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Chad/Camerún: impactos y promesas rotas del proyecto de oleoducto Ya hemos informado extensamente sobre los impactos ambientales y sociales masivos que probablemente tendrá el oleoducto Chad-Camerún (ver Boletines N° 66, 45, 41, 35, 14 y 2 del WRM), pero ya hay mucho para decir sobre los impactos actuales de este proyecto de tres años para la construcción de un oleoducto de 1078 kilómetros, auspiciado por el Banco Mundial. El oleoducto llevará el petróleo desde los campos de Chad a través de densos bosques tropicales de Camerún habitados por pigmeos, hasta la costa atlántica de este país. El consorcio formado por ExxonMobile
Corp. y sus socios Chevron Texaco Corp. y Petronas de Malasia llegó
a la zona con promesas optimistas de "desarrollo", empleo
y progreso. Sin embargo, la mayor parte de los empleos han sido temporales
y no han durado más que semanas o meses. Solo unos 400 chadianos
conseguirán puestos de trabajo regulares de baja remuneración
(como conductores, guardias de seguridad y similares), mientras que
en Camerún la cifra no sobrepasará los 100. Los salarios
promedio para los chadianos que trabajen en el gasoducto llegarían
a 225 dólares mensuales, mucho menos que el ingreso de los trabajadores
extranjeros aunque tres veces mayor al salario mínimo en Chad.
Ahora que las obras (cuya finalización está planificada
para julio de 2003) están casi terminadas, las promesas realizadas
sobre los beneficios económicos y sociales del oleoducto parecen
cada vez más lejanas. "El elemento central de los esfuerzos sociales del consorcio es su plan de compensación, por el cual ha pagado 10 millones de dólares a miles de personas en Chad y Camerún. Cualquiera que haya sido desplazado por el oleoducto, o cuyas tareas agrícolas hayan sido perturbadas temporalmente, es elegible. Los compensados pueden recibir efectivo o elegir de un brillante catálogo de artículos que incluye arados, carretas, máquinas de coser, bicicletas, bombas de agua, descascaradoras de maní, colchones, utensilios de cocina y materiales de construcción". Sin embargo, la mayor parte de los pagos por compensación se utilizan para cubrir necesidades a corto plazo. Los pigmeos que habitan la selva camerunesa también han resultado afectados por el oleoducto, que ha perturbado sus comunidades dejándoles a cambio beneficios económicos insignificantes. El artículo mencionado transmite el sentir del jefe de la aldea Maboulo: "Durante la construcción del oleoducto los animales de presa pequeños huyeron hacia la parte profunda del bosque, los árboles frutales de la comunidad fueron cortados y se perdieron plantas medicinales. Solo tres hombres entre unos veinte pudieron conseguir trabajo temporal". El jefe dijo que el consorcio petrolero envió muchas veces representantes a Maboulo y prometió construir viviendas nuevas como compensación. "Han estado haciendo promesas durante dos años, pero todavía estamos esperando", afirmó. "Es como un árbol que muere y cae en el bosque: se puede esperar y esperar, pero nunca volverá a levantarse". Recientemente estamos siendo testigos de una suerte de acto de magia por parte de las trasnacionales. Al parecer ya no las mueve el lucro, sino que hacen negocios motivadas por su compromiso social con los pobres. Afirman que traen proyectos de desarrollo, no comerciales. Quieren parecer buenas. Pero a la gente no se la engaña tan fácilmente. Oliver Mokum, de las oficinas camerunesas de Catholic Relief Services (una organización con sede en EE.UU. que hace el seguimiento el oleoducto) confirmó en una entrevista con Los Angeles Times que "el consorcio explicó de todas las formas posibles que éste es un "proyecto de desarrollo" y las formas en que reduciría la pobreza. Pero en última instancia, no es más que otro proyecto petrolero". Fuente: Boletín Nº 72 del WRM, julio de 2003 |
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