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El Chocó colombiano: una región megadiversa en un país
megadiverso . . . ¿por cuánto tiempo más?
La región del Chocó
Biogeográfico comprende una franja de 75.000 kilómetros de
superficie sobre la costa del Pacífico Colombiano, que se
extiende desde Panamá a Ecuador. Debido a la combinación de
factores evolutivos, ecológicos, climáticos y geológicos,
esta región presenta la mayor concentración de biodiversidad
del mundo en cuanto a número de especies por hectárea. De las
45.000 especies registradas en Colombia, entre 7.000 y 8.000 se
encuentran en el Chocó. A su vez las plantas endémicas son
más de 2.000 en tanto las aves endémicas comprenden más de
100 especies, lo que representa los más altos niveles de
endemismo del Planeta. Las comunidades afrocolombianas que
habitan la región han desarrollado una rica cultura en armonía
con el ambiente en ese ambiente tropical. Se trata de una
región megadiversa en un país biodiverso.
Sus bosques han sido
clasificados en dos grupos de acuerdo con su composición:
formaciones homogéneas y heterogéneas. Las primeras comprenden
aquellas donde una sola especie es dominante. Es el caso del
catival, los manglares y el bosque de naidí, dominados
respectivamente por el cativo (Prioria copaifera), el
mangle (Rhizophora spp) y el ñaidí (Euterpe
oleoracea). Los bosques heterogéneos están compuestos por
una diversidad de especies distribuidas según un gradiente de
altitud, asociados a su vez con distintos volúmenes de
precipitación.
La totalidad de las
estimaciones de la cobertura forestal realizadas hasta ahora son
contestes en que la región está sufriendo un severo proceso de
deforestación. Solamente alrededor de un 40% de la superficie
boscosa original queda todavía en pie. La colonización, la
expansión de la frontera agrícola, la ganadería y la corta de
madera son los factores que explican la presente situación. Sin
embargo la causa primera debe ser rastreada en un inequitativo
acceso a la tierra y los recursos naturales, que es
característico no sólo de esa región, sino de todo el país.
Desde la época de la Conquista en adelante la región del
Pacífico Colombiano ha sido sujeta a una persistente
extracción de recursos naturales –como oro, arcilla, bálsamo
y varias maderas nobles- en un proceso que no generó ningún
tipo de beneficios para las poblaciones locales. Con la
independencia política las cosas no cambiaron. En realidad, la
conquista del territorio por parte del moderno estado colombiano
durante los denominados períodos de "liberalización de la
naturaleza" (1850 – 1930) y de "modernización de la
naturaleza" (1930 – 1970) implicaron fuerte presiones
sobre el territorio del Chocó Biogeográfico.
No es sólo la
biodiversidad natural la que se encuentra amenazada, sino
también la diversidad de culturas que han coexistido con
aquella. Por ejemplo, la destrucción del catival a manos de
empresas privadas está poniendo en riesgo los medios de vida y
el espacio vital de las comunidades. En algunos casos –-como
el de las Comunidades Afrocolombianas Desplazadas Forozosamente
de la Cuenca del Cacarica-- poblados enteros han debido dejar
sus tierras y hogares, ocupados por empresas madereras, tratando
de salvar sus vidas mediante la emigración. Esta situación ha
sido considerada un ecocidio.
El sistema de tenencia
de la tierra y los conflictos ambientales a él vinculados han
sido una trágica constante en la historia de Colombia. La
situación de los indígenas Embera y U’wa, quienes han
presenciado la invasión de sus tierras por los agentes del
"desarrollo" y han sido objeto de todo tipo de
violación a los derechos humanos, incluso el asesinato, así
como la destrucción masiva de los bosques por los cultivos
ilegales y su represión –ahora incentivada por el Plan
Colombia- junto a la acelerada deforestación que está
sufriendo la valiosa región del Chocó constituyen signos
alarmantes de un proceso de destrucción de la biodiversidad que
parece nunca acabar. Como consecuencia resulta dudoso que
Colombia –y la región del Chocó Biogeográfico- puedan
seguir en un futuro siendo consideradas territorios biodiversos.
Fuente: Boletín
Nº 44 del WRM, Marzo de 2001
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