México:
el negocio de la palma a costa de los más pobres
Desde
2004 el gobierno mexicano impulsa la expansión de las plantaciones
de palma africana. Actualmente existen 9 plantas extractoras de
aceite de palma en cuatro estados, 6 de las cuales están
ubicadas en Chiapas, que es el principal estado productor de palma
aceitera en México. Para este año 2009, el gobierno
del estado de Chiapas llegaría a un total de 44 mil hectáreas
sembradas de palma africana y su gobernador anunció que para
2012 pretende llegar a las 100 mil hectáreas, proyectándose
en un futuro a más de 900 mil hectáreas.
Lo
que queda claro es que la producción de palma ha sido posible
gracias a un fuerte apoyo del gobierno, que la ha vuelto rentable.
Se ha brindado tanto apoyo directo al productor para la reconversión
productiva, como programas de promoción comercial y fomento
a las exportaciones, asesoría y capacitación, etc.
También la Unión Europea, interesada en la palma africana
para agrocombustible, ha impulsado desde 2005 las plantaciones en
Chiapas, más específicamente en la zona de amortiguamiento
de la Selva Lacandona y en la zona de amortiguamiento de la Reserva
de la Biosfera Montes Azules, en la frontera con Guatemala.
El
gobierno Federal y de Chiapas afirman que las plantaciones de palma
se están instalando en áreas previamente deforestadas
por la ganadería y otras actividades que ya no son rentables.
No obstante, muchas actividades han dejado de ser “rentables”
para el mercado empresarial porque la estrategia del gobierno para
ganar terreno a la palma africana ha sido bajar los apoyos a otros
sectores para orillarlos hacia estas plantaciones. El gobierno abandonó
el campo, a los pequeños productores y, en la lógica
de los Tratados de Libre Comercio, se ha enfocado no en la soberanía
alimentaria sino en el mercado del agronegocio. El pequeño
productor, el campesino y el indígena quedan desamparados
y muchas veces se ven obligados a insertarse en esta nueva dinámica
de entregar su mano de obra barata y su tierra, subsidiando así
las ganancias del agronegocio. La palma africana tampoco sería
rentable si no contara con los grandes subsidios gubernamentales,
del Banco Mundial (BM) y del Banco Interamericano de Desarrollo
(BID), con sus financiamientos a programas como Procampo, destinado
a la inversión en las plantaciones de palma africana.
Los
monocultivos de palma “sustituyen bosques tropicales u otros
ecosistemas, provocando una grave deforestación, que trae
aparejada la pérdida de biodiversidad, inundaciones, el agravamiento
de las sequías, la erosión de suelos, la consiguiente
contaminación de los cursos de agua y la aparición
de plagas por la ruptura del equilibrio ecológico y cambios
en las cadenas alimentarias”. Además, los monocultivos
de palma ponen en peligro “la conservación del agua,
de los suelos, de la flora y de la fauna. La degradación
de los bosques diminuye sus funciones en materia climática
y su desaparición afecta a la humanidad en su conjunto”,
tal como denunciara la Declaración internacional en contra
de la ‘Mesa Redonda de Aceite de Palma Sostenible’ (RSPO)
(http://www.wrm.org.uy/temas/Agrocombustibles/
Declaracion_Internacional_RSPO.html)
El
Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre Bosques identificó
como causas de la deforestación y la degradación de
los bosques las políticas gubernamentales de sustitución
de bosques por plantaciones industriales de árboles –como
la palma aceitera-, así como el avance de la frontera agrícola
empujada por las plantaciones de monocultivos. Pese a ello, en la
región de los Montes Azules -donde de 220 mil hectáreas
de selva ya se ha deforestado el 80%- el gobierno habla de crear
“cordones de protección mediante proyectos productivos
de gran impacto como la palma africana”, entre otros.
Las
plantaciones de palma no solo no han mejorado sino que han empeorado
las condiciones de vida de la población. Uno de los problemas
graves que ocasionan tiene que ver con el agua. Ante la falta de
servicio de agua potable, las más de 11 mil personas que
habitan el municipio de Marqués de Comillas, en la Reserva
de la Biosfera Montes Azules, consumen agua en su mayoría
de fuentes subterráneas, por medio de pozos. Las plantaciones
de palma, grandes consumidoras de agua, agravan la disponibilidad
de agua en la región. También utilizan grandes cantidades
de agrotóxicos: insecticidas como el endosulfán y
otros productos químicos, como rodenticidas, que terminan
en los cursos de agua. Los huracanes agravan el problema cuando
provocan que los ríos rebasen su corriente, como ocurre en
la región de la Selva Lacandona con el río Lacantún,
contaminando las plantaciones de subsistencia de los campesinos
del lugar y dispersando los agrotóxicos en un área
rica en biodiversidad.
