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Boletín del WRM

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Número 61 - Agosto 2002

 

LA ESPERANZA DEL FUTURO

- Pueblos de los bosques: un rayo de esperanza

El bosque tropical es uno de los ecosistemas más diversos y al mismo tiempo más amenazados del planeta. Si bien los gobiernos han coincidido en el diagnóstico, han fracasado en la aplicación de medidas internacionales y nacionales destinadas a asegurar su conservación. En ese contexto, es importante subrayar ciertos temas fundamentales que es necesario asumir seriamente para hacer posible la conservación de los bosques.

El primero de todos es que los bosques no están vacíos. Los bosques tropicales han estado habitados por pueblos indígenas y tradicionales durante miles de años, mucho antes de la creación de la mayoría de los estados nacionales modernos. Cada uno de esos pueblos conoce con extrema precisión los límites del territorio que utiliza, maneja y posee.

En directa vinculación con ese conocimiento, el segundo tema a resaltar es que los pueblos que habitan los bosques detentan derechos sobre esos territorios en virtud de haber sido los primeros que se establecieron en ellos. No obstante, la mayoría de los gobiernos nacionales no reconocen esos derechos y declaran que los bosques pertenecen legalmente al estado. Esa injusticia jurídica --en la mayoría de los casos forjada por el régimen colonial-- prepara el camino para la destrucción de los bosques a través de concesiones gubernamentales para la explotación a gran escala, que abarca madereo industrial, minería, extracción de petróleo, plantaciones y muchas otras actividades destructivas.

El tercer tema es que los pueblos indígenas son poseedores del conocimiento sobre el bosque. Prueba de esto es que durante siglos lograron vivir con el bosque y satisfacer todas sus necesidades materiales y espirituales a través de un manejo experto. Las causas de la mayoría de las prácticas destructivas modernas generalmente se encuentran en las presiones externas sobre los bosques resultado de políticas gubernamentales, más que de los propios pueblos que habitan el bosque.

El cuarto tema y tal vez el más importante, relativo al futuro de los bosques, es que los pueblos que los habitan son los más directamente interesados en su conservación, porque los bosques no solamente aseguran su sustento sino que son parte integral de su forma de vida, donde el respeto por la naturaleza está en el corazón de su cultura. No son meras "partes interesadas" sino "titulares de derechos" y en calidad de tales son quienes están más dispuestos (y capacitados) para proteger sus recursos en el largo plazo.

Los pueblos que habitan el bosque constituyen, pues, un rayo de esperanza para el futuro de los bosques. Tienen los derechos y el conocimiento y su supervivencia física y cultural depende de asegurar su conservación. En muchos casos, los pueblos que habitan el bosque adaptan su conocimiento a una situación cambiante, ideando y aplicando alternativas para lograr formas de vida sustentables y equitativas, apartadas del discurso oficial y ya carente de significado del "desarrollo sustentable", que gobiernos y transnacionales han vaciado del contenido que inicialmente tenía.

Sin embargo, el rayo de esperanza que representan estos pueblos todavía no es lo suficientemente fuerte y necesita apoyo de todas las organizaciones que trabajan por los derechos humanos y la conservación del bosque. En la medida que constituyen la principal oposición "en el terreno" a la destrucción de los bosques, los pueblos que habitan el bosque son una base para la creación de alianzas mundiales de personas dispuestas a apoyar su lucha. Pero ese apoyo no debe ser visto en el sentido de que "los asistimos", sino como un esfuerzo de colaboración para asegurar la continuación de las formas de vida presentes y futuras de todos los habitantes de la Tierra.

La Cumbre de Johannesburgo es una oportunidad para que los gobiernos renueven su compromiso con la conservación de los bosques. La forma de demostrar su voluntad política sería reconocer explícitamente los derechos territoriales de los pueblos indígenas y otros pueblos tradicionales del bosque, y comprometerse a incorporar esto a su legislación nacional. Sería el primer paso en la dirección correcta, porque crearía las condiciones básicas necesarias para hacer posible la conservación de los bosques. ¿Los gobiernos finalmente harán lo que es necesario hacer y permitirán que brille este rayo de esperanza?


