NUESTRA
OPINIÓN
-
El alto costo del consumo excesivo de papel
Al
analizar los procesos de destrucción ambiental, normalmente se
identifican una serie de causas, que se clasifican en directas
y en subyacentes. Por ejemplo, una de las causas directas de la
destrucción de bosques es su conversión a monocultivos de soja
(Brasil, Paraguay), de palma aceitera (Indonesia, Malasia, Papúa
Nueva Guinea, Colombia), de pinos (Chile), de eucaliptos (Brasil,
Ecuador). Sin embargo, detrás de esa causa fácilmente identificable
se encuentran otras –las subyacentes- que fueron las que en definitiva
determinaron e hicieron posible esa conversión.
Dichas
causas subyacentes pueden ser varias y estar interrelacionadas:
la apertura de las carreteras que permitieron el ingreso de las
empresas al bosque; los créditos de la Banca Multilateral que
viabilizaron la construcción de dichas carreteras; las presiones
del Fondo Monetario Internacional para aumentar las exportaciones
para el pago de la deuda externa; el asesoramiento de la FAO y
otros organismos de “cooperación” en la promoción de dichos cultivos;
la promoción de los agrocombustibles por la Unión Europea, entre
otras.
Sin
embargo, casi todos los procesos de destrucción ambiental comparten
una misma causa subyacente: el consumo excesivo. Los ejemplos
al respecto abundan. La destrucción social y ambiental de industrias
como la petrolera, minera, maderera o camaronera ya ha sido ampliamente
documentada. Si bien los productos así obtenidos son consumidos
en muchos países, el principal consumo tiene lugar en un número
relativamente pequeño de ellos: Estados Unidos, Japón y miembros
de la Unión Europea, por citar los más obvios. Ese consumo constituye
entonces la causa subyacente común de la destrucción de los territorios
y medios de supervivencia de numerosas comunidades del mundo.
En
el caso del papel y cartón, el consumo mundial ya ha sobrepasado
largamente el umbral de la sustentabilidad. Sin embargo, la industria
que de ello se beneficia pretende incrementarlo aún más. Contrariamente
a lo que afirma la publicidad de las empresas, ese aumento no
apunta a satisfacer las reales necesidades de papel de la gente,
sino a aumentar el uso de papeles y cartones de envoltura, que
constituyen más del 50% del total producido. Al mismo tiempo,
el aumento tampoco apunta a producir más libros o cuadernos de
texto, sino a inventar nuevas “necesidades” de productos descartables
(por ejemplo, vasos, manteles y servilletas de papel), que luego
de un solo uso pasan a alimentar las montañas de basura en los
países ricos.
Un
consumo tal de papel y cartón requiere de un abastecimiento continuo
de enormes cantidades de materia prima abundante, homogénea y
barata. Para ello la industria papelera apeló inicialmente a una
fuente de materia prima que parecía ser inagotable: los bosques
ubicados en Europa, Japón, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo,
el consumo excesivo determinó que dicho recurso se comenzara a
agotar y la industria pasó entonces a la instalación de grandes
monocultivos de árboles de rápido crecimiento (eucaliptos, acacias,
pinos), que resultaron en la destrucción de bosques y praderas
de países del Sur (e incluso de algunas regiones del Norte). Esas
plantaciones, en continua expansión, están ahora pasando a ser
su principal fuente de materia prima para la producción de papel.
Más recientemente, la industria ha comenzado a mudar la producción
de celulosa al Sur –en las inmediaciones de las plantaciones de
árboles- para abastecer sus plantas de papel ubicadas cerca de
los principales mercados: en el Norte consumidor.
Esta
mudanza tiene varios objetivos, el primero de los cuales es el
de abaratar costos a través del acceso a tierra barata (donde
además los árboles crecen 10 veces más rápido que en el Norte),
mano de obra barata, apoyo estatal y escasos controles ambientales.
El segundo objetivo, vinculado al primero, consiste en aumentar
la producción de celulosa barata, para poder así crear nuevas
“necesidades” de consumo de papel. El logro de esos dos objetivos
permite alcanzar el tercero y más importante: aumentar las ganancias
de la industria.
Sin
embargo, dichos costos económicamente “baratos” para las empresas
resultan social y ambientalmente muy caros para quienes los sufren.
El avance de las plantaciones y las fábricas de celulosa está
entonces siendo resistido por numerosas poblaciones locales en
África, Asia y América Latina, que se vinculan a organizaciones
y procesos en el Norte para actuar en forma más coordinada. Para
colaborar en dicho proceso, en este número del boletín incluimos
una sección especial sobre el tema del consumo de papel, que esperamos
sea de utilidad para quienes están involucrad@s-tanto en el Sur
como en el Norte- en esta lucha.
inicio
EL DERROCHE DE PAPEL:
UN TEMA POLITICO
-
Llamamiento desde la literatura y el
periodismo por un papel social y ambientalmente limpio
El
papel es un material maravilloso, que a lo largo de siglos ha
servido para el intercambio fecundo de ideas entre seres humanos.
Para nosotras y nosotros, que lo utilizamos como vehículo esencial
para compartir lo que pensamos, imaginamos, soñamos, sabemos o
creemos saber, el papel resulta una herramienta maravillosa que
queremos poder seguir utilizando … pero no a expensas de la gente
y del medio ambiente.
Como
personas que vivimos en esta realidad, somos concientes de las
graves injusticias y desigualdades –sociales y ambientales- resultantes
de la producción y consumo mundial de papel.
A
la destrucción de bosques para producir papel se ha sumado la
sustitución de bosques y praderas por extensos monocultivos de
árboles que destruyen comunidades, agua, suelo y la vida
toda. Tanto la destrucción de bosques como la instalación de monocultivos
acarrean enormes perjuicios para los pobladores locales, quienes
ven sus derechos violentados, su ambiente destruido y sus modos
de vida irremediablemente afectados.
El
ciclo destructivo se continúa con la producción de celulosa, donde
cada vez menos y más grandes empresas se adueñan de la tierra
donde plantan los árboles, del agua que sus árboles y fábricas
consumen y contaminan gratuitamente, del poder político que adquieren
a través de sus inversiones multimillonarias y del ambiente que
destruyen en las regiones donde se instalan.
A
la destrucción se suman las inequidades. Los enormes volúmenes
de papel producidos a partir de esa celulosa alimentan un “mercado
mundial”, centrado en el consumo de los ricos y poderosos. Las
cifras promedio (que esconden enormes desigualdades a nivel nacional),
muestran que el consumo per cápita es diez o más veces mayor en
los países del norte que en los del sur.
A
las inequidades se agrega el consumo excesivo. Solo a modo de
ejemplo, basta ver las montañas de papel y cartón que crecen noche
a noche en las calles de Nueva York para concluir que la mayor
parte de la producción de celulosa no termina en libros, periódicos
o revistas, sino simplemente en basura. En términos generales,
al menos la mitad de la celulosa producida se destina a la producción
de papel y cartón para envoltura y empaque, en su mayor parte
totalmente innecesario.
Nada
queremos tener que
ver
con papel producido de esa forma. No queremos ser cómplices de
la destrucción social y ambiental que ello implica. No confiamos
en esquemas de certificación que han dado su sello de “sustentabilidad”
a esos mismos monocultivos cuyos impactos bien conocemos.
