NUESTRA
OPINIÓN
- ¿Por qué un Día Internacional Contra los Monocultivos de Árboles?
Todos los “días internacionales”
tienen que ver con asuntos problemáticos, de importancia mundial,
que requieren ser tratados por la sociedad toda. La expansión
de los monocultivos de árboles ha generado tantos impactos sociales
y ambientales que hizo surgir la idea de establecer un Día Internacional
para plantear el tema a escala mundial. El 21 de setiembre fue
la fecha elegida, siguiendo el camino de algunas redes locales
de Brasil que, en 2004, decidieron declarar ese día (el Día del
Árbol en dicho país) como día de lucha contra los monocultivos
de árboles.
La fecha coincide con el Día Internacional de la Paz (ONU), que
es precisamente lo que las comunidades locales afectadas por las
plantaciones desean: paz para vivir en armonía con la naturaleza
y con otros seres humanos. Las plantaciones de árboles están destruyendo
dicha paz, y la necesidad de dedicar a este asunto un día específico
a escala internacional se plantea por varios motivos.
El primero y más importante es que muchas personas, del Sur y
del Norte, no tienen conocimiento alguno acerca de los impactos
sociales y ambientales resultantes de los monocultivos de árboles
a gran escala, y creen que plantar árboles es siempre positivo.
Tampoco están al tanto del hecho de que estas plantaciones no
apuntan a mejorar los medios de vida de las poblaciones locales
sino a alimentar el consumo despilfarrador del Norte.
La situación antes mencionada es el resultado de una combinación
de factores, entre los cuales se encuentra el hecho de que las
voces de las poblaciones locales que luchan contra las plantaciones
son silenciadas por el miedo, la represión o la nula difusión
por parte de los medios que las vuelve invisibles. Tanto el miedo
y la represión como la invisibilidad en los medios son consecuencia
del poder político y económico de las empresas forestales, a menudo
involucradas también en inversiones en otros sectores industriales,
como la celulosa, la madera, el aceite de palma o el caucho. El
poder de las empresas, que se manifiesta a través de diferentes
mecanismos, les permite ejercer un control parcial o total sobre
los gobiernos y los medios, con lo cual éstos se transforman en
“socios” de sus inversiones. Como resultado de ello, siempre que
las poblaciones locales luchan por sus derechos contra las empresas
forestales, ellas y quienes las apoyan son llamados “agitadores”
y “agitadoras”.
El poder de las empresas de plantación aumenta aún más gracias
a los organismos internacionales, los departamentos forestales
y las corrientes dominantes de profesionales forestales que, contra
toda evidencia, insisten en definir a los monocultivos de árboles
como “bosques plantados”, y en atribuirles funciones positivas
similares a las de los bosques verdaderos. Como consecuencia,
los opositores a las plantaciones son clasificados, o bien como
ignorantes, o bien como poseedores de intenciones políticas ocultas.
Esta combinación de influencias empresariales, gubernamentales,
profesionales y mediáticas es lo que mantiene a la mayoría de
la gente en la ignorancia de los impactos negativos de los monocultivos
de árboles. Claro que hay funcionarios gubernamentales, silvicultores
y periodistas que se oponen a estas plantaciones o que, al menos,
están abiertos a estudiar la evidencia existente, pero siguen
siendo una minoría que sufre las mismas presiones impuestas por
el poder.
Y por si esto fuera poco, las plantaciones de árboles a gran escala
son promovidas actualmente como solución para el cambio climático,
de dos maneras: por un lado, el parlamento europeo y otros están
presionando a favor de los llamados agrocombustibles “de segunda
generación” basados en la madera, que llevarán a la rápida expansión
de las plantaciones de monocultivos de árboles, incluso de árboles
genéticamente modificados. Por otro lado, varios países del Sur
han avanzado en sus intentos de financiar la expansión de las
plantaciones a gran escala como proyectos de compensación de carbono,
o de utilizar las plantaciones de árboles para compensar la disminución
de los bosques, cuando soliciten financiamiento de algún mecanismo
posible en el marco de la Convención sobre Cambio Climático.
Tal es el contexto en el que se inserta este Día Internacional
Contra los Monocultivos de Árboles. Ahora existe abundante evidencia
documentada sobre los impactos sociales y ambientales de las plantaciones,
pero los gobiernos, los organismos internacionales y las principales
corrientes de silvicultores prefieren ignorarla. Hay muchísima
información para difundir – sobre destrucción ambiental, violaciones
de los derechos humanos, condiciones de trabajo extremas, impactos
sobre las mujeres – pero los principales medios prefieren no publicar
nada al respecto.
En este 21 de setiembre apuntamos, entonces, a dar visibilidad
a los numerosos pueblos que luchan contra las plantaciones, como
un medio de romper el círculo de silencio y mentiras que rodea
su situación. Al mismo tiempo, nuestro objetivo es divulgar, tanto
como sea posible, la evidencia que surge de esas luchas relativas
a los impactos sociales y ambientales generados por esas plantaciones.
A través de este medio queremos debilitar el apoyo de los gobiernos
a las plantaciones y exponer a aquéllos que dan credibilidad a
las plantaciones o que no informan al público sobre el tema.
Por último, deseamos enfatizar que la lucha contra las plantaciones
es algo que ha sido impuesto a las comunidades, las cuales están,
de hecho, defendiendo sus medios de vida y el medio ambiente local
contra la codicia empresarial. Es una lucha indispensable para
proteger los bosques, las praderas, los pantanos, la diversidad
biológica, los suelos, el agua y las personas, todos los cuales
están siendo afectados por estos vastos monocultivos de árboles.
Es, en suma, una lucha por la vida.
Amigos
de la Tierra Internacional - Coalición Mundial por los Bosques
- Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
inicio
LAS MUCHAS RAZONES
- Un
Power Point basado en testimonios locales
Falta de agua, cambios en la flora y la
fauna, pérdida de tierras, violaciones de los derechos humanos,
destrucción de la trama social, son algunos de los problemas que
traen consigo los monocultivos de árboles.
Quienes mejor lo saben son las comunidades locales, que sufren
en carne propia esta invasión, pero cuyas denuncias y luchas son
sistemáticamente ocultadas por el poder de las empresas y sus
aliados.
El siguiente Power Point (disponible en
http://www.wrm.org.uy/plantaciones/21_set/ppts.html) procura
dar un espacio a esas voces, para que se expandan, circulen y
se junten a otras hasta convertirse en un grito unánime que eche
por tierra, de raíz, este modelo pernicioso e impuesto de monocultivos
de árboles a gran escala. Les invitamos a utilizar y difundir
esta herramienta.
inicio
-
Declaración de profesionales y estudiantes forestales
Para las comunidades locales que
habitan en áreas boscosas resulta muy clara la diferencia entre
un bosque y un monocultivo de árboles. Sin embargo, tal claridad
no existe a nivel de la profesión forestal, que ha sido formada
a partir del concepto de que las plantaciones son bosques y que
cumplen funciones similares a éstos.
Éste no es un tema menor, ya que los profesionales forestales
son quienes asesoran a los gobiernos, que consideran que ellos
–y no las comunidades locales- son los expertos en la materia.
A partir de dicho asesoramiento, los gobiernos elaboran e implementan
ambiciosos planes forestales que a menudo consisten en la plantación
de extensos monocultivos de árboles, que nada tienen en común
con los bosques.
En ese contexto, son muchos los estudiantes y profesionales forestales
que, a partir de la experiencia concreta de los impactos sociales
y ambientales resultantes de los monocultivos de árboles, discrepan
totalmente con tal visión y se ponen del lado de la gente para
oponerse, tanto a la plantación de tales monocultivos, como a
que sigan siendo denominados “bosques”.
Con el objetivo de fortalecer dicha posición, un conjunto de profesionales
y estudiantes forestales emitieron una declaración en la que manifiestan
con toda claridad que “las plantaciones no son bosques”. A partir
de dicha declaración buscan concitar adhesiones de colegas de
todo el mundo, para iniciar un proceso profundo de cambio, tanto
dentro como fuera de los centros de estudio forestales.
Consideramos que este 21 de setiembre constituye una excelente
oportunidad para difundir esta declaración e instamos a todos
los profesionales y estudiantes forestales que se identifiquen
con esta posición a adherir a la misma.
Los monocultivos de árboles no son bosques
Declaración de profesionales y estudiantes forestales
2008
A
nivel de todo el mundo los gobiernos están promoviendo activamente
la expansión de monocultivos de árboles a gran escala, a pesar
de los graves impactos sociales y ambientales ya constatados en
las plantaciones existentes. Quienes impulsan este modelo afirman
que las plantaciones son bosques, lo cual no es cierto. Las plantaciones
no son bosques. Lamentablemente, muchos de nuestros colegas forestales
apoyan ese modelo y nuestras instituciones de enseñanza continúan
preparando nuevas generaciones de profesionales forestales formados
para perpetuar y ampliar este tipo de modelo forestal que pretende
ver bosques donde no los hay.
Es por ello que consideramos necesario afirmar públicamente, no
sólo que los monocultivos de árboles no son bosques, sino que
tales plantaciones resultan o han resultado en la destrucción
de nuestros bosques nativos y de otros ecosistemas igualmente
valiosos que sustituyen.
En todo el mundo, quienes conocen mejor este tema son las poblaciones
locales que sufren directamente los impactos, tales como:
- Pérdida de biodiversidad (alimentos, medicinas, leña, materiales
para vivienda, artesanías, entre otros)
- Alteración del ciclo hidrológico, que resulta tanto en la disminución
y agotamiento de fuentes de agua, así como el aumento de las inundaciones
y deslizamientos.
- Disminución de la producción de alimentos
- Degradación de suelos
- Pérdida de culturas indígenas y tradicionales dependientes de
los ecosistemas originales
- Conflictos con empresas forestales sobre tenencia de la tierra
en territorios indígenas y de otras comunidades tradicionales
- Disminución de fuentes de empleo en zonas de tradición agropecuaria
- Expulsión de la población rural
- Deterioro del paisaje en zonas turísticas
Es por ello que los profesionales forestales que aspiramos a la
conservación de los bosques y que reconocemos los derechos básicos
de los pueblos que allí habitan debemos ponernos del lado de quienes
verdaderamente defienden los bosques –las comunidades locales–
y oponernos a la expansión de estos monocultivos.
Queremos resaltar que este proceso no se inicia hoy, sino que
tuvo su punto de partida en Porto Alegre, durante el Foro Social
Mundial 2005. Allí un grupo de estudiantes y profesionales acordamos
en la necesidad de “otra formación forestal relacionada con una
forma diferente de ver el mundo, en la cual los bosques no sean
vistos simplemente como madera sino como lo que son: ecosistemas
diversos de flora, fauna y pueblos de los bosques”. Como parte
de esa línea de pensamiento, l@s participantes nos manifestamos
claramente "en contra de la implantación de extensos monocultivos
o grandes plantaciones homogéneas de árboles".
En ese marco, hacemos entonces hoy un llamamiento a estudiantes
y profesionales forestales a adherirse a la presente declaración
y a iniciar un proceso, dentro y fuera de los centros de estudio,
que permita que quienes ingresamos a esta profesión podamos hacer
lo que en ese momento pensamos que iríamos a hacer: defender los
bosques y los pueblos que dependen de los mismos.
