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Boletín del WRM
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Número
63 - Octubre 2002
Enfocado en el manejo comunitario de bosques |
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EL ABORDAJE COMUNITARIO: ALGUNOS ASPECTOS RELEVANTES - Bosques para los pueblos que dependen de los bosques El mundo está perdiendo sus bosques. En todo el planeta son muchas las personas que sufren por procesos destructivos que los privan de los recursos naturales que han sido la base de su sustento. El WRM y muchas otras organizaciones de todo el mundo han venido denunciando desde hace mucho tiempo esta situación y brindando su apoyo a los pueblos que luchan en defensa de sus bosques y sus derechos. La historia de la apropiación y el control de los bosques por parte de las potencias coloniales primero, y luego de los estados nacionales, bajo la bandera de "la ordenación científica de los bosques" o silvicultura, ha sido una característica común del manejo tecnocrático centralizado que se acrecentó a lo largo del último siglo con el avance del moderno estado nación, el poder de la tecnología y la economía mundial, llevando en última instancia a la venta masiva de los bosques para beneficio de los intereses de la industria forestal. La silvicultura, tal como la impuso el Norte al Sur, primero a través del colonialismo y después a través de los organismos para el desarrollo y la Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), tiene fallas graves. En primer lugar porque adjudica al Estado tierras boscosas (territorios de las comunidades locales), y en segundo lugar porque después entrega los derechos de explotación maderera a grupos privados. El resultado es una alianza non-sancta entre estos poderosos protagonistas, cuyos intereses apuntan a excluir a las comunidades de los bosques y a evitar que se establezcan límites reales a la explotación, que pudieran poner coto a las ganancias generadas en el nombre de la sustentabilidad. En el caso de los países empobrecidos del Sur, la venta de la madera se ha utilizado para pagar una deuda que crece en espiral. Esta deuda se genera a partir de los lazos de dependencia que tejen los principales países del Norte, actuando en representación de los intereses creados de las grandes empresas, apoyados por la mediación de las instituciones financieras internacionales (FMI, Banco Mundial, etc.), a la vez que generan cuantiosas riquezas personales para un puñado de magnates de la industria maderera. Este proceso originó una serie de factores que ejercen una enorme presión sobre los bosques y los pueblos que los habitan y dependen de ellos, que no tienen un acceso igualitario a los recursos de los bosques. Los términos injustos del comercio internacional han determinado la depreciación de los precios de los bienes básicos (los principales productos de exportación de los países del Sur) desatando una carrera sin fin por el aumento de la productividad a expensas de los ecosistemas. En ese contexto, las naciones poderosas impusieron "programas de desarrollo" (y la infraestructura que los acompaña) a los países empobrecidos y ricos en naturaleza. De esta forma las empresas se benefician doblemente, con el acceso fácil a los recursos naturales y con los altos intereses de los préstamos que otorgan para llevar adelante los programas que consideran a la naturaleza como un conjunto de mercaderías (minerales, petróleo, recursos genéticos, madera, tierra para la expansión agrícola) a ser explotadas para obtener ganancias a corto plazo. Ese proceso, descrito gráficamente por el escritor Eduardo Galeano en "Las venas abiertas de América Latina", se aplica de la misma forma a los países del Sur en todo el mundo. El resultado ha sido la degradación y destrucción de los bosques, el desplazamiento de pueblos, la pérdida de las formas de sustento y las culturas locales. Ante esta realidad, existe actualmente un creciente interés por encontrar nuevas formas para preservar lo que queda de bosques en el mundo. El WRM ha planteado la urgente necesidad de un cambio en la relación actual con los bosques. Existen dos enfoques contrapuestos: uno considera al bosque como tierra a ser explotada, explorada, despejada y ocupada, para ser sembrada y plantada en programas comerciales de monocultivos a gran escala; y el otro ve al bosque como un ecosistema, a ser utilizado en sus múltiples dimensiones por y para la gente, sin distorsionar el necesario equilibrio existente entre toda la gama de sus componentes. Resulta claro que sólo el segundo enfoque puede garantizar la conservación de los bosques, y es igualmente claro que los Pueblos Indígenas y otras comunidades tradicionales y locales son los únicos que pueden y desean aplicarlo. Estas comunidades tienen una larga tradición en el uso sustentable de los bosques a través de regímenes de propiedad comunitaria en los que el acceso al bosque y el uso de sus recursos están regulados por la dependencia mutua, los valores compartidos de cooperación y asociación y las leyes tradicionales, con una clara conciencia de que están haciendo uso del bosque