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Boletín del WRM
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Número
63 - Octubre 2002
Enfocado en el manejo comunitario de bosques |
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COMPARTIENDO EXPERIENCIAS LOCALES - Brasil: manejo comunitario de bosques en la Amazonia brasileña En los últimos años se ha registrado un incremento de la participación de las familias productoras rurales, así como la de sus organizaciones económicas y representativas, en las actividades de manejo y conservación de los recursos de la Amazonia brasileña. Principalmente para las poblaciones tradicionales --a las que el enorme déficit socio ambiental del Estado brasileño ha dejado relegadas a la subordinación económica al capital destructor de los recursos naturales--, las alternativas de desarrollo basadas en la resistencia y en la lucha por mejorar sus condiciones de vida y trabajo contemplan la valoración de los recursos de los bosques y, por ende, su manejo. FASE (Federación de Organismos de Asistencia Social y Educativa) ha instrumentado, en la zona del estuario del río Amazonas, un proyecto de desarrollo local con las comunidades rurales del municipio de Gurupá, en el Estado de Pará. Trabajando con el movimiento sindical y demás organizaciones locales, su objetivo es contribuir a la generación de alternativas de desarrollo basadas en la justicia social, la conservación del medio ambiente y la ampliación de la ciudadanía. Para ello, su metodología de trabajo se basa en la educación popular, mediante la acción directa con los públicos beneficiarios, el fortalecimiento de las organizaciones de base y de los sujetos colectivos autónomos, propuestas de políticas públicas, acciones de defensa legal en la esfera pública e instrumentación de proyectos relevantes de carácter multiplicador. Ubicado en la llamada "Región de las Islas", entre las ciudades de Belén y Santarén, en el estuario del río Amazonas, el municipio de Gurupá se parece a tantas otras ciudades ribereñas de la Amazonia, en las que el aislamiento y el régimen de las aguas todavía determinan el ritmo de las relaciones sociales y económicas de las poblaciones que tradicionalmente habitan el bosque. Gurupá tiene una superficie total de 8.578 km2 y cerca de 23.589 habitantes (IBGE 2001), de los cuales 6.729 se encuentran en el área urbana y 16.860 en el área rural. Los indicadores sociales muestran que el desarrollo de Gurupá --pese a haber sido una importante plaza fiscal durante el boom del caucho, a principios del siglo pasado--, está lejos de haber logrado condiciones de vida dignas para la mayoría de la población. El IDH-M (Indice de Desarrollo Humano Municipal) de Gurupá es de 0,396, llegando a niveles de desarrollo humano de países como Gambia (0,398), Guinea (0,397) o Ruanda (0,395). El promedio de años de escolaridad del municipio es de 1,29, mientras que el de Brasil ronda los 5,8 por habitante. Gurupá cuenta con menos de una cama de hospital cada mil habitantes (cuatro es la cifra que recomienda la Organización Mundial de la Salud, OMS) y un médico cada diez mil habitantes (la OMS recomienda diez). Gracias al pujante movimiento social con que cuenta y a la gran variedad de productos que proporciona el bosque --castaña, madera, açaí (Euterpe oleraceae Mart.), palmito, servicios ambientales, entre otros--, el municipio tiene potencial para desempeñar un papel estratégico en la construcción de referencias de sustentabilidad en la Amazonia. De esta manera, el Proyecto FASE Gurupá, en estos tres años de actividad, ha trabajado no sólo en la generación de estas referencias, sino también en la agregación de metodologías participativas e iniciativas concretas hacia el desarrollo local. Las actividades de manejo del bosque que realiza FASE con las comunidades de Gurupá, ante todo, fueron pioneras en la Amazonia brasileña. En primer lugar, por entender que esas actividades forman parte de un sistema de producción familiar y/o comunitario y, por lo tanto, deben ser pensadas dentro de la lógica campesina de producción y reproducción. En este sentido, hay que destacar que el uso de los recursos del