La
declaración con la lista actualizada de firmas está disponible
en:
http://www.wrm.org.uy/plantaciones/forestales.html
inicio
CUANDO LOS ÁRBOLES
SE VUELVEN DESIERTOS
- Las plantaciones que apoyamos y las plantaciones que combatimos
La
plantación de árboles es una actividad en general percibida como
positiva. El acto de la plantación de un árbol –ya sea en una
escuela o en una comunidad campesina- simboliza en muchas sociedades
el cuidado por la naturaleza y un aporte de la generación actual
a las generaciones futuras.
Además
de ese aspecto simbólico, muchas plantaciones de árboles son efectivamente
positivas, en particular cuando se realizan por decisión de las
propias comunidades para atender a sus necesidades, tal como en
el caso de la plantación de árboles frutales o de especies leñosas
que sirven para cubrir otras necesidades en materia de leña, fibras,
semillas, flores, medicinas, sombra, abrigo, etc. Muchas de esas
plantaciones constituyen de hecho sistemas agroforestales, que
a menudo forman parte de sistemas tradicionales de manejo de los
ecosistemas locales.
Demás
está decir que el WRM apoya y ha apoyado siempre ese tipo de plantaciones,
que se caracterizan por ser socialmente beneficiosas y ambientalmente
adecuadas.
Al
amparo de esa imagen positiva de las plantaciones se han desarrollado
sin embargo otros tipos de plantaciones que han generado amplia
oposición, primero a nivel local y luego a nivel internacional.
Nos referimos a los monocultivos a gran escala, tanto aquellos
destinados a la producción de madera y celulosa como los que apuntan
a la producción de aceite de palma o de caucho. Más recientemente
se han incorporado a este grupo los monocultivos de árboles establecidos
para servir como “sumideros de carbono” y los destinados a la
producción de biodiesel y etanol celulósico.
Ese
modelo es activamente promovido por un conjunto de actores que
incluyen tanto a organismos internacionales como la FAO y el Banco
Mundial, a agencias estatales de los países industrializados (de
financiamiento a las exportaciones, de cooperación bilateral,
de apoyo técnico), como a empresas que se benefician de esas inversiones
(bancos, industria de la celulosa y el papel, productores de maquinaria,
firmas consultoras, etc.). El resultado final es la producción
de materia prima abundante y barata –ya sea madera, celulosa,
caucho, aceite de palma u otros- que sirve como insumo para el
crecimiento económico de los propios países industrializados.
A nivel de países productores, lo que queda es un ambiente degradado
y una población empobrecida, que son los “costos externalizados”
para que la materia prima pueda resultar barata.
Es
a este tipo de plantaciones que el WRM se viene oponiendo desde
hace más de 20 años, debido a sus graves impactos sociales y ambientales.
A pesar de que son definidas como “bosques plantados”, lo cierto
es que nada tienen en común con los bosques. Mientras los bosques
sirven de sustento a las poblaciones locales –tanto de personas
como de fauna- estas plantaciones las expulsan; mientras los primeros
regulan el ciclo hidrológico, las segundas agotan y contaminan
las fuentes de agua; mientras los bosques protegen y enriquecen
el suelo, las plantaciones lo agotan y erosionan; mientras los
bosques contienen una enorme diversidad de vida, las plantaciones
son desiertos verdes.
Todos
esos impactos son una consecuencia inevitable del modelo, basado
en monocultivos de una sola especie –las más de las veces exótica-
que ocupan extensas áreas de tierra antes destinadas a satisfacer
las necesidades de vida de las poblaciones locales y que constituían
el hábitat de numerosas especies de plantas y animales. A los
impactos sociales y ambientales resultantes de dicha ocupación
territorial se suman los de la aplicación de grandes cantidades
de fertilizantes químicos, herbicidas, insecticidas y funguicidas
empleados para garantizar la rentabilidad de la inversión. Dichos
agrotóxicos contaminan el agua, el aire y el suelo, con la consiguiente
desaparición de especies animales y vegetales y con graves impactos
sobre la salud de trabajadores y pobladores locales. A su vez,
el propio crecimiento de los árboles plantados en monocultivos
a gran escala agota los recursos hídricos y los nutrientes del
suelo. Los escasos empleos que el modelo requiere –temporarios,
con bajos salarios y malas condiciones de trabajo- disminuyen
a medida que avanza la mecanización de todas las operaciones.
A
lo anterior se suma ahora la reciente amenaza de la incorporación
de árboles transgénicos, modificados genéticamente para aumentar
la rentabilidad de las plantaciones. Tal tipo de investigación
se está llevando a cabo en al menos 19 países (ver detalles en
www.wrm.org.uy). El uso de tales árboles en plantaciones comerciales
no sólo implicaría una gravísima amenaza para los bosques del
mundo, sino que además agravaría los impactos ya constatados en
los monocultivos existentes.
Por
lo anterior, es cada vez mayor el número de organizaciones y personas
que se opone a los monocultivos de árboles a gran escala y que
se reúne bajo la consigna de que “las plantaciones no son bosques”.
En
cuanto al WRM, nuestra posición es muy clara: apoyamos determinados
tipos de plantaciones y nos oponemos a otras. Nada tenemos contra
el eucalipto o el pino o la palma aceitera o ninguna especie de
árbol en particular. Nuestra oposición se centra contra un modelo
determinado de utilización –y ahora manipulación genética- de
los árboles, que beneficia a grandes empresas y perjudica a las
comunidades locales y al ambiente en el que se instalan.
inicio
IMPACTOS DE LAS PLANTACIONES
DE ÁRBOLES SOBRE LA GENTE
En AMÉRICA:
- Argentina: indígenas y ambientalistas
alertan sobre planes de promoción forestal
La
Patagonia concentra sólo el 4% de las plantaciones forestales
de Argentina. El escaso desarrollo del sector en esta región,
es visto por sus autoridades y empresarios como un amplio campo
de oportunidades: 4 millones de hectáreas forestables repartidas
en las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut.
Hacia ese horizonte apuntan las autoridades nacionales y locales,
que en abril confluyeron en la Primera Reunión de Coordinación
del Plan Forestal Regional Patagónico —realizado en la ciudad
chubutense de Esquel—, y vislumbran el Congreso Forestal Mundial
como una gran vidriera que en el 2009 concentrará en el país a
inversores, consultoras y representaciones extranjeras.
Sin
embargo, las comunidades mapuche ven en esto una amenaza y denuncian
que el gobierno no mide los costos. “El objetivo es colocar a
la región en la vanguardia a nivel nacional, a como dé lugar”,
acusan ambientalistas y dirigentes de las comunidades mapuche.
Según
el gobierno neuquino, cerca del 60% de los 1,5 millones de hectáreas
[y sólo 60,000 implantadas] que posee corresponde a propiedades
privadas —cuya legitimidad y legalidad en muchos casos es cuestionada
por el pueblo mapuche—, mientras que el resto son tierras fiscales
dedicadas a la actividad ganadera trashumante, principalmente
de cabras y ovejas.
El problema es cómo compatibilizar las prácticas productivas tradicionales
y la actividad forestal. Los sistemas campesinos tradicionales
poseen tres subsistemas que a la vez son indivisibles: la invernada
[campos ubicados en tierras bajas], la veranada [en la ladera
de los cerros] y la ruta de arreo [que varía de unos pocos kilómetros
a cientos, según cada comunidad] y es justamente donde la actividad
forestal —tal como está diseñada— no es compatible con el uso
actual por parte de los pequeños productores. El cerramiento de
grandes extensiones destinadas a las plantaciones [de pino] corta
las rutas de arreo [entre las invernadas y veranadas] y disminuye
las superficies de pastoreo.
Conflictos se agravan
En este contexto se han generado una serie de conflictos territoriales
que tendieron a profundizarse en los últimos años. Ante la merma
de su ganado, por la reducción y deterioro de su veranada debido
al sobrepastoreo y seca de vertientes por las plantaciones de
pino, en el 2003 la comunidad mapuche Wiñoy Folil reingresó a
campos de uso ancestral ubicados en el paraje cordillerano Pampa
de Lonco Luan, en el departamento Aluminé. De ese sitio habían
sido desplazados en la década de los 80 por la Corporación Forestal
Neuquina (CORFONE).
En noviembre pasado, en esa misma región, las comunidades Paineo
y Cayupán reclamaron a las autoridades provinciales la restitución
de sus veranadas, también vendidas a empresas forestales, mientras
que en enero el Consejo Zonal Centro (CZC) —que reúne a comunidades
mapuche del centro de la provincia de Neuquén— y la comunidad
Vicente Katrunao Pincén retomaron la posesión de distintos territorios.
“Así como se han ido entregando [tierras] a privados también hemos
iniciado un proceso de recuperación de veranadas que han sido
usurpadas en forma ilegal. Este proceso va en crecimiento porque
a medida que nos van cerrando, nos obligan a pegar manotazos para
defendernos de este aprieto y recuperamos el territorio”, expresó
Martín Velázquez Maliqueo, logko —autoridad tradicional—
de la comunidad Logko Puran, que integra el CZC.
Aunque el conflicto por el ingreso de empresas forestales a territorio
mapuche ha estallado en el centro sur de la provincia de Neuquén
—por el desarrollo alcanzado por estos emprendimientos en esa
provincia—, la tensión se extiende al resto de las provincias
patagónicas.
En agosto de 2004 la empresa italiana Ecoxilón suscribió una carta
de intención con el gobierno de Río Negro para alquilar un millón
de hectáreas de tierras fiscales por 30 años “para la forestación
y producción de oxígeno”. Si bien esa iniciativa quedó en el olvido,
en aquel momento el Consejo Asesor Indígena criticó que las autoridades
dispusieran de esas tierras desconociendo los derechos territoriales
que sobre ellas reclama su pueblo.
Especies exóticas
Además de la demanda territorial, los mapuche cuestionan la introducción
de coníferas exóticas —pinos ponderosa y contorta procedentes
del oeste de EEUU— que rompen el equilibrio entre los diferentes
elementos de la naturaleza.
Las organizaciones ecologistas comparten las críticas a las forestaciones,
asegurando que producen cambios en la acidez del suelo, se imponen
sobre las especies nativas por ausencia de predadores naturales,
desplazándolas, y modifican los regímenes hidrológicos por su
alta absorción de agua, entre otras observaciones. También anticipan
que cuando estas plantaciones estén “maduras” podrían desembarcar
en la región fábricas de pasta de celulosa, industria altamente
contaminante, para cerrar el ciclo productivo.
La actividad forestal cobró impulso a principios de la década
de los 90 cuando comenzó a implementarse un régimen de promoción,
que fue coronado en 1999 con la ley 25.080 que otorga subsidios
y exenciones impositivas, entre otras ventajas. La crisis económica
del 2001 puso un freno a esa carrera y hacia el 2003 el sector
forestal primario sólo representaba el 0,3%
del producto interno bruto, y las agroindustrias derivadas, el
2%. La posibilidad de presentar las forestaciones como Mecanismo
de Desarrollo Limpio (MDL) —según lo establece el Protocolo de
Kyoto— y obtener créditos por la captura de carbono, se presenta
como un estímulo extra.
De las provincias patagónicas, Neuquén ha dado el
mayor impulso a la actividad forestal, también favorecida
por la aptitud de sus suelos. Concentra el 60% de las plantaciones
de la región; actualmente su tasa de forestación es de 3.500
Ha anuales, y la meta fijada por el Plan Forestal Neuquino 2001
es alcanzar las 10.000 Ha anuales, con
un ritmo sostenido de plantación a lo largo de 35 años. La forestación
estatal constituye el 63%, que se realiza a través de la CORFONE,
con mayoría accionaria de la provincia.