que les es prestado por sus hijos. Somos conscientes de que se han desmantelado muchas experiencias, que se ha perdido conocimiento y que en varios lugares se han agotado los recursos naturales. Numerosas comunidades han sufrido presiones externas que las forzaron a abandonar sus tierras, que destruyeron sus formas de sustento o que las "contaminaron" con nuevas modas y tendencias consumistas; y todo esto en última instancia las separó de su rica cultura. Pero antes de que sea demasiado tarde, la solución está al alcance de nuestras manos. En realidad ha estado allí todo el tiempo. Los políticos tienen la oportunidad de probar su buena voluntad de cumplir con las promesas de sustentabilidad que han proclamado; es simplemente un asunto de servir los intereses de los pueblos (por sobre los de las trasnacionales) y apoyar y promover los antiguos sistemas de manejo comunitario que permitieron durante siglos a las comunidades que dependen de los bosques realizar un manejo sustentable de los mismos para vivir de ellos y al mismo tiempo ser sus guardianes. El bosque: un hogar generoso y pródigo Para los habitantes del bosque y quienes dependen de él, el bosque es su gran almacén, el que los provee de alimentos (tallos, hojas, flores, frutos, nueces, hongos, gusanos, hormigas, huevos de aves, animales pequeños y pescado). También encuentran allí materiales de construcción y medicinas, así como leña y materias primas (bambú, juncos, hojas, pastos, goma, resina, ceras y tinturas para hacer sogas, mantas y cestos), que pueden utilizar, cambiar o vender en los poblados cercanos. Por otra parte, el bosque es un gran proveedor de agua; es la cuenca hídrica que permite el almacenamiento y la distribución equilibrada de agua. Por último, pero no menos importante, el bosque es para ellos más que un simple proveedor de productos. Es también el lugar donde estos pueblos se reúnen para sus celebraciones sociales y culturales, donde realizan las asambleas para tomar decisiones, donde entierran a sus muertos; allí realizan una profunda interconexión moral y espiritual a través de la cual se ven a sí mismos como parte del bosque. Una visión holística del bosque La estrecha relación con el bosque está imbuida en las comunidades de los bosques y en las que dependen de ellos, que siempre han aplicado un "enfoque ecosistémico" al manejo de los bosques. La tendencia actual de explotación de los bosques, con su enfoque reduccionista, ha separado las cosas y ha alterado el equilibrio, provocando la crisis actual de los bosques. Por este motivo, una visión holística es un elemento necesario para una experiencia de Manejo Comunitario de Bosques. Ha generado un sistema de conocimiento amplio y profundo con sus propios conceptos, definiciones y prácticas, que ha permitido el uso sustentable de los bosques a lo largo de varios siglos. Esto es válido todavía hoy, cuando podemos encontrar ejemplos de comunidades que se las ingenian para conservar e incluso a veces restaurar, a pesar de las circunstancias adversas, zonas de bosques degradados de los cuales dependen. El bosque es la fuente de sustento para estas comunidades; por este motivo, es un problema de supervivencia apuntar al manejo del bosque de forma que garantice la perpetuidad del mismo. De no ser así, estarían poniendo en riesgo su propio futuro. Pero cuando se ven enfrentadas a fuerzas externas que distorsionan su medio ambiente, son presionadas a buscar otros medios de supervivencia que en general implican un manejo no sustentable de los escasos recursos naturales que dejan atrás las empresas forestales y otros grupos comerciales y orientados al mercado que les han usurpado a las comunidades su madre tierra. La unidad fue rota desde afuera, pero a menudo sucede que las comunidades de los bosques y las que dependen de ellos terminan siendo señaladas como las culpables, aunque son el eslabón más débil de la cadena. Asegurar la tenencia para el manejo comunitario Subyacente a la forma de vida de las comunidades de los bosques y las que dependen de ellos está el concepto de la propiedad común del bosque para su uso, manejo y control. La comunidad no "posee" el bosque, sino que es su guardiana, y en consecuencia tiene derechos y obligaciones. Pero para que las comunidades puedan cumplir en forma adecuada con su papel de guardianas deben tener asegurada la tenencia de los recursos que contiene el bosque, y su uso debe estar garantizado a través de los organismos con poder de gobierno, elegidos por cada comunidad para que la representen adecuadamente. Los estudios de caso confirman que la falta de seguridad de derechos sobre la tierra y derechos de uso de las comunidades es una causa fundamental del debilitamiento de los sistemas locales de manejo de los bosques. Por el contrario, en un contexto de conflicto la seguridad de los derechos sobre la tierra y los derechos de uso es la base de la conservación de los bosques y del bienestar de los habitantes locales que dependen de ellos. Autonomía y soberanía para el poder de decisión a escala local El poder de decisión de las comunidades se basa en sus propias instituciones