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Boletín del WRM

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Número 61 - Agosto 2002

 

LOS PRINCIPALES CULPABLES

- Las corporaciones se pintan de verde

La lógica de las ganancias de las corporaciones está determinando nuestro futuro y el de las generaciones futuras, dando forma al sistema internacional emergente dominado actualmente por instituciones que favorecen los intereses de las corporaciones. El resultado más evidente del actual proceso de globalización (la privatización y desregulación) ha permitido a las corporaciones usurpar las bases naturales de las que depende la vida.

A medida que se aproxima la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable (CMDS), se intensifican los conflictos entre el norte y el sur, entre la sociedad civil y la industria. Los gobiernos del norte defienden la globalización dirigida por las corporaciones, que incluye la liberalización del mercado y la privatización de los servicios públicos, como parte del "desarrollo sustentable", una frase que lo abarca todo y que usan todas las partes para describir sus respuestas, no importa lo inadecuadas que puedan ser, frente al aceleramiento de la crisis social y ecológica a nivel mundial. Y el plan fundamental consiste en debilitar la capacidad de las Naciones Unidas como institución capaz de abordar en forma significativa las crisis gemelas de la pobreza y el deterioro ambiental.

Las profundas contradicciones entre las políticas de globalización neoliberales por un lado, y las metas sociales y ambientales por otro, se reflejan principalmente en los conflictos que surgen en torno a temas comerciales y financieros, y en los intentos de desandar las conclusiones de Río, desdiciéndose de sus resultados clave, tales como el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas (que los países que tuvieron un papel más importante en los orígenes del problema tomen la delantera a la hora de aportar soluciones), y el Principio Precautorio (que es preferible que los gobiernos se equivoquen por inclinarse hacia la precaución ante la posibilidad de daños ambientales devastadores e irreparables).

En Johannesburgo, las conversaciones se concentran en un Plan de instrumentación y acción destinado a desarrollar políticas nacionales y mundiales, y una Declaración Política, en la que se espera que los gobiernos renueven su compromiso con el Programa 21 y la búsqueda del "desarrollo sustentable": éstos reciben el nombre de Resultados tipo I (obligatorios). Los Resultados tipo II (voluntarios) constituyen una categoría nueva y controvertida: proyectos de "asociaciones" (en inglés partnerships), que apuntan a instrumentar el "desarrollo sustentable", con un fuerte énfasis en la participación del sector privado a través de asociaciones público-privadas.

El sesgo actual del Texto del Presidente de la CMDS hacia el suministro de servicios basado en el mercado, se ajusta como un guante a las campañas de las corporaciones en la preparación de la CMDS. Lord Holm de Cheltenham de la compañía minera transnacional Rio Tinto, por ejemplo, es vicepresidente de la BASD (Business Action for Sustainable Development - Acción Empresarial para el Desarrollo Sustentable), una campaña conjunta del World Business Council for Sustainable Development (WBCSD, una coalición de 150 grandes corporaciones, presidida actualmente por Phil Watts de Shell, creada para dar entrada a a las posiciones de las empresas en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992) y que ha contribuido a bloquear los intentos de regular las actividades del sector empresarial), y la Cámara Internacional del Comercio.

La receta de la BASD para el "desarrollo sustentable" es una combinación de proyectos empresariales de "asociaciones" con una mejora en las prácticas de gobierno en el Sur. El representante clave de la BASD en Sudáfrica, Reuel Khoza, presidente de la compañía de energía eléctrica sudafricana Eskom, se refirió al Compacto Global de las Naciones Unidas (una asociación voluntaria entre las Naciones Unidas, el sector empresarial y algunas ONG en torno a un grupo de principios sociales, ambientales y de derechos humanos, que ha sido criticada por amplios sectores de la sociedad civil debido a la ausencia de mecanismos de control y puesta en práctica) y a la Global Reporting Initiative (un grupo de directrices sobre la presentación de informes sobre los resultados sociales, ambientales y de derechos humanos) como garantías de transparencia en los proyectos del Tipo II.

Anunció que algunos proyectos de "asociación" presentados por la BASD también apuntarían a instrumentar la Nueva Sociedad para el Desarrollo Africano (New Partnership for African Development - NEPAD). La NEPAD, el "camino del desarrollo" elaborado por el gobierno sudafricano y otros gobiernos africanos, promueve la privatización del agua potable, la electricidad, el transporte y las telecomunicaciones, además de continuar con el repago de la deuda y una mayor liberalización de los mercados y el flujo de las inversiones internacionales, y es ampliamente resistida por la sociedad civil africana.

Otros planes del WBCSD para Johannesburgo incluyen la promoción de seis proyectos sectoriales a cargo de los grupos de trabajo creados por corporaciones del WBCSD. El proyecto para el sector forestal es uno de los más controvertidos.

El proyecto "Industria Forestal Sustentable" del WBCSD comenzó en 1994 cuando un grupo de empresas liderado por Aracruz Celulose de Brasil y UPM-Kymmene de Finlandia iniciaron un estudio centrado en la producción de papel. El estudio fue encomendado a una organización externa (el International Institute for Environment and Development - IEED). El informe "Towards a Sustainable Paper Cycle" (Hacia un ciclo sustentable del papel) se publicó en junio 1996. El siguiente paso fue la creación del "Diálogo de los Bosques", que incluyó a los propietarios de tierras, la industria forestal, algunas ONG y el Banco Mundial. La meta del diálogo, copresidido por el WBCSD y el World Resources Institute (WRI), era desarrollar una visión de consenso sobre los bosques del mundo y una variedad de temas concretos, como el reconocimiento mutuo de los programas de certificación para las prácticas de la industria forestal.