Por Hernán Scandizzo, julio de 2008, e-mail: hernan.gsp.74@gmail.com
El artículo fue publicado originalmente
en Julio de 2008 por Noticias Aliadas, disponible en
http://www.noticiasaliadas.org/articles.asp?art=5664
inicio
-
Un desierto verde en el sur de Latinoamérica
Imagínese
un área del tamaño de 500.000 canchas de fútbol plantada con una
única especie de árbol. ¿Un bosque? No, un desierto verde. Sin
personas, sin agua, sin otras plantas. Dentro de pocos años, ese
será el paisaje de Río Grande del Sur, estado del extremo sur
de Brasil, donde tres empresas concentran la producción de celulosa,
con daños sociales y ambientales.
El estado de Río Grande del Sur, así como Uruguay y Argentina,
forma parte de un sistema ecológico conocido como Pampa, con una
biodiversidad única que incluye cientos de aves y mamíferos que
solo pueden encontrarse en ese sistema. El subsuelo de esta región
contiene una de las mayores reservas de agua de América del Sur.
Y precisamente por estas características, este territorio fue
elegido por la empresa sueco- finlandesa Stora Enso para sus proyectos
de producción de celulosa. El eucalipto, base de la celulosa,
plantado en Brasil puede ser cosechado en siete años. En Escandinavia,
cada árbol plantado para la producción de celulosa precisaría,
por lo menos, 50 años para llegar a la fase de la fabricación
de papel.
Son tres las empresas que controlan la plantación y la producción
de celulosa en Río Grande del Sur. Sin embargo, en la práctica
son una sola. Además de Stora Enso, las otras dos empresas son
Aracruz Celulose y Votorantim Celulose e Papel (VCP). Sin embargo,
Stora Enso y Aracruz son parte de la joint-venture Veracel, y
VCP es accionista del Grupo Votorantim.
Con los incentivos fiscales otorgados por el gobierno brasileño,
estas empresas adquirieron miles de hectáreas de tierras, expulsando
a las familias de pequeños agricultores de la región. En el norte
de Brasil, en el estado de Espíritu Santo, Aracruz ya había expulsado
a los pueblos indígenas de la región, robando 10 mil hectáreas
de tierras.
La adquisición de tierras también viola la ley brasileña que prohíbe
que las empresas extranjeras compren tierras en la zona de frontera.
Por ello, Stora Enso creó una empresa- fantasma, supuestamente
de brasileños, para comprar tierras a su nombre.
En las ciudades donde se instalaron, las empresas violan los derechos
de los trabajadores. Hombres, mujeres y jóvenes trabajan en la
tala de árboles sin equipos de seguridad. Para no aportar a la
seguridad social, la empresa despide a los trabajadores a los
3 meses y los contrata nuevamente con sueldos más bajos.
Además de los problemas sociales, el monocultivo para celulosa
también provocará graves consecuencias ambientales. En Uruguay,
donde la empresa finlandesa Botnia y la española Ence poseen 360
mil hectáreas, ya se registró falta de agua, se estima que un
eucalipto consume 20 litros de agua por día. Según la revista
Science (23/12/2005), la plantación de eucalipto en la pampa argentina
redujo el 52% de los flujos de agua y secó el 13% de los ríos.
En Río Grande del Sur, según investigaciones de la Universidad
Federal, el eucalipto va a consumir 20% más de agua que el volumen
que llueve en el estado. Como este árbol causa desertificación
y acidez del suelo, no se sabe qué consecuencias tendrá para las
3 mil especies de plantas del bioma Pampa.
Adicionalmente, las empresas ni siquiera tienen que pagar impuestos.
Es así porque el 97% de la producción de celulosa de estas fábricas
se destina a la exportación. En el auge del neoliberalismo, el
gobierno brasileño creó una ley que exonera de impuestos a los
productos exportados.
Hasta el 2006, el proyecto de las empresas se desarrolló en silencio,
sin ningún debate con la sociedad. En ese año, se rompió el silencio
con la protesta de las mujeres de Vía Campesina que ocuparon una
zona de plantación de eucaliptos en Río Grande del Sur. Al año
siguiente, las mujeres volvieron, y ocuparon, en esa ocasión,
diferentes áreas de eucaliptos.
Y en 2008, una vez más y siempre el 8 de marzo, ellas volvieron.
Y denunciaron la compra de áreas ilegales por parte de Stora Enso.
La reacción fue violenta.
El área de Stora Enso fue cercada por la policía, se impidió que
los periodistas entraran para registrar la acción. Con bombas
de gas lacrimógeno y gas pimienta, la policía agredió a 900 campesinas.
Médicos y abogados no pudieron entrar al área. Las mantuvieron
a todas acostadas y con armas apuntadas a la cabeza durante horas.
La alimentación solo se permitió después de doce horas.
Aún así, la historia continúa. Desde la primera acción, las campesinas
alertaron a la sociedad sobre los riesgos de las fábricas de celulosa.
Ahora, sus acciones permitieron una mayor articulación con movimientos
campesinos y ambientales de América del Sur. Así como el capital
no tiene fronteras, las campesinas brasileñas enseñan que la lucha
tampoco puede tenerlas.
Miguel Enrique Stédile, integrante del
Movimento Sem Terra y de Via Campesina - Brasil.
inicio
- Chile: un modelo forestal que genera pobreza e indigencia
El caso de Chile es presentado en América
Latina como un modelo exitoso en materia forestal, a pesar de
que numerosas organizaciones chilenas y en particular de indígenas
Mapuche vienen denunciando desde hace años los impactos de las
grandes plantaciones de pinos y eucalipto instaladas en el sur
del país. Sin embargo, ello no ha sido obstáculo para que
bien pagos consultores forestales continúen repitiendo las mismas
mentiras y convenciendo a los gobiernos de otros países (Perú
y Ecuador son los casos más recientes) a transitar el
”exitoso” camino chileno. Como parte del paquete publicitario,
los promotores del modelo incluyen la supuesta capacidad de generación
de empleos de las plantaciones y la resultante mejora en la calidad
de vida de las poblaciones locales.
En ese contexto, el siguiente extracto
de un documento elaborado por dos ingenieros forestales de la
Universidad Austral de Chile (1), demuestra la falsedad de dichas
afirmaciones e ilustra, a partir de estadísticas oficiales, la
dimensión del desastre social de este modelo. Al respecto dicen:
“Una de las mayores contradicciones
del sector forestal chileno es que mientras ha habido un crecimiento
notable de las exportaciones forestales a partir de plantaciones
de pino y eucalipto principalmente distribuidas en las Regiones
VIII y IX, la población de esas Regiones no ha visto mejorada
su calidad de vida. Durante el rápido proceso de expansión de
las plantaciones (principalmente durante los 70 y 80) ocurrieron
problemas de migraciones, crecimiento explosivo de pueblos bien
establecidos y de desempleo. En la actualidad la actividad forestal
en Chile se concentra desde las Regiones VII hasta X, y son justamente
estas cuatro Regiones las que tienen los Indices de Desarrollo
Humano (IDH) más bajos. Según datos del gobierno, entre 1990 y
1998 las Regiones VIII y IX han sido aquellas con mayor cantidad
de pobres (40,5% en promedio en 1990 y 27,3% en promedio en 1998)
e indigentes (15,2% promedio en 1990 y 8,5% promedio en 1998).
De acuerdo a la misma fuente, la relación entre pobreza y distribución
del ingreso es evidente de acuerdo al Coeficiente de Gini: en
1998 las Regiones VIII y IX presentaban las peores condiciones
de distribución del ingreso en Chile. Por áreas particulares,
la IX Región es aquella con un mayor porcentaje de gente que recibe
salud entre regular y muy mala (41,7%), y en educación, las Regiones
VII, X y IX son aquellas con mayor porcentaje de población entre
4 y 17 años que no asiste a un establecimiento educacional. Más
aún, la VIII Región, que concentra las mayores superficies de
plantaciones de especies exóticas, es también la más pobre y aquella
con el porcentaje de población rural indigente más alto del país.
Luego de la VIII Región, la IX Región es aquella de mayor actividad
forestal en Chile y la de mayor concentración de población Mapuche.
Los Mapuche en esta Región perciben la mitad de los ingresos y
sus IDH en todos los aspectos son inferiores a los de la gente
no Mapuche. Adicionalmente, en la actualidad existen severos conflictos
entre empresas forestales o agrícolas y comunidades Mapuche por
reclamos relativos a propiedad de tierras.”
“Aunque sería injusto atribuir los problemas
señalados exclusivamente al sector forestal, los datos señalados
sugieren al menos que éste no ha contribuido a mejorar la situación
socioeconómica de los habitantes de estas regiones, ni siquiera
a nivel rural. Para ilustrar, entre los años 1987 y 1996 las Regiones
VII, VIII y IX, además de la III, fueron las que registraron peores
índices de superación de la pobreza, mientras que las exportaciones
forestales durante el período fueron en ascenso. Esto se explica,
entre otros factores, por los bajos sueldos de los trabajadores,
factor que justamente ha ayudado a atraer capitales al sector
forestal chileno.”
Los comentarios huelgan.
(1) Donoso, Pablo y Otero, Luis (2005).-
Hacia una definición de país forestal: ¿Dónde se sitúa Chile?
Bosque (Valdivia) v.26 n.3. Valdivia, diciembre
inicio
-
Victorias de la resistencia popular en Perú y Brasil
En medio de tanta apropiación y despojo
de los grandes intereses mercantiles resulta refrescante recibir
noticias que dan cuenta de victorias logradas por la tenaz resistencia
de los pueblos.
En Perú, el gobierno del Presidente Alan García, en el marco de
la implementación del Tratado de Libre Comercio con los Estados
Unidos, aprobó más de 30 leyes y decretos tendientes a expandir
la frontera extractiva en la Amazonía, procurando desmantelar
los derechos comunitarios y las comunidades mismas, facilitando
la venta de sus tierras, flexibilizando los modos de parcelación
o venta, retirándoles las protecciones espaciales de las que gozaban.
En suma, la apuesta era quitarles las tierras, con tal codicia
que se hablaba de dar en concesión hasta las zonas bajas o playas
que aparecen en los ríos y donde la gente pobre cosecha su arroz
o maíz. En torno a este proyecto se movilizaban los intereses
de agrocombustibles, plantaciones de árboles, petróleo y minería
(ver Boletín No 129 del WRM).
Una de las empresas que se pensaba beneficiar de ese despojo era
la compañía de celulosa chilena CMPC, poseedora de enormes áreas
de plantaciones de pinos y eucaliptos en Chile, instaladas durante
la dictadura Pinochetista en territorios indígenas Mapuche. Al
referirse al proyecto de la empresa de invertir millones de dólares
en Perú, el presidente de la Corporación Chilena de la Madera
y ex Ministro de Pinochet Fernando Leniz dijo que: “Allá [en Perú]
hay un mejor clima laboral y un mejor control contra la violencia.
Le está haciendo muy mal a Chile esta idea de que a través de
la violencia y de la ilegalidad los grupos de presión pueden satisfacer
sus demandas”. Con esas palabras se refería a la lucha legítima
del pueblo Mapuche para recuperar sus territorios ancestrales.
Sin embargo, ni Léniz ni el gobierno peruano se esperaban la firme
reacción de los pueblos amazónicos en defensa de sus derechos.
El 8 de agosto, más de 3.000 indígenas y población mestiza de
diversas regiones amazónicas se movilizaron declarando un paro
nacional indefinido contra los decretos del Ejecutivo.