representativas, que representen legítimamente sus intereses, y que adoptan diversas formas según la cultura local, el medio ambiente natural, y la organización de cada comunidad. Toda vez que esto fue modificado para trasladar el poder a un gobierno central (nacional, estadual o provincial) el resultado ha sido la distorsión de la integridad del ecosistema con la consiguiente disminución de las sustentabilidad de los recursos y el empobrecimiento de la comunidad. No existe un modelo único de manejo comunitario de bosques pero todos tienen como característica común la necesaria autonomía y soberanía de sus autoridades legítimas, para tomar las decisiones pertinentes sobre el control, uso y manejo de la base de recursos de la comunidad con miras a satisfacer las necesidades de sus miembros. Desafíos y expectativas El manejo comunitario está resurgiendo como una alternativa válida al modelo actual de utilización industrial del bosque. Un gran número de personas, organizaciones y procesos ya están trabajando con el objetivo de lograr y reforzar experiencias exitosas de acuerdo con las necesidades, los antecedentes y la historia del lugar. Sin embargo, habrá que enfrentar numerosos desafíos y es necesario plantearse una serie de preguntas. ¿Es posible que casos aislados de manejo comunitario de bosques puedan sobrevivir en un contexto donde quienes marcan el rumbo son actores tan poderosos como las trasnacionales, los gobiernos y las instituciones internacionales a cargo de la globalización de un modelo económico de desregulación y apertura de mercados? ¿Estaremos lo suficientemente alertas como para reconocer la diferencia entre los casos genuinos y los que son simplemente una co-opción del modelo prevalente? ¿Cómo preservar el promisorio modelo de manejo comunitario de bosques de intereses espurios, tanto internos como externos? La mayoría de las comunidades de los bosques y las que dependen de ellos ya no viven en las condiciones de ecosistemas equilibrados que habían logrado mantener desde largo tiempo atrás. La deforestación a gran escala y los procesos de degradación de los bosques, el agotamiento de sus recursos con la consiguiente escasez para las comunidades que los rodean, han producido cambios en las formas de vida. A su vez, esos cambios han provocado nuevas necesidades y han hecho surgir nuevos valores que pueden implicar la pérdida del conocimiento tradicional y la ruptura de los viejos lazos y creencias que han sido pilares de la cohesión social y la continuidad cultural. Por otra parte, hay una serie de temas que deben ser abordados por las comunidades para garantizar su cohesión interna y su fortaleza. Entre ellos debemos mencionar la participación de la mujer, que tiene necesidades, perspectivas y roles específicos. Su participación activa en la toma de decisiones y la distribución equitativa de los beneficios entre hombres y mujeres son esenciales para asegurar la sustentabilidad a largo plazo del manejo comunitario de bosques. Igualmente importante es la necesidad de generar las condiciones básicas para promover la participación activa de los jóvenes, que representan el futuro de la comunidad. Uniendo esfuerzos Aquellos de nosotros comprometidos con el apoyo a las comunidades de los bosques y las que dependen de ellos en su lucha por mantener y recuperar sus bosques, quienes apoyamos y promovemos que recuperen el control sobre el manejo de los bosques, debemos tener presente que existen muchos obstáculos (tanto internos como externos, nacionales e internacionales) que debemos sortear. Se debe resaltar la importancia de sumar fuerza y esfuerzos y de compartir experiencias. Muchas organizaciones locales, nacionales e internacionales (entre ellas el WRM) han luchado y hecho campañas durante muchos años para lograr un cambio en esa dirección. En mayo de este año, varias organizaciones decidieron unir esfuerzos en el Caucus sobre Manejo Comunitario de Bosques, que apunta a influir en los procesos mundiales y nacionales para crear condiciones que permitan que las comunidades locales manejen sus propios bosques. Este es un primer paso en la dirección correcta. Actualmente resulta muy claro
que el modelo industrial conduce a la destrucción del bosque,
mientras que el manejo comunitario permite su uso sustentable. Los gobiernos
han acordado (por lo menos en el papel) que es necesario conservar los
bosques para preservar la salud del Planeta. Ahora es el momento de
hacerles cumplir los compromisos asumidos, y la sociedad civil organizada
(desde el nivel local al internacional) es el actor clave para asegurar
que los hechos coincidan con los discursos. Nuestro mensaje debe ser
fuerte y claro: la responsabilidad sobre el manejo de los bosques debe
volver a las manos de las comunidades de los bosques y las que dependen
de ellos. Solamente entonces los bosques tendrán la posibilidad