La credibilidad de la autoproclamada búsqueda de una industria forestal sustentable está seriamente cuestionada por los vergonzosos antecedentes de las dos corporaciones que dieron inicio al proyecto. UPM-Kymmene es una empresa muy criticada por los grupos activistas en favor de los bosques por sus actividades dañinas en Indonesia, una actitud que ha continuado después de haber lanzado el proyecto de "Industria Forestal Sustentable". En 1997, el gigante finlandés de los productos de madera adquirió una planta papelera en Changsu, China, donde se procesa celulosa proveniente de PT Riau Anadalan Pulp and Paper (RAPP), la segunda productora de celulosa de Indonesia. La planta de RAPP en Riau, Sumatra, fue ampliada gracias a un paquete de inversión de $750 millones, con el apoyo de agencias de crédito a la exportación finlandesas y suecas. Esta planta produce 750.000 toneladas de celulosa por año a partir de la tala de bosques húmedos tropicales, y ha sustituido más de 50 especies tropicales de madera dura por plantaciones de acacias. Las comunidades locales sufrieron impactos graves; el río, esencial para su sustento, fue contaminado, los pobladores fueron expulsados de sus tierras sin recibir compensación alguna y fueron sometidos a represión con violencia física cuando protestaron. UPM-Kymmene se retiró de RAPP, pero todavía utiliza la celulosa de esta empresa para su producción de papel en China.

El otro fundador del proyecto forestal del WBCSD, Aracruz Celulose, se especializa en pulpa blanqueada de eucalipto. La empresa ha causado impactos sociales y ambientales sumamente destructivos en los estados brasileños de Espírito Santo y Bahía. Aracruz ha inundado las regiones con extensas plantaciones de monocultivos de árboles y desalojó de sus tierras a pueblos indígenas como los Tupinikim y los Guarani. Ha transformado lo que solía ser el bosque tropical de la Mata Atlántica en un desierto verde de eucaliptos. Los impactos sobre las comunidades locales y el medio ambiente han llevado a la creación de un amplio movimiento de oposición, el Movimiento de Alerta contra el Desierto Verde, que reúne a grupos de pueblos indígenas, comunidades de origen africano, pescadores artesanales, agricultores y al movimiento de los campesinos sin tierra, además de ONG ambientalistas y sociales, entre otros.

Las contradicciones existentes entre la compañía y la sociedad local se pusieron en evidencia a comienzos de agosto cuando se abrió la tercera planta de procesamiento de celulosa en presencia del Presidente de Brasil, mientras una manifestación popular se reunía en el exterior para protestar contra la empresa. Esta fue solamente una de las actividades organizadas por el Movimiento de Alerta contra el Desierto Verde durante la "Primera quincena de Resistencia contra el Desierto Verde". Entre otras se incluyeron manifestaciones contra Aracruz frente a la sede del Parlamento, a las puertas del Banco Safra (un banco brasileño que posee el 28% de las acciones ordinarias de Aracruz), y también frente a las oficinas de la consultora finlandesa Yaakko Poyry, que trabaja para Aracruz, en Vitoria, la ciudad capital del estado. Al mismo tiempo, el presidente noruego de Aracruz, Erling Sven Lorentzen, no se presentó ante la Comisión Investigadora del Parlamento del Estado de Espirito Santo que investiga irregularidades en las actividades de la compañía, aduciendo que "no era la persona indicada para ser escuchada por la Comisión, en la medida en que no participaba directamente en la administración de la empresa".

Esas son las "credenciales verdes" de las dos corporaciones que lideran la Industria Forestal Sustentable. ¿Dará la WSSD más credenciales de "desarrollo sustentable" al sector de las corporaciones, que sólo puede ser descrito como social y ambientamente consciente mediante el mecanismo de canalizar millones de dólares a empresas de relaciones públicas ansiosas de volverlo "verde"?

Artículo basado en información obtenida de: "Countdown to Rio+10: 'Sustainable Development' and the Public-Private Pantomime", Corporate Europe Observer, Número 12, agosto 2002, http://www.corporateeurope.org/observer12/wssdlobby.html#02 ; "Social Responsibility and the Mechanical Bull: The International Chamber of Commerce Dresses for Success", http://www.corporateeurope.org/observer12/iccdenver.htm ; "Exporting Enron Environmentalism: The Bush Vision for Johannesburg", Victor Menotti, International Forum on Globalization, http://www.ifg.org ; Comunicado de Prensa del Movimiento de Alerta contra el Desierto Verde, Vitória, 14 de agosto de 2002. Correo electrónico de contacto: fasees@terra.com.br


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- Fondo Monetario Internacional: financiando la deforestación

A diferencia de lo ocurrido con el Banco Mundial, las denuncias sobre los impactos del FMI sobre los bosques han recibido una atención relativamente baja. Sin embargo, los préstamos y políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI) han provocado amplios procesos de deforestación en países de África, América Latina y Asia.

A través de la imposición de sus "programas de ajuste estructural", el FMI influye en las políticas y prácticas económicas de los países, al condicionar los préstamos a la aceptación de una serie de medidas de liberalización del comercio y de la inversión. Junto con sus socios, principalmente el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, el FMI ha contribuido a promover un modelo de privatización, desregulación, inversión extranjera y crecimiento orientado a la exportación. A través de estas políticas, el FMI impone una receta única para todos, supuestamente con el objetivo de lograr un crecimiento económico que permitiría a los países del Sur obtener ingresos en divisas fuertes. Sin embargo, en la mayor parte de los países clientes del FMI no sólo no se alcanzaron los objetivos de desarrollo, sino que el resultado general de esas políticas sobre los bosques ha sido devastador.