El resultado de la protesta social y las movilizaciones fue que
el 22 de agosto el Congreso de la República derogó los Decretos
Legislativos 1015 y 1073, que el Gobierno intentaba imponer en
desmedro de los Derechos Colectivos Indígenas y a favor de grupos
económicos. El triunfo indígena en el Perú es una clara señal
de poder a quienes pretenden destruir la Amazonía y por el momento
hace imposible la instalación de grandes monocultivos de árboles
en esa región.
En el caso de Brasil, una histórica decisión judicial acaba de
fortalecer la lucha popular contra los monocultivos de eucaliptos.
En efecto, el 28 de agosto pasado, el Tribunal de Justicia juzgó
y mantuvo por unanimidad la decisión que determinaba la suspensión
inmediata de toda plantación de eucaliptos en el municipio de
São Luiz do Paraitinga-São Paulo, en virtud de los nefastos efectos
ambientales y sociales derivados de la expansión industrial de
este monocultivo, hasta que las empresas transnacionales que llevan
adelante las plantaciones realicen Estudios de Impactos ambientales
en todas las tierras que cubre este monocultivo devastador, protegidos
por las indispensables audiencias públicas con la población rural
afectada. La violación de la medida traerá como consecuencia una
multa diaria de 10.000 reales (unos 6.000 dólares estadounidenses).
En una decisión inédita el Tribunal de Justicia también se desestimó
el pedido de la Promotora de Justicia de São Luiz que intentaba
impedir que la Defensoría hiciese el seguimiento de la acción
y que cuestionaba la legitimidad de la Defensoría para actuar
en el proceso, sin embargo el Tribunal de justicia entendió, por
unanimidad, que la Defensoría no solo puede sino que debe actuar
por el bien de la población en cuestiones ambientales.
El defensor público y autor de la acción, Wagner Giron denuncia
que “Ellos [especialmente las empresas Votorantim Celulosa y Papel,
y Suzano Papel y Celulosa] no respetan ninguna norma ambiental.
Plantan los árboles sobre los cerros, en bosques nativos, invadiendo
manantiales y secando cursos de agua. Aquí ya hubo intoxicación
humana, mortandad de peces y animales. Todo en virtud de esa violación
a las normas ambientales”.(1)
Es importante resaltar que las plantaciones de eucalipto cubren
hoy aproximadamente un 20% del municipio de São Luiz.
Casos como estos en Perú y Brasil son luces de esperanza que iluminan
el camino de la resistencia justa de los pueblos.
Artículo basado en: para Perú: comunicación con Vladimir Pinto,
correo electrónico:
vladimirpinto@gmail.com; y Paul Mcauley, Red Ambiental Loretana,
correo electrónico:
redambientalloretana@yahoo.com; “Perú: Un Importante Triunfo
de los Pueblos Indígenas Amazónicos”, Mapuexpress, Informativo
Mapuche,
http://www.mapuexpress.net/?act=news&id=3164&PHP
SESSID=847e1084eea7a047e12fd762591bd28a; para Brasil: comunicación
con Geise Pereira, FASE-ES, correo electrónico:
geise.fase@terra.com.br; (1) “Brasil: Tribunal de Justiça
suspende plantio de eucalipto em município de SP”,
http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/39528
inicio
En
ASIA
– Camboya: mujeres indígenas se pronuncian para proteger el bosque
y los medios de vida tradicionales contra las compañías plantadoras
de caucho
En
el noreste de Camboya, diversos grupos indígenas viven desde hace
siglos preservando un ecosistema de bosque inmenso y extremadamente
diverso, que se mantuvo intacto hasta hace pocas décadas, cuando
comenzó su explotación masiva. Las prácticas agrícolas indígenas,
como en muchas otras zonas boscosas del mundo, han contribuido
a mantener allí la diversidad biológica y figuran entre las más
sustentables que se conocen hasta ahora.
La
perturbación de este sistema ecológico y social está lleno de
consecuencias para las comunidades y mujeres indígenas, como lo
explica esta mujer bunong de Mondulkiri:
“La
compañía cortó todos los árboles para hacer las plantaciones.
Dicen que los indígenas también talan el bosque. ¡Pero los indígenas
no hacen eso! Nosotros interrogamos a los espíritus antes de talar,
tratamos de entender a través de los sueños si los espíritus están
de acuerdo, luego talamos sólo pequeñas parcelas para hacer nuestros
cultivos, y nunca cortamos los árboles grandes. En cambio, la
compañía corta todo, así que ahora no hay más árboles, ni animales,
ni siquiera vegetales. Había seis grandes bosques aquí en los
alrededores, y muchísimos animales silvestres; encontrábamos verduras,
medicamentos, resina, raíces, peces, frutos.
Ahora
el bosque fue talado y los espíritus expulsados, de modo que ya
no ayudan a la comunidad. Para nuestros mayores se ha vuelto difícil
hacerse respetar por los jóvenes. Antes, los espíritus estaban
en torno a la aldea y los jóvenes eran más respetuosos. Los espíritus
ya no ayudan a la comunidad, ni siquiera si nos falta alimento
o en caso de enfermedad.
Tenemos
miedo de los trabajadores de la compañía, miedo de los drogadictos,
de que nos violen, y de que le peguen a nuestra gente. Esa gente
anda por aquí desde hace dos años; vamos a todas partes acompañadas
por hombres, porque tenemos miedo. No respetan a las mujeres,
por eso tenemos miedo, y tememos que los hombres de la aldea se
vuelvan como ellos, sobre todo los jóvenes.”
Las
plantaciones comerciales no sólo perturban el medio ambiente ecológico,
también tienen duras consecuencias para la población. La inmigración
masiva de trabajadores que se produce habitualmente cuando se
crea una plantación provoca la sobreexplotación de recursos, como
animales silvestres y peces, que se vuelven escasos y menos accesibles
para las comunidades indígenas. Los inmigrantes provocan a su
vez la migración de otras personas no indígenas, como proveedores
de servicios, y esto suele contribuir a modificar el equilibro
demográfico en la zona. Los trabajadores de las plantaciones son
casi siempre hombres; así, la prestación de servicios sexuales
comienza a multiplicarse y esto contribuye a devaluar el estatus
de las mujeres en general, y a hacer que la vida social se vuelva
más machista.
Una
mujer Tampuan de Ratanakiri lo explica así: “Aquí ya no quedan
bosques, sólo tenemos plantaciones de caucho. Ahora todo el mundo
también quiere vender la tierra; quieren plantar castañas de cajú,
soja o mandioca. La gente se quejó de estas ventas de tierras,
pero no pudieron recuperarlas. Ahora los aldeanos hacen lo mismo
y quieren también ellos vender sus tierras. Piensan que si no
venden, las compañías se las van a sacar de todos modos. Los hombres
quieren vender la tierra, ya no escuchan a las mujeres, quieren
dinero. A los ancianos les responden: ‘si queremos vivir de otra
manera es cosa nuestra, no es asunto de ustedes...’ No escuchan
a los ancianos y venden su tierra; luego invaden la tierra de
otros, se producen disputas, dicen que es un asunto privado, no
de la comunidad, y empieza a haber montones de conflictos entre
la gente y entre los hombres y las mujeres. Los hombres beben,
¡y cuando no tienen dinero venden pedazos de tierra para pagar
sus deudas! Los que venden su tierra se vuelven pobres, y luego
borrachos. Las familias sin tierra suelen ponerse a beber mucho,
viven emborrachándose”.
Donde
la explotación comercial intensiva en tierras que antes eran bosque
tiene consecuencias más dramáticas es en las comunidades. Esta
forma de desarrollo transmite valores sumamente destructivos para
la trama social de las comunidades indígenas y de los seres humanos
en general. El dinero, el individualismo, la competencia y el
consumismo rompen el pacto de solidaridad que anima a las comunidades.
Aparecen divisiones entre sus miembros, entre los viejos y los
jóvenes, entre las mujeres y los hombres. La economía de mercado
es machista, y los hombres suelen dejarse seducir más fácilmente
por el atractivo del dinero y la economía monetaria.
Las
mujeres pagan caro esta perturbación de sus sociedades y valores.
Su carga de trabajo aumenta, dado que muchos recursos que suelen
recolectar en las cercanías, como leña, agua, vegetales, materiales
para artesanías, herramientas, medicinas, pequeños animales o
resina, ya no están a mano. Cuando llegan las plantaciones, los
indígenas tienen que llevar sus cultivos a otra parte, lo cual
obliga a las mujeres a hacer largas caminatas para llegar a ellos
y trabajar en la huerta familiar. Si los hombres son contratados
para trabajar en la plantación, las mujeres quedan solas para
ocuparse de todo. Su trabajo en la propiedad familiar garantiza
la alimentación de la familia, pero es una tarea invisible y no
valorada porque no se inscribe en el marco de la economía monetaria.
Sin embargo, es esto lo que permite a las empresas sacar ventaja
manteniendo bajos los salarios de los trabajadores. En el contexto
masculino que esta forma de desarrollo neo-colonial está forjando,
las mujeres indígenas cumplen tareas agotadoras pero no reconocidas,
y su posición en la sociedad se debilita cada vez más.
Para
las mujeres, el bosque representa mucho más que la mera subsistencia:
también es placer, un lugar agradable, diversión, una puerta abierta
a la imaginación. Como dice Lun, una mujer de Ratanakiri: “A
nosotras las mujeres nos gusta mucho el bosque, es fresco y es
divertido. Nos gusta ir allí, no nos asusta, y pasamos buenos
momentos. Cuando yo era niña solíamos ir al bosque y dormir allí,
con mi padre y mi tío que vivía en una aldea cercana. Era algo
muy agradable, atrapar pececitos y cangrejos en las charcas, recolectar
resina o encontrar brotes de bambú. A veces encontrábamos algún
tipo especial de hojas, y solíamos pasar allí la noche para recolectar
resina. Pero ahora es difícil porque está la compañía, no sabemos
cómo sucedió, si el bosque fue vendido o si simplemente lo tomaron,
lo cercaron y pusieron un cartel para prohibir la entrada.”
Cuando
un bosque es talado se pierde algo más que los productos tangibles.
El bosque es el refugio de los espíritus, la fuente de historias
y epopeyas, un lugar de aventuras y desafíos, y el lugar que aguarda
a todos al final de la vida. Y también concierne a las estrellas,
como nos dijo una joven Kreung de Ratankiri: “Cuando hay muchas
estrellas en el cielo, algunas vienen a dormir con las niñas y
otras van a dormir con los varones. Yo aprendí de los mayores
que las estrellas cuidan el bosque. Eso es lo que sé.”
Por
Margherita Maffii, Phnom Penh, setiembre de 2008, correo
electrónico:
mafpol@gmail.com
inicio
- Indonesia: duras condiciones laborales para las trabajadoras
de las plantaciones de palma aceitera
Indonesia es el segundo productor
mundial de aceite de palma; cerca del 80% de la producción total
de aceite de palma proviene de Malasia e Indonesia. Con cerca
de 6 millones de hectáreas plantadas con palma aceitera, Indonesia
tiene prevista una considerable expansión y planea llegar a 20
millones de hectáreas de aquí a 2020.
La expansión de la palma aceitera ha implicado y sigue implicando
la ocupación de tierras tradicionales por empresas que empiezan
por “despejar el terreno” (o sea deforestarlo) para luego establecer
una plantación. La ocupación de la tierra implica a su vez el
desplazamiento de las comunidades de la zona, lo cual desencadena
numerosos conflictos, unos 400 en todo el país, según la ONG indonesa
Sawit Watch.