de sobrevivir. - Bosques comunitarios: ¿Cambio liberador o cortina de humo? Al parecer se está generando una importante corriente de apoyo para los bosques comunitarios, a juzgar por el discurso del Banco Mundial, las Naciones Unidas y las ONGs de todo el mundo. Por ejemplo, el Objetivo 3: Meta 4 del Programa de Trabajo de los Bosques aprobado en la sexta conferencia de las partes del Convenio sobre Diversidad Biológica dice: "Permitir a las comunidades indígenas y locales desarrollar e instrumentar sistemas comunitarios adaptativos de manejo para conservar y hacer uso sustentable de la diversidad biológica de los bosques". Ahora bien, nadie quiere ser pesimista, pero tengo serias dudas sobre el supuesto avance de los bosques comunitarios que contaría con todas las bendiciones, e incluyo algunas historias exitosas en las que he confiado durante mi propia actividad de apoyo a esta forma de manejo. Sin embargo, me pregunto: ¿no habrán casos en los que supuestos bosques comunitarios en realidad permiten que algunos actores del Estado extiendan su control sobre áreas aún más amplias de bosques? Es decir, si bien los bosques comunitarios pretenden abordar el tema del poder y del buen gobierno de los bosques, ¿cuántos realmente desafían, o lo que es más importante, cambian la autoridad estatal? De acuerdo a una investigación realizada por Arun Agrawal en Kumaon, India, incluso en los llamados "bosques comunitarios", sigue siendo el Estado quien "determina las formas en que se pueden utilizar los recursos, define quiénes tienen el poder de utilizarlos, y extiende su control aún más intensivamente sobre esos territorios." (Agrawal, Arun, 'State Formation in Community Spaces', 1998). Por otra parte, la investigación de Agrawal detectó que esos bosques comunitarios favorecieron muy poco a los intereses de los miembros más marginados de las comunidades. Los bosques comunitarios de Nepal también parecen avanzar en esa dirección. Los cambios en las políticas de Bosques Nacionales están cercenando en forma insidiosa la autonomía de la comunidad sobre los territorios de bosques. El Departamento de Bosques ha tomado medidas muy rigurosas que hacen muy difícil y caro para las comunidades desarrollar y mantener el control sobre los bosques. Por ejemplo, se solicita a las comunidades que realicen inventarios intensivos de los bosques, cosa que ni siquiera el gobierno hace en sus propias tierras. Por otra parte, también se han comenzado a aplicar impuestos altos a los productos de los bosques producidos por las comunidades (Kaji Shrestha, FECOFUN, comunicación personal, agosto de 2002). La devolución de la autoridad y el poder real es solamente una parte del desafío de los bosques comunitarios. Mientras nuestras sociedades (en particular las del norte y las élites del sur) continúen en su actual camino de consumo industrial y crecimiento económico de elevados insumos, los bosques comunitarios están destinados a seguir siendo marginales. Los bosques más valiosos y la proporción mayor de bosques todavía sigue en manos del Estado y de las grandes compañías (quienes se apropian de las ganancias). Al parecer el movimiento de bosques comunitarios debe abordar temas centrales en relación al consumo y al desarrollo económico como parte de su estrategia. Lamentablemente, los temas del consumo en la conservación de los bosques han sido por mucho tiempo un aspecto lateral, tanto para los gobiernos como para las ONGs. Ahish Kothari afirma (en referencia a la falta de referencia en relación al consumo del Norte en el Programa de Trabajo de la Convención sobre Diversidad Biológica): "Ah, mientras se pretende que las comunidades pobres tomen medidas para restringir su magro consumo, las ricas solamente están obligadas a 'tomar conciencia' del suyo propio. Y quizás entonces, una vez que hayan tomado conciencia, sean tan amables de reducir su impacto sobre el mundo" (Kothari, Ashish 'Let the Poor Pay for the Excesses of the Rich', ECO 6(2), 2002). Los bosques comunitarios tienen el potencial de crear grandes cambios en la forma en que vivimos con nuestros bosques y entre nosotros mismos. Tienen el potencial de empoderar a personas marginadas, profundizar la democracia, conservar la biodiversidad, y socavar las relaciones de poder establecidas (a menudo opresivas). Esto ya está pasando en muchos lugares en diferente medida. Pero no es fácil ni simple. Si los bosques comunitarios han de avanzar desde la lateralidad, deberán enfrentarse a un sistema atrincherado de consumo y liquidación de los bosques. Reconocer, revelar y eliminar la cortina de humo de los "bosques comunitarios" es un desafío urgente; "comunitario" debe significar mucho más que comunidades ayudando al Estado a manejar los bosques nacionales. Por Jessica Dempsey, International