Sin
embargo, esa misma industria destructiva pretende utilizarnos
como excusa para justificar sus ansias de ganancias, esgrimiendo
el argumento de la necesidad social de libros, cuadernos o periódicos,
para esconder el consumo excesivo de papel-basura que hace parte
esencial de su producción.
Esta
situación ha llegado ya a límites intolerables y su solución no
puede dejarse en manos de un mercado dominado por unas pocas transnacionales.
Lo que se requiere son políticas que desalienten el consumo innecesario,
que promuevan un uso racional y socialmente útil del papel, que
aseguren un uso equitativo del papel entre países y dentro de
países, que faciliten el desarrollo de modelos diversificados
y de menor escala para la producción de celulosa, que respeten
tanto a la gente como al medio ambiente.
Lo
anterior es perfectamente viable y no existen limitantes técnicas
de tipo alguno para hacerlo realidad. El único y verdadero escollo
son los intereses económicos de grandes empresas, cuyo objetivo
es el de seguir aumentando sus ganancias, imponiendo un consumo
siempre creciente e ilimitado de papel. Es hora de decirles basta.
Hacemos
entonces un llamamiento a quienes, como nosotras y nosotros, quieren
poder seguir comunicándose a través de ese material maravilloso
llamado papel, a que se sumen a esta lucha por un papel social
y ambientalmente limpio.
Victor
Bacchetta, Nnimmo Bassey, Jordi Bigues, Elizabeth Bravo, Ricardo
Carrere, Antonio Franco, Mempo Giardinelli, François Houtart,
John Karumbizda, Kintto Lucas, George Monbiot, Edgar Morin, Guillemo
Núñez, Wale Okediran, Ike Okonta, Noel Rajesh, Ana Cristina Rossi,
Vandana Shiva
El
WRM apoya plenamente esta iniciativa e invita a escritores, poetas
y periodistas que estén de acuerdo con su contenido a fortalecer
el llamado adhiriendo al mismo. Al agregar su firma, se estarán
uniendo a la lucha por un papel “limpio” desde el punto de vista
social y ambiental y amplificando las voces de quienes dicen “ya
basta”. Al mismo tiempo, invitamos a todos los que comparten estas
opiniones a difundir esta iniciativa entre otros escritores, poetas
y periodistas que estén dispuestos a apoyarla.
Quienes
deseen adherir al llamamiento pueden hacerlo en la siguiente página
web:
http://www.wrm.org.uy/plantaciones/escritores.html
inicio
-
Video sobre los impactos del consumo excesivo
de papel
Hemos
producido un video de 10 minutos de duración (en inglés,
y en breve en español y portugués) sobre
los impactos de la industria del papel. Esperamos que sea una
herramienta útil para hacer campaña contra el consumo excesivo
de papel y para vincular dichas campañas con las luchas de las
comunidades locales que hacen frente a la expansión de las plantaciones
de madera para celulosa y de las fábricas de celulosa en el Sur.
El
video se encuentra disponible en:
http://www.wrm.org.uy/Videos/Paper_Consumption.html
inicio
- Papel,
por todos lados papel…
El
papel es un material que la mayoría de las personas da por descontado
en los países industrializados. Millones de árboles son derribados,
molidos y transformados en papel, el cual es impreso y luego desechado
sin haber sido siquiera leído. ¿Por qué tratamos con gran respeto
al algodón, el lino y otras telas fabricadas a partir de fibras
vegetales – las lavamos cuidadosamente y hasta las remendamos
cuando se desgarran – y sin embargo tiramos a la basura hojas
de papel apenas usadas, que provienen de los árboles, los organismos
vivos más viejos del planeta?
Parte
de la explicación es que la mayoría del papel con que nos cruzamos
nos es dado gratuitamente, a menudo sin siquiera pedirlo. Nuestro
consumo de papel es casi siempre un efecto secundario de la compra
de otras mercancías que realmente queremos tener: revistas, diarios
y libros son fuentes de información, el empaque evita que los
artículos que deseamos se ensucien o aplasten, etc. Comparativamente,
es muy poco el papel que consumimos como resultado de comprar
directamente productos de papel; los cuadernos y el papel higiénico
son la excepción más que la regla. El correo basura, los catálogos
y los periódicos gratuitos nos llevan a percibir el papel como
un material de escaso o ningún valor; nadie regalaría 4 millones
de periódicos gratuitos por día, solamente en Londres, si el material
valiera algo, ¿o sí?
El
escaso valor del papel va unido a la idea de que se trata de un
producto natural, seguro y bastante inofensivo. Pero, aunque no
sea exactamente uranio, las grandes cantidades de este producto
lo transforman en un serio problema social y ambiental. El consumo
de papel se ha cuadruplicado en las últimas cuatro décadas y su
producción utiliza casi la mitad de la madera industrial del planeta,
más agua que ningún otro producto industrial y tanta energía por
tonelada como el acero. Cada tonelada de papel requiere 98 toneladas
de otros recursos para su fabricación, y es el mayor generador
de desechos de la mayoría de los países consumidores. Por lo tanto,
utilizar menos papel es un buen punto de partida para reducir
nuestro impacto sobre el planeta.
La
industria mundial de la celulosa y el papel funciona gracias al
dinero de quienes compran sus productos, y la mayoría estamos
en los países de gran consumo del Norte; así pues, nuestro poder
de compra es una palanca importante para lograr un cambio sistémico
en esta industria. Al reducirse la demanda de sus productos, disminuiría
el flujo de dinero que alimenta su expansión en los países del
Sur. Lograr una reducción de la demanda de papel en Europa ayudaría
al menos a compensar el crecimiento probable de la demanda en
otras partes del mundo. Si un quinto de la población mundial que
actualmente utiliza la mayor parte del papel redujera su consumo
a la mitad, dejaría mucho espacio para que las personas que actualmente
utilizan muy poco papel pudieran aumentar su consumo, sin necesidad
de expandir la capacidad de producción mundial.
Es
fácil identificar formas para reducir el uso de papel. El nuevo
sitio web www.shrinkpaper.org
invita a las personas a asumir el compromiso de adoptar algunas
de sus variadas sugerencias, que van desde utilizar un pañuelo
de algodón hasta adoptar un sistema de archivo electrónico. Las
organizaciones y empresas también pueden ahorrar papel fácilmente.
Algunas ya han dado algunos pasos en la dirección correcta – después
de todo, pueden ahorrar dinero reduciendo sus costos de papel
y gastos asociados (impresión, correo, almacenaje, etc.). Muchas
empresas descubrieron que pueden reducir el uso de papel en un
30% o más introduciendo simples cambios en sus prácticas administrativas.
Entonces,
si es tan fácil, ¿por qué la reducción del consumo de papel no
está desde hace años en el centro de la agenda de todas las campañas
por los bosques? Hay una resistencia a hacer campaña para reducir
el consumo de papel, que a veces se expresa en términos de “no
querer dar la impresión de que el papel es peor que otros materiales
como el plástico” o “no querer que la gente se sienta culpable
por su estilo de vida” o “preocupada por parecer que se opone
al desarrollo”. Como resultado de esto, muchas campañas parecen
insinuar que lo que realmente importa es usar papel fabricado
a partir de fibras obtenidas de un modo más sostenible, sin importar
qué cantidad se use. En realidad, ambas cosas importan, tanto
el origen de la fibra como la cantidad.
