Árboles
transgénicos: cuando los científicos se convierten
en publicistas
El Convenio
sobre la Diversidad Biológica (CDB) tiene por mandato proteger
la biodiversidad del mundo. Las fuertes campañas de un
número cada vez mayor de ONGs y organizaciones de pueblos
indígenas han planteado los peligros que representan los
árboles genéticamente modificados para la diversidad
biológica de los bosques. El Convenio se ocupó de
este problema y, luego de discutirlo, decidió que era necesario
tomar medidas precautorias antes de autorizar la introducción
de dichos árboles en el ambiente.
La posición
del CDB fue recibida con agrado por las organizaciones que se
preocupan por la suerte de los bosques del mundo y de sus pobladores,
pero está siendo fuertemente resistida por quienes ganarían
con el negocio de los árboles transgénicos.
Un
artículo recientemente publicado por cuatro científicos
que están a favor de los árboles transgénicos
muestra cuán anticientíficos pueden llegar a ser algunos
con tal de defender sus argumentos. Los autores son Stephen Strauss,
Huimin Tan, Wout Boerjan y Roger Sedjo y el título en inglés
es “Strangled at birth? Forest biotech and the Convention
on Biological Diversity Nature Biotechnology”.(1)
Se trata de
un artículo bastante largo y detallado, lo cual muestra
la importancia que concede el lobby de los árboles transgénicos
a la posición del CDB a este respecto. Por otro lado, también
muestra a qué extremos están dispuestos a llegar
sus autores para defender su posición. Lo que sigue es
sólo algunos ejemplos que ilustran este punto, pero invitamos
a las personas interesadas en el tema a analizar el texto completo,
que encontrarán en http://www.globaljusticeecology.org
/stopgetrees_news.php?ID=294.
El título
intenta hacer creer que los árboles transgénicos
han sido “estrangulados al nacer” por el CDB. Sin
embargo, los autores olvidan decir que al menos 20 países
realizan investigaciones sobre este tema y que ya hay ensayos
de campo en 11 países o más (por más información,
ver http://www.wrm.org.uy/subjects/GMTrees
/Information_sheets.html). Lo que está haciendo el CDB
es simplemente aplicar el principio de precaución para
evitar la posibilidad de que los árboles transgénicos
tengan impactos irreversibles sobre la diversidad biológica.
Es decir que el CDB se está limitando a cumplir con su
misión.
En realidad,
lo que dice el artículo refuerza la posición del
CDB. Strauss y los demás le dan los argumentos necesarios.
Ellos dicen
que “Las preocupaciones con base científica más
creíbles referentes a los árboles transgénicos
son quizás las relacionadas con su potencial de gran dispersión
de semillas y polen cuando se les permite florecer”. Y agregan
que “La mayoría de los científicos están
de acuerdo en que, hasta tanto no se desarrollen genes que impidan
la contaminación transgénica, que sean socialmente
aceptables y de eficacia comprobada en el terreno, seguramente
habrá cierto grado de dispersión de genes –
ya sea a través del polen, de las semillas o de propágulos
vegetativos – en la mayoría de las especies forestales.
Además, la dispersión puede cubrir grandes distancias,
del orden de varios kilómetros o más” (énfasis
agregado). Para empeorar aún más las cosas, añaden
que “El escaso nivel de domesticación de la mayoría
de las especies arbóreas contribuye a este problema, dado
que los propágulos suelen ser lo bastante aptos como para
sobrevivir en entornos silvestres”.
Lo anterior
bastaría a la mayor parte de los científicos para
hacerlos desistir de una actividad tan peligrosa, pero no a Strauss
y sus colegas.
Entre los
muchos argumentos que utilizan para justificar su investigación
y sus ensayos al aire libre, el siguiente es un buen ejemplo de
su enfoque anticientífico. Dicen que “muy pocas de
las especies transgénicas que se están desarrollando
con fines comerciales son sexualmente compatibles con los bosques
silvestres, o serán usadas en o cerca de bosques silvestres,
por lo cual será muy excepcional que haya un grado significativo
de introgresión de transgenes en los genomas de árboles
silvestres, al punto de que se vuelvan comunes en los ecosistemas
silvestres” (énfasis agregado).