Network of Forests and Communities, correo electrónico: jessica@forestsandcommunities.org - Mujer y recursos boscosos: dos casos centroamericanos En Guatemala a pesar de que el 20% de las regiones boscosas se encuentra bajo sistemas en áreas protegidas, el continuo avance de la frontera agrícola producto de la distribución desigual de los medios de producción --especialmente tierra-- han dejado como secuela pobreza y exclusión social. Esta situación se agrava en zonas rurales donde la mayoría de la población depende de bosques. Los grupos indígenas y campesinos figuran como los más afectados, empujados a colonizar y habitar ecosistemas frágiles carentes de servicios básicos. Sin embargo, grupos de mujeres han buscado formas organizativas alternas de manejo de recursos naturales en sistemas boscosos. En este artículo presentaremos dos casos, uno enmarcado en un ecosistema de coníferas al occidente del país (en el departamento de Huehuetenango) y otro al norte del país en uno de los ecosistemas de bosque tropical más importantes de la región Mesoamericana en la Reserva de Biosfera Maya, Departamento de Petén. La información que se presenta proviene de dos estudios de caso que se realizan en el área de Medio Ambiente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO-Sede Académica Guatemala como parte de sus actividades de investigación en las líneas de forestería comunitaria e institucionalidad local. En la región de Huehuetenango grupos de mujeres indígenas kanjobal se organizan para manejar sus bosques a través del programa de incentivos forestales que apoya el gobierno a través del Instituto Nacional de Bosques (INAB). Iniciando con un proyecto para mejorar las condiciones sociales de las mujeres kanjobales afectadas por el conflicto armado interno, las mujeres se organizan a través de la Asociación de Mujeres Eulalenses para el Desarrollo Integral Pixan Konob AMEDIK Corazón del Pueblo. Desde que iniciaron el proyecto se han reforestado ya 143 hectáreas y manejado 246, bajo sistemas de regeneración natural. Los bosques son manejados conjuntamente con tres municipalidades ya que se encuentran en áreas comunales y tierras municipales. En este caso las municipalidades aparecen como responsables ante el INAB y reciben cerca del 1,5 a 2,0% sobre el total devengado a través de los incentivos forestales. Esta sinergia ha permitido que los grupos de mujeres tengan acceso a los incentivos, dado que sin título de propiedad no se podría acceder a los mismos. Cerca de 500 familias participan actualmente en el proyecto, y durante los últimos cuatro años AMEDIK ha recibido cerca de US$100.000 como parte de los incentivos. En la Reserva de Biósfera Maya existen concesiones comunitarias que representan contratos de arrendamiento por 25 años para que grupos organizados manejen de forma integral los bosques, representando aproximadamente 400.000 hectáreas que se dividen en 15 concesiones comunitarias. Esta se considera una de las regiones más importantes a nivel mundial bajo manejo de comunidades indígenas y campesinas. Sin embargo, el proceso de inclusión de las mujeres en la región ha sido lento, en un inicio marcado por la oposición generalizada por parte de los hombres, quienes alegan que el reparto de beneficios económicos no es justo cuando existen dos miembros de una misma familia dentro de la organización. Por tanto, existen grupos organizados donde no existen socias y otros donde las esposas o hijas pueden obtener el derecho de socias únicamente bajo la muerte del esposo o ausencia de hijos hombres. En la actualidad, las mujeres que participan dentro de las concesiones representan un 15% aproximadamente. Los grupos de mujeres que se dedican a trabajar los bosques se enfocan en extracción de productos no maderables como el mimbre (Monstera sp), el bayal (Desmuncus sp.) y el xate (Chamaedorea sp.) principalmente para trabajar artesanías o muebles, mientras que otras prefieren participar dentro de proyectos de ecoturismo. Las actividades de manejo forestal, se determinan como actividades que requieren de trabajo duro y corresponden a los hombres. En conclusión, si bien es cierto que el tema de género e inclusión de la mujer ha sido promovido por entidades externas de desarrollo, existen ciertos factores que impiden el involucramiento de la mujer en actividades de manejo de bosques. Por un lado, se tiene el sistema de repartición de tierras utilizado en el pasado que no ha permitido que la mujer tenga acceso a títulos de tierra. Otras variables como la educación y salud indican que los grupos más vulnerables son los de las mujeres indígenas. A pesar de que grupos como AMEDIK han logrado tener acceso a manejo de bosques bajo incentivos forestales, esto no hubiera sido posible sin el acompañamiento de las municipalidades. Por otro lado mientras el manejo de bosques progresa del aprovechamiento maderero a su manejo integral, las mujeres que participan en las concesiones comunitarias tendrán que enfrentar un largo camino a su reconocimiento y participación en actividades alternas de manejo de recursos no maderables y artesanías. Por Iliana Monterroso, FLACSO-Sede