Aunque los artífices de la globalización corporativa sostienen que la liberalización del comercio y la inversión constituyen la mejor estrategia para obtener avances en la protección del medio ambiente, los datos demuestran que los fondos para los programas ambientales han sido trabados por los significativos recortes presupuestales impuestos a los países por el FMI. Los gastos del estado en importantes programas ambientales se han reducido sustancialmente en Brasil, Nicaragua, Guyana, Papua Nueva Guinea, Indonesia, Tanzania, y Camerún. Los recortes presupuestales inducidos por el FMI han impedido el desarrollo de las siguientes actividades:

- Promoción del uso responsable del bosque y el desarrollo sustentable
- Aplicación de medidas de protección de los bosques y la fauna
- Prevención de desastres mineros
- Demarcación de tierras indígenas

Además, la financiación insuficiente que reciben los organismos reguladores ha creado condiciones propicias para:

- Madereo ilegal generalizado, incluyendo los parques nacionales y las reservas protegidas
- Corrupción en los sistemas de control
- Incapacidad de responder rápidamente ante los desastres naturales
- Expansión de la caza furtiva de especies en peligro

La prosperidad económica a largo plazo se debe basar en modelos de desarrollo sustentable. En su lugar el FMI prioriza medidas de liberalización económica en vez de objetivos clave a nivel social y ambiental. Los mecanismos principales de liberalización económica del FMI incluyen: reducción de impuestos a la exportación; flexibilización de leyes y reglamentaciones sobre minería y bosques, eliminación de barreras a la exportación de troncos sin procesar; oferta de exenciones impositivas a empresas extranjeras; levantamiento de prohibiciones a la inversión extranjera incluyendo la propiedad de la tierra; y cualquier otra forma de eliminación de barreras al comercio. La implementación de tales mecanismos de liberalización --claramente orientados a beneficiar a las corporaciones transnacionales-- ha tenido un profundo impacto en los bosques del mundo y sobre los medios de vida de los pueblos que en ellos habitan. Sin ninguna mejora real en las salvaguardas ambientales, la fórmula del FMI ha sido una receta para la deforestación acelerada en ya demasiados países.

Además, las políticas del FMI han tenido indirectamente impactos sobre los bosques y la fauna a través del agravamiento de las condiciones de pobreza en muchos países tropicales. El desplazamiento de comunidades, la devaluación de la moneda nacional, la eliminación de los servicios sociales y otras medidas promovidas por el FMI que apuntan a rebajar el nivel de vida de los pobladores locales, determina que la población rural de muchos países se haya visto forzada a explotar los recursos de los bosques para intentar satisfacer sus necesidades básicas.

A lo largo y ancho del mundo existen pruebas más que suficientes que demuestran que las actividades del FMI son destructivas y constituyen una real amenaza para los bosques y para quienes en ellos habitan o dependen de los mismos. La reiteración de procesos de degradación de bosques en los países en los que el FMI ha tenido un rol importante pone en cuestión la credibilidad del FMI cuando reivindica que sus políticas no dañan el medio ambiente o que la preocupación por la temática ambiental está fuera de su mandato: la preocupación está ciertamente ausente en sus políticas pero los impactos están claramente siempre presentes. La evidencia disponible muestra claramente que la proteccion de los bosques a escala mundial no será posible sin un cambio total en el enfoque actual del FMI o sin la eliminación de la capacidad de la que actualmente dispone para promover e imponer políticas que dañan a los bosques.

Artículo extraído del informe: "The IMF: Funding Deforestation" de Jason Tockman, American Lands Alliance. El informe completo puede ser leído (en inglés) en: http://www.wrm.org.uy/actores/FMI/Jason.doc


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- Banco Mundial: el lobo con piel de cordero

El Banco Mundial tiene un largo historial de destrucción de bosques. Desde la década del 60 en adelante, el Banco ha financiado proyectos destructivos en gran escala en países tropicales (desde grandes represas hidroeléctricas hasta extensos sistemas de carreteras), que como resultado dieron lugar a procesos de deforestación generalizados. A partir de la década del 80 el papel negativo del Banco se acrecentó a través de sus programas de ajuste estructural (en sociedad con el Fondo Monetario Internacional), que abrieron los bosques a actividades destructivas adicionales --abarcando desde la minería a los monocultivos en gran escala orientados a la exportación-- en beneficio de las corporaciones transnacionales y sus socios locales.

Como resultado de fuertes campañas internacionales, el Banco preparó un documento de Política Forestal en 1991, con el objetivo de asegurar que sus actividades promoverían la conservación de los bosques. Este documento, que prohibía al Banco financiar en forma directa las operaciones de madereo industrial en bosques tropicales húmedos primarios fue bien recibido por la comunidad de ONGs. Dicho documento de política forestal fue reglamentado en 1993 como Política Operativa, lo que parecía indicar que el Banco estaría modificando su enfoque sobre los bosques. Sin embargo, el Banco no instrumentó su propia política. Esa fue la conclusión de un extenso análisis realizado en 1999 por el Departamento de Evaluación de Operaciones (OED, por su sigla en inglés) del propio Banco. En términos generales, el OED llegó a la conclusión de que el Banco no había puesto en práctica disposiciones esenciales de su política, como la aplicación de un enfoque intersectorial para los bosques, que podrían haber asegurado que los impactos sobre los bosques de todos los tipos de operaciones del Banco serían tenidos en cuenta y evitados.