bosque no se limita a la mera explotación maderera, sino que supone un uso múltiple del bosque por parte de estas poblaciones. En segundo lugar, esas actividades se realizan a largo plazo y, por lo tanto, garantizarles la tierra a las familias productoras es una condición básica para el desarrollo sustentable de dichas actividades. Por último, la necesaria elaboración, negociación y aprobación de una ley que incluyera a las organizaciones comunitarias para legalizar sus actividades de manejo del bosque, que no eran contempladas en el sistema jurídico forestal brasileño. En lo que se refiere a la metodología de manejo, FASE también introdujo innovaciones en la planificación de la explotación maderera, adaptándola a la realidad de las familias productoras según la extracción del número de árboles/especies a explotarse al año y no según el tamaño del terreno, que, por lo general, es lo que hacen las empresas forestales y lo que recomienda IBAMA. De esta manera, el manejo forestal se adaptó a la magnitud de los recursos de Gurupá, lo que también puede hacerse en otros municipios aledaños. La aprobación del Plan de Manejo Comunitario de Bosques de Camutá del Pucuruí en el año 2001 --el primero del Estado de Pará-- dio paso a otras iniciativas de manejo comunitario en la Amazonia oriental. Las acciones realizadas desde 1999, de regularización de la tenencia de la tierra, elaboración e instrumentación de Planes de Uso para la planificación, gestión y control territorial, elaboración de inventarios forestales y legalización de los mismos ante el organismo que regula la actividad (IBAMA) y planificación de la explotación y comercialización, redundaron en la explotación forestal de 102 m3 de madera en troncos durante este primer año 2002, comercializados a un precio promedio de 80 dólares el metro cúbico, lo que representa un aumento del 233% respecto del precio logrado anteriormente por las familias que se dedican a esta actividad. Además de lo anterior, el control de los impactos sobre el bosque mostró que con las técnicas utilizadas en las operaciones de corte y extracción la cifra promedio de árboles dañados por hectárea, con un diámetro superior a los 30cms. (DAP), era de 11, lo que demuestra la sustentabilidad de la explotación de bajo impacto recomendada por FASE, ya que mediante la explotación convencional esa cifra asciende a los 27 árboles por hectárea. Como consecuencia de esta acción, se aprobó otro plan de manejo maderero, el primero de los quilombolas (1) de Gurupá (ARQMG), en la comunidad de Camutá del Ipixuna. En este sentido, se amplió la oferta de productos y, para la zafra 2003, se espera obtener 800 m3 de madera, que ya tienen comprador. Al mismo tiempo, IBAMA aprobó dos planes de manejo de palma de açaí nativa de otras dos asociaciones, en los que se contempla la extracción asociada de palmito y açaí. Hay que señalar que los planes de manejo de palma de açaí recomendados por IBAMA están orientados solamente a la explotación de palmito, lo que ha generado una intensa devastación de esta palma en la región. La extracción asociada de palmito y açaí ha permitido un aumento de hasta 30% en la producción de la fruta, lo que genera un ingreso bruto promedio por mes/familia de 124 dólares, contra los 65 dólares percibidos anteriormente sin este manejo. Los factores que obstaculizan el incremento del manejo comunitario de bosques, como la falta de mercados y de formación y capacitación de las familias productoras, elevados costos para poder satisfacer las exigencias legales y regularizar la tierra, aún existen. Aunque el tema del manejo comunitario de bosques esté en el debate y se hacen esfuerzos para llevar a buen término las iniciativas al respecto, todavía es necesario superar los obstáculos político institucionales y financieros que existen. En este sentido, el Estado desempeña un papel clave, principalmente en lo que concierne a la revisión de las exigencias legales para la aprobación de los planes de manejo, instrumentación de un programa de fomento del bosque y creación de líneas de crédito especiales para el manejo comunitario de los bosques de la Amazonia. Además, deberá promover proyectos que, como el que realiza FASE en Gurupá, hoy se presentan como iniciativas aisladas aunque relevantes, e incluirlos como acciones estratégicas dentro de un programa de desarrollo regional. (1) Así se les llamaba a los esclavos que huían de sus amos y se refugiaban en lugares de difícil acceso denominados quilombos [Nota de la T.]. Por Paulo Oliveira, coordinador