Una
pregunta clave es: ¿por qué continúa aumentando el consumo de
papel? Algunos sugieren que la raíz está en la inseguridad cultural:
como no confiamos en los demás, necesitamos cada vez más papeleo,
burocracia y rastros en papel; nuestro miedo a la contaminación
provoca el exceso de embalaje; nuestra preocupación por las enfermedades
lleva al uso exagerado de papel para mantener la higiene; nuestra
débil identidad cultural nos hace susceptibles a la publicidad
de marcas. Si es así, tal vez promover el ahorro de papel podría
tener efectos culturales beneficiosos.
Gracias
al debate sobre el cambio climático mundial, por primera vez en
mi vida, y posiblemente desde el comienzo de la revolución industrial,
se puede conversar amigablemente sobre cómo utilizar menos de
algo – menos energía – sin ser acusado de ir contra el progreso.
Esto crea una gran oportunidad para promover una filosofía que
vea la disminución como algo bueno, el racionamiento como una
virtud y el “menos” como un concepto positivo. Espero que abogando
por el ahorro de papel se pueda contribuir en algo a lograr un
cambio cultural, donde la eficiencia se valore más que el crecimiento
y donde la gente adquiera el hábito de pensar que usar menos cosas
es una buena idea.
Por
Mandy Haggith, correo electrónico:
hag@worldforests.org. Su libro Paper Trails: from trees
to trash, the true cost of paper, será publicado por Virgin
Books el 3 de julio de 2008.
inicio
- “Shrink”:
una nueva campaña para detener la locura
del consumo excesivo de papel (*)
Desde
comienzos de los años 60, el consumo mundial de papel y cartón
ha aumentado casi siete veces. Cada año, cada habitante del Reino
Unido gasta en promedio más de 200 kilogramos de papel. En los
EE.UU. la cifra llega a casi 300 kilogramos. El consumo mundial
de papel no es para nada equitativo. En Laos, por ejemplo, la
gente usa en promedio menos de un kilogramo de papel por año.
Sin embargo, las comunidades rurales de Laos enfrentan actualmente
una rápida expansión de las plantaciones de eucaliptos para satisfacer
la demanda de materia prima de la industria papelera mundial.
La
mayor parte del consumo de papel del Norte es innecesario. Los
oficinistas del Reino Unido imprimen 120 mil millones de hojas
de papel por año, lo suficiente para hacer una pila de más de
13.000 kilómetros de altura. Dos tercios de este papel terminan
en la papelera antes del final del día. Los norteamericanos consumen
130 mil millones de vasos de papel al año, que son descartados
luego de 15 minutos de uso.
Este
mes se lanza la campaña “Shrink” que tiene como blanco el desperdicio
de papel. “La producción de papel tiene una amplia gama de efectos
perjudiciales sobre el ambiente,” explica Mandy Haggith, coordinadora
de la campaña “Shrink”. “Si utilizamos menos papel podemos aliviar
nuestra presión sobre los bosques, reducir el uso de energía y
la emisión de gases de efecto invernadero, limitar la contaminación
del agua y el aire y producir menos desperdicios. También hay
impactos sociales negativos y violaciones de los derechos humanos
vinculados a la producción de papel, en especial en los países
del Sur.” El proyecto “Shrink”, respaldado por más de 50 organizaciones
ambientalistas europeas, invita a la gente a comprometerse a reducir
su consumo de papel en su sitio web:
www.shrinkpaper.org.
En
esta página se sugieren varias formas en que las personas pueden
reducir su consumo de papel. “Podemos dejar de utilizar papel
innecesariamente, no imprimiendo información que podemos leer
fácilmente en la pantalla o no tomando más pañuelos de papel de
los que necesitamos”, dice Haggith. “Podemos encontrar maneras
de utilizar menos papel cuando éste es necesario, por ejemplo
imprimiendo en doble faz o reutilizando los sobres. Y podemos
oponernos a que nos obliguen a recibir papeles, borrándonos de
las listas de impresos publicitarios, solicitando se nos elimine
de las listas de envío y bases de datos, rechazando periódicos
gratuitos o folletos y evitando los productos con empaque excesivo.”
La
campaña “Shrink” apunta también a persuadir a empresas e instituciones
a que reduzcan el uso de papel. “Las organizaciones y las empresas
pueden tratar de detectar los puntos en que se desperdicia más
papel, por ejemplo en los sistemas de oficina, en las comunicaciones
o en el embalaje de corta duración, y fomentar y recompensar al
personal por aportar ideas para ahorrar papel: cambiando la forma
de trabajo de las personas para que puedan hacer un mejor uso
de la tecnología sin papel, logrando diseños más eficientes para
empacar los productos, etc.”, dice Haggith.
En
junio de 2008, la campaña escribió a los Directores Ejecutivos
de 20 empresas con sede en el Reino Unido: cinco empresas de catálogos,
cinco supermercados, cinco editoriales de revistas y cinco bancos
y compañías de seguros. “Las elegimos porque representan cuatro
de los sectores de mayor consumo de papel y son una muestra representativa
de los sectores que tienen políticas diversas en lo referente
al papel,” explica Haggith.
Por
supuesto, cada uno de estos sectores no es solamente responsable
del desperdicio de papel. Los supermercados también socavan los
medios de vida de los agricultores, destruyen la biodiversidad
exigiendo productos homogéneos, son responsables del enorme aumento
de la distancia que recorren los alimentos, construyen sus centros
comerciales gigantescos lejos del centro de las ciudades generando
un creciente uso de los automóviles y la destrucción del paisaje,
y liquidan a los comercios locales con el manejo de los precios.
Los bancos financian todo tipo de proyectos que resultan social
y ambientalmente destructivos. Las revistas son financiadas con
publicidad, uno de los principales generadores del consumo excesivo.
Los catálogos existen sólo para fomentar aún más el consumo. Pero,
como señala Haggith, “los bosques y las personas que sufren los
impactos negativos de la industria del papel no pueden esperar
que todos los demás problemas estén solucionados antes de atacar
el consumo excesivo de papel.”
La
campaña apunta a apoyar las luchas de los movimientos del Sur
contra la expansión de la industria del papel y la celulosa en
sus países. “Cuando preguntamos a los colegas del Sur su opinión
sobre cuáles deberían ser nuestras prioridades en nuestro trabajo
con la industria del papel y la celulosa, su respuesta es que
deberíamos atacar el consumo excesivo en los países ricos y tratar
de reducir la demanda de productos de la industria,” dice Haggith.