A pesar de que la política no fue instrumentada, muchos miembros del personal del Banco estaban desconformes con la misma porque la consideraban demasiado orientada a la conservación y presionaron para lograr la elaboración de una nueva política que permitiera la financiación de operaciones a gran escala en los bosques. Sin embargo, dadas las controversias previas en torno a la Política Forestal del Banco, para procesar los cambios que se buscaban era necesario que se diera al menos la apariencia de un proceso de consulta con las partes interesadas. Durante el período 2000/2001, ONGs de todos los continentes aceptaron la oferta del Banco Mundial de participar en una serie de consultas regionales para colaborar con el Banco en la preparación de su nueva Política Forestal (PO). Además, el Banco estableció un Grupo Técnico Asesor (TAG, por su sigla en inglés) para proporcionarle a la institución más elementos sobre esta importante área de política.

Sin embargo, los aportes surgidos del proceso de consulta y del TAG parecen haberse esfumando. El proceso de consulta fue una farsa. Esta es la conclusión que debemos extraer del borrador de PO publicado por el Banco en su sitio web el 10 de junio y puesto a consideración de la opinión pública hasta el 2 de agosto de 2002.

Las cartas enviadas al Sr. Wolfensohn por WRM/Environmental Defense/Forest Peoples Programme (avaladas por más de 200 ONGs en todo el mundo) y por las ONG rusas que participaron recientemente en una conferencia sobre bosques en Siberia, destacan algunos de los elementos más perturbadores del borrador de PO:

- Aunque hace ya mucho tiempo que las políticas económicas y comerciales han sido identificadas como las fuerzas impulsoras de la deforestación, la PO no se aplica al área en expansión de préstamos estructurales y programáticos.
- Los organismos del Banco orientados al sector privado (la Corporación Financiera Internacional y la Agencia Multilateral de Garantía a la Inversión) están excluidos de la PO.
- Abre las puertas a las inversiones extractivas en todos los tipos de bosques, salvo aquellos considerados como "críticos" por los funcionarios del Banco Mundial. No hay participación de los actores involucrados en la definición de "bosques críticos".
- Incluso los "bosques críticos" pueden ser sometidos a operaciones de maderero o ser eliminados en los casos en que no existan ubicaciones alternativas "viables", y siempre que se propongan "medidas mitigatorias" no definidas.
- Abre las puertas a la financiación del Banco a plantaciones en los bosques, si bien "prefiere" que estas áreas no sean taladas especialmente para este fin.
- Abre las puertas a esquemas de certificación poco serios, dado que la financiación del Banco al madereo comercial va a estar sujeta a la certificación por parte de terceros o a un plan de acción que se compromete a hacerlo, pero sin establecer normas claras al respecto.
- El borrador de PO ya no exige que se reserven áreas para los pueblos indígenas y otros habitantes de los bosques (un requisito de la Política Forestal vigente).
- En forma similar, el borrador de PO elimina el requisito de la política vigente de reservar áreas de conservación junto a zonas de explotación de bosques.

Existe un consenso universal en la comunidad de ONGs respecto de que el borrador de PO contiene carencias graves y representa un peligroso retroceso para los ecosistemas de bosques del mundo y para los pueblos cuyo sustento depende de ellos. A continuación presentamos breves fragmentos de cartas enviadas al presidente del Banco Mundial Wolfensohn por las principales organizaciones conservacionistas:

UICN: "…el borrador de PO no salvaguarda en forma adecuada los derechos de los pueblos dependientes de los bosques ni la integridad de los bosques biológicamente importantes de los impactos negativos no planificados de las operaciones del Banco" (30 de julio de 2002).

World Resources Institute: "…el borrador de política sometido actualmente a la opinión pública es altamente inadecuado para cumplir con los objetivos que se plantea. También resulta inadecuado para promover tanto una política de "no hacer daño" como una de "hacer el bien", y resulta incompleto en cuanto a que no abarca al conjunto de instrumentos e instituciones del Grupo Banco Mundial en su conjunto" (2 de agosto de 2002).

WWF y Conservation International: "El actual borrador del Banco no cumple con varios requisitos fundamentales sobre los que virtualmente toda la comunidad conservacionista está de acuerdo. Si se aprueba en su forma actual, el borrador de PO no sólo será perjudicial para los bosques del mundo, sino que seguramente expondrá al Banco a críticas graves y merecidas por ignorar gran parte de las opiniones que solicitó públicamente sobre el tema" (17 de julio de 2002).

En sus preparativos para Johannesburgo, el Banco Mundial está haciendo esfuerzos extraordinarios para mostrarse como el líder mundial del desarrollo ambiental y socialmente sustentable. Pero la nueva Política Forestal propuesta revela una imagen totalmente diferente: la de una institución que se desdice de sus compromisos previos de proteger los bosques del mundo y a los pueblos que dependen de ellos. Quizás la forma más precisa de describirlo es como el lobo con piel de cordero.

