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| Brasil: condiciones de trabajo de las mujeres en las plantaciones forestales En muchas regiones de Brasil, la sustitución de zonas de bosque y suelos agrícolas por plantaciones en gran escala de monocultivos de árboles reclutó la fuerza de trabajo entre hombres, mujeres y niños. En el caso de Minas Gerais, la plantación comprende una serie de actividades desempeñadas por las mujeres a la par de los hombres, salvo la tarea de tala, que es una actividad masculina por excelencia. La contratación de las trabajadoras se basó en la mayor aptitud de las mujeres para desarrollar determinadas tareas, tales como la producción de plantas en los viveros, actividades que requieren mayor delicadeza. También en algunos casos se encarga a las mujeres la aplicación de hormiguicidas en la superficie plantada con eucaliptos. A medida que las plantaciones se fueron expandiendo y que la lógica del trabajo cambió, dadas las especificidades técnicas de la producción de árboles, en algunos casos el trabajo femenino pasó a ser simplemente una forma de incorporación directa de trabajo barato, que además contribuyó a rebajar los salarios de los trabajadores masculinos. Las condiciones laborales de las trabajadoras, pues, tienen mucho en común con las de los hombres, pero puede establecerse algún grado de diferenciación con relación a su trabajo en los viveros. En las plantaciones de dos grandes empresas forestales (V&M y Plantar), se ha comprobado una gran cantidad de lesiones reiteradas provocadas por grandes esfuerzos, a pesar de lo cual continúan trabajando, muchas de ellas con sus manos hinchadas y vendadas. También son aquejadas de enfermedades reumáticas, probablemente causadas por la constante exposición al agua fría en los viveros y a un ambiente general frío en el invierno. En esas dos plantaciones no hay políticas específicas que contemplen la situación de la mujer, lo cual las perjudica tanto a ellas como a sus hijos. Como no existen guarderías cercanas al lugar de trabajo, a las trabajadoras les resulta prácticamente imposible seguir amamantando a sus bebés luego de los cuatro meses de licencia por maternidad establecidos por ley, con lo que aumenta la desnutrición. Generalmente salen de su hogar a las 5:30 de la mañana y regresan muy avanzada la tarde, ya que a la jornada de trabajo se agrega que tienen que regresar obligadamente en el transporte de la compañía, el cual demora casi una hora o más, pues va recogiendo a todos los trabajadores y trabajadoras por las plantaciones. En entrevistas realizadas en
Curvelo, Minas Gerais, a mujeres que trabajan en plantaciones se reveló
que una de las principales quejas que tenían era la necesidad
básica de agua potable. Una de las entrevistadas informó
que había días en que el agua salía de los bebederos
completamente turbia y rojiza, lo cual hace sospechar de una posible
contaminación con los agrotóxicos utilizados por esas
empresas, algunos de los cuales están prohibidos en las listas
internacionales. Tal vez haya que unir ese dato con los numerosos casos
de enfermedades cerebrales de trabajadores que han sido dados de baja
y de una alta incidencia de cáncer en la zona. Las empresas plantadoras llegaron a la región prometiendo desarrollo. Sustituyeron a la vegetación de "cerrado" por monocultivos de árboles, eliminando así todos los bienes y servicios que ese ecosistema brindaba a sus habitantes y en particular a las mujeres. A cambio, éstas recibieron el "beneficio" de empleos como los que se describen. ¿A eso llaman desarrollo? Fuente: Boletín Nº 74 del WRM, setiembre de 2003 |
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