El
año pasado, Haggith viajó en tren y en barco desde su casa en
Escocia hasta Sumatra, Indonesia, investigando para su libro “Paper
Trails: From Trees to Trash – The True Cost of Paper”. “Quedé
horrorizada por lo destructiva que es nuestra huella,” dijo. “Conocí
a aldeanos indonesios que están peleando por un reclamo territorial
contra una empresa papelera que cultiva acacias en sus tierras
comunitarias para producir papel con destino a los mercados europeo
y norteamericano. Les pregunté qué podía hacer para ayudarlos
en su lucha y me dijeron que pidiera a la gente de Europa que
usara menos papel. Para mostrar una verdadera solidaridad con
los que luchan contra las industrias extractivas multinacionales
no alcanza con cambiar nuestro consumo de una marca a otra que,
con algo de suerte, será un poco menos odiosa. Eso sólo desplaza
el problema. Consumir de otro modo no es suficiente; debemos consumir
menos Y ADEMÁS de otro modo.”
Comprométase
a reducir su consumo de papel aquí:
http://www.shrinkpaper.org/take-the-pledge.htm
Por
Chris Lang, http://chrislang.org
(*)
El término escogido como nombre de la campaña hace un juego con
el doble significado de la palabra: 1) disminuir (en este caso
el consumo), 2) loquero (manera vulgar de referirse al psiquiatra).
inicio
- La Confederación
de Industrias Papeleras Europeas y su “País de las maravillas”
“Cuando
yo utilizo una palabra significa
lo que yo quiero que signifique...,
ni más ni menos” dijo Humpty Dumpty a Alicia. Bienvenidos al “País
de las maravillas”, no el de Lewis Carroll sino el de la Confederación
de Industrias Papeleras Europeas (CEPI). Esta organización representa
a 800 empresas de papel y celulosa de 18 países europeos, que
producen más de un cuarto de la producción mundial de papel. CEPI
es, según sus propias palabras, “la voz y la cara pública de la
industria del papel y la celulosa en Europa y representa sus intereses
ante las instituciones europeas.” Con sede en Bruselas, la CEPI
presiona a nivel de la Unión Europea apuntando a que se cree una
legislación favorable a la industria.
En
el País de las Maravillas de CEPI las plantaciones son bosques,
los monocultivos mejoran la biodiversidad y la explotación forestal
es buena para los bosques.
En
mayo de 2008, CEPI llevó a cabo un evento paralelo durante la
reunión del Convenio sobre la Diversidad Biológica celebrado en
Bonn. Bajo el título “¡Protección de la biodiversidad, no sólo
palabras sobre papel sino la realidad de las mejores prácticas
de la industria papelera!”, el evento prometió mostrar “cómo,
a través de mejores prácticas, la industria europea del papel
y la celulosa apoya la protección de la biodiversidad.”
Obviamente,
las presentaciones tuvieron poco que ver con la protección de
la diversidad biológica. La primera estuvo a cargo de Hans Verkerk,
del Instituto Forestal Europeo (EFI). Verkerk observó cuánta madera
podría extraerse de los 29,2 millones de hectáreas de bosques
protegidos de Europa si no hubiera restricciones para la explotación
forestal. Su presentación se basó en un estudio de EFI del cual
es coautor. El estudio reveló que la protección de los bosques
de Europa impidió que la industria pudiera “disponer” de 68 millones
de metros cúbicos de madera. “La protección de los bosques tiene
una incidencia evidente sobre la disponibilidad de madera,” señaló
Verkerk. A la inversa, si el bosque estuviera menos protegido
la industria dispondría de mucha más madera. Convenientemente,
dado que su estudio fue financiado por CEPI, Verkerk no mencionó
cuál sería en este caso el impacto sobre la diversidad biológica
de los bosques.
A
continuación, Paula Guimaraes, del Grupo Portucel Soporcel, hizo
su presentación sobre “Forestación intensiva”. Explicó que su
compañía crea un mosaico a nivel del paisaje. Ilustró su explicación
con una diapositiva de un paisaje desaliñado donde alternaban
desmontes y monocultivos. Nos dijo que los eucaliptos no dañan
los suelos ni afectan las reservas de agua. Esto puede ser cierto
en el “País de las maravillas”, pero poco tiene que ver con la
realidad que enfrentan los agricultores que habitan en las cercanías
de las plantaciones de eucalipto de la industria de la celulosa.
Wolfgang
Schopfhauser, de Papierholz Austria, nos habló de la tala de los
bosques montañosos de Austria para producir bioenergía, sobre
todo para la industria del papel y la celulosa. “Hay una gran
cantidad de biomasa disponible en forma de madera en pie,” dijo
Schopfhauser, refiriéndose presumiblemente a los árboles que crecen
en las montañas austríacas.
Una
forma de reducir el impacto de la industria de la celulosa sobre
los bosques del mundo es reducir el consumo (y por lo tanto la
producción) de papel. A esto apunta la campaña “Shrink” (ver otros
artículos en este número del boletín del WRM). CEPI respondió
al lanzamiento de la campaña Shrink declarando que la industria
del papel y la celulosa es “un ejemplo único de cómo una industria
puede evitar producir desperdicios y reciclar en todas las etapas.”
Obviamente, todo ese material de empaque innecesario, el correo
basura, todas esas guías telefónicas que ya nadie utiliza y las
montañas de papel de las oficinas y la publicidad, no existen
en el “País de las maravillas” de CEPI.
Como
respuesta de CEPI, Teresa Presas, su Directora General, dice que:
“Al atacar a la industria papelera, estas ONG promueven el uso
de otros materiales que no tienen las mismas credenciales ambientales”.
Pero la campaña Shrink no está promoviendo ningún otro material.
Está abogando por disminuir el uso de papel en el Norte, no por
reemplazarlo por otra cosa.
Presas
sostiene que las ONG están “contribuyendo a que la producción
de papel se traslade a otras partes del mundo donde las normas
ambientales no son motivo de gran preocupación.” Parece haber
olvidado que la industria del papel y la celulosa se está expandiendo
en el Sur desde hace muchos años. Stora Enso es miembro de CEPI.
En 2005, un funcionario de Stora Enso dijo al Financial Times:
“Si no fuera por los sindicatos de nuestro país, trasladaríamos
toda nuestra capacidad productiva a países como Brasil”. El año
pasado, la empresa vendió sus operaciones norteamericanas a una
empresa de capital privado llamada NewPage, que ahora está cerrando
fábricas lo más rápido posible. Stora Enso está cerrando dos plantas
en Finlandia. Mientras tanto, la empresa expande sus operaciones
en Brasil, Uruguay, China y Laos. En marzo de 2008, 900 mujeres
de Vía Campesina ocuparon un área de las plantaciones de eucaliptos
de Stora Enso en Brasil, en protesta contra la expansión del desierto
verde. La campaña Shrink apunta a apoyar ésta y muchas otras luchas
contra las plantaciones industriales de árboles en el Sur.
Presas
sostiene que la campaña Shrink será “responsable por la pérdida
de miles de empleos en Europa, en particular en zonas rurales.”
Pero, de acuerdo con los propios datos de CEPI, la industria del
papel y la celulosa ya es responsable de la pérdida de miles de
empleos en Europa. En 1991, los países miembros de CEPI emplearon
a 389.300 personas en el sector del papel y la celulosa. Para
el 2006, este número se redujo en aproximadamente un tercio, llegando
a 259.100 personas. Durante el mismo período, la producción de
papel y celulosa en Europa aumentó.
Luego
de hablar con Humpty Dumpty por un rato, Alicia se alejó tranquilamente.