Por: Korinna Horta. Environmental Defense, correo electrónico: Korinna_Horta@environmentaldefense.org


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- El Banco Mundial al frente del comercio de carbono

Para dar mayor lustre a sus credenciales verdes en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable, el Banco Mundial piensa lanzar la iniciativa de un nuevo fondo en Johannesburgo, destinado a la promoción del comercio Norte-Sur de créditos de carbono según las pautas del llamado "Mecanismo de Desarrollo Limpio"(1). El denominado "Fondo de Carbono para el Desarrollo Comunitario" si bien se basa en un experimento de tres años del Banco Mundial (el Fondo Prototipo de Carbono), será una iniciativa independiente con sus propios estatutos y estructura de dirección, y se centrará específicamente en la promoción de proyectos en pequeña escala con componentes de desarrollo comunitario. Aunque el fondo se centrará en proyectos de energía en pequeña escala (biogás, proyectos mini-hidroeléctricos, granjas eólicas), también financiará proyectos sobre bosques, agricultura y plantaciones. El fondo se establece en forma conjunta con la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones.

En noviembre el Banco Mundial piensa hacer el lanzamiento de otro fondo con una orientación más industrial. El "Fondo de Biocarbono" se centrará exclusivamente en proyectos de cambios en el uso de la tierra. Una ventana del fondo financiará proyectos incluidos actualmente en el marco del Protocolo de Kioto, pero una segunda ventana promoverá proyectos experimentales de secuestro de carbono a través de plantaciones, reforestación y deforestación evitada, que van más allá de los acuerdos internacionales actuales. Mediante la adopción del enfoque de "aprendizaje en la práctica" el Banco espera resolver los problemas técnicos que asedian a la "forestería del carbono" y promover "las mejores prácticas".

Pero ¿qué significa realmente el término "mejores prácticas"? ¿Mejores para quién? ¿A qué intereses sirven realmente? Gran parte del pensamiento que está detrás de la promoción de estos experimentos de "forestería del carbono" resaltan las contribuciones potenciales que se obtendrían de promover la producción de fibra para abastecer la creciente demanda de los consumidores de papel y celulosa, satisfaciendo la demanda mundial de productos de madera y promoviendo la biodiversidad. Se afirma que quienes aplican las mejores prácticas son las grandes compañías de plantaciones, el sector de venta minorista mundial de productos del bosque, los grandes fondos de inversión que brindan los recursos de capital para estos nuevos proyectos forestales. Pero, ¿cuáles son las consecuencias reales de la "forestería del carbono" para las comunidades locales?

Es probable que los proyectos en gran escala se apropien de grandes áreas de tierra y bosques, y eso producirá impactos importantes sobre los pobladores de los bosques. Las "mejores prácticas" que los pueblos de los bosques promueven para tener la oportunidad de enfrentar estas amenazas (reconocimiento de sus derechos sobre la tierra y el derecho al consentimiento libre e informado), son justamente aquellas que el Banco Mundial ha rechazado en reiteradas ocasiones al reelaborar sus políticas sobre represas, reasentamientos, pueblos indígenas y bosques. ¿Cuáles son las posibilidades de que el Banco Mundial adopte para la "forestería del carbono" normas más fuertes que las que ya adoptó para sus otras iniciativas de desarrollo? Si las "mejores prácticas" no están fundadas en requisitos obligatorios, podemos estar seguros que lo que se obtendrá serán las "peores prácticas".

En cuanto a las alternativas de base comunitaria, hacer participar a las comunidades locales en la "forestería del carbono" no es simplemente una forma astuta de proporcionarles financiación adicional para lo que de todas formas ya están haciendo. Estas actividades no aprueban el examen de "adicionalidad". Los proyectos de "forestería del carbono" requerirán que las comunidades adopten prácticas nuevas que crearán depósitos de carbono adicionales y de largo plazo. Si estos proyectos fracasan y no logran almacenar carbono en la cantidad o en los plazos planificados, ¿quién tendrá la responsabilidad de rembolsar su dinero a los inversores? Existe la preocupación real de que los proyectos de "forestería del carbono" expongan a los pobres a riesgos adicionales que no están en condiciones de afrontar.

Las presiones para seleccionar especies que almacenen carbono con rapidez, también pueden alejar a la "forestería del carbono" de una selección de especies de entre los diversos y valiosos árboles múlti-propósito que sirven de sustento para las poblaciones locales. La "forestería del carbono" puede de esta forma no sólo reducir la biodiversidad, sino también poner en peligro la diversidad cultural y las formas de sustento.

Establecer una multitud de proyectos en pequeña escala y pagar por la certificación externa requerida para verificar la efectividad de los depósitos de carbono también implicará enormes costos de transacción adicionales, tanto para el Banco como para las comunidades, pero las modalidades para otorgar fondos de subvención que ayuden a las comunidades a cumplir con estos gastos generales todavía no se han determinado. El Banco espera reducir sus costos trabajando a través de "organizaciones intermediarias". El riesgo consiste en que esas organizaciones no representen los puntos de vista ni las preocupaciones de los pobladores locales y que el proceso pueda favorecer relaciones del tipo patrono/cliente que perpetúen la marginación de los pobres y de quienes carecen de poder.

Preocupa a los escépticos que el Banco esté estableciendo estas iniciativas para presionar a los negociadores en el Panel Intergubernamental de la Convención Marco sobre Cambio Climático a aceptar el comercio de carbono como la forma principal de abordar el calentamiento mundial. También temen que al promover todos estos fondos el Banco Mundial se esté presentando como la agencia que obviamente será responsable de la instrumentación de estos acuerdos una vez que se firmen. ¿Trabajo para los muchachos o una oportunidad real para los pobres?