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- Manejo Comunitario de Bosques: una alternativa viable y necesaria

Diez años después de la Cumbre de la Tierra, la deforestación sigue avanzando en la mayor parte de los países del mundo y en particular en las regiones tropicales. En nuestros sucesivos boletines hemos registrado abundantemente casos y procesos de destrucción, detrás de los cuales es posible percibir, de una u otra forma, la mano del Norte.

Si bien este es el modelo predominante y avanza con toda la fuerza de la globalización y los mecanismos de poder de los que ésta dispone (léase instituciones financieras multilaterales, Organización Mundial de Comercio, condicionamientos crediticios, etc.), también hay otro u otros modelos diferentes. Se trata de los sistemas que los pueblos indígenas y comunidades locales que viven en y del bosque han desarrollado durante cientos o miles de años. Estas sociedades presentan una rica tradición de manejo del bosque en función de parámetros totalmente diferentes al modelo predominante, con base en la comunidad y con un objetivo de conservación. Han sido custodios ancestrales de ese ecosistema por ser éste parte intrínseca de su forma de vida, e indudablemente se convirtieron en un obstáculo para las fuerzas económicas que pretenden destruirlo siguiendo su ecuación de ganancia. Es por eso que han intentado silenciarlas y quitarles visibilidad.

Durante muchos años, la política forestal se apoyó en la noción de que los usuarios locales de los bosques eran ignorantes y destructivos. Las autoridades estatales en las capitales, encargadas de formular las políticas, desmerecieron los conocimientos y capacidades de los pueblos indígenas y comunidades locales, pasando por alto lo obvio: que nadie más que ellos tenían interés en manejar sustentablemente los bosques, por ser su fuente de vida y que nadie conocía mejor que ellos el funcionamiento y el manejo del bosque.

Es así que los supuestos expertos metieron en la misma bolsa a las prácticas indígenas de manejo del bosque que implicaban un sistema sustentable de rotación, con la de colonos-agricultores empujados por políticas gubernamentales a las áreas tropicales (para quienes el bosque era más obstáculo que recurso), acusándolos a todos por igual de ser los principales agentes de la degradación de los bosques.

Esa visión interesada prevaleció durante mucho tiempo, pero en años recientes las comunidades del bosque han iniciado un proceso de fortalecimiento, dando a conocer sus posiciones, creando alianzas locales, regionales, nacionales e internacionales, vinculándose con otros sectores de la sociedad civil afines a sus posiciones, reclamando el respeto de sus derechos, dialogando, defendiendo sus territorios, expresándose en los foros internacionales.

Y en estos momentos, en que los impactos económicos, sociales y ambientales del modelo industrial y desarrollista se revelan como pruebas más que suficientes de su insustentabilidad, en que se siente en dimensiones trágicas y duele la pérdida del antiguo vínculo armónico entre el ser humano y la naturaleza que hasta ahora permitió la vida de nuestra especie en la Tierra, se hace imperioso un cambio que implique un retorno al origen, un "religarse". Y es en ese sentido, a contracorriente del poder, que los sistemas de manejo comunitario de los recursos naturales vuelven a hacerse visibles y resurgen con la fuerza de una alternativa a seguir.

En 1978, en ocasión del Congreso Forestal Mundial "Bosques para la Gente" (Forests for People), ya se empezó a manifestar un cambio gradual de perspectivas. El concepto de manejo comunitario de bosques comenzó a ganar aceptación a escala internacional, en la medida en que se empezó a reconocer que quienes más saben del bosque son quienes viven de él.

A partir de casos exitosos y del análisis de otros que no lo han sido tanto, se ha ido conformando un movimiento, tanto a nivel nacional como internacional, que agrupa a quienes buscan promover el manejo comunitario de bosques. A nivel de procesos internacionales --y en particular de la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sustentable (CMDS)-- esta corriente se ha materializado en el Caucus de Manejo Comunitario de Bosques, que en junio se reunió en Bali, Indonesia, paralelamente a la última reunión preparatoria de la CMDS. Quienes participan en el Caucus --entre los que se encuentra el WRM-- nos hemos comprometido a promover activamente el manejo comunitario de bosques como alternativa tanto viable como social y ambientalmente deseable a ser incorporada por la CMDS como solución frente a la crisis de los bosques.