Cuando Humpty Dumpty se cayó del muro, como era inevitable que
sucediera, “sacudió con su estrépito a todo el bosque.”
Por
Chris Lang, http://chrislang.org
inicio
COMUNIDADES Y BOSQUES
-
África: el AGRA
pone en peligro la soberanía alimentaria
La
iniciativa de Alianza para la Revolución Verde en África (AGRA)
de Gates y Rockefeller llegó a África anunciando que ayudará a
los pequeños agricultores a transformarse en productores comerciales.
¿Pero, qué significa esto?
Detrás
de los millonarios proyectos de financiación lo que se esconde
es la promoción de la biotecnología en la agricultura. La agricultura
africana dependerá más de los productos químicos, de los monocultivos
de semillas híbridas y de los cultivos genéticamente modificados.
Según
Mariam Mayet, del African Center for Biosafety (Centro
Africano para la Bioseguridad), el AGRA es una “propuesta muy
violenta porque introduce productos químicos tóxicos muy poderosos
en África. Desplaza y destruye el conocimiento y las semillas
locales. Favorece sólo a los agricultores que pueden acceder al
sistema, a los más poderosos. Esto dividirá al campesinado
africano. El AGRA también genera mucha dependencia y endeudamiento.”
(1)
En
la creciente tendencia a la privatización de la ayuda exterior
y a la fusión del sector empresarial con los gobiernos, el AGRA
se transforma en una herramienta útil para los intereses de las
empresas privadas y los gobiernos occidentales ávidos de privatizar
la tierra y el agua para los cultivos de exportación, los agrocombustibles
y los sumideros de carbono.
Las
estrategias foráneas como el AGRA se están apoderando de bosques
que son también un espacio de soberanía alimentaria de las comunidades
que habitan y dependen del bosque.
Los
monocultivos para agrocombustibles – ya sea jatrofa en Ghana y
Zambia, caña de azúcar en Uganda, Tanzania y Kenia o palma aceitera
en Benin, Camerún, Costa de Marfil– invaden los bosques amenazando
o incluso privando a las comunidades locales de sus medios de
vida y provocando desplazamientos y miseria.
Si
se privatiza la fuente de la riqueza de África, los países africanos
podrían perder la posibilidad de decidir su propio futuro.
Delegados
de organizaciones campesinas de diferentes países africanos que
comparten la visión del movimiento campesino internacional La
Via Campesina se reunieron en Madagascar en mayo de 2008 y declararon
su oposición a la introducción de políticas destructivas que socavan
la producción local de alimentos, forzando a los agricultores
a producir cultivos comerciales para empresas transnacionales
y a comprar sus propios víveres en el mercado mundial. “Los campesinos
y los pequeños agricultores no obtenemos ningún beneficio del
alza de los precios. Cultivamos alimentos pero en general la ganancia
de la cosecha no queda en nuestras manos: demasiado a menudo ya
está comprometida con el prestamista, las compañías de insumos
agrícolas o directamente con el
comerciante o la unidad procesadora.” (2)
La
declaración final de los campesinos sobre la “Crisis Alimentaria
Mundial” denuncia que “la constante apropiación de tierras por
las transnacionales y otros especuladores expulsará a miles de
campesinos de las zonas rurales. Terminarán viviendo en las mega
ciudades donde se unirán a las crecientes filas de gente pobre
y hambrienta en los barrios bajos.” El documento declara que “¡ha
llegado el momento de la Soberanía Alimentaria!” y exige la aplicación
de “un cambio fundamental en los criterios que rigen la producción
de alimentos y los mercados agrícolas”, de “compromisos políticos
a largo plazo para reconstruir las economías alimentarias nacionales”,
absoluta prioridad a “la producción nacional de alimentos para
disminuir la dependencia del mercado internacional”, un mecanismo
de intervención que “estabilice los precios a un nivel razonable
en los mercados internacionales”, así como “el derecho a implementar
controles a las importaciones” para detener el dumping,
y el respeto y el apoyo a nivel internacional de “programas para
apoyar a los consumidores más pobres, implementar una reforma
agraria e invertir en la producción nacional de alimentos por
parte de los agricultores y campesinos”.
No
solo los sistemas alimentarios y los bosques están en peligro;
también lo están los sistemas sociales y la cultura africana toda.
Artículo
basado en: (1) “AGRA – green revolution or philanthro-capitalism?”,
Pambazuka News 361,
http://www.pambazuka.org/en/issue/361;
(2) “Global Food Crisis”, Conferencia regional de La Vía Campesina
África, Madagascar, 14 al 17 de mayo de 2008,
http://www.wrm.org.uy/countries/Africa/GlobalFoodCrisis.pdf
inicio
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India: una
historia de conservación no participativa en la reserva de tigres
de Buxa
Buxa
era uno de aquellos bosques de los que hacían alarde los forestales
británicos. La zona, originalmente de praderas y bosques de
shorea de planicie
(Shorea robusta) en tierras altas
pedregosas, fue alterada irreversiblemente cuando llegaron los
ingenieros forestales coloniales, alrededor de 1865, y desterraron
a los pueblos de agricultura migratoria, como los Rava, los Mech,
los Dukpa y los Garo. A medida que los incendios forestales fueron
“controlados”, los árboles perennifolios no tardaron en colonizar
los espacios vacíos y los ingenieros se dieron cuenta entonces
de que no podrían tener nuevas plantaciones de shorea
a menos que reintrodujeran el método
de la quema.
Así
llegó el famoso sistema de plantación Taunya, y los “incendiarios”
desterrados fueron traídos de vuelta a los bosques e instalados
en aldeas. Fueron ellos quienes trabajaron duro, talando y quemando
árboles y plantando y protegiendo otros nuevos por cerca de 150
años, sin recibir paga alguna, hasta que los silvicultores de
la India “independiente” decidieron que debían salvar a los tigres
de Buxa. De esta forma, en 1983, los bosques de Buxa fueron declarados
Reserva de Tigres. Para ese entonces los bosques ya tenían 33
aldeas registradas y 4 establecimientos en tierras arrendadas
bajo el control del Departamento Forestal.
Desde
1990 en adelante, las actividades forestales disminuyeron y prácticamente
cesaron en muchas partes de la reserva. Cerraron las viejas minas
de dolomita que se encontraban dentro de la reserva. En muchas
zonas se prohibió la recolección de productos forestales no maderable
y el pastoreo del ganado fue declarado un delito. Vivir dentro
de los bosques se convirtió en una pesadilla cuando los ingenieros
forestales comenzaron a planear estrategias de reubicación que
implicaban que miles y miles de personas se vieran de pronto privadas
de sus medios de sustento. Uno tras otro, los viejos shoreas (conocidos
como el Orgullo de Buxa) comenzaron a desaparecer, a medida que
las personas con hambre y sin empleo se iban viendo obligadas
a refugiarse en los bosques.
El
mecanismo para la conservación de los tigres de Buxa se puso en
funcionamiento, y el dinero iba y venía de varias fuentes, como
el Banco Mundial (Buxa fue uno de los siete proyectos de desarrollo
ecológico financiados por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial
en la India). Pero tanto la fauna como su hábitat continuaron
desapareciendo. Los tigres se volvieron una rareza, tanto que
nadie sabe exactamente cuántos quedan en Buxa hoy… decir 4 ó 5
sería un cálculo optimista.
