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Boletín del WRM

 

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Número 77 - Diciembre 2003
Indice - Opinión - Am. Central - Am. del Sur - Asia - General

AFRICA

LUCHAS LOCALES Y NOTICIAS

- Camerún: la política sobre bosques debe respetar los derechos de los pueblos "pigmeos" habitantes de los bosques

Los "pigmeos", con una población estimada generalmente en unas 100.000 personas en Camerún, son el pueblo de los bosques más conocido y vulnerable de África. Su estilo de vida está estrechamente ligado al bosque, del cual obtienen su comida (carne, frutas, miel, raíces, etc.) y los productos de medicina tradicional, campo en el que son conocidos como grandes expertos. El bosque es su hábitat natural, en el que siguen siendo mayoritariamente nómades.

La Política de Bosques de Camerún de 1993 y la Ley de Bosques de 1994 y sus instrumentos de aplicación han implicado la negación de los derechos tradicionales de los indígenas.

Camerún tiene un doble sistema de normas legales, con una ley escrita de origen colonial, presentada como “moderna”, que coexiste con una multitud de leyes no escritas a las que cuales se las denomina “consuetudinarias o tradicionales” de origen pre-colonial. Basándose en la noción de “tierra de nadie”, desconocida para el sistema de leyes tradicionales de los pueblos de los bosques, el Estado reclamó toda la tierra sobre la cual los individuos no estuvieran en posición de presentar una prueba de propiedad según las disposiciones de la ley moderna (es decir, títulos de propiedad).

El otorgamiento de concesiones es dominio exclusivo de la administración de bosques y los procedimientos correspondientes desconocen a todas las comunidades marginales. La determinación de áreas de superficie abiertas a la explotación no toma en consideración ni las áreas de caza ni las zonas de migración de los "pigmeos". Solamente reconoce los criterios de rentabilidad económica a la hora de determinar los bosques de producción, ignorando de esta forma toda consideración social.

La explotación de madera a escala industrial tiene un efecto negativo sobre las poblaciones de "pigmeos", tanto directamente a través de la destrucción de los recursos del bosque de los que dependen, como indirectamente, al crear un acceso al bosque para los cazadores furtivos que pueden atrapar presas de caza en forma masiva. De esta forma contribuyen a aumentar la escasez de recursos de fauna, con el impacto consiguiente sobre la dieta de los "pigmeos", y en consecuencia sobre su calidad de vida. Muchas especies de árboles cuya madera tiene gran valor comercial, como el moabi y el bubinga, también tienen importancia económica y cultural para las comunidades "pigmeas". La tala de esas especies que realizan las compañías madereras contribuye a alterar las bases de la vida de los "pigmeos" y a la destrucción de su cultura.

Desde la promulgación de la Ley de Bosques el 20 de enero de 1994, las comunidades de poblados que viven en tierras del Estado o cerca de las mismas tienen derecho a obtener bosques comunitarios. Tal como se define en la ley, un bosque comunitario es una zona de bosque en tierras de propiedad del Estado, sobre la cual no pesa ninguna licencia de explotación con una superficie que no puede exceder las 5.000 hectáreas, en la cual el estado mantiene la propiedad de la tierra pero confía el manejo de los recursos del bosque a la comunidad del poblado por un plazo de 25 años, renovables.

Según las disposiciones existentes, sería muy difícil para las comunidades "pigmeas" obtener un bosque comunitario. Uno de los requisitos previos para su otorgamiento es la legalización de una institución que represente a “la comunidad”. En general, las comunidades "pigmeas" no tienen el nivel de educación formal ni la organización social exigida para poder cumplir con este requisito.

La designación de un bosque comunitario sólo puede tener lugar en aquellas áreas en las que la comunidad tiene el goce de los derechos tradicionales a la tierra. En general, los "pigmeos" que han sido reubicados a lo largo de los caminos y senderos de los bosques no gozan de ningún derecho tradicional a la tierra, ya que estos derechos están reservados a los bantúes que los “hospedan”. La ley no prevé la designación de bosques comunitarios en el “Bosque permanente”, en el cual los "pigmeos" mayoritariamente sí gozan de los “derechos tradicionales”.

La máxima superficie admitida para un bosque comunitario y las áreas de caza comunitarias (5.000 hectáreas) no se adapta a los "pigmeos", cuya forma de vida basada en la caza y la recolección requiere de extensiones de superficie mucho mayores.