ejecutivo de FASE Gurupá, correo electrónico: gurupa@amazon.com.br - Chile: ¿es posible el manejo comunitario de bosques en un contexto de economía neoliberal? En Chile, 25 años de implementación del modelo económico neoliberal han impactado fuertemente a los bosques nativos y las comunidades indígenas y locales del sur. Más de dos millones de hectáreas de plantaciones de pinos y eucaliptos alimentan una gran industria de la celulosa orientada a la exportación. En este período, cientos de miles de hectáreas de bosques nativos fueron convertidos en monocultivos forestales. Una acelerada concentración de la propiedad de la tierra, facilitada por subsidios estatales a las plantaciones, generó graves conflictos territoriales con las comunidades indígenas mapuche que se prolongan hasta el presente. Se multiplicaron los grandes proyectos de represas hidroeléctricas, carreteras, plantas de celulosa y proyectos de explotación masiva forestal con fuertes inversiones privadas, afectando territorios de bosques habitados por comunidades indígenas y campesinas. La tenencia de la tierra y el acceso a los recursos naturales por parte de las comunidades también ha sufrido importantes cambios. A principios de los 80, las tierras comunitarias de gran parte de las comunidades mapuche de las zonas de valle y parte de la cordillera de la costa fueron divididas en propiedades individuales. En otras zonas, más aisladas y cubiertas de bosques primarios, los procesos de regularización de tierras indígenas aún están en proceso y algunas comunidades han optado por sistemas de tenencia comunitario, en tanto que otras están solicitando títulos individuales y muchas viven aún en tierras fiscales o de propietarios privados que nunca han vivido en el lugar. A pesar de los cambios, las comunidades han seguido funcionando como tales, sosteniéndose los intercambios de mano de obra, semillas, plantas medicinales, conocimiento tradicional, así como la unión frente a amenazas externas. Se mantiene el uso diversificado, los sistemas de conocimiento tradicional y la visión que integra lo productivo, lo cultural y lo espiritual en la relación entre las comunidades y los bosques. Pero el contacto con la sociedad global no ha sido neutro; se generaron necesidades de ingresos en las comunidades, los sistemas de organización tradicional se debilitaron y es marcada la ausencia de continuidad organizacional y la baja representatividad de las grandes organizaciones indígenas y campesinas. En algunas zonas el debilitamiento de estas estructuras, la falta de oportunidades, capacitación y relaciones desiguales con el mercado ha obligado a las propias comunidades a destruir sus bosques para sobrevivir. No es sino durante la última década, que programas con apoyo de la cooperación internacional han comenzado a fomentar el manejo y conservación de sus bosques con comunidades indígenas y campesinas. Finalmente, y como una expresión de un movimiento internacional, se ha comenzado a valorar el papel de estas comunidades en la conservación de los bosques. No obstante, los éxitos aún se mantienen a una escala local y son lentos los cambios de mentalidad para incorporar este nuevo enfoque entre los políticos, legisladores, servicios públicos y las universidades que forman profesionales y realizan investigación. Es factible que en el mediano
plazo el Estado incorpore el enfoque de manejo forestal comunitario
y las universidades formen profesionales y desarrollen líneas
de investigación en esta área. También es factible
que los programas de apoyo con financiamiento internacional logren coordinarse
entre ellos y con los servicios públicos. Es probable que las
empresas forestales, particularmente aquellas que trabajan con bosque
nativo, se asocien virtuosamente con las comunidades aledañas.