Los
ingenieros forestales dedicados a la “conservación” de Buxa continuaron
persiguiendo a los pobladores del bosque en la zona, especialmente
a los miembros de la comunidad Rava. Una audiencia pública organizada
en 2005 por el Foro Nacional de Pueblos y Trabajadores Forestales
(NFFPFW) y otros, registró innumerables casos de tortura, hostigamiento
y asesinato de los habitantes del bosque por parte de personal
del Departamento Forestal. Las personas, muchas de ellas niños
y jóvenes, fueron asesinadas a sangre fría, dentro y fuera del
bosque. El incidente más reciente fue el asesinato de Samuel Rava
de la aldea Poro, en febrero de 2008, ocurrido con posterioridad
a la notificación formal de la Ley de Derechos sobre los Bosques
. Ninguno de los asesinos ha sido llevado ante la justicia.
En
Jayanti, muy pocas personas de este poblado fantasma (otrora próspero),
situado en la llamada zona central de la Reserva de tigres de
Buxa, conocían la Ley de Derechos sobre los Bosques que,
entre otras cosas, reconoce los derechos de los habitantes tradicionales
y tribales del bosque en zonas declaradas protegidas (ver Boletín
Nº 115 del WRM). Aparentemente este poblado ha sido designado
como aldea que debe ser reubicada, y el Departamento Forestal
ha comenzado ya los trámites correspondientes. En Jayanti, el
Encargado Forestal aún puede prohibir a las personas que realicen
trabajos de renovación de sus propios hogares sin permiso del
Departamento, alegando que esto viola la Ley de protección de
la fauna de 1972. Nadie parece saber que, según la Ley de protección
de la fauna de 2006 y la Ley de Derechos sobre los Bosques
del mismo año, los conceptos de zona central y zona de amortiguación
han cambiado tanto que cualquier demarcación de dichas áreas debe
ser obligatoriamente aprobada por la comunidad.
Por
el contrario, el Encargado Forestal y su equipo amenazaron a la
gente para que abandonara sus tierras. Los avisos de reubicación
encolerizaron a numerosas personas: “¿Por qué nosotros, que hemos
cuidado y protegido estos bosques durante todos estos años, debemos
partir?” dijo un anciano. Otra anciana sacudía sus frágiles puños
mientras decía: “No me iré, no y no…antes de irnos los mataremos
a todos. Si no nos podemos quedar tampoco dejaremos que ustedes
se queden”.
Los
funcionarios forestales también ofrecieron mucho dinero a la gente
para que abandonaran voluntariamente el lugar, conscientes de
que la tentación sería demasiado fuerte.
Casi
lo mismo sucede en Buxa Road (una aldea remota, constantemente
amenazada tanto por los elefantes salvajes como por la erosión
del suelo) y en la aldea de Santarabari, situada en la ladera
de la montaña, que serán reubicadas por el Departamento Forestal
haciendo caso omiso de la nueva legislación de 2006. La mayoría
de los aldeanos nunca fueron informados sobre sus derechos como
pobladores del bosque.
Lo
que el Departamento Forestal entiende por “conservación participativa”
fue resumido por un Encargado Forestal que, al ser acusado de
violar tanto la Ley de protección de la fauna de 2006 como la
Ley de Derechos sobre los Bosques de 2006, masculló: “No
sabemos nada sobre leyes y cosas así. Yo cumplo las órdenes de
mi jefe”. En pocas palabras… la forma en que el Departamento Forestal
pretende conservar la fauna y flora silvestres de la reserva de
tigres de Buxa dista mucho de ser participativa.
Por
Soumitra Ghosh, extraído y editado de las notas tomadas durante
la visita de un equipo de 4 personas a la zona, en representación
del Foro Nacional sobre Pueblos y Trabajadores Forestales (NFFPFW),
Comité Regional de Bengala del Norte. El documento completo se
encuentra disponible en:
http://www.wrm.org.uy/countries/India/BuxaTiger.pdf
inicio
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Malasia: el camino de la tala conduce a
los monocultivos de árboles en Sarawak
En
1989, el WRM y Sahabat Alam Malaysia (Amigos de la Tierra Malasia)
publicaron el libro The
Battle for Sarawak’s Forests, el cual documentaba
no sólo la destrucción de los bosques y los medios de vida de
los pueblos del bosque de Sarawak, sino también los procesos locales
de resistencia que incluyeron importantes bloqueos de rutas, practicados
desde 1987 por las comunidades locales para detener la entrada
de los camiones madereros a sus territorios.
El
objetivo de la publicación era que sirviera como herramienta para
la campaña mundial que había sido lanzada dos años antes por un
gran número de organizaciones del Norte y del Sur contra la destrucción
social y ambiental resultante de la explotación forestal industrial
en el estado malayo de Sarawak.
La
campaña logró una gran difusión del problema a nivel internacional
y puso a la industria forestal y al gobierno malayo en una posición
difícil. Por ejemplo, en julio de 1988, el Parlamento Europeo
adoptó una resolución que exhortaba a los estados miembros a suspender
las importaciones de madera de Sarawak, y en octubre y noviembre
una cantidad de delegaciones visitaron las embajadas de Malasia
en diferentes países para instar al gobierno de este país a evitar
que las actividades forestales afectaran los medios de vida de
los nativos de Sarawak.
Internamente,
lo que siguió fue la represión policial y la persecución judicial,
acompañadas por una campaña de difamación que calificaba de traidores
a todos los malayos que participaran en la protección de los bosques
y los pueblos de Sarawak.
En
Sarawak, los principales perdedores fueron los Penan, un pueblo
nómada totalmente dependiente – física, social y culturalmente
– de los desaparecidos bosques tropicales. Más allá de su amarga
situación actual, ésta debe al menos servir para aprender una
lección para el futuro y en este caso, la lucha de los Sarawak
ilustra varios aspectos importantes:
-
En primer lugar, muestra que los pueblos locales y sus defensores
tenían razón al oponerse a la explotación maderera industrial.
Desde la perspectiva de los Derechos Humanos, esta actividad violó
los derechos básicos de los pueblos locales – territoriales, físicos,
sociales y culturales – e incluso su derecho a la vida. Desde
el punto de vista del ambiente, la explotación maderera provocó
la destrucción de un ecosistema de bosque que albergaba una biodiversidad
enormemente rica tanto en animales como en vegetales. Económicamente
hablando, la industria enriqueció a unos pocos pero condenó a
la mayoría a la pobreza.
-
En segundo lugar, es igualmente importante el hecho, hoy evidente,
de que la industria forestal, el gobierno del estado de Sarawak
y el gobierno federal de Malasia mintieron a la población de Sarawak.
La industria y el gobierno prometieron desarrollo y empleos. Nada
de esto sucedió. El bosque desapareció y la gente se empobreció
aún más. El único “desarrollo” visible fueron las rutas construidas
con el propósito de extraer madera. En respuesta a la campaña
internacional, la industria y el gobierno prometieron llevar a
cabo una “explotación sustentable” que de hecho resultó ser el
mismo tipo de explotación destructiva de antes, ahora con otro
nombre.