Las comunidades "pigmeas" son una parte importante e integral del patrimonio cultural y humano de la cuenca del Congo. En Camerún, los derechos tradicionales de los "pigmeos" en relación al manejo del espacio y los recursos forman parte de las cosas sacrificadas en nombre de la modernidad, mediante la imposición de la ley moderna sobre la ley tradicional. La fragilidad de la existencia de las comunidades "pigmeas", en combinación con su fuerte dependencia de un ecosistema de bosque intacto, son razones que justifican que estos pueblos sean objeto de consideración especial por parte de la ley.

Es necesario tomar medidas urgentes y enérgicas para asegurar que la explotación de los bosques y las políticas de conservación no perjudiquen a los "pigmeos" de la cuenca del Congo:

1. Resulta necesario que los derechos tradicionales a la tierra de los "pigmeos" sean reconocidos en el plan de zonificación de bosques, incluso dentro de las concesiones y las áreas protegidas. En las áreas protegidas, las comunidades "pigmeas" deben participar en la aplicación de la ley y en otras actividades de control en colaboración con la administración.

2. Se debe prohibir la tala de especies con gran valor cultural, terapéutico o nutricional para los pueblos dependientes de los bosques.

3. El gobierno debe aumentar las sanciones contra el madereo ilegal.

4. Las reglamentaciones relativas al manejo comunitario de bosques se deben modificar para incluir el contexto particular de las comunidades "pigmeas".

5. Las definiciones de los derechos de usuario aceptables se deben adaptar para incluir los modos de producción de los "pigmeos" y permitir que puedan ganarse la vida legalmente mediante la venta de los productos que recogen en el bosque en forma tradicional.

Extractado de “Forest Management Transparency, Governance and the Law. Case studies from the Congo Basin”, editado por el Centro para el Medio ambiente y el Desarrollo (Centre for Environment and Development - CED), Camerún; Rainforest Foundation, UK; and Forests Monitor, UK; Octubre 2003, en http://www.africa-environment.org/gendoc/Case_studies.pdf


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- Congo, R.D: proyecto hidroeléctrico de Inga, una traición a las promesas sociales

En un continente todavía asolado por más de 20 conflictos armados respaldados por intereses extranjeros y financiado mediante el saqueo de los recursos naturales del continente (petróleo, diamantes, oro, madera, cobre, cobalto y coltan), la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (New Partnership for Africa’s Development - NEPAD) se presenta para algunos como una incógnita. Para otros es un "Plan Marshall" para África, que expresa la imposición del neoliberalismo capitalista: privatización, liberalización del comercio, (des)industrialización orientada a la exportación, programas de ajuste estructural, todas medidas que promueven que los africanos paguen deudas impagables, políticas fiscales y monetarias conservadoras y, por supuesto, todo el menú de las instituciones financieras internacionales.

A principios de junio de 2003, en presencia de los Presidentes Thabo Mbeki (Sudáfrica), Abdoulaye Wade (Senegal), Olusegun Obasanjo (Nigeria), Abdellaziz Bouteflika (Argelia) y Hosni Moubarak (Egipto), los ocho países más industrializados del mundo (G-8) renovaron su apoyo a la NEPAD.

En este contexto, la represa de Inga en la República Democrática del Congo ha sido descrita como clave para el éxito futuro de la NEPAD. El llamado a licitación pública para la rehabilitación de las represas Inga I (350 MV) e Inga II (1.424 MV) tendrá lugar a mediados de 2004, con un costo total estimado de US$ 500 millones. La mayor parte del dinero (US$ 400 millones) será aportado por el Banco Mundial, que ha tenido un papel muy activo en el sector de energía eléctrica del Congo. Las autoridades congoleñas han destinado US$ 80 millones para la primera fase del programa de rehabilitación de la represa de Inga. Varios grupos empresariales están luchando para lograr una buena posición para el contrato de Inga, entre ellos Eskom de Sudáfrica y Siemens de Alemania.

La siguiente etapa de Inga, Inga III (entre 1.700 y 3.500 MV, con un costo estimado de US$ 4.000 millones) y la "Etapa Final Gran Inga” (39.000 MV), también están siendo dirigidas por el Banco Mundial, junto con el Grupo EDF (Francia) y Lahmeyer (Alemania).

