wrmcast.gif (3121 bytes)


 

Boletín del WRM

 

Para bajar el boletín como archivo en formato word hacer click aquí
Para suscribirse gratuitamente
Números anteriores
ver aquí boletín en francés, portugués e inglés

 

Número 79 - Febrero 2004
EL TEMA CENTRAL DE ESTE BOLETÍN: LAS MUJERES Y LOS BOSQUES
Indice - Opinion - El destructivo enfoque industrial - Cuando las plantaciones se vuelven un problema - La apropiación de la naturaleza - El cambio del clima


CUIDANDO LOS BOSQUES

- Mujeres amazónicas

Cuando la conquista del Dorado se inició, la gran boa mujer serpenteaba desde la memoria del tiempo por la selva amazónica, ella, la serpiente cósmica, era el gran río con su largos y enormes brazos de agua, con sus apacibles remansos y sus cálidas y fecundas lagunas.

Ella le contaba sus secretos a la otra gran señora, a la Jaguar. A la dueña de las tierras y los árboles, de los monos, los tapires y las dantas. A la Poderosa, la que paría el yopo, la ayahuasca y el curare, la dueña del olor de la canela. Ellas juntas corrieron la voz para ocultar las espléndidas ciudades imaginadas por Pizarro u Orellana, los tronos de oro soñados por Vasco Da Gama, las piedras preciosas buscadas por cualquier otro español sediento de riquezas. Disfrazaron al ispingo con mantos de musgo y orquídeas, escondieron a sus hijos y convocaron con el sonido del manguaré a cerrarles el paso a los extraños.

Orellana y sus hombres cuentan de la presencia de altas y fuertes mujeres, armadas con arcos y flechas; con descomunales mazas de piedra y espinosos troncos, que les amenazaban desde la orilla del gran río. Estas mujeres comandaban -dicen- a muchos hombres guerreros. Uno de ellos fue hecho prisionero por los españoles y después de interrogarlo (¿?) supieron del poder de esas atemorizantes mujeres. Eran señoras de más de sesenta aldeas, donde los hombres pasaban por sirvientes y esclavos y sólo los admitían cerca para ser fecundadas. El interrogado también les contó que en la vagina de ellas habitaba la piraña de múltiples y filosos dientes y que poseerlas sin su consentimiento significaba la castración mas eficaz y dolorosa.

La alucinación y el cansancio de los conquistadores por semanas de terror, mosquitos y fiebres, dentro del desconocido mundo de la selva; se unió a los cuentos y amenazas del indígena interrogado quien, para alejarlos de su pueblo y de las mujeres indias, no escatimó imaginación en sus relatos, hechos además en una lengua desconocida para recibir el aporte creativo del traductor.

Nació así el mito de las Amazonas, muy parecidas a las de la mitología griega pero con el "salvajismo" que se les atribuía a los indígenas. El mito le puso el nombre al inmenso río y a la selva circundante.

Mas allá del mito y la leyenda las amazonas, las mujeres que habitan la cuenca, han sido guerreras, defensoras de la maloca, y las mayores responsables en conservar la descendencia de un pueblo condenado al genocidio y al desconocimiento sistemáticos. Ellas en canciones de cuna y en cuentos parsimoniosos para aplacar el miedo, han susurrado al oído de hijos e hijas la historia de su pueblo, sus orígenes, sus valores. Ellas han enseñado a su descendencia el amor al gran espíritu de la selva mientras fabricaban las delgadas vasijas de arcilla o trituraban la yuca para el casabe. Ellas les mostraron las diferencias entre la dentada hoja que mata y la casi exacta que cura. Instruyeron a los hijos para guardar el fuego en las largas caminatas y a las hijas a esconder las semillas en los pliegues de su cuerpo para volver a sembrarlas en tierra propicia cuando de huir de los usurpadores, selva adentro, hubiesen terminado.

Ellas delgadas, pequeñas y sonrientes, armadas apenas de una sonrisa maliciosa, desarmaron a los frailes y misioneros de su cruz y vistieron a la serpiente cósmica con el manto de María. Y cuando les tocó pelear con saña o envenenar el agua, lo hicieron. Cuando les tocó abandonar a los hijos en manos más seguras lo hicieron sin llorar, esperanzadas en salvar lo que quedaba de su etnia.