Para las comunidades rurales, la tierra es la base de sus medios
de vida. Según el WorldWatch Institute, un “estudio realizado
en la zona en 2006 comprobó que los sistemas de pequeñas propiedades
agrícolas permitían subsistir a 260 veces más personas por hectárea
que las plantaciones de palma aceitera.” (1)
Sin embargo, las compañías de palma aceitera llegan protegidas
por concesiones legales y con falsas promesas de empleo para las
comunidades. Los campesinos que se han visto privados de su tierra
y sus medios de vida suelen estar obligados a emigrar, y terminan
viviendo en tugurios urbanos o trabajando en esas mismas plantaciones
que los desalojaron. Una vez allí, deben enfrentar la pobreza,
condiciones laborales inseguras, frecuentes violaciones de sus
derechos, paga insuficiente e intimidaciones por parte de sus
empleadores.
Oxfam Internacional denunció que “Si bien las leyes indonesas
reconocen el derecho de formar un sindicato, la Confederación
sindical internacional señala que, en la práctica, los derechos
sindicales se ven considerablemente disminuidos por la intimidación
y por los larguísimos procesos de mediación que terminan obligando
a los sindicatos a recurrir a la huelga salvaje. En este contexto,
la compañía aceitera indonesa Musim Mas despidió en 2006 a más
de 700 sindicalistas, en represalia por haber hecho huelga; sacó
por la fuerza de sus hogares a los trabajadores y a 1.000 miembros
de sus familias y expulsó a sus hijos de la escuela” (2). (Ver
también el Boletín nº 109 del WRM)
El trabajo en las plantaciones de palma aceitera es duro tanto
para los hombres como para las mujeres, aun siendo diferente.
Es frecuente que las mujeres ayuden a sus maridos, generalmente
sin remuneración, para que ellos puedan cumplir con las exigentes
cuotas de producción. Aparte de eso, las mujeres tienen que ocuparse
de los niños, preparar la comida y traer la leña y el agua que
están ahora bastante lejos porque las plantaciones destruyeron
el bosque. Cuando las mujeres trabajan como empleadas suelen recibir
salarios inferiores a los de los hombres. Esta discriminación
se establece argumentando que su trabajo es más sencillo que el
de los hombres.
Según un artículo de la Rainforest Action Network, “A las mujeres
se les asigna tareas que parecen menos exigentes pero que, en
realidad, son más peligrosas y exigen mayor esfuerzo físico que
las de los hombres. En Indonesia, se encarga a las mujeres la
pulverización de plaguicidas porque esta tarea es menos agotadora
que otras. Lamentablemente, raras veces les dan el equipo de protección
adecuado, como guantes y máscaras. Cuando vuelven a sus hogares,
tienen que preparar la comida para sus familias, llevando aún
residuos de plaguicidas en la piel y en la ropa”. (3)
Paraquat y Glifosato (Roundup) son los herbicidas más comúnmente
utilizados en las plantaciones de palma aceitera. Además de los
problemas de salud que provoca la exposición directa a estos tóxicos,
la publicación Down To Earth (DTE) reveló que los herbicidas pueden
ser barridos por la lluvia “hasta los ríos y arroyos que son la
única fuente de agua para todas las necesidades domésticas – incluso
para beber – de las aldeas que rodean las plantaciones. Por otra
parte, los suelos arenosos no retienen los herbicidas”. (4)
La publicación da rostro humano a las estadísticas citando el
caso de Mardiana, más conocida como Etek, quien trabaja para PT
Agro Masang Perkasa, en el distrito de Agam de Sumatra occidental.
“Trabaja allí desde 1994 y lo seguirá haciendo, dado que no hay
otro empleo que pueda conseguir para mantenerse a sí misma y a
su familia”, explica un breve informe basado en una entrevista
que se le realizó en Bogor, en junio de 2008. (5)
Desde que un herbicida le entró por accidente en el ojo derecho
hace tres años, no ve con ese ojo. “Antes, cuando algo me entraba
en el ojo yo lo frotaba. Ahora está así, como el ojo de un pescado
salado”, dice.
Etek trabaja en la plantación, principalmente pulverizando herbicidas
entre las filas de palmeras. Hay sólo tres grupos de pulverizadores.
Cada grupo se compone de nueve o diez personas, y hay una que
está a cargo. En un día, cada persona debe cubrir nueve filas
o aproximadamente dos hectáreas.
Con dos litros de Roundup mezclados con 16 litros de agua, los
trabajadores y trabajadoras pueden cubrir dos hectáreas de plantación.
En general trabajan en parejas, y cada persona gana Rp30.000 (US$
3,25) por esas dos hectáreas. En la época de la cosecha, Etek
gana también Rp 400 (unos 4 centavos de dólar) por cada racimo
de frutos de palma, sin importar si son grandes o chicos. Como
pulverizadora, también recibe Rp 8.000 (alrededor de 80 centavos
de dólar) para comprar leche. Al inicio, la empresa les da máscaras
de protección y el equipo de pulverización, pero no los reemplaza
cuando se gastan o se rompen. Un nuevo pulverizador, o lo que
los trabajadores llaman un “kep”, cuesta Rp 200.000 (US$ 22),
y se puede pagar en cuatro cuotas mensuales.
Aunque no reciben formación suficiente sobre los peligros de los
productos químicos tóxicos, Etek y sus amigas saben que no deben
hablar mientras pulverizan, hasta que llegan al tanque de agua
donde rellenan los pulverizadores. Saben que los productos químicos
tóxicos pueden entrar en su cuerpo por la boca.
Sea que el producto final de ésta u otra
plantación de palma aceitera sea biodiesel, cosmético o aceite
de palma, la etiqueta que indica el contenido debería incluir
el porcentaje de salud perdida por Etek y las demás trabajadoras
de la plantación. Por lo menos para rendir cuentas ante la sociedad.
Fuentes:
(1) http://www.worldwatch.org/node/5821
(2)
http://www.oxfam.org.nz/imgs/pdf/biofuels%20briefing%20note.pdf
(3)
http://ran.org/campaigns/rainforest_agribusiness/resources/fact_s
heets/hostile_harvest_us_agribusinesses_and_labor_rights_abuses/
(4)
http://www.downtoearth.org.in/
(5) http://dte.gn.apc.org/78.pdf
inicio
- Malasia: quiénes pierden con el negocio de la palma aceitera
En
Malasia, la expansión del aceite de palma va de la mano de la
deforestación – si bien los funcionarios del gobierno sostienen
lo contrario.
Un
comunicado de prensa emitido por Sahabat Alam Malaysia [SAM] Amigos
de la Tierra, Malasia, el 6 de agosto de 2008, revela que unos
2,8 millones de hectáreas de tierras, principalmente boscosas,
de Sarawak, fueron entregadas para concesiones de plantaciones,
sobre todo de palma aceitera y árboles de crecimiento rápido para
celulosa.
Sin
embargo, las comunidades que poseen Derechos Consuetudinarios
Nativos en dichas zonas no fueron tomadas en cuenta en el proceso
de otorgamiento de licencias. Como dice la declaración, ellos
en general se dan cuenta de que “su tierra será afectada recién
después de comenzado el trabajo en el terreno. … Una vez que sus
tierras son desmontadas, los pueblos pueden verse afectados por
impactos ambientales que van desde la alteración de los ciclos
ecológicos, del agua y de los nutrientes del suelo hasta la erosión
y la sedimentación de los ríos, los peligros de incendio y la
contaminación causada por los agroquímicos y las plantas de procesamiento”.
Para
los indígenas de Sarawak, la tierra que les pertenece por Derecho
Consuetudinario Nativo es muy importante. Como explicó Tuai Rumah
Ladon anak Edieh, un agricultor de 70 años que vive en Ulu Bawan,
distrito de Balingian, división de Mukah, durante una entrevista
realizada en 2006:
“La
tierra satisface todas nuestras necesidades, como el alimento
que obtenemos de los cultivos que plantamos, las plantas silvestres
que recolectamos y las hierbas que utilizamos como medicina. Utilizamos
nuestro bosque para obtener la madera con que construimos nuestra
casa comunitaria, nuestra canoa y nuestro ataúd cuando morimos.
Podemos cazar jabalíes y otros animales así como pescar en los
riachuelos de las zonas que nos pertenecen por el derecho
consuetudinario nativo. Estamos apegados a nuestras tierras. …
Si nos quitan la tierra no vamos a poder sobrevivir.”
Pero
ese es el destino al que se han enfrentado. En 1973, fueron engañados
por los políticos y los funcionarios del gobierno para “desarrollar”
su tierra plantando palma aceitera. El acuerdo con la empresa
comenzó como una especie de arrendamiento de la tierra y se ofreció
a la comunidad la posibilidad de trabajar en la plantación por
un salario bastante bajo, que no compensaba los recursos que obtenían
del bosque. Y para colmo, la compañía continuó plantando palma
aceitera después de vencido el período de arrendamiento.
Un
artículo de Rhett A. Butler, publicado en Mongabay (http://www.mongabay.com/borneo/borneo_oil_palm.html),
habla de la disminución significativa de la diversidad biológica
luego de la conversión del bosque en plantación de palma aceitera,
y explica que “muchos animales no quieren moverse entre las plantaciones
mientras que otros, como los orangutanes, se vuelven una plaga
para los cultivos y quedan bajo la amenaza de la caza furtiva
por parte de los encargados de las plantaciones. El uso de herbicidas
y plaguicidas puede también afectar la composición de las especies
y contaminar los cursos de agua de la zona. Los sistemas de drenaje
necesarios para las plantaciones (en Borneo, las plantaciones
de palma aceitera se hacen a menudo en bosques de pantano) pueden
hacer disminuir los niveles freáticos, afectando las zonas boscosas
vecinas. Además, la destrucción de las turberas aumenta el riesgo
de inundaciones e incendios. Los fuegos iniciados por grandes
propietarios de plantaciones de palma aceitera para despejar la
tierra fueron la principal causa de los incendios masivos de 1997-1998
en Borneo. … El sistema existente parece arrastrar a algunos propietarios
de pequeñas plantaciones a una situación similar a la esclavitud”.
Para
las comunidades indígenas, la invasión de sus territorios por
industrias extractivas significó el trastorno de sus economías
de subsistencia; luego fueron forzadas a entrar en una economía
monetaria, que en general depende de la madera. Sin embargo, como
explica Butler: “Dada la escasez de madera en algunas partes de
Borneo … la palma aceitera parece ser la mejor alternativa para
comunidades que, a duras penas, se ganan la vida con el cultivo
de caucho, las quintas de frutales y los arrozales de subsistencia.
Cuando una gran empresa agrícola llega a una zona, algunos miembros
de la comunidad suelen mostrarse ansiosos por formar parte de
una plantación de palma aceitera. Al no tener títulos legales
de sus tierras, los negocios suelen estructurarse como para que
los miembros de la comunidad adquieran de 2 a 3 hectáreas (508
acres) para el cultivo de palma aceitera. Normalmente piden prestados
entre 3.000 y 6.000 dólares (a un interés anual del 30 por
ciento), para comprar las plantas,
fertilizantes y otros insumos. Como la palma aceitera demora aproximadamente
7 años en dar frutos, trabajan como jornaleros en plantaciones
maduras, por 2,50 dólares por día. Mientras tanto, su parcela
no genera ningún ingreso pero requiere fertilizantes y plaguicidas,
que deben comprar a la empresa de palma aceitera. Cuando su plantación
se vuelve productiva, el ingreso promedio mensual por un lote
de 2 hectáreas es de $ 682 a $ 900. En el pasado, según Curran,
el caucho y la madera generaban entre 350 y 1000 dólares por mes.
