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EL TEMA CENTRAL DE ESTE
BOLETIN: LOS PUEBLOS INDÍGENAS
Los pueblos indígenas son los guardianes
de los bosques. Nadie tiene mayor interés que ellos en asegurar
la conservación de los bosques que han sido su hogar, parte integral
de su cultura y fuente de su sustento. Si bien en todos los números
anteriores del boletín del WRM se han reflejado muchas de las
luchas de los pueblos indígenas en defensa de los bosques, hemos
decidido dedicar todo este número al tema, haciendo hincapié
en los problemas que enfrentan los pueblos indígenas y las soluciones
que hoy proponen e instrumentan para garantizar el reconocimiento de
sus derechos como primer --aunque crucial-- paso para abordar seriamente
la actual crisis de los bosques.
Este número ha sido realizado en estrecha
colaboración con el Forest Peoples Programme, que actúa
conjuntamente con Fern como la Oficina de WRM en el Norte, y con otras
personas, miembros de organizaciones de pueblos indígenas o que
defienden los derechos de los pueblos indígenas. Independientemente
de la autoría de los artículos, éstos reflejan
las esperanzas y luchas de los propios pueblos indígenas, y la
importancia que tiene la colaboración externa para el logro de
sus objetivos. Esperamos que este boletín sea un aporte para
que más personas y organizaciones preocupadas por la conservación
de los bosques entiendan el papel fundamental que juegan en este sentido
los pueblos indígenas, y consecuentemente aumenten su apoyo a
la defensa del derecho de estos pueblos a continuar siendo los guardianes
del bosque.
También aspiramos a que este número
aporte a los activistas de los bosques mayor claridad sobre los motivos
por los que consideramos la protección de los derechos humanos
un tema tan crucial para detener los procesos de deforestación.
Lo que demandan los pueblos indígenas es que se respeten sus
derechos a la propiedad y control de sus tierras y territorios, a ejercer
su ley tradicional, a aceptar o rechazar los proyectos de desarrollo
que se planifican para sus territorios, a la autodeterminación.
El respeto de estos derechos no es solamente un asunto de justicia,
sino que también redundará en el empoderamiento de los
pueblos indígenas en la defensa de lo que es de ellos: los bosques.
NUESTRA OPINION
-
Pueblos Indígenas: guardianes de los bosques
El dictador militar brasileño Emilio
Garrastazu Medici bien puede ser considerado como uno de los ejemplos
más prominentes del enfoque racista y destructivo sobre los bosques,
que predominó en la mayor parte de los países tropicales
durante la segunda mitad del siglo XX. Ejemplos similares de promotores
de este enfoque se pueden encontrar fácilmente en África,
Asia, Oceanía y Latinoamérica. Al inaugurar la carretera
transamazónica en 1970 (el comienzo del fin de muchos grupos
indígenas y de grandes extensiones de bosque amazónico),
el dictador declaraba que ésta abriría una "tierra
sin hombres para hombres sin tierra". Para él, los pueblos
indígenas ni siquiera existían, y los bosques sólo
representaban una tierra a ser despejada para ser destinada a "actividades
productivas". Aparentemente las mujeres, fueran indígenas
o no, no existían en absoluto.
Desde entonces, ha habido un gran cambio
en la forma de pensar, aunque todavía resta mucho por cambiar
en la práctica. Sin embargo, hoy nadie en sus cabales, con la
excepción quizás del Presidente de una nación muy
poderosa, puede expresarse de esa forma sin pagar un precio político
muy alto. Si bien aún hay muchas políticas que apuntan
a despojar a los pueblos indígenas de sus derechos y a explotar
sus bosques, están obligadas ahora a disfrazarse bajo un discurso
"verde" y "humanitario", precisamente porque las
circunstancias han cambiado.
Estos cambios son el resultado de largas
luchas a nivel local, nacional e internacional. Algunas de estas luchas
comenzaron bajo consignas ambientalistas y su objetivo era proteger
a los bosques del mundo. Otras se originaron en la defensa de los derechos
de los pueblos indígenas sobre sus territorios. Cada vez más,
las personas y las organizaciones que luchaban por postulados ambientales
o sociales, empezaron a entender que la lucha era la misma: los bosques
contenían pueblos y estos pueblos eran los guardianes de los
bosques. Esta nueva percepción fortaleció notablemente
la lucha, al unir muchas más voluntades en pos de una meta común.
La lucha se ha llevado a cabo en distintos
escenarios, desde la oposición local a proyectos específicos
de "desarrollo" (de madereo, minería, explotación
de petróleo, represas, plantaciones o cría de camarones),
hasta las campañas de presión nacional e internacional.
Paralelamente, los pueblos indígenas fueron creando sus propias
organizaciones y redes para poder participar directamente en los distintos
niveles, y hacer oír de esta forma sus propios puntos de vistas
en los debates, en particular en los foros internacionales sobre derechos
humanos. Estas campañas paralelas condujeron al establecimiento
de alianzas formales e informales entre el movimiento de los Pueblos
Indígenas y el de las ONGs, que deseaban trabajar conjuntamente
para lograr una meta común: el empoderamiento de los pueblos
de los bosques como la forma más justa y práctica de garantizar
la conservación de los bosques.
El resultado de estas actividades ha sido
impresionante. En relativamente pocos años, los pueblos indígenas
han ido aumentando cada vez más su visibilidad e influencia,
y muchos de sus problemas han sido incorporados a la legislación
internacional y a los sistemas legales nacionales. Se han transformado
en un actor a ser tomado seriamente en cuenta. Aunque algunos o muchos
de sus derechos todavía no son reconocidos en distintos países,
sea a nivel de legislación o en la práctica, ni los gobiernos
ni las corporaciones pueden ya ignorarlos.
La Amazonia del dictador brasileño
se ha vuelto hoy un "bosque con pueblos" que luchan por sus
derechos, en tanto que los "hombres sin tierra" han creado
el poderoso movimiento campesino de "los Sin Tierra" que lucha
por conquistar tierra fuera del área de bosques, actualmente
en manos de una elite local. Cambios similares han ocurrido y están
ocurriendo en otros países en todo el mundo, y todos los artículos
de este boletín reflejan muchos de los procesos y luchas que
se desarrollan en este momento.
Sin embargo, a pesar de estos enormes avances,
todavía queda mucho por cambiar para lograr que la práctica
se acompase a la teoría. Como bien lo saben los pueblos indígenas
por experiencia propia, el reconocimiento legal de sus derechos es condición
necesaria, pero habitualmente no suficiente, para asegurar un pleno
respeto de estos derechos, en particular en el marco del modelo globalizado
que impone hoy a los pueblos del mundo el poder de las transnacionales.
En ese contexto, el empoderamiento de los pueblos indígenas y
las comunidades locales es la forma de avanzar en la confrontación
contra el control que ejercen actualmente las corporaciones sobre los
pueblos y los recursos. Dentro del bosque, esto significa que la responsabilidad
del manejo del bosque debe ser devuelta a sus propietarios y guardianes
tradicionales: los pueblos indígenas. Si bien todavía
en sus etapas iniciales, ese proceso ya está en marcha, lo que
abre una esperanza, tanto para el futuro de los bosques como para los
pueblos que los habitan.
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