Fueron presas fáciles del tráfico de esclavos, de los perros amaestrados en dejarles sin rostro, de la lascivia de los conquistadores, curas y colonos, de las gripes y viruelas pero aun así continuaron cantando a sus dioses y a sus espíritus vengadores. Perdieron a sus maridos, a sus abuelos y sus nietos pero continuaron pariendo para permanecer en la memoria.

También ellas sangraron al caucho para que esa leche -convertida en vales para comprar en la tienda del cauchero- alimentase a sus hijos. Lavaron el oro y picaron las rocas buscando el ónix y los diamantes para llenar las arcas de los grandes mineros. Sembraron la coca y escogieron las mejores hojas para engrosar las cuentas bancarias de los capos.

Hoy que su piel se llaga al contacto del humo de las fumigaciones y que el agua contaminada por la explotación del petróleo y el oro envenena su cuerpo, siguen pariendo hijos para resistir la usurpación.

Hoy son las organizadoras, las maestras, las dirigentes indígenas. Hoy siguen siendo las mamás de la sabiduría, la vida, la continuidad, las guardianas del pasado. Las grandes amazonas.

Por: Tania Roura, Revista Iniciativa Amazónica Nº 8, noviembre 2003, ALDHU


inicio

- Papel y situación de la mujer en el control y manejo del uso de la tierra

El papel de los pueblos indígenas y los sistemas de conocimiento tradicional en la conservación de la biodiversidad es un hecho tan conocido que no necesita mayor fundamentación. Sin embargo, el papel particular que desempeñan la mujeres es menos reconocido, e incluso en los casos en que ese reconocimiento se produce, no es acompañado por la provisión correspondiente de espacio para participar en las respectivas plataformas de discusión y toma de decisiones, especialmente en los procesos dominantes. La región nororiental de India tiene ricos bosques y humedales y está habitada por más de 250 pueblos indígenas. Esta región de India ha sido históricamente vecina de la región norte de Birmania y de Bangladesh. La existencia de poblados de diferentes pueblos que cohabitan en el mismo territorio, entrelazados en un intrincado mosaico, determina que el autogobierno y la autonomía a nivel de poblados, con alineamientos tribales que se extienden sobre territorios no exclusivos y geográficamente no integrados, constituya la configuración política típica.

A pesar de las diferencias que existen entre estas culturas, comparten la característica base económica de caza y recolección que ha llevado al desarrollo de intrincados códigos de uso de la tierra y de recolección de recursos naturales, dentro de la población de las aldeas, entre las aldeas y entre las diferentes tribus. La única agricultura que se practica en forma tradicional está dirigida a la producción de cereales básicos, algodón, pequeños huertos y aves de corral.

Entre los diferentes pueblos indígenas existe un espectro amplio de derechos al agua y a la tierra y prácticas de uso tradicionales, todos ellos controlados más por la comunidad o el clan que por personas individuales, adaptados a las especificidades del terreno variable de la región. Si bien la legislación efectiva del sistema indio reconoce en muy poca medida estos sistemas, los pueblos todavía se apegan a las prácticas consuetudinarias siempre que no se les obstaculice o se les impida hacerlo. Habitualmente esto resulta efectivo en los asuntos internos de la comunidad, pero resulta problemático cuando los derechos colectivos de la comunidad requieren la interacción con procesos estatales, como la adquisición de tierras para proyectos de desarrollo o bases militares, o en los programas de reasentamiento.

El cultivo de arroz se practica en los pequeños valles entre las montañas y en las pendientes de montaña más bajas. En las pendientes más altas se practica el cultivo migratorio o de roza y quema, en general para producir algodón, otros cereales como maíz, y legumbres. Del agua, ríos, lagos y estanques y de los bosques se obtienen recursos como insectos, plantas, hierbas, animales y peces. Extensas áreas de tierra son tradicionalmente mantenidas bajo prácticas religiosas y culturales como reservas de biodiversidad. Durante milenios, arboledas sagradas, bosques y cursos de agua han sido preservados de la contaminación y la recolección de productos por medio de poderosos tabúes.