Más allá de definiciones técnicas más o menos elaboradas, el propio nombre de "manejo comunitario de bosques" de por sí ya expresa en forma bastante precisa sus características, pese a lo cual puede resultar útil identificar al menos las premisas mínimas para que pueda ser considerado como tal.

En primer lugar, el régimen de manejo comunitario del bosque busca garantizar el acceso y control sobre los recursos del bosque a las comunidades que lo habitan, pero principalmente a las que dependen de él para satisfacer sus necesidades económicas, sociales, culturales y espirituales. El manejo del bosque debe tener como objetivo ofrecer seguridad no solo a la generación presente sino a las que vendrán, así como a aumentar la posibilidad de su sustentabilidad. Se apoya entonces en tres principios:

- los derechos y responsabilidades sobre los recursos del bosque deben ser claros, seguros y permanentes,
- los bosques deben ser manejados de manera adecuada para que provean de beneficios y valor agregado;
- los recursos del bosque deben ser traspasados en buenas condiciones para asegurar su viabilidad futura.

En términos generales, el concepto incorpora elementos definitorios básicos que no pretenden referirse a un modelo único sino a una diversidad de ellos. Cada uno tendrá características especiales propias, resultado de la cultura y las características ambientales del lugar, pero todas en torno a un marco conceptual que trasciende lo meramente técnico.

Dicho marco conceptual incluye una visión holística del mundo que abarca factores ecológicos, sociales, políticos, económicos, morales y espirituales. Sus valores morales se basan en la armonía y no en el conflicto; los valores sociales se traducen en vínculos basados en la cooperación y la asociación entre grupos comunitarios; los valores ecológicos buscan integrar a la gente y su ambiente con la economía a escala local a través de la adopción de un enfoque multifuncional y multiproducto. En este marco, la economía busca la reducción de la pobreza, la equidad y la autosuficiencia, y la integración social apunta a promover el desarrollo local basado en las comunidades. Por otro lado, la democracia en las decisiones sobre los recursos locales implica que las medidas deben ser adoptadas por la propia comunidad, en las formas que ella se dé. A su vez, la espiritualidad y la cultura forman parte integral de las comunidades del bosque, que lo consideran hogar de sus ancestros, de espíritus y dioses sagrados, lo que les da a sus ojos una dimensión mucho más amplia que la de mera mercancía.

Es importante señalar que lo anterior no es un planteo teórico, sino una descripción de situaciones reales que existen a lo largo y ancho de todos los continentes. El manejo comunitario de bosques existe y se vuelve cada vez más visible, a pesar de la oposición o el insuficiente apoyo que recibe de parte de los gobiernos y de los organismos internacionales.

En ese marco, la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible en Johannesburgo ofrecerá una buena oportunidad para difundir este enfoque como alternativa al modelo destructivo predominante. El Caucus de Manejo Comunitario de Bosques está trabajando para sumar fuerzas y tratar de influenciar a los gobiernos como forma de incidir en la redacción de los textos de los acuerdos internacionales, identificar estrategias y mecanismos para crear un movimiento mundial que trascienda las reuniones cumbre, establecer vinculaciones con otros grupos afines, aprovechar la presencia de los medios de difusión para llegar a la opinión pública y poder crear consciencia.

Los gobiernos tienen en Johannesburgo la posibilidad de tomar como referente el sistema de manejo comunitario de bosques e intentar un giro en la política forestal predominante. Que tomen en cuenta o no estas sugerencias revelará el grado de compromiso que tienen con la conservación de los bosques.