Según
estudios de la Fundación Produce Chiapas, los ingresos de
"un productor promedio ejidal con siete hectáreas y
una producción promedio de 19 toneladas por hectárea”
equivaldrían a 274 pesos diarios (21 dólares), o sea
menos del salario mínimo mexicano por hectárea. En
la inversión anual para establecer una hectárea de
palma, el paquete tecnológico le cuesta al productor alrededor
de 6.500 pesos (17 pesos o 1,3 dólares diarios): incluye
la siembra (preparación del terreno, compra de la plántula,
control de malezas, limpieza de calle, aplicación de herbicidas,
plantación manual), fertilización, control de plagas,
podas, equipamiento y servicios. La tercera parte del costo se va
en herbicidas, control de plagas, fertilizantes, rodenticidas. Por
otro lado, durante los primeros tres años no hay producción
ni cosecha, y recién al octavo año se cosecha al 100%.
Los
productores que trabajan para una empresa procesadora de palma de
aceite suelen quedar cautivos de esa situación: la Planta
Extractora de la Empresa Palma Tica de México ofreció
plántulas a los productores, a crédito, con la condición
de que comercializaran sólo con ella su cosecha. En muchos
casos los productores no cuentan con la capacitación y las
herramientas adecuadas para la cosecha; en otros casos no cuentan
tampoco con la capacitación ni la adecuada asesoría
técnica para el cultivo, control y manejo integral de las
plantaciones. Muchas veces los productores campesinos e indígenas
que venden a las empresas procesadoras de aceite no están protegidos
por contratos o convenios de compra, ni seguros, lo que implica
que puede ocurrir que si la empresa no quiere, no les compra su
producción. Tampoco existen diferencias en los precios por
la calidad del producto que entregan.
En
2008, un grupo de trabajadores de la planta de aceite AGROIMSA,
en el municipio de Mapastepec, fue reprimido por la fuerza pública,
que detuvo a un asesor y a algunos dirigentes, varios de los cuales
quedaron en prisión. También los despidieron, generando
así un conflicto laboral.
Por
otro lado, las plantaciones de palma resultan excluyentes de otras
producciones. En el municipio de Villa Comaltitlán, una de
las principales zonas de cría de ganado junto con otros municipios
de la Costa, confirman que la caída de la ganadería
“se debió no a la negligencia de los productores, si
no más bien a la llegada de otro tipo de cultivos en donde
no se puede combinar con la ganadería. Por ejemplo, el cultivo
de plátano y de la palma africana le ha restado espacios,
lo que implica la disminución de la cría de ganado.”
En Chiapas los monocultivos de palma han tenido impactos desastrosos
sobre la producción de miel, de la que dependen miles de
apicultores, cuya crisis se agrava en la medida en que aumentan
las plantaciones.
También
causan otros estragos: en el municipio de Acapetahua, donde el señor
Manuel Jiménez manifestó que “los principales
culpables de destruir caminos y carreteras son los transportistas
de carga pesada, ya que con sus camiones cargados de piedra, caña
y fruta de palma africana causan los daños.” En la
cabecera municipal de Mapastepec, “Por el zanjeo para introducir
el drenaje se hundió el terreno (…) en el barrio 15
de septiembre y ahora dificulta el tránsito vehicular así
como se levantan grandes polvaredas y afecta la salud de los vecinos”.
Los habitantes del barrio, Gabriel Colón y Elio Ventura,
exigieron al Ayuntamiento el arreglo de la calle que es muy transitada
principalmente por camiones con carga de palma africana que van
a la planta de la aceitera.
No
cabe duda que los grandes negocios se hacen sobre las espaldas de
los más pobres, sobre sus tierras y territorios y a costa
de los bienes comunes de la humanidad. ¡Basta de monocultivos!
Resumen
y adaptación de: “La palma africana en México.
Los monocultivos desastrosos”, Gustavo Castro Soto, Otros
Mundos, AC/Amigos de la Tierra México,
12 de junio de 2009. Puede accederse al artículo completo
en: http://www.wrm.org.uy/paises/Mexico.html#info