Un
video recientemente producido por Hilary Chiew y Chi Too (“Penusah
Tapa: the forgotten struggle”), documenta “la historia nunca contada
de Penan” a través del testimonio de los lugareños, muchos de
los cuales participaron en la larga lucha por proteger el bosque.
Dichos
testimonios no solo prueban las desastrosas consecuencias sociales
y ambientales de la explotación maderera industrial, sino que
muestran también los actuales procesos de sustitución de los bosques
talados por monocultivos de palma aceitera (con el objetivo de
producir aceite de palma) y acacias (para producir pulpa de celulosa
para papel). Esto representa la muerte definitiva del bosque.
Como dice uno de los entrevistados en el video: “Pensamos que
los madereros son malos. Pero si sólo se llevan los troncos, los
bosques todavía pueden regenerarse. En cambio, cuando llegan las
plantaciones de palma aceitera y de árboles, eso hará que el bosque
desaparezca para siempre…”
El
video está disponible en:
http://www.dailymotion.com/video/x4gqci_penusah-tana_politics
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Perú/Brasil: el derecho a la autodeterminación
de los pueblos en aislamiento voluntario
A
fines de mayo, como resultado de un sobrevuelo piloteado por el
coordinador del Frente de Protección Etnoambiental de la FUNAI
(organismo brasileño que tiene a su cargo la protección de los
grupos aislados), varias fotos aéreas dieron cuenta de la existencia
de indígenas en aislamiento voluntario de una de las cuatro etnias
que viven en esa situación en la frontera del estado de
Acre (Brasil) con Perú.
Todos
los titulares del mundo reprodujeron las imágenes rojizas de guerreros
pintados con urucum (fruto rojo también conocido como achiote
u onoto), en posición de arrojar sus flechas al avión. Otros integrantes
de la tribu, desarmados, aparecían pintados de negro con jenipapo
(otro fruto utilizado para la pintura corporal), mientras mujeres
y niños se internaban en la selva. Todo indica que tuvieron alguna
mala experiencia anterior relacionada con aviones y su reacción
no ofrece lugar a dudas –quieren que los intrusos se vayan...
Las
fotos también registraron dos grandes chozas emplazadas en amplios
rozados (espacios abiertos en la selva, para la agricultura) cultivados
con muchos plátanos, mandioca, mamón, maíz y otros cultivos.
La
antropóloga Beatriz Huertas, del Comité Internacional para la
Protección de los Pueblos en Aislamiento, diferencia los grupos
"aislados" de los denominados "en contacto inicial".
Los primeros se mantienen renuentes a establecer relaciones de
interacción sostenida con los miembros de la sociedad envolvente,
mientras que los grupos que están en situación de “contacto inicial”
mayormente se vieron forzados por factores o agentes externos
a abandonar el aislamiento, estando más expuestos al contagio
de enfermedades externas frente a las cuales no han desarrollado
defensas inmunológicas.
No
obstante, ambos tienen un problema en común: la usurpación de
los territorios que habitan a manos de los concesionarios petroleros,
madereros y últimamente sojeros en el lado brasileño.
Se
tiene conocimiento que en muchos casos, los antecesores de estos
grupos tuvieron experiencias de contacto “sumamente traumáticas”,
a raíz de lo cual optaron por permanecer aislados.
En
el caso de la Amazonía peruana, Huertas dice que existen por lo
menos 14 pueblos o segmentos de pueblos aislados, y la mayoría
están concentrados en la franja fronteriza con Brasil. Señala
que con escasas excepciones, prácticamente todas las Reservas
Territoriales creadas y propuestas a favor de pueblos en aislamiento
se encuentran invadidas por cientos de madereros, varios de los
cuales vienen enfrentándose o asesinando a los indígenas aislados
que encuentran a su paso. Algunas empresas que han obtenido concesiones
forestales en zonas aledañas a los territorios de los pueblos
aislados, también están extrayendo madera de las reservas, “blanqueándola”
a través de sus concesiones y licencias.
En
entrevista concedida a Terra Magazine (1), la antropóloga afirma
que “Los problemas aparejados por la extracción
ilegal de madera en la frontera Brasil-Perú vienen siendo denunciados
intensivamente desde 1998. Desde entonces los gobiernos de ambos
países han formado comisiones para resolver el problema, pero
nunca llegaron a acuerdos claros ni realizaron acciones contundentes
para frenar la situación”.
A pesar de que existe información
y denuncias de todo esto, algunas de esas empresas cuentan incluso
con el beneficio de comercializar su madera con el plus de la
certificación, que aduce garantizar a los consumidores productos
realizados con maderas provenientes de una explotación “sustentable”,
lo que implicaría el respeto de los derechos territoriales de
sus habitantes originales.
El
Comité Indígena Internacional para la Protección de los Pueblos
en Aislamiento y Contacto Inicial de la Amazonía, el Gran Chaco
y la Región Oriental de Paraguay (CIPIACI)
declaró en un comunicado que: "El desplazamiento de poblaciones
indígenas en situación de aislamiento voluntario del sur de Ucayali
hacia territorio brasileño sería resultado de las agresiones y
amenazas constantes que vienen sufriendo en sus territorios originarios
en el Perú". "Efectivamente, este tipo de desplazamiento
se ha venido dando en los últimos años debido a la invasión de
los territorios de estos pueblos hermanos, principalmente por
madereros y por grupos evangélicos que los persiguen para contactarlos
y evangelizarlos".(2)
El
registro fotográfico de los indígenas “invisibles” generó cierta
sensibilidad que dio lugar a que el Comité Indígena Internacional
para Pueblos Aislados pudiera relevar la situación. En eso está
la Dra. Beatriz Huertas, recorriendo este mes la región de la
frontera entre Brasil y Perú, en compañía de un líder de la Federación
Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes, FENAMAD, e indígenas
ashaninka de la aldea Apiwtxa, y anuncia que: “Vamos a realizar
un informe sobre el tema y presentarlo a los gobiernos de Brasil
y de Perú y a los organismos internacionales de defensa de los
derechos humanos. En la medida de nuestras posibilidades, vamos
a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que el problema
sea atendido”.
La
divulgación de las fotos de los indígenas aislados en la frontera
Brasil-Perú tuvo repercusiones positivas, pero la antropóloga
advierte: “Sin embargo, hay que tener cuidado con ciertos periodistas
que se mostraron muy interesados en viajar hasta la región para
establecer contacto con el objetivo de obtener imágenes de los
indios aislados. Esto puede ser catastrófico y terminar en la
muerte de todo el grupo a causa del contagio de enfermedades e
incluso del enfrentamiento que puede surgir”.
“Hemos
propugnado el derecho a la autodeterminación y esto significa
el derecho de esos pueblos de decidir libre y voluntariamente
sobre las formas de vida que quieren tener, sin forzar contactos
u acciones que atenten contra ese derecho, contra esa voluntad.
Ellos están aislados y es necesario respetar el aislamiento. Del
mismo modo, si ellos buscan contacto, tendremos que respetar la
decisión de ellos, pero no podemos de ninguna manera forzar contactos”.
