|
El
Banco Mundial debe dejar de promover la minería en tierras indígenas
Un nuevo informe de Forest Peoples Programme
y la Fundación TebTebba exhorta al Banco Mundial a dejar de prestar
apoyo a la extracción de petróleo, gas y minerales. El
informe 'Extracting Promises: Indigenous Peoples, Extractive Industries
and the World Bank' fue compilado como contribución a la Revisión
de las Industrias Extractivas (RIE, o EIR por su sigla en inglés)
del Banco Mundial (el informe completo en inglés y los estudios
de caso asociados se pueden obtener en http://forestpeoples.gn.apc.org/Briefings/Private%20sector/
eir_internat_workshop_synthesis_rep_eng_may03.htm
).
El proceso RIE ha sido criticado por muchos
pueblos indígenas y organizaciones no gubernamentales por estar
excesivamente controlado por el Banco Mundial. Resta por ver si contribuciones
como ésta serán tomadas en serio por la revisión
y, si así fuera, si las mismas serán tenidas en cuenta
por el propio Banco Mundial. El estudio se apoya en una extensa revisión
bibliográfica y análisis jurídico, siete estudios
de caso encargados especialmente y realizados por pueblos indígenas
sobre sus experiencias con el Banco Mundial y las industrias extractivas,
y un taller de dos días en el cual se presentaron y discutieron
las distintas contribuciones mencionadas.
El informe destaca que a pesar de avances importantes en las leyes sobre
derechos humanos que reconocen los derechos de los pueblos indígenas,
las políticas del Banco Mundial hacen poca mención a los
derechos humanos y el Banco continúa afirmando que su convenio
constitutivo le impide abordar temas de derechos humanos. Argumenta
que no puede exigir a sus prestatarios o clientes ni siquiera que cumplan
con los convenios sobre derechos humanos de los que son parte. Las políticas
de "salvaguarda" del Banco sobre pueblos indígenas
y reasentamientos involuntarios solo apuntan a mitigar los impactos
de programas de desarrollo destructivos. El estudio muestra cómo
incluso estas normas débiles son ignoradas sistemáticamente.
Una revisión reciente del propio Banco Mundial revela que por
lo menos más de la tercera parte de los proyectos del Banco Mundial
que producen impactos sobre pueblos indígenas, no han aplicado
la política de salvaguarda de ninguna manera. Incluso en los
proyectos en los que sí se aplicó esta política,
sólo el 14% tenía el "Plan de Desarrollo de Pueblos
Indígenas" exigido, y en ese caso solamente en los papeles.
El estudio muestra cómo, al promover el desarrollo nacional a
través de la liberalización del comercio, el ajuste estructural
y la promoción de la inversión extranjera directa, el
Banco Mundial ha aconsejado sistemáticamente a los países
que reelaboren sus códigos nacionales de minería para
facilitar la actividad minera en gran escala de las compañías
extranjeras. Estos códigos de minería revisados han sido
aprobados a la fuerza, sin la participación de los pueblos indígenas
y sin tomar en cuenta los intereses y derechos de estos pueblos. Los
estudios de caso de Colombia y Filipinas muestran cómo los códigos
de minería revisados han intensificado la presión sobre
las tierras indígenas y han debilitado o anulado las protecciones
legales con las que contaban previamente los pueblos indígenas.
En Colombia, las reserves de petróleo y gas son explotadas por
compañías que no rinden cuentas de sus actividades, disfrutan
de impunidad legal al tiempo que violan sistemáticamente las
leyes nacionales y aplican medidas gravemente represivas para doblegar
la resistencia local. En Ecuador, el Banco Mundial también ha
promovido prospecciones mineras a escala nacional, nuevamente sin tomar
en cuenta los derechos de los pueblos indígenas y sin evaluar
las probables consecuencias de una intensificación de la extracción
de minerales.
El documento de síntesis y los estudios de caso también
analizan la forma en que el Grupo del Banco Mundial, a través
de sus diversos brazos (el Banco Internacional de Reconstrucción
y Fomento, la Asociación Internacional para el Desarrollo, la
Corporación Financiera Internacional y la Agencia Multilateral
para la Garantía de Inversiones) ha apoyado directamente proyectos
de explotación de minas, petróleo y gas sin evaluar adecuadamente
sus consecuencias sociales y ambientales y sin tomar en consideración
la falta de políticas de gestión y capacidad institucional
o reglamentaria de los países o regiones de los proyectos. En
el caso del oleoducto Chad-Camerún, el Directorio del Banco Mundial
votó seguir adelante con el proyecto, a pesar de que los Bagyeli,
habitantes del bosque, y las ONG que los apoyaban habían demostrado
claramente los riesgos, e incluso a pesar de que los propios miembros
del Directorio admitían que la política de salvaguarda
del Banco sobre pueblos indígenas no había sido aplicada
adecuadamente. La Corporación Financiera Internacional ha apoyado
la minería incluso en países divididos por la guerra,
como la República Democrática de Congo, a cargo de compañías
con malos antecedentes: proyectos que han sido condenados por las Naciones
Unidas.