Por: Marcus Colchester, Forest Peoples Programme, correo electrónico: marcus@fppwrm.gn.apc.org

(1) "Ningún mecanismo de desarrollo puede ser limpio, desde nuestro punto de vista, si no garantiza los derechos de los Pueblos indígenas, incluyendo el derecho al consentimiento informado previo y libre de las comunidades locales e indígenas y el respeto por nuestras culturas, prácticas, ciencias y conocimientos". (Declaración del Comité de Pueblos Indígenas y Comunidades Locales a la Séptima sesión de la Conferencia de las Partes del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, realizada en Marrakech, Reino de Marruecos, 29 de octubre al 9 de noviembre de 2001).


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- OMC: ¿El futuro común de quién?

En noviembre de 2001, los ministros de comercio de 140 países se reunieron en Doha, Qatar para otorgar a la Organización Mundial del Comercio (OMC) un nuevo mandato histórico que podría intensificar el madereo de bosques nativos, el agotamiento de las pesquerías, la quema de combustibles fósiles, el uso de sustancias químicas tóxicas y la liberación de organismos modificados genéticamente.

A pesar de los discursos sobre la mitigación de la pobreza y el desarrollo sustentable, la declaración ministerial oficial (conocida como la declaración de Doha) concede nuevos poderes a la OMC para impedir que los gobiernos regulen las actividades de las corporaciones transnacionales. Al declararse a sí misma como árbitro de las crisis de los recursos naturales y como foro para determinar la relación entre acuerdos internacionales conflictivos en materia de comercio y medio ambiente, lo acordado en Doha representa un desafío directo para la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable (WSSD, por sus iniciales en inglés) en Johannesburgo, Sudáfrica.

El nuevo mandato de la OMC abarca temas cuya respuesta definirá en última instancia nuestro futuro común. A menos que se lo enfrente, el tema del gobierno a escala global habrá sido resuelto por la OMC, autoproclamándose como el árbitro de todas las cosas. Las corporaciones transnacionales, que son quienes dan forma a las reglamentaciones de la OMC, definirán a través de éstas el futuro de incontables pequeños productores rurales, pueblos de pescadores, habitantes de los bosques, pueblos indígenas y otras personas cuya supervivencia depende del acceso y el control sobre los recursos naturales que existen en las tierras comunales de todo el mundo. Las formas de sustento tradicionales y sustentables de estos pueblos están bajo amenaza en los acuerdos de Doha.

Los acuerdos de Doha han otorgado poderes a la OMC para:

- aumentar el control de las corporaciones sobre los recursos naturales, permitiendo que las decisiones sobre su uso se basen cada vez más en las demandas a corto plazo de los mercados financieros mundiales;
- intensificar la explotación de los bosques, la agricultura y la pesca orientadas a la exportación, así como la quema de combustibles fósiles, la minería y la explotación de otros recursos naturales;
- eliminar más políticas de conservación y de desarrollo comunitario por considerarlas "barreras" injustas para el comercio;
- determinar quién se apropia de los remanentes de los recursos naturales mundiales en grave proceso de degradación;
- Subordinar los acuerdos ambientales multilaterales (MEA, por su sigla en inglés) a los derechos para las corporaciones establecidos en las reglamentaciones de la OMC.

Más aún, los objetivos de la OMC en materia de acceso al mercado, combinan dos impactos peligrosos que atentan contra la conservación de los recursos naturales y los medios sustentables de vida: 1) la expansión de las exportaciones para un consumo desmedido; 2) la eliminación de disposiciones legales de protección para asegurar el uso sustentable de los recursos naturales y a las comunidades locales que dependen de ellos. Los bosques, la pesca y la agricultura se ven particularmente afectados por esos impactos. Las negociaciones están desglosadas en la eliminación de aranceles (impuestos a la importación) y en las llamadas Medidas no Arancelarias (o NTM por sus iniciales en inglés).

Los aranceles vinculados a los bosques fueron un tema de gran preocupación para quienes protestaron en Seattle, ya que los ministros tenían prevista la conclusión de un acuerdo para esa semana. Conocido popularmente como el "Acuerdo Mundial para el Libre Madereo", los activistas que trabajan por la conservación de los bosques lograron que el Representante comercial de EE.UU. presentara por primera vez una evaluación ambiental de la liberalización del comercio, que se publicó justo antes de la cumbre ministerial de 1999. En el informe, que fuera realizado por un grupo financiado por la industria maderera, los funcionarios de comercio ocultaron los verdaderos hallazgos: la reducción de aranceles daría como resultado el aumento del madereo en algunos de los bosques primarios más amenazados del mundo, que están habitados por pueblos indígenas. La reducción de las tarifas reduce el precio de la madera para los consumidores, y a su vez estimula el crecimiento del consumo excesivo, especialmente en los países ricos, donde los aranceles son más altos. La eliminación de aranceles de la OMC podría atentar contra los esfuerzos por reducir el consumo de madera y otros recursos, una prioridad definida en la Cumbre de la Tierra realizada en Río en 1992. Pese a ello, el informe preparatorio para Johannesburgo presentado por el Secretario General de la ONU califica los acuerdos de Doha de la OMC como un "éxito".

Se considera Medida no Arancelaria (NTM) cualquier medida, política o práctica gubernamental, que tenga el efecto de "distorsionar" el comercio. Las NTM sobre bosques se definen en forma amplia, como cualquier medida que "distorsione" el comercio. Incluso medidas con una capacidad "potencial" de ejercer impactos sobre el comercio, como el etiquetado ecológico, están en la mira de la OMC. El orden del día de las NTM es el paso final para eliminar todo tipo de control gubernamental sobre la reglamentación de los recursos naturales, y representa la subordinación de cualquier política cuyos objetivos tiendan, por ejemplo, a la conservación o el desarrollo comunitario, a la expansión del comercio.

