forestales se encuentra mediatizada por la acción de
empresas contratistas que venden sus servicios a las empresas forestales
(Empresas Mandantes) y contratan al personal por faenas. Estas empresas
responden a las exigencias productivas de las empresas forestales,
lo que determina la alta rotación de los trabajadores y dificulta
seriamente sus posibilidades de organización para la defensa de
sus intereses. La consecuencia es una baja calidad de los empleos
y una remuneración que no presenta mayores posibilidades de bienestar
para los trabajadores y sus familias.
Es
en este segmento donde se producen los mayores grados de explotación
de la fuerza de trabajo, tanto porque las faenas se encuentran muy
alejadas de los centros urbanos (lo que exige largos viajes hasta
el lugar de trabajo), cuanto que esos trabajadores no tienen ninguna
posibilidad de organizarse en sindicatos para hacer frente a los
frecuentes atropellos de sus empleadores y de esta forma mejorar
su relación laboral.
En
1988, el 80% de los trabajadores del sector no pertenecía a ningún
tipo de organización y quedaba expuesto al arbitrio patronal, obligados
a trabajar hasta 16 horas por día, por salarios mínimos, a vivir
en condiciones infrahumanas, con implementos mínimos de seguridad:
los “esclavos modernos”, la otra cara del denominado “Boom
Forestal”.
Merece
atención lo que se refiere a los accidentes del trabajo forestal,
sector que presenta los niveles más altos de accidentabilidad (la
tasa de accidentabilidad corresponde al número de accidentes ocurridos
en un año, por cada cien trabajadores), lo que bien puede deberse
a que el alto esfuerzo exigido a los trabajadores podría ser la
causa de su agotamiento y con ello de tan altos índices de accidentes.
Los operarios tratan de cortar tanta madera como les sea posible
durante largas jornadas de trabajo, en detrimento de su propia seguridad.
Según informaciones proporcionadas por los dirigentes,
mueren 15 trabajadores al año en accidentes laborales.
De
todo lo expuesto surge que el sector forestal es un sector excluyente,
no generador de desarrollo, que se enmarca en la lógica del modelo
neoliberal y que solo busca consolidarse y perpetuarse obedeciendo
a la conciencia y los intereses de clase por los cuales se rige.
Extractado
y adaptado de: “Los cambios socio-espaciales
producidos por la explotación forestal en la región del Bio-Bio,
particularmente en la comuna de Mulchen”, de Juan
Luis Muñoz L.,Tesis para optar al Grado de Licenciado
en Educación, Mención Historia y Geografía, Universidad de Concepción.
El informe completo está disponible en:
http://www.wrm.org.uy/paises/Chile/Tesis_Munoz.pdf