Artículo basado en información obtenida de: "Forests, People and Rights", escrito por Liz Chidley, editado por Carolyn Marr. Down to Earth, International Campaign for Ecological Justice in Indonesia, Informe Especial de junio de 2002, http://dte.gn.apc.org/srfin.htm ; "When there's a Way, there's a Will", Report 1: Developing Sustainability through the Community Ecosystem Trust, by Michael M'Gonigle, Brian Egan, Lisa Ambus, y Heather Mahony, David Boyd, Bryan Evans, Eco-Research Chair of Environmental Law and Policy, University of Victoria, Canada, and the International Network of Forests and Communities, julio de 2001, http://www.forestsandcommunities.org/PDF/CET%20Flyer.pdf


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UN PRESENTE DE DESTRUCCION

- La deforestación tiene sus causas y sus responsables

Durante los diez años transcurridos desde la Cumbre de la Tierra los gobiernos han estado enfrascados en una serie de procesos internacionales con el objetivo declarado de asegurar la conservación de los bosques. Sin embargo, poco o nada podrán mostrar en la Cumbre de Johannesburgo en cuanto a los resultados concretos logrados, por lo sencilla razón de que los bosques han seguido desapareciendo.

En el mejor de los casos, algunos pocos gobiernos --en particular de Europa-- podrán argumentar que en sus países han logrado revertir el proceso y que ahora tienen más "bosque" que antes. Sin embargo, ello esconde dos hechos de fundamental importancia. Por un lado, que la ampliación de su "área boscosa" se trata en realidad de la plantación de monocultivos forestales que poco tienen que ver con sus bosques originales. Por otro lado, esconde un hecho aún más importante: que la conservación de sus bosques se ha hecho a expensas de los bosques de otros países, en particular del Sur.

Adicionalmente, tanto esos como los restantes países del Norte son directamente responsables de los graves procesos de deforestación que han ocurrido y continúan ocurriendo en el Sur, a través de la imposición de un modelo de desarrollo que ha generado pobreza y degradación ambiental en los eufemísticamente llamados "países en vías de desarrollo".

En definitiva, dudamos que exista algún gobierno que se pueda atrever a afirmar seriamente en Johannesburgo que no sólo ha conservado sus bosques, sino que además no ha contribuido a la pérdida de bosques en otros países. Incluso países como China y Tailandia, que decretaron una prohibición a la corta de sus bosques, son a esta altura claramente responsables de procesos de deforestación en terceros países.

Para entender las afirmaciones anteriores se hace necesario comprender las distintas causas de la deforestación y la degradación de los bosques, que se agrupan en causas directas y causas subyacentes (o indirectas). Las causas directas son las más fáciles de apreciar y son aquellas a las que en la mayoría de los casos se les atribuye la responsabilidad de la deforestación. Sin embargo, en realidad son otras las causas --las llamadas "subyacentes"-- las que determinan que las directas ocurran.

A modo de ejemplo, cada vez más, un importante número de campesinos corta e incendia bosques para destinar el suelo a cultivos agrícolas y cría de ganado. Esto constituye una causa directa de deforestación. Sin embargo la razón por la cual los campesinos emigran al bosque es porque en su lugar de origen no disponen de tierras para cultivar y ello se origina en una política injusta en materia de distribución de tierras. Esta es una causa subyacente. Además, si los campesinos llegan al bosque es porque previamente el gobierno o las empresas madereras o mineras abrieron caminos de penetración hacia el mismo. Esta --la apertura de caminos-- es otra causa subyacente. En muchos casos, el gobierno impulsa esta migración apuntando a la expansión de la frontera agrícola con el objetivo de aumentar las exportaciones. Esto tiene implícitas varias causas subyacentes: la necesidad de pagar la deuda externa, las políticas impuestas por los organismos financieros internacionales, la existencia de mercados de consumo en los países más ricos, entre otras.

El motor de las causas directas

Entre las causas directas más importantes de la deforestación figuran la conversión del bosque a la agricultura y a la cría de ganado, la urbanización y la construcción de carreteras, la actividad de las empresas madereras, la minería, la explotación petrolera, la construcción de oleoductos y gasoductos, la cría industrial de camarón (en el caso de los bosques de manglar), los incendios y la construcción de grandes represas hidroeléctricas. Las grandes plantaciones forestales para abastecer a diferentes industrias de materia prima barata, son también causa directa de deforestación en la medida que estos cultivos son precedidos generalmente por la corta del ecosistema forestal nativo.