El acuerdo de Doha puede llegar a ser conocido algún día como una declaración de guerra silenciosa contra los derechos de los pueblos y el planeta. Amenaza el acceso y el control de los pueblos pobres sobre los propios recursos de los cuales depende su supervivencia, agudizando la espiral de exclusión que hunde a tantos en la inseguridad y la desesperación. En el proceso preparatorio de la WSSD se está hablando de convocar a la concertación de un "Acuerdo Mundial" en Johannesburgo. Cualquier acuerdo realmente significativo debería iniciar un proceso dirigido por los pueblos para transformar las instituciones económicas internacionales. De otro modo, las decisiones que se tomen en el ámbito de la WSSD serán debilitadas por la OMC, el FMI, el Banco Mundial y las corporaciones mundiales a las que esas instituciones sirven.

Mientras que los entusiastas del libre comercio mundial califican los resultados de Doha como una victoria en la guerra mundial contra la pobreza, y siguen "convencidos de que las políticas comerciales y ambientales pueden y deben apoyarse mutuamente", las contradicciones entre los objetivos de Doha y Johannesburgo son cada vez más evidentes.

Ante la perspectiva muy real de que el gobierno mundial sea usurpada por las corporaciones transnacionales a través de la OMC, la sociedad civil debe utilizar el proceso de Johannesburgo como vehículo para desafiar los objetivos de Doha e intensificar su cuestionamiento a las actuales instituciones económicas mundiales. Independientemente de los resultados oficiales de la WSSD, el proceso de los pueblos, como en Seattle, puede y debe en última instancia reemplazar a la OMC por un sistema verdaderamente democrático que valore la vida por sobre el dinero, y los derechos de los pueblos por sobre los derechos de las corporaciones.

Lejos de haber finalizado, la respuesta de la sociedad civil a los acuerdos de Doha recién comienza: las organizaciones de base de todo el mundo utilizarán la Cumbre Mundial de la ONU sobre Desarrollo Sustentable como una vehículo organizativo para responder a los objetivos definidos en Doha. El "proceso de los pueblos" de Johannesburgo será apenas una de las varias convergencias necesarias para reemplazar la apuesta de la OMC en favor de las corporaciones, por un orden del día internacional de los ciudadanos que proteja los intereses de los pobres y del planeta. Si no es así, Doha será conocido como el momento de la historia en que el gobierno mundial fue verdaderamente usurpado.

Por: Victor Menotti, International Forum on Globalization, correo electrónico: vmenotti@ifg.org


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- Los "bosques" de la FAO o como hacer trampas al solitario

La FAO se está haciendo trampa al solitario. Y pretende que nadie se da cuenta. En todo el mundo presenciamos la destrucción y degradación alarmante de bosques, y en ese proceso se violan los derechos de los pueblos indígenas, se afectan cuencas, se alteran regiones enteras, se desestabiliza el clima, desaparecen especies vegetales y animales.

Sin embargo la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), considerada por muchos organismos internacionales y por la profesión forestal como la autoridad máxima en materia de bosques, se encarga de manejar los datos de la realidad como forma de esconder la gravedad del proceso de destrucción. Es así que en su informe "Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2000" (FRA2000) introduce cambios a su vieja definición de bosque, pero no para sacarla de su ya obvia obsolescencia, sino para empeorarla. Logra así llegar a la conclusión de que, en comparación con las evaluaciones anteriores, se produjo un aumento de la cubierta forestal mundial. Nadie --ni ella misma-- se lo cree, pero al menos lo intenta.

A esa conclusión llega a través de la manipulación de sus definiciones, que entre otras cosas dicen que "Los bosques comprenden los bosques naturales y las plantaciones. Se refiere a la tierra con una cubierta de copa (o su grado equivalente de espesura) de más del 10 por ciento del área y una superficie superior a 0,5 hectáreas (ha)". Esto ha sido merecidamente ridiculizado a nivel internacional, cuando se ha dicho que según esa definición, gran parte de la ciudad de Asunción (capital de Paraguay) debería entonces ser considerada "bosque".

De un plumazo, pues, con la aplicación de una definición de bosque, la FAO logra bajar los guarismos de deforestación y así ahora hay 400 millones de hectáreas de bosque más que las cifras mundiales recogidas en 1995. Según palabras de la propia FAO: "A pesar del alto grado de pérdida de los bosques naturales en el ámbito mundial, se siembran nuevas plantaciones forestales a un ritmo de 4,5 millones de hectáreas anuales" y lo que hay es una tasa neta significativamente inferior a la registrada en el informe anterior de FAO, correspondiente al período 1990-1995. Si bien no lo dice con estas palabras, de ello se infiere que, en la medida en que las plantaciones compensen la pérdida de bosques no habrá de qué preocuparse, ya que se habrá mantenido la "cobertura forestal". Se sigue entonces haciendo trampas al solitario. ¿O será esa su forma de cumplir la función que le cabe en su calidad de Coordinador Sectorial del Capítulo 11 del Programa 21 (de la Cumbre de la Tierra): "Lucha contra la deforestación"?