La construcción de la estación hidroeléctrica Inga III de 3.500 megavatios será realizada por cinco miembros de la Comunidad para el Desarrollo de África Meridional (Southern African Development Community - SADC) con el objetivo de abastecer al Proyecto de Energía Westcor, integrado por Eskom de Sudáfrica, la Botswana Power Corporation, la Empresa Nacional de Electricidade (ENE) de Angola, NamPower de Namibia y la Societe Nationale d'Electricite (SNEL) de la República Democrática del Congo.

La Gran Inga, en las Cataratas de Inga en el río Congo, donde el río salta 100 metros, tiene un rendimiento potencial de unos 39.000 megavatios y un costo estimado de US$ 6.000 millones. Eso es tres veces más que cualquier represa hidroeléctrica existente, y más del doble que el controvertido proyecto de la represa Tres Gargantas en China. Los partidarios de la represa dirían que como el río fluye con fuerza todo el año, no se necesitarán represas grandes. Aunque la energía se puede generar mediante obras "de pasada" en las cataratas de Inga (instalando turbinas en lo alto de la catarata), una gran incógnita es el efecto que pueden tener sobre los peces y la ecología del río. Incluso las plantas "de pasada" pueden eliminar la migración de peces, y pueden dañar gravemente los flujos de sedimentos, esenciales para la ecología de los ríos.

El plan de construir la represa hidroeléctrica más grande del mundo en el río Congo, que tendrá la capacidad de satisfacer las necesidades de energía eléctrica de todo el continente, se enfrenta a la oposición de grupos de la sociedad civil. Los opositores alegan que se han traicionado las promesas sociales hechas en la Cumbre Mundial de Johannesburgo.

La conexión de Inga a una red continental de suministro eléctrico para los principales centros de población costaría más de US$ 10.000 millones. Pero las redes de suministro eléctrico no llegarán a los cientos de millones de pobres en África rural. Además, la mayoría de las economías africanas se basan en actividades de subsistencia y comerciales en las que participan micro y pequeñas empresas con características estructurales que a menudo no son tenidas en cuenta por los elaboradores de políticas.

El proyecto de Inga se aparta del objetivo de proyectos de energía sustentable en pequeña escala discutido en la Cumbre Mundial, donde el centro de la discusión fue llevar la electricidad a los pobladores rurales mediante proyectos locales de energía eólica y solar. Megaproyectos como el de esta represa implican más que a menudo, impactos sociales, económicos y ambientales que afectan negativamente las formas de sustento, las tierras y las vidas de los pueblos.

Artículo basado en información obtenida de: “Bidding Round for Inga in 2004”, 12 de noviembre de 2003; New Plant to Bring Regional Power On Stream, 14 de noviembre de 2003, UN Integrated Regional Information Networks , enviado por Ryan Hoover, correo electrónico: ryan@irn.org , Africa Program, International Rivers Network, http://www.irn.org ; “Giant Congo hydroelectric project is a 'betrayal'”, por Fred Pearce, New Scientist, http://www.odiousdebts.org/odiousdebts/index.cfm?DSP=content&ContentID=5707 ; “Impact potential of NEPAD, the new partnership for Africa’s development, Ako Amadi, http://www.cbnrm.uwc.ac.za/paplrr/docs/Nairobi%20PAPLRR%20NEPAD%20Paper%20-%20Ako.pdf ; “Africa: `Nepad? No thanks', say African activists”,
Patrick Bond , http://www.greenleft.org.au/back/2002/497/497p14.htm ; y contribuciones de Fred Pearce, correo electrónico: PEARCEFRED@compuserve.com


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- Kenia: pueblo indígena del bosque en lucha por sus derechos

Mientras que los kenianos celebran sus cuarenta años de independencia, los indígenas Ogiek recuerdan cuarenta años de desposeimiento y marginación institucional. Han sufrido la opresión, supresión y brutalidad sistemáticas a través de una política de asimilación que apunta a su extinción.