Académica Guatemala, correo electrónico: imonterroso@flacso.edu.gt - El mapeo como herramienta para asegurar el control comunitario: algunas enseñanzas del sudeste de Asia. Para que los pobladores locales tengan confianza en que percibirán los beneficios de sus esfuerzos, el manejo comunitario de bosques requiere la tenencia segura de la tierra. El mapeo comunitario puede ser una herramienta poderosa para ayudar a las comunidades a considerar el tema de sus tierras, representar su sistema de uso de la tierra y hacer valer sus derechos sobre los bosques cuyo control procuran asegurar. El uso de tecnologías de mapeo geomático por parte de los pueblos indígenas para demostrar la relación que tienen con sus tierras y elaborar reclamaciones de tierras, es un fenómeno relativamente reciente. En el sudeste de Asia la idea básica y la tecnología fueron introducidas a principios de los años 1990 y desde entonces la técnica se ha difundido con rapidez. Se están realizando ejercicios de mapeo a nivel comunitario en India, Filipinas, Malasia, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, las Islas Salomón y Tailandia. En sus mejores ejemplos, los proyectos de mapeo involucran directamente a los miembros de la comunidad en el relevamiento del uso de la tierra y las fronteras de sus dominios. Las tecnologías utilizadas varían mucho. En su versión más simple, como ocurre en Tailandia, los mapas pueden ser tridimensionales, hechos a mano, tomando como base las siluetas de mapas oficiales ampliados en una escala de 1:15.000. Los miembros de las comunidades locales pueden pintar sobre esos modelos las zonas de vegetación, las carreteras, los datos sobre uso de la tierra, los sitios poblados y los límites de las tierras reclamadas. Estos mapas han demostrado ser herramientas útiles para movilizar a la comunidad y generar discusiones locales en torno a los reclamos de tierra, así como para planificar el manejo de los recursos naturales. Otros ejercicios de mapeo están utilizando técnicas geomáticas (principalmente GPS) o tradicionales de relevamiento para localizar datos en los mapas. Si bien estas técnicas permiten a los miembros de las comunidades decidir qué se pone dentro de los mapas, dependen, sin embargo, en cierta medida, de que personal capacitado externo de ONGs prepare los mapas básicos, registre los datos de campo directamente sobre los mapas, o en la computadora, e imprima los mapas finales. Las tecnologías superiores, como los sofisticados GIS (Sistemas de Información Geográfica), si bien permiten un uso mucho más sutil de los colores, capas y grupos de datos, aumentan la distancia conceptual entre las personas de las comunidades que poseen el conocimiento indígena y las personas que hacen los mapas. En consecuencia, el control comunitario y el sentido de propiedad sobre las mapas pueden atenuarse, y existe el riesgo de que las ONG que brindan el apoyo técnico consideren que son ellas las propietarias de los mapas y no los pobladores del lugar. Entre las ONGs que apoyan a pueblos indígenas en los procesos de mapeo existe una tendencia creciente a adoptar sistemas más sofisticados, impulsadas por su propio afán de conocimiento, la fascinación por la tecnología y la voluntad de adelantarse y superar a las autoridades gubernamentales. El riesgo es que el proceso de mapeo se aleje cada vez más de las prioridades indígenas y al final se convierta en otra forma más de anexión administrativa, esta vez realizada por ONGs, en contra de las cuales tengan que luchar los pueblos indígenas. Los acuerdos mutuos claros sobre quién tiene los derechos de propiedad intelectual sobre los mapas (deben ser concedidos a las comunidades y no a las ONG) y una inversión mayor en la capacitación de los líderes indígenas para el manejo de los datos y las nuevas tecnologías, son parte de la respuesta a este problema incipiente. Hay muchas otras dificultades a superar en el trabajo práctico a la hora de realizar los ejercicios de mapeo. La primera es que éstos tienden a congelar lo que en realidad son límites y sistemas de uso de la tierra fluidos. Se trazan duras líneas delimitantes donde en realidad podrían prevalecer límites borrosos y ambiguos. Los mapeadores de Mindanao, en el sur de Filipinas, por ejemplo, revelan que ciertas zonas tradicionales de uso de la tierra se expanden y se contraen según la estación del año. En Borneo, las comunidades se trasladan a medida que las tierras más aledañas se "agotan". También cambian, por la misma razón, los límites de los territorios de caza. En segundo lugar, los mapas no sólo incluyen --en forma más o menos lograda-- los conceptos de los mapeadores de la comunidad, sino que excluyen los conceptos de quienes no participan, sean personas de las comunidades (a menudo mujeres) o de las zonas en cuestión (generalmente castas inferiores o grupos de posición social inferior), como personas fuera de ellas o bien en sus fronteras (comunidades vecinas). El éxito de las iniciativas de mapeo depende tanto de una preparación adecuada de la comunidad dentro de la zona a mapear como de acuerdos previos con los grupos vecinos sobre las fronteras entre poblados o grupos étnicos. Sin embargo, es posible que se exagere este problema, y una solución bastante común cuando existen disputas de límites entre comunidades es mapear los límites que se extienden alrededor de todas las comunidades y dejar para el futuro la solución de las controversias sobre los límites internos, preferentemente de acuerdo con las leyes y procedimientos tradicionales. Dentro de la región, el lugar donde el proceso de mapear tierras indígenas probablemente ha llegado más lejos es Filipinas, donde se han mapeado cerca de 700.000 hectáreas de tierras