Sin embargo, el verdadero motor, causante de que todas estas actividades se realicen en forma depredadora e insustentable es el modelo de "desarrollo" vigente. Este implica la explotación irrestricta de la totalidad de los recursos del planeta, con el objetivo de alimentar un siempre creciente mercado consumidor, en particular en los países del Norte industrializado. La desigualdad de los términos de intercambio entre el Norte y el Sur, que ha generado una creciente e impagable deuda externa que obliga a extraer y exportar cada vez más recursos, sólo para pagar sus intereses, ha acrecentado la devastación. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, los bancos multilaterales regionales y la Organización Mundial de Comercio han sido fundamentales en todo el proceso, impulsando y apoyando financieramente desde la construcción de carreteras y de represas hidroeléctricas, hasta forzando a los gobiernos a centrar sus esfuerzos en orientar la producción hacia la exportación, con el objetivo de poder cumplir con el servicio de la deuda externa. Además, el ajuste estructural impuesto por esos organismos ha implicado el "achique" del Estado, una de cuyas consecuencias ha sido la falta de recursos humanos y financieros a nivel del Estado para atender a la protección y manejo sustentable de los bosques.

En la mayoría de los casos estas causas tienen que ver con estrategias macroeconómicas que ofrecen fuertes incentivos para la obtención de ganancias a corto plazo en lugar de buscar la sustentabilidad a largo plazo. También son importantes las estructuras sociales profundamente arraigadas que provocan desigualdad en la tenencia de la tierra así como discriminación de los pueblos indígenas, de los agricultores de subsistencia y de los pobres en general. En otros casos incluyen factores políticos tales como la falta de democracia participativa, la influencia de los militares y la explotación de zonas rurales por élites urbanas.

Las fuerzas que actúan detrás de la agricultura insustentable

Según la FAO, el noventa por ciento de la deforestación es provocado por prácticas de agricultura insustentable, mientras que la tala y la plantación de árboles para explotación forestal desempeñan un papel más importante en la degradación de los bosques. Por más controvertidas que sean estas cifras, en todo caso puede decirse que la agricultura insustentable es sin duda una de las principales causas directas de la deforestación y la degradación de los bosques en muchos países del mundo. Un enfoque simplista del problema podría llevar a culpar a la "ignorancia" de los agricultores involucrados en este proceso, el cual, sin duda, es mucho más complejo. Son pocos los que realmente deciden voluntariamente abandonar su tierra natal, adentrarse en el bosque, talarlo y convertirlo en tierra agrícola. Se ven empujados a todo esto por las fuerzas nacionales e internacionales que actúan en función de intereses distintos a los suyos.

En algunos países, los bosques sirven de válvulas de escape para evitar los levantamientos sociales. La concentración del poder y la tierra en pocas manos da origen a grandes masas de desposeídos que pueden llegar a protagonizar situaciones de enfrentamiento y explosión social, por lo que, para evitarlo, se les ofrece la posibilidad de acceder gratuitamente a parcelas de tierra bosque adentro. Este acceso se hace posible a través de proyectos viales promovidos por el gobierno, construidos ya sea para talar los bosques en pos del "desarrollo" o como resultado de las actividades de compañías dedicadas a la explotación forestal, la minería, la energía u otras. Son los pobres los que hacen funcionar las motosierras o quienes prenden fuego al bosque, pero es principalmente el gobierno y las empresas los que están detrás de tales acciones.