Con el advenimiento de las estructuras estatales de control y manejo de los recursos, las formas tradicionales de control y manejo se han deteriorado. En parte debido al gran aumento de las presiones migratorias por parte de poblaciones dominantes hacia la región y a la publicidad contraria a las prácticas de la agricultura migratoria, incluso las tierras marginales están siendo ocupadas por el cultivo de arroz bajo irrigación. Tierras que antiguamente estaban protegidas contra la explotación intensiva por un tabú religioso han pasado a ser fuentes de riqueza para la industria de la madera y el bambú, para los monocultivos, los proyectos de conservación de la fauna y el medio ambiente y hasta para la minería. El control indígena sobre estas tierras ha sido deslegitimado al expropiar el estado todas las tierras dentro de sus límites territoriales en virtud de diversas leyes y políticas basadas en el principio de terra nullius característico de las prácticas coloniales.

Si bien cada uno de los numerosos pueblos de la región tiene atributos sociales y culturales de género únicos, que van desde el matriarcado hasta un marcado patriarcado, las mujeres habitualmente son responsables de buena parte de la economía, la subsistencia, la industria artesanal y el mercado indígena. Sus actividades incluyen la agricultura pero también la recolección de productos no originados en cultivos, como en cursos fluviales, pantanos y bosques, y también el manejo de las reservas de alimentos y de semillas. Según las leyes comunitarias, las mujeres tienen derechos inalienables sobre la cosecha de los productos para consumo y venta. Las mujeres adultas solas, sean solteras, viudas o divorciadas también tienen derechos tradicionales a la vivienda y a las tierras de cultivo pertenecientes al clan, la tribu o el poblado. Cada mujer puede reclamar tierra y recursos para construir viviendas tradicionales en las tierras comunitarias propiedad del clan o del poblado. También puede reclamar una parte de las tierras agrícolas u otras tierras y recursos generadores de ingreso que son propiedad de su familia, clan o tribu.

En base a líneas de parentesco o alineamientos de poblados, las mujeres tienen poderosas redes e instituciones tradicionales que facilitan y apoyan sus responsabilidades hacia la familia y la comunidad. Estas redes son la forma principal de organizar el acceso a los recursos y su distribución, y de prestar apoyo individual o grupal ante cualquier tipo de disfunción temporal como una enfermedad o el fracaso de una cosecha, que impida a las personas proveer su propio sustento y el de sus dependientes. Estas asociaciones, sean de parentesco o amistad, formales o institucionales, también mantienen, comparten y transfieren la información relacionada con la diversidad agrícola, el conocimiento y reservas de semillas tradicionales y los métodos de plantación.

Considerando el sustancial acceso y control del uso de la tierra y el agua que tienen las mujeres indígenas de esta región, no resulta sorprendente que hayan creado instituciones y redes, tanto formales como informales, para la protección de la biodiversidad. Como la mayoría de la recolección de plantas y hierbas es realizada por mujeres, ellas son también naturalmente las autoridades en materia de las diversas especies y sus características, su uso y su valor. Este conocimiento se transmite de generación en generación en las comunidades que carecen de sistemas formales, en forma oral entre familiares y mediante el aprendizaje de las mujeres jóvenes junto a las mujeres mayores. Algunos pocos pueblos han creado sistemas formales de fideicomisos de mujeres para la preservación del conocimiento y los recursos naturales, como los Meitei en el valle Imphal. Este pueblo cuenta con una institución formal de sacerdotisas conocida como Maibi Loisang que tiene la custodia del conocimiento tradicional y también es responsable por su transmisión a los diferentes sectores de la comunidad a través de distintos métodos formales. Maibi Loisang también es responsable del mantenimiento y la preservación de los santuarios de las numerosas divinidades de la tierra y el agua, santuarios naturales en lugares que son evidentemente reservas de biodiversidad. Muchos otros pueblos de la región cuentan con asociaciones similares, aunque menos formales, de mujeres chamanes, sanadoras y ancianas.