Si bien estos
cuatro hacen hincapié en que son científicos –
y lo hacen de punta a punta del artículo – para probar
que tienen razón en todo lo que dicen, el párrafo
mencionado prueba exactamente lo contrario: una actitud totalmente
anticientífica.
1) La diferencia
entre hipótesis y hechos se desvanece y las primeras se
muestran como sinónimos de los segundos. Pruebas:
–
La ciencia no puede saber si las especies transgénicas “serán
usadas en o cerca de bosques silvestres”, porque son los gobiernos
y las empresas quienes lo decidirán.
– La ciencia no puede saber si “será muy excepcional
que haya un grado significativo de introgresión de transgenes
en los genomas de árboles silvestres”.
– No está cuantificado el significado de “muy
excepcional” ni de “un grado significativo”.
2)
Existe una confusión entre especies y bosques.
–
Las especies transgénicas pueden ser sexualmente compatibles
o incompatibles con las especies naturales, pero no con los “bosques
silvestres”.
– El empleo del término indefinido “bosques silvestres”
puede significar que se están refiriendo únicamente
a la contaminación de especies que viven en bosques “primarios”,
y no a las especies mismas.
3)
Se esconden las pruebas existentes
– El
género más comúnmente manipulado genéticamente
es el álamo (varias especies). Sin embargo, el artículo
no menciona que ya hay pruebas de contaminación transgénica
de álamos “silvestres” (nativos) en China.
– El artículo no menciona que los otros dos árboles
principales que son objeto de manipulación genética
son el pino (que crece en muchos bosques “silvestres”
del mundo entero) y el eucalipto (nativo de Australia y plantado
en muchísimos países del mundo). En los dos casos,
la dispersión de polen y semillas sería inevitable
y ningún científico puede probar que los bosques
de eucaliptos de Australia estarían a salvo de la contaminación
transgénica.
– Los autores dicen que “es probable que la superficie
plantada con especies forestales transgénicas sea relativamente
pequeña; las plantaciones forestales comprenden sólo
alrededor del 5% de la cubierta forestal mundial”. Olvidan
mencionar que, según la FAO, las plantaciones cubren un
total de... ¡270 millones de hectáreas! Describir
esta superficie como “relativamente pequeña”
es anticientífico, por no decir más.
Ejemplos de
este tipo abundan en el artículo, aunque el siguiente es
quizás uno de los más ilustrativos: “... las
especies de árboles silvestres podrían sacar provecho
de algunos tipos de árboles transgénicos, por ejemplo,
un árbol silvestre podría adquirir un rasgo que
mejore su resistencia al estrés y, de este modo, volverse
resistente a nuevas formas de estrés biótico o abiótico,
quizás provocadas por un rápido cambio climático”.
Obviamente,
lo anterior equivale a reconocer que, si se autoriza la plantación
de árboles transgénicos, habrá contaminación.
Pero, al mismo tiempo, es difícil comprender – a
menos que los autores cuenten con un doctorado en futurología
– cómo puede determinar la ciencia si los árboles
“silvestres” se beneficiarán o no con la adquisición
de nuevos rasgos, o si acaso las especies con “mejor resistencia”
no pondrán en peligro la diversidad biológica, precisamente
a causa de ese nuevo rasgo.
Resumiendo,
el artículo termina demostrando que los argumentos de las
ONG para pedir la prohibición de los árboles transgénicos
son científicamente correctos, y contribuye a justificar
el enfoque precautorio solicitado por el CDB.
Ricardo Carrere
(1) Strangled
at birth? Forest biotech and the Convention on Biological Diversity
Nature Biotechnology 27, 519 - 527 (2009). Steven H. Strauss,
Huimin Tan, Wout Boerjan & Roger Sedjo.