Se avanza hacia una participación de las comunidades en la administración
de las áreas silvestres protegidas. En el mediano plazo se puede
esperar un aumento de las compras para devolución de tierras
a comunidades indígenas por parte de la Corporación Nacional
de Desarrollo Indígena (CONADI). Sin embargo, vale la pena preguntarse
si la velocidad de este proceso no será demasiado lenta en relación
a la tendencia opuesta de deforestación y degradación
de bosques, distribución inequitativa de los beneficios de los
bosques y debilitamiento de las comunidades. Algunos cambios van más rápido de lo que quisiéramos y las condiciones para enfrentarlos muchas veces no están a la altura del desafío. La responsabilidad es fuerte para quienes están comprometidos con las comunidades y con los bosques de los cuales ellas dependen, al igual que el resto de la humanidad. No hay espacio para divisiones, falsa competencia ni ineficiencias; es fundamental trabajar en la base, influir en las universidades, a nivel político nacional e internacional en forma coordinada y coherente. Son necesarias las relaciones de colaboración y alianzas entre comunidades, conservacionistas y eventualmente empresas forestales o de ecoturismo. La creatividad en la búsqueda de opciones es clave, pero más aún lo es el empoderamiento y la participación de las comunidades que habitan zonas de bosques, por ser ellas las primeras interesadas en el uso sustentable de los mismos. Para ellas, el manejo comunitario es ciertamente deseable y posible, pero para hacerlo viable se requiere, además de lo anterior, cambios importantes en el actual modelo económico que se basa principalmente en el apoyo a las empresas privadas como estrategia de desarrollo. El problema no radica entonces en saber si las comunidades pueden manejar y conservar sus bosques --que sí lo pueden-- sino en determinar si el Estado está dispuesto a establecer las reglas de juego y entregar el apoyo para que esto sea posible, trabajando en forma coordinada con las organizaciones de la sociedad civil. Por Rodrigo Catalán,
correo electrónico: catalanr@terra.cl - Ecuador: experiencias de la Federación Awá en el manejo y conservación de su territorio Las 21 comunidades indígenas que conforman la Federación de Centros Awá del Ecuador (FCAE) tienen título legal sobre 120.000 hectáreas en el noroccidente del Ecuador, región de bosques húmedos y de gran diversidad biológica conocida como el Territorio Awá y que contiene la última extensión de bosques Chocoanos que quedan en Ecuador. La lucha territorial de los Awá por defender sus bosques comunales de las presiones de la industria maderera y minera y de la colonización, se veía hasta hace unos años beneficiada por el difícil acceso al noroccidente del país. En los últimos años, la apertura y pavimentación de dos nuevas carreteras que atraviesan la región facilitaron las actividades de varias empresas madereras con la consecuente desaparición de los bosques. A pesar de ser una actividad ilegal, las compañías madereras empezaron con ofrecimientos de comprar madera. Lograron realizar negocios con algunas familias Awá, lo que causó problemas organizativos en varias comunidades y dentro de la FCAE. El Ministerio del Ambiente, encargado de vigilar el manejo y la extracción forestal, no ha demostrado tener un control eficiente de estas empresas ni tampoco de los compradores formales e informales. Durante los últimos dos años, la FCAE ha entablado varios juicios penales contra diferentes empresas madereras por haber entrado ilegalmente a su territorio para extraer madera. También se han denunciado actos ilegales de algunos funcionarios del Ministerio del Ambiente ante la Comisión Cívica de Control de la Corrupción. A raíz de esto, la FCAE decidió iniciar su propio proyecto de manejo forestal comunitario, con el objetivo de proporcionar ingresos sostenibles a sus comunidades, conservar sus bosques y contrarrestar las presiones de las empresas. En el proceso de análisis de la situación forestal y de definición de propuestas, las comunidades Awá establecieron 3 puntos básicos que han servido para el desarrollo del proyecto forestal: tendría que ser administrado y dirigido por la FCAE; no se permitiría el uso de maquinaria pesada en la extracción de madera del Territorio Awá; los beneficios se repartirían equitativamente sobre la base de los acuerdos que establecieran las comunidades con la FCAE. La primera