La relación entre fertilidad y regeneración, entre espiritualidad femenina y el carácter sagrado de la tierra y su diversidad, entre sustentabilidad y fideicomiso en lugar de propiedad y explotación, es la esencia de la cultura indígena, la esencia de la importancia de la condición femenina y de las mujeres en las sociedades indígenas. Es posible que sea también la única ética que puede preservar y conservar nuestro mundo para el futuro, cualquiera que éste sea.

Por: Anna Pinto, CORE, correo electrónico: anastasiapinto@coremanipur.org

inicio


- Seguridad de las mujeres en la tenencia de tierras y manejo comunitario de bosques

En Indonesia, la región occidental de Java -Halimun- es bien conocida por su alta diversidad biológica y su riqueza cultural. En términos de sistemas de manejo comunitario de recursos del bosque, los pobladores indígenas y la población local de Halimun poseen siglos de agricultura y conocimiento sobre los bosques tropicales. Utilizan el bosque y la tierra circundantes para varios modelos de agricultura migratoria, arrozales, huertos, huertos con mezcla de árboles y varios tipos de bosques. Estos modelos son manejados por hombres y mujeres como un sistema único integrado. Se aprecia claramente que hombres y mujeres contribuyen al bienestar de sus familias, a menudo en formas complementarias, y cada tipo de contribución es indispensable, especialmente en las familias pobres. En relación a la seguridad alimentaria, la contribución de las mujeres a sus familias es mayor que la de los hombres porque su participación en el cultivo migratorio y la producción de arroz es mayor.

Desde 1924, en los tiempos de la dominación colonial holandesa, una parte del área de los ecosistemas de Halimun fue designada como área protegida, pasando a ser en 1979 reserva natural, y cambiando luego en 1992 a parque nacional. Por otro lado, Halimun es también una importante fuente de ingresos para el estado. Las plantaciones de árboles de propiedad estatal (desde 1978); fincas de cultivo de té, cacao y caucho en gran escala (década de 1970) y extracción de oro y otras actividades mineras (década de 1990) han perturbado permanentemente el ecosistema. Además, todos esos "proyectos de desarrollo" han restringido e incluso eliminado el acceso de los pueblos a los recursos de sustento (tierras y otros recursos del bosque) y el control que tenían sobre los mismos, llevando a la desaparición del conocimiento tradicional, especialmente el de las mujeres locales indígenas.

“Desde que el bosque fue talado y convertido en una plantación de pinos, la calidad del agua para irrigar el arrozal ya no es buena. Al parecer este tipo de calidad de agua no es adecuada para la variedad local de arroz” (Sra. Annah). “Antes era fácil encontrar ki beling [planta medicinal] en los alrededores, pero ahora tenemos que caminar hasta el río Cibareno para ir a buscarla” (Sra. Surni, partera).

Como consecuencia de las numerosas presiones externas, los daños ambientales, y la limitación e incluso pérdida de acceso y control local sobre la tierra, las mujeres de los poblados de Malasari y Mekarsari trabajan más duro que antes para proporcionar los alimentos a sus familias, viéndose obligadas entre otras cosas:

- a convertirse en trabajadoras agrícolas mal pagas, con un jornal diario que oscila entre US$ 0,7 y 1,4;
- a hacer acuerdos con los propietarios de tierras para plantar y cosechar arroz, por el cual se les paga dos atados de arroz por cada diez que plantan);
- a hacer acuerdos de medianería, en el cual conservan para sí el 50% de la cosecha;
- a cultivar “ilegalmente” pequeñas parcelas de tierras "estatales" manejadas por la compañía forestal estatal Perum Perhutani;
- a trabajar en forma "voluntaria" en la atención de las familia de otras mujeres que desean dedicarse a trabajos agrícolas;

Pero cualquiera sea la combinación de esfuerzos de las mujeres y los miembros de sus familias, el suministro de alimentos no llega a satisfacer las necesidades anuales de las familias. "Nunca vendo el arroz que cultivo. No alcanza ni siquiera para alimentar a mi familia", afirmó la Sra. Arti. "Si no hay tierra, no hay alimentos. Si hay poca tierra, hay pocos alimentos", expresó la Sra. Minarsih.

