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| Minería, sinónimo de devastación para las mujeres Más del 35 % de la superficie montañosa de Indonesia ha sido entregado en concesión a compañías mineras. De este porcentaje, 11,4 millones de hectáreas están ubicadas dentro de áreas protegidas. Sin embargo, la contribución del sector minero a los ingresos netos del gobierno indonesio es solamente de 2% a 4%. Este monto no está en consonancia con los impactos causados por el sector a las poblaciones locales y el medio ambiente en todo el archipiélago indonesio. Una de las islas que más sufre las consecuencias negativas de las actividades mineras es Kalimantan (Borneo), y en particular, su región oriental. La isla de Borneo tiene una dimensión equivalente al 10% del área total de Indonesia y tiene una población de 2,5 millones de personas que habitan en 1.276 poblados. La población masculina y femenina es equilibrada. El medio principal de sustento de los pobladores es la agricultura, la pesca artesanal y la cría de camarones en viveros. Existen como mínimo 106 compañías mineras que realizan operaciones en Kaltim (Kalimantan oriental) con un área de concesión total que abarca el 44,85% del ancho de la isla. Si a esto se le agregan las áreas de concesiones privadas de bosques, las industrias extractivas manejan un 73,07% del territorio de Kalimantan oriental. Si bien tanto hombres como mujeres se han empobrecido a raíz de la invasión de capitales, las mujeres tienden a resultar más afectadas que los hombres. Han sido desalojadas de las tierras donde tenían sus plantíos, y así se ven privadas de obtener un ingreso y se vuelven dependientes de otros miembros de la familia. El empobrecimiento de las mujeres se da principalmente en los poblados. Según datos de la Dirección Nacional de Estadísticas (BPS), el 75% de l@s ciudadan@s pobres habita en áreas rurales, en tanto la pobreza urbana representa el 25%. Esto sugiere que la explotación de los recursos naturales no aumenta en forma significativa la riqueza de los pobladores y por el contrario es incluso generadora de pobreza. También se encuentran casos de pobreza en lugares donde se realizan actividades mineras. Según investigaciones de campo realizadas por el Grupo de Trabajo sobre Minas y Mujeres (TKPT) Kaltim, las mujeres sufren problemas que son causados por las actividades de las compañías mineras. * Impactos económicos: Las mujeres del poblado de Terusan trabajan como recolectoras de Benur (crías de camarones), y actualmente perciben un ingreso mucho menor. Las mujeres y los niños utilizan Porok y Rumpong para recolectar camarones. Antes los colocaban en la costa o en lugares más profundos como la orilla de los manglares y el bosque Nipah, alrededor de la desembocadura del río. La disminución de la recolección de camarón ha llegado al 95%. * Impactos sociales: La violencia contra las mujeres implica tanto la violencia ejercida por el poder estatal/militar como la violencia de carácter sexual: el acoso y la violación. De los 21 casos registrados de violencia sexual contra mujeres, 17 son casos de violencia extrema (violación) y 16 de éstos fueron cometidos por empleados de KEM. Todos esos casos se produjeron entre 1987 y 1997. La ocupación de tierras por parte de PT. KPC ha producido también impactos negativos al aumentar la carga de trabajo de la mujer. Los hombres que solían trabajar como agricultores en las fincas se han convertido ahora en taladores de árboles o pescadores y deben permanecer más tiempo fuera del hogar. Como resultado, hay más problemas del hogar que las mujeres deben resolver solas, al tiempo que el desalojo les ha hecho perder la posibilidad de tener independencia económica. Esto las ubica en posición de desventaja con respecto a los hombres * Impactos ambientales: La presencia de las compañías mineras ha amenazado en realidad tanto los roles productivos como reproductivos de la mujer. Uno rol reproductivo importante de la mujer es mantener la calidad de salud de la familia, aumentando el conocimiento tradicional en materia de hierbas medicinales y mantenimiento de la salud. Sin embargo, como gran parte de las tierras comunales fueron ocupadas por las compañías, numerosas especies de plantas medicinales escasean o incluso se han extinguido, y ahora hay que comprar medicamentos en la farmacia. Al perder sus lugares de cultivo las mujeres han perdido su función productiva así como su acceso al sector económico y su capacidad de control sobre éste, ya que es principalmente en base al acceso a medios de producción como la tierra, que se accede a espacios como la política, la información, la toma de decisiones y otras relaciones sociales. El sombrío panorama de las mujeres víctimas de la minería en Kalimantan oriental se ha agravado por la escasa atención que dedican todas las partes, incluido el estado, el público y las propias ONGs, a los problemas de la mujer. Esto es entendible, ya que el Estado o el paradigma del capital, todavía utilizan un enfoque basado en la familia para analizar los problemas producidos por la minería. Este paradigma se basa en la idea generalizada de que los hombre actúan en general como jefes de familia, representando democráticamente los intereses de todos sus miembros. La ratificación de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW por su sigla en inglés), aparentemente no ha contribuido en nada a defender los intereses de las mujeres víctimas de las actividades mineras. La falta de atención del gobierno hacia los problemas de las mujeres resulta evidente en el hecho de que la Ley de minería recientemente aprobada no contempla ninguna perspectiva de la mujer. Incluso a pesar de que la presidente de Indonesia es una mujer, la ley sobre la extracción de petróleo y gas, Ley N° 22/2001, recientemente establecida, no tiene en cuenta los problemas e intereses de las mujeres. Fuente: Boletín Nº 79 del WRM, febrero de 2004 |
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