Las consecuencias de largo alcance de la globalización

Los bosques también se talan para abrir paso a la agricultura moderna o la cría de ganado a gran escala con destino al mercado de exportación. Por ejemplo, muchos bosques han sido convertidos a la ganadería en América Central, a la producción de soja en Brasil y a la fabricación de madera para celulosa en Indonesia. En el primer caso, el proceso se originó en el crecimiento explosivo de un mercado de comida rápida --hamburguesas-- en Estados Unidos. Ese mercado exigía grandes volúmenes de carne barata que podría ser producida en países cercanos a la zona tropical. El resultado fue la deforestación generalizada de América Central. La producción subvencionada y altamente "tecnificada" de carne en Europa exige un abastecimiento siempre creciente de cereales para alimentar al ganado. La soja es uno de los principales insumos de esa producción, y en Brasil --así como en muchos otros países del Sur-- se han talado enormes superficies en los bosques para asegurar la sustentabilidad económica de ese sector a través del abastecimiento de cereal barato. Una situación similar ocurre con el papel: el aumento constante del consumo de papel, particularmente en los países de altos ingresos, depende de la disponibilidad de madera barata con las que alimentar a la industria de la celulosa y el papel. Es así que se talan los bosques de Indonesia -y de muchas otras partes del mundo- para dar lugar a las plantaciones de eucalipto destinadas a abastecer ese mercado con crecientes cantidades de materia prima barata. En los casos anteriores, resulta claro que la producción de hamburguesas en Estados Unidos, o de carne en Europa y de papel en los países de ingresos elevados, constituye una causa subyacente de la deforestación de América Central, Brasil e Indonesia.

Las políticas de tenencia de la tierra y las desigualdades

El siguiente ejemplo de Ecuador puede hacerse extensivo no sólo a la mayoría de los demás países amazónicos sino también a muchos otros países del Sur en otras regiones distantes. A comienzos de la década del 70 hubo un gran flujo migratorio de agricultores que se adentraron a la Amazonía ecuatoriana, una de las zonas de bosques más preciada del mundo. La mayoría de estos agricultores venían de los Andes y las regiones costeras del país, escapando a la falta de tierra, el desempleo y la degradación de la tierra. La migración fue activamente alentada por un programa del gobierno ecuatoriano que incluía la entrega de títulos para los inmigrantes si éstos demostraban que la estaban dedicando a actividades productivas. La forma de demostrarlo era simple: deforestar el 80% del predio asignado y eso fue lo que hicieron. Por lo tanto, la causa real del terrible proceso de deforestación resultante se halla en una serie de políticas del gobierno y no en la supuesta "ignorancia" o "pobreza" del campesinado que migró a la Amazonía.

Modelos de producción y consumo

Los modelos de producción y consumo desempeñan un papel importante en la deforestación, ya que son la respuesta a la pregunta de por qué tantos, si no la mayoría, de los países tienden a centrar su producción en el abastecimiento de los mercados de exportación. Muy pocas veces la producción de alimentos para los pobres es causa de deforestación. Por el contrario, las mayores superficies de bosques convertidas a otros usos están dedicadas a la producción agropecuaria para exportación. Estos productos, que van desde café y carne a coca y soja, en muchos casos son producidos casi exclusivamente para los mercados exportadores. En la mayoría de los casos se estimula la producción para la exportación para reparar la muy a menudo seriamente alterada balanza comercial, y/o para pagar deudas que en parte son causadas por este desequilibrio de la balanza comercial. Según la actual ideología del libre comercio, el remedio estándar de instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional para estos problemas es aumentar la exportación, en lugar de disminuir las importaciones.

Un problema mundial con muchos actores

La deforestación y la degradación de los bosques ocurre tanto en los países del Norte como del Sur y las causas subyacentes también se originan en ambos, si bien con diversos grados de responsabilidad. Los países industrializados no sólo redujeron o degradaron sus propios bosques en el pasado, sino que muchos lo siguen haciendo en el presente, ya sea a través de la tala a gran escala --como en muchas zonas de Canadá, Estados Unidos o Australia-- o la simplificación --y por lo tanto degradación-- de los bosques reduciéndolos a unas pocas especies de valor comercial a costa de la biodiversidad --como ocurre en Suecia, Francia o Finlandia. Al mismo tiempo, los problemas resultantes del modelo de industrialización tienen un fuerte impacto en la degradación de los bosques. Algo similar ocurre en el Sur, donde algunos bosques están siendo cortados a tala rasa --en gran parte para la agricultura insustentable orientada a la exportación, para la plantación de monocultivos de árboles y palmas oleaginosas o para la ganadería-- o están siendo degradados como resultado de la actividad maderera selectiva de las especies comercialmente más valiosas como la caoba.