tarea fue llegar a acuerdos y consensos para la delimitación de un área de 1980 hectáreas de bosque comunal en Mataje, de alta diversidad y endemismo de especies maderables. A base de los inventarios forestales, se elaboró un primer plan de manejo forestal para esta zona de bosque comunal. Se capacitó a un grupo de jóvenes Awá para formar un equipo forestal, esperando que a futuro sean ellos los gestores de su proprio desarrollo. Este equipo realizó una identificación de especímenes botánicos, para luego elaborar un Plan de Manejo Forestal Comunitario de acuerdo a las leyes forestales ecuatorianas. El Plan tendrá en cuenta los criterios para su certificación en el marco del esquema del FSC (Consejo de Manejo Forestal). Este proyecto ha sido visitado dos veces por la empresa certificadora Smartwood y está en vías de conseguir la certificación del FSC. También se elaboraron otros planes de manejo para zonas familiares de las comunidades de Guadualito, Balsareño y Pambilar. Los Awá comenzaron con una extracción de baja intensidad de 5 a 7 árboles por mes, utilizando sistemas innovadores de extracción por cable aéreo y preparando y comercializando su madera directamente a una compañía de Quito, capital del Ecuador, sin intermediarios. Varias empresas madereras, con intenciones de entrar al Territorio Awá, han incrementado sus intentos ilegales de presionar a los Awá para que les vendan su madera. Con el fin de agregar más valor a sus productos forestales, la FCAE está buscando un mercado en el exterior para algún producto elaborado por los Awá en Ecuador, y existen posibilidades para el año 2003. Con el mismo objetivo, a fines de 2002 la FCAE estará adquiriendo maquinaria de carpintería, para capacitar a su propia gente en este arte y construir muebles para el mercado nacional. A través de las experiencias vividas por los Awá, se pueden rescatar las siguientes lecciones: 1. La necesidad desde el principio de formar representantes comunitarios en todos los aspectos de manejo forestal. 2. La importancia de una organización fuerte y representativa, capaz de administrar un proyecto forestal en todas sus etapas, y facilitar procesos de planificación y evaluación con los miembros de sus comunidades filiales. 3. Los límites de la comunidad y sus áreas de manejo forestal, ya sean familiares o comunales, deben ser bien consensuadas, y delimitadas físicamente en el bosque. 4. Las comunidades involucradas en el proyecto deben participar activamente en la programación y evaluación de actividades relacionadas con el manejo forestal. 5. Es necesario tener cuidado de no crear expectativas falsas en las comunidades, acerca de posibles precios para la madera que eventualmente se extraerá, y el tiempo y esfuerzo que se requiere para sacar adelante un buen plan de manejo forestal. Hay que ser transparente en cada momento. 6. Las actividades de manejo forestal y la comercialización de la madera, no deben ser consideradas como las únicas alternativas productivas de la comunidad, sino más bien como parte de un sistema integrado de sustento familiar y comunal, que incluyen la agroforestería, crianza de animales, producción de artesanías, etcétera. 7. El proceso de certificación forestal es costoso y complejo. Si bien la FCAE ha logrado encontrar recursos para financiar las visitas de los evaluadores, es necesario plantearse la pregunta de si todas las comunidades interesadas en certificar sus operaciones forestales podrán alcanzar a cubrir este costo. De lo anterior surge claramente que el manejo comunitario de bosques no está exento de problemas, pero resulta igualmente claro que los mismos pueden ser sorteados. La experiencia de los Awá puede ser de gran ayuda para que otras comunidades puedan desarrollar procesos similares --adaptados a sus propias condiciones-- apuntando a compatibilizar la conservación de los bosques con la mejora de las condiciones de vida de quienes allí habitan. Artículo basado en información
obtenida de: "Experiencias de la Federación Awá del
Ecuador en el manejo y conservación de su territorio", Ponencia
preparada por: Hermes Cuasaluzán, Coordinador de Proyectos de
la Federación de Centros Awá del Ecuador, y Jaime Levy,
Director de ALTRÓPICO; enviado por Jaime Levy, correo electrónico:
altropico@access.net.ec
. La ponencia completa se puede ver en: http://www.wrm.org.uy/paises/Ecuador/Awa.html |
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