El complejo de bosques Mau, con sus más de 290.000 hectáreas, representa el bloque continuo de bosque de montaña más grande que queda en el este de África. El pueblo Ogiek ha habitado en este bosque desde tiempos inmemoriales. Los Ogiek son una de pocas comunidades habitantes de los bosques que todavía quedan en Kenia. Son aproximadamente unas 15.000 personas, viven en grupos y clanes, hablan el idioma ogiek, practican la caza selectiva y la agricultura tradicional en el marco del sistema de tenencia de la tierra común a las comunidades habitantes de los bosques (tenencia de árboles, tenencia de animales y tenencia de tierras). Los Ogiek poseen la tierra en forma colectiva, mientras que las familias y miembros individuales de la comunidad gozan de derechos subsidiarios de uso y ocupación. Estas tierras tradicionales no están demarcadas ni han sido reconocidas específicamente de alguna otra forma por las leyes de Kenia.

La larga historia de resistencia y lucha de los Ogiek ha sustentado su unidad, identidad y diferenciación cultural. En cambio, la decisión del régimen del presidente Moi de excluir grandes áreas de tierra del sistema de protección ambiental --el bosque Mau constituye entre 70-80% del área total de bosque que está previsto excluir-- y el asentamiento de ocupantes ilegales han puesto en riesgo como nunca antes la propia existencia de los Ogiek como pueblo diferenciado. Al amenazar los sitios sagrados y el hábitat donde la comunidad se dedica a cazar, recolectar y otras actividades pastoriles y agrícolas, las concesiones madereras y el programa de asentamiento (temporalmente detenido), no solo amenazan los aspectos integrales de la existencia, la continuidad y la cultura de la comunidad Ogiek, sino que también apuntan a matar la esperanza de la comunidad de trasmitir su identidad y sus tierras a sus hijos.

Los Ogiek han ayudado a los kenianos al denunciar las injusticias oficiales cometidas por el régimen anterior contra ellos y su medio ambiente. Ahora que el nuevo gobierno de la Coalición Nacional Arco Iris (National Rainbow Coalition - NARC) formulará una nueva política de bosques, es imperativo que el tema de la copropiedad y el manejo de sus recursos naturales estén incluidos. En este sentido, los Ogiek exhortan al gobierno a aplicar mecanismos que aseguren que las minorías indígenas habitantes de los bosques puedan disfrutar de sus hábitats naturales y no sean castigadas por las políticas gubernamentales. Estos mecanismos son:

1) Acceso a los recursos, al desarrollo y a compartir los beneficios derivados de sus territorios, como el que gozan los agricultores, pastores y pescadores.

2) Reconocimiento oficial de sus tierras y protección contra actividades que resulten inaceptables o inadecuadas en términos ambientales.

3) Aplicar criterios e indicadores de desarrollo sustentable que tengan en cuenta el bienestar espiritual, cultural y social de los Ogiek y sus hermanos los pueblos Sengwer, Yiaku, Morti, IIK, Chepkitale, etc, todos ellos pueblos que dependen de los bosques.

4) Promover la elaboración de estrategias de desarrollo sustentable por parte de los pobladores de los bosques a nivel local y nacional.

5) Aceptar su propio concepto de áreas protegidas y conservación, basado en sus leyes y conocimientos tradicionales, y su conexión profunda con sus tierras, territorios y recursos.

6) El programa de asentamiento aprobado por la oficina de la Presidencia invade sus vidas privadas y sería contradictorio con las demandas de los Ogiek.

En relación a la asignación ilegal e irregular de tierras públicas, los Ogiek exhortan a la Comisión Presidencial a que revoque y anule las designaciones de áreas de bosque a ser excluidas de la protección ambiental.

Artículo basado en información obtenida de: “Mau Forest Complex on the spotlight. Kenyan’s must be told the truth”, Ogiek Welfare Council http://www.ogiek.org/indepth/news-spotlight.htm , enviado por ECOTERRA International, Nairobi Node, correo electrónico: mailhub@ecoterra.net


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- Sudáfrica: mientras las plantaciones avanzan, cada vez son más quienes advierten sobre su peligro

Un amplio espectro de grupos ambientalistas y de la comunidad, organismos de investigación y tomadores de decisiones del gobierno y la industria se reunieron en Nelspruit, Sudáfrica a mediados de noviembre para discutir un tema candente: el impacto de las plantaciones para madera.