comunitarias, de un total de 2,9 millones de hectáreas registradas hasta ahora ante el gobierno como Dominios Ancestrales. La experiencia ha revelado una cantidad de problemas adicionales. Uno es que las zonas y límites tradicionales con frecuencia no coinciden con los límites administrativos existentes. Las comunidades pueden de esa forma descubrir que están sujetas a varios "barangay", distritos o incluso jurisdicciones provinciales, lo que supone negociaciones complicadas si se pretende regularizar la tenencia. A diferencia de otros lugares, en Filipinas, los mapas realizados por ONGs puede ser aceptados por la administración local como documentos autorizados sobre los cuales basar las reclamaciones de tierras y no como meras herramientas de justificación de esos reclamos, que es la forma en que se utilizan en muchos otros lugares. En este caso, resulta necesario mejorar la precisión de las técnicas de relevamiento, lo que exige una capacitación más especializada de los mapeadores e implica una interacción más estrecha con la administración local. Las personas involucradas en mapeo destacan la necesidad de preparación, capacitación y creación de capacidad a nivel de la comunidad como parte integral de todo proyecto de mapeo. Las reuniones preparatorias, los talleres y las visitas son esenciales para el éxito a largo plazo de los propios ejercicios de mapeo. Establecer el consenso y acuerdo de la comunidad sobre las metas y prácticas del proyecto es un primer paso necesario y algunas ONG exigen el consenso en las decisiones como condición previa para su participación en ayuda del mapeo de una zona. El control comunitario y el sentido de propiedad no solo dependen de acuerdos formales --que son vitales-- sino también de una capacitación muy minuciosa de miembros de la comunidad para asegurar que por lo menos algunos integrantes de las comunidades mapeadas estén familiarizados con los detalles de la tecnología y la forma en que se está utilizando para representar el conocimiento local. La principal debilidad de muchos proyectos es brindar una capacitación restringida. Dado que los mapas son sólo herramientas de un proceso mucho más largo por el cual establecer el control de una comunidad sobre sus tierras y recursos naturales, la utilidad a largo plazo de los proyectos de mapeo depende también de una adecuada creación de capacidad y movilización de la comunidad. Una queja frecuente es que los donantes externos no suelen brindar fondos suficientes para eso, porque procuran resultados rápidos y visibles y no desean crear dependencia --una preocupación por otra parte legítima. El mapeo participativo ha llegado para quedarse como parte del conjunto de herramientas utilizado por el movimiento indígena. Las comunidades han descubierto que es una herramienta poderosa, tanto para el control, la organización y la creación de estrategias comunitarias, como para transmitir las visiones locales al exterior. El mapeo puede ayudar a generar coherencia en la comunidad y a reafirmar el valor y la importancia del conocimiento tradicional, al recrear el respeto por los ancianos y las prácticas tradicionales de manejo de los recursos. Quizás uno de los beneficios más importantes del movimiento en pro del mapeo es que ha brindado una herramienta para que los líderes indígenas aborden los temas que preocupan a la comunidad, lo que les ayuda a mantener los vínculos con sus gente a medida que se involucran en las negociaciones políticas a escala nacional. Los mapas también han demostrado ser herramientas de importancia vital para las comunidades indígenas enfrentadas a las imposiciones de los proyectos de madereo, minería, plantaciones y conservación. Mediante el uso de mapas, las comunidades y las ONG han logrado demostrar en forma concluyente las superposiciones entre las tierras indígenas y las concesiones impuestas. También los han utilizado para poner al descubierto la incompetencia de ministerios de diferentes ámbitos, cuyos mapas son con frecuencia erróneos y han creado terribles confusiones al superponer jurisdicciones y concesiones diferentes. El entusiasmo inicial por el mapeo comunitario condujo a que se lo considerara la "varita mágica" que podría resolver los conflictos por la tierra y promover el manejo comunitario de bosques, todo de una vez. La experiencia ha enseñado a la mayoría de las personas involucradas en estos procesos que el mapeo es apenas una herramienta --que puede ser muy poderosa si está en las manos correctas-- en una lucha mucho más larga para reformar los sistemas de propiedad de la tierra, el autogobierno indígena y los sistemas de administración del gobierno. Para ser efectivas, las actividades de mapeo deben estar integradas a las estrategias comunitarias de largo plazo, y estar vinculadas claramente con estrategias más amplias de reformas legales, políticas e institucionales. La acusación de que la "locura" por el mapeo ha desviado la atención de otros temas urgentes, como la organización política, la reforma de la tenencia de la tierra, cambios legales y reformas de políticas nacionales, tiene cierto peso. Sin embargo, se han aprendido rápido las lecciones y como resultado está surgiendo un "movimiento" de mapeo más experimentado y maduro. Por Marcus Colchester, Forest
