Biochar: carbón vegetal disfrazado de otro negocio tecnológico
para enfrentar el cambio climático
De acuerdo con un número
creciente, elocuente y muy bien conectado grupo de científicos,
empresarios y lobbyistas profesionales, la mejor y quizá única manera
para que la humanidad pueda sobrevivir al cambio climático y resolver
la crisis alimentaria y energética consiste en enterrar en el suelo
miles de millones de toneladas de carbón cada año. Al carbón utilizado
de esta forma lo llaman “biochar” (en inglés) y afirman que dejará
aprisionado el carbono durante miles de años, que el proceso de
su producción generará energía, que incrementará grandemente el
volumen de las cosechas y que detendrá la deforestación (que de
acuerdo con muchos de ellos, es causada principalmente por pequeños
agricultores que talan e incendian bosques porque no pueden mantener
la fertilidad de sus suelos). Sin importar cuan extrañas e infundadas
puedan ser tales afirmaciones, éstas están siendo tomadas muy en
serio en altos círculos de toma de decisiones.
En la conferencia de 2008
de la Iniciativa Internacional Biochar (IBI, por su sigla en inglés)
–el principal foro para la promoción del carbón vegetal con esos
fines - el orador central fue el australiano Tim Flannery. Este
señor preside el Consejo Climático de Copenhague, el cual está organizando
la Cumbre Mundial Empresarial sobre Cambio Climático para mayo de
2009, en la que se plantearán “recomendaciones” de dirigentes empresariales
y pro empresariales a la Convención sobre Cambio Climático (UNFCCC).
Numerosos miembros y promotores de IBI tienen también buenas conexiones
y capacidad de influenciar en decisiones políticas de alto nivel.
La IBI cosechó importantes
éxitos en la conferencia del UNFCCC realizada en Poznan. A partir
de una propuesta de la Convención contra la Desertificación (UNCCD),
el carbón vegetal fue incluido (como biochar) en el “diálogo
para el régimen del clima posterior a 2012” (1). A eso se suma que
el gobierno de Micronesia propuso que el carbón vegetal debería
jugar un rol importante en la mitigación del cambio climático. Es
posible que en la próxima reunión de UNFCCC en Copenhague se aprueben
formalmente créditos de carbono a partir del carbón vegetal (como
biochar) en el marco del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) para
el período posterior a 2012.
En caso de que ello sucediera,
entonces una declaración hecha por Flannery sobre “biochar” podría
resultar cierta: “con la adecuada ... promoción y adopción, cambiaría
nuestro mundo para siempre”, aunque seguramente se alcanzaría la
conclusión opuesta con respecto a la segunda parte de sus palabras:
“y ciertamente para mejor”. (2)
El carbón vegetal es un
subproducto de la pirólisis de la biomasa, una forma de producción
de bioenergía que, además del carbón, produce dos tipos de combustible:
gasoil vegetal y syngas. Ambos pueden ser utilizados para calefacción
y energía y también pueden ser refinados en agrocombustibles de
segunda generación, es decir, en gasolina para automóviles y potencialmente
para aviación. Encaja entonces perfectamente con el impulso a las
biorefinerías y plantaciones de árboles para alimentar autos, aunque
sin depender de ellos. La pirólisis para calefacción y energía podría
despegar rápidamente si se pudieran superar ciertos “obstáculos
de mercado”. Si las empresas dedicadas a la pirólisis pudieran ganar
dinero mediante la transformación del carbón resultante en fertilizantes
patentados (y la garantía de obtener elevadas ganancias de la venta
de fertilizantes en vinculación con la expansión de las plantaciones)
y si, encima de eso se pudieran obtener créditos de carbono, la
industria despegaría muy rápidamente. Para empresas tales como Best
Energies, Eprida, Dynamotive y Biomass Energy and Carbon, lograr
la inclusión de este carbón vegetal en el comercio de carbono podría
significar la diferencia entre una posible quiebra o, como lo dice
Best Energies, “ganar la actual disputa por los combustibles de
nueva generación”. (3)
Los promotores de IBI
difunden una imagen de una futura industria que beneficiará principalmente
a pequeños agricultores y otra gente local a través de pequeñas
unidades de pirólisis y cocinas para producir carbón. Sin embargo,
muchos de sus representantes hacen llamados para objetivos de secuestro
de carbón vegetal (biochar) que harían que 500 millones de hectáreas
de plantaciones parecieran superficies conservadoras.