La conferencia, titulada “Plantaciones para madera: impactos, visiones futuras y tendencias mundiales” fue auspiciada por GEASPHERE en colaboración con la coalición TimberWatch y tuvo lugar el 13 y 14 de noviembre. Este evento representó una posibilidad para que ambientalistas y partes interesadas -que cada vez son más- pudieran expresar su creciente preocupación, a la vez que les permitió interactuar con representantes del gobierno y la industria, en la discusión de los temas polémicos y buscar una base común sobre la cual elaborar una visión “forestal” para el futuro.

Los participantes temen el impacto continuo de lo que un propietario de tierra local describió como: "miles de millones de pinos, acacias y eucaliptos sedientos disfrazados de "bosques", que cubren con un manto de esterilidad grandes áreas de Mpumalanga, KwaZulu Natal y otros lugares, para producir celulosa, tablas y postes para beneficio de los accionistas de las empresas. Los resultados negativos superan a los beneficios."

Uno de los oradores centrales fue el Profesor Braam van Wyk de la Universidad de Pretoria, que se refirió a las amenazas a las que está sujeto un recurso extramadamente valioso: "Las praderas del sur de África: aspectos de su biodiversidad, dinámica y manejo". Destacó que en países tradicionalmente productores de madera, las plantaciones se usan para producir árboles madereros mediante la modificación de un recurso natural, como es el caso de los bosques boreales del hemisferio norte, de los que se extrae madera en forma selectiva o por corta a talarasa y son replantados con especies nativas de esa parte del mundo.

Pero según afirmó, "en el sur de África destruimos un recurso natural antes de crear otro recurso, que luego debe ser mantenido en forma artificial. ¿Qué estamos destruyendo?", preguntó. "¿Se compensa lo que destruimos con lo que lo reemplazamos?"

Según afirmó el Profesor, pastizales es un nombre poco adecuado, porque la mayoría de la flora de este bioma son hierbas, arbustos y flores silvestres, constituyendo los pastos apenas un 11 por ciento de la diversidad vegetal en algunas praderas, en particular en los pastizales de montaña del noreste, donde ha tenido lugar la "forestación" más extensiva. El bioma de praderas alberga alrededor de 4.000 especies vegetales (en comparación con un país como Suecia que tiene 1.700 especies vegetales), por lo que constituye un recurso genético muy valioso. Además las plantas crean un hábitat -lugar donde vivir- para otras especies. Muchos animales endémicos del bioma de pradera están seriamente amenazados por la destrucción de su hábitat. Los anfibios de la región central de KwaZulu Natal han sido gravemente afectados -algunas especies incluso pueden haberse extinguido- debido a la destrucción excesiva de la pradera.

Un componente esencial del manejo de la pradera es el fuego, conocido como la "sangre vital" de los pastizales. "Si no hay fuego, no hay praderas. Obviamente, el manejo de los bloques de las plantaciones industriales para madera excluye este regenerador vital, por lo que la destrucción de la pradera es total.

La destrucción de la pradera causada por el arado de la tierra o el establecimiento de plantaciones para madera se considera irreversible, porque las praderas, culminación de millones de años de superposición de distintos tipos de vegetación uno sobre otro, no pueden ser recreadas.

Los eucaliptos, las acacias y los pinos son conocidos por la cualidad "hidrofóbica" que inducen en los suelos. Una capa cerosa reviste los granos de arena y reduce la penetración de agua. Este efecto es agravado por el fuego. Los pastizales sin embargo, permiten un aumento de la retención del agua y ayudan a evitar las inundaciones.

La mayoría de los estudios sobre praderas se han centrado en las especies de pasto importantes para la producción ganadera. Por esta razón "no sabemos prácticamente nada sobre el valioso bioma de pradera", explicó Van Wyk. "¿Debemos continuar destruyéndolo?"

En sus viajes por zonas rurales el profesor ve fila tras fila de monocultivos de eucaliptos y pinos -establecidos recientemente- en ecosistemas primarios de pradera. Esto constituye un problema que la industria forestal debe admitir, afirmó, y debe dialogar con las partes afectadas para encontrar una solución. Llamó al lanzamiento de un Día Nacional de la Pradera, para generar conciencia sobre el tema y para aprender a valorarla.

David Lindley, de Proyecto de Humedales de la empresa Mondi, habló sobre el manejo de humedales dentro de la industria forestal. Presentó un documento que afirma que la Mondi Timber Company se ha comprometido a extraer todos los árboles plantados en humedales y zonas riparias para el 2010.

El investigador Dirk Versfeld presentó las líneas generales de un programa para que la industria maderera se reconvierta y gradualmente pase a plantar especies nativas de madera dura o "madera de crecimiento lento", lo que representa una inversión a largo plazo y de gran valor. Versfeld es coautor junto a Mike Warren del documento "Indigenous Forestry Alternatives for Rural Development" (Alternativas de manejo de bosques indígenas para el desarrollo rural). (Se puede solicitar una copia enviando un mensaje de correo electrónico a owen@soft.co.za ).

Nhlanhla Msweli de Campaña de Swazilandia contra la Pobreza y la Desigualdad Económica (Swaziland Campaign against Poverty and Economic Inequality - SCAPEI) se refirió al impacto de las plantaciones para madera sobre los pobladores rurales de Swazilandia, donde grandes áreas de pradera han desaparecido bajo los monocultivos de árboles, negando a los pobladores locales una opción de sustento.

En una plantación para madera no se puede apacentar ganado, no se pueden plantar alimentos ni se pueden cazar animales. Pobladores que vivían en forma sustentable, usando su medio ambiente natural practicando la agricultura de subsistencia, han sido arrancados de su tierra y desplazados a las montañas, donde no pueden mantener su estilo de vida. Msweli se refirió a los salarios bajos y a la reducción de puestos de trabajo en la industria forestal, en combinación con la contaminación del aire y el agua en las cercanías de las fábricas de papel. Lamentó que las grandes corporaciones multinacionales sigan anexando y explotando la tierra en beneficio de accionistas multinacionales, y en detrimento de los pobladores locales.

George Dor del movimiento Jubileo Sudáfrica realizó una intervención titulada: "Deuda ecológica: reparaciones de daños causados por la industria, la minería, las grandes represas y la explotación forestal". Resaltó que las grandes deudas que muchos países en desarrollo se esfuerzan por pagar a instituciones como el Banco Mundial y el FMI a menudo fueron generadas para financiar proyectos que produjeron beneficios insignificantes para los pobladores del país prestatario, y ahora son un lastre que impide su desarrollo.

Es necesario contraer nuevos préstamos para financiar la vieja deuda, pero los nuevos préstamos vienen con condiciones que benefician a las corporaciones de los países prestamistas. En Sudáfrica, actividades como la minería, la construcción de grandes represas, el establecimiento de plantaciones industriales de árboles y el desarrollo del turismo benefician directamente a las corporaciones de los países del norte, a menudo a expensas de los pueblos y el medio ambiente del Sur. La "deuda ecológica" es lo que los países del Norte "deben" a los del Sur debido a la destrucción ecológica. En forma similar, las grandes corporaciones tienen una "deuda" con los pobladores afectados por sus actividades. Dor destacó que los movimientos sociales y ambientales trabajan sin conexión entre sí; deben trabajar en red y en forma mucho más estrecha en torno a los temas comunes.

Maria Rydlund de la Sociedad Sueca para la Conservación de la Naturaleza (SSNC) vino especialmente desde Suecia para la conferencia y aportó una perspectiva internacional. Se refirió a los impactos de las plantaciones de monocultivos de árboles en muchos países en desarrollo como Indonesia, Tailandia y Brasil. La mayoría de la madera producida en el hemisferio sur se destina a satisfacer las necesidades de los consumidores del norte. Los pueblos de los bosques del sur son desplazados para dar lugar a plantaciones de monocultivos de árboles de propiedad privada, de las cuales obtienen muy pocos beneficios reales. Ya no se trata de bosques: tienen mucho más en común con un monocultivo agrícola.

El abogado especializado en derechos humanos Richard Spoor explicó cómo el marco legal les permite a las corporaciones externalizar los costos. El sistema legal ha sido heredado de los romanos hace 2.000 años, cuando había abundancia de agua, suelos y vida silvestre. Al ejercer sus "derechos legales" a la propiedad y al beneficio propio, las personas podían destruir el ambiente natural sin temor al castigo de la ley. Esta actitud persiste hasta hoy en día, en que las personas afectadas por la gran empresa "en ejercicio de su derecho a la propiedad y al beneficio" no tienen ningún recurso legal a su alcance para reclamar una compensación por sus pérdidas. Spoor argumentó que los verdaderos costos de la industria maderera no se toman en cuenta. Cuando se seca el agua en una finca situada aguas abajo de una gran plantación de árboles, la pérdida que sufre el agricultor debe ser asumida por la industria maderera. El impacto que tiene la contaminación de las fábricas de celulosa en los agricultores y otros usuarios situados aguas abajo debe ser cuantificado. Los pobladores desplazados de sus tierras, que pierden su forma de sustento, deben ser compensados. Si todos estos costos ocultos fueran cuantificados, quedaría en evidencia que la industria maderera es una inversión muy poco rentable. Spoor exhortó a aumentar el activismo ambiental, social y legal, apuntando a aumentar el nivel de conciencia de la gente sobre la importancia del impacto de las grandes industrias sobre nuestro medio ambiente natural y social, y sus costos reales para la sociedad.

Wally Menne de la coalición TimberWatch informó sobre el reciente Congreso Forestal Mundial, y se refirió a las enormes diferencias existentes entre bosques y plantaciones. Explicó los impactos físicos que tiene el manejo de plantaciones sobre los sistemas de bosques locales, tales como la pérdida de biodiversidad, la erosión debido a la extracción de madera, y el grave impacto sobre las fuentes de agua. Las plantaciones son conocidas con el nombre de "ladronas" de agua, porque consumen más cantidad de agua que la que proporcionan las lluvias, explicó Menne.

Morne Lizamore del Departamento de Asuntos Hídricos y Bosques (Department of Water Affairs and Forestry - DWAF) realizó una presentación resumiendo las reglamentaciones a las que está sujeta la industria forestal, y los procesos de obtención de licencias para establecer plantaciones de árboles. La legislación sudafricana permite una amplia participación pública afirmó, y más personas deben sentirse empoderadas para formar parte del proceso y realizar intervenciones informadas sobre las inversiones que tendrán impactos sobre su medio ambiente.

La industria estuvo representada por Mike Edwards, Director Ejecutivo de la Asociación de Productores Forestales de Sudáfrica. En su intervención afirmó que debido al aumento de la demanda, la industria necesita establecer otras 250.000 hectáreas de monocultivos industriales de eucalipto para satisfacer la demanda creciente de celulosa, pero que el obstáculo principal para este crecimiento sería la disponibilidad de agua y suelos. También, la industria perdería una cantidad importante de árboles a extraer de humedales, zonas riparias y áreas plantadas en forma ilegal para poder cumplir con la legislación y las reglamentaciones de certificación. Mencionó que la industria utilizaría cada vez más programas "de plantación por terceros" para obtener su materia prima. Edwards expresó el compromiso de la industria con el manejo sustentable y la transparencia, y agradeció a los organizadores por la oportunidad de contribuir al evento.

Linda Mossop, Directora Ejecutiva del Departamento Forestal en el DWAF, compartió el estrado con Mike Edwards y se alineó fuertemente del lado de la industria, haciendo uso de la oportunidad para agradecer públicamente a la industria por su apoyo, especialmente en relación al programa de "forestación" del gobierno en Eastern Cape y KwaZulu Natal, por medio del cual el gobierno pretende "abrir la industria" a nuevos actores. También agradeció la oportunidad de dialogar y propuso la realización de nuevos talleres centrados en los impactos específicos de las plantaciones.

Durante las discusiones realizadas después de las presentaciones, algunos participantes expresaron su desacuerdo con la forma enfática en que el gobierno apoya a la industria "forestal". Creen firmemente que el DWAF debería actuar más como regulador y menos como promotor de las plantaciones de árboles en Sudáfrica.

El segundo día del evento los participantes viajaron por áreas de pradera de montaña del noreste, donde extensas plantaciones de eucalipto y pino cubren grandes zonas de las tierras altas de Mpumalanga. Se señalaron distintos problemas prácticos, por ejemplo, la plantación ilegal de árboles en áreas de humedales y zonas riparias. En el viaje se recorrió también parte de las miles de hectáreas de plantaciones destruidas recientemente en uno de los incendios más grandes de la historia, que causó pérdidas masivas a la industria y daños graves a los suelos.

Por Philip Owen, Geasphere, correo electrónico: owen@soft.co.za (Es posible solicitar el documento conteniendo las presentaciones y actas de la reunión del 13 de noviembre en la dirección owen@soft.co.za )

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