El bajo nivel de ingreso combinado con los altos costos de puesta
en marcha y los pagos de intereses relativamente altos, prácticamente
asegura que los pequeños propietarios estarán endeudados con la
empresa a perpetuidad. El cultivo de palma aceitera también hace
que la población local se vuelva más dependiente de las empresas
agrícolas, ya que dejan de cultivar sus propios alimentos.”
Mientras
tanto, las empresas de palma aceitera están haciendo fortunas.
“Algunas empresas de Kalimantán Occidental están teniendo una
tasa de retorno interno anual del 26 por ciento en un período
de 25 años; una cifra increíble”, revela Butler. Parece que el
actual auge de la demanda de agrocombustible permite que las plantaciones
de palma florezcan a expensas de las comunidades locales.
Artículo
basado en: “Plantation development in Sarawak, deforestation and
Native Customary Rights (NCR)”, August 6, 2008, Sahabat Alam Malaysia
[SAM] Friends of the Earth, Malaysia, sent by SAM, e-mail:
sam_inquiry@yahoo.com;
" Indigenous Community Struggle - Sungai Bawan, Balingian,
Mukah Case",
http://www.rengah.c2o.org/assets/pdf/de0122a.pdSarawak;
“The Impact of Oil Palm in Borneo”, Rhett A. Butler,
http://www.mongabay.com/borneo/borneo_oil_palm.html
inicio
- Tailandia: la diversidad y el uso comunitario de los bosques
versus el monocultivo y los parques
La ruta que une Trang y Krabi, en el sur de Tailandia,
es un ejemplo de lo que los economistas llaman desarrollo. Lo
que antes era un bosque tropical exuberante se ha convertido en
filas y más filas de palmas aceiteras o árboles de caucho. Sólo
rompen la monotonía, aquí y allá, unas pocas casas y tiendas rodeadas
por un mar de monocultivos de árboles. Al final de la ruta, granjas
camaroneras ocupan el lugar de los manglares, y sólo una delgada
fila de mangles bordeando el río ha escapado a la destrucción.
El monocultivo parece haber ganado la partida a la rica diversidad
de la región.
Enfrentados a las críticas que provoca este modelo, los funcionarios
gubernamentales se apresuran a responder que la diversidad biológica
está protegida en una serie de parques nacionales y reservas que
garantizan la conservación de las especies nativas de flora y
fauna.
Sin embargo, muchos habitantes de la zona están descontentos,
tanto con los monocultivos como con las políticas oficiales para
la conservación del bosque, y han formado organizaciones para
que esta situación cambie. Una de estas organizaciones es la “Red
de organizaciones populares para la cordillera de Bantad”, en
la cual se han reunido diversas personas que se enfrentan a problemas
similares.
Los problemas empezaron hace unos 30 años, cuando el gobierno
comenzó a establecer diversos tipos de áreas protegidas en los
bosques en los que las comunidades locales habían vivido por siglos,
como es el caso del grupo étnico Sakai. Para poder permanecer
en la zona debían probar que vivían allí antes de que la ley forestal
fuera aprobada. Más aún, sólo se les autorizaría a realizar sus
actividades tradicionales en el bosque si: 1) la zona no era considerada
“en peligro” o “vulnerable” por el gobierno; 2) la pendiente era
de menos de 30%. La aplicación de estas dos condiciones volvía
ilegales casi todas las actividades, dado que cualquier zona puede
ser declarada “vulnerable” o “en peligro”, y que las comunidades
locales han usado siempre todas las alturas de terreno con distintos
fines.
Lo que esconde el modelo de conservación mencionado es el papel
histórico que ha cumplido el gobierno en la destrucción del bosque,
al promover tanto el monocultivo como las concesiones forestales.
En el caso del monocultivo, los miembros de la Red de la cordillera
Bantad explican que “el Fondo del Caucho pertenece al gobierno.
Los funcionarios del Fondo vienen a la zona para promover las
plantaciones de caucho. Los agricultores locales reciben fondos
para plantar monocultivos en tierras individuales, por medio de
un contrato. Al principio la gente está contenta, pero luego surgen
los problemas. Antes, tenían huertos integrados de caucho y otras
plantas, pero ahora son monocultivos, y hay deslizamientos de
terreno. La gente pierde sus medios de vida tradicionales. Otra
consecuencia es que aumenta el control gubernamental, de modo
que las actividades de la gente del lugar son declaradas ilegales
y sancionadas. La vigilancia la realizan los guardias forestales,
incluso con helicópteros. Hay muchos juicios contra los pobladores
(13 en este momento), y también multas que van de 100.000 a 5
millones de baths. La comunidad también debe pagar fianzas para
sacar a su gente de la cárcel.”
El gobierno también es responsable de la destrucción del bosque
debida a las concesiones forestales pasadas. Los representantes
de una comunidad miembro de la Red de la cordillera Bantad explicaron
que vinieron con la compañía maderera y
luego se quedaron en la zona. Ahora han establecido un sistema
de huertos integrados tradicionales, donde los árboles de caucho
alternan con frutales, beteles, pimientos, porotos y una larga
lista de otras plantas que cubren sus necesidades. Así, la comunidad
está mejorando un entorno que fue degradado por una concesión
forestal otorgada por el gobierno.
A pesar de la función positiva que están cumpliendo, las comunidades
tienen problemas con el gobierno. Según explican, tienen poca
tierra para la agricultura (de 1 a 5 hectáreas por familia) y
usan el bosque como parte de sus medios de vida. La mayoría viven
de lo que producen sus huertos, complementado con la caza (sin
armas de fuego), la pesca, la recolección de caracoles, hongos,
brotes de bambú y otras actividades similares. Pero, según el
gobierno, la mayoría de estas actividades son ilegales. “En realidad,
todo es ilegal”, dicen ellos. El gobierno trató de reubicarlos,
pero no lo aceptaron y se resistieron de todas las formas posibles.
Su lucha es por la seguridad alimentaria, por el derecho a elegir,
por “el derecho de definir nosotros mismos nuestro futuro”.
Un aspecto que merece ser destacado es la ruta de acceso a la
comunidad mencionada. Uno de los argumentos que usan los gobiernos
para abrir rutas en el bosque es que eso permitirá a la gente
estar en contacto con el mundo exterior. Sin embargo, la mayor
parte de esas rutas se construyen para favorecer a las empresas
que quieren acceder a los recursos naturales (madera, minerales).
Por lo tanto, son lo bastante anchas como para que puedan pasar
los grandes camiones que extraen dichos recursos. En cambio, en
el caso de esta comunidad, la ruta está hecha para la gente, adaptada
a la situación local, donde la mayoría de las familias poseen
una motocicleta; por lo tanto, tiene menos de un metro de ancho
y sólo está pavimentada en las pendientes pronunciadas. La gente
puede pasar fácilmente, pero las empresas no.
Otro proceso interesante que se está desarrollando en la región
es la Red de Agricultura Alternativa. Como el precio de la palma
aceitera y el caucho es alto en este momento, los agricultores
locales ganan mucho con estos cultivos. Al mismo tiempo, los fertilizantes
químicos se han vuelto muy caros por el alto costo del petróleo.
Esto, junto a los problemas de salud y ecológicos del uso de agrotóxicos,
ha llevado a que más agricultores estén dispuestos a adoptar una
agricultura más diversificada y orgánica. Los fertilizantes químicos
están siendo reemplazados por productos orgánicos, y se están
introduciendo muchas otras plantas (para alimento, madera, medicina,
fibras) debajo de los monocultivos. Aunque la producción del cultivo
principal se reduce un poco, esto se ve compensado por el menor
costo y por la gran variedad de otros productos para autoconsumo
y comercialización. También se percibe este método como un seguro
contra eventuales caídas del precio internacional del caucho y
el aceite de palma, como ya sucedió en el pasado, sobre todo en
el caso del caucho.
En suma, los habitantes y las comunidades se han organizado para
proteger su medio ambiente, sus medios de vida y sus derechos.
El paquete de monocultivos, agrotóxicos y áreas protegidas contra
la gente propuesto por el gobierno está siendo reemplazado por
un sistema diversificado, de base comunitaria y respetuoso del
medio ambiente. Como dicen los habitantes de la zona, “queremos
estar orgullosos de lo que somos y de lo que hacemos”. Ciertamente,
tienen motivos para estarlo.
Artículo basado en testimonios locales recogidos durante una visita
efectuada por el WRM en julio de 2008.
inicio
En ÁFRICA
– Camerún: los Bagyeli, grandes víctimas
de las plantaciones industriales
En
el suroeste boscoso de Camerún, cerca de Kribi, se encuentran
dos plantaciones industriales gigantescas que cubren en total
una superficie de 62.000 ha. Una de ellas, HEVECAM, es un monocultivo
de heveas perteneciente al grupo singapurense GMG, y la otra,
SOCAPALM, es una plantación de palma aceitera, propiedad del grupo
francés Bolloré.
HEVECAM
y SOCOPALM lindan con una decena de comunidades de cazadores recolectores
bagyeli (“pigmeos”). Estos se han caracterizado siempre por su
gran dependencia del bosque y por su notable habilidad para manejarlo.
La aldea bagyeli es la unidad socioeconómica central, en torno
a la cual se organizan las actividades de producción y consumo,
basadas en la caza y la recolección pero también, cada vez más,
en la agricultura. La economía tradicional bagyeli se guía por
los ciclos reproductivos naturales (no agrícolas). Cada aldea
se compone de algunas chozas (hasta una decena) donde vive una
población que puede oscilar entre 15 y 70 personas. El funcionamiento
de las aldeas es sumamente igualitario. Cada una posee ciertas
normas consuetudinarias que rigen un espacio determinado del bosque,
principalmente en lo referente a la extracción de recursos naturales.
A su vez, estas normas de exclusividad tienen como contrapartida
una “obligación de buena convivencia” fundada en lazos de amistad
con los miembros de otras comunidades.
Los
principales problemas que plantea el establecimiento de HEVECAM
y SOCAPALM se originan en la desaparición de una gran extensión
de bosque donde vivían los bagyeli. He aquí dos casos concretos:
·
Kilombo I es una aldea bagyeli
que quedó encajonada entre SOCAPALM y HEVECAM. La situación de
sus habitantes es especialmente difícil, debido a su aislamiento
y a la destrucción de su bosque. SOCAPALM los obligó a abandonar
el bosque donde vivían para poder instalar la plantación, y prometió
darles a cambio casas modernas. Sin embargo, al día de hoy todavía
no les ha dado ninguna casa ni indemnización alguna, por ejemplo
por las tumbas que destruyó. Estos bagyeli están ahora rodeados
por plantaciones en las que no se les permite entrar. La población
de Kilombo I disminuyó drásticamente desde el inicio de la plantación.
·
Nyamabandé es una comunidad bagyeli
situada en el límite entre HEVECAM y el
parque nacional de Campo-Ma’an. Los bagyeli se vieron obligados
poco a poco a sedentarizarse en los lindes de la zona protegida,
donde sólo recientemente han recobrado el derecho a cazar y recolectar.
Por el contrario, en el perímetro de HEVECAM, sólo los adultos
están autorizados a recoger caracoles. El Convenio de Establecimiento
entre el gobierno y HEVECAM (firmado el 15 de setiembre de 1998)
no menciona ni una sola vez los intereses de los bagyeli.
Las
posibilidades de conseguir trabajo en las plantaciones son muy
escasas: HEVECAM no contrata caucheros bagyeli, y SOCAPALM tampoco
les ofrece empleos contractuales. En las contadas ocasiones en
que SOCAPALM les propone un trabajo temporal, les paga menos que
a los trabajadores bantúes. Del mismo modo, para desmalezar periódicamente
la plantación HEVECAM recurre a un subcontratista, el cual emplea
a los bagyeli y los explota de manera escandalosa.