El acceso a la tierra y otros recursos naturales de las mujeres de Malasari y Mekarsari y su control sobre los mismos es inseguro, y sus familias carecen de derechos legales, protección y garantías en relación al uso futuro de la tierra. La consecuencia general es que, como los pobladores están obligados a cultivar en este "vacío legal", les resulta muy difícil recibir apoyo y asistencia. Como resultado, la mayoría de las mujeres y sus hijos padecen hambre, malnutrición, violencia doméstica y violación de otros derechos como salud, educación y libertad de expresión y de reunión.

Para garantizar la sustentabilidad y el desarrollo del sistema de manejo comunitario de los recursos del bosque, se necesita la certeza de los derechos independientes en los cuales basan los Pueblos Indígenas y las comunidades locales el desarrollo del sistema. La certeza de los derechos independientes de los pobladores --en especial de las mujeres-- debe ser adoptada por las políticas sobre recursos naturales, que deben reconocer que los actores principales del manejo de recursos naturales son mujeres y hombres, con sus diversas y respectivas necesidades, intereses, prioridades y restricciones. Hay que prestar atención a las palabras de la Sra. Uun, una anciana del poblado de Malasari: “¡Hemos defendido nuestra tierra antes, y volveremos a hacerlo!".

Finalmente, es necesario señalar que, en función de los derechos independientes manifiestos de las mujeres sobre la tierra y otros recursos del bosque, es muy importante definir y dar una dimensión real a las formas en que las mujeres podrían mejorar su propia vida --por ejemplo, su nivel de prosperidad en términos de calidad alimentaria, vestimenta, salud (especialmente salud reproductiva), educación, sentimientos de estabilidad y seguridad, así como tiempo libre para descansar y realizar otras actividades privadas-- como resultado de su participación en los numerosos esfuerzos por mejorar las condiciones de vida (condición de bienestar). Éstas son condiciones básicas e importantes que deben tener muy en cuenta también los observadores externos, como los gobiernos (incluidos los elaboradores de políticas), las ONGs locales y los organismos de cooperación internacional (incluidas las ONGs internacionales), al momento de elaborar planes para diseñar bosques "comunitarios" u otros proyectos de manejo de recursos naturales de forma participativa. ¿Quién recibe en realidad los beneficios directos del proyecto? ¿Las mujeres? ¿O el proyecto genera incluso una sobrecarga para las mujeres? Es crucial realizar un análisis en profundidad sobre las cuestiones críticas de cómo el acceso a la tierra (¿y el control de la misma?) y otros factores de la producción ejercen impactos positivos directos sobre la vida de las mujeres en general, tanto en la esfera privada como en la pública.

Extraído y adaptado de: “Towards Sustainability and Development of the Community-Based Forest Resource Management System through Ensuring the Women’s Land Tenure Security (A Case Study in Malasari and Mekarsari Villages in Halimun Ecosystem Area)”, de RMI – The Indonesian Institute for Forest and Environment, correo electrónico: rmibogor@indo.net.id , enviado por Ulfa Hidayati. El documento completo (en inglés) se puede obtener en:
http://www.wrm.org.uy/subjects/CBFM/RMI.rtf


inicio

- Mujeres, bosques y manejo colaborativo adaptativo

El Centro de Investigación Forestal Internacional (Center for International Forestry Research) ha aplicado un programa denominado “Manejo colaborativo adaptativo de los bosques” (ACM, por su acrónimo en inglés) durante más de cinco años. En el momento de mayor extensión del programa, trabajamos en 11 países (Nepal, Indonesia, Filipinas, Kirguizstán, Malawi, Camerún, Zimbabwe, Ghana, Madagascar, Bolivia y Brasil); actualmente continuamos trabajando en ocho de estos países. Uno de los elementos más sorprendente de esta experiencia ha sido el éxito obtenido en la participación de las mujeres (y otros grupos marginados) en nuestro trabajo con las comunidades.