Artículo
basado en: (1) “Comisión hará informe sobre indios aislados entre
Brasil y Perú”, 12 de junio de 2008,
http://www.co.terra.com/terramagazine/interna/0,,OI2944081-EI8865,00.html;
(2) “Indígenas de Sudamérica exigen ‘respeto’ para los pueblos
no contactados”, 5 de junio de 2008,
http://www.survival.es/noticias/3370;
comentarios personales de Beatriz Huertas.
inicio
COMUNIDADES Y MONOCULTIVOS
DE ÁRBOLES
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Chile: los “esclavos modernos” del “boom forestal”
El
proceso de migración campo-ciudad en Chile es el resultado de
conflictos internos en la estructura agraria, y en el caso de
la VIII región --
la Región del Bio-Bio
-- se le une una reconversión productiva
que es en sí una reconversión forestal.
El
sector forestal se propagandea en Chile como un sector clave de
la economía, representando el segundo sector exportador luego
de la gran minería del cobre. Sin embargo,
los territorios en que se instalan las plantaciones
e industrias forestales registran más bien efectos adversos, en
comparación con los beneficios que podrían obtenerse si los terrenos
fueran destinados a la localización de actividades económicas
alternativas.
A
pesar de la gravitación que tiene la actividad forestal en la
macroeconomía, esto no se ha reflejado en la generación de empleo,
que se distingue por su carácter cíclico, alta inestabilidad y
precario nivel salarial. Mientras que en
20 años el empleo presenta un crecimiento de un 66%, la superficie
forestada lo hace en un 277%. Por otra parte, en algunos
casos la expansión de la actividad silvícola ha tenido lugar en
predios originalmente explotados por pequeños productores que
fueron absorbidos por el llamado “manto verde” (en referencia
a los millones de árboles de los monocultivos forestales). Según
estimaciones de la Corporación de Trabajadores Forestales (CTF),
entre los años 1997-2000 la fuerza laboral disminuyó en un 12%,
considerando las distintas ocupaciones forestales.
La
actividad forestal “ofrece” trabajo en forma temporal, en asociación
con determinadas etapas que se vinculan con el proceso de crecimiento
y cuidado de las especies plantadas (plantación, raleo, tala,
etc.). La inmensa mayoría -- un 75% a 80%-- de los trabajadores
empleados en el sector forestal en Chile trabaja sobre la base
de contratos temporales. Los hacheros y motosierristas trabajan
durante periodos breves y se les paga de acuerdo a estándares
de productividad establecidos por las propias empresas, lo que
implica extenuantes jornadas de trabajo. Según antecedentes disponibles,
en el sector forestal al menos un 26% declara tener una jornada
ordinaria de trabajo que supera las 10 horas.
La
drástica reducción de los derechos y la capacidad negociadora
de los trabajadores --que permite aumentar la productividad de
cada trabajador-- está vinculada a otro elemento característico
de la fuerza laboral empleada en la silvicultura: su relación
con las empresas forestales se encuentra mediatizada por la acción
de empresas contratistas que venden sus servicios a las
empresas forestales (Empresas Mandantes) y contratan al personal
por faenas. Estas empresas responden a las exigencias productivas
de las empresas forestales, lo que determina la alta rotación
de los trabajadores y dificulta seriamente sus posibilidades de
organización para la defensa de sus intereses. La consecuencia
es una baja calidad de los empleos y una remuneración que no presenta
mayores posibilidades de bienestar para los trabajadores y sus
familias.
Es
en este segmento donde se producen los mayores grados de explotación
de la fuerza de trabajo, tanto porque las faenas se encuentran
muy alejadas de los centros urbanos (lo que exige largos viajes
hasta el lugar de trabajo), cuanto que esos trabajadores no tienen
ninguna posibilidad de organizarse en sindicatos para hacer frente
a los frecuentes atropellos de sus empleadores y de esta forma
mejorar su relación laboral.
En
1988, el 80% de los trabajadores del sector no pertenecía a ningún
tipo de organización y quedaba expuesto al arbitrio patronal,
obligados a trabajar hasta 16 horas por día, por salarios mínimos,
a vivir en condiciones infrahumanas, con implementos mínimos de
seguridad: los “esclavos modernos”, la otra cara del denominado
“Boom Forestal”.
Merece
atención lo que se refiere a los accidentes del trabajo forestal,
sector que presenta los niveles más altos de accidentabilidad
(la tasa de accidentabilidad corresponde al número de accidentes
ocurridos en un año, por cada cien trabajadores), lo que bien
puede deberse a que el alto esfuerzo exigido a los trabajadores
podría ser la causa de su agotamiento y con ello de tan altos
índices de accidentes. Los operarios tratan de cortar tanta madera
como les sea posible durante largas jornadas de trabajo, en detrimento
de su propia seguridad. Según informaciones proporcionadas por
los dirigentes,
mueren 15 trabajadores al año en accidentes laborales.
De
todo lo expuesto surge que el sector forestal es un sector excluyente,
no generador de desarrollo, que se enmarca en la lógica del modelo
neoliberal y que solo busca consolidarse y perpetuarse obedeciendo
a la conciencia y los intereses de clase por los cuales se rige.
Extractado
y adaptado de: “Los cambios socio-espaciales
producidos por la explotación forestal en la región del Bio-Bio,
particularmente en la comuna de Mulchen”, de Juan
Luis Muñoz L.,Tesis para optar al Grado de
Licenciado en Educación, Mención Historia y Geografía, Universidad
de Concepción. El informe completo está disponible en:
http://www.wrm.org.uy/paises/Chile/Tesis_Munoz.pdf
inicio
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Costa de Marfil: las plantaciones de palma
aceitera de Unilever/Palm-Ci destruyen el bosque de pantano de
Tanoé
El bosque
de pantano de Tanoé, situado en el departamento de Adiaké, es
el último bloque boscoso que queda en la región sud-oriental de
Costa de Marfil y se extiende sobre una zona que los expertos
en conservación consideran de suma importancia, entre otras cosas,
para la conservación de los mamíferos y las aves así como de los
ecosistemas de agua dulce. Además, es considerado un Bosque de
Alto Valor y un importante refugio para primates en peligro de
extinción, como el colobo de Miss Waldron (Piliocolobus badius
waldronae), el cercopiteco diana roloway (Cercopithecus
diana roloway) y el mangabey gris (Cercocebus atys lunulatus).
Los
pantanos del bosque Tanoé han funcionado hasta ahora como un poderoso
escudo que ha protegido al bosque de agresiones fuertes. El bosque
se extiende a lo largo de las subprefecturas de Noah, Nouamou
y Tiapoum y las aldeas circundantes de Kongodjan Tanoé, Kadjakro,
Yao-Akakro, Kotouagnouan, Dohouan, Atchimanou, Saykro y Nouamou.
Los aldeanos lo consideran como su reserva de recursos pesqueros,
medicinales y alimenticios. (1)
Desde
febrero de 2008, la empresa productora de aceite de palma PALM-CI
comenzó a destruir este centro de biodiversidad de 6.000 hectáreas
para convertirlo en plantaciones de palma aceitera. Actualmente
está construyendo sistemas de drenaje en la periferia y pretende,
una vez que termine la temporada de lluvias, talar todo el bosque.
Si
destruyen el bosque de Tanoé, las tres especies de primates así
como muchas especies vegetales se extinguirán casi segur