En
lo que respecta a la salud, los bagyeli sostienen que las enfermedades
son menos frecuentes en el bosque que en las inmediaciones de
las plantaciones. De hecho, los mosquitos pululan y se reproducen
en los charcos de agua estancada entre las filas de árboles. Como
corolario, la malaria y el cólera afectan hoy más que antes a
las poblaciones de la región. Nuestros informantes bagyeli señalan
también que hay ahora una mayor incidencia de la hipertensión
arterial y la depresión. Los problemas derivados de la mala alimentación
y la contaminación del agua (agroquímicos, erosión) se agravan
sobre todo por la falta de medicamentos tradicionales (frecuentes
casos de aborto, trastornos intestinales crónicos). Al no formar
parte del personal asalariado, los bagyeli no tienen acceso gratuito
a los hospitales y escuelas pertenecientes a las plantaciones.
En
otras épocas, los bagyeli encontraban en el bosque todo lo necesario
para vivir, pero ahora sólo encuentran caza fuera de las plantaciones
y, sobre todo, adentrándose mucho más en el bosque. Del lado del
parque de Campo-Ma’an, la fauna escasea, no sólo debido a la plantación
sino porque hay numerosos cazadores furtivos que viven en ella.
El 75% de la ingesta de proteínas de los trabajadores de HEVECAM
proviene de la caza ilegal. La caza comercial también aumentó
considerablemente estos últimos años; en el pasado, se cazaba
únicamente para el consumo personal local. Se calcula que hay
más de dos mil armas de fuego en situación irregular en la región
de HEVECAM. Para los bagyeli esto se ha convertido en un grave
problema, que irá aumentando a medida que se intensifiquen las
actividades industriales.
Por:
Julien-François Gerber, correo
electrónico:
julienfrancoisgerber@campus.uab.es
inicio
- Liberia: caucho con dolor – la dura vida de los trabajadores
de Firestone
En
1926, la compañía Firestone Tire & Rubber firmó un contrato
con el gobierno de Liberia por el cual arrendó durante 99 años
un millón de acres [unas 405.000 hectáreas] para establecer allí
una plantación de caucho. La superficie total de la concesión
de Firestone representa el 4% del territorio y casi el 10% de
las tierras fértiles del país.
Firestone
ocupa actualmente unas 240 millas cuadradas (aprox. 62.000 ha)
de la concesión y tiene unos 7.000 empleados, en su mayoría caucheros.
Hay también cerca de 4.000 jornaleros que trabajan para la empresa
sin contrato, y por lo tanto sin beneficios tales como servicios
de salud y educación para sus familias. Además, otras 4.000 personas
trabajan en la plantación para los caucheros, sin relación legal
con la empresa.
Los
caucheros trabajan unas 12 horas por día sin equipo de protección
(guantes, lentes, botas de lluvia, impermeables y otros elementos
de seguridad), a menos que lo compren ellos mismos. Deben cargar
sobre los hombros desnudos el látex que producen, en dos baldes
colgados de un palo, que pesan cada uno 70 libras [31,7 kg].
Esta
forma primitiva de transportar el látex no ha cambiado desde 1926.
Los trabajadores caminan hasta los puestos de pesaje, que pueden
estar a tres millas de distancia [4,8 km] de los árboles, cargando
140 libras [63,4 kg] sobre sus hombros. Firestone no provee ningún
otro medio de transporte. Los caucheros que se desloman realizando
esta tarea corren el riesgo de sufrir daños y deformaciones con
el paso del tiempo.
El
cauchero se despierta cada mañana a las cuatro de la madrugada
para empezar a sangrar los árboles, que pueden sumar hasta 750
en una jornada normal. Sin embargo, si no completa la cuota diaria
sólo cobrará la mitad de los $ 3,38 que le pagan por día. La alta
cuota fijada no le deja otro remedio que permitir que lo ayuden
los miembros de su familia, o subcontratar a alguien.
Los
caucheros trabajan todos los días del año, incluso los feriados
nacionales con la sola excepción de la Navidad, y producen un
gran volumen de látex. En promedio, la producción mensual de un
cauchero equivale a US$ 2.296,80 en Liberia y US$ 3.915,00 en
el mercado mundial, mientras que el cauchero recibe US$ 125. De
ese sueldo mensual puede tener que pagar a uno o dos subcontratados
para que lo ayuden.
“Esta
gente nos trata como esclavos porque no tenemos a nadie que hable
por nosotros y no tenemos dónde conseguir otro trabajo. Uno produce
más de 5 toneladas de látex por mes para la compañía, y no le
pagan ni lo que vale una tonelada”, dijo un cauchero con amargura.
Además
de extraer látex, los caucheros deben aplicar productos químicos
(tanto fungicidas como estimulantes) a los árboles, para protección
y para aumentar la producción. También deben quitar la maleza
bajo los árboles. Esta carga de trabajo hace que muchos de ellos
deban contratar ayudantes para terminar con todo. Si el cauchero
tiene una familia numerosa y no le alcanza su salario o su provisión
de arroz para pagar a un ayudante, su esposa se ve obligada a
abandonar a los niños para ayudarlo a cumplir con su cuota de
producción.
Existen
grandes desigualdades entre los jornaleros y el resto del personal
de Firestone. Por ejemplo, un superintendente encargado de vigilar
a los caucheros gana más de US$ 700 por mes, según su nivel de
educación, vive en un bungalow bien amueblado y disfruta de otros
beneficios, por ejemplo primas por una producción mensual superior
a la establecida.
En
cambio, los caucheros y demás jornaleros viven en casas ruinosas,
la mayoría de las cuales fueron construidas en la década de 1930,
cuando Firestone empezó a operar; tienen un solo ambiente, no
tienen electricidad ni agua corriente, ni retrete interior, ni
cocina, ni cuarto de estar, ni cielo raso. Con sólo un techo improvisado
de chapas de amianto, muchas de estas estructuras se llueven profusamente.
“Cuando
llueve, tenemos que poner tazones por todos lados para que el
lugar no se llene de agua”, denunció un trabajador.
El
agua limpia es un lujo en la plantación. En más de 20 campamentos
visitados extra oficialmente por un equipo de investigación de
SAMFU desde noviembre de 2006 hasta la fecha [de publicado el
informe], había en promedio dos bombas manuales, para una población
de aproximadamente 500 personas. Estas bombas están en pozos excavados
a mano, que por lo tanto no tienen agua durante casi toda la estación
seca. Esta situación no deja otra opción a los caucheros, los
demás empleados no calificados y sus familias, que beber el agua
de pozos poco profundos y pequeños arroyos. Mientras tanto, el
resto del personal tiene acceso a agua corriente y a agua potable
especialmente tratada dentro de la planta de procesamiento.
La
compañía intentó controlar la organización de los trabajadores
a través de la Unión de trabajadores agrícolas de Firestone de
Liberia (FAWUL), hasta que las fuertes presiones ejercidas por
los trabajadores de la plantación y por las dos principales federaciones
de trabajadores de Liberia hicieron que el gobierno suspendiera
la Unión. Se llamó a elecciones para crear un sindicato independiente
y democrático.
A
fines de abril de 2007, los trabajadores iniciaron una huelga
para protestar contra los intentos de la dirección de Firestone
de postergar las elecciones. Según se informó, durante la huelga,
el 27 de abril de 2007, la policía golpeó brutalmente, con palos
y bastones, a huelguistas pacíficos, persiguió a trabajadores
inofensivos por toda la ciudad de Harbel (donde está ubicada la
planta de procesamiento de Firestone), irrumpió en varias casas
y golpeó a muchas personas inocentes, dejando decenas de heridos.
Dos docenas de trabajadores recibieron heridas tan graves que
debieron faltar a su trabajo mientras recibían tratamiento. Uno
de ellos murió más tarde a causa de las heridas sufridas durante
el ataque. Además, se disparó gas lacrimógeno contra la población
de Harbel, a pesar de que había niños, mujeres y ancianos. Parece
que muchos trabajadores inocentes fueron no sólo arrestados innecesariamente,
sino detenidos sin justificación.
“Si
usted ha visto a las personas que producen el látex, el lugar
donde viven, el tipo de trabajo que hacen, la comida que comen
y el dinero que llevan a casa como salario... tendrá conciencia
de dónde proviene el caucho para los objetos que usa a diario.”
Extractado
y adaptado de: “The Heavy Load. A Demand for
Fundamental Changes at the Bridgestone/Firestone Rubber Plantation
in Liberia”, publicado por Save My Future Foundation, junio de
2008,
http://www.samfu.org/do%20files/The%20Heavy%20Load_2008.pdf.
inicio
- Sudáfrica: plantaciones de árboles arrasadas por el fuego hacen
de una tragedia en ciernes una triste realidad
El
monocultivo va en contra de la naturaleza, pues ésta es diversa.
Por eso un sistema antinatural, como son las plantaciones industriales
de árboles, tiene numerosos impactos negativos. Los incendios
son uno de ellos.
A
diferencia de los bosques, cuya humedad y densa vegetación baja
funciona como barrera contra el fuego, las plantaciones industriales
de árboles carecen de diversidad estructural y biológica. Las
plantaciones de árboles tienen una cubierta “de un solo estrato”
(todos los árboles son de altura similar), cubiertas “cerradas”
que impiden el paso de la luz del sol (por lo cual hay pocas plantas
en el sotobosque), escasa capacidad de conservación de agua, pocas
capas de vegetación epifita (musgos, líquenes y helechos que viven
sobre los troncos y ramas de los árboles) y de suelo suspendido
(formado por la descomposición de esas plantas epifitas), y menos
diversidad biológica en general, todo lo cual las vuelve muy propensas
a incendiarse. En ellas acecha la tragedia.
Y
la tragedia acaba de ocurrir en Sudáfrica.
Según
el Observatorio de la Tierra de la NASA, “un río de humo de varios
cientos de kilómetros de ancho fluyó desde la costa sureste de
África a principios de setiembre de 2008. Ese humo provenía de
cientos, probablemente miles de incendios en Mozambique, Sudáfrica
y Suazilandia. En setiembre está por terminar la estación seca
en el sur de África, y son comunes los incendios agrícolas provocados,
así como los incendios forestales accidentales”. (http://earthobservatory.nasa.gov/Newsroom/NewImages/images.php3?img_id=18139)
Sin
embargo, “Esta situación en particular nunca antes se había experimentado.
Llegan informes de todas partes del país”, declaró Percy Morokane,
de los Servicios de Emergencia de Johannesburgo, en una entrevista
de la BBC.
Durante
el último fin de semana de agosto, más de un centenar de incendios
forestales, atizados por fuertes vientos, estallaron en toda Sudáfrica
matando al menos a veinte personas e hiriendo a otras veintiséis.
Los incendios arrasaron 50.000 hectáreas, de las cuales 15.000
eran plantaciones industriales de árboles, en Mpumalanga. Tres
hombres quedaron atrapados por el fuego en la plantación de árboles
Sappi Escarpment, propiedad del conglomerado de celulosa Sappi
certificado por el FSC.
En
la provincia de KwaZulu-Natal, varios incendios diferentes dejaron
catorce muertos; en Eastern Cape murieron tres personas, entre
ellos dos niños, y tres más en la provincia de Mpumalanga. En
Ciudad del Cabo, decenas de personas quedaron sin hogar.
