Argentina:
mujeres Wichí y Guaraní denuncian la tala de la
soja
Según
un trabajo del investigador Daniel Slutzky, del Centro de Estudios
Urbanos y Regionales del Conicet, citado en un artículo
del periodista Claudio Scaletta (1), con relación a la
provincia de Salta “hasta mediados de los ‘90 la caña
de azúcar, el tabaco y los cítricos fueron, junto
al poroto, los cultivos tradicionales. Luego, el ciclo del poroto
se retrajo por el comienzo del auge sojero. La oleaginosa ocupa
hoy más del 50 por ciento de las tierras cultivadas de
la provincia y sigue expandiéndose”.
La
soja trajo consigo la deforestación. Se calcula que desde
1988 a la fecha se deforestaron aproximadamente 2,3 millones de
hectáreas. Según el artículo citado, “si
bien la tala indiscriminada se había iniciado con el poroto,
se comprende en clave sojera.”
Además
de deforestación, la soja trajo concentración de
tierras, desocupación y expulsión. “Los crecientes
precios de la oleaginosa y las nuevas tecnologías hicieron
que muchas áreas marginales se volvieran muy rentables.
Los precios de la tierra y de los arrendamientos se mantuvieron
rezagados en relación con la rentabilidad potencial, un
retraso suficiente como para absorber los sobrecostos de desmonte
y de fletes a los puertos. Por las necesidades de escala e infraestructura
del cultivo sojero las nuevas oportunidades sólo resultaron
accesibles para medianos y grandes productores. En el año
2000, 95 mil hectáreas estaban en manos de 19 productores
y sólo uno de ellos poseía 25.000. La concentración
coexistió con la expulsión de trabajadores. La modernización
tecnológica permitió una drástica disminución
de los requerimientos de mano de obra que pasaron de 2,5 a 0,5
jornales por hectárea, un aumento sin precedentes de la
productividad del trabajo. Su contraparte fue una significativa
emigración de la población rural y la virtual desaparición
de pequeños poblados. La tradicional articulación
entre la gran empresa agraria y los pequeños productores,
muchos de ellos indígenas, se rompió. Los campesinos
de parcelas de subsistencia comenzaron a encontrar serias dificultades
para complementar salarialmente sus ingresos con las demandas
estacionales de la zafra de la caña y la cosecha de poroto,
actividades que perdieron importancia relativa. A la realidad
de los pequeños productores expulsados de sus tierras se
suma la de los pueblos originarios, como los wichís. Algunos
emigraron a los conurbanos de Tartagal, Embarcación y la
ciudad de Salta. Otros se quedaron arrinconados en bosques que
retrocedían”.
Es
en este contexto que el 17 de diciembre de 2008, 18 comunidades
indígenas Wichí y Guaraní de Salta presentaron
una medida cautelar ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación
para la suspensión de las numerosas autorizaciones de desmonte
emitidas por el Gobierno de la provincia. El gobierno provincial,
a través de la Secretaría de Medio Ambiente, había
avalado pedidos de desmonte y tala sobre un total de 807.509 hectáreas
de bosque. Pese a las denuncias de contaminación, enfermedades
y desastres naturales provocados por la depredación de
los bosques nativos, y al reclamo de las comunidades indígenas
por la restitución de sus territorios ancestrales, la Corte
no emitió un fallo definitivo. A fines de diciembre de
2008 ordenó la suspensión temporal de los desmontes
y la tala de bosque nativo autorizados en el último trimestre
de 2007, hasta la realización de un estudio de impacto
ambiental que debía estar listo en 90 días.
El
26 de marzo de 2009 la Corte hizo una extensión de la medida
de suspensión, a la espera del informe provincial. A pesar
del fallo, la deforestación continuó: las empresas
siguieron avanzando sobre los territorios reclamados por las comunidades,
y sobre el bosque nativo.
Ante la inminente resolución final de la Corte, 20 mujeres
Wichí y Guaraní tomaron la decisión de hacerse
oír. Fue así que a fines de julio llegaron desde
Salta a la capital, como explican, para “llevar NOSOTRAS
Y SIN INTERMEDIARIOS los reclamos a los lugares donde se toman
las decisiones sobre nuestras vidas, por eso vamos a Buenos Aires”.
Hasta ahora, la respuesta a sus reclamos, presentados en los municipios
provinciales, solo fue más represión, exclusión
y discriminación.
Estas mujeres, decididas a “levantar las armas de la conciencia”,
anuncian que no quieren ser representadas por organizaciones intermedias,
“llámense ONG´s u otras”. “Queremos
gritar claramente nuestros reclamos: por nuestras tierras y territorios
que están siendo devastados por los desmontes, porque no
se cumple con la prohibición de tala del monte nativo”.
“Estamos en una situación de miseria, que no nos
propusimos, sino que es consecuencia de toda la deshumanización
con que se manejan las personas del otro lado. Los que contando
con dinero y poder nos avasallaron y nos enfrentaron con otros
hermanos pobres para que nos invadieran y nos despojaron también
de nuestro territorio”.
Ellas
hablan de las enfermedades que acarrean los desmontes, de la leishmaniasis,
ante la cual no saben defenderse por desconocerla. “Nadie
viene aquí a instruirnos, nadie viene a capacitarnos, y
sabemos que para hacer los programas y los proyectos de salud
no hay ningún indígena”. (2)
En
Buenos Aires, el grupo de mujeres presentó su petitorio
ante diversos organismos, entre ellos la Corte Suprema, la Presidencia
de la Nación, la Defensoría del Pueblo de la Nación,
la Cámara de Diputados, Amnistía Internacional,
la Asociación Americana de Juristas y la Asamblea Permanente
por los Derechos Humanos.
Pero
no hay tregua: el 14 de agosto pasado, la Corte Suprema de Justicia
de la Nación decidió, eufemísticamente, "permitir
la reanudación de la ejecución de las tareas de
aprovechamiento forestal en los departamentos de San Martín,
Orán y Santa Victoria". Eso quiere decir permitir
que continúe la deforestación en el norte de Salta,
rechazando la demanda de las comunidades originarias.
Según
cuentan las mujeres, la respuesta que les dieron fue que “quizá
se trata de "Tala Selectiva" o "Reforestación"
lo que vinimos a denunciar. Luego de ver las fotos y las pruebas
de todo lo planteado, nos dijeron además que podríamos
tomar el ejemplo de nuestros hermanos del sur que son protectores
de parques nacionales !!!!! Pero claro, siempre y cuando tengamos
los títulos de propiedad!!! INDIGNANTE. No dieron ninguna
respuesta, ni alternativas”. (3)
Como
expresaron con sus palabras: “Estamos sufriendo en este
momento lo que toda la vida hemos sufrido: el despojo. Si bien
antes nos combatían con el Winchester, el Remington, el
Mauser, ahora es con este modelo de sojización que hay
en el norte”.
(1)
“Soja y bosques nativos”, Claudio Scaletta, Página
12, http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash
/17-3842-2009-03-29.html
(2) “Para ser vistas y escuchadas. Mujeres de la comunidad
wichí "Honat Le' Les", en lucha”, Raquel
Schrott y Ezequiel Miodownik para la Agencia de Noticias Biodiversidadla,
http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/50831
(3) “Argentina_MUJERES WICHI Y GUARANI: La lucha continúa”,
Red Latina Sin Fronteras, http://red-latina-sin-fronteras.lacoctelera.net/post/2009/08/20/
argentina_mujeres-wichi-y-guarani-lucha-continua