¿Qué hay detrás de ese juego? En primer lugar hay que señalar que las plantaciones incluidas son solamente los monocultivos industriales de árboles destinadas fundamentalmente a la producción de madera. Quedan fuera de la definición las destinadas a otros fines, como por ejemplo los árboles frutales o las plantaciones de coco o los sistemas agroforestales. Y ahí tenemos un caso interesante que aclara mucho más las cosas: ¿por qué las mismas plantaciones de caucho, que antes no eran consideradas bosques por la FAO ahora sí lo son? La razón es muy sencilla: ahora las plantaciones de caucho han empezado a ser crecientemente utilizadas como proveedoras de madera y entonces adquieren --para la FAO-- visibilidad como bosques. Pero en sí, siguen siendo las mismas. ¿Por qué no pueden ser también bosques las plantaciones de otros tipos de árboles como naranjos, bananeros, o cocoteros? La respuesta es clara: porque no se destinan a la producción de madera. Y esto muestra uno de los conceptos que está en la raíz de esta definición y todo lo que de ella se deriva: que el bosque no es visto por la FAO como lo que es --un ecosistema completo que incluye a comunidades humanas que de él dependen-- sino exclusivamente como productor de madera.

A 10 años de la Cumbre de la Tierra, no solo nada ha cambiado en este sentido a nivel de este organismo "experto", sino que ha empeorado. Ya no puede aducirse ignorancia, pues mucho se ha hablado --y ampliamente documentado-- acerca de este tema. Aun cuando la FAO intenta abrir el paraguas cuando afirma que no tiene "la intención de sugerir que las plantaciones equivalen a los bosques naturales" y que "se prestó especial atención en mantener estadísticas separadas para los bosques naturales, y para los bosques plantados" --aunque sólo en los países del Sur-- lo cierto es que para la FAO ambas categorías siguen siendo una sola: bosques.

Resulta ilustrativo reseñar aquí una discusión epistolar ocurrida recientemente entre un integrante de la FAO y un ambientalista sudafricano en torno al tema del área ocupada por bosques en ese país según las estadísticas de la FAO. El funcionario de la FAO finalizó sus argumentos diciendo que "Las plantaciones son áreas con árboles, y por lo tanto un (tipo de) bosque". A lo cual respondió el ambientalista: "Con el mismo argumento se podría afirmar que las langostas son un "tipo de pájaro" o que los campos de maíz son un "tipo de pradera". Allí terminó la discusión.

Igualar las plantaciones de árboles con los bosques implica ignorar las diversas funciones que éstos cumplen: servir de hogar a millones de personas, proveerlas de alimentos, medicamentos, fibras, leña, materiales de construcción, regular el régimen hidrológico local y el clima global, por citar solo algunas. También implica ignorar las prolongadas luchas que se dan en numerosos países, tanto del Sur como del Norte (desde Australia a Chile, desde España y Portugal a Sudáfrica y Brasil, de Tailandia a la India) contra la invasión de las plantaciones en gran escala de monocultivos de árboles que con harta frecuencia se hacen en detrimento de los bosques. Esas luchas no se desatan contra los bosques, sino contra las plantaciones, precisamente porque estas últimas no tienen nada en común con los bosques e impactan gravemente sobre las comunidades locales y su ambiente.

Es importante señalar que dentro de la orientación que se imprime al enfoque de los bosques, la promoción y legitimación de las plantaciones industriales de árboles calzan como anillo al dedo en el marco de la Revolución Verde, impulsada desde hace décadas por la misma FAO. Todo está unido, y las distintas ramificaciones y conexiones vinculan el proceso de deforestación para cubrir las necesidades industriales, con la invasión de los monocultivos de árboles para alimentar a la industria del papel, que satisface una demanda creada insustentable, y con quienes promueven estos procesos --grandes empresas transnacionales-- a través de un ordenamiento internacional a su disposición vehiculizado por la OMC, el FMI, y los diversos instrumentos internacionales.

En este proceso, los últimos avances en biotecnología se integran al paquete tecnológico que ha acompañado y acompaña la producción agroindustrial --herbicidas, plaguicidas, fertilizantes, etc-- expresándose primero en las técnicas ya generalizadas de selección y clonación de los genotipos más adecuados para fines industriales, para querer pasar luego a la utilización de la manipulación genética. En ello están ahora las grandes empresas, inyectando dinero a los centros de investigación académica e intentando llevar a campo sus peligrosos experimentos. La FAO nada dice al respecto, pero seguramente incluirá a las plantaciones de árboles transgénicos --si permitimos que ello suceda-- como "bosques plantados" que ayudarán a mantener la "cobertura boscosa" del planeta.

Todo esto es grave. Y es más grave aún que provenga de un organismo cuyo mandato es el de ocuparse de cómo utilizar los bosques y los recursos conexos para mejorar las condiciones económicas, ambientales, sociales y culturales de la población, garantizando a la vez la conservación de los recursos para satisfacer las necesidades de las generaciones futuras. Y además, la FAO es parte activa del proceso de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sustenible, preparando la documentación oficial, parte de la cual es la evaluación de los progresos realizados, incluidas las insuficiencias y deficiencias.

Una vez más reiteramos la imperiosa necesidad de que la noción productivista y reduccionista de uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad como lo es el bosque, sea erradicada de una vez por todas. Para poder analizar con claridad qué es lo que está pasando con los bosques es fundamental que se establezca una diferenciación clara entre plantaciones y bosques. Una plantación puede ser considerada positiva o negativa y es bueno que se discutan las condiciones necesarias para que resulte positiva para la gente y el ambiente. Pero nunca puede ser considerada bosque. Es tiempo de que las definiciones de bosques de la FAO sean definitivamente archivadas --como parte de la historia del pensamiento forestal-- y que se reconozca explícitamente que un bosque es mucho más que un conjunto de árboles destinados a producir madera y que una plantación no es un bosque. Sería un enorme aporte a la próxima cumbre de Johannesburgo.

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