Nuestro método central es la investigación de acción participativa y hemos hecho grandes esfuerzos para abordar desde el comienzo mismo los temas de equidad. En cada lugar contamos como mínimo con un facilitador de ACM cuyo papel abarcaba la acción con las comunidades y otras partes interesadas así como también la investigación sobre esa acción. Esta tarea implicó múltiples desafíos que la mayor parte de los facilitadores logró superar. Cabe agregar que cuanto más exigentes resultaron el contexto y los problemas a enfrentar, mayores fueron la motivación y los logros de los facilitadores.

Una descripción completa del trabajo excedería el espacio de este artículo, por lo que quisiéramos aportar algunos elementos sobre la participación y los cambios que se produjeron.

En el área de la reserva de bosque de Mafungautsi en Zimbabwe, las mujeres se habían mantenido al margen del manejo formal del bosque. Las actividades relacionadas con los bosques eran consideradas propias de los hombres. Luego de que se invitara a representantes de las comunidades a participar en la “capacitación para la transformación” (basada en el trabajo de empoderamiento de Paulo Freire), la asistencia y la participación de las mujeres en las reuniones formales aumentó en forma drástica. También hubo una mayor participación de mujeres en los grupos de usuarios, centrados en recursos naturales específicos. Uno de los grupos donde hubo mayores logros fue el grupo de usuarias de paja para escobas. Allí se analizó la experiencia de usuarias con los métodos de recolección (utilizando técnicas de modelización de sistemas participativos), se discutieron las implicancias en el plano de la sustentabilidad, y se desarrolló un nuevo diseño de escoba con vistas a favorecer el método más sustentable. Estas mujeres han podido mejorar la sustentabilidad, la generación de ingresos y su propio empoderamiento en los asuntos de la comunidad.

En varios poblados en Nepal, se reunieron los grupos de usuarios del bosque que manejan bosques comunitarios para considerar sus puntos de vista sobre sus bosques. En este proceso se identificaron problemas como la dominación de élites en la toma de decisiones y la distribución de beneficios, la falta de transparencia en el manejo y las desigualdades de género, y se hicieron planes para abordarlos. Los pobladores también elaboraron indicadores para determinar los avances hacia las metas fijadas. Como muchos de los participantes, particularmente las mujeres, eran analfabetos, fue importante el uso de símbolos visuales para registrar los avances. Se utilizaron las fases de la luna: la luna nueva indica poco avance, la luna llena, cumplimiento total de la meta. También se cambió la estructura de las reuniones, de forma de aumentar la toma de decisiones en reuniones de vecinos más pequeñas, integradas por personas pertenecientes a una casta o grupo étnico similar, en los cuales las mujeres pudieran sentirse más libres para expresar sus puntos de vista. Durante ese proceso, las mujeres comenzaron a manifestar un interés mayor por opinar y su asistencia a las reuniones de la comunidad se volvió más regular. En resumen, aumentó claramente su participación en los procesos de toma de decisiones y en las acciones relacionadas con los bosques comunitarios.

En Guarayo, Bolivia, se estaba ejecutando un proyecto de manejo de bosques importante en el territorio indígena en el que estaba operando el ACM. Este proyecto había prestado muy poca atención a los temas de género en los esfuerzos de capacitación de los pobladores en el manejo de sus bosques para extracción de madera, por considerar que las mujeres eran en cierta forma irrelevantes en relación con ese tipo de manejo forestal. Sin embargo, mediante un análisis cuidadoso, surgieron tres elementos. En primer lugar, el manejo forestal maderero “moderno” resultó ser tan ajeno a los hombres como a las mujeres. Ni los unos ni las otras estaban familiarizados en hacer inventarios, en llevar registros o en tareas de administración. En realidad, las mujeres sólo estaban en desventaja en el manejo de las motosierras. En segundo lugar, el retiro de la mano de obra masculina de las tareas del hogar para dedicarse al madereo y otras tareas forestales tenían el potencial de producir efectos negativos sobre las vidas de las mujeres, puesto que todas las tareas que normalmente realizaban los hombres recaerían entonces sobre las mujeres. Y por último, las opiniones de las mujeres sobre el valor del bosque eran diferentes a las de los hombres. Las mujeres estaban menos interesadas en el bosque como fuente de madera, y en cambio, consideraban al bosque en mayor medida como hábitat de los animales que constituyen una parte importante de la nutrición familiar, lo que genera un interesante vínculo con las preocupaciones de los ambientalistas.