Desgraciadamente,
a menudo se necesita una tragedia para
tomar conciencia. Esperemos que de este duelo surja la sensatez
y se decida detener la expansión de los monocultivos de árboles.
Artículo
basado en información obtenida en: “South Africa: Three More Injured
in Mpumalanga Fires”, BuaNews (Tshwane),
http://allafrica.com/stories/200809030578.html;
“South Africa bush fires 'kill 20'”, BBC News,
http://news.bbc.co.uk/2/hi/africa/7591950.stm.
inicio
CERTIFICACIÓN DE
PLANTACIONES
-
FSC: ¡Basta de certificar monocultivos de árboles!
Asia
Pulp & Paper es probablemente la compañía papelera más controvertida
del mundo. Ha destruido grandes extensiones de bosques en Sumatra
y reemplazado centenas de miles de hectáreas por monocultivos
de árboles. En diciembre de 2007, el Forest Stewardship Council
anunció que se “desvinculaba” de APP, luego de que dicha empresa
empezara a usar el logo FSC. El FSC publicó una declaración en
la que decía que tiene “el deber de proteger la buena voluntad
y la integridad asociadas con su nombre y su logo, para los consumidores
y para nuestros socios y miembros que merecen nuestra confianza”.
Parecía que, por fin, el FSC se había dado cuenta de que estaba
dando un aval ecológico a empresas social y ambientalmente destructivas.
Lamentablemente, la desvinculación de APP resultó ser un caso
aislado.
El
objetivo del FSC es “promover un manejo de los bosques del mundo
ambientalmente responsable, socialmente beneficioso y económicamente
viable”. El FSC no debería certificar plantaciones industriales
de árboles, por una razón muy simple: no son bosques. No debe
certificar plantaciones de árboles, como no debe certificar plantaciones
de lechugas.
Las
plantaciones industriales de árboles no son ni ambientalmente
responsables ni socialmente beneficiosas. Y cuando son económicamente
viables, suele ser como resultado de generosas subvenciones gubernamentales.
Veracel
es quizás el ejemplo más notorio de las muchas empresas que no
deberían haber obtenido jamás la certificación del FSC. Desde
que estableció sus monocultivos de eucaliptos en el sur del Estado
brasileño de Bahía, los ríos, arroyos y manantiales se han secado.
A medida que se expandieron las plantaciones de la empresa, disminuyó
el área plantada con productos agrícolas. Los pobladores rurales
se quedaron sin trabajo y se mudaron a las ciudades, muchos de
ellos a vivir en favelas superpobladas y peligrosas.
En
julio de 2008, la Corte federal brasileña multó a Veracel por
haber talado bosque tropical atlántico. La corte le ordenó reemplazar
por árboles nativos sus plantaciones de eucaliptos. Pero Veracel
sigue en posesión de su certificado.
El
año pasado, los guardias armados contratados por otra empresa
certificada por el FSC, Vallourec & Mannesmann (V&M),
dispararon contra Antonio Joaquim dos Santos y lo mataron frente
a su hija de 16 años. Estaba recogiendo leña. Un año después,
la población presentó una denuncia en la que señalaba que la substitución
de la sabana nativa (“cerrado”) por los
monocultivos de V&M había dejado a la comunidad desprovista
de leña y frutos. La respuesta de V&M consistió en aumentar
las presiones sobre la comunidad.
Para
muchos, el asesinato no fue una sorpresa. “Los trabajadores y
la gente de aquí corren gran peligro”, dijo un aldeano a la periodista
y activista Heidi Bachram, en 2006. “Los guardias armados han
disparado contra la gente, que se siente prisionera en su propia
tierra.”
Pocas
semanas después del asesinato de Antonio Joaquim dos Santos, V&M
anunció su “decisión voluntaria de salir del FSC”.
En
Uruguay, el WRM ha documentado condiciones laborales cercanas
a la esclavitud en plantaciones certificadas por el FSC. “La compañía
viola derechos laborales y no debería haber sido certificada nunca”,
dijo el dirigente de un sindicato local,
José Bautista, hablando de FYMNSA, una de las empresas certificadas.
Hace
pocos días, Eufores, otra compañía certificada por el FSC, fue
sorprendida cuando talaba 80 hectáreas de bosque
estrictamente protegido en Uruguay. Se trata de una filial de
la empresa española ENCE. En junio de 2008, en España, se le retiró
el certificado FSC a otra filial de ENCE, NORFOR. Entre los problemas
mencionados por las ONG figuraban el uso indiscriminado de herbicidas,
el deterioro de los suelos, el aumento de la erosión, la tala
rasa de más de 20 hectáreas y el empleo de especies exóticas.
En
Irlanda, COILLTE tiene unas 450.000 hectáreas de monocultivos
cargados de plaguicidas. Luego de una inspección realizada en
2007, el organismo encargado de verificar el cumplimiento de las
normas del FSC, Accreditation Services International (ASI), concluyó
que “el no cumplimiento de los criterios pertinentes del FSC continuará
probablemente durante algunos años”. A pesar de esto, COILLTE
conserva el certificado del FSC.
En
Sudáfrica hay más de 1.600.000 hectáreas de plantaciones industriales
de árboles certificadas. Como señala Philip Owen, de la ONG sudafricana
Geasphere, “Las actividades de manejo de plantaciones destruyen
los múltiples productos y servicios de las praderas, con lo cual
anulan su viabilidad económica y una gran variedad de beneficios
sociales y ambientales”.
El
FSC conoce muy bien los problemas que rodean la certificación
de plantaciones. Desde su asamblea general de 2002 está trabajando
en una “Revisión sobre Plantaciones”. En ese entonces, las plantaciones
certificadas cubrían 3,3 millones de hectáreas. Esa cifra es ahora
de 8,6 millones. La revisión sobre plantaciones no ha cambiado
en absoluto la manera de otorgar los certificados FSC.
En
realidad, el FSC está promoviendo activamente las plantaciones
industriales de árboles al tratar de aumentar las ventas del papel
que lleva su etiqueta. El “Foro Mundial del Papel” por él organizado
reúne a varios centenares de representantes de la industria papelera
para encontrar “oportunidades de mercado para el papel FSC”. Este
año, el Foro estuvo patrocinado por Mondi y Suzano, entre otros.
La Asamblea General del FSC, que tendrá lugar en noviembre en
Sudáfrica, está patrocinada por Mondi, Tembec y Sveaskog.
El
FSC debería distanciarse cuanto antes de la industria que está
certificando. En cambio, se acerca cada vez más a ella. A medida
que lo hace, su logo se convierte en poco más que un maquillaje
verde para las empresas.
Por
Chris Lang, http://chrislang.org
inicio
- Brasil: los “sellos verdes de calidad a nivel internacional”
de las empresas de papel y celulosa
Hace aproximadamente cinco años
que la empresa Aracruz obtuvo el Sello Verde de calidad para sus
plantaciones en el extremo sur de Bahía. Se trata de una conquista
muy importante para la Empresa, dado que esta certificación significa,
entre otras cosas, que la empresa trabaja
de forma ecológica y socialmente justa
respetando todas las leyes ambientales, tanto las leyes municipales,
estaduales como también las leyes federales. Para las exportaciones,
un sello de este tipo es fundamental para la empresa porque con
él gana un enorme prestigio en el exterior.
El proceso de certificación se desarrolla, a grandes rasgos, de
la siguiente forma: una empresa internacionalmente
conocida y calificada, en este caso “Bureau Veritas”, verifica
si determinada empresa, en nuestro caso "Aracruz" merece
o no esta certificación internacional, denominada "CERFLOR".
La primera vez, hace cinco años, expusimos numerosas críticas,
pero Aracruz recibió la certificación de todos modos. Ahora llegó
el momento de la renovación.
En cuatro ciudades del Extremo Sur de Bahía se marcaron reuniones
públicas, en las que las personas interesadas podían exponer sus
observaciones, reclamos, preguntas y dudas, tanto sobre la empresa
a ser certificada como sobre la empresa certificadora. Las localidades
eran: Posto de Mata, Caravelas, Alcobaça e Ibirapuã. Las preguntas,
dudas, observaciones sobre la empresa certificadora iban a ser
respondidas en el mismo momento por el representante de la empresa
certificadora, y las preguntas sobre la empresa a ser certificada
iban a ser respondidas en el informe final que será publicado
40 días después en el sitio web de la empresa certificadora.
Estuve presente en la reunión de Posto de Mata y Caravelas y descubrí
que todo no pasaba de una gran payasada y era solo un vergonzoso
truco para conquistar al mercado mundial. Veamos algunas cuestiones.
En Posto de Mata estaban presentes unas 20 personas, de las cuales
más de la mitad pertenecían a las empresas. Después de las explicaciones
iniciales del representante de la empresa Bureau Veritas, empresa
responsable de la certificación, era el momento de hacer preguntas
e observaciones.
Pedí la palabra y dije que durante los últimos cinco años, los
miembros de la comunidad local habíamos observado
varias irregularidades desde el punto de vista ecológico y laboral.
Nuestro deber es denunciar y registrar tales irregularidades tanto
en los órganos públicos municipales, estaduales y federales, como
IBAMA, IMA (antes CRA), la Fiscalía Pública
como en el Ministerio de Trabajo. Fue lo que hicimos durante ese
período en varias ocasiones. Cumplimos nuestro rol. Entonces pedí
que la empresa certificadora se contactara con esos órganos públicos
en los que ya habían sido registradas varias ilegalidades e irregularidades.
Sería un camino más fácil para poder evaluar e inspeccionar la
actuación y las prácticas de la empresa Aracruz durante ese período.
La respuesta del representante de Bureau Veritas fue: “Nosotros
no somos inspectores de los órganos públicos, ese no es nuestro
papel”.
Casi me caí de espaldas, pero pensé que no estaba entendiendo
la respuesta, reiteré: "Estoy denunciando las irregularidades
e ilegalidades cometidas por la empresa Aracruz durante estos
últimos 5 años, y de acuerdo a nuestra obligación las mismas fueron
registradas en los órganos públicos estaduales y federales. Una
vez más el representante dijo que Bureau Veritas no es inspector
de los órganos públicos, pero si nos enteramos de irregularidades
o ilegalidades ahora e indicando el lugar, un representante de
Bureau Veritas irá hoy o mañana para verificar la denuncia.
Entonces, los delitos ambientales y/o laborales cometidos durante
los últimos 5 años y registrados debidamente en los órganos públicos,
y que probablemente ya no existen más porque fueron “resueltos
o manipulados”, no tienen ningún valor.
Al día siguiente, en Caravelas, en un salón lleno de escolares,
que no entienden nada o muy poco sobre el tema, pregunté si el
trabajo que la empresa certificadora hace se considera investigación.
El representante de Bureau Veritas dijo que no. Entonces me pregunto:
una empresa que no inspecciona a los órganos gubernamentales para
verificar si Aracruz cometió irregularidades o no respetó las
leyes ambientales y laborales y que no hace investigaciones …
¿qué moral, qué ética tiene para otorgar una certificación internacional,
que es válida en todo el mundo, y que pretende ser una prueba
de que todas las actividades de Aracruz son ecológicas y socialmente
justas, y que cumplen todas las leyes existentes?
Después de todo eso no me dieron más ganas de ir a las reuniones
en Alcobaça e Ibirapuã, porque fue muy evidente que todo eso es
una gran payasada. Quedó claro para mí que esas certificaciones
no son otorgadas por merecimiento sino que son compradas. Así
funciona ese sistema de certificación acá.
Por: Padre José
Koopmans, correo electrónico: pejose@oi.com.br
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