Peoples Programme, correo electrónico: marcus@fppwrm.gn.apc.org - El Caucus de Manejo Comunitario de Bosques En mayo de 2002, un grupo de participantes de la 4ta. Reunión Preparatoria para la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable (CMDS) de Johannesburgo, decidieron agruparse bajo una bandera común para ejercer influencia sobre los delegados gubernamentales acerca la necesidad de reconocer el manejo comunitario e indígena de los bosques como una herramienta viable para mitigar la pobreza y conservar el medio ambiente del planeta. Pocos días después de constituido el grupo --y a pesar de las advertencias de que sus esfuerzos habían llegado demasiado tarde-- lograron asegurar ese reconocimiento en un texto que estaban negociando los delegados. Así nació el Caucus de Manejo Comunitario de Bosques. El Caucus, que actualmente cuenta con más de 200 miembros de más de 30 países, volvió a realizar varias reuniones y numerosas actividades algunos meses más tarde en la Cumbre de Johannesburgo. Los rumores sobre la capacidad del Caucus se difundieron, y lo invitaron a actuar como facilitador en un foro abierto sobre bosques, cuyos resultados fueron transmitidos formalmente a la ONU. El Caucus también se dedicó a definir estrategias para el futuro, explorando entre otras las siguientes metas: 1) Alentar a gobiernos nacionales y organismos internacionales a: - Fortalecer políticas
de buen manejo local y comunitario 2) Obtener reconocimiento nacional e internacional, del manejo comunitario e indígena de los bosques como herramienta viable para lograr un desarrollo sustentable. 3) Controlar, asegurar y evaluar la aplicación de compromisos internacionales en materia de manejo comunitario e indígena de bosques. 4) Asegurar el apoyo político, financiero y técnico --y el respeto-- de los organismos y organizaciones internacionales y los gobiernos nacionales. 5) Permitir que quienes aplican el manejo comunitario de bosques compartan sus conocimientos y experiencias, y darles un espacio importante en las discusiones internacionales, por ejemplo, mejorando la participación de la sociedad civil en el Foro de las Naciones Unidas sobre Bosques y la Asociación de Colaboración relativa a Bosques. 6) Servir como recurso para gobiernos, organizaciones y personas interesadas en apoyar el manejo comunitario de bosques. 7) Apoyar a personas y organizaciones que trabajan en temas relacionados, incluso (pero sin limitarse a ellos) los derechos sobre la tierra, la justicia ambiental y la agricultura y pesca sustentables. 8) Trabajar en estrecho vínculo con otros grupos relacionados con los bosques, como la Coalición Mundial por los Bosques (Global Forest Coalition) y el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (World Rainforest Movement), y apoyar a colegas que trabajan en temas relacionados, incluso (pero sin limitarse a ellos) los derechos sobre la tierra, la justicia ambiental y la agricultura y pesca sustentables. En su última reunión el Comité acordó establecer los siguientes nodos provisorios para los próximos 6-8 meses: ASIAY EL PACIFICO En los próximos meses, los miembros del Caucus esperan aunar esfuerzos para apoyar el manejo comunitario e indígena de bosques en todo el mundo, a través de actividades dirigidas a compartir información y capacidades técnicas, colaborar en el lugar y brindar a los pueblos de los bosques la posibilidad de expresarse de manera significativa en la creación de políticas. Algunos miembros del Caucus ya han comenzado a trabajar juntos en proyectos de control comunitario, en los desafíos que plantean las áreas protegidas y en la organización de eventos para el Congreso Forestal Mundial a realizarse el próximo mes de setiembre en Quebec. Para formar parte del Caucus
basta con enviar un mensaje de correo electrónico en blanco a
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. Una vez que haya ingresado, puede enviar una breve nota de presentación
al grupo. - Manejo comunitario de bosques en la página web del WRM Además del boletín electrónico mensual, otra herramienta utilizada por el WRM para el apoyo y difusión de los temas en los cuales centra sus actividades, es la página web: http://www.wrm.org.uy En la sección "Información por tema" se pueden encontrar numerosas categorías, entre ellas la de Manejo Comunitario de Bosques. Allí incluimos todos los artículos publicados en el boletín del WRM sobre este tema, además de otros documentos de interés, así como enlaces a otras páginas relacionadas con este tipo de manejo. Invitamos a tod@s quienes estén trabajando en el manejo comunitario de bosques y tengan algún artículo, investigación o experiencia que deseen difundir, a que nos los envíen para así incluirlos en esta sección, con los créditos correspondientes, y compartir así con mucha más gente la experiencia. La dirección específica
para acceder a la sección es: |
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
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