Otros resultados igualmente interesantes son los de Zimbabwe, donde la preferencia de las mujeres por influir detrás de bambalinas en vez de ejercer el poder en forma explícita, hizo que los investigadores reconsideraran hipótesis; o donde la participación de las ONGs en la acción comunitaria determinó que las mujeres ganaran acceso a la tierra, que tradicionalmente nunca habían tenido. En el caso de Brasil, la diversidad de roles que juegan las mujeres -y la inadecuación de aplicar un modelo de "desarrollo" único-
fue descrita vívidamente en el contraste entre Acre y Maranhao. En Campo Ma’an, un Parque Nacional de Camerún, la aplicación de las normas contra la caza, una actividad masculina, produjo efectos negativos para las mujeres que vendían las presas originadas en esta actividad.

Este conjunto de investigaciones constituye un rico tesoro a profundizar en materia de elementos para analizar los roles de la mujer y las distintas formas en que las mujeres y otros grupos marginados han sido involucrados en acciones colectivas con facilitación externa. Estos ejemplos constituyen material de análisis y elaboración de nuestro próximo libro (ver Colfer, Carol J. Pierce, Ed. "The Equitable Forest: Diversity, Community and Resource Management", publicación prevista para abril de 2004). Este enfoque ha resultado una forma efectiva para lograr la participación significativa de las mujeres en los esfuerzos de manejo formal y contribuye al reconocimiento de los roles tradicionales que siempre han cumplido en el manejo informal de los bosques.

Por: Carol J. Pierce Colfer, Center for International Forestry Research, Bogor, Indonesia, correo electrónico: c.colfer@cgiar.org


inicio

- Mujeres y saberes en plantas medicinales del bosque

En el marco de la Red de Plantas Medicinales de América del Sur, el Centro de Estudios Uruguayo de Tecnologías Apropiadas está coordinando en Uruguay un trabajo colectivo de recuperación de saberes populares y tradicionales en torno al uso de plantas como medicina y alimento.

Queremos contarles la experiencia que venimos construyendo con un grupo de mujeres desde noviembre de 2002 cuando realizamos el primer encuentro centrado en Los Ciclos de la Mujer y la Medicina Natural. En esta primera instancia compartimos visiones y saberes sobre plantas que nos ayudan a mantenernos en salud considerando las distintas etapas de nuestros ciclos femeninos.

Realizamos un trabajo de sensibilización en torno a nuestra relación con los alimentos y con nuestro poder de sanación. Vivenciamos la diversidad y el diálogo respetuoso de saberes porque llegaron mujeres de variados rincones del país, con variadas ocupaciones y situaciones (mujeres rurales, parteras, sexólogas, herbalistas, integrantes de grupos comunitarios).

Nelly Curbelo, una de las participantes, recuerda: "Empezamos en noviembre de 2002, después de que cada una en sus lugares trabajamos con hierbas recogidas en nuestras zonas, recordando saberes que existen desde hace mucho tiempo: cuáles eran sus usos para la salud y el importante aporte alimenticio. En el primer encuentro la temática fue la salud femenina en todas sus fases: los conocimientos populares, tradiciones muy arraigadas, quizás con errores, pero sin duda con mucha sabiduría, que nos han trasmitido nuestras abuelas y antes de ellas, vecinas, ancianas, curanderas y conocedoras del vivir mejor en salud utilizando hierbas.

Reflexionamos sobre los ciclos de la luna y toda la armonía física y espiritual que tenemos y nos rodea pudiendo hacer de nuestro existir un templo sagrado a cuidar.