Los impactos de los emprendimientos de minería facilitados por
el Banco han sido graves, no solo en términos de los impactos
sociales y ambientales directos producidos por las propias minas o pozos,
sino también en función de los derrames de sustancias
químicas tóxicas como cianuro y mercurio, la rotura de
oleoductos y diques de los estanques de residuos de la mina, y la contaminación
a largo plazo a consecuencia del drenaje ácido de las minas.
El estudio de caso de Papúa Nueva Guinea revela el apoyo del
Banco Mundial al uso de la técnica sumamente polémica
de eliminación submarina de desechos -"ojos que no ven,
corazón que no siente"-, sin tener en cuenta las consecuencias
a largo plazo para los ecosistemas marinos y las formas de sustento
que dependen de ellos. Los funcionarios, asesores y consultores del
Banco Mundial que trabajan con compañías mineras en representación
de la Corporación Financiera Internacional y los Socios Comerciales
para el Desarrollo del Banco Mundial han participado, o han avalado,
procesos que han maniobrado el requisito del consentimiento o que han
cooptado comunidades para lograr decisiones manipuladas y poco transparentes.
En algunos casos, como en Rusia, la participación del Banco Mundial
en proyectos específicos puede haber mitigado temporalmente algunos
de los peores impactos de la extracción de petróleo, pero,
en general, la participación del Banco Mundial en el sector ha
intensificado la presión sobre las tierras indígenas,
que siguen sin estar aseguradas.
El estudio revela que subyacente a esos problemas existe un proceso
defectuoso de toma de decisiones dentro del Banco Mundial, en el cual
la presión para otorgar préstamos se impone a otros objetivos
y objeciones. Al priorizar a sus clientes directos y a los intereses
de las grandes empresas del sector privado, el Banco está ignorando
su compromiso con el desarrollo sustentable. La corrupción se
tolera a sabiendas y los errores de gestión se pasan por alto
sistemáticamente. Se sanciona a los funcionarios que cuestionan
los préstamos realizados en esas circunstancias. Actualmente,
en nombre de la "eficiencia", la reducción de los "costos
de las transacciones" y la "identificación del país
con el programa", el Banco está debilitando sistemáticamente
sus políticas de salvaguarda, para hacerlas "inmunes"
a las demandas presentadas por la sociedad civil ante el Panel de Inspección.
Teniendo en cuenta la debilidad de las salvaguardas del Banco Mundial,
su oposición institucionalizada a invocar normas de derechos
humanos obligatorias y la forma en que rutinariamente se burla de sus
propios procedimientos, el estudio concluye que el Banco no debería
participar en el sector de las industrias extractivas.
Además, el estudio recomienda que
el Banco Mundial debería revisar radicalmente sus políticas
sociales y su política de salvaguarda para los pueblos indígenas.
Debería adoptar un enfoque de desarrollo basado en los derechos,
reconocer los derechos de los pueblos indígenas a la propiedad
y el control de sus tierras, territorios y recursos naturales, proscribir
la reubicación forzada de pueblos indígenas y sostener
el principio de que los proyectos de desarrollo sólo deben implementarse
en las áreas de propiedad o uso de los pueblos indígenas
con sujeción a su consentimiento informado previo y otorgado
libremente. Tales cambios de enfoque deberían aplicarse a todo
el Grupo del Banco Mundial; deberían complementarse con nuevos
sistemas de rendición de cuentas legalmente obligatorios y deberían
estar acompañados de la aceptación de que la promoción
del desarrollo a través del sector privado requiere en primer
lugar la promoción de la buena gestión, una rendición
de cuentas real, mecanismos regulatorios efectivos y una fuerte capacidad
institucional.
Por: Forest Peoples Programme,
correo electrónico: info@fppwrm.gn.apc.org
Fuente:
Boletín
Nº 71 del WRM, junio de 2003
inicio
|