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Número 65 - Diciembre 2002
Indice - OpiniónAfrica - Am. del Norte - Am. del Sur - Asia - OceaníaGeneral


AMERICA CENTRAL

 

LUCHAS LOCALES Y NOTICIAS

- Costa Rica: "muerte lenta" de monocultivos a gran escala de eucaliptos

A principios de los 90, se promovió en Costa Rica la introducción y el cultivo del eucalipto, especie originaria de Australia, como un gran negocio maderero. Sin embargo, a fines de esta década, este modelo de monocultivo forestal a gran escala terminó causando grandes pérdidas económicas al Estado y a un gran número de agricultores.

El siguiente informe de Tierramérica reafirma nuestra postura de que no se pueden introducir especies exóticas a gran escala sin un previo estudio de como van a reaccionar en un medio ajeno a su naturaleza y sobre todo de qué impactos ambientales y sociales puede causar, cuando todos estos esfuerzos e incentivos podrían dedicarse a investigar y promover el uso sustentable de las especies nativas.

"Según el Ministerio del Ambiente y Energía, se perdieron entre 3.800 y 4.000 hectáreas plantadas con eucalipto, un cultivo ajeno a la biodiversidad del trópico que dejó en la ruina a muchas familias". "La naturaleza es sabia y no se equivoca", dijo a Tierramérica el ingeniero Luis Quirós, especialista del Ministerio. "No podemos forzar a especies de otras latitudes a adaptarse a nuestras condiciones", agregó.

Quirós, jefe de la subregión de San José, comentó que América Latina ha sufrido en las últimas décadas una serie de modas, que son difundidas por especialistas internacionales. "Muchos organismos vienen y nos recomiendan qué sembrar, con base en lo que ha sido exitoso en países del Norte, pero no toman en cuenta las plagas y las condiciones locales del trópico", aseveró.

El eucalipto, un árbol de rápido crecimiento y gran capacidad de absorción de agua, fue promovido como nuevo cultivo forestal a fines de los años 80 y principios de los 90 para restar presión a la deforestación de los bosques nativos.

El Estado dispuso incentivos económicos para los propietarios de fincas que sembraran eucalipto. El propósito era destinar su madera a la fabricación de muebles y paneles laminados.

Todo marchó bien durante los primeros tres años, pero al cuarto, los árboles dejaron de crecer y comenzaron a sufrir la enfermedad que los habitantes locales llaman "muerte lenta". "Le dedicamos muchísimo trabajo a ese proyecto, pero todo se perdió", relató a Tierramérica el agricultor Ronald Rodríguez, de 47 años, quien sembró 100 hectáreas de árboles en 1990.

Los científicos descubrieron que los suelos no eran aptos para el eucalipto, pues la raíz de esta especie no podía penetrar a determinadas profundidades debido a la naturaleza arcillosa de ciertos terrenos. Eso favoreció la aparición de hongos y luego de termitas que, poco a poco, arrasaron internamente la corteza de los árboles, los que en consecuencia se fueron secando.

"En total, con lo que me dio el Estado y con lo que yo invertí pienso que sólo en mi caso, perdí cerca de 500 mil dólares. Hubo familias que quedaron muy mal pues pensaron que el eucalipto sería su proyecto de vida", agregó Rodríguez.

Ahora, científicos, productores y ambientalistas coinciden en la moraleja que dejó el eucalipto: se requiere investigación y experiencias previas antes de promover masivamente una especie exótica. "Se requiere suficiente investigación antes de embarcar en estos proyectos a productores y campesinos, que al final son los que más sufren", afirmó a Tierramérica el geógrafo y ambientalista Alexander Bonilla.

Otros especialistas apuntan que es necesario aprovechar mejor las especies locales, pues se cae en una suerte de "malinchismo ecológico" (malinchismo: que tiene el complejo de apego a lo extranjero con menosprecio de lo propio), al fomentar sin experimentación variedades de otras latitudes".

Artículo basado en información obtenida de: "Fracasa cultivo masivo de eucalipto", Néfer Muñoz, Tierramérica, Medio Ambiente y Desarrollo - Costa Rica, http://www.tierramerica.org/2002/1021/acentos2.shtml


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- Honduras: los madereros ofrecen balas

La vida de Bertha Oliva quedó marcada por el secuestro y desaparición de su esposo, Tomás Nativí, en junio de 1981, a manos de agentes de seguridad. En 1982, fundó el Comité de Familiares de Detenidos-Desaparecidos en Honduras (COFADEH), que aún dirige. Pero hace dos años asumió una nueva causa: la defensa del medio ambiente, tras el asesinato de dos ecologistas en el nororiental departamento de Olancho. Allí libra una batalla contra la deforestación, que se cobra 80 mil hectáreas de bosque por año en Honduras.

La periodista Thelma Mejía, colaboradora de la publicación Tierramérica, entrevistó a Bertha Oliva.

Thelma Mejía: -¿Cuál es el hilo que une la búsqueda de los desaparecidos por causas políticas de los años 80 con la defensa del ambiente ahora?

Bertha Oliva: -La defensa de la vida y el bosque, particularmente cuando asesinan en Olancho a dos fieles defensores del ambiente, Carlos Luna y Carlos Flores. Eso marcó una nueva pauta para mí.

Thelma Mejía: -¿Qué representa la vida para usted?

Bertha Oliva: -Es todo, agua, bosque, aire. La vida se nos ha dado para vivirla, para dar más y no tanto para recibir.

Thelma Mejía: -¿Qué simbolizan Andrés Tamayo y Osmín Flores, dos sacerdotes a punto de ser expulsados de Olancho por organizar a la población en defensa del bosque?

Bertha Oliva: -Dos pilares de resistencia. Sin ellos el oxígeno se habría acabado en Olancho. Desde su púlpito hicieron ver a los pobladores que una naturaleza muerta no es vida. Por eso los apoyo, aunque los madereros me ofrezcan balas por impedir que crezcan sus cuentas bancarias en el extranjero.

Thelma Mejía: -Madereros, bosque y Olancho... ¿a qué le suena?

Bertha Oliva: -¡¡Ah!!... Me suena a muerte, depredación y destrucción.

Extractado de "Los madereros me ofrecen balas", de Thelma Mejía, Tierramérica, http://www.tierramerica.net/2002/1201/preguntas.shtml

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