Paraguay:
deforestación viola derechos humanos de indígenas
en aislamiento voluntario
Un caso muy claro para ilustrar
que la conservación de bosques es un tema de derechos
humanos, es el de la situación de los indígenas
Ayoreo que habitan en el Chaco paraguayo. También es
uno de los casos más claros de que la protección
de los bosques debe dejarse en manos de quienes están
más interesados en su conservación: los pueblos
indígenas que de ellos dependen.
Al igual que sus pares de
la época de la Conquista de América, los misioneros
fueron quienes prepararon las condiciones para el robo y destrucción
de los bosques hasta entonces utilizados sustentablemente por
los Ayoreo. En palabras de Mateo Sobode Chiquenoi, Presidente
de la Unión de Nativos Ayoreo de Paraguay (UNAP):
“Fueron los misioneros
los que hicieron que no podamos más vivir en el territorio.
Desde fines de los años 50 del siglo XX, misioneros
mennonitas, misioneros evangélicos norteamericanos y
misioneros católicos quitaron a todos los Ayoreo de
los territorios donde vivíamos. Es como que los misioneros
limpiaron con su evangelización el territorio que pertenecía
al pueblo Ayoreo. Así fue fácil para los ganaderos
comprar casi todo nuestro territorio y algunos blancos poderosos
así nomás agarraron nuestro territorio”.
Al igual que sus hermanos
y hermanas indígenas de toda América, el contacto
con la “civilización”
resultó en muerte por enfermedades para las que no contaban
con defensas inmunológicas. Cuenta el presidente de la
UNAP que “cuando mi padre se fue donde los blancos, él
se acabó
ahí. Otros 85 Ayoreo murieron junto con mi papá
contagiados por sarampión justo después del contacto”.
Pero además de “morirse
como moscas por el contacto”, quienes lograron salvarse
se enfrentaron al destino de “vivir sin libertad y sin
respeto hacia nosotros, vivir como pobres”.
Quizá por esa razón,
varios grupos Ayoreo se negaron a ser “civilizados” por
los misioneros y eligieron continuar con sus prácticas
milenarias viviendo en aislamiento voluntario.
“Hay todavía
Ayoreo que viven rechazando el contacto. Viven en los territorios,
donde todos nosotros vivíamos. Ustedes blancos los llaman ‘silvícolas’,
o ‘indígenas en aislamiento voluntario’.
Ellos mantienen todavía su forma de vivir de siempre,
que es nuestra cultura tradicional. Sabemos que hay por lo
menos seis grupos Ayoreo no contactados en territorio paraguayo”,
afirma Mateo Sobode.
Sin embargo, la
“civilización” sigue avanzando y a su paso
va destruyendo el bosque, ya sea para destinar el suelo a la
ganadería o para hallar el muy preciado petróleo.
Mirado solo desde la perspectiva
climática, todo esto es un crimen ambiental. La destrucción
del bosque significa la emisión hacia la atmósfera
de todo el carbono almacenado en la biomasa forestal. La introducción
de la ganadería implica la emisión de enormes
cantidades de otro gas de efecto invernadero: el gas metano.
Y por supuesto que de hallarse petróleo, implicará una
nueva fuente de incremento del carbono total presente en la
biósfera.
Pero mirado desde la perspectiva
más amplia de los derechos humanos, el avance del desmonte
implica la violación del derecho a la vida de los últimos
representantes no contactados del pueblo Ayoreo –que
dependen enteramente del bosque para asegurar su supervivencia
física y cultural- y la violación de los derechos
territoriales del pueblo originario de toda esta región.
“Estos grupos están
en situaciones de mucho peligro. Cada vez hay más desmontes
muy grandes para ganadería en todo el norte del Chaco”,
afirma Mateo Sobode. Agrega que los responsables “son
brasileros, holandeses, uruguayos, alemanes, mennonitas y también
paraguayos que terminan comprando todo nuestro territorio y
no hay ninguna consideración para la vida de nuestros
hermanos en el monte”.
A lo anterior se suma la
prospección petrolera. Ya se han llevado a cabo estudios
de prospección, que han implicado una densa cuadriculación
del monte con la apertura de líneas para pruebas sísmicas,
con graves efectos de alteración para los Ayoreo en
aislamiento voluntario. Peor aún, tras culminar la primera
etapa de exploración en la zona, la empresa británica
CDS Energy informó
en mayo de este año que encontraron yacimientos de petróleo
y gas en el chaco paraguayo. De no tomarse medidas inmediatas
y efectivas, esto podría resultar en el exterminio total
de los grupos en aislamiento voluntario.
Como bien dice Mateo Sobode, “Estos
grupos tienen derecho a la legalización de los territorios
en donde están viviendo. También se debe respetar
el derecho de autodeterminación de nuestra gente del
monte. Las leyes se deben cumplir, por ejemplo no incursionar
o trabajar en esas zonas, ni vender el territorio donde ellos
están para que no se los moleste. A ellos no les interesa
vivir con ningún misionero ni ningún blanco,
a ellos les interesa vivir en su hábitat y con los dioses
que solo conocen los Ayoreo, y tienen el derecho de decidir
cómo quieren vivir. Si quieren salir van a salir, pero
mientras tanto no hay que presionarlos. Ellos tienen su manera
de vivir con el monte. El monte, Eami, les da lo que
necesitan y les protege, y ellos cuidan al monte. Antes que
lleguen los blancos los Ayoreo vivíamos en nuestro territorio
sin que se cambie la cara de nuestra madre, el monte, Eami”.
Las medidas para asegurar
tanto la conservación del bosque como la supervivencia
de los últimos Ayoreo que lo utilizan sustentablemente
son simples: asegurar el cumplimiento de las leyes, normas
y convenios internacionales que protegen a los indígenas
en aislamiento voluntario.
Esperamos que el gobierno
de Paraguay se haga eco del llamamiento de los Ayoreo, que
están “pidiendo a las autoridades competentes
que no permitan más que continúe la cacería
humana contra nuestros hermanos no contactados que viven en
su territorio y en su propia cultura. No queremos que su cultura,
nuestra cultura, termine”.
Al mismo tiempo, esperamos
que los gobiernos de Paraguay, Holanda, Uruguay, Alemania,
Brasil e Inglaterra- hagan algo para impedir que sus empresarios
continúen llevando a cabo actividades criminales –contra
los indígenas y contra el clima del Planeta- en el Chaco
paraguayo.
Y esperamos también
que la comunidad internacional se una a la lucha para exigir
el respeto del derecho de estos indígenas en aislamiento
voluntario a “decidir cómo quieren vivir” y
a poder hacerlo en los bosques que les pertenecen.
Información de: “Paraguay:
el caso Ayoreo”. Unión de Nativos Ayoreo de Paraguay,
Iniciativa Amotocodie. Informe IWGIA 4
http://www.wrm.org.uy/pueblos/El_caso_Ayoreo.pdf
Boletín
Nº; 149 del WRM, diciembre de 2009