Algunas causas subyacentes se originan dentro del país --sea del Norte o del Sur-- mientras que otras pueden estar fuera de los límites nacionales. En esta situación, la mayor responsabilidad generalmente la tiene el Norte. Las políticas macroeconómicas impuestas al Sur a través de una serie de mecanismos figuran entre las principales causas profundas de la deforestación. Uno de los resultados más obvios de tales políticas ha sido la creciente incorporación de exportaciones agrícolas de países del Sur a mercados de países del Norte, generalmente a costa de los bosques. Las mismas políticas macroeconómicas han desembocado en la concentración de la riqueza en el Norte que, sumado a los poderosos incentivos al consumo desmedido, dieron como resultado modelos de consumo insustentables con fuertes repercusiones en especial --aunque no exclusivamente-- en los bosques del Sur.

Los gobiernos y élites del Sur también tienen la responsabilidad de algunas de las causas subyacentes de la deforestación. Las políticas gubernamentales con respecto a los derechos de los pueblos indígenas --particularmente las que afectan sus derechos sobre sus territorios-- han sido la causa estructural de muchos procesos de deforestación que no hubieran ocurrido de haberse reconocido esos derechos. Las políticas gubernamentales sobre los derechos a la tenencia de la tierra en general provocaron la concentración de las mejores tierras agrícolas en unas pocas manos y la consiguiente migración de los campesinos pobres a los bosques, lo que provocó una deforestación en gran escala. No obstante, en la mayoría de los casos las políticas gubernamentales están vinculadas a actores externos como las instituciones multilaterales, los organismos de "cooperación" y las empresas trasnacionales, y por lo tanto la responsabilidad es compartida. Es bien sabido que la construcción de caminos dentro del bosque constituye una de las principales causas subyacentes de la deforestación. Una vez que el camino está construido, abre el bosque a los madereros, a los campesinos sin tierra, a las compañías mineras y a muchos otros actores, provocando una deforestación inmediata y generalizada. La construcción de caminos es una de las actividades promovidas y financiadas por instituciones multilaterales como el Banco Mundial y otros bancos multilaterales regionales, y permite a los gobiernos cumplir con las políticas del FMI de aumento de las exportaciones. La construcción de caminos también está vinculada a los intereses de las trasnacionales, que les permite acceder a los recursos naturales e incorporarlos al mercado mundial.

Mirando hacia adelante

Lo anterior es una breve reseña de algunas causas de la deforestación y la degradación de los bosques, que prueba que la conservación de los mismos no es un tema méramente "técnico" de manejo forestal adecuado. Los bosques no están desapareciendo porque la gente y sus gobiernos sean ignorantes o porque no haya planes de gestión adecuados. Los bosques están desapareciendo porque una serie de políticas nacionales e internacionales interconectadas preparan el terreno para que ello suceda. Es por lo tanto a ese nivel que deben encontrarse las soluciones.

En el momento actual, el modelo económico predominante está exacerbando aun más todas las causas --tanto directas como subyacentes-- que están en la raíz del problema, en tanto todos los actores implicados --gobiernos, empresas y organismos multilaterales-- continúan mintiendo a la opinión pública asegurándole que el problema está siendo abordado.

La forma de evitar el engaño es informar a esa misma opinión pública acerca de las verdaderas causas --y responsables-- de la pérdida de bosques, como forma de generar una presión social que obligue a la adopción de todas las medidas necesarias, tanto a nivel nacional como internacional, para asegurar la conservación de los bosques.

La cumbre actual en Johannesburgo es una excelente ocasión para poner el tema sobre el tapete y para desenmascarar el falso discurso de quienes se visten de un verde ambiental cuando lo único que les interesa es el verde billete de los Estados Unidos.

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