El carbón vegetal
presentado como “biochar” encaja entonces perfectamente con otras
falsas soluciones climáticas basadas en plantaciones a gran escala
y en apropiación de tierras, que van desde agrocombustibles a plantaciones
de árboles como “sumideros de carbono” y árboles transgénicos. La
lógica científica para el “biochar” es aún más endeble que para
muchas de esas otras falsas soluciones. Por dañinos que sean, los
agrocombustibles pueden al menos hacer mover autos. Por su parte,
la incorporación de carbón a los suelos no ha demostrado aún ser
capaz de secuestrar carbono o de aumentar por sí misma la fertilidad
de los suelos. La “evidencia” de tales afirmaciones se basa fundamentalmente
en antiguos suelos de la Amazonía Central, que se formaron hace
cientos o aún miles de años atrás, hoy llamados “terra preta” (tierra
negra). La terra preta fue creada por pequeños agricultores
que, durante muchas generaciones, incorporaron al suelo una mezcla
de carbón, compost, huesos animales y de pescado, sedimentos del
río, estiércoles y diversos restos de biomasa. No hay evidencia
de que se puedan recrear suelos ricos en carbono y fértiles simplemente
–o rápidamente- por la aplicación de grandes cantidades de carbón
a los campos de cultivo.
Hasta el momento se ha
publicado solo un estudio de campo sobre “biochar” en revistas académicas.
Los investigadores hallaron que el agregado de carbón al suelo hacía
que funcionaran mejor los fertilizantes sintéticos nitrogenados.
Sin embargo, el rendimiento de plantas cultivadas con carbón vegetal
y fertilizantes mostró ser considerablemente menor que el de aquellas
cultivadas solo con excrementos de gallina. Al utilizar solo carbón,
el aumento de producción fue nulo después de dos cosechas. Esta
es la razón que explica por qué gran parte de la investigación sobre
“biochar” incluye un fertilizante compuesto de bicarbonato de amonio,
en el que el carbón es solo un componente. Al menos durante ese
estudio de corto plazo, la mayor parte del carbón permaneció en
el suelo, pero otros estudios indican que ni siquiera eso está garantido.
Un estudio llevado a cabo
en Kenia mostró que durante los primeros 20-30 años luego de la
quema de biomasa, los suelos perdían el 72% del carbono contenido
en el carbón. (4) Resultados iniciales de un estudio de campo en
Colombia mostraron que las parcelas con carbón mostraban rendimientos
mayores, pero que perdían 60% más carbono del suelo que las parcelas
de control luego de dos años. (5) Esto muestra que las afirmaciones
de que el “biochar” tiene el potencial de secuestrar carbono a escala
de geoingeniería no son más que pretensiones sin fundamento.
La presión actual por
el carbón vegetal como “biochar” puede ser comparada con la que
se dio a los agrocombustibles hacia 2002. Promesas infundadas para
resolver la crisis climática y la pobreza de una sola vez mientras
que, detrás de bambalinas, un masivo esfuerzo de cabildeo preparaba
el camino para la creación de mercados artificiales con apoyo estatal.
Hacia fines de este año, el lobby del “biochar” podría tener éxito
en lograr su incorporación en el MDL y otros esquemas de comercio
de carbono a partir de 2012, posiblemente con “créditos dobles”
y accediendo a otros apoyos estatales. Una vez esto esté logrado,
sería seguido por grandes inversiones en la industria y por la expansión
de plantaciones. Varias empresas indonesias de la celulosa y el
papel, el director ejecutivo de la Asociación indonesa de aceite
de palma, EMBRAPA en Brasil, la empresa de agronegocios boliviana
DESA en Santa Cruz y Shell se encuentran entre las que ya están
promoviendo esta idea. La pregunta es si los grupos y movimientos
de la sociedad civil serán capaces de organizarse
lo suficientemente rápido como para tener éxito en detener el avance
del “biochar” industrial y, en particular, el comercio de carbono
vinculado al carbón vegetal como mejorador de suelos. En caso de
fallar este año, pronto podríamos encontrarnos luchando contra una
nueva ola de apropiación de tierras y contra la destrucción de bosques
y otros ecosistemas.
Por
Almuth Ernsting, Biofuelwatch, http://www.biofuelwatch.org.uk, e-mail:
info@biofuelwatch.org.uk
Referencias
Para información más detallada,
ver en particular la sección 4 de “Climate Geo-engineering with
‘Carbon Negative’ Bioenergy”,
www.biofuelwatch.org.uk/docs/cnbe/cnbe.html
1.www.biochar.org/joomla/index.php?option=com_content&task=view&id=51&Itemid=3
2.www.biochar-international.org/timflannery.html
3.
www.bestenergies.com/aboutus.html
4.
www.springerlink.com/content/0h15324rrg7k5061/
5.
www.biochar-international.org/images/J_Major_biogeochem.pdf