Más cerca en el tiempo, toda esta riqueza fue un poco relegada en nombre de la medicina convencional. Por eso hoy queremos rescatar aquellos sabios conocimientos y nos cuesta un poco acceder a las personas que los tienen porque ellas/ellos tienen celo de " abrirse" hasta no estar seguras/os de nuestras buenas intenciones y porque también han sido desvalorizados o lo que es también triste, hay quienes han tomado estos saberes de gente humilde y común para lucrar. "

En mayo de 2003 en el segundo encuentro trabajamos la relación que tenemos con conocimientos populares, tradicionales y universitarios; la forma en que se recibe cada uno de estos tipos de conocimientos, los espacios privilegiados de cada uno, su lógica propia y la relación entre todos ellos. Conversamos en profundidad sobre la relación entre los sistema de salud oficiales en la región y el uso de plantas medicinales; las experiencias comunitarias y populares; las investigaciones y experiencias populares realizadas en Uruguay y Argentina, sus implicancias y resultados.

En diciembre de 2003 nuestro tercer encuentro se instaló en el monte (como se denomina al bosque en Uruguay) al lado del Arroyo de la Virgen. El monte fue nuestro resguardo y nuestra inspiración para compartir investigaciones personales y grupales en torno a nuestras plantas autóctonas, trabajar la descripción botánica popular, recetas tradicionales, intercambiar experiencias sobre restauración y recuperación de espacios utilizando flora nativa.

Nos sigue contando Nelly: “Nos reunimos en torno al fuego. El techo de coronillas, rama negra, guayabo colorado y talas hacía lo que podía para protegernos de la llovizna que a rachas venía acompañada de viento. Rondaba un sentimiento, indescifrable para mí, mezcla de grandeza de espíritu y seguridad terrenal. Disfrutamos silencios llenos de mensajes, el arroyo cerca incansable y cristalino, los duendes de la noche callados, también las ranas y grillos para dejarnos el tiempo y espacio a nosotras.

En cada encuentro aprendemos más, no solo por la temática que nos ocupa sino que intuitiva e instintivamente captamos sentimientos, saberes, conclusiones que nos enriquecen afirmando valores, abriendo puertas y dejando claro que todas somos maestras y alumnas a la vez.

Entonces comenzamos la primera actividad del segundo día: en ayunas aspirando ese aroma especial del monte en la quietud de la mañana cada una en silencio, caminó sola, eligió un rumbo en el lugar, observó deteniendo el tiempo, retrocediendo también, hasta sentir ser elegida o elegir una hierba, arbusto o árbol y usar los sentidos con todo el amor que la madre naturaleza nos da.

Una vez junto a "mi planta" me siento junto a ella, palpo su textura, su aroma, sabor si me permite, cómo son sus tallos, y sus hojas, si tiene flores, frutos, cómo es su entorno, hacia dónde se orienta, si se presenta sola o con descendencia, qué otras especies la acompañan y si se complementan, el tipo de suelo, ver si le gusta más el sol, semisombra o sombra o que la acaricie el agua, quizás intento sentirme un poco ella misma para compartir su sabiduría y cuánto puedo tomar de su vida para mi existencia y salud. Se que solo puedo ofrecerle cuidado, respeto y admiración, y si su aporte o mensaje para mí es el silencio: respetarla con toda la ternura que me llevó a elegirla.

Esta tarea fue hermosa. Una vez concluida nos reunimos para compartir la experiencia.

Cuando expusimos y compartimos estas vivencias surgieron aportes tan ricos y valiosos de las demás compañeras que enriquecieron mucho los saberes anteriores.

Cuando estamos en sintonía con el entorno viviendo tan intensamente estos encuentros, siempre nos emocionamos y el tiempo pasa y no tiene tiempo para medirse”.

Este encuentro fue un aporte más a la reactivación de la memoria del monte, de la cual es portadora mucha de nuestra gente sencilla del campo que comparte su amor profundo a lugares que tratan de cuidar de variados embates depredadores. Así vamos recogiendo el aporte diferenciado de mujeres y varones en torno a saberes y prácticas relacionados con el buen uso y conservación de nuestros ecosistemas y ambientes. Así vamos construyendo la farmacopea popular del monte.

Por: Mónica Litovsky, CEUTA, correo electrónico: yuyos@chasque.net

página anterior

  inicio 

próxima página

 

Ir a inicio - Recomendar esta página

Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
Maldonado 1858 
11200 Montevideo - Uruguay
tel:  598 2 413 2989 / fax: 598 